Por: Àlex Guimerà.
Muchos grupos miden su éxito en estadios llenos y presencia en los medios, luego hay otros como los Teenage Fanclub cuyo éxito se puede medir por el respeto y la devoción tanto de sus seguidores como de sus compañeros de profesión. En la década de los noventa fueron considerados al unísono, por figuras de la talla de Kurt Cobain o los hermanos Liam y Noel Gallagher, como "la mejor banda del mundo". Sin embargo los escoceses han sabido esquivar las trampas de la fama y la nostalgia masiva para construir disco a disco una de las trayectorias más honestas, sólidas y bellas del pop de los últimos años.
A las puertas de publicar su esperadísimo decimotercer álbum de estudio, "Do Not Dare To Dream" (Merge Records), y en plena cuenta atrás para una completísima gira que los llevará a recorrer 12 ciudades el próximo mes de octubre, nos sentamos a charlar con Raymond McGinley, guitarrista fundador de la banda y uno de sus compositores históricos junto a Norman Blake y Gerry Love.
FECHAS, CIUDADES Y SALAS DE LA GIRA ESPAÑOLA:
04 de octubre de 2026 San Fernando (Cádiz) Real Teatro de Las Cortes / 05 de octubre de 2026 Sevilla Sala Custom / 06 de octubre de 2026 Granada Teatro Caja Granada/ 07 de octubre de 2026 Murcia Sala Mamba! (Las Noches del Malecón) / 09 de octubre de 2026 Santiago de Compostela Sala Capitol / 10 de octubre de 2026 Oviedo Kuivi Almacenes / 11 de octubre de 2026 Bilbao Kafe Antzokia / 12 de octubre de 2026 Zaragoza Jardines de Invierno / 14 de octubre de 2026 Pamplona Zentral
15 de octubre de 2026 Madrid LAB The Club / Wagon / 16 de octubre de 2026 Valencia Sala Moon / 17 de octubre de 2026 Barcelona Razzmatazz 2
Han pasado más de 30 años desde que os juntasteis en Bellshill. Cuando escucháis hoy vuestros primeros trabajos como "A Catholic Education", ¿reconocéis a los músicos que grabaron aquello o os sentís como personas completamente diferentes?
Raymond McGinley: Creo que cuando escuchamos "A Catholic Education" —o cuando yo lo escucho, que no es muy a menudo—, recuerdo que al grabarlo simplemente intentábamos hacer lo nuestro y ser nosotros mismos; lo hicimos en cierto modo aislados. No habíamos dado conciertos; queríamos grabar el disco y lanzarlo después, de modo que la banda ya existiera para entonces. Y lo que hacemos ahora es prácticamente lo mismo.
Así que esas personas suenan, ya sabes, un poco diferentes.
Grabamos "A Catholic Education" hace ya 37 años. Pero en cuanto a nuestro enfoque de entonces y el de ahora, simplemente hacemos lo que nos apetece.
Eso sí, lo que nos apetecía hacer en 1989 es ligeramente distinto a lo que nos apetece hacer en 2026. Pero reconozco perfectamente a esas personas, porque al volver a escuchar lo que hicimos hace tantos años no me parece un mundo ajeno. Simplemente suena a que estábamos haciendo... a que seguíamos haciendo lo nuestro, lo que hacemos siempre.
Hacemos lo que nos apetece en cada momento sin cuestionarnos si es lo correcto, o si deberíamos probar otra cosa; intentamos actuar por instinto y hacer lo que queremos. Eso es lo que hicimos entonces y, en realidad, es lo que seguimos haciendo ahora.
"Bandwagonesque" os situó en el mapa mundial de la música independiente en 1991, compitiendo en las listas del año incluso con el "Nevermind" de Nirvana. ¿Sentisteis en algún momento que el éxito de ese disco fue una bendición o una presión añadida para el futuro de la banda?
Raymond McGinley: Bueno, con "Bandwagonesque" entramos en un mundo de expectativas diferentes, sobre todo en Norteamérica; estábamos en el mismo sello discográfico que acababa de publicar "Nevermind" de Nirvana, y creo que Sonic Youth también estaba allí. Existía la expectativa de que bandas como la nuestra podían vender millones de discos. Así que, para algunos de los que rodeaban a la banda, la situación se veía así: es mejor que tu sello espere que vendas millones de discos a que no vendas nada, ¿sabes? Supongo que es la situación que uno preferiría. Pero nos desconcertaban un poco algunas de esas expectativas y lo que ocurría a nuestro alrededor. Fuimos a "Saturday Night Live", lo cual estuvo genial, pero para nosotros era simplemente un programa de televisión del que nunca habíamos oído hablar.
Y luego te decían: "Hay 20 millones de personas viéndolo en directo en Norteamérica». Nosotros pensábamos: "Bueno, es solo televisión, ¿no?". Nos lo tomábamos con calma, sin darle demasiadas vueltas. No sentíamos tanta presión.
Simplemente teníamos mucho trabajo. Y cuando de repente la gente empieza a tratarte de forma muy distinta —me refiero al público que conoces en los conciertos, cuando parece que eres una banda más grande y la gