Løse: “Løse”


Por: Javier González. 

Cuando a principios de diciembre tuvimos la oportunidad de escuchar “Hay un hueco en algún sitio”, el primer single de presentación de Løse, la nueva aventura en formato banda de Diego Vasallo, nos invadió una sensación de desubicación absoluta; los teléfonos y grupos de Whatsapp ardían literalmente comentado la noticia, había unanimidad en los comentarios donde todos nos mostrábamos maravillados por el aspecto rockero, directo e intencionadamente peligroso con que asomaba su adictiva melodía, donde el regusto a sonidos setenteros barnizados de glam y protopunk impregnaban con fuerza una composición que anunciaba un disco mayúsculo al que teníamos ansia por enfrentar como pocas veces nos ha pasado en casi veinte años de andadura como web. 

Sensación confirmada días atrás cuando pudimos saborear la totalidad de un minutaje impoluto y colosal, plagado de atmósferas sinuosas, amenazantes en su crudeza y secundadas por una torrencial vertiente lírica llena de imágenes escritas casi en primera persona que avanza decidida sin red de seguridad, ajena a los estribillos coreables y a los trucos para “engañar bobos”, rubricadas con tanta vehemencia como sabiduría en las manos de un Fer García, co-productor del álbum junto a Vasallo, que aporrea las cuerdas de su guitarra violentamente, para elevar la fuerza de unas composiciones alejadas por pura convicción del minutaje estándar de las canciones pop que imperan en estos tiempos vacíos y en las que también es notable el trabajo de banda que aportan Oriol Flores, batería, Xabi Arratibel, hiper presente con su bajo retumbón, y las atmósferas inquietante en la mejor tradición de las “murder ballads” de Germán San Martín, encargado pianos, sintetizadores y órganos. 

Siete canciones, ¡tan solo siete!, pero que retumban con muchas ganas y brillan con luz propia, pese a las ya mencionadas sombras oscuras que recorren la producción de estos cortes, algo fácilmente rastreable desde la inicial “Pétalo en el aire”, interesante desde su apertura entre el ruidismo y el ambient para mostrar diversas caras en sus casi diez minutos de continuo crecimiento, donde Vasallo y su voz más arenosa ajustan cuentas con la vida en una letra desbordante, continuando con la ya mencionada “Hay un hueco en algún sitio”, uno de los mejores singles de adelanto de nuestro país en los últimos años, nocturna, urbana, atrayente y peligrosa en sus veleidades punks más neoyorkinas, tan adictiva como la heroína y tan bella como un poema.

Respiramos profundo ante de enfrentarnos al down tempo que supone “Con esta luz que nace”, un blues nocturno de carreteras secundarias que se abre casi como un mantra en busca de un góspel repleto de fe, y “Nuestro cielo al alcance de la mano”, la más lourrediana de todas en cuanto a cadencias, donde sorprendentemente nos encontramos a un Diego de lo más optimista y crítico con el devenir humano; nos sorprende la suciedad distorsionada de “Cose mis heridas”, puro rock crudo de guitarras con dosis de sensualidad que la aproximan al glam con una letra que formula preguntas y juega en la cuerda floja del amor. 

En “Zona de sombras” se juega con una cierta épica blues dramática, asimilando el legado del mejor David Bowie setentero, aquel que deslumbraba en temazos como “Suffragete City”, ensuciando con el paso de los segundos el sonido de las guitarras, pero dejando un regusto dulce en el paladar, y cerrando con toda una declaración de intenciones como “No me cuentes nada que no quiera saber”, un folk de poso tenso y denso que cierra a las mil maravillas uno de esos trabajos que desde ya se postula para aparecer en las listas de lo mejor del año dentro del ámbito estatal. Y redundando en dicho aspecto toca cerrar la reseña de un debut, el de Løse, que no es un debut, puesto que cada uno de sus miembros posee sobrada experiencia y trayectoria en nuestros ambientes musicales. 

“Løse” es un álbum mayúsculo, capaz de seducir desde su primer y sorprendente single hasta su último acorde. Aquí no hay un detalle al azar, algo que se nota. Las grandes canciones funcionan a las mil maravillas, sin concesiones comerciales, buscando un sonido orgánico, de vieja banda, que sabe lo que busca, regalando un álbum del que en círculos más o menos minoritarios se debería seguir hablando en términos elogiosos dentro de muchos años. Ya si acaso en otro momento hablaremos de lo que ha hecho Diego Vasallo a lo largo de su trayectoria solista, que ahora abandona momentáneamente con todo el derecho y merecimiento del mundo, más si cabe cuando esta parada sirve para regalarnos uno de los mejores álbumes de esta tercera década del todavía incierto siglo XXI.

Ilustres Principiantes: Siempre Tigre



Siempre Tigre es una banda que nace recientemente en 2025 en la provincia de Alicante con un estilo reconocible que bebe claramente del rock, pero marcado también por la influencia del pop y otros géneros y sonidos del panorama musical actual. Prueba de ello son los estribillos enérgicos y letras sencillas pero cargadas de fuerza de sus canciones, que suelen convivir con melodías pegadizas o ritmos más bailables. Y todo ello envuelto por una producción moderna y actual. Entre sus influencias encontramos a bandas como The Hives, Biffy Clyro o Sexy Zebras. 

El 11 de Julio del año pasado se lanza su primer single, titulado "Ben Affleck", con el que la banda irrumpe con una estética marcada por unos pasamontañas que cubren los rostros de sus integrantes, combinada con una imagen elegante y desenfadada. Desde esa fecha, la banda ha ido publicando de manera continuada todos los adelantos que forman su primer EP titulado también “Siempre Tigre” y que se publicó el pasado 23 de enero coincidiendo con la publicación del último single que lleva el nombre de “Otro Big Bang”.

