Hans Laguna: “Yo siendo yo. El teatro de la autenticidad en las estrellas del pop”


Por: Juanjo Frontera.

Como muchos sabrán, Hans Laguna (Donosti, 1979) es músico y productor, responsable de discos tan notables como "Manual De Fotografía" (2016). Pero lo que ya no sabe tanta gente es que es licenciado en filosofía, con un doctorado en sociología, y profesor de pensamiento social en Barcelona. Todo ese alto nivel de conocimiento lo invierte, además, en escribir. Escribe mucho y muy bien. Además de artículos colaborativos en elDiario.es o ARA, ha cultivado una ensayística a menudo centrada en su especialidad, Frederick Nietzsche, pero también, desde no hace tanto, en la música. 

En este ámbito nos regaló el que es sin duda uno de los volúmenes más interesantes aparecidos en el panorama nacional durante los últimos años: "HEY! Julio Iglesias y la Conquista de América" (Contra, 2022) reveló a un autor muy inteligente, que sabe convertir el análisis más sesudo en una lectura apasionante y enormemente divertida. Se le devora, vamos. 

Y no es excepción a esta regla este breve librito que ha escrito para la estupenda colección Nuevos Cuadernos Anagrama. Se titula "Yo Siendo Yo. El Teatro De La Autenticidad En Las Estrellas Del Pop" y busca explicar un cambio de paradigma que consiste en que, de un tiempo a esta parte, lo que antes eran estrellas inalcanzables, manipuladas, fabricadas en cadena y totalmente alejadas de la realidad, ahora se ha convertido en un dechado de auto reivindicación que usa las historias personales, la búsqueda de la autoría en su obra y, en definitiva, la autenticidad de su discurso, para obtener la validación de un público que anhela encontrar reflejo, humanidad, en lo que antes era un dios todopoderoso totalmente fuera de alcance. 

La intimidad de "Brat", de Charli XCX, la espiritualidad de "Lux", de Rosalía, o la vuelta a las raíces de "Debí Tirar Más Fotos", de Bad Bunny, por sólo citar algunos ejemplos, no son sino manifestaciones de un “yo” que pugna con aquél “cualquiera” que el pop de antes vendía. Y es que nada vende más ahora que una historia personal que avale lo artístico. 

No nos engañemos, esto existía de siempre, en la cultura rock esa autenticidad ha sido siempre uno de los puntos fuertes que daban credibilidad a quien la esgrimía sin atisbos de postureo. A quien fallaba en el intento, traicionaba sus orígenes o impostaba su imagen, se le tildaba, directamente, de vendido o pastiche, con la consiguiente pérdida inmediata de seguidores y ventas. Pero en el pop o, digámoslo ya, el mainstream, la cosa era diferente: se vendía imagen, un producto de marketing que se ideaba en una oficina y tenía toda una cadena de producción detrás.

Todo esto ha cambiado ahora: las redes sociales han causado que todos “nos produzcamos”, con lo cual, buscamos algo diferente -la dichosa autenticidad- en aquellos que tomamos como referentes por ser personas de éxito y gran fama. Estamos cansados del maquillaje y queremos conocer, a ser posible a fondo, la vida de cada uno de esos ídolos: sus debilidades, anhelos, contradicciones o procesos creativos. Sentir que son humanos, como nosotros, y no dioses del Olimpo

De hecho, en eso del proceso creativo es donde reside una de las grandes claves de la autenticidad: la autoría, poder decir que esa canción que cantas es tuya. Algo que antes tampoco ocurría en la mayoría de fenómenos pop. Además de éste, Laguna destaca otros puntos cardinales, a modo de capítulos, sobre los que descansa este culto desenfrenado a lo auténtico que vive ahora el pop: autonomía, espontaneidad, autobiografía, vulnerabilidad, saber vender(se)…

En todos esos puntos se detiene el autor, con profusión de personajes tanto de la actualidad como del pasado, en un extraordinariamente documentado (como es costumbre en él) hilo argumental que está servido de forma amena y divertida. Y sin casi atisbo, por si fuera poco, de superioridad intelectual, esnobismo o pedantería. Digo casi, porque algo de eso hay, es inevitable, pero en ningún momento desvía la quirúrgica objetividad con la que Laguna atrapa en estas páginas algo que determina mucho más de lo que pensamos las maniobras y el devenir de la industria musical, así como de los artistas más poderosos del mundo. 00 Al final, la frase que lo resume todo (y titula este libro) la dijo Karol G en una entrevista concedida al New York Times con ocasión de la publicación de su disco “más personal”, "Mañana será bonito" (2023): “En este momento, los artistas se esfuerzan mucho por encontrar su concepto y ser muy experimentales. Y esa es una buena manera de hacer arte. Pero el concepto de este álbum es solamente yo siendo yo”. 

Sobre lo que hay de cierto, de auténtico, o de maniobra, de pérfida patraña, en ese “yo siendo yo” es sobre lo que gira este excelente y excitante librito de bolsillo que se lee en un suspiro y es, fácilmente, de las lecturas más inteligentes que te meterás entre pecho y espalda si le hincas el diente. Te sentirás más auténtico, eso seguro.

The Fixed Trio: "Hemos preferido una toma con sentimiento que una demasiado perfecta"


Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Claudia Lakoree.

Convertida, por méritos propios, casi en una localización mítica por su alta concentración de reputadas biografías musicales, Granada vuelve a ser el origen de una muy recomendable banda joven, que en este caso responde al nombre de The Fixed Trio. Constituidos como un power trio, su nuevo disco largo, "Our Guilty Pleasure", asume con perfección el destino de un proceso consistente en fortalecer un sonido blues-rock que se despliega en el calendario, abarcando desde Grand Funk Railroad a Black Keys en un espacio inspiracional que se posa también en el rock noventero o incluso el stoner, huellas que delatan tanto su pulsión actual como un fervor por la contundencia y la crudeza. 

Por si fueran pocos elementos dignos de generar interés, la lírica de este actual trabajo también sufre un exponencial enriquecimiento, construyendo todo un relato conceptual sobre la incontrolable manifestación que oficia la búsqueda de saciar nuestros instintos primarios. Porque si William Blake  hablaba de los excesos como camino al palacio de la sabiduría, la banda andaluza abre una travesía alternativa llena de frustración y vacío. Un itinerario, en forma y fondo, arrebatador y corpulento sobre el que hablamos con el batería del grupo, Sergio Flores.

