Chencho Fernández, la bohemia callejera cumple diez años


Por: Guillermo García Domingo y Javier González.

Si realmente “Dadá estuvo aquí” importa poco o nada, seamos francos. De lo que no cabe la menor duda es que Chencho Fernández sigue estándolo, para regocijo y disfrute de quienes profesamos de forma militante su fe. Y es que en Sevilla es raro quien no le reza a algún santo. Sea la Macarena, la Esperanza de Triana o al Gran Poder; Sevilla o Betis en lo futbolístico, rescatando para el apartado puramente musical a quienes todavía le ponen flores al maestro Silvio Fernández Melgarejo a la diestra del cielo. Y claro, puestos a elegir, algunos decidimos poner velas a un santo de apariencia menor, canalla y pendenciero, pero con un discurso y lírica propias que nos sedujo tiempo atrás, arrastrándonos por la nocturnidad que desemboca en los rincones insólitos del callejero de la capital andaluza, topándonos con el más bohemio de sus actuales exponentes y de paso con un cancionero tan apabullante como romántico, pleno de magnetismo.

Y ahí seguimos diez años después, dándole vuelta a “Dadá estuvo aquí”, recuperando viejas farsas de la cuna a la tumba, habitando durante cinco minutos sórdidos pasadizos entre páginas de Jean Genet y cerrando garitos en La Alameda de Hércules como escenarios principales en un viaje imposible que arranca en el Nueva York “lourrediano”, tiene transbordo en La Elipa y destino marcado hasta desembocar en puerto seco que remata en las lindes de la calle Feria, donde nos esperan “garçonnes”, muchachas rurales y “muñecas” de toda índole que nos harán caer rendidos presos de enamoramientos de una sola noche en madrugadas crapulosas, mientras al fondo de la barra, sepultado entre brumas de humo, alcohol y otras sustancias, Chencho apunta cada escena, conversación y letanía en su libreta, por si acaso las Musas deciden visitarlo a traición, estar preparado para musicarlo con la categoría con que solamente él puede hacerlo.

Dicen las malas lenguas que estas canciones volverán a sonar una noche más en Sevilla en apenas unos días, también que Chencho anda tocando con Sick Buzos y hasta hay quien afirma haberle visto encerrado en un estudio de grabación, quién sabe si preparando otro nuevo trabajo en solitario; inclusive hay quien dice que Muñecas de Calle Feria han cobrado vida, reuniéndose para ensayar, previsiblemente para preparar una hipotética tanda conciertos y hasta una reedición de su único y nunca editado trabajo, “En la Cresta del enrolle”. No negaremos la mayor, tanta información nos abruma, generando cierta ansiedad en nosotros. Tocará esperar y comprobar si los rumores son ciertos, o si, simplemente, todo fue producto de una mala resaca.

De momento, hemos decidido hablar con Chencho para que nos confirme tantas noticias y celebrar que “Dadá” vuelve a estar por aquí, paseando palmito al ritmo de unas canciones que nunca fueron éxito, algo que su fieles celebramos mirando con desdén, superioridad y altanería a todos esos estúpidos que malviven sin conocer la grandeza de sus letras. El próximo viernes, día 20, lo vuelve a presentar en Sevilla en la Sala X. 

Cuéntanos un poco cómo ha surgido la posibilidad de volver a darle una nueva vida a este disco que tuvo extrañamente dos publicaciones. Cuéntanos un poco cómo ha surgido la posibilidad de volver a publicar el disco de “Dadá Estuvo Aquí” 

Chencho Fernández: Sí, efectivamente, “Dadá estuvo aquí” es mi debut en solitario, bajo mi propio nombre. Y a mí me recuerda un poco a aquellas publicaciones literarias. Pertenece más al mundo de la literatura que al de la música en cuanto a su edición. Es como esas publicaciones de las que se edita una pequeña tirada, yo qué sé, en los años 20, de Kafka, y luego la publica Gallimard, y pronto se hace un poco más conocido. Algo así es lo que ocurrió con “Dadá”. Cuando empezamos a grabarlo no tenía sello, salté sin red, corrí ese riesgo. En ese momento irrumpió en el proceso de grabación mi viejo amigo Pepe Benavides, a la sazón, regente del ínclito Fun club, y me viene con la noticia de que estaba relacionado con Jordi Gil y Javi Mora. Y entonces aparecen por el estudio Javi Mora y Pepe Benavides para decirme que iban a fundar un sello “ex profeso”, nada más que para sacar el disco.

Entonces, pues, ante esa ambición, contesté encantado, tenía un sentido para mí especial, además, por tratarse de un club, un sitio, con un aura casi mítica aquí en Sevilla, musicalmente hablando. Una sala para conciertos, por antonomasia, de Sevilla, y además club de referencia, de encuentro para los parroquianos. Todo muy rockero y muy mojado en el “rock and roll way of life”.

Se presentó el sello, sacamos el sencillo, y esa fue su primera edición. También podemos hablar un poco de ello. Se publicó en formato CD, porque estamos hablando del año 2014, y esto ya nos lleva un poco a mirar el panorama del momento, no solo en Sevilla, sino en España. Entonces, el formato que se eligió fue el de CD, puesto que, en aquel entonces, todavía se pensaba que el CD, en 2014, tendría más predicamento. Tenía futuro todavía, parecía. Lo que ocurrió el año siguiente fue que el disco empezó a tener cierto eco entre bloggers y demás, sobre todo. Lo cual no dejó de sorprenderme. Yo no sabía realmente la suerte que iba a tener el disco, yo lo hice por convicción pura y dura. Y bueno, quiero decir que la acogida fue halagüeña. Además, entre un público melómano. Todo eso en el contexto de 2014, tú sabes, en una industria musical cambiante, bastante inestable. En cuanto al formato, desde luego, y en cuanto a, no sé, a aquello de la muerte del indie. Creo recordar que el panorama musical estaba bastante revuelto en España y, bueno, en ese contexto apareció el disco. Y con la suerte de que a través del boca a boca y tal, llegó incluso a Warner, la multinacional, Warner Music Spain. Me citaron en Madrid y en fin, mostraron interés en mí y en mi música, y en el disco en concreto.

Entonces, fue tal ese interés que terminaron, por así decirlo, fichándome y reeditando el disco, también en CD, con lo cual persiste la idea de que el CD tiene recorrido. Yo, en ambas ocasiones, con el Fun Club y con Warner, pues mencioné, digamos, que, bueno, oye, si puede ser vinilo, mejor. Además del digital, por supuesto, eso se da por hecho. Entonces, pues nada, se editaron ambas ediciones, una que, digamos, se comió a la otra, que fue la de Warner. El disco tuvo su proyección y demás. Pero, bueno, sobre todo el tema de streaming y las redes sociales y demás, porque, obviamente, la distribución no llegó a ser nunca, incluso siendo CD, demasiado amplia. Había mucha gente que me decía, gente cercana y otra que no conocía, pero que se había enterado de la publicación, y me preguntaban dónde lo podían conseguir. Y yo estaba bastante maniatado. Y eso era una cuestión de la distribución de Warner, que dejaba bastante que desear.

