Josele Santiago: “Desde el jergón”


Por: Kepa Arbizu. 

La propia naturaleza de un libro de memorias cuenta con una particular elasticidad cronológica, ya que, aunque escrito en el presente, mira al pasado mientras se propulsa hacia el futuro, donando unas huellas que podrán ser recorridas por generaciones posteriores. Un legado que, en el caso de la banda Los Enemigos, no se verá necesitado de Mesías que, provenientes desde la otra orilla del calendario, reivindiquen una obra que, afortunadamente y gracias a sus méritos propios, siempre ha estado considerada, con argumentos artísticos más que sobrados, como una de las representaciones más importante del rock hecho en castellano. Pero bajo toda trayectoria colectiva y creativa existe siempre el relato personal, y por lo tanto sujeto a subjetividad, de cada uno de sus protagonistas, siendo uno de ellos, probablemente el principal en en el caso de la formación madrileña, Josele Santiago, quien a través de “Desde el jergón” difumina cualquier frontera que divida en dos cuerpos independientes al individuo y al creador, presentando un único organismo que cuenta con un nutriente esencial e irrenunciable: las canciones.

Aunque por puridad genérica no nos encontramos ante una autobiografía, ya que estas páginas ilustran casi en exclusividad la época musical de su protagonista y no existe un alcance global, sin embargo durante el itinerario seleccionado contemplaremos leves destellos de remotos episodios de infancia y/o juventud que, bajo la fórmula de su admirado Jim Thompson, completan y añaden tonalidades a una narración que posa su primer pie en 1985, cuando Artemio Pérez y Roberto Arbolea se citan con Josele Santiago, un púber guitarrista con miedo escénico, al que invitan a tomar parte de su grupo, Los Enemigos. Nacían así unos fieles moradores de un microuniverso llamado Malasaña que escogieron atravesar pernoctando, y amaneciendo, entre sus castizos locales con suelo de serrín y alejados de las pasarelas de modernidad desde las que se podía vislumbrar hasta la Vía Láctea. Barras de bar beodas en las que celebraban el salto al vació pero también una confraternización, oficiada entre ritmos vehementes, con asiduos clientes como Kike Turmix o Julián Hernandez (Siniestro Total), convertidos desde ese momento en camaradas de agitación. Unos enclaves de los que brotaron muchas leyendas, algunas cercenadas por la sobreexposición a los instintos, y otras, como la aquí expuesta, y pese a sus perceptibles cicatrices, superviviente a esa voraz dieta de inmediatez.

Una regresión, con horizonte en el presente, entregada entre referencias musicales (el “Fun House" de los Stooges cual Sancta Sanctorum y los Kinks como imagen de la máxima virtud) o literarias (de la viscosidad de Bukoswki al simbolismo luciferino de Baudelaire) y variopintas reflexiones esparcidas con naturalidad. De la política a las cuitas sentimentales, las cavilaciones se vuelven masivas cuando atañen a la irracional -pero trascendental- liturgia del hecho creativo, al que cuestiona su denominación como poesía para quien, como en su caso, necesita del sustento melódico en calidad de pieza fundacional. Y es que aunque es bien cierto que un excepcional escritor de canciones no tiene que destacar necesariamente en una disciplina sin el abrigo de las armonías, este libro derriba esa máxima, porque Josele Santiago es capaz de trasladar su idiosincrasia sonora a la condición de esta obra, dotándole de virtudes sinónimas y logrando así que esta lectura contenga el arraigo castizo como lenguaje motor de una expresividad que, aunque no pierde su acento socarrón, hinca los dientes en terreno dramático, proponiendo una sonrisa que se retuerce con gesto estremecedor.

Incluso el propio desarrollo estilístico de este libro parece mimetizarse con el expuesto por la discografía “enemiga”, estando ambos inicios más cómodos en un espacio burlón y derivando, paulatinamente, en un paisaje más doliente. Antes de llegar ahí, el rhythm and blues que dominó su debut, "Ferpectamente", previo paso por el triunfo en el concurso Villa de Madrid o compartir cartel con Wilko Johnson o Dave Edmunds, y “Un tío cabal” sirven de maravilloso prólogo para una historia que, ya sin Artemio y con  Fino Oyonarte  y Chema "Animal" Pérez  como integrantes y Lalo Cortés a modo un mánager que ejerce de padre protector, avistó un paraíso eléctrico entre una escenografía etílica y hedonista. Suponía el fin de una adolescencia que combatía la congoja existencial con risas y decibelios y el principio de una suerte de profesionalización que daba paso a “La vida mata”, que ya desde su publicación se presentía como el resultado de un sonido, mucho más perfilado y expansivo que sus predecesores, vehiculado por un lenguaje asombrosamente identificativo y llamado a inscribir el rock con letras de alta literatura. La frustración y el malestar, una vez más, en este caso provenientes de los suburbios emocionales de ese Madrid engalanado de frívola Transición, hacían hervir la sangre creativa.

Un repertorio concebido entre las noches infinitas de una recién estrenada década de los noventa en las que resuenan los bombardeos sobre Irak y por las que arrastran su sombra también Eduardo Haro Ibars o Leopoldo María Panero. Todo, por supuesto, tarareado al son de una banda sonora hecha de glam, Leño, Dr. Feelgood, Mermelada o Eddie & The Hot Rods. Vigilias artísticas firmadas por una prosa convertida en idioma de unos personajes que, aunque anónimos, comparten el menú de su firmante, cada vez peor combinado entre drogas, alcohol y ansiolíticos. Un estado de inquietud que a pesar de dar como fruto el más popero y hasta luminoso disco, “La cuenta atrás”, sigue horadando la salud, sobre todo mental, de un compositor al que a las sombras propias se le suman los fallecimientos cercanos de sobre todo su inseparable Lalo. Defunciones que ponen de riguroso luto el abrasivo trabajo de  “Tras el último no va nadie”, cincelado con riffs y letras rocosas como el frío mármol sobre el que descansan los difuntos y el desgarrado lamento de quienes deben conjugar su pérdida. Un anhelo que la formación madrileña, que integra poco a poco Manolo Benítez, un verso discordante en esa unión familiar, atraviesa con largos silencios y un manto negro que les arrebata cualquier atisbo de ilusión. 

Esquelético, casi sin dientes y repleto de heridas que delatan las huellas de autolesiones, Josele es la imagen de la caverna anímica en la que se encuentra un grupo que sin embargo musicalmente se yergue orgulloso en una época por la que ya asoma el indie y las modas quieren imponer su dictadura. El cuarteto es capaz de aglutinar los diferentes gustos de sus integrantes en una excelsa conjunción de acentos con un destino único. Una trayectoria que su siguiente parada está lejos de los estudios de grabación o los escenarios, se trata de un centro de desintoxicación donde el cantante y guitarrista decide interrumpir su descenso al abismo. Las noches y sus demonios se transforman en caminatas y juegos en el frontón, un interludio necesario para que la banda no descarrile del todo. Paréntesis que se rompe en forma de una imparable efervescencia por volver a componer y tocar, un ansia que engendra, grabado en un caserío de Gipuzkoa, “Gas”, un rotundo regreso al mundo de los vivos que sin embargo es también el prólogo al resquebrajamiento de una unidad fraternal donde su cantante se ahoga en interminables giras y percibe su presencia como un mero atrezo, maridado en alcohol, en la disciplina de la banda. Grietas insuperables que hacen de “Nada” la última firma colectiva, por el momento. A pesar de su categórico título, todavía quedaba algo, mucho, más bien, que vivir conjuntamente. 

Antes de esa resurrección, tras un necesario hiato “enemigo”, previo paso de la publicación del directo “Obras escocidas (1985-2000)”, la carrera en solitario de Josele se puso a andar con el magistral "Las golondrinas etcétera". Un trabajo tras el que se escondía una complicada nueva situación, que si bien aportaba esa necesidad de airear su entorno era imposible no sentirse amordazado todavía a esa disciplina del rock. Unas cadenas que se desvanecerían gracias al gusto por sonidos acústicos que van a ir dominando sus trabajos posteriores. Sin embargo, quizás nadie puede escapar de lo que verdaderamente es, y el rugido eléctrico, que ya comienza a asomar en el sobresaliente "Lecciones de vértigo", pide paso en el cerebro de un compositor que hace de la posibilidad de reunirse con sus viejos compinches una realidad. Una ceremonia de reunificación celebrado el festival Actual de Logroño en 2012 y que se oficia en el estudio de grabación a través de "Vida inteligente". Regreso al rock químicamente puro al que solo le falta tomar una decisión altamente postergada, la salida de Manolo Benítez, quien nunca ha congeniado con el compositor ni ha aceptado la relación "consanguínea" de la banda, para dejar paso a, éste sí, un “hermano, David Krahe. Una nueva formación que, tras el trabajo en solitario “Transilvania”, acuña su último disco hasta la fecha, un "Bestieza" que representa ese aire fresco que, entre achaques y obstáculos, respira una urgente necesidad de atronar. 

Puede que “Desde el jergón” sea un libro al que todavía le falten páginas por escribir, aquellas que tengan que dar fe de las nuevas andanzas de Josele Santiago, pero su punto final encapsula una maravillosa radiografía de quien ha llegado hasta aquí no solo cargado de una obra imponente, sino capaz de manejar los efectos de esa determinación por escribir cada momento presente entre llamas. Fruto de esa naturaleza pirómana, estas memorias deben ser añadidas entre lo más granado de su hoja de méritos, por contenido y continente, ya que ha logrado trasladar sus virtudes musicales a una hoja en blanco que se lee con el estremecedor gozo que se entonan sus característicos ritmos. Parafraseando a una de sus mejores composiciones en solitario, "El lobo", este madrileño ha ejercido la profesión de bailarín al que no puede embestir el frío, y por eso decidió arder repetidamente. Unas ascuas que han logrado regenerarse constantemente para perfilar a una de las figuras claves del rock en castellano, un enamorado de la inmolación existencial que ha negociado con el precipicio su supervivencia a cambio de permitirle habitar en sus canciones.

La Perra Blanco: “Estas canciones se mueven a un nivel emocional diferente”


Por: Javier González. 

Sabemos desde hace mucho tiempo que la propuesta musical de La Perra Blanco es una cosa muy seria. Disco a disco se ha encargado de ir construyendo una carrera sólida, sustentad en la calidad retro de unas canciones sin fisuras, apuntaladas en vivos en las siempre divertidas presentaciones en vivo con su banda, donde es imposible no caer rendido ante el arrojo y actitud de nuestra reina del sur más rockera. 