“Our Guilty Pleasure” amplia vuestro desarrollo en busca de un sonido más rocoso y directo donde el blues-rock se encuentra con el grunge o el stoner,, ¿se trata de un camino que persigue alcanzar la forma de sonar que tenéis en mente desde los inicios o responde a la lógica evolución de una banda? 

Sergio Flores: Creo que hay un poco de ambas cosas. Siempre hemos querido sonar naturales y directos, como una banda tocando de verdad, y con este disco sentimos que nos hemos acercado bastante a esa idea. Todo tiene que ver con el hecho de que escuchamos música muy variada y nunca hemos querido cerrarnos mucho. “Talladega” y “Our guilty pleasure” son dos mundos diferentes, como habrás podido comprobar, tanto de estilos como de sonoridad, porque al final todo lo que nos gusta lo acabamos reflejando de una manera u otra. 

Pese a vuestra juventud, acumuláis ya cuatro lanzamientos, ¿sentís la necesidad de estar en un constante proceso de composición y grabación? 

Sergio Flores: Sí, porque es la forma que tenemos de seguir para adelante, no sabemos estar parados, aparte de tratarse de un trabajo, hacer música con una banda supone también en muchas ocasiones una vía de escape para los problemas personales que podamos llegar a tener cada uno de los tres miembros, y juntarnos y tocar nos da mucha paz. 

Junto a la contundencia que manejáis, dais mucha importancia al aspecto melódico, como demuestra la pegadiza “Intelectual”, o incluso a dejar respirar a las canciones, ahí está por ejemplo “Sacred Cross”... 

Sergio Flores: Nos gusta mucho la crudeza, como se observa en las canciones, pero también nos interesa que éstas tengan una melodía y algo especial que se te quede dentro después de escucharlas. En ese sentido, por ejemplo, creemos que el juego de contrastes es importante. Muchas veces emociona más una parte contenida que estar todo el rato al máximo. Además, para poder lograr todo eso, pudimos contar con la magnifica voz y manos de Mario Andreu, desde Burgos, que aportó muchísimo en el tema “Sacred Cross”, le estamos muy agradecidos. 

¿El hecho de ser un trío, dificulta manejar esos cambios de velocidad y no saturar el acelerador constantemente? 

Sergio Flores: Creo que sí, porque siendo solo tres todo se nota mucho más, pero también hace que cuando algo funciona, se sienta muy real. 

“Intelectual” parece ironizar sobre la impostura que muchas veces veces define a ciertas bandas… 

Sergio Flores: Más que tratarse de criticar algo concreto, la canción habla un poco de esa sensación de cuando las cosas pierden naturalidad por intentar aparentar demasiado. O mejor dicho, hace mucho que perdieron esa naturalidad y hay un poco de refríto ya… 

 En vuestro caso, la forma de grabación, incluso hay pasajes donde se os oye en el estudio, denota que ha habido una forma de trabajar orgánica y directa.

Sergio Flores: Eso era exactamente lo que queríamos. Preferíamos una toma con sentimiento, pese a sus posibles errores, antes que una que sonara demasiado perfecta. En ese trabajo, tanto los técnicos de estudio, José Ibáñez, Marcos Muñiz, como el técnico de los videos en directo, Alberto Morillas comprendieron muy bien esa idea y ayudaron muchísimo a mantenerla y obtenerla en el resultado final. 

Incluso en los pasajes más psicodélicos os mostráis contenidos, lo que no siempre es fácil... 

Sergio Flores: Es verdad que nos gusta tocar con libertad y desarrollar ideas instrumentales, pero siempre intentamos que sea la canción quien esté por delante de cualquier lucimiento personal. 

Líricamente es también un trabaje rocoso, incluso conceptual, sobre la forma que tenemos de relacionarnos con nuestros instintos más primarios y el desgaste que eso produce... 

Sergio Flores: Sí, ahí Juan, el encargado de las letras, la verdad es que les dedicó muchísimo tiempo y trabajo, puso mucho esfuerzo en darle una conexión completa al disco, y la verdad es que lo consiguió. Al final habla un poco de eso que comentas, de cuando algo que parece bueno termina siendo excesivo o vacío. 

 Os atrevéis con la versión de “War Pigs”, de Black Sabbath, ¿da cierto vértigo acercarse a un tema tan icónico? 

Sergio Flores: Pues la verdad es que sí, muchísimo. Es una canción enorme y por supuesto la hicimos desde el respeto total, por eso tampoco quisimos intentar reinventarla demasiado. Eso sí, le dimos nuestro toque personal, y creo que hemos conseguido un buen resultado con la realización de esa versión 

Cerráis el disco con un tema acústico y relajado, “Place To Die”, que además ejerce de desencantada conclusión sobre ese recorrido por los excesos. 

Sergio Flores: Nos gustaba mucho la idea de terminar el disco de una manera más desnuda y tranquila, casi como ofreciendo un respiro después de haber pasado todo lo anterior. También en el plano personal puede ser de las canciones más importantes del disco para nosotros, ya que va dedicado a un amigo nuestro al cual la suerte no le sonrió. 

El disco de momento está editado en forma físico, ¿era una forma de enfrentarse a la inmediatez de las plataformas online?

Sergio Flores: Este disco lo hemos querido sacar respetando la idea con que fue grabado, es decir, de una forma natural, la de toda la vida, en físico. Queríamos de algún modo recordar a la gente lo que significa de verdad escuchar música: tomarte tu tiempo buscando el vinilo, poniéndolo y parándose para poder disfrutar con detenimiento de un trabajo en el que se ha puesto mucho esfuerzo y dedicación. De todas formas en unos meses lo subiremos, pero por ahora nos mantenemos en ese romanticismo de tenerlo en la mano, porque las plataformas digitales están muy bien, pero muchas veces, eso se pierde. 

La manera de acercarse a esa forma de escuchar música tiene cosas buenas y malas. A veces parece que todo dura muy poco, pero también es verdad que gracias a eso nuestra música puede llegar a gente que de otra forma no nos habría encontrado. Intentamos ofrecer algo menos cotidiano, algo con mas calma, pero algo lejos del concepto “Fast Food”. 