Paralelamente, Siempre Tigre debutó en directo el pasado 11 de octubre en “Ciudad Oasis” formando parte la programación del Oasis Elche Music Fest organizado por Producciones Baltimore. Posteriormente, el 22 de noviembre, hicieron en Madrid y junto a Nuevo Berlín el que fué su primer concierto antes de presentar oficialmente su primer EP el pasado 7 de febrero en Madrid, y el próximo de 27 de Febrero en Sala Stereo de Alicante.

El primer EP de siempre Tigre, autoproducido y grabado por Luis J. Montoro, cuenta con 5 canciones. Y aunque el transcurso de los temas va sumando nuevos matices y variedad a este trabajo, en ellos podemos encontrar estribillos potentes, melodías pegadizas y letras sencillas y directas que, al igual que sus vídeos (llevados a cabo por Miriam Ruiz), suelen tener la noche como escenario principal. Este será el caso, principalmete de “FM”, “Ben Affleck” y “Miénteme”. “Para no volver a hablarte”, en cambio, nos ofrece la cara más emocional del EP, donde la banda nos sorprende con un tono más melancólico y una producción más actual. Finalmente, “Otro Big Bang” da un toque de fiesta y buen rollo capaces de contagiar y animar a cualquiera, y perfecto para completar este primer trabajo de Siempre Tigre.

Rafael Amador, ya es, para siempre, libre como el viento


Por: Guillermo García Domingo. 

Lo primero que hice al conocer la triste noticia del fallecimiento de Rafael Amador hace dos días fue ir a buscar las cintas de casete de Pata Negra que pusieron mi vida del revés a principios de los noventa. Me topé con la música extraterrestre de los hermanos Amador cuando se habían separado o estaban a punto de hacerlo, y el talento de Raimundo en solitario empezó a llamar la atención de todos por culpa de su compadre Kiko Veneno. Su fama de guitarrista tan extraordinario como poco convencional llegó a los oídos incluso de B.B. King. Por desgracia solamente he encontrado la cinta de “Inspiración y locura”, el penúltimo disco que firmaron juntos. En la carátula aparece Rafael como un orgulloso patriarca gitano. Ahora que cada vez más gente aspira a vivir en una nación homogénea de una sola identidad en la que no tiene cabida la diversidad, conviene recordar que el nuestro ha sido siempre un país mestizo culturalmente. El mito de la pureza eterna además de ser insidioso, no tiene ningún aval histórico. Pata Negra es el antídoto contra la ponzoña de la pureza.

Lamentablemente los prejuicios que contra los gitanos sembró hace no tanto el franquismo siguen enraizados en la sociedad española. Por eso es de recibo recordar que Rafael Amador, que en paz descanse, pertenece a un pueblo (hay aproximadamente 750.000 ciudadanos gitanos en España) que ha contribuido de una manera fundamental al desarrollo social, artístico y cultural de nuestro país, y también del continente europeo. Suscribo lo que afirmó el escritor alemán Günther Grass en su “Discurso de la pérdida”: “Dejad ya de una vez, como hacéis siempre, de arrojar a los gitanos al camino. Podrían ayudarnos mucho, irritando un poco nuestro acrisolado orden”.

Le debo a Rafael (y a otros/as artistas de su pueblo) la gloriosa alegría y el exultante gozo que Pata Negra propició en mi vida juvenil. Ellos supieron no solo sobreponerse a la marginalidad, sino que se enorgullecieron de ella, porque gracias a su vida suburbial podían disfrutar de una libertad que para sí quisieran los demás. Hicieron brillar el barro del barrio (de las 3000 Viviendas en Sevilla). Porque del barro nos hizo la divinidad, según el Génesis. Entre el barro viven las “Ratitas divinas”, así es como se titula una de sus inolvidables canciones.

La identidad quinqui cuestiona la legitimidad que el Estado se arroga a la hora de burocratizar y controlar nuestras vidas hasta límites insospechados, y que no han dejado de ampliarse utilizando toda clase de pretextos. Y los gitanos han dado muestras de su pertinaz negativa a someterse. “Libres como el viento”, rezaba la canción del Lebrijano, sobre la trágica historia del pueblo romaní. Precisamente Rafael Amador destacaba por su rebeldía musical, que causaba la incomprensión de los más puristas entre los suyos, y desconcertaba a los extraños, que no sabían de dónde había salido el disco “Veneno”, que Kiko y los hermanos Amador realizaron en 1977. En el mundo anglosajón aterrizó una nave llamada “The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars”, conducida por un marciano. En Sevilla aterrizó, en plena Transición, otro ovni llamado “Veneno”. Rafael también fue invitado a participar en “La leyenda del tiempo” de Camarón de la Isla, ¿os suena? 

Las cintas que he echado en falta son, la de “Guitarras Callejeras”, un “festín guitarrero”, como lo describe con acierto Fermín Lobatón, y que no puede ser clasificado de ninguna manera. Hay que escucharlo, cantarlo y bailarlo en trance, y nada más. La segunda es, por supuesto, el “Blues de las fronteras”, uno de los mejores discos de la música popular española. Y por último, no sé las veces que escuché la cinta del concierto que grabaron en la sala Zeleste de Barcelona. Uno de esos directos que pueden hacer que la vida de un chaval cambie para siempre. Todos ellos fueron publicados bajo el sello de Nuevos Medios y Ricardo Pachón, quienes se dieron cuenta de que no podían dejar escapar a unas figuras como Rafael y Raimundo. Mercury/Polydor, por el contrario, no les entendieron. Y uno puede llegar a comprenderlo. Los hermanos tenían su amor propio, según me cuenta una fuente que no puedo desvelar, y solían exigir persuasivamente sus “royalties” insinuando la “cheira” que asomaba por encima de sus pantalones de campana. Con las discográficas extractivas había que actuar así. Tuvieron menos éxito que los Ketama, con permiso del malogrado y genial Ray Heredia, con quien Rafael se ha reunido, pero su idiosincrasia suburbial los llevó por otros derroteros menos comerciales y más estimulantes.