Evidentemente con su nueva apuesta, “Lovers and fears”, la cosa no iba a cambiar, básicamente porque apostar por Alba Blanco es hacerlo sobre seguro, pero cuidado, que nadie se llame a engaños, estamos ante una mujer valiente que lejos de quedarse en su zona de confort ha decidido ir un paso más allá, grabando su disco más “negro” y buscando una mayor profundidad en las letras, escritas a flor de piel y corazón abierto, utilizando el castellano no solo con efectividad, sino también con crudeza y muchísima personalidad, firmando un trabajo candidato a aparecer entre lo mejor del año en multitud de listas. 

Descolgamos el teléfono para charlar un ratito con este huracán nacido en La Línea de la Concepción, siempre cercana y afable, desbordante en energía y con ganas de contarnos todo lo relativo a este “Lovers and fears” que llevamos quemando desde hace unas cuantas semanas. Hoy os dejamos con la jefaza del cotarro, disfrutad de ella, así en vinilo como sobre las tablas. Vais a flipar, desde ya os lo decimos.

Vamos a empezar por el principio, Alba. ¿Cómo estás? ¿Qué tal va todo? 

Alba: Va todo genial, la verdad. Días atrás lanzamos el álbum por lo que estamos sin parar y con los nervios bajando un poquito. No ha pasado mucho tiempo, pero estoy contenta, sinceramente. 

Estás de vuelta con “Lovers and Fears” dos años después de que viera la luz el aclamado “Get it Out”, un álbum con el que desde fuera dio la sensación de que la repercusión del proyecto de La Perra Blanco fue indudablemente a más. ¿Cómo recibiste ese crecimiento y llegar a un público mayor? 

Alba: Totalmente. Fue un álbum con el que subimos bastantes escalones. Creo que fue un año en que hicimos “sold out” es todas la fechas que tuvimos, salvo en Barcelona, donde tocamos en Apolo. Es un año que recordaré bastante porque fueron casi todo lleno en las salas y donde tuvimos la oportunidad de tocar en festivales muy chulos. Fue una temporada muy bonita que marca un antes y un después para la banda. 

Como decimos vuelves a la carga con once nuevas canciones en las que ahora entraremos con más detalle. ¿De qué forma fueron surgiendo las composiciones? 

Alba: En mi caso particular no es cuestión de encontrar hueco porque estoy siempre con la parabólica puesta. Me puedo dedicar exclusivamente a la música de manera profesional. En mi día a día lo más importante es la creatividad, mi máximo objetivo es componer y desarrollar la misma con tranquilidad. He escrito todas las canciones, sí que es cierto que en la fase de grabación Jimmy Sutton, que es el productor, me ha ayudado con alguna letra y algún cambio de estructura, pero estos temas son míos. Están escritos a lo largo de 2025, desde el verano, tenía canciones para otro disco compuestas en 2024, pero finalmente no salieron adelante, por lo que me centré en las que empecé a escribir en abril del año pasado. 

Hay un cambio sustancial por el que todo el que me temo que mundo te va a preguntar, evidentemente nos referimos al hecho de lanzarte con unas cuantas en castellano. ¿En qué momento decidiste que podría ser un buen momento para escribir en nuestro idioma?

Alba: Más que una decisión personal vino por sugerencias. Tenía mucha gente que me lo comentaba. Decían que cantar en castellano sería positivo para mi carrera. Lo pensaba gente de mi entorno: mi mánager, colegas músicos y el productor del álbum. Todos me decían que hiciera al menos una de prueba. Realmente era algo que me costaba porque no tengo referentes que canten en castellano. Finalmente fue cuestión de quitarme prejuicios y encontrar mi espacio. Las canciones que he hecho en castellano no son rock and roll ni blues, son más bien sello de la casa. El primer tema que salió fue “Devil in my bed”, después llegó “Sin amor” y “I need your loving”, que tiene una historia curiosa detrás, ya que la estaba cantando en inglés y me puse a hacer el payaso en castellano, sonaba bastante bien y así se quedó. 

“Me ha resultado sencillo escribir en castellano, me arrepiento de no haberlo hecho antes” 

Normalmente cuando un artista deja de escribir canciones en inglés para pasarse al castellano se encuentra con la complejidad del mismo a la hora de expresarse, tanto por la métrica como por una sensación de pudor, algo que añadido a la temática de este álbum, donde te centras en letras relacionadas con el amor y las dificultades que el mismo representa ha debido suponerte un doble problema. ¿Te ha pasado? 

Alba: Sí, lo he tenido. Cuando compuse “Devil in my bed”, que contiene alguna referencia sexual, me daba una cierta vergüenza, pensaba que en inglés todo se disimulaba más. Ahora me iba a tocar medir más mis palabras porque todo el mundo se iba a enterar. El tema de la métrica no me ha resultado tan complicado, personalmente siempre he admirado mucho a la gente que escribe en castellano, algo que es más complicado que hacerlo en inglés. Soy una persona a la que le gusta leer mucho y me ha ayudado a escribir. No me ha resultado difícil. Me he tomado todo como un juego: las referencias, recursos literarios y jugar con la métrica. Me ha resultado sencillo escribir en castellano, me arrepiento de no haberlo hecho antes. 

También encontramos mucho diálogo interior en estas canciones… 

Alba: Sí, sí que lo hay. Básicamente me he quitado el miedo a mostrarme tal y como soy. Lo que escribo es autobiográfico, hay muy poca ficción. La inspiración suele ser real, de algo que me ha pasado, antes o después, pero reinterpreto mis emociones para hacer canciones. En estos dos últimos años he pasado por distintas etapas, donde he hecho mucha introspección, aprendiendo muchas cosas de mí misma, algo que se nota en mi evolución artística. Es un poco en lo que estás comentando en las preguntas, la forma de comunicarme, escribir y componer, también en los géneros que me muevo en este disco son diferentes. No es algo tan salvaje y, sin ánimo de desprestigiar mi música anterior, simple. Estas canciones se mueven a un nivel emocional diferente. 