Empieza a existir ya un comentario generalizado que alerta de que hay que tener mucho cuidado con Fixed Trio que son ya una realidad, ¿uno se deja influir por esos comentarios y le da alas o preferís no hacerles demasiado caso? 

Sergio Flores: La verdad es que nos hace mucha ilusión y estamos muy agradecidos por cómo está recibiendo o hablando la gente sobre el disco, pero al mismo tiempo intentamos mantener los pies en la tierra y seguir trabajando y divirtiéndonos igual que siempre. Al fin y al cabo, seguimos siendo esos tres amigos que se conocieron en el colegio; The Fixed Trio nos ha unido mucho como músicos, nos ha enseñado como personas y como amigos, queremos que eso siga siendo así muchos discos más.

Parquesvr: “Estamos ante nuestro mejor trabajo”


Por: Javier González. 

Pasan los años y Parquesvr no afloja en lo que a su capacidad para sorprender a propios y extraños se refiere. Los condimentos clásicos de la propuesta de los madrileños siguen inamovibles: letras certeras, sinceras y repletas de sorna, bien condimentadas por una actitud crítica sin miramientos, dispuesta a desenmascarar los males una sociedad podrida que en el caso del nuevo trabajo que presentaron semanas atrás, “Mitos y Leyendas”, va un paso más allá. 

Redoblan apuesta, afinan y cuidan más la pólvora con la que cargan su discurso, mimando las letras y la narrativa de la misma, igual que lo hacen en la búsqueda de un sonido más refinado que no hace perder ni un solo grado de efectividad a su explosivo cóctel, tal es el caso que podemos afirmar sin temor que estamos ante el que muy probablemente sea el mejor álbum de los capitalinos, cosa muy seria cuando hablamos de unos tipos que siempre han dejado el listón bastante alto al salir del estudio de grabación. 

Asaltamos fuera de hora al bueno de Javi Ferrara, letrista y vocalista de la banda, para que nos hable con su habitual locuacidad y brillantez de estética  “Mitos y Leyendas” recién salido del horno. 

Hace poco más de un año y medio que vio la luz “Si molesto, os vais” vuestro anterior trabajo que continuó con la senda ascendente que lleváis casi desde el comienzo de la andadura de la banda. ¿Qué valoración hacéis de todo lo que supuso dicho álbum? 

Javi: La valoración es muy positiva. Todo esto es realmente increíble. Recuerdo que hablamos para el anterior disco y comentábamos que ya estábamos en crecimiento. Fue una tendencia que se magnificó con “Si molesto, os vais”, donde canciones como “Juancarlista”, “Tu nombre es una puerta sin cerrar” o “Todos menos Tú”, nos han situado en una tesitura que jamás imaginamos estar. Ni en nuestros mejores sueños hubiéramos podido pensar que en la despedida del disco agotaríamos las entradas para “La Riviera” con varios meses de antelación.

“He revisado mucho las letras, las he intentado cuidar más, aquí hay más amargura y cinismo” 

Y ahora, sin casi solución de continuidad, tras andar girando y girando por un montón de sitios, os presentáis con “Mitos y Leyendas”, un trabajo donde no perdéis ni un ápice de vuestra capacidad crítica, pero que tiene un sonido más refinado y en el que la carga narrativa continúa su progresivo crecimiento. ¿De qué forman comienzan a surgir las canciones del álbum? ¿Tenéis la percepción de que musicalmente es el trabajo en el que hay un mayor cuidado por redondear las canciones? 

Javi: Las letras antes tardaba en hacerlas diez minutos, las canciones se tardan más en hacer. Mis compañeros me riñen cuando digo “tengo las canciones en diez minutos”, la realidad es que tengo las letras. Creo que estamos ante el mejor trabajo de Parquesvr, con una diferencia abismal sobre el resto. Las composiciones empiezan a surgir a lo largo de todo el 2025, ya que por circunstancias personales mi vida cambio, lo que hizo que las temáticas de las letras variaran. Siempre he escrito mucho, ya sabes que he defendido que las letras las hago en diez minutos, aunque aquí las he revisado mucho y las he intentado cuidar más. Estoy bastante contento con el resultado de las mismas, más que en otros trabajos, donde es cierto que hay temas que no se terminaron de redondear todo lo que se debería haber hecho. Cuidado, que luego no sé cómo se va a recibir. Quizás a la gente le parezcan una mierda, cosa que estarían en su legítimo derecho de decir, pero para mí es el mejor disco que hemos hecho con diferencia, tanto musicalmente como en cuanto a letras. 

Será que vamos cumpliendo años... 

Javi: Los años se notan, claro está. Se ve en la temática de las canciones donde hay amargura y cinismo, se nota que estamos cansados-desilusionados de muchas cosas alrededor de la vida. Aún así, habrá que seguir viviendo, pero cambiando los objetivos vitales. Ya no me chino por cosas que pasan en el mundo, intento estar con mi peña y mi gente, son los que me hacen feliz, me alegran la vida y a los que puedo alegrar la vida. 

Las grandes características de vuestra música siguen vigentes, pero hay una evolución que vosotros ya abordáis en tono desenfadado en el primer corte, “Intro”, donde arrancáis mirando a algunas de vuestras letras pasadas, pero aceptando y haciendo propias una serie de críticas. ¿Cómo surge esta canción? ¿Arrancar riéndose de uno mismo es una forma implícita de avisar al resto de lo que se les viene encima?

Javi: Sí, es un poco eso. No te rías de mí que ya lo hago yo. Cuando salió “Tonto”, nos llamó mucho la canción que solamente nos criticaba gente de derechas, cuando es un tema donde se le da hostias a todo el mundo. Hay varias frases, una de ellas es: “Hay tontos, tontas, tontes por doquier, lo más transversal es la estupidez, mi lista de tontos está casi hecha, hay tontos de izquierdas y de derechas”. Me llamó mogollón la atención aquella crítica. Es cierto que repartimos muchos tortazos y una forma muy buena de hacerlo es repartirnos a nosotros mismos. A lo largo de nuestra trayectoria siempre nos han intentado encasillar, “os parecéis a esto”, “os parecéis a aquello”. Ha sido una forma de decir somos rollo muchas cosas o ninguna. ¿No sé en qué se parecen Def Con Dos y León Benavente? Y nos dicen que nos parecemos a ambos. Es lo que tú dices, una forma de intentar reírnos de nosotros mismos. 