Yo comprendo también que la multinacional, que tiene muchísimos artistas, supongo que darán prioridad a uno en detrimento de otro. Pero, bueno, el caso es que todo eso, al pasar de los años, pues nos encontramos con eso, con seguir haciendo discos. Pero, entonces, con mi nuevo mánager, pues, surgió la idea de reeditarlo, la vieja idea de reeditarlo en vinilo, por primera vez, y eso es lo que hemos hecho. Y al final lo hemos conseguido, por lo cual estoy muy contento. Jordi Gil ha hecho la remasterización para el vinilo. Sabemos que sin el concurso de All La Glory, y por extensión su líder, Juano Azagra, es complicado pensar en tu carrera. ¿Qué influencia ha tenido en tu música esta banda superdotada? Sí, efectivamente. Bueno, es mi banda de acompañamiento, se puede definir así, con la que trabajo habitualmente, desde los albores de su misma creación, porque cuando empecé a trabajar con los músicos de la All La Glory, todavía no se llamaban así, no eran un grupo, en “Dadá estuvo aquí” están cuatro de sus cinco componentes. Estaban los cuatro. En ese momento que empezamos a grabar, creo que acababan de fundar el grupo prácticamente. Ya estaban constituidos como grupo. Quizá cuando terminamos el disco, pero era muy reciente, se formaron a la par de la grabación, más o menos. Con el guitarrista Israel Diezma, yo ya venía tocando desde hacía bastantes años, desde hacía cinco o seis años, o más quizás, antes de grabar el disco. Entonces, en torno a él es como yo monté la banda que iba a tocar en “Dadá”. Israel me dijo que estaba con Juano (Azagra) y ahí fue cuando entró Juan, a quien también conocía desde hacía 15 o 20 años, toda la vida. Éramos amigos. Pero confluyó eso, ellos se estaban montando como grupo y yo, al tirar de Israel Diezma, ya vino toda la banda detrás. Desde entonces son un pilar en mi trabajo, en mi sonido, porque son ellos los que están detrás de la grabación, si nos ceñimos a la grabación y también a los directos. En la inmensa mayoría de las ocasiones, en directo, aunque alguna vez, he tocado sin ellos, pero rara vez, desde los últimos años siempre lo hago con ellos. Y bueno, en las grabaciones de los tres discos publicados hasta ahora, están, sobre todo, en dos de ellos, que son “Dadá estuvo aquí”, y en el “Meridiano de Greenwich”, en las que se encargan absolutamente de todo, son la banda base. Incluso llegué a hablar con ellos de la posibilidad de poner el trabajo a nombre de los dos, de Chencho Fernández y All La Glory. Pero fueron ellos los que declinaron el ofrecimiento, aunque detrás de la grabación, están ellos, todos sus miembros, hasta Fran Pedrosa y Pilar Angulo. Este es un disco, “Meridiano”, el último que hemos publicado, es un disco de Chencho Fernández y All La Glory. ¿Qué ocurrió luego? Pues que poco después se disolvieron, eso es lo que ha ocurrido recientemente. Como tal, ya no actúan como All La Glory, y esto es algo que tendríais que preguntar más bien a ellos. Porque no sé exactamente los motivos que han llevado a que esto sea así. Yo con ellos tengo mucha química y también proyección e intención de seguir trabajando junto con ellos. Aunque no se llamen así, o se llamen como quieran llamarse, son ellos los músicos con los que he trabajado, tanto en estudio como en directo. Además de poder contar con algunos otros músicos, pero ellos son la banda base, también en el concierto que vamos a dar en Sevilla, en la Sala X. 

"Eso también merece un debate, si la movida era realmente madrileña o era española. Eso de la movida madrileña es bastante discutible"

Hace unas semanas Kike, el cantante de Vera Fauna, dijo que algunos barrios de Sevilla han dejado de sonar. ¿Crees que tiene razón, es algo que está sucediendo? No sé si tú estás de acuerdo con que se está transformando mucho tu ciudad. Si realmente crees que es cierto eso de que está dejando un poco de sonar Sevilla, tal vez porque se está perdiendo ese dadaísmo sevillano. Ya no están esos personajes que electrizaron la escena, y que aparecen en el disco, por cierto, como Silvio y otros personajes absolutamente irrepetibles. ¿Sevilla está perdiendo esa decadencia elegante que antes tenía? 

C.F.: Yo no estoy de acuerdo. Bueno, hay unos cambios generacionales que sí veo que están ocurriendo. Es decir, a Silvio, a esos los llamamos nosotros los “antiguos”. Los “antiguos” están ahí, son Smash y otros, sobre todo aquello que fue la piedra filosofal del rock en Sevilla. “Pájaro” es una figura fundamental porque es el heredero natural y directo de todo aquello. Sevilla tiene una escena bastante viva desde que yo empecé a tener contacto con la escena musical. Era bastante joven, como a finales de los ochenta. Ya habían pasado varias cosas. El llamado rock andaluz, hecho por Triana. El rock más progresivo, como Imán, un grupo bastante prominente durante los setenta, sobre todo. Lole y Manuel, también flamencos. Pata Negra, por supuesto, y Kiko Veneno. Cuando yo llegué eran como los más pujantes, a finales de los ochenta. Y luego está la época dorada de Silvio. Tampoco soy conocedor en profundidad. Silvio era el epítome del artista underground que se conocía en Sevilla. En Sevilla era muy activo. Lo fabuloso de Silvio es que fue a Madrid a la movida, digamos que viajó a la movida madrileña. Eso también merece un debate, si la movida era realmente madrileña o era española. Que es lo que al final se está viendo, porque Siniestro Total eran galegos, o Ilegales, del tristemente fallecido Jorge Martínez, que Dios o el diablo, o ambos, lo tengan en su gloria. Loquillo tampoco era de Madrid y fue allí. Eso de la movida madrileña es bastante discutible. Aunque bueno, como sello, como nombre, marca comercial, pues supongo que como todas marcas comerciales, sería útil en su momento y ya está. Pero bueno, Silvio va a Madrid y ya es un señor entrado en edad, se encuentra con todos aquellos jóvenes inquietos y entonces en Madrid no encuentra muy buena comprensión y acogida, y se vuelve a Sevilla diciendo que prefiere ser “un rey en un reino de taifas a ser uno más en la capital”. Y entonces, pues, efectivamente, se metió en lo que él llamaba el “triángulo”, que se ha venido a llamar el “triángulo silviano”, formado por Huelva, Sevilla y Cádiz. No se movía de ese “triángulo”.

Ya nunca más salió en su vida de esas tres provincias. Eso es Silvio, un caso muy particular. Silvio aquí en Sevilla a estas alturas es poco menos que venerado, como una especie de santo patrón del rock local. De todas formas, esta etiqueta es algo que a mí no me convence demasiado. Hay mucha gente que se adhiere a eso del rock sevillano, pero el rock sevillano no es más que la versión de aquí, de Sevilla, que puede haber en cualquier otro sitio. Habrá rock segoviano, y habrá rock vigués, y habrá rock santanderino, no lo sé.

Entonces no es más que una forma de llamar a una escena sevillana. La escena sevillana es una escena, desde mi punto de vista, y desde mi vivencia, bastante viva. Nosotros tenemos ahora, por ejemplo, los Derby Motoretta, o los mismos Vera Fauna que tú has mencionado, y algunos más. Los Fusiles, también. Incluso van surgiendo nuevas bandas. Hay un caldo de cultivo, y algunas de ellas eclosionan con éxito. 

"A Las Muñecas de la calle Feria nos da igual lo que diga la realidad, nosotros estamos en Nueva York, y así actuamos"

Y de entre todos esos, sobresale ese “rara avis” que es Chencho Fernández, y que tiene su propia escuela musical. Nosotros hemos trazado un paralelismo entre el señor Lou Reed y los New York Dolls, y por esa vereda te metes en La Elipa y terminas en la Alameda de Hércules escuchando a Chencho Fernández en el Fun Club. 