Yo no soy creyente, pero supongo que Rafael adoptaría esa religiosidad gozosa de la que hacen gala los gitanos, así que espero que el dios de los suburbios te tenga en la gloria, Rafael. Seguro que Camarón intercederá para que así sea.

MIKA: “Hyperlove”


Por: Nuria Pastor Navarro. 

“Vístete para el mundo que quieres ver y sé la persona que quieres ser, por dentro y por fuera”, declara el locutor de MIKA FM, la emisora de radio ficticia que vertebra el nuevo trabajo de, valga la redundancia, MIKA. Esa simple frase encierra la esencia, el sentido y el deseo del artista, que lleva plantando esa potencia personal desde sus comienzos hace ya veinte años. El amor, la rebeldía, la autoexpresión, el color: todo se condensa en “Hyperlove”.

Nacido en Beirut de padres americano-libaneses, Michael Holbrook sobrepasa por poco los cuarenta años, pero ha hecho de (casi) todo. Apariciones en las televisiones italiana y francesa, presentación de Eurovisión, bandas sonoras de cine, colaboraciones con la Ópera Real de Versalles y hasta coach del programa español de “La Voz”. Ha ganado varios World Music Awards, fue nominado a un Grammy y galardonado con la Orden Nacional del Mérito del Líbano. Y además… ¡Hace música! Su complicada infancia y convulsa adolescencia fueron el punto de origen para sus dos primeros álbumes: “Life In Cartoon Motion” (2007) y “The Boy Who Knew Too Much” (2009). Con una estética imaginativa y colorida, ambientada en un mundo animado, MIKA lanzaba sus ingeniosas posiciones sobre los temas sociales que le preocupaban. Ya desde entonces dejaba clara su personalidad y la fuerza con la que defiende la música como un lugar seguro en el que poder ser uno mismo.

Desde esos álbumes que suenan a adolescencia de los tempranos 2000, sus trabajos han ido ganando en madurez sin dejar de lado su marca personal. Tras “The Origin of Love” (2012) y “No Place Like Heaven” (2015), MIKA regresaba en 2019 con un guiño a su verdadero nombre. “My Name Is Michael Holbrook” recogía su trayectoria anterior con una elegancia nueva, y cuatro años después consolidaba su acogida internacional con el álbum en francés, y homenaje a su madre, “Que ta tête fleurisse toujours” (2023). Queda claro que MIKA es una persona activa que no permite que los años le resten ganas de crear arte, y por ello recién iniciado este 2026 nos trae “Hyperlove”.

Un total de doce canciones, junto a tres interludios que presentan a un locutor parloteando animadamente en una fantasiosa emisora de radio sobre la sociedad actual, conforman el álbum. Si bien no llega a ser innovador, resulta igualmente agradable: MIKA sigue su línea habitual, esta vez con un toque más discotequero que se deja oír en temas como “Modern Times” o “All The Same”.

En general, todas las canciones gozan de ritmos animados y bailables, dejando como excepción el lirismo de “Hyperlove”, que abre el disco planteando el amor como un enigma en si mismo. El pausado piano y los ya míticos agudos del cantante dejan paso al aire fiestero y rebeldillo de las siguientes pistas, todo cohesionado a través de la línea temática centrada en el afecto de mil formas diferentes: la dificultad del amor moderno, el consecuente refugio en la música, el amor oculto, las roturas de corazón…

La estructura es también muy sólida: cuatro canciones, un interludio, y así se repite hasta dejar huérfana la última pista del álbum. No se perciben ni bajadas ni subidas, sino que una vez que MIKA te ha introducido en su pequeño mundo te mantienes en un agradable viaje a velocidad de crucero, sobresaltándote de curiosidad cada vez que escuchas la profunda voz de los interludios y volviendo a bailar unos segundos más tarde.

Entre los doce temas, cautivan especialmente algunos como “Nicotine” y su pegadizo estribillo, “Eleven” —que tanto recuerda a las canciones de Modern Talking— o “Inmortal Love”, que cierra el ciclo con un mensaje directo: el amor nos transforma una y mil veces.

Como en sus trabajos anteriores, MIKA nos tiende la mano y nos invita a reflexionar a través de su reconocible voz sobre nosotros mismos y todo aquello que nos rodea. Nos insta a cuestionarlo todo, a defender a capa y espada a nuestro verdadero ser y, ante todo, a no escondernos nunca. Quizá suene simple, pero para este ecléctico artista el amor es la respuesta a todo, e “Hyperlove” es el manifiesto que lo prueba. Como declara en “Excuses For Love”, a él ya no lo quedan excusas para pasar del amor… quizá deberíamos intentarlo nosotros también.

Carlos H. Vázquez: “Creo que “Avalancha” es el mejor trabajo de Héroes del Silencio”


Por: Javier González. 

En los últimos tiempos es complicado seguir el ritmo de trabajo al bueno de Carlos H. Vázquez. A su habitual y siempre lúcida labor periodística, anda uniendo en un modo de trabajo estajanovista la publicación de una ingente cantidad de obras firmadas de su puño y letra en el último año, entre las que se encuentra los variados títulos de “Paco Clavel: vida y milagros”, “Cómo perdimos Madrid: Gabinete Caligari” y más recientemente “Avalancha: los demonios de la memoria de Héroes del Silencio”, donde aborda desde una perspectiva técnica el tortuoso camino de gestación y presentación en vivo del que fuera el colofón a la carrera musical de la banda zaragozana. 