La intro es muy chula, por cierto, con ese sonido noctámbulo, a mitad del camino entre el jazz y el hip-hop.

Javi: Escuché una canción de Public Enemy, cuyo título no recuerdo, que empezaba así. Hablé con Hugo, Escandaloso Xpósito, se la pasé y le dije que me encantaría que un disco de Parquesvr empezara así, contando cosas que nos han ido llamando. Más que una intro, es una especie de resumen de canciones de la banda y de cosas que nos han llamado, todo desde un punto de vista jocoso. Se parece al capítulo anterior de una serie, va en esa línea retrospectiva. 

Me ha hecho mucha gracia la referencia esa de: “Me gustaban más cuando eran punkis”, “De centros comerciales son mejores los otros, los de rollito siniestro”, “Es un poco León Benavente”. 

Javi: Haciendo referencias a lo que han dicho estos años. Al final cogemos lo que vosotros nos decís y nos reímos de ello. Nosotros no os decimos mierdas así, ya lo sabes (risas). 

Por cierto, en el disco hay varias colaboraciones de PatataOnStereo, Escandaloso Xpósito y Teo Lucadamo. ¿De dónde surge esta nueva hermandad? 

Javi: Del cariño, admiración y cercanía. Son personas muy cercanas al ámbito del grupo. Trabajo con Teo. PatataOnStero y Escandaloso Xpósito están en nuestro sello, Raso. Tenemos bastante cercanía, ha sido muy fácil trabajar juntos. Nos tenemos mucho cariño los unos a los otros. Son familia los tres. 

Os habéis marcado algún que otro temazo mítico, me refiero a “Esto que vivimos”, donde hay un aire decadente, repleto de drogas y que habla de una historia de desamor que se clava bien dentro, algo que también ocurre con “Aftersun”. ¿Qué ha pasado, Javi?

Javi: “Esto que vivimos” no habla de mí. Es alguien cercano a mí, a la que quiero mucho. Tenía una relación tóxica con alguien, envuelta entre resacas, fiestas y afters. La idea era ilustrar algo que viví de cerca, quería hacerlo porque lo sufrí de cerca, ya que es alguien a quien quiero mucho. “Esto que Vivimos”, “Google Fotos”, “Aftersun” y “Ya no Volverán”, son canciones que al comenzar a escribir me llamaban la atención, sentía que hablaban de los estados que vives cuando tienes perdidas. “Esto que Vivimos”, es acabar con algo porque sientes que te va a matar, “Google Fotos”, trata sobre el dolor, “Aftersun”, es aceptar la pérdida, y “Ya no Volverán”, marca la nostalgia. Es un recorrido por cuatro estados distintos que creo todo el mundo hemos transitado. 

 “La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk” 

Vuelves a la andadas con un bombazo como “Mi peña”, reivindicando a tu gente y entorno, mientras el resto del mundo parece sumido en la mediocridad galopante. 

Javi: Sí, vivimos en un momento muy extraño. La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk. Creo que la gente está obsesionada por lo mediático. Estamos a punto de volver a repetir los mismos grandes errores que cometió la humanidad en el siglo XX sin que gran parte del mundo parezca darse cuenta. Como te decía antes, estoy en un punto en que soy incapaz de luchar contra todo eso, prefiero refugiarme en mi gente. Con ellos puedo estar más presente y tener calma, más allá de cosas que se me escapan. 

“No compro discursos ni eslóganes” 

Me ha gustado especialmente por sus guitarras limpias “Rizo de gitana”, donde hay una profundidad narrativa, muy potente, donde no hay rastro de sorna, rastreando la sombra de Depresión Sonora y The Smiths. 

Javi:
La canción vuelve a transitar de lo mundial a lo cercano. Éramos muy conscientes que esto sonaba a Depresión Sonora, de ahí la referencia a una canción, “Me han dicho que ya no hay verano”. Al empezar a ensayar las canciones para grabar el disco, Héctor y Marco se miraron y dijeron: “suena que te cagas”. En cuanto a la temática, es un tío de más de cuarenta años, escéptico ante el mundo y con una carga de nostalgia. No compro discursos ni eslóganes. Hay que ser buena gente con tu gente, creo más en eso que en pensar en el cambiar un mundo que no podré cambiar. 

“Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España” 

“Todos los madrileños” es un golpazo al capitalino que quiere huir, pero también al que estando se dedica a dar por saco a los paisanos rurales. 

Javi: Sí, hay una frase en el tema que dice “alejado de los guiris, del ruido y la multitud, no olvides por un segundo que aquí el guiri eres tú”. Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España. Además, nos tienen por arrogantes, hablamos mal al camarero, creemos que todo es nuestro. Hay otra frase muy chula que dice “Petando chiringuitos donde solo había dunas, fuera de Madrid a ti te llama P.U.M.A”, una movida que escuché en Galicia y me hizo mucha gracia porque quiere decir “Puto Madrileño”, decidí meterlo en la canción. En Madrid hay una problemática heavy con la vivienda, siendo nosotros el problema para otra gente. 

¿Para cuándo está prevista la publicación en formato físico del vinilo? 

Javi: Las copias físicas estarán en breve, creo que cerca del 22 de mayo. Ahí podréis disfrutar del formato físico del maravilloso cuarto disco de Parquesvr, “Mitos y Leyendas”. Acude a comprarlo a tu tienda de confianza o a través de la página de Raso Estudio. (Risas) 

¿Es cierto que hay una foto interior donde aparece vestido Javi Ferrara que si mojas con saliva…? 

Javi: No sé si eso vendería. (Risas) 

¿Qué tenéis planeado para girar en estas primeras semanas? 

Javi: Tocamos en “El Sol” para allegados hace unas semanas. También hemos tocado ya en Valencia, para más de mil personas. El 14 de mayo tocamos en las fiestas de Rivas, el 16 tocaremos en Gijón y luego iremos a Cruilla y Low. A partir de septiembre y octubre tocaremos en salas. El 20 de noviembre lo haremos en “La Riviera”. 

Javi, soy consciente de que andas a mil frentes, por eso siempre te hago la misma pregunta. ¿Permite Parquesvr a día de hoy vivir a sus miembros exclusivamente de la banda? 