C.F.: Creo que has seguido el itinerario correcto. Me halaga, y al mismo tiempo me quito el sombrero. Sí, los Burning, por supuesto, forman parte de mi educación sentimental, sin duda alguna. Y también me gusta eso que decís del dadaísmo. No se me había ocurrido esa nueva sección del dadaísmo. Está bien periodísticamente que lo mencionéis. Ya te digo, sí, es una confluencia de cosas que me lleva a cada vez a entender mejor lo que estoy haciendo. El grupo Las Muñecas de la calle Feria, por ejemplo, tiene un ADN así. Los miembros de las Muñecas tenemos mucha imaginación, inducida, a veces, por la droga, otras por... no sé, porque nos hemos caído en la marmita (risas).Tenemos mucha imaginación. Yo con Las Muñecas he vivido a veces como si estuviéramos mirando alrededor y nos diera igual lo que dijera la realidad. Que nosotros estamos en Nueva York, ¿vale? Y al que nos diga lo contrario le diremos que no estamos de acuerdo. En lo que a nosotros respecta estamos en Nueva York, y ya está, pues así actuamos. Y entonces es como una especie de viaje astral, en la historia y en el espacio. El mismo nombre, incluso, cuando lo fundamos, no te diré bajo los efectos de qué droga, pero me acuerdo, todos nos acordamos de aquel día, porque entre otras propiedades de esa droga no afecta demasiado, o afecta beneficiosamente a la memoria, por lo que veo. Y entonces lo fundamos, y oye, “¿qué nombre nos ponemos?” Pues estábamos ahí hablando de referencias, en un bar, el Vizcaíno, en la calle Feria, así que dijimos, pues Las Muñecas de la calle Feria. Así fue. Sí, es un ADN muy neoyorquino. Sí, entonces por esa fecha salió “Por favor, mátame”, sobre la historia oral del punk. Está muy bien hecho, a partir de testimonios. Ese libro echó por tierra la falsa idea de que el punk es de origen inglés. Fue un libro importante por eso. Vamos a ver, a ver si nos enteramos ya de que el punk era una cosa que sucedió en Nueva York. Sí, en Estados Unidos, sucedió en Nueva York, ¿sabes? Y luego ya, pues, se extrapoló a otros lugares, gracias a aquel mánager que hizo de puente, Malcolm McLaren. Y aparte hay una sensibilidad especial, ¿no? Los Ramones siempre hablan, sobre todo Joey, decía que el punk no tenía nada que ver, o bueno, o tiene poco que ver con eso que entendían en Londres y tal, que era ese de pegarse, lanzarse escupitajos y partirse la boca y todas esas cosas. El punk era otra cosa. Era una rebeldía, propia del rock and roll. Ellos mismos hablan en sus letras de volver, de salvar al rock and roll, de tanta inmundicia, de tanto horterismo. Los Ramones son como la esencia. Pero venía, pues, de Television, de los Dolls, de la Velvet, de la escena de Nueva York, ¿no? Y La Muñecas, pues, también nos sentimos herederos de ello, aunque hayamos nacido en otra parte del Atlántico y nos lo creemos a pies juntillas. Y ya te digo, además si nos ayudamos de ciertas sustancias, pues, el sueño se hace realidad.  

A través de Patti Smith también llegó la poesía, el simbolismo a Nueva York, el simbolismo francés. “Dadá estuvo aquí” es un disco muy afrancesado. Es un disco que recuerda la “chanson française”, Brassens o Boris Vian. Se puede observar en la “mala leche” de las letras. Por ejemplo, en “El rayo a punto de caer”, llevada de la mano de ese bajo extraordinario y tu fraseo que es puro Burning. También puede comprobarse la influencia francesa en “Este matrimonio no casa”, aunque en este caso, los dardos mordaces van dirigidos a ti mismo, lo que te honra. Y “Si alguna vez mueres joven”, soberbia. 

C.F.: Sí, sí, sí. Muy acertado, por tu parte, sí. Bueno, para mí la figura francesa por antonomasia es Serge Gainsbourg. Su “cicerone” fue Boris Vian, precisamente. Sí. Boris Vian era un tío muy curioso, también me gusta mucho. Era un tío que escribía novelitas muy irreverentes bajo un pseudónimo. Y él estuvo en esa eclosión de la nueva “chanson”, después de Edith Piaf, que también me encanta. Y eso era en los 50, mucho antes de las revoluciones posteriores. En la posguerra y además está muy ligada al movimiento existencialista y Juliette Gréco en París, pues ahí surge. También la Nouvelle Vague. Es un momento, digamos, regenerador de la posguerra en Francia, que regenera todo el tejido cultural de Francia que después se convirtió en el rock que, en los 60 también tuvo mucha fuerza entre los franceses, como Johnny Hallyday. Era una industria que le miraba de tú a tú a la anglosajona. Lo que pasa es que los anglosajones son como son. Y ellos son los mejores propagandistas de su propia industria. No se puede competir con ellos. En España, también, esta misma mañana escuchaba a Los Brincos, que aunque adolecen de cierta cursilería, la sociedad estaba infantilizada con Franco, musicalmente son muy interesantes. Son muy beat. Si fueran británicos serían famosísimos. Pero son buenísimos. Entonces, en Francia, España, había una cultura pop. Ahí están los albores de la cultura pop. A mí me gusta pisar en ellos. Porque ya sabes lo que dice ese viejo axioma, que para transgredir hay que tener un pie en la tradición y otro en la vanguardia, si quieres. Pero desde luego no olvidar la tradición, de dónde se viene. 

Se nota especialmente la influencia en la “La garçonne”. Esta historia narrativa, casi todas lo son en la que aparece Jean Genet, escritor maldito. Es quizá la más francesa, juega también con la ambigüedad sexual del personaje. 

C.F: Sí, sí. Esa canción la compuse cuando yo vivía en Barcelona. Y la compuse allí, vivía en el Raval, en lo que se llamaba el barrio chino. Es donde vivió también Jean Genet. Jean Genet tuvo un periplo en el que recaló en muchos países europeos. Lo cuenta en “Diario de un Ladrón”, la vida en el barrio chino. Era un lumpen absoluto. Era uno de los barrios más conflictivos y peligrosos. Lo impresionante de Jean Genet es que es una figura, por otro lado, adscrita a la tradición francesa, y sus personajes totalmente marginales que más adelante se erigen en grandes artistas. Es lo que pasó con François Villon. François Villon era un personaje en la Edad Media que tiene un poema famoso que se llama “El ahorcado”, en el cual se ríe la autoridad, porque François Villon era un proscrito, estamos hablando del siglo XV, al que la autoridad perseguía sin cesar y al que jamás conseguían detener. Y se vio con la soga al cuello en numerosísimas ocasiones y en todas se libró de la horca, de la muerte, se burló de la muerte. Y era poeta, digamos, y está en la fundación de la mismísima nación francesa, como el Conde Lucanor y Jorge Manrique. Si hablamos de la historia de la literatura francesa, siempre hay muchos marginados que son grandes artistas, como Rimbaud. Genet seguía esta tradición de haber estado en la cárcel, era un ladrón, porque él era huérfano, y estaba en las calles de París, lo que luego también retrata un poco Truffaut en “Los cuatrocientos golpes”. Esos niños pícaros, que no han visto el mar todavía, que viven en París, en los barrios bajos. Esta canción “La garçonne” se mueve un poco por ahí. 

"Hay canciones que puedo hacer en días o incluso en meses. Y hay otras canciones que puedo hacer en minutos. "Una buena noche” es una de ellas"

Estas canciones hacen de contrapunto a Sevilla. Porque el disco es muy callejero, incluye muchas experiencias en la noche, incluyes muchas citas de lugares y demás, y salas de concierto. “Meridiano”, en cambio, el más reciente, es más íntimo e introspectivo.

C.F.: Sí. El disco tiene como telón de fondo Sevilla. Es un disco muy nocturno. 

Chencho, hay una canción a mí que me mata. Tiene su propia atmósfera y crea su tiempo y su lugar, me refiero a “Una buena noche”. Da igual lo que esté haciendo, siempre me hace llorar. Es una canción que crea su propio mundo. Yo la suelo escuchar en el coche. Igual en el coche te da una cierta intimidad, te puedes permitir llorar a tu antojo. Es una canción tan hermosa. La música es el líquido en el que flota la letra. Pero después la letra posee una graduación muy alta. Es una canción perfecta. 

C.F.: Me encanta la descripción que habéis hecho. “Una buena Noche” es una canción que desde el primer momento despertó una atención extra en comparación con las otras, para mi sorpresa, porque la hice de “una tacada”. En mi caso, hay canciones que están, digamos, hechas a fuego lento. O están ahí, como flotando, y yo las capturo. Hay canciones que puedo hacer en días o incluso en meses. Y hay otras canciones que puedo hacer en minutos. Esta es una de ellas. “Una buena noche”.

Es una canción que hice justo después de que me ocurriera lo que cuento en la canción. Lo que retrata es una Nochebuena, un día tan especial en la tradición católica y en nuestra sociedad. Ese día yo me encontraba solo en una isla. Que es Lanzarote. Yo vivía allí. Y la compuse allí. Y entonces describo un poco un sentimiento que me surgió aquella noche. Y regreso de esa andanza que describo y escribo inmediatamente la canción. Y eso fue lo que ocurrió con esa canción. “Una buena noche” en lugar de “nochebuena”. 

Además se prolonga mucho. El puente musical en el que te dejas mecer por la canción se alarga. Es una maravilla. Yo la escucho hasta el final. Confieso que este disco lo escucho del tirón. Es una canción detrás de otra. No elijo las canciones. Porque no sabría cuál elegir. Es verdad que tengo predilección por esta. 

C.F: Yo creo que esta prolongación es el “quid” de la cuestión. Yo tiendo a ser intuitivo, ¿no? Más que cerebral, a la hora de componer y también a la hora de registrar. Diré de ella que también fue muy especial el momento en el que registramos la toma en concreto. Porque está hecha al final de una jornada bastante extenuante. Y fue Jordi, el productor, el que insistió en que siguiéramos. Estábamos bastante reventados. Y entonces a base de forzar, de insistir, pues sacamos ese jugo. Y salió la toma que finalmente se registró. En cuanto a la longitud final. Es exactamente lo que tú has dicho. Es un tiempo que sirve para ahondar en la herida, dicho de forma un poco más dramática. Hay que dejar que fluya. Está en sintonía con el “flaneur”, el paseante francés que recorre la ciudad por la noche. 

A estas alturas de la entrevista estamos rendidos a Chencho, a su genio y sabiduría musical, por eso las siguientes preguntas ahora tienen que empezar a orientarse a la recreación en directo de “Dadá estuvo aquí”, y también nos gustaría saber si ese rumor de una posible reunión de “Las Muñecas de la calle Feria” tiene algo de real. 

C.F.: Pues mira, Javi, Guillermo, ¿sabéis qué? Eres muy perspicaz, ¿eh? Porque mira, te diré que sí. Las Muñecas dejamos en su momento la actividad del grupo y tal, pero seguimos viéndonos, somos amigos y coincidimos en muchas ocasiones por aquí y por allá. Y siempre estamos barajando la idea de reunirnos. Pues este año lo hemos hecho. Es decir, que ya estamos ensayando. 

A finales de enero estuvimos hablando y hemos concretado. Es una reunión sólida. Porque ya tenemos nosotros cuidado de no dar pasos en balde, ¿no? Entonces, te digo que sí, que Las Muñecas nos hemos reunido. Ahora, ¿qué es en lo que estamos? ¿Cuál es nuestro objetivo? Fundamentalmente, reeditar el disco que hicimos, el disco homónimo, estamos haciendo gestiones en esa dirección. Y la idea es, cuando lo reeditemos, presentarlo en directo. Y en segundo lugar, quizá sea pronto para ir diciéndolo, pero bueno, si queréis decirlo, por mí, sin problema. También estamos componiendo para un nuevo disco. Las muñecas de la calle Feria nos hemos reunido de nuevo, reeditaremos el disco homónimo y estamos componiendo un nuevo disco. 

"La Alameda en Sevilla fue el barrio que resistió la entrada de los fascistas en el 36 en Sevilla, un barrio resistente a la autoridad, muy popular y cultural"

¡Qué bien! ¡Qué maravilla! Chencho, oye, ¿y lo de Madrid? ¿Qué pasa? ¿Y acudir a otras ciudades y moverte un poco más? A ver si vas a ser como Silvio. 

C.F.: No, qué va, qué va. No, es mi caso. Ya te digo que... Silvio, digamos, es una figura que forma parte de la tradición de Sevilla, pero también de España. Si haces rock y eres de Sevilla, pues siempre se te pregunta por Silvio porque es como una figura que salta a la vista. Un personaje misterioso, porque también Sevilla es una ciudad muy propensa a esas cosas. Es como una figura casi divinizada. Yo no estoy de acuerdo con eso, porque soy bastante laico. Pero bueno, es un personaje que está ahí, y aparte tiene su calidad. Me gusta esta figura, unas cosas más que otras, pero no más que otras cosas a nivel local, a nivel nacional o a nivel internacional. En fin, es un clásico, como Germán Coppini, por ejemplo.

Yo estoy deseando hacer gira, hicimos una presentación de “Meridiano de Greenwich”. Después de la pandemia, me he encontrado con que el panorama del circuito de sala se ha complicado. Sí. Más de lo que era antes de la pandemia. Por lo menos esa es mi percepción, a partir de lo que veo en mi entorno. No sé si es porque hay menos público, o porque el público está más enfocado a los festivales, o otras cosas. Entonces, el circuito de salas lo veo bastante tocado. Y entonces, aventurarse es difícil. El alquiler de las salas ha subido exponencialmente. Entonces, fletar un grupo, con su furgoneta, los instrumentos y tal, se hace un poco difícil teniendo en cuenta la logística de la que dispongo.

A mi modo de entender, está relacionado con una promoción adecuada antes de ir a cada sitio, por lo menos para asegurar cierta garantía de que no “palmas” nada. Y luego, también, está supeditado a tener una continuidad. Por ejemplo, si vas Sevilla a Madrid, luego tienes que volver… Es más fácil, quizás, si empiezo con un concierto en Toledo, o Córdoba antes de Madrid. Concatenando así algunos conciertos más, para que salga más rentable el desplazamiento. Pero, bueno, dicho esto, Madrid es un lugar al que hay que ir. Si pudiera iría a Madrid, al menos dos veces por año. Hay mucha oferta cultural. Allí no se quema la escena. Por ejemplo, aquí en Sevilla, tengo mucho cuidado de no tocar demasiado, porque puede suceder que ocurra eso, quemar la escena. Si tocas todos los meses, o tocas demasiado, aunque, ya te digo que Sevilla está bien. Está bastante bien en cuanto a público, en cuanto a salas, en cuanto a infraestructuras, de acuerdo al tamaño de la ciudad, claro. Considerando el tamaño de la ciudad, es bastante pujante. Es fluctuante, pero se mantiene ahí. Sobre lo que decía antes Kike, yo lo conozco, por cierto y conozco mucho a Jaime Sobrino, el bajista. Sí, nos conocemos, somos parroquianos en algunos sitios y nos encontramos. Por ejemplo, la Alameda, ya sabéis que es un barrio, para entendernos, quizás como algo equivalente a Malasaña. Un barrio musical, ¿no? Un barrio muy musical. Un barrio muy cultural, y alternativo. Y francamente rebelde contra la autoridad y demás. La Alameda fue el barrio que resistió la entrada de los fascistas en el 36 en Sevilla. En Sevilla, la historiografía está muy interesada en decir que en Sevilla “pasaron” y la ciudad cayó casi sin resistencia, esa es un poco la leyenda. Y no fue así. Les costó bastante tiempo entrar en Sevilla, porque era como la aldea de Astérix y Obélix, o sea, que de ahí no nos movían. Y fue así bastante tiempo. Les costó bastante entrar en todas las zonas de San Luis, de la Alameda, de la Macarena. Esa zona dio bastante batalla. Y entonces, la Alameda es un barrio muy popular, y muy presente culturalmente desde siempre. Desde la Alameda salieron, por ejemplo, hace un siglo, o sea, en los años 20, del siglo XX, cuando estaban los cafés cantantes, Manolo Caracol, y otras muchas figuras del cante. El mercadillo del jueves en la Alameda es el mercadillo urbano más antiguo de Europa. Se celebra ininterrumpidamente desde entonces. Y también la Alameda es un bulevar que ha permanecido así, inmutable desde el siglo XVI. Es el bulevar abierto y urbano más antiguo de Europa. Más antiguo que los de París y más que los de cualquier otro sitio. La Alameda es un sitio muy especial. Y lo sigue siendo. Ahora la amenaza se llama gentrificación, que es lo que ocurre en otros sitios. Pero ahí resiste también. 

