La figura de Luis Alberto de Cuenca representa las más altas cotas de la poesía contemporánea estatal. En sus vividos versos, lo culto y popular se funden con suma elegancia de forma natural y cercana, dejando profunda huella en todas aquellas personas que una vez seducidos por las imágenes de sus poemas nunca fuimos capaces de deshacer el embrujo del madrileño.
Observar su porte y maneras de dandi elevan la categoría de una mañana marcada en rojo en nuestro calendario. No es para menos, pues gracias a la intercesión del gran Ricardo Virtanen, amigo y colaborador de esta web, el escritor madrileño nos ha concedido la gracia de robar unos minutos a su valioso tiempo con objeto de mantener una amena charla junto a él.
Bajo el eje principal que marca la música, hacemos parada en sus colaboraciones como letrista con La Orquesta Mondragón y Loquillo, rememoramos los tiempos de La Movida, mientras encontramos tiempo para acercamos a la noche en que cerró “Balmoral”, símbolo de un Madrid que ya no existe, y a su habitual “línea clara”, dejando bien claro que la incorrección siempre será virtud.
En primer lugar, queríamos agradecerte tu disposición a hablar con nosotros, cuando seguro podrías estar haciendo algo más interesante. Sin más preámbulos, pasamos a preguntarte a bocajarro. ¿Cuál es el primer recuerdo musical que tienes?
Luis Alberto: Estar aquí con vosotros es una opción cojonuda. Recuerdo unos discos que había que hablaban de los personajes de Disney, creo que eran microsurco. Había uno que contaba la historia de Peter Pan. Disney tenía una división de cuentacuentos con música de fondo, interpretando las canciones de las películas originales.
¿En qué momento empiezas a prestar atención a las letras de las canciones?
Luis Alberto: Mi interés por las letras está por encima de los estrictamente musical. Siempre he pensado desde pequeño que una cosa eran las letras de las canciones y otra los poemas. Se puede ser un genial letrista y pésimo poeta. Y viceversa, también se puede ser un buen letrista y poeta. Hay que ponerse un mono diferente de trabajo para hacer letras o poemas, lo tuve muy claro desde siempre. Cuando eres pequeño, pero no has asimilado toda la afición literaria, que en mi caso fue algo que tuvo lugar a los 13 o 14 años, no te fijas tanto en las letras como sí lo haces con la música.
“Me marqué unos bailes con Patti Smith”
¿Qué bandas y solistas son las que más te han marcado a lo largo de tu vida?
Luis Alberto: Soy muy malo hablando de grupos, sobre todo si me sacas de The Beatles. En la pregunta: ¿Rolling Stones o Beatles? Me quedo con The Beatles. También me gusta mucho Rod Steward. Y Patti Smith, a la que vi en primera fila en el Odeón de Heredes Ático junto al embajador español, al que le dieron las mejores localidades. Inclusive me marqué unos bailes con ella porque cogió a gente de las primeras filas entre las que me encontraba.
“Siempre me ha gustado mucho Lou Reed y pienso que como letrista Leonard Cohen es muy superior a Dylan”
¿Y qué letristas destacarías?
Luis Alberto: A mí Lou Reed siempre me ha gusto mucho, he tomado alguna de sus frases para mis poemas como aquella “y ese lado salvaje de la calle” de “Walk on the Wild Side”. Has mencionado a Dylan que me gusta mucho, pero no creo que fuera oportuno darle el nobel de literatura, pienso que deberían haber creado un nobel de música. Pienso que como letrista es muy superior Leonard Cohen a Dylan.
¿De qué forma acaba un poeta venido de la vertiente más clásica y erudita haciendo letras para una banda tan singular como La Orquesta Mondragón a principios de los ochenta?
Luis Alberto: Fue una casualidad. Un amigo mío recientemente fallecido, Fernando Canales, hizo la mili en San Sebastián tras pedir mil prórrogas. Él se hizo amigo de Javier Gurruchaga que estaba reclutado en su propia quinta. Más tarde vinieron a Madrid, uno a volver a casa y otro a conquistar la gran ciudad. Fernando le dijo, “te voy a presentar a un amigo poeta”. Fue azar absoluto. Siempre he sido muy amante del rock frente a la canción de tipo cantautor. Soy más de rock que de cantautores. Ahí nace el vínculo.
“Cuando estaba sobrio, Leopoldo María Panero era una persona muy culta”
Otro de los jóvenes escritores del entorno cultura de La Movida colaborador de La Orquesta Mondragón fue Eduardo Haro Ibars, cuya biografía “Los Pasos del Caído” firmada por J. Benito Fernández es bastante recomendable. ¿Tenías trato con él? ¿Qué recuerdos tienes junto a él?
Luis Alberto: Sí, la hizo Benito J. Benitez, nos llamó a todos los que hubiéramos tratado a Eduardo Haro Ibars. Le traté poquísimo, muy poco, entre otras cosas porque eras insoportable. Era un tipo rarísimo. En una presentación se tumbaba en cualquier lado. Con Leopoldo María Panero tuve más relación, cuando estaba sobrio era una persona muy culta, estaba formado. Loco estaba siempre. Haro Ibars era genialoíde también, pero no era una persona tan interesante como Panero. Debo decir que no me gustó mucho la película “El Desencanto”, me parece que muestra una descomposición de forma forzada. De la familia Panero creo que el mejor era el padre.
“Recuerdo La Movida con mucha pena porque muchos de mis amigos fallecieron”
La Movida está siendo ahora reconsiderada como movimiento contracultural. ¿Qué opinión tienes de la misma? ¿y qué conexiones observas entre aquel movimiento, posterior al franquismo, y tu poesía de línea clara?
Luis Alberto: Tienes que leer mi poema “Soneto del Amor Oscuro”, ahí lo cuento todo. La Movida la viví muy intensamente ya que muchos de sus protagonistas eran amigos míos. También te digo que en alguna de las entrevistas he dicho que lo más importante que hice fue jugar al fútbol en el salón de mi casa, ahora biblioteca, pero entonces desprovista de muebles, ya que se los había llevado mi primera mujer. Jugábamos mi hijo y yo. No es una desacralización del mito de la movida, en el poema verás que lo cuento todo con interés. La recuerdo con mucha pena porque muchos de mis amigos fallecieron. De “El Canto de la Tripulación” el único vivo que queda es Alberto García-Alix. Con Alberto sí he tenido más trato, ha venido a hacer fotos, y a su hermano, Carlos, es un pintor estupendo. Alberto es uno de los talentos máximos que tenemos en España en este momento, cuando le dimos el primer premio de fotografía, tuvimos que elegir quien hablaba en nombre de todos los premiados, lo hizo él. Es un tipo de una gran inteligencia. Me entusiasman sus fotografías, repletas de personalidad. Es un grande como Helmut Newton, del mismo calibre.
¿En qué momento y de qué forma entra Loquillo en tu órbita?
Luis Alberto: Loquillo entró como un torrente en mi despacho de la secretaria de cultura de la calle Plaza de la Villa número 4, cuando andaba inmerso en mi carrera política. Entró la jefa de secretaría y me dijo: “Está Loquillo”. Y le dije: “que entre inmediatamente”. Entró y senté al corpachón este, a quien conocía de una velada que hubo en el Palace de presentación de no sé qué donde fue gente de la movida. “¿A qué debo el placer de tu visita?”, le solté, a lo que respondió “quiero hacer un disco contigo porque me encanta tu poesía”. Claro, le contesté, “encantado, pero tenemos que esperar a que se acabe este cáliz”. Se lo tomó tan en serio lo de esperar y dejar que acabara con la política que el disco salió en 2011, siete años después de que dejara el cargo.
Cuenta Loquillo que durante su mili cada mañana lo despertaban al ritmo de “Caperucita Feroz” de La Orquesta Mondragón, jurando vengarse del autor de aquella letra. ¿Has recibido su perdón después de tantos años de amistad?