Javi: No, no vivimos de Parquesvr. Podríamos malvivir. Es una ayuda de la hostia, pero no podríamos vivir del grupo. Nos permite girar bien, tener tour mánager y técnico de sonido. Comer y dormir en la gira en sitios dignos. Vamos desahogados con los gastos de local y materiales. Estamos súper contentos y queremos que siga la dinámica de crecimiento. 

Lo digo porque tu figura, junto a la de Alan Queipo, está detrás de festivales como Mazo y Sound Isidro. 

Javi: Alan y yo tenemos una relación muy completa. Es mi empleado en Sound Isidro, somos socios en Mazo y es mi mánager en Parquesvr, además de ser mi sello en Raso. Ahora nos hemos comprado una oficina juntos. Y es mi amigo, sobre todo. Llevamos teniendo una relación ininterrumpida los últimos seis-siete años. Nos soportamos, aguantamos y queremos. Espero seguir con él toda mi vida laboral. Es una persona a la cual confiaría mi vida. Ahora hemos comprado una oficina donde vamos a trabajar, estábamos de alquiler en plaza de los Mostenses y decidimos meternos en algo. Ahora nos hemos comprado una en Urgel donde pagamos lo mismo que antes con idea de ser propietarios.

Mad Cool 2026, soplando las velas de un décimo aniversario a la altura de los grandes festivales europeos


Mad Cool celebrará su décimo aniversario del 8 al 11 de julio en Madrid con un cartel gigantesco que vuelve a colocar al festival entre las citas imprescindibles del verano europeo, cuatro jornadas repletas de buena música y espectáculo, donde la heterogeneidad volverá a ser la tónica dominante de una experiencia que poco a poco ha logrado colgarse el cartel de clásica. 

La jornada inaugural estará marcada por el regreso de Foo Fighters, acompañados por nombres tan potentes como Moby, The War On Drugs o Wolf Alice, mientras que el jueves cambiará completamente de registro con la aparición sobre las tablas del recinto capitalino de bandas tan potentes como Florence + The Machine, Lorde, Jennie y Teddy Swims liderando una de las noches más eclécticas y multitudinarias de esta edición. 

El viernes llegará uno de los días más equilibrados del cartel con Twenty One Pilots, Kings Of Leon, Pixies y Halsey compartiendo protagonismo en una jornada diseñada para amantes del rock alternativo y el pop de estadio. Teniendo su jornada de cierre el sábado, donde se apunta directamente a un momento histórico gracias a la presencia de mitos tan potentes como Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne y Kasabian, poniendo el broche final a un aniversario que confirma a Mad Cool como uno de los festivales más ambiciosos y reconocibles del continente.

“Warren Zevon”, medio siglo de una bella coreografía del caos


Por: Kepa Arbizu. 

En un hogar situado en Chicago, en plena década de los 50, un inmigrante ucraniano, de nombre original William Zivotovsky, regala el día de Navidad a su hijo de nueve años, Warren Zevon, un piano que ha comprado gracias a la buena suerte cosechada en una de las múltiples timbas entre las que pernocta, solo uno de los muchos oscuros destinos que habitaba como consecuencia de su trabajo para la mafia local. El poco recomendable origen de tal obsequio enfada a su madre, una recriminación que le costaría el lanzamiento de un cuchillo de grandes dimensiones por parte de su todavía marido, separándole solo unos escasos centímetros de un desenlace letal. Una escena, seguida por la mirada de su pequeño vástago, que nada tenía de anecdótica y sí mucho de un trágico costumbrismo que derivaría en un divorcio cuando aquel púber espectador cumplía los 16 años, siendo escasas fechas después cuando abandonaría sus estudios para lanzarse a la carretera en busca de un desenfreno existencial salpicado con canciones folk. Sin embargo, ese joven cargaba, por suerte y por desgracia, con el imborrable recuerdo de aquel juvenil teclado y con todo un relato biográfico narrado con extrema violencia. 

No iban a ser aquellos recuerdos meros espejismos anclados en su cerebro, al contrario los iba a rememorar nombrándose a sí mismo protagonista activo de los mismos, ejercitando la funesta herencia legada por su progenitor y haciendo rimar sus actuaciones con aquellas a las que había asistido como espectador en su domicilio familiar. Inmerso en una vorágine de drogas, alcohol y comportamientos escasamente edificantes, su peregrinación entre hoteles y apartamentos californianos dejaba un rastro desalentador. Una insaciable voracidad por encontrar el camino más salvaje que artísticamente le había llevado a coquetear con el éxito gracias al tema "Follow Me", firmado como el dúo Lyme & Cybelle, pero que sobre todo le situaba como músico de sesión, compositor, responsable de algunas piezas interpretadas por The Turtles, o alojando uno de sus temas propios, "She Quit Me", en la banda sonora de la película “Cowboy de medianoche”, e instrumentista en las giras de unos ya crepusculares y decadentes Everly Brothers. La carrera de Warren Zevon era insolentemente bisoña todavía pero paradójicamente transmitía trazas de una roma y decrépita veteranía. 

Situado en los años setenta en la costa catalana, concretamente en Sitges, a modo de refugio y de nuevo horizonte en el que dotar de una más saludable rutina a sus días, tras un mal recibido debut en solitario, “Wanted Dead or Alive”, la llamada de su amigo Jackson Browne, instándole a grabar un disco bajo su amparo, significó al mismo tiempo volver a asomarse al abismo emocional pero también incrustar, un 18 de mayo de 1976, su ácida y doliente rúbrica en la historia del rock. Porque pese a su todavía escaso currículum propio, la cohorte de admiradores que acumulaba entre sus colegas quedó reflejada en los rutilantes créditos impresos en dicho homónimo trabajo, un álbum que desempolvaba esas composiciones que nunca había dejado de escribir y que ahora, bajo el auspicio del potente sello Asylum Records. iban a tomar forma a través de una silueta que hacía de su vitriólica sonrisa una careta con vistas al precipicio. 