Teniendo en cuenta tu estética, tus letras, que ya te estás convirtiendo en una leyenda, la sabiduría musical que atesoras y lo persuasivo que eres al hablar de música y otros asuntos culturales, ¿has pensado en escribir un libro que cuente tu historia?

(Risa) No lo sé, pero es posible, sí, 

Muy recientemente tu oficina nos ha enviado la versión de Spanish Bombs que has realizado…

Efectivamente, queremos relanzarlo porque se cumple el 90 aniversario de la sublevación militar. Sí. Y por esta razón nos ha parecido bien hacer una campaña de relanzamiento de este tema. 

Ha sido un placer muy grande poder hablar contigo, Chencho, tu música nos entusiasma, ¡no podemos elegir entre tantas buenas canciones! En nuestra revista estamos rendidos a ti, y nos consta que hay muchos aficionados que también lo están. Esperamos que vayan al próximo concierto en Sevilla, en la sala X, el día 20 de febrero. 

Os lo agradezco mucho. Me siento muy halagado. Ha sido un placer hablar con vosotros. Ya nos conoceremos personalmente. Un abrazo. El placer ha sido nuestro, Chencho. Claro que sí, nos conoceremos. Un abrazo muy grande. Mucha suerte.

La Perra Blanco: “Lovers and Fears”


Por: Juanjo Frontera. 

Cualquiera que se pare a observar a Alba Blanco (La Línea de la Concepción, Cádiz, 1995), sobre todo cuando se encuentra subida a un escenario, lo que encuentra es una mujer tremendamente fuerte -de hecho, boxea- , una jefa que dirige a sus músicos, mayores que ella y hombres, con mano firme y que no titubea ni un segundo en su actuación sentida, precisa y absolutamente brillante. Lo que no sabe mucha gente es que, a lo largo de los últimos años, la líder de La Perra Blanco en muchas de esas ocasiones en que subía a escena sufría ataques de pánico. De lo único que tenía ganas era de meterse en su cama y, sin embargo, tenía que dar un concierto a un nivel estratosférico de adrenalina. Y lo hacía. 

Algo que la hace aparecer todavía más fuerte a nuestros ojos, pero eso no quita para que sea especialmente importante apreciar y visibilizar que los problemas emocionales o de salud mental están ahí, acechando en cada esquina, incluso a personas tremendamente fuertes que tocan rock and roll como si no hubiera un mañana sobre un escenario. Es esencial saber esto, y más de cara a hablar del disco que es objeto de estas líneas, en cuya creación, ha comentado su autora, han tenido una poderosa presencia todos estos problemas.

El tercer álbum de La Perra Blanco se titula "Lovers & Fears" y es, como todo tercer álbum que se precie, el que debe confirmar el proyecto como lo que es: un éxito a nivel internacional que se rifan en festivales de todo el mundo y cuya lista de fans es cada vez más grande. Quizás por eso, entre otras cosas, la vida de Alba ha dado tal vuelco que ahora necesita ahogar esos fantasmas y ansiedades en un disco grabado en Valencia (Estudios RPM), sí, pero mezclado y masterizado en USA bajo la producción nada menos que de Jimmy Sutton. Un disco cuyo título, además, lo dice todo: amantes y miedos. 

No hay duda de que Alba y sus compañeros (Jesús López a la batería, Guillermo González al contrabajo y otros) han echado toda la carne en el asador. Como decía, el disco se ha grabado en los estudios que en las afueras de Paterna, ciudad contigua a Valencia, tiene el ingeniero Roger García, pero la postproducción y mezclas se han hecho en Chicago bajo la batuta de Sutton, contrabajista, colaborador de JD McPherson (que también se pasa por aquí, colaborando en “Sin amor”) y reputado productor, un hombre con un toque midas en el mundo del rockabilly. 

Su experta mano se deja notar desde que empieza a sonar el primer tema: “Number one fool” posee un sonido orgánico, endiabladamente rítmico y Alba está impresionante en su interpretación vocal, arropada por el saxo de Gerard Vercher, otro de sus habituales. Fue el primer single del disco y es ahora una excelente puerta de entrada al mismo junto a los otros dos adelantos, que además han supuesto la gran novedad. Tanto “Devil in my bed” como “Sin amor” cincelan la primera incursión en álbum de La Perra Blanco en la lengua castellana y su resultado, hay que decirlo, es excelente. 

Ya quisieran muchos artistas tener un comienzo de disco como este. El mencionado trío de ases en formato canción funciona como infalible reclamo para que uno se quede pegado como una lapa a un disco que en ningún momento cesa en su empeño de dejarte sin respiración. La paleta de estilos se ha ampliado en el sonido de la banda y ahora está todo mucho más influido por la música afroamericana, sin abandonar el rock and roll, claro. “Barracuda” explora la pureza rockabilly, pero después llega el blues al más puro estilo Freddy King con un “I feel fine” en el que Alba despliega su pericia guitarrera explicando a manos llenas por qué es una de las mejores en este negociado. Y lo mejor es que lo mismo hace esto, que canta un tema como “Hold me”, en una clave deep soul que recuerda a Etta James, Irma Thomas o Lorraine Ellison. Pasando incluso por mambos sabrosones al estilo Nick Waterhouse (“Raining love”), instrumentales electrizantes a lo Link Wray (“La furia”) o escarceos con el rhythm and blues (“In need your lovin’”) que, efectivamente, sirven para certificar que lo de esta mujer no era broma ni espejismo: ha llegado para quedarse, reclamar su trono y gobernar a su propio ritmo en el imperio del rock and roll. Y eso no hay ataque de pánico ni crisis emocional que lo pare ¡A por todas, Alba!

Celtas Cortos celebra 40 años "contando cuentos"


El grupo vallisoletano de folk y rock Celtas Cortos ha comenzado una pequeña gira estatal para celebrar sus cuarenta años como banda. A las diez fechas anunciadas hay que restar la de Bilbao, cancelada por "problema logísticos".

Durante el show sonarán canciones de sus inicios (incluso de cuando era un grupo totalmente instrumental), de apreciados trabajos como "Tranquilo majete" o "Tienes la puerta abierta" y llegando a algunas de sus últimas composiciones, publicadas recientemente. Sus miembros originales prometen mucha diversión: “Queremos devolverles todo su apoyo en estos años con un concierto inolvidable en el que, al menos durante dos horas, podrán olvidar sus problemas. El público es el que ha hecho posible que lleguemos hasta aquí”, añaden Jesús, Alberto y Goyo. 

A continuación las fechas de la gira: 

21 de febrero: Gijón – Gijón Arena. 

27 de febrero: Zaragoza – Pabellón Príncipe Felipe. 

28 de febrero: Pamplona – Navarra Arena. 