“En este disco me centro exclusivamente en la parte negra del rock and roll” 

Si tuviera que definir en pocas palabras este trabajo creo que abogaría por citar una apertura de miras y la inclusión de matices que han enriquecido la sonoridad de La Perra Blanco. ¿Estás de acuerdo? 


Alba:
Completamente, pienso lo mismo que tú. Creo que estás haciendo un análisis muy acertado. Hay canciones totalmente novedosas: “Sin amor”, “Raining love” y “Hold me”, texturas que nunca había explorado ni incorporado, hay una paleta de colores mayor. En este disco me centro exclusivamente en la parte negra del rock and roll, blues, gospel, soul y r&b, dejando de lado la parte más blanca, el rockabilly y country. No ha sido a conciencia, pero es verdad que llevo muchos años escuchando solamente música negra. De todo lo que tenía en la cabeza, esto es lo que ha salido. 

Todos conocemos tu pericia instrumental y por extensión la de la banda que te acompaña, pero tampoco podemos negar que de la producción se encarga un nombre mayúsculo. ¿Hasta qué punto condiciona el resultado final la presencia de Jimmy Sutton? 

Alba: Vamos a corregir eso. Jimmy ha colaborado bastante en las canciones, la letra y la melodía es mía, pero ha aportado mucho. En algunas me ha dado partes de un estribillo y hemos tocado todas las estructuras prácticamente. Ha hecho bastante cositas. No solo se ocupa de la cacharrería, sonido y producción. Jimmy y yo hemos trabajado desde la preproducción hasta la producción final, que ya se remató en Chicago, donde estuvo más por su cuenta. Ha trabajado mucho la parte compositiva de las canciones conmigo, digamos que las ha “maqueado” de alguna manera, las ha hecho crecer de forma orgánica bastante. 

Arrancas muy potente y elegante en “Number one fool”, una canción donde al final vienes a decir que es imposible luchar contra el amor. ¿No podemos luchar contra el amor? 

Alba: Bueno, ya sabes. A veces pensamos que estamos haciendo el tonto, pero es lo que toca. Me temo que ahí hemos estado todos y lo seguiremos estando. 

“Devil in my Bed” es un bluesazo vacilón y serpenteante que a ratos solamente se sustenta en una batería, dando una sensación por momentos muy lo-fi. ¿Cómo afrontasteis la grabación de un tema así? 

Alba: Esa canción tiene una base rítmica muy fuerte, la verdad. El disco se ha tratado con mucha elegancia y delicadeza, algo que se debe a Jimmy, ya que todos sabemos que no trato las cosas así (risas). La grabación del tema fue muy divertida, teníamos muchas ganas de hacerlo. Era mi primer tema en castellano. Grabamos parte en Valencia y rematamos detalles en Chicago. Estoy muy contenta con el resultado final. 

En “Sin amor” te haces acompañar de un tipo al que tenemos mucho aprecio en nuestra web como JD McPherson. ¿Cómo surgió la posibilidad de hacer un dueto con él? ¿En qué anda liado ahora mismo? 

Alba:
La colaboración surgió porque es admirador del proyecto. Nos conocimos el año pasado en un festival y me dijo que le gustaba lo que hacíamos. Me comentó que sabía que andábamos acabando la producción de un nuevo disco con Jimmy Sutton. Fue una cosa sencilla. Me dijo que le encantaría grabar con nosotros, le pasamos el disco y le gustó esa canción. Me llamó mucho la atención que se decidiera por una composición en castellano. Le da un toque súper especial al tema. Tiene gracia que haya escogido esa precisamente. 

Hay un clasicismo innegable en temas como “Barracuda” y “I feel fine”, o “Raining love”, que mucho me temo se va a convertir en un auténtico bombazo en tus conciertos, que creo que entronca con trabajos anteriores. 

Alba: Hemos dado algunos conciertos y la peña flipó con “Raining love”, es un tema novedoso y diferente. Además, es una canción que me da juego a nivel vocal, me deja tocar otros terrenos que antes no tocaba. Creo que tendrá bastante buena acogida, pienso que va a estar bastante bien. 

Permíteme la broma, pero escuchando “Hold Me”, que retrotrae a las grandes divas del soul, he pensado que en esta gira te va a tocar parar en los conciertos, entrar al camerino y enfundarte un traje de noche al estilo de las clásicas del género. 

Alba: Lo del vestido no lo sé. No soy mucho de ponerme vestidos (risas). La hemos tocado alguna vez y puedo decirte que me emocioné mucho, casi lloro. Por otra parte, cuando estuvimos grabando me costó un poco creerme que podía hacer esto. Es una canción íntegramente mía, pero veía como que me faltaba algo. No me lo creía. Es una composición que pensaba que debía cantarla alguien que cante mejor que yo. Me he quitado la mala idea y me he lanzado. Si la he compuesto es porque podré hacerla. Ha sido un reto. Me ha quitado muchos miedos. Es de mis canciones favoritas del álbum, me encanta haber podido llegar a esos niveles de profundidad. 

Los que te hemos visto en directo sabemos que de actitud, estilo tocando y voz, vas sobrada. 

Alba: Muchas gracias. 