Luis Alberto: No creo, lo dice siempre que estamos juntos. Y estamos bastante, ya que nos vemos cada vez que viene a Madrid. El problema no se ha resuelto. Se mete conmigo como letrista y con Jaime Stinus que era el guitarrista. Por cierto, Jaime es un tío muy simpático.
En 2011 lleváis a cabo la edición de “Su nombre era el de todas las mujeres”, el cancionero donde se musicalizan diez poemas clásicos tuyos, adaptados con la ayuda de Gabriel Sopeña.
Luis Alberto: Hubo que elegir entre cuarenta canciones musicadas, me hizo una barrida musical brutal. Es un tío enorme. No tenemos descartado que las que no cantó Loquillo no las haga Gabriel. El Loco es difícil que repita.
De este disco me gustaría hablar de dos de sus canciones, puesto que son mis favoritas. “Political Incorrectness” y la titular “Su Nombre era el de todas las mujeres”.
Luis Alberto: Sí, opino lo mismo que tú. El videoclip es cojonudo. Aparecemos Sopeña y yo al fondo. Me gustan mucho “Political Incorrectness” y “El Encuentro”, también “Cuando Vivías en la Castellana”.
“Caperucita Feroz surgío porque tenía en la mesa una edición ilustrada de los cuentos de Perrault”
Es un disco que llega más de veinte años después de tu última colaboración como letrista. ¿Cómo recibiste el hecho de que una obra estuviera dedicada en exclusiva a tus poemas?
Luis Alberto: Me impactó muchísimo “Su Nombre era el de todas las Mujeres”. Con Gurruchaga hacía letras, pero con Loquillo aporté poemas. Me hizo más ilusión el tema de los poemas que de las letras. A Loquillo solo le he hecho un par de letras. En el fondo fue una alianza entre Loquillo y yo. De la otra forma yo tenía que poner las letras en las maquetas, soy bueno para coger la métrica. “Caperucita Feroz” surgió porque tenía en la mesa una edición ilustrada de los cuentos de Perrault donde se veía al lobo con el camisón de la abuela y Caperucita junto a él en la cama. Al oír el casete pensé “Hola, mi amor, soy yo tu lobo”.
Sí, como bien dices hay alguna letra tuya en “Balmoral”, el disco dedicado a la mítica coctelería madrileña. ¿Has ido mucho allí con Loquillo?
Luis Alberto: Fíjate que hemos ido bastante a “Balmoral”, pero nunca juntos. Lo que sí hemos hecho ha sido cerrar “Balmoral” definitivamente. Estando ya cerrado para el público, nos abrió Manolo, el barman. Estuvimos Susana Koska, mi mujer Alicia, el Loco y yo, junto a Manolo hasta las cuatro de la mañana. Todo el local para nosotros, fue una noche maravillosa.
“Mi papel con Loquillo es el de ejercer de prescriptor y mentor literario”
Es más que evidente que vuestra amistad continúa, tal y como atestigua la edición de “Europa”, donde Loquillo canta los poemas de Julio Martínez Mestanza, un poeta al que llegó de tu mano, si no tengo mal entendido. ¿Qué has tenido que ver en esta reciente adaptación?
Luis Alberto: Llegó a Julio a través mía, le mostré su poesía. No he tenido nada más que ver que mostrarle su obra. Mi papel con Loquillo es un poco de prescriptor y mentor literario. Le admiro como músico y él me tiene a mí como prescriptor. Somos muy aficionados los al cómic. En su whattsapp tiene a Capitán España de Manuel Gago, le acabé regalando toda la colección entera.
Volvamos a “Balmoral” si te parece, la mítica coctelería sin música que también da título a uno de tus haikus. Para aquellos que no lo conocieron, ¿qué significaba el Balmoral en la noche de la capital?