14 de marzo: Barcelona – Sant Jordi Club. 

20 de marzo: Murcia – Sala Mamba. 

11 de abril: A Coruña – Coliseum. 

18 de abril: Valladolid – Pabellón Polideportivo Pisuerga.

091, forajidos eléctricos en el baile de la desesperación


La Riviera, Madrid. Sábado 14 de febrero de 2026. 

Por: Javier González. 
Fotografías: David Barranco. 

Todo comenzó como si de un western de la factoría Sergio Leone-Ennio Morricone se tratase, como no podía ser de otro modo. Introducción instrumental y luces que se desvanecían, mientras de fondo iban apareciendo cinco siluetas curtidas, embutidas con ropajes en los que predominaban las tonalidades negras, colocándose y buscando dominar sus instrumentos, mientras abajo, a pocos metros del escenario, una Riviera a reventar esperaba a que diera inicio un show de lo más esperado por un público venido desde distintos puntos de nuestra geografía, reunidos en la madrileña sala con el único objetivo de disfrutar en directo del arranque de gira del mejor grupo granadino de la historia: 091

Los cero demostraron desde el inicio que juegan en otra liga en lo que a simbolismo y letras se refieren, arrancaron con “2000 locos”, quién sabe si haciendo un guiño y jugando con el aforo que roza el recinto capitalino, enardeciendo a su público, a aquellos que mantuvieron el fuego sagrado de la banda vivo en su ausencia y que ahora, maniobra de resurrección mediante, siguen ahí, tras las huellas de los nazarís, predicando la palabra y balanceándose en el alambre al ritmo de sus gloriosas tonadas. Continuaron como una apisonadora, tónica que mostraron durante toda la noche, cantando a los reyes que no reinarán en “Zapatos de piel de Caimán”, con versos tan ejemplificantes como aquellos que dicen “lo tendréis, sí, todo a vuestro alcance, pero nada os pertenecerá”, algo que anticiparon hace demasiados años, antes de que el capitalismo salvaje destrozara todo a su paso, dejando clara su faceta más visionaria. 

Nos trajeron a su glorioso presente de la mano de la bella y crepuscular “No tiene sentido escapar”, el arrebato punk de la malencarada “Nadie quiere oír tu llanto” y el peligroso blues pantanoso “Dormir con un ojo abierto”, extraídas todas ellas del actual “Espejismo Nº9”, que con tanto acierto como parabienes reseñó en estas páginas días atrás nuestro compañero Kepa Arbizu, para cerrar la tanda con una muy celebrada “El baile de la desesperación”, donde la potente base rítmica de Jacinto Ríos al bajo y Tacho González en la batería daban sustento a unas guitarras furiosas y vibrantes, capitaneadas por el maestro Lapido y el nuevo fichaje, Víctor Sánchez, quien se estrenaba en directo con la banda, cumpliendo el sueño adolescente de tocar con la mejor formación de su provincia por fin, su cara durante toda la velada lo delataba. 

El intercambio de clásicos por novedades continuó funcionando con equilibrio gracias a “Ven vestida de nube”, una delicada tonada con la que demostraron que si en la rotundidad pocos les igualan también saber moverse y bailar con tino entre pequeños matices, y “Algo parecido a un sueño”, apelando a lo onírico tan presente en la prosa “lapidaria”, defendida con prestancia vocal y toda la chulería del mundo por José Antonio García, cuyo magnetismo y carisma permanece intacto, sin necesidad de alardes ni rastro de histrionismo, puesto que solo su presencia, estética y forma de moverse dan para convalidar un máster en “rock and roll actitud”. 

Perteneciente a “La otra vida”, rescataron la muy buena “Leerme el pensamiento”, a la que siguieron “Un hombre con suerte”, brutal cómo sonaba ese wah-wah, y la cañera “Sigue estando de nuestro lado” que celebramos con alegría, mientras repetíamos su letra a voz en grito. 

Nos pusieron el nudo en la garganta desde los primeros acordes de “Cómo acaban los sueños”, una de las mejores letras de la factoría de los cero, aderezada por una melodía frágil que se deja guiar entre la soledad, el simbolismo y la más pura crudeza, a punto estuvimos de estallar cuando llegó su punto culminante, solo recordar el fraseo de José Antonio eriza el vello; a continuación sonó la revolucionaria “Antes de que salga el sol”, demostrando que las novedades de éste último trabajo son tan buenas que no desentonan entre sus imperecederos clásicos, porque tras ella lo que vino fue una incesante lluvia de temas míticos que dieron paso a un estallido que arrancó con “La noche que la luna salió tarde” y “Otros como yo”, poco que añadir al respecto de las mismas que no hayamos dicho ya. 

Fue entonces cuando Lapido nos regaló su ya mítica entradilla en falso, señal inequívoca de que una vez íbamos a subir a lo más alto de “La torre de la vela”, convirtiendo el recinto madrileño en una pista de baile repleta de actitud y corazones destrozados, antes de que las guitarras rugieran feroces con “La calle del viento”, con la que dieron por finalizada la primera tanda de la actuación. 

Pasados apenas unos míticos José Antonio y José Ignacio volvieron a aparecer sobre las tablas, parapetados tan sólo por armónica y guitarra acústica respectivamente para atacar una desnuda y emocionante adaptación de “La canción del espantapájaros”; ya con todo el grupo sobre el escenario sonó una imperial “Este es nuestro tiempo” y una fulgurante “Huellas”. 

Nos dejaron una semillas de esperanza con la genial “Esta noche”, antes de vestirse de nuevo con sus galas más punk y echar un vistazo atrás para preguntarnos “Qué fue del siglo XX”, regalándonos no solo una colección de imágenes de lo más imponente, sino también una interpretación llena de alma y virtuosismo, fue la penúltima canción en sonar antes de que Lapido buscara con la mirada a Tacho, señal inequívoca de que cerrarían con “La vida que mala es”, con la banda disfrutando a tope y cantando a pleno pulmón aquello de “eeeeeee La vida… eeeee que mala es” a coro con el respetable, mientras el Pitos se contoneaba de un lado a otro del escenario antes de dictar sentencia: “Dios aprieta, pero no ahoga/sé que esa es la verdad/ nos ponen suave el nudo en la soga/ nos dejan abierta la puerta de atrás/ me lo digo la mujer del dueño donde iba a trabajar/ tú, como tu padre, nunca fuiste bueno/mal trigo, mala harina, mala harina, mal pan”, segundos antes de dejar el micro abierto para que “2000 locos” dieran su réplica en una sola voz “Que mala es, que mala es, que mala es….ueeeeeeeeee”. 

La ovación para la banda fue cerrada, rotunda y totalmente merecida; los cero, tan parcos en palabras como es habitual, lo decían todo con sus caras de satisfacción, agradeciendo la fraternidad, vehemencia y militancia de un público que siempre ha tenido a los granadinos como una de sus bandas de cabecera, sabedores de la calidad existencial que encierran sus textos, la sinceridad de una propuesta sin fisuras en lo musical y la autenticidad y actitud a prueba de bombas, modas y otras trampas dentro de la industria con que siempre se han guiado estos forajidos eléctricos durante décadas. 091 llevan cuarenta años poniendo música al baile de la desesperación, tomándose su labor con la misma ilusión, seriedad y calidad con la que un día nos enamoraron para siempre, algo que nunca podremos agradecer como merecen. Su música, imperecedera y mayúscula, es parte de nuestra banda sonora vital, ligada a momentos únicos y a personas que llevamos en el corazón, algo que solo consiguen hacer los más grandes, categoría que, por supuesto, los cero ocupan con absoluto mérito.