Sobre este último pivotó gran parte de la amena conversación que mantuvimos con él semanas atrás, donde también repasamos de refilón otros temas de triste actualidad, como los fallecimientos de Robe Iniesta y Jorge Martínez, un duro golpe que al autor madrileño, como a tantos otros, le está costando asimilar bastantes, dada su especial vinculación con el mito asturiano a cuya vida y milagros dedicó el más que interesante “Jorge Martínez: Conversaciones Ilegales”. 

Hace tiempo que no hablamos contigo. ¿Qué tal va todo, Carlos? ¿Cómo llevas los últimos tiempos que parecen seguir demostrando que el mundo está loco? 

Carlos: Pues todo va muy bien, de momento. He pasado estas vacaciones encerrado en casa escribiendo, preparando un próximo lanzamiento, respondiendo correos electrónicos, terminando reportajes, transcripciones, la continuación del rodaje de una docu-serie, comiendo con amigos... He estado entretenido en “modo avión”, que es un ejercicio que suelo hacer con bastante frecuencia: silenciar el móvil, alejarlo, y mirarlo un par de veces al día (si me acuerdo). Todo esto para decirte que el mundo y su locura me importa entre poco o nada. 

Llevas unos meses/años con una actividad frenética, puesto que a tu habitual labor en prensa has añadido la publicación de varios libros: “Paco Clavel: vida y milagros”, “Cómo perdimos Madrid: Gabinete Caligari” y recientemente “Avalancha: los demonios de la memoria de Héroes del Silencio”. ¿De dónde sacas tanta energía y tanta capacidad de trabajo? 

Carlos: Vivo muy tranquilo desde que me mudé hace unos cinco años. Y mantengo una disciplina y unos horarios que me permiten hacer todo lo que quiero hacer. También es cierto que duermo muy poco y que me he hecho a ello, incluso cuando tengo rodajes y he de estar en el hall del hotel a las seis de la mañana. Pero me da tiempo a todo. El libro de Paquito Clavel lo empecé en 2021 y lo terminé a últimos del 2024. “Cómo perdimos Madrid” lo envié a la editorial en septiembre de 2024, un día antes de irme a Grecia de vacaciones. Y “Avalancha” empezó a fraguarse a finales del 2024 y lo terminé en el verano de 2025. Suelo escribir libros de manera simultánea para no aburrirme. Me pasa con los reportajes, que tengo varios abiertos para no empacharme; si me embarro con un tema, voy a otro para despejarme. Utilizo trabajo para despejarme del trabajo. 

En esta tanda de preguntas, nos centraremos principalmente en los dos últimos si te parece, pues se trata de trabajos y bandas más cercanas a nuestro ideario. Arrancaremos por el último, el libro dedicado al último álbum de estudio de Héroes del Silencio, básicamente porque se ve un componente emocional bastante potente en el mismo, donde es evidente tu vinculación sentimental con el disco. ¿A qué se debió la elección de “Avalancha” y todo lo que rodeó a su proceso de gestación, posterior presentación y abrupto final de la aventura de la banda? 

Carlos: Principalmente porque “Avalancha” (el disco) cumplía treinta años en 2025 y porque es mi disco preferido de Héroes del Silencio. Y porque siempre que se hablaba de la historia de Héroes, nunca se trataba “Avalancha” desde el punto de vista técnico, sino desde la perspectiva personal de cada miembro con respecto a los conflictos internos que había en la banda. Aunque en mi libro toco ese asunto, claro está, también quise abarcar las maquetas de Benasque como germen hasta el resultado final. Por ejemplo, explicar cómo de una canción salieron dos, como es el caso de “Babel” y “La chispa adecuada”. O que Pedro Andreu me contara cómo tocó la batería en 'Iberia sumergida' o de dónde salió “Derivas”, la introducción del álbum. Me gusta mucho el estudio y las labores de producción, y la verdad es que disfruté muchísimo escribiendo esta biografía oral cuando me sumergía en el sonido, hablando con Bunbury, Juan Valdivia o Andrew Jackson, por ejemplo. 


Estamos ante un trabajo de creación complicada, donde la banda comienza a notar el roce de los años de convivencia, el peso de las giras internacionales y la falta de una estructura más “profesional” y organizada alrededor de la banda, algo que reflejas muy bien. ¿Crees que la ausencia de visión internacional en nuestro rock por aquellos días, donde los zaragozanos eran una excepción pasó demasiada factura a la banda? 

Carlos: No creo. Héroes del Silencio tenían (como grupo) una visión bastante amplia con respecto a este asunto. Es posible que otras bandas españolas no tuvieran esa ambición o sus prioridades podían ser distintas a las que había entre los miembros de Héroes del Silencio. Tu visión de las cosas es muy diferente dependiendo de la edad que tengas y lo que estés viviendo en ese momento concreto (hablé de esto con Bunbury hace unas semanas durante una conversación informal). Por otra parte, hubo factores que también ayudaron a esa erosión entre los componentes del grupo, como la agotadora gira de “El espíritu del vino”, la muerte de Martín Druille, grabación en Los Ángeles con un productor como Bob Ezrin, un nuevo contrato discográfico, otras inquietudes... Y si además las relaciones no estaban en su mejor momento, pues aguanta tú una gira tan extensa, sobre todo si tenemos en cuenta que después de la famosa reunión de México tuvieron que hacer unos ochenta conciertos más. Eso es durísimo.

Hagamos una más directa. ¿Te parece “Avalancha” el mejor trabajo de Héroes? ¿O por el contrario hay otro/s de su trayectoria que te llegue/n más profundamente? 