“Soy una persona autoexigente y perfeccionista con mi trabajo” 

Atendiendo a las salas donde vas a tocar, sin ir más lejos, al concierto de Madrid, vemos otro crecimiento en los aforos de las mismas. ¿Existe algún tipo de presión al respecto? 

Alba: Estoy abierta a un crecimiento cien por cien. No tengo expectativas, intento no crearlas. No me gusta llevarme decepciones y sentirme una fracasada. Estoy abierta a que esto me lleve dónde me tenga que llevar. Creo que tengo derecho a pensar en más grande. Desde 2017 ha habido un crecimiento constante, cada año ha sido mejor que el anterior. Es verdad que de alguna manera me siento presionada a seguir mejorando. Soy una persona autoexigente y perfeccionista con mi trabajo. Quiero componer, cantar y tocar cada vez mejor. Trato de tomarlo con calma, porque si no voy a disfrutar será un error. El objetivo principal de tocar la guitarra en su momento era disfrutar. Tenemos las salas que tenemos y muy buenas previsiones, veremos cómo va. 

No queda nada para el décimo aniversario de La Perra Blanco. ¿Hay alguna idea flotando en el ambiente para conmemorar dicha efeméride?

Alba: Ahora mismo no sé ni cómo vamos a acabar este año, como para pensar en un décimo aniversario. Entiendo que va a depender de cómo vaya todo. Estoy tranquila, trato de disfrutar y que venga lo que tenga que venir como tenga que venir.

El mejor momento de Luis Brea


Sala Copérnico, Madrid. Sábado, 14 de marzo del 2026. 

Texto y fotografías: Jorge Bravo “ El Guru”. 

Un año después, Luis Brea volvía a llenar la sala Copérnico para presentar su nuevo single “Susan”. Precisamente con este adelanto de su nuevo disco que se encuentra grabando en estos momentos comenzó un show inolvidable para todos los presentes. Y es que la conexión que tiene Luis con su público es tal que no era difícil ver caras de emoción y hasta alguna lagrimita durante la sincera interpretación de unos temas que ya forman parte de lo mejor que se ha escrito en los últimos 15 años en el pop español. 

Enseguida y con una banda perfectamente engrasada empezaron con ese power pop que tan bien se le da con la infalible triada de “Amanece”, “Como una ola” y “Nueva generación”. Eso se llama salir a matar. El concierto no tuvo momentos bajos y es que como decía mi amigo Alberto, Luis no tiene canción mala. Y es a quien no le dé un pellizco en el corazón temas como “Mucho mejor” o “Más de veinte” directamente carece de él.

Hubo incluso algún olvido en la letra de “Singles” que el artista capeó con buen humor: “Es que somos muy puretas“, dijo con sorna. Yo afirmo que está en su mejor momento pasados los cincuenta, Tiene la seguridad para meterse entre su público y marcarse un “Automáticamente” junto a una de las sorpresas de la noche, la soberbia “La cuenta atrás”, con mezcla de soft listening y sintonía de “Vacaciones en el mar”, en la que un emocionado Luis se marcó un baile dejando boquiabiertos a los presentes. 

Para los bises escogió "After crisálida" y la fiesta final con “Supermariachi”. Éxito total en una noche para el recuerdo, si el mundo fuera justo su próximo paso seria llenar la Riviera, lo merece.

U2: "Days of Ash"


Por: Javier Capapé. 

Hace un mes escaso, U2 nos entregaba por sorpresa un EP rompedor y totalmente pegado a la actualidad, aunque a tenor de los acontecimientos quizá se haya quedado ya obsoleto tras los modos megalomaníacos del presidente de los Estados Unidos. Sus políticas y desgraciada actualidad por las actuaciones del ICE son protagonistas de una de las seis canciones que conforman este EP (aunque se les adelantase "el Boss" para alzar esta bandera), pero los tiempos van tan deprisa que en este momento nos faltaría otra muesca en esta colección de canciones tan politizadas. Israel y su conflicto con Gaza también aparece en uno de los temas, al igual que la guerra de Ucrania y las violaciones de los derechos humanos en Irán. Estas canciones (cinco más un interludio con forma de poema musicado) son tan potentes y desgarradas como los temas de los que tratan. Una patada encima de la mesa como llamada de atención que intenta remover conciencias, porque sería una lástima que solo formaran parte de nuestro particular hilo musical de fondo. Bono y los suyos siempre han estado cerca de los problemas que azotan la actualidad. En ocasiones han sido criticados por ello, pero quizá debamos centrarnos en lo estrictamente musical (aunque sea algo bastante difícil) para adentrarnos en estos “días de ceniza” si queremos extraer lo mejor del EP.