Si el almanaque de colaboradores que tomaron parte en la grabación de dichas canciones era una cartografía del soft-rock más canónico, abasteciéndose de formaciones como Fleetwood Mac, los Eagles o Bonnie Raitt, el estilo adoptado por el todavía veinteañero era todo lo contrario a un acomodaticio responso en dicha escena. Sus composiciones partían del acervo tradicional pero se desplegaban sabedoras de que el rock podía ser un paisaje con las suficientes ramificaciones como para no apostarse en una esquina fija, una flexibilidad sonora que además era la natural demanda requerida por unos sublimes textos que adoptaban la forma de pequeñas perlas narrativas donde convivían el costumbrismo, la sátira de escozor sentimental y por supuesto una túnica existencialista. Al igual que todo un continuo de escritores como Tennessee Williams, F. Scott Fitzgerald, Sam Shepard o Raymond Carver, Warren Zevon recogía esa herencia consistente en participar activamente de ese tumultuoso circo social y en paralelo oficiar de taquígrafo ágilmente inmisericorde.

Como cualquier gran autor que se precie, la mente creativa de Zevon era un domicilio capaz de albergar estancias para episodios autobiográficos, ejercicios de observación y radiografías trascendentes, ingredientes que lejos de distribuirse de manera independiente a lo largo del repertorio se funden con esbelta naturalidad para procrear su propio e identificativo espacio artístico. Una convergencia perfectamente enhebrada en temas como "Frank and Jesse James", donde la nada ilustre trayectoria final de los Everly Brothers se encarna a través de un espacio mítico como el del country western, otorgándoles una vida metafórica en el cuerpo de dos de sus más icónicos cuatreros que cabalgan con ese particular, e inimitable desde entonces, cruce de caminos entre los Eagles, Kris Kristofferson o Randy Newman. Personajes en conflicto con su entorno que será uno de los pilares conceptuales que acompañe a todo el repertorio, papel por supuesto también asignado a sí mismo en la ingeniosa "Desperados Under the Eaves", donde la anécdota respecto a una verídica estancia en el Hollywood Hawaiian Hotel que no siempre significaba el abono de sus facturas, se traduce en una épica epopeya entorno al fracaso, una reflexión sostenida por imágenes tan elocuentes y estremecedores como la agazapada tras la incógnita “¿No parecen los árboles ladrones crucificados?”. Tampoco se verá exenta de habitar sus temas la madre de uno de sus hijos, camuflada en la identidad de una mujer que en "The French Inhaler", escoltada por un tono más solemne, el que caracteriza por ejemplo a alguien como Harry Nilsson, encuentra en el sexo esporádico el único medio de aceptación. Escenas de planes nunca consumados con éxito que se acomodan en dos preciosas y especialmente logradas baladas, porque si "Hasten Down the Wind", versionada más adelante por Linda Ronstadt, resulta una instantánea en ruinas, uno de sus estandartes compositivos, "Carmelita", significa una historia de amor escrita con una aguja inyectada de heroína. Erráticas andanzas que mientras en "Mohammed's Radio" hacen de la música, aquí entonada tierna y profunda a la manera Gram Parsons o Townes Van Zandt, única vía de escape para la precariedad laboral, "Backs Turned Looking Down the Path" es una luz de fuga mucho más consistente, el íntimo deseo de habitar otra realidad no subyugada ante el idioma del caos.

Si ya en los tiempos rítmicos más relejados es perceptible esa inercia por no sucumbir musicalmente a la decadente sustancia anímica, vistiéndoles de una casi amabilidad sonora, ese aspecto se materializa con mayor expresividad, resaltando todavía más esa dicotomía aparentemente opuesta, cuando es el acento rock quien asume la tutela de las canciones. Las elegantes trazas de "Mama Couldn't Be Persuaded", asignadas por ejemplo a la escenificación de Elton John, delinean el dramático pasado familiar propio, mientras que el desenfreno en forma de rock and roll clásico de "Poor Poor Pitiful Me" esconde entre sus pasos de baile el llamado trágico del suicidio. Un escenario, absorbiendo primero las raíces del blues bullicioso en "I'll Sleep When I'm Dead" y recogiendo el contorsionismo del funk para configurar "Join Me in L.A.", presentado en su carcasa como una celebración ininterrumpida pero que sin embargo late al son marcado por una peregrinación de cadáveres y fantasmas. 

Warren Zevon no solo aceptó la ruta que el oscuro destino había trazado para él, sino que convirtió ese itinerario asignado en una desaforada carrera para atravesarlo a la mayor velocidad posible. Alcohol, drogas, armas de fuego y violencia no fueron un ajuar exhibido como parte del espectáculo, era la más cruel realidad de su paso por el mundo, finiquitado un 7 de septiembre del 2003. Como en una suerte de resignación divina, asumió dicha naturaleza e hizo de ella un incendio en combustión continua, sabedor de que esa calcinada existencia era el mejor sustento para su inspiración artística. Decidió de esta manera dar sepultura a la persona para alentar un imaginario creativo que concibió un tesoro de particular naturaleza, magistral en su materialización bajo un gesto irónico por el que asomaba el desgarro más absoluto. Las canciones de este disco son un extraordinario reflejo de esa condición, pero igualmente representan el grito de auxilio de quien maldecía una condena a la que solo pudo enfrentarse, paradójicamente, alimentando ese carácter autodestructivo hasta extraer de él un bello fruto. El único camino en busca de la salvación consistía en inmolar su presente para conquistar la inmortalidad como músico.

Xoel López: “Oniria popular”


Por: Javier Capapé. 

¿Estamos en continua lucha? ¿Nuestra vida es una batalla inconclusa? ¿Necesitamos el enfrentamiento para encontrar la paz? Alrededor de estos términos se mueve el nuevo disco del inclasificable Xoel López. El coruñés presenta su sexto trabajo bajo su propio nombre y apellido con el sugerente título de “Oniria Popular” y, pese a que lo onírico está muy presente en todas sus composiciones, es quizá “la batalla” lo que más sale a relucir en estas sugerentes canciones pop. Un disco en el que se respira tensión entremezclada con esos matices tan brillantes en lo instrumental. Vuelve a expresarse desde lo profundo pero sin perder sus característicos tonos luminosos. Estas once canciones consiguen que volvamos a reconocer en Xoel al artista incansable que nos reta a cada paso, que pone las cosas más difíciles de lo que pueda parecer en un primer momento a sus oyentes, pero que a la vez consigue que todo eso fluya y penetre en nosotros de una manera ligera. Su música está cada vez más cerca de lo popular y universal, pero no por eso es menos exigente. Porque en lo aparentemente sencillo hay mucho más trabajo que en lo que pueda parecer más experimental. Conseguir que su música entre con facilidad en nuestras vidas no es una tarea nada sencilla. Es más bien una labor de orfebre que conoce muy bien a su público y que no se conforma con dar únicamente lo que se espera de él, aunque, ¿qué esperamos en realidad de Xoel López? Porque no hay un disco suyo que no plantee nuevos retos, que no arriesgue y construya un maravilloso universo en expansión del que siempre nos queda algo por explorar. Nos lleva por todo tipo de recovecos y, aunque nos resistamos, nos seduce y atrapa. No es que domine los trucos de magia, es que su música ha adquirido el calificativo de mágica por sí misma.