Carlos: Sin duda, para mí “Avalancha” es el mejor trabajo de Héroes por varias razones: sonido más “americano”, madurez compositiva, actitud, giras... Tuve épocas, cuando era más joven, en las que me enganché a “El espíritu del vino” o a “Senderos de traición”, pero eran más bien canciones sueltas las que me llamaban, como “La sirena varada”, “Bendecida”, “Tumbas de sal”, “Culpable”, “Malas intenciones”, “Senda”, “Maldito duende”... En cambio, soy capaz de escuchar entero el disco “Avalancha” y después las maquetas de Benasque (“Virus”, “Babel”...). Pero, como te digo, es mi gusto. 

Si te soy sincero, siendo un gran trabajo como es, “Avalancha” nunca ha sido mi trabajo favorito de Héroes del Silencio, creo que contiene grandes canciones, pero la producción de Bob Ezrin, muy apoyada en Andrew Jackson, y el tipo de rock más duro que llevan a cabo hace perder los matices de esos arpegios tan bonitos e imaginativo que hacía Juan Valdivia, algo que Enrique Bunbury resumió en alguna ocasión diciendo que “se les veía más el plumero”. ¿Compartes mi percepción? 

Carlos: Bueno, puede ser porque habían grabado dos discos anteriores con Phil Manzanera (“Senderos de traición' y 'El espíritu del vino”), que les dejaba “meter mano”, no así Bob Ezrin aunque Andrew Jackson era más flexible. Supongo que irían por ahí los tiros. Phil, a lo mejor, permitía un tipo de sonidos o punteos que Bob desechaba o matizaba. Pero es algo que sucede siempre que un grupo cambia de productor. En el caso de Héroes del Silencio, y como venimos hablando, tenían una ambición mayor en comparación con otros grupos españoles, y eso hace que te pongas el listón muy alto, como se cuenta en el capítulo “To play”, donde Alan y Juan son más protagonistas. Mientras que Alan disfrutaba, Juan sufría porque, claro, estaba ante el productor de Pink Floyd. 

¿Cuál es tu canción/canciones favoritas de toda la colección y por qué? 

Carlos: De “Avalancha”, si tengo que seleccionar varias (una me resulta imposible), me quedo con “Iberia sumergida”, “Avalancha”, “En brazos de la fiebre” y sobre todo “La espuma de Venus”, que me parece una canción preciosa y muy poderosa. 

¿Crees que Héroes merecían haber tenido un primer cierre más amistoso y menos convulso a nivel interno? 

Carlos: Si lo merecían o no, es algo que se me escapa, porque son temas personales de cada uno y ahí no entro. Lo que sí te puedo decir es que merecían una gira por Japón, como así estaba previsto. 

Cierras el libro con la eterna “pregunta” sobre si habrá un último capítulo de Héroes juntos, ya sea en una última gira, retomando la de 2007, o con la posibilidad de un nuevo trabajo, posibilidad de la que hablaron Juan Valdivia y Pedro Andreu. ¿Piensas que es algo factible, posible o solamente producto de un sueño para fans? 

Carlos: Para que Héroes del Silencio vuelvan, tienen que estar todos, incluido Alan. Y si falta alguno de los cuatro miembros originales y hay disco nuevo, para mí ya no serían Héroes del Silencio. Si es factible o posible... Solo ellos lo sabrán. De momento creo que es un sueño para fans. Ya veremos qué pasa en el futuro, pero a día de hoy no lo veo muy claro, la verdad. ¡Ojalá se reúnan, ojo! Pero, ya te digo, me parece que ahora mismo es un sueño. 

Hablando de fans. ¿Crees que los fans de Héroes son los más fieles e irreductibles que ha habido y habrá? 

Carlos:
Son muy apasionados y algunos hacen y dicen cosas que no comparto, como rechazar sistemáticamente lo que hace Enrique porque “eso no es Héroes”. Pues claro que no es Héroes, porque Enrique tiene una carrera cuyos discos, en número, superan a los de Héroes del Silencio. También creo que en España estamos poco acostumbrados a que el cantante o el guitarrista de una banda haga una carrera paralela en solitario. No sé... Nos tomamos a la tremenda demasiadas cosas. Solo es arte, música... Si te gusta, bien. Y si no, pues también. 

Pensando en esos fans que ya saben todo o casi todo sobre Héroes del Silencio. ¿Qué crees que les gustará más saber y que quizás no sepan al leer el libro? 

Carlos: El fan instruido de Héroes del Silencio sabe más que los propios músicos. Cuando empecé a hacer las entrevistas del libro, pensé que poco iba a aportar a lo que ya sabía el fan, así que lo llevé también por ese lado técnico del que te hablaba antes, que es un tanto desconocido. También quise homenajear a los seguidores, hablando con los que estuvieron en las giras del 95 y del 96, porque sus vivencias eran clave para entender cómo eran Héroes del Silencio en directo, algo que detalla muy bien José Luis de Las Líneas del Kaos.

“Nunca habrá una banda como Gabinete Caligari”

Vamos cambiar de tercio, nunca mejor dicho, para hablar de “Cómo Perdimos Madrid: Gabinete Caligari”. Ya sabes que son mi banda favorita del rock and roll español, así que seré franco. ¿Crees que algún día habrá una banda con tanto estilo, personalidad y unas letras tan brillantes como ellos? 

Carlos: No, jamás. Pero básicamente porque no habrá nadie como tú, como yo o como cualquiera. Somos diferentes, tenemos personalidades distintas, y eso nos hace únicos. Respecto a Gabinete Caligari, ya dentro de los términos musicales, puede haber bandas que se parezcan, pero no habrá nunca una como Gabinete, posiblemente porque su actitud y sus letras en la actualidad no estarían bien vistas, por muy brillantes que sean. Esto es algo que hablé con el Loco (Loquillo) hace poco, por cierto. 