Un vendaval llamado Jeff Tweedy


Sala Paral·lel 62, Barcelona. Jueves, 12 de febrero de 2026 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Siempre que hay una gira de un músico o banda internacional por nuestro país que me interesa, me cuesta mucho estar desconectado de las redes sociales para evitar caer en el peligro del spoiler y, sobre todo, para evitar llegar al concierto condicionado. Todo pasa por no leer las crónicas de los conciertos de las otras ciudades, aunque me resultan inevitables las valoraciones de algunos contactos míos que ya han podido gozar del directo esperado. Justo esto fue lo que me pasó en la gira española de Jeff Tweedy , que finalizó en Barcelona el pasado jueves 12 de febrero, a la que llegué tras leer múltiples elogios de sus conciertos en La Coruña, San Sebastián y Madrid, lo que no quise que predeterminara mi asistencia en la cita de presentación de su sorprendente triple álbum “Twilight Override” en la Sala Paral.lel 62 de Barcelona. 

Todavía reciente el recuerdo del concierto de junio del año pasado de Wilco en el Poble Español, en el que Tweedy capitaneó a su legendaria banda para desplegar sus grandes éxitos y demostrar su poderío instrumental, en esta ocasión, la presencia del músico de Chicago era en sala y con una formación de acompañamiento que incluye a sus hijos Spencer Tweedy (batería) y Sammy Tweedy (voces, teclados y sintetizadores), junto a tres nombres de la nueva escena de Chicago como son Sima Cunningham (bajo y voces), Macie Stewart (violín y voces) y Liam Kazar (guitarra), cinco veinteañeros con mucho talento y profesionalidad al los que Jeff llama sus “chicos”, y a los que visto el resultado dirige a la perfección dejándoles sus propios espacios de desarrollo.

Pero antes de todo pudimos gozar un breve set a cargo de la propia Sima Cunningham , quien sola con guitarra eléctrica en mano desplegó su imponente vozarrón para exhibir las canciones del que es hasta la fecha su único trabajo, “High Roller” (2024), evocando cierto magnetismo propio de nombres como Jeff Buckley o Laura Nyro. Temas como “Nothing” llenaron la sala sin ningún soporte a excepción del momento que compartió escenario con su compañera Macie en un bonito juego de voces y guitarras.

Interesante aperitivo de lo que veríamos las siguientes dos horas: hasta veinticinco canciones a cargo de un sexteto que se mostró compacto y pluscuamperfecto, dando la sensación de ser una banda que llevan años juntos tocando, cuando la realidad nos revela que es la banda del proyecto personal de Jeff. Un proyecto, por cierto, que está creciendo muchísimo hasta el punto de que el pasado año eclipsó su formación de referencia. Y es que el triple disco “Twilight Override” y sus 30 canciones traen de todo y bueno, profundizando en un universo sonoro personal que el líder de Wilco nos ha ido regalando a lo largo de los años y que sigue sorprendiéndonos y atrapándonos aún hoy en día.

Ese fue precisamente el eje de un concierto que, al igual que el de Madrid, se centró en su último trabajo y en sus canciones en solitario, a diferencia de los conciertos de Donosti y A Coruña en los que apareció solo sin banda y en los que mayoritariamente desplegó sus éxitos con Wilco, con presencia de sus otros proyectos. Pero a decir verdad, dio igual que la banda no interpretara los éxitos de la que es sin duda una de las mejores formaciones de los últimos treinta años, porque con las nuevas piezas el concierto despegó muy alto.

Con un arranque a cargo de cuatro temas que coinciden con los cuatro primeros del nuevo álbum, el bolo nos metió de lleno en esa intimidad que logra evadirnos de toda realidad. Hablamos de la delicada y mística “One Tinny Flower”, de los coros maravillosos de “Caught Up In The Past”, de la taciturna “Parking Lot” y de ese medio tiempo country tan fenomenal llamado “Forever Never Ends”. Otras del “TO” que sonaron fueron “Stray Cats In Spain”, según Jeff basada en un hecho real, o la reivindicativa “Feel Free”. Preciosa me pareció la acústica “Having Been Is No Way To Be”, del disco “Warm” (2018), del que si no fallan mis cálculos fue la única que sonó. De su anterior “Love Is The King” (2020) se dejaron ver la folkie que titula el disco y la popie “Gwendolyn”, con esa guitarra rítmica tan deslumbrante.

Todo ello nos hizo transitar de momentos vibrantes con solos de guitarra del frontman, hacia instantes más etéreos o frágiles en los que los instrumentos nos llevaban a volandas, o en otros en los que las descargas electrizantes resultaron auténticas locuras. Son las subidas y bajadas de ese universo de las canciones que este tipo de 58 años nunca deja de componer. Como ese divertido homenaje a uno de los grandes genios del rock de todos los tiempos titulado “Lou Reed was My Babysitter”, cuyo estribillo reza “rock 'n' roll is dead, but the dead don't die”, acompañado por unos aullidos que fueron el clímax final del set antes de unos bises que nos trajeron a Tweedy solo a la guitarra para abordar la propia “Twilight Override” y una sorpresiva “Spanish Bombs”, de los Clash, que fue la versión que tocó en este concierto. 

Muchos recordarán el pasado 12 de febrero como la jornada de las restricciones de movilidad en Catalunya ante la amenaza de fuertes vientos; el día en que los niños no fueron al colegio, en que muchas empresas impusieron el teletrabajo y en que la ventada dejó árboles caídos, semáforos arrancados y miles de desperfectos. Yo, en cambio, lo recordaré como la noche en que este genio llegado de la “Windy City” desató en Barcelona otro vendaval muy distinto: uno cargado de emociones, electricidad, sensibilidad y pasión. Colosal.

Rubén Pozo, el pirata 50town


Sala Rock and Blues, Zaragoza. Viernes, 13 de febrero de 2026 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

Resulta difícil no tomar notas en un concierto del que pretendes dar fe y convertirlo en justa crítica, pero volver a encontrarme con Rubén Pozo después de unos años bien merecía una disposición adecuada y atenta. Con los oídos bien abiertos y sin interferencias. A pesar de la intención inicial, era importante dejar testimonio en forma de instantáneas robadas al vuelo o de breves apuntes que intentasen plasmar la emoción desprendida por la grasa del rock imperecedero y el buen hacer de nuestro querido pirata, habitual en estas páginas y muy apreciado por todos los que formamos la familia del Giradiscos.

Con la sintonía de la "Pantera Rosa" los Chicos de la Curva tomaron posiciones y la sala Rock and Blues al completo ovacionó con mucho cariño al bueno de Rubén nada más poner un pie en el escenario y lanzarse con la base contundente de "Efímero". Sin darnos un mínimo respiro enlazaron con ese himno cargado de buena vibra como es "Estamos como queremos" y comprobamos como Rubén se siente más cómodo que nunca y destila elegancia con esta banda que le arropa. "Pelos de punta" nos llevó hasta los años de Pereza sin perder ni una pizca de su intensidad canalla y pudimos constatar como encaja a la perfección con sus más recientes criaturas como "Fuera de Quicio". Canciones que se encuentran en el que quizá sea su mejor disco, y no tanto por su madurez, sino por mostrar con más credibilidad que nunca su descaro rockero. Pero no todo iba a ser "50town" y así vimos como todo su público recibía con los brazos bien abiertos canciones que ya se han convertido en clásicos para sus fieles, como ese "Rucu Rucu" que sonó a gloria. 

"Gracias por elegir Aerolíneas 50town. Esperamos que el vuelo sea de vuestro agrado". Con esas palabras nos invitó a formar parte de una noche sin freno a orillas del Ebro. Una ciudad, esta de Zaragoza, a la que Rubén le tiene mucho cariño, por eso admitió que era un verdadero placer y honor tocar aquí, ya que en su corazón va una parte del barrio de Torrero de la capital aragonesa.

