
Demasiado tiempo esperando este momento, por fin se hizo realidad, pero eso sí, teniendo que desplazarnos hasta una de las ciudades europeas donde pasaba una gira, con cierto aire de resumen de la trayectoria del de Indiana. Digo resumen, porque, ya incluso antes del concierto se proyectó un documental donde nos mostraba como fue la realización de su último disco, además de grandes momentos de su carrera.
Ya en las puertas de este mítico Circo Krone, donde aparte de este espectáculo se combina con música en directo desde hace muchos años, recordamos que aquí llegaron a tocar The Beatles, por ejemplo, pasando todas las grandes bandas por esta pista circense. A la hora indicada todavía no estaban ni las puertas abiertas, con lo que sufrimos largas colas para entrar. Fue lo primero que nos encontramos, comprobando que no solo pecamos en España de impuntualidad, por lo que se vio el pasado día. Ya una vez dentro vimos que efectivamente este recinto tiene visibilidad desde todos los ángulos, todos sentados y con una capacidad de unas tres mil personas.

Todo un proceso y labor de antropología rockera el que le ha llevado a Melencamp el proceso e inspiración de su más reciente obra. Trabajo que ha sido muy celebrado por críticos y fans de todo el mundo, después de diversos altibajos creativos que ha estado arrastrando en los últimos años, dejando atrás su faceta mas rockera y decantándose por los sonidos blues y country folk de raíces.

Todo este "pseudo" cabreo desapareció en cuanto se apagaron las luces del Circus Krone. Ya nadie se atrevió a volver a increparle nombrando al Boss y ahora todo eran aplausos y gritos para recibir a parte de la historia del rock de los Estados Unidos.
Luces apagadas y mientras los músicos iban saliendo de uno en uno, una banda compuesta por dos maestros a la guitarra como son Andy York y Mike Wanchic, el bajista John E. Gee, a la batería Dane Clark, Troye Kinnett a los teclados y el acordeón y la violinista Miriam Sturm.
Sonaba de fondo la música de Johnny Cash para dar la bienvenida a Melencamp. Con gesto sonriente, y con puesta de escena sobria y elegante, empezarían con lo que sería una primera parte del show más acústica, abriendo con el clásico "Authority Song" y desgranando principalmente los temas del último disco, canciones de una indudable calidad y que brillan en directo, ejemplos con "No One Cares About me", "The West end" o "Save Some Time to Dream".

Ya en la segunda parte del concierto y más esperada, Melencamp se enfundó la Telecaster y comenzó la locura. Todo el público se puso en pie y corrió a las primeras filas, donde queríamos ver al Melencamp rockero que nos cautivó hace tiempo y que compuso obras de la talla de "Pink Houses", "Small Town" o "Rain on the Scarecrow". Solo por eso mereció la pena estar en la bella ciudad alemana. Una impresionante "Jack and Diane" con el acompañamiento de violín y acordeón, y para terminar de poner patas arriba el recinto una energética "Crumblin’ down" y "Paper in Fire", para acabar invitando a una alucinada persona del público a cantar con él la canción con la que cerraría "R.O.C.K. in the USA".
Concierto perfecto, de diez, en el que quizá lo único que le faltó fuera terminar de rematar con un par de bises, con todo, mereció la pena, y seguiremos esperando que algún día haga su debut en nuestro país.
Texto y fotos: Alberto Vicente