¿Crees que hoy en día su música ha dejado estela rastreable en otras bandas jóvenes que estén teniendo éxito? 

Carlos: Indudablemente. Salvando las distancias, pienso en Alcalá Norte, Corizonas, Triángulo de Amor Bizarro... Aunque la música no es la misma, la actitud es muy similar en ciertos momentos. 

Tampoco queremos dejar de lado la posibilidad de que nos hables un poco sobre la vida y milagros de Paco Clavel. Confieso que me sorprendió verte vinculado a su nombre, no por nada en concreto, pero no lo vi venir. ¿Cómo surgió la oportunidad? ¿Qué has descubierto al lanzarte a conocer su trayectoria vital?

Carlos: Había entrevistado a Paquito Clavel varias veces y nos llevamos muy bien. Creo que fue en 2021 o así, cuando después de otra entrevista, surgió la posibilidad de escribir el libro. Fue medio en broma, pero me puse a ello. Lo que he descubierto es la persona y el basto conocimiento que tiene de la música, sobre todo folclore y rarezas. Mientras escribía el libro, me sumergí en sus programas de radio y podcast y me quedaba muy sorprendido de todo lo que él conocía. ¡Y no hablemos ya de cine! Aquí es importante destacar la figura de Juan Sánchez, con quien ha grabado estos programas o ciclos sobre cine. 

“De Jorge Martínez y Robe quedan sus obras, que es lo que nadie nos podrá arrebatar” 

No podemos continuar la entrevista sin hablar de las pérdidas recientes que hemos sufrido en nuestro rock, evidentemente me refiero a las muertes de Robe Iniesta y en especial de Jorge Martínez, a quien sabemos te unía una especial relación, toda vez que uno de tus anteriores libros, “Conversaciones Ilegales”, giraba en torno a las aventuras de Jorge al frente de la banda. ¿Cómo has conseguido mitigar el dolor de su pérdida? ¿Qué hemos perdido con ambas muertes? 

Carlos: Todavía estoy asimilándolo. Sabía más o menos cuál era su estado de salud y amigos comunes me mantuvieron informado, más cuando su muerte era inminente, algo que me pilló en Andalucía rodando. De hecho, escribí su obituario para El Confidencial en la furgoneta de producción, de camino al aeropuerto de Sevilla. Rematé el texto esperando mi vuelo. Estaba en shock, como aislado mentalmente. No podía ser, Jorge no podía morir, era imposible, como el fallecimiento de Robe, que me pilló en Madrid. Eran las tres y media de la mañana cuando lo supe. Me llegó un correo electrónico de su oficina y para confirmarlo escribí un WhatsApp a su equipo. Y en efecto, Robe había muerto. ¿¿Cómo?? ¿¿En serio?? Pues sí, sucedió. Hemos perdido mucha actitud, pero quedan sus obras, que es lo que nadie nos podrá arrebatar. 

“De Jorge me quedo con su generosidad, actitud y humor” 

Y, sobre todo, ¿cuál es el principal valor que observas en el inmenso legado que nos ha dejado nuestro macarra favorito? 

Carlos: La generosidad. Jorge era un tipo muy generoso y una grandísima persona que se preocupaba por los que estaban a su alrededor. Además de su humor y la manera que tenía de encarar la vida. Generosidad, actitud y humor. Es lo que observo en el inmenso legado que nos ha dejado Jorjón. 

“Arde Bogotá son unos tipos con mucha coherencia” 

¿Qué bandas del panorama actual crees que estás haciendo la cosas con la suficiente coherencia como para ser en el futuro objeto de algún libro que recoja sus andas y el repaso de sus discos con la perspectiva que da el tiempo? 

Carlos: Arde Bogotá. Por cuestiones laborales he pasado unos pocos días con ellos y me han encantado como personas (musicalmente ya los conocía). Me parecen unos tipos con mucha coherencia, con las cosas muy claras, que saben lo que no quieren. Espero con muchas ganas el siguiente álbum que están grabando en Los Ángeles. No obstante, es un poco pronto para escribir un libro que recoja sus andanzas. Pero me encantaría escribirlo. 

Eres periodista, escritor y amante de la música, tres sectores complicados que no están pasando por su mejor momento, pese a que el consumo de noticias y escuchas es amplio. ¿Crees que la profesión sigue teniendo sentido? ¿Eres un romántico o un loco que ha conseguido ir viviendo de esto a base de trabajo y buena reputación? 

Carlos: Sí, creo que la profesión sigue teniendo sentido. Otra cosa es que ahora sea mucho más complicado que cuando empecé hace veinte años. Pero sí, para mí al menos sigue teniendo sentido. Y supongo que para los chavales que quieren dedicarse a esto. Hay que trabajar muchísimo y perseverar, pero tampoco es garantía de nada, porque no solo el trabajo es el factor principal, sino la suerte, los contactos y todo eso que se nos escapa y que no dependen de nosotros. Nadie dijo que fuera fácil. Entre romántico y loco, si tengo que elegir, me considero un romántico por cómo veo el oficio, pero a ratos pienso que estoy loco por seguir con ello. Pero me encanta, vivo de ello, y no pienso tirar por tierra dos décadas de trabajo. Ya veremos cómo avanzan las cosas... 

Hablamos del presente literario que tienes entre manos, pero ya sabes que es inevitable empezar a pensar en la siguiente página. ¿Qué estás tramando? ¿Qué próximas aventuras tienes entre manos? 

Carlos: Afortunadamente tengo varias cosas entre manos, entre ellas una segunda entrega de “A un gancho de la gloria” (boxeo), la emisión de una docu-serie, más entrevistas y reportajes y otros libros que estoy preparando. La salida de uno de ellos es inminente. Stay tunned!!

Los Nikis de la Pradera: "Llorica"


Por: Txema Mañeru. 