¿Son estas canciones un soplo de aire fresco en la carrera de U2? ¿Son necesarias? ¿Renuevan su sonido? Todas estas preguntas las hemos podido leer en diferentes medios en las semanas que han pasado desde su lanzamiento, y quizá cuando hablamos de un grupo con casi cincuenta años a sus espaldas es inevitable plantear las mismas. No sabría decir si son necesarias, ni siquiera si es necesario un nuevo disco de los irlandeses (que ellos han anunciado para este mismo año), pero desde luego que estas canciones no molestan ni desentonan en su currículum. Más bien se muestran frescas, urgentes y bien construidas. Son un acierto, sobre todo si nos fijamos en los lanzamientos más vacuos que han protagonizado en este nuevo milenio. Tampoco es que nos retrotraigan a sus mejores años, esos que les llevaron hasta su cénit con “Achtung Baby”. De hecho, el que sus espectáculos en la residencia en el Sphere de Las Vegas giraran en torno a ese disco no es que les haya llevado a buscar ese punch, pero al menos el EP nos recuerda a los momentos más sólidos de aquel “How to Dismantle an Atomic Bomb”, su último largo explosivo, su más acertada colección de canciones en conjunto de sus últimos veinticinco años. Es más bien una entrega salvaje, incendiaria por momentos, aunque sin asumir excesivos riesgos, pero sí, consigue convencer. Tal vez a esto ayude que sea una entrega concisa y ajustada, que no se va por las ramas como sí ocurría con la interminable lista de revisiones que nos llevó hasta el hastío en “Songs of Experience”. “Days of Ash” gusta porque no empacha, pero puede que le siga faltando algo para hacerlo más grande.

El riff con el que arranca “American Obituary” es en sí mismo una declaración de intenciones. Muestra la furia contenida en un tema que duele y desgarra, pero que sobre todo se nos muestra con furia, como esa que el pueblo lanza contra la mala praxis del ICE en sitios como Minneapolis, contra su existencia en sí misma. El pueblo en boca de Bono es el protagonista de estas proclamas y la furia tras las cuerdas de la guitarra de The Edge es el hilo que las conduce. Un bajo musculoso por parte del elegante Adam Clayton domina las estrofas, con un Bono que recita más que canta, hasta que la guitarra recrudece un acertado estribillo. No es “Vertigo”, pero se le acerca, aunque más bien podría emparentarse con aquel divertimento que fue “Hold Me, Thrill Me, Kiss Me, Kill Me”. “The Tears of Things” pretende ser más poética desde su concepción, con una guitarra acústica que le da ese aire profundo que va adquiriendo cuerpo al entrar Larry Mullen con su pegada y los brillos eléctricos de The Edge se sienten más presentes, aunque para ello haya que esperar un poco. Está planteada como una conversación entre “David” y su autor Miguel Ángel para plantearnos el concepto de la violencia entre los pueblos. Abarca demasiado y tal vez no aprieta lo suficiente porque su fuerza queda tapada, de alguna forma, por un desarrollo algo pesado y contenido. La que sí se muestra más convincente desde su ligereza es “Song of the Future”, en la que es protagonista Sarina Esmailzadeh, asesinada por las fuerzas de seguridad iraníes durante las protestas juveniles de “Mujer, Vida y Libertad” en su país. En ella se siente el activismo como sostén y esperanza y se acompaña de un estribillo que resuena fácilmente en nuestras cabezas, aunque sin llegar a las cotas de estándares activistas previos del grupo como el que protagonizase en “Pride” Martin Luter King. Tampoco es que queramos compararla con ésta, pero es inevitable por su mesianismo intrínseco. Cumple y, sin que nos demos cuenta, la estamos tarareando de forma enérgica, que no es poco.

“Wildpeace” es un poema israelí de Yehuda Amichai que interpreta a modo de interludio la artista nigeriana Adeola Fayehun recordando los conflictos que también manan del continente africano, nunca demasiado lejos de todo este sinsentido internacional. Una reflexión global sobre la paz y el absurdo que flota alrededor de cada conflicto que la trastoca. El poema se sostiene sobre una base sintética a cargo de Jacknife Lee, que lleva también las riendas de la producción en el resto de los temas del EP. Una producción que no arriesga, pero intenta sonar actualizada, como ocurre en “One Life at a Time”, con unas guitarras bien procesadas (desde luego el trabajo de The Edge es el que más destaca del conjunto y el que les mantiene unidos a la marca U2), pero con un resultado global más bien tibio. Un comienzo etéreo que camina lento y que no consigue resaltar más allá de las subidas vocales de Bono para intentar conferir cierto tono épico, pero sin explotar. De nuevo es el mensaje el que se impone a la pegada, resaltando el conflicto entre Israel y Palestina a través del asesinato Awdah Hathaleen en Cisjordania por un colono israelí.

“Yours Eternally” cierra este breve lote con el pop de masas por bandera, algo a lo que ayuda que colabore en la misma Ed Sheeran. También participa el músico ucraniano Taras Topolia, convertido ahora en soldado, fiel reflejo de la deshumanización de la guerra, concretamente en el enquistado conflicto ruso-ucraniano. Posee una melodía brillante y colorista que se apodera de estrofas y estribillos provocando tanta atracción como escasa novedad. Un tema de estadio, sí (de hecho su final es calcado al de “A Sky full of Stars” de Coldplay), para corear con los brazos en alto mientras flota el confeti y los fuegos artificiales, pero que suena algo impostado. Demasiado evidente y de estructura fácil que te arrastra, aunque sin llenarnos realmente. Palabras obvias que pretenden conmovernos, pero que terminan olvidándose demasiado pronto.

En definitiva, “Days of Ash” es el nuevo contenido de un grupo que siempre estuvo en nuestro radar, pero que no termina de levantarnos del letargo en el que nos dejaron hace ahora demasiado tiempo. Más allá de su mensaje, con el que han pretendido no quedarse lejos de lo que mandan los cánones de su adquirido compromiso, nos dejan algo indiferentes. Mejor de lo que cabría esperar tras sus últimos lanzamientos, pero definitivamente fríos. Quizá haya esperanza en su anunciado nuevo disco, pero también habría que poner en barbecho esta afirmación hecha a la ligera como respuesta a este inesperado lanzamiento. ¿Habrá nuevo disco, finalmente, de la banda irlandesa? No seré yo quien me lance a contestar a bote pronto, pero mientras eso llega será mejor que busquemos el asombro como siempre hemos hecho con ellos, donde las calles no tienen nombre. Esas que si se encuentran seguirán alumbrándonos el camino correcto.