Luis Alberto: En “Balmoral” incluimos una letra. “Balmoral” tenía un público muy elegante siempre. Iban desde los Ángeles del Infierno, el Barça de baloncesto y gente mayor muy educada. Recuerdo que cerré el “Balmoral” en mi segunda boda. Para mí fue tan importante como que una de las mujeres de mi vida estuvo allí, celebramos allí la parte final de nuestra boda. Se encontraba en la calle Hermosilla, entre la Castellana y Serrano. Hoy día no hay huella alguna de su existencia.
“Dos de los personajes más importantes de la historia de España son José Antonio Primo de Rivera y Federico García Lorca”
Me gustaría preguntarte como poeta por otro local de un Madrid que ya no existe. ¿Cuánto hubiera pagado Luis Alberto de Cuenca por haber pasado una noche en el “Café Li0n” o en “La Ballena Alegre” disfrutando de alguna de sus tertulias?
Luis Alberto: No creas que he tenido tanta vida nocturna, me sacaban para salir de casa más que salir por mi propio pie. Soy poco trasnochador. En esos dos lugares que comentas había unas mesas importantes, una presidida por José Antonio Primo de Rivera y otra por Federico García Lorca, que dicen eran amiguetes. En cualquier caso, son dos de los personajes más importantes de la historia de España. “El Ausente”, como le llamaban los franquistas, era un tipo verdaderamente genial, lo digo siempre, aunque me cueste algún disgusto de vez en cuando. Y qué decir de Federico García Lorca, uno de los poetas máximos del mundo. Un tipo que tiene un solo tema que es su homosexualidad, pero que es universal y nos emociona a todos, independiente de que seamos homosexuales o no. José Antonio Primo de Rivera escribió poemas, algunos influidos por Lorca, de hecho, los sacaron en una colección llamada “el Violín de Ingres”, un título que hace referencia a una afición que tiene alguien que no es la profesional. La colección consistía que no profesionales de la poesía publicaran sus versos. Los de José Antonio son flojos, pero de influencia lorquiana.
¿Qué significa para ti el cómic, y cómo has conseguido introducirlo en tu poesía de una forma tan natural (Tintín, El guerrero del Antifaz, Popeye, Flash Gordon, Spiderman, Dick Tracy…)?
Luis Alberto: El cómic es de las cosas más importantes de mi vida. Soy lector de tebeos desde siempre. Se dice que donde hoy hay un cómic, mañana habrá un libro. Siempre digo que donde hoy haya un cómic, mañana habrá dos tebeos y un libro.
“El cine es un arte de artes”
Y qué decir del cine, ¿cómo relacionarías el séptimo arte con tu poesía, que parece que a veces llega al tuétano de tus poemas, pienso por ejemplo en “Bébetela”?
Luis Alberto: Creo que cualquier poeta que ha escrito versos tras la invención del cine, tras la salida de la fábrica de los hermanos Lumiere, no puede prescindir del cine. Es imprescindible como expresión de arte total, heredero de la ópera decimonónica. Es un arte de artes. No soy cinéfilo en el sentido erudito de la palabra, no me sé el equipo de rodaje. Eso sí, las películas que me gustan me han influido decisivamente en mi producción literaria.
Vivimos tiempos de excesiva corrección política. ¿Cómo experimenta esta época el autor de “Political Incorrectness”?
Luis Alberto: El creador de “Political Incorrectness” ve con preocupación el mundo woke, en el que hay verdades absolutas, una religión casi tan pegajosa como la que vivieron nuestros antepasados con los curas en los colegios, donde había gente maravillosa y otra insoportable. El mundo woke donde ha ido a refugiarse la izquierda me pone muy nervioso. La izquierda tenía unos ideales maravillosos que podían compartirse o no. Este nuevo refugio de la izquierda ha hecho que sienta que me la han cambiado. Y luego está la derecha que es muy torpe. No estamos en un buen momento de dirigentes. Tampoco estoy de acuerdo con los que dicen exagerando que este es el peor tiempo. El tiempo en que uno vive siempre es el peor. He vivido muchas experiencias a lo largo de mi ya larga vida y pienso que hay cosas que están fatal, pero hay que seguir mirando al frente porque esto no es el apocalipsis.