Eran unos putos cracks y la clavaban cuando hacían letras para su espíritu punk con Los Nikis, y lo siguen siendo ahora como Los Nikis De La Pradera, por un lado más country-hillbilly, aunque con inevitables destellos punk, sobre todo en sus poderosas letras. Otros músicos participantes en el proyecto provienen de Los Vegetales, Ataque de Caspa y, ahora, hasta de Los Ronaldos. Mauro Canut sigue en la voz principal y es quien más colabora en las divertidas composiciones con Joaquín Rodríguez (Los Nikis).

Magnífico arranque con el primer single de adelanto con"'Llorica" y su precioso videoclip. Chulas voces doo-wop y guitarras con ecos surf a lo Chris Isaak y hasta tonos countrybilly en la cuidada melodía. ¡Y vaya letra, de nuevo! Además, el single tiene portada propia que es un divertido homenaje a uno de los más famosos de los Beatles que, por supuesto, son protagonistas, entre otros, de la divertida letra. Normal que sea también el tema que abre el disco. Pero la bomba y mucho más, ha sido con el segundo y brutal adelanto titulado "Anabolizantes, Tinder y Soledad", que ellos definen, con su agudeza habitual, como la trinidad moderna que resume la espiritualidad del individuo del siglo XXI. ¡Espiritualidad total, añado yo, qué espiritualidad! ("Crisis, What Crisis?"). Melodía country chulísima a lo George Jones o, incluso, Kenny Rogers, y una suma de sentadillas que es una gozada con un estribillo lleno de preciosos coros como tanto les gusta a los de Mauro Canut y Joaquín Rodríguez que son los que suelen compartir voces y cuidados coros ya citados. Por si fuera poco, ahora han sumado a la batería, para los directos y para el futuro, al gran Ricardo Moreno (Los Ronaldos), lo que les da más fuerza aún. El disco lo presentarán el día 13 de febrero en la Sala Villanos de Madrid y a ver si se deciden a girar porque sería una delicia oír esta mandanga y ver a estos locos sobre un escenario.

Pero es que son un total de 16 nuevos temas con mucho para gozar musicalmente y también con esas especiales letras con mucho humor. Siguen bien con "Poco a Poco Voy Sabiendo Más De Ti", con aires más serios que los de la desternillante "Alexa". Una "Alexa" con la letra más extensa del disco y de las más divertidas. Le pide que le ponga música de Los Nikis de la Pradera, pero también la acusan de celosa y acusica, porque parece que hasta cuenta infidelidades para acabar diciendo que su nombre no es Alexa, sino Lucifer. Se saben peligrosos y nos lo cantan en "El Peligro Soy Yo", aunque luego nos hacen saber que "La Situación Está Bajo Control" en la que nos avisan que los delitos financieros tardan mucho en prescribir. "El Peso De La Conversación" es la perfecta narración de una de esas citas a ciegas tan en boga en los últimos tiempos. En este tema cuentan con la voz de Sara Canut y los arreglos de Javi Peña. Se reconocen tristes y caducos en "Fade To Grey" ("Me He Vuelto Gris"). Sí, es la sorprendente, y única versión del LP, del temazo techno-pop de Visage en el que nos hablan de la MTV y de esos sintetizadores tan de la época. Es es justo antes de cerrar la cara A con otra divertida aventura en "Perdieron Mi Maleta".

La cara B la abren con su canto para "Rosalyn". Otro sano cachondeo para recordar la (falsa) afición country a Nashville, Tennessee y al Huercasa Festival. En su recado a la odiosa "La Directora de R.R.H.H" se acuerdan en su letra de su clásico "Ernesto", de cuando comenzaban con Los Nikis. Tras el ya comentado single, "Anabolizantes, Tinder y Soledad", llega otra explosión con "Armagedón", por la que pasan Miguel Bose, El Papa Clemente, Satán y (otra vez) Lucifer. No tienen reparos tampoco en criticar a los horteras de bolera en la canción del mismo nombre, en la que viajan hasta a Benidorm. La otra estupenda colaboración ajena es la de Adolfo Díaz (Airbag), quien pone su voz en la divertida historia de "Me Pregunto Qué Hago Aquí", hecha a su medida, y hablando sobre él y sobre su grupo super punki de Estepona. Un interludio antes de encaminarse al cine americano retratando a "‘Un Tipo Solitario En Un Bar". 

Como son optimistas y hasta tienen buena suerte acaban el disco con "Mi Maleta Apareció", para congratularse tras haberla perdido en el cierra de la cara A. Eso sí, nos dejan con la duda de saber lo qué hay dentro de ella ¡Siguen siendo unos putos cracks y ojalá se dejen ver por bastantes más escenarios!

091: “Espejismo nº 9”


Por: Kepa Arbizu.

El ejercicio de resurrección oficiado por 091 hace una década, al margen de significar revertir su defunción artística fechada en 1996, supuso para varias generaciones poder conjugar por primera vez en presente lo que hasta ese momento había sido uno de los episodios más glorioso del rock hecho en castellano. Un relato histórico, inevitablemente extendido a través del legado simbólico depositado en las carreras en solitario de José Ignacio Lapido y José Antonio García, que por fortuna ha tomado corporeidad en una segunda existencia que, lejos de resultar un forzado renacimiento mecido exclusivamente por los hilos de la nostalgia, oposita con claridad ha añadir más valía a su biografía musical. Un proceso de reaparición tomado con la calma que se merece ese esmero por hermanar su firma a un contenido de alta calidad, el que ya alimentó a sus dos trabajos predecesores (“Maniobra de resurrección” y “La otra vida”) y que ahora vuelve a ser convocado para un nuevo álbum, “Espejismo nº 9”, que ya desde su título, encargado de contabilizar el capítulo por el que transita su recorrido conjunto, es una celebración de la incertidumbre colectiva, pero también del domicilio fijo ocupado por la banda en ese oasis donde guitarras y palabras traducen con clarividencia el vértigo que produce eso a lo que llamamos vivir.