En "Dispárame" sentimos ese flechazo como a fuego lento, y en su parte central Rubén se creció con un solo con mucho estilo, más Keith Richards que nunca, y en ese estado sostenido arremetió a continuación la muy oportuna "Tonto de tanto r'n'r". Rubén presentó muchas de las canciones que forman parte de su último disco, y abordó la que le da nombre reconociendo que a dos años de cumplir los cincuenta le dio palo eso del "cincuentón" y tiró del hilo hasta dar con estas canciones. Ahora parece que ya no le da palo, que disfruta de este dulce momento, y con la calma que se avista en su horizonte cargado de vida nos sumergió en esa canción tan honesta y sentida, sin duda una de las más emocionantes de su cancionero.

"La chica de la curva" nos entregó su toque "dylaniano", con doble armónica incluida, y en ella aprovechó para presentar a esta solvente banda que le acompaña, cuyo nombre relacionamos con esta misma canción. Charly Bastard con su guitarra punzante, nos regaló un solo con actitud cercana a la del mismísimo Slash, Ángel Herranz marcó la pauta con su bajo bien asentado al igual que en el resto del concierto donde lo sentimos siempre sólido, y el imprescindible Loza, al que algunos conocemos por ocuparse también de las baquetas en Sex Museum o Corizonas, nos sorprendió con un vibrante final, que sirvió para dejarnos muy arriba y así recibir de buena gana toda la chulería y potencia que rezuma "El puto amo".

"Grupis" sonó, como siempre, muy "stoniana", y "Margot" volvió a dejarnos en éxtasis, como si se tratara del cénit de la noche, con un desarrollo en las guitarras que nos hizo recordar el sonido punzante y la distorsión de Tom Morello. Literalmente quedamos en estado de shock. Por eso, tras tanta intensidad, los músicos nos brindaron una "Chavalita" más suave antes de despedirse. 

No podía haber llegado el final. Todo había pasado demasiado rápido. Por eso respiramos aliviados cuando la banda volvió con Rubén reivindicando la alegría de "cantar" con una de las canciones más ligeras de este "50town". Nos recordó que "el que canta su mal espanta" y eso es lo que hicimos con toda la fuerza que nos quedaba tanto en ésta como en su clásico "Madrid". Una canción legendaria que lleva el nombre de su ciudad, pero que todos podemos hacer nuestra. Mi rincón favorito de Zaragoza, en este caso, estaba siendo la sala Rock and Blues, de donde nadie quería retirarse, y menos teniendo a esta banda haciendo grande el rock más puro y certero, el que no busca grandes efectos sino la verdadera esencia que nos mueve a todos los amantes de este género eterno. Por eso, alargaron su fantástico "T Rex" gracias a la entrega de un público que disfrutó hasta el último acorde lanzado desde la telecaster de Rubén, que se contoneó por todo el escenario como ese T Rex del experimento, protagonista de la canción. Versos que todos cantamos una y otra vez intentando que no se extinguiera la noche. Porque aquí está de nuevo Rubén Pozo. Imbatible, invencible, seguro de sí mismo, feliz con sus cincuenta y haciéndonos más felices a todos con sus canciones. Pero, aunque no lo supiéramos, aún quedaba lo mejor de la noche. Rubén bajó del escenario, saludó y se mezcló entre todos los que supieron esperarle, regalándonos todo su cariño de forma sincera entre amenas conversaciones, copas compartidas y sabiduría callejera de alma rockera.

Løse: “Løse”


Por: Javier González. 

Cuando a principios de diciembre tuvimos la oportunidad de escuchar “Hay un hueco en algún sitio”, el primer single de presentación de Løse, la nueva aventura en formato banda de Diego Vasallo, nos invadió una sensación de desubicación absoluta; los teléfonos y grupos de Whatsapp ardían literalmente comentado la noticia, había unanimidad en los comentarios donde todos nos mostrábamos maravillados por el aspecto rockero, directo e intencionadamente peligroso con que asomaba su adictiva melodía, donde el regusto a sonidos setenteros barnizados de glam y protopunk impregnaban con fuerza una composición que anunciaba un disco mayúsculo al que teníamos ansia por enfrentar como pocas veces nos ha pasado en casi veinte años de andadura como web. 

Sensación confirmada días atrás cuando pudimos saborear la totalidad de un minutaje impoluto y colosal, plagado de atmósferas sinuosas, amenazantes en su crudeza y secundadas por una torrencial vertiente lírica llena de imágenes escritas casi en primera persona que avanza decidida sin red de seguridad, ajena a los estribillos coreables y a los trucos para “engañar bobos”, rubricadas con tanta vehemencia como sabiduría en las manos de un Fer García, co-productor del álbum junto a Vasallo, que aporrea las cuerdas de su guitarra violentamente, para elevar la fuerza de unas composiciones alejadas por pura convicción del minutaje estándar de las canciones pop que imperan en estos tiempos vacíos y en las que también es notable el trabajo de banda que aportan Oriol Flores, batería, Xabi Arratibel, hiper presente con su bajo retumbón, y las atmósferas inquietante en la mejor tradición de las “murder ballads” de Germán San Martín, encargado pianos, sintetizadores y órganos. 

Siete canciones, ¡tan solo siete!, pero que golpean con muchas ganas y brillan con luz propia, pese a las ya mencionadas sombras oscuras que recorren la producción de estos cortes, algo fácilmente rastreable desde la inicial “Pétalo en el aire”, interesante desde su apertura entre el ruidismo y el ambient para mostrar diversas caras en sus casi diez minutos de continuo crecimiento, donde Vasallo y su voz más arenosa ajustan cuentas con la vida en una letra desbordante, continuando con la ya mencionada “Hay un hueco en algún sitio”, uno de los mejores singles de adelanto de nuestro país en los últimos años, nocturna, urbana, atrayente y peligrosa en sus veleidades punks más neoyorkinas, tan adictiva como la heroína y tan bella como un poema.

Respiramos profundo ante de enfrentarnos al down tempo que supone “Con esta luz que nace”, un blues nocturno de carreteras secundarias que se abre casi como un mantra en busca de un góspel repleto de fe, y “Nuestro cielo al alcance de la mano”, la más lourrediana de todas en cuanto a cadencias, donde sorprendentemente nos encontramos a un Diego de lo más optimista y crítico con el devenir humano; nos sorprende la suciedad distorsionada de “Cose mis heridas”, puro rock crudo de guitarras con dosis de sensualidad que la aproximan al glam con una letra que formula preguntas y juega en la cuerda floja del amor. 

En “Zona de sombras” se busca una cierta épica blues dramática, asimilando el legado del mejor David Bowie setentero, aquel que deslumbraba en temazos como “Suffragete City”, ensuciando con el paso de los segundos el sonido de las guitarras, pero dejando un regusto dulce en el paladar, y cerrando con toda una declaración de intenciones como “No me cuentes nada que no quiera saber”, un folk de poso tenso y denso que cierra a las mil maravillas uno de esos trabajos que desde ya se postula para aparecer en las listas de lo mejor del año dentro del ámbito estatal. 

“Løse” es un álbum mayúsculo, capaz de seducir desde su primer y sorprendente single hasta su último acorde. Aquí no hay un detalle al azar, algo que se nota. Las grandes canciones funcionan a las mil maravillas, sin concesiones comerciales, buscando un sonido orgánico, de vieja banda, que sabe lo que se trae entre manos, regalando un minutaje del que en círculos más o menos minoritarios se debería seguir hablando en términos elogiosos dentro de muchos años. Ya si acaso en otro momento hablaremos de lo que ha hecho Diego Vasallo a lo largo de su trayectoria solista, que ahora abandona momentáneamente con todo el derecho y merecimiento del mundo, más si cabe cuando esta parada sirve para regalarnos uno de los mejores álbumes de esta tercera década del todavía incierto siglo XXI.