El trabajo de “Oniria Popular” vuelve a dejarnos boquiabiertos. Puede que nos despiste en un primer momento (sus singles de adelanto quizá hayan barajado en exceso la mano que nos quería presentar), pero una vez entramos todo empieza a cobrar sentido. Puede que sea su disco más cohesionado, al menos en lo que a temática se refiere, pero de lo que no hay duda es que vuelve a incidir en la experimentación instrumental como el ingrediente principal de su nuevo “caldo”, sin separarse de su acertada mano con el pop al que ya hemos hecho referencia, ese que ha gestado entre los sueños que le sugieren y le susurran al oído el germen de sus canciones. Y en esa temática que lo une todo está esa lucha que planteábamos al principio. El ser humano en constante estado de alerta, librando sus múltiples batallas.

Esta colección de canciones abre y cierra en bucle, con esos “Campos de Castilla para siempre”, en la que mezcla de “Camino Soria” a “Strawberry Fields” con ese brillo que aportan sus guitarras cristalinas y las cuerdas como argamasa de base. Un tema cargado de referencias literarias en el que “el amor valiente” del propio coruñés se entrelaza con los versos machadianos de “Cantares”. Desde Castilla “se hace camino al andar” con la coletilla de ese “para siempre” que nos indica a dónde regresar, en qué lugar encontrar el sentido a nuestros sueños. Por eso mismo, la canción funciona como alfa y omega, y precisamente con este subtítulo, “Omega”, se apaga el disco en un perfil más pastoral. Del brillo pop del principio a la esencia acústica del final, pero ambas canciones unidas por esa tradición de lo popular como derecho inapelable del ser humano en búsqueda.

Las relaciones humanas copan parte del grueso lírico de las nuevas composiciones del gallego, así “Cupido (muerte al amor romántico)” no se hace esperar. Xoel dobla su voz en esta canción durante todo su desarrollo consiguiendo un efecto vocal más que interesante. Parece que estemos ante un coro nutrido de voces, cuando en realidad es Xoel en bucle. Los aires a los ochenta conducen el tema entre la percusión electrónica y la orquesta de fondo, mostrando una forma directa y a la vez respetuosa de decir adiós. ¿Existe ese amor romántico que nos sugiere su título? A decir verdad, y una vez escuchada su letra, parece más bien que es una quimera, llegando así al concepto del conflicto sobre el que gira el álbum, a esa batalla que se hace presente en el tema que la lleva por título. En “La Batalla” mandan las teclas, ya sean sintes, órganos o pianos. Crean una atmósfera asfixiante con esos patrones rítmicos sincopados que parecen trastocar cada verso, manteniéndonos en alerta. Una producción que adelanta la percusión y la voz por encima de la orquesta y que en algunos fragmentos recuerda a Aute por cómo entona y da énfasis a ese enfrentamiento omnipresente. La belleza de Aute se transforma aquí en la batalla, pero el efecto que nos deja es similar. Valiente y convincente.

No nos olvidamos de que el universo del gallego se escribe con las cuerdas de una guitarra y cierto es que entre estas canciones tampoco faltan. “Mundo flotante” es la primera apuesta fuerte por las guitarras acústicas (y también españolas) que además se adorna con un toque de melódica muy interesante, otro de los instrumentos que destaca en varios temas del conjunto. Este “Mundo flotante” nos lleva hasta el ya mítico “Atlántico” por sus formas más limpias, derrochando espontaneidad y ligereza. Sin embargo, su letra no es precisamente amable y nos recuerda que este mundo en el que vivimos no es exactamente “el mundo que te abraza”, aunque en contraposición a esta crudeza está el abrazo que sentimos con “Sombras Chinas”. El que fuera primer adelanto del disco es un híbrido entre el pop limpio y la música coral gracias a la aportación del magnífico coro de Las Veredas que marca toda la canción. Compuesta junto a uno de sus habituales, David Quinzán, cuenta con referencias a clásicos como Janis Joplin, David Bowie, Bob Dylan, Violeta Parra o Joan Manuel Serrat. Una paleta cromática de lo más ecléctica que define a nuestro protagonista perfectamente. Sin importar estereotipos ni modas, solo la música como vehículo en un atrevido experimento sonoro tan sólo al alcance de unos pocos por esa forma tan desprejuiciada al asumir riesgos.

La segunda parte del disco comienza con “Tronco y raíz”. La guitarra sostiene la canción más cercana a la música de autor del lote, aunque en su desarrollo va cargándose con más fuerza, pero sin perder esa cierta ingenuidad que la recorre. En esa línea continúa “Enséñame”, de apariencia sencilla pero con muchos matices y de nuevo con la orquesta de base, una seña de identidad de este conjunto, que además presume de dirigirla el propio Xoel, junto con su mano derecha Adrián Seijas, con el que se reparte todo el resto de la instrumentación. Los dos encaran con gran solvencia guitarras, bajos, pianos, sintes y todo tipo de percusiones como si del disco de un dúo se tratase, pero en realidad escuchamos a toda una banda. Un trabajo fantástico rematado por la excelente mezcla de David Greenbaum.

“Crujidos y fantasmas” vuelve a contar con más melódica (¡hay que ver lo que se puede hacer con este instrumento de tan sencilla apariencia!). Una canción con mucha potencia pero a la vez con una instrumentación accesible y una guitarra española que le da ese carácter cercano. Aunque, a decir verdad, a mí me recuerda sin poder evitarlo, a algunos pasajes de aquel “Both Sides” de Phil Collins con el que el británico se enfrentó a la crisis de los cuarenta. El coruñés está en la de los cincuenta más bien, pero esa sensación de desasosiego e incluso miedo al enfrentamiento (aunque también liberación a la par) se respira tanto en este disco como en aquel de las “dos caras”, salvando las distancias. Esta comparación me lleva, casi sin querer, a relacionarlo con “Caldo Espírito”, donde las comparaciones nos llevaban hasta Peter Gabriel (especialmente en temas como “Glaciar”), curiosamente compañero de Collins en Genesis y con el que compartió tanto. Es solo una conexión curiosa, pero me encantaría pensar que no son simples coincidencias.