Como en toda familia, y la banda lo es en el sentido estricto y metafórico, el paso de los años acaba por transformar su morfología, y en este caso, el álbum de fotos con que se ilustra a los artífices del milagro carece de la figura de Víctor Lapido, lo que deriva en que todas las guitarras de este trabajo hayan sido registradas por su hermano, que en calidad de letrista y compositor primordial adopta un papel protagonista que, por otro lado, nunca ha ocultado. Pero más allá de ese fuerte influjo que no se puede obviar en el disco, la banda contiene los suficientes ingredientes identificativos, desde las bases rítmicas encomendadas a la destreza de Tacho González y Jacinto Ríos, a por supuesto la presencia de “Pitos”, quien encarna a la perfección el papel de cantante que por encima de todo es portavoz de un sentimiento grupal, como para ser conscientes de que su ADN particular está por encima, o al menos a salvo, de coyunturas específicas. Una salvaguarda del RH propio también en manos de otro fraternal aliado, Raúl Bernal, encargado no solo de la producción, sino de agitar sus dedos sobre los teclados para otorgarles el don del habla. Un diálogo entre lujosos elementos que propicia este nuevo retrato de un elegante paisaje en llamas. 

Alegorías visuales entonadas ya desde la propia portada, autoría de Miguel Navia. Una original ilustración, también para lo que significa el imaginario habitual del grupo, que absorbe la naturaleza del cómic crepuscular y la iconografía mitológica. Una superposición de planos que emergen durante el sueño de las ciudades, ese instante -representado por Baudelaire como un baño de tinieblas- donde se desintegran las fronteras dictadas por la luz y se pueden escuchar con más nitidez aquellos lamentos que el amanecer se encargará de convertir en mustios vocablos listos para la mueca rutinaria. Es en ese espacio simbólico, cuando los vigías bajan la guardia y se desvanecen las leyes de la lógica impuesta, donde moran estas canciones, atrayendo hacia sí como idioma troncal ese pensamiento difuso que sin embargo es capaz de desvelar con exactitud el epicentro de la tormenta.

Bajo el propósito de introducir las coordenadas habitadas por este disco, su comienzo (“Algo parecido a un sueño”) se sirve de un rock melancólico pero luminoso para sembrar un territorio sonoro, común a lo largo de la extensión del álbum, de orgánica y sobria condición, sucumbiendo así a cualquier posible fecha de caducidad para convertirse en materia atemporal. Una configuración, espoleada por la épica de su estribillo, en la que cada elemento es capaz de asumir una fuerte cota de protagonismo con el fin último de aglutinarse en un destino común. Horizonte, teñido de un resacoso insomnio en el que cuesta dilucidar la realidad de la ficción, que al mismo tiempo ejerce de esqueleto reflexivo universal y de lo que parece una intrahistoria respecto a la actitud asumida por la propia banda, representantes de ese “refugio entre el incendio”. Una guarida desde la que asoman absolutamente reconocibles bajo esa característica idiosincrasia de impetuoso dibujo melódico adoptado por “Una revelación”, una de esas composiciones impregnadas de la rúbrica forjada históricamente por 091, quienes nos ofrecen su singlar ración de panes y peces a cambio de bailar sobre el alambre.

No por (re)conocida la majestuosa lírica que adorna la escritura de Lapido, desplegada con un trazo existencialista no exento de irónico desgarro, deben de obviarse las alabanzas a una imperecedera floración que exhibe su faceta más crepuscularmente romántica, apoyada por una fisonomía musical que sustenta esa expresión, en “Ven vestida de nube”, otro dietario de dolores con marchamo de remedios. Tonalidades relajadas siempre habituales, y destacadas, en el repertorio de los granadinos que aquí tienen su emocionante cota de visibilidad en “Piezas de desguace”, diseñada bajo una preciosa introducción acústica para presentarse una vez más como narradores instalados en el “ojo del huracán”, o en el intenso medio tiempo, acompañados de los precisos y sutiles teclados, de “No tiene sentido escapar”. Demostraciones de que la tempestad es también un lenguaje que rima a la perfección con la sensibilidad.

Pero si hay un territorio propicio para encarnar ese estado borroso de duermevela, ese es el de la perturbación, que en el caso musical se manifiesta convenientemente al amparo del rugir eléctrico. Una condición consustancial también a la personalidad de la banda, dispuesta a no desprenderse de un afilado colmillo punk gracias a “Nadie quiere oír tu llanto”, un glosario de personajes golpeados por un abatimiento cotidiano que sin embargo es digna sustancia para ser contada. Impetuosas ráfagas de riffs que alumbran “Los cantes de la sinrazón” y que mutan en un crudo blues, entonado con voz rasgada y teclados humeantes, que hace de “Dormir con un ojo abierto” representación de la vigilia como herramienta de autodefensa. 

De “Espejismo nº 9” no se despierta, como demuestra que su colofón, “Puede que el tiempo”, suponga la pieza más explícitamente psicodélica, certificando que, como dejó ilustrado Calderón de la Barca en aquellas líneas que rezaban “todos sueñan lo que son, aunque ninguno lo entiende”, esta somnolencia no se trata de una fase circunstancial, sino una condición innata al ser humano. De este modo, 091 alarga, con un disco magnífico además de poseedor de unos rasgos distintivos muy especiales, una historia enunciada desde ese particular y distinguido oasis creativo. Un enclave desde el que imparten otra lección sobre cómo convertir la duda en arte y el lamento en una ofrenda lírica.