El chaparrón que cayó sobre Madrid algo después de las siete de la tarde no impidió que los tres grupos que ayer se dieron cita en la capital sobresaliesen como estaba claro que harían, si bien la plaza de toros podría haber estado más llena, pues se vendieron casi todas las entradas. Seguro que no faltó quien prefirió quedarse en casa, pero afortunadamente no fue la tónica general. Sobre todo a juzgar por la generosa cola que se formó a la entrada, y que luego se tradujo en unas gradas y una pista repletas de gente dispuesta a disfrutar de una velada de buena música en directo.
Quizás el más perjudicado por el temporal fue Depedro, encargado de abrir la noche. Pero, lejos de amedrentarse, emergió de la tempestad y ofreció a los allí presentes todo un espectáculo donde combinó de forma magistral los clásicos de su carrera con los temas de su último disco, La increíble historia de un hombre bueno, que vio la luz hace ya un año y medio. Ese, junto con otros dos discos de estudio bajo el nombre artístico de Depedro, y una andadura que empezó hace casi veinte años al frente de La Vacazul, hacen que el madrileño se haya consolidado como uno de los imprescindibles que configuran, como él mismo canta, la historia de un camino que no tiene final.

Llegados al turno de la siempre fantástica Luz Casal, los centenares de paraguas que llenaban el coso se rindieron ante la fuerza de una voz única que inundó cada metro cuadrado. Luz brilló como acostumbra a hacer, aunque no por ello cada concierto deja de ser especial. Ofreció un exquisito repaso por las canciones que la han acompañado durante su carrera, y que nos han acompañado a todos. Desde Un nuevo día brillará, hasta No me importa nada, pasando por Piensa en mí, o Rufino. Más de una hora que, sin embargo, supo a poco. Ya al final del espectáculo volvieron a pisar el escenario Depedro y Los Secretos para poner el broche de oro a lo que indudablemente fue, como prometía el lema promocional, una gran noche en Las Ventas.
María Solano Conde