El “Monstruo final” que nos está llevando a los últimos compases del álbum es brillante, con una guitarra rítmica emparentada con los mejores Talking Heads, volviéndose adictiva gracias a su pulso y fuerza expansiva. Xoel se desgañita en el fantástico estribillo, sin duda de lo mejor y más contundente del disco, donde vuelve a aflorar ese choque frontal tan presente, esa “única y gran batalla que perdemos para poder ganar”, ecos que vienen desde el que fuera el certero adelanto de todo este universo, “Sombras Chinas”, y que aquí vuelven a hacerse muy presentes. Todo para llevarnos a nuestros sueños más profundos (y también más oscuros). “Oniria” tiene toda la ensoñación que sugiere su título y son los pianos los que la sostienen y le dan ese toque más solemne u oscuro, diferenciada de todas las demás, en las que son las seis cuerdas las que nos permiten elevar el vuelo. Quizá con la que más tiene que ver es con “La Batalla” (¿he dicho ya que engancha hasta convertirse en una obsesión?), también dominada por los sintes, pero es que en realidad todo el disco puede entenderse y seguirse gracias a sus conexiones, tanto estilísticas como líricas. Un cierre intenso y espectral que deja las miguitas de pan en el camino para despertar con esa reinterpretación de la canción que abría el lote, como ya hemos señalado. Un disco bucle, conectado desde todas sus aristas. Es a la vez un juego de emociones y autoafirmación. Unas canciones que pueden convertirse en tótem para nuestros momentos de duda e incertidumbre, esos en los que pedimos no huir y dejar de escapar, a pesar de enfrentarnos a nuestras múltiples batallas, entendidas más como superación que como lucha. En definitiva, once canciones para acompañarnos en nuestros numerosos conflictos, esos que, aunque no queramos, nos definen y están presentes en cada rincón de nuestro inabarcable lienzo vital.

Gussy: "Somos más felices de lo que nos pensamos”


Por: Txema Mañeru. 

Séptimo disco de estudio del navarro Gussy, que nos trae un estupendo, y muy bien traído, título, como es "Somos más felices de lo que nos pensamos” (El Gringo Autoediciones). Actitud positiva y optimista ante los avatares personales de la vida y la situación de absoluto caos político y social a nivel mundial. De nuevo bajo su propia producción y en su estudio de Iruña, se trata de once canciones que forman un equipo para hablarnos del amor y de la guerra, de la muerte y de la amistad, pero siempre con un mensaje de optimismo bien plasmado en el título del mismo.

Y eso que han pasado menos de dos años, aún, desde su anterior trabajo. Un “Inercia” (El Gringo Autoediciones) a nombre de Gussy & Los Tripulantes con momentos tan destacados como esos guapos aires country folk con piano y acústicas en "Netflix". También destacó en dicho trabajo el dueto con Kutxi en la chula y cruda historia de "Mala vida buena Gente’. Buenas eléctricas de Carlos Lorente encontrábamos en la destacada "El cantante" y también brillaba la voz de María Mateo en "Infinito" y la presencia de Raúl Elizalde en el destacado tema country, "El movimiento". Canciones que sigue tocando en sus buenos y cálidos directos.

Pero regresando al nuevo disco, decir que comienza con el segundo single del disco, "Desencanto", y su clásico rock americano de raíces y ecos en guitarras eléctricas y armónicas, bien arropadas por el excelente órgano, a Neil Young, Quique González, Mikel Rentería & The WOP Band o el mismísimo Bob Dylan. Todo entorno a un estribillo trufado de buenos y sentidos punteos. Cuenta con un vistoso vídeo, por cierto. Sigue el primer single "¿Qué hacemos aquí?’ con destacados coros y guitarras y pausas al estilo del mejor J.J. Cale, pero también con aires más cercanos en el tiempo al mejor indie rock. Continúa "Kiev", en la que nos habla, sí, sobre la guerra y acaba atacando, lógicamente, a los políticos que nos meten en estas historias. En este caso aupada por acústicas en una buena balada con aromas a Joaquín Sabina.

Los aires country-folk, habituales en todos sus discos, toman presencia en una estupenda "No nos enteramos’ que finaliza con la frase que titula el disco y que gustará a fans de Los Secretos en su onda campestre o a The Wild Horses. Gussy canta, produce, compone y toca un montón de instrumentos. Entre los acompañantes vuelve a destacar el gran trabajo en los teclados de Carlos Colina que toca también junto a su destacado paisano, Edu Errea, pero también con su propio y recomendable proyecto como Carlos Colina Y Los Otros, además de Ciento Volando. Y sí, es sobrino del gran contrabajista de flamenco y jazz, Javier Colina. Siguen los aires a Dylan y la buena armónica y el Hammond en la lenta y melódica "No sé cuánto te quiero’. Aires pop-rock y otro buen estribillo en una "Sigue soñando" de igual título e historia a la de un tema de Mikel Rentería & The WOP Band. "Canción de despedida" es una bonita y pausada canción de amor, aunque sea de amor ya roto. Más cálidos efluvios country-folk viajan en "Los aviones". La amistad es bien tratada en una"Cada vez menos" con guitarras más agresivas. Tras asirse a la realidad cotidiana en "Cerca del suelo’, no podía acabar este nuevo disco más que de la manera más desnuda con la acústica "Pasan los días", tan sólo con su guitarra, al armónica y su, siempre, cálida voz. Tiene una parte narrada realmente emocionante.

Estupenda presentación en triple y cuidado digipack con un amplio libreto a todo color, con las siempre interesantes (en esta ocasión casi más que nunca) letras. Puedes conseguir sus discos y saber más de él en la web gussycanciones.bandcamp.com o escribiendo a gussy@elgringo.es. ¡A ver si alguien se anima a traerle por aquí a oír estas buenas historias en forma de pegadizas canciones!