Rojo Omega: “Deseo Concedido”


Por: Txema Mañeru.

El cuarteto madrileño de punk-rock ha cumplido 30 años de vida. Su trayectoria ha sido algo discontinua y la verdad es que pensábamos se habían disuelto tras los estragos del pandemia. Su anterior disco, fue el cuarto LP y salió publicado en 2019, pero cuando fueron a presentarlo todo se complicó y el proyecto quedó en stand by. “El Elixir” contó ya con la producción del prestigioso Dani Alcover (Dover, Ángel Stanichm, Depedro, La La Love You) pero solo pudieron hacer un concierto de presentación.

La decadencia llegada tras el COVID acabó con el abandono de la formación de dos históricos de la banda como Ricardo y Blote. Anteriormente contaron también con la buena y prestigiosa producción de Fernando Pardo (Sex Museum, Los Coronas) para “Como Un Diablo”. Se mantuvieron unidos Bruno (voz y Guitarra) y Juanma a la batería, alo que se les unieron la sangre fresca de Klavo y Álex. Por si fuera poco han sido fichados por el prestigioso sello Ghost Highway Recordings a quienes les gusta editar sus trabajos en cuidados vinilos. En este caso con el guapo diseño de la portada y del inlay de Leviathan. Las raíces musicales del proyecto las marcan ellos mismos con el rock en español de Burning, Ilegales o Parálisis Permanente, aunque luego les encantó la explosión escandinava de los 90 con bandas como Hellacopters, Gluecifer o Turbonegro a la cabeza. Eso sin olvidar el punk de Nuevo Catecismo Católico, Discípulos de Dionisos o Motociclón. Unos Motociclón que les han acompañado en la exitosa presentación del disco en Gruta 77.

El disco arranca con la potencia salvaje de "Imparable". Voz brutal de Bruno y riffs hard rock que se mueven entre Velvet Revolver y Black Sabbath. El guapo estribillo ya tira por derroteros más punk. "La Revolución" tiene un bajo ultra-saturado punk y unos buenos riffs que beben casi de los Clash o Social Distortion. A eso hay que añadir un buen estribillo melódico y una buena historia en la letra. "Ahora Que No Queda Nad" es puro Hellacopters en sus riffs, otro buen estribillo y hasta cierto punto a bandas de Euskadi más recientes como Porco Bravo, Negra Calavera o los Rat-Zinger. Cierra la cara A "Mi Alma Atómica" con un sorprendente inicio y una explosión brutal que remite a los Lagartija Nick más crudos hasta en su letra. Buenos riffs y punteos para un tema que es un himno.

La cara B la abre "Rápido". A pesar de su título, tiene un arranque melódico precioso con buenas guitarras al mejor estilo de los Manic Street Preachers. En su buena letra nos hablan de que “Siempre gana el algoritmo”. "A Cabeza Descalza" combina riffs que se mueven de The Clash a The Replacements con coros muy punk que pueden gustar hasta a seguidores de bandas históricas como Eskorbuto. La buena letra de "No He Vuelto A Pensar En Ello" es de Jesús Fuente, donde combinan, una vez más, fuerza y melodía. Los punteos más melódicos de Klavo son de los más destacados del disco. La despedida es por todo lo alto es con "Esto Duele". Les ayuda en los coros Sanny Sayonara y es un brutal y épico final en onda Social Distortion con riffs y sección de ritmo al unísono de nuevo con estilo de himno. Algunos punteos más heavy se acercan a Motörhead, Thin Lizzy o hasta Judas Priest

A los buenos resultados finales ayudan las expertas mezclas del mago Dani Alcover que hacen que este trabajo sea el que mejor sonido tenga entre su discografía. Con este sonido y esta fuerza seguro que serán muy bien recibidos en cualquier escenario.

Nat Simons: “Pregúntale a Sarah Connor”


Por: Txema Mañeru.

El título del nuevo álbum de la madrileña está inspirado en “Terminator 2”, y ella misma dice que el disco, en general, se mueve entre la distopía y la ternura. Ambas cosas tenemos a lo largo de este, su mejor trabajo. Disco que vino precedido por un espectacular primer single titulado "Delorean" y grabado en Nashville de la mano del prestigioso Álex Muñoz (Nikki Lane, Margo Price) y que contó en las mezclas con un Jaquire King que ha trabajado con Kings Of Leon, Tom Waits o Bruce Springsteen. En la batería además tenemos a Fred Eltringham (Lucinda Williams, Sheryl Crow) mientras que en la masterización cuenta con el prestigioso Pete Lyman, que ha trabajado con Chris Stapleton, Brandi Carlile o Weezer. Un tema con ecos a Lou Reed y a Aurora Beltrán. Buenos riffs y mejor estribillo y un videoclip con el look de Nat emulando al de Sarah. Una canción que parece transportarte a momentos felices en tu vida. 

El segundo adelanto fue un "Llamas de Dragón" con chulos teclados y buenos riffs a dos guitarras de tonos hard-rock. Es destacada la colaboración en los coros de Marina Iñesta (Repion), quien repite en varios temas más con sus coros. "Alain Delon", tercer adelanto, también trae un cuidado videoclip. Aquí Nat tiene un lógico french look combinado con el de la más bohemia Rickie Lee Jones. Guitarras a lo Keith Richards y toques glam a unos T.Rex que tienen su presencia hasta en la letra de un tema ideal para bailar con otro buen estribillo y un tórrido saxo de Paul Thacker, en el más puro estilo Burning. 

El disco tendrá su presentación oficial en el Teatro Eslava de Madrid, por todo lo alto, el inminente 19 de marzo. Luego tendrá lugar una extensa gira en la que, en varias fechas, le acompañará su amiga Aurora Beltrán (Tahúres Zurdos), quien ya colaboró con ella en “Felinas”, álbum en el que tan bien estuvo acompañada por otras mujeres como Cherie Currie, Repion (otra que repite ahora), Anni B Sweet, Nina de Juan, Eva Ryjlen o Rebeca Jiménez, entre otras. Juntas lo bordaron, por ejemplo,  en el "La Noche Es’ que Aurora adaptó del "Because The Night", de Patti Smith

El cuarto y último single del disco actual ha sido "Especie En Extinción", de nuevo con los coros de Repion en un grito generacional sobre la crisis, la precariedad y el aplazamiento indefinido de los sueños. Casualmente, o no, estos son los cuatro primeros temas de un precioso vinilo en color azul, “Pregúntale a Sarah Connor” (Calaverita Records), con cuidada funda interior y un encarte interior con todas las interesantes letras del disco.

Esta cara A, por cierto, finaliza con una preciosa "Nieve En El Desierto",  en la que pone su voz Jairo Zavala (Depedro). Otro nombre más que importante en el disco es el de José Ignacio Lapido (091) que ya colaboró también en “Felinas”. La gran mayoría de los temas están firmados por la propia Nat y por un destacado Ánchel Solana. Pero es que la cara B está abierta por "Efímero", en la que Lapido colabora con Nat en letra y música. Repion pone también, como ya hemos dicho, sus cuidados coros en "Los Ojos Del Peligro". Un tema al que le sucede el destacado "Tan Extraño Para Mí", con letra y música del gran Lapido y con el Hammond de Joe Pisapia como instrumento destacado. 

El disco se cierra con una preciosidad titulada "Más Que A Todo Lo Demás" firmada en exclusividad por parte de Nat. Los arreglos de cuerda y los violines de Billy Contreras son un guapo y cálido detalle a un tema tan entrañable para un disco tan especial, gestado en la lejana Nashville, con la fantástica producción de Álex Muñoz y una banda y equipo de primera fila internacional. ¡Su mejor disco hasta la fecha, y uno de los discos del año, y también su mejor gira por lo que habrá que ir al Kafe Antzokia el 5 de junio, una de las citas en las que estará acompañada por Aurora Beltrán!

 

The James Hunter Six: "Off The Fence"


Por: J.J. Caballero. 

En la discografía de un músico de tan largo recorrido y prestaciones tan amplias como James Hunter hay hueco para diversos géneros, todos ellos afiliados a la misma causa, que no es otra que la de las canciones con sangre negra en las venas y borbotones de emoción en las estrofas. Cada uno de sus discos se torna un pequeño tratado de blues, soul e incluso jazz, pues apelaciones históricas a cada uno de dichos géneros hay de sobra esparcidas en cada nueva entrega, que no es sino otro regalo. En este estupendo “Off the fence”, además, recurre a la compañía de viejos maestros, más bien jefes del pasado, que le facilitan y amplían una labor en la que es un consumado experto. Van Morrison, para el que el propio Hunter trabajó como músico de sesión y de directo durante varios años, lleva la voz cantante en “Ain’t that a trip”, y es seguramente uno de los momentos álgidos de un conjunto lleno de ellos.

Ahora el cabecilla de esta banda de seis compinches perfectamente compenetrados se vincula a la música latina, más específicamente al mambo, en un tema sorprendente y riquísimo titulado “Two birds one stone”, sin ser esta la única ocasión en que los afluentes del género, léase el cha cha chá entre otros riachuelos de idéntica profundidad, inundan las composiciones recientes del británico. Puede que sea por su tendencia innata al romanticismo escéptico, el que emana de “Here and now”, o su maestría como retratista del desamor más puro, extraída de las líneas de “Let me out of this love”, sendos capítulos de melancolía en los que situar una de las claves de su estilo. 

En los medios tiempos exquisitos parecen radicar algunos de sus secretos, más explícitos en el sonido añejo y las raíces rhythm and blues que planean el grueso de su producción. Así, nos topamos con la arquetípica “Gun shy”, de ritmo trepidante y avasallador, o con el reposo jazzístico de “Particular”, y descubrimos varios rincones no por conocidos menos acogedores. Si a todo ello le sumamos la inmersión en el northern soul que supone “A sure thing”, la infalible base de “Trouble comes calling” y la espléndida y sorprendente “Only a fool”, podemos cerrar una ecuación perfecta resuelta por la brillante producción de un Gabriel Roth fiel desde hace años. Todo cuadra.

Si en las primeras décadas del siglo XXI, una época incierta y oscura para todos –también para la producción musical y sus circunstancias-, tuviéramos que buscar a un nuevo Ray Charles o a otro Sam Cooke que nos puedan salvar la vida, el nombre de James Hunter estaría en los primeros puestos de la supuesta candidatura. El pequeño trono particular de muchos y muchas ya lo tiene ocupado desde hace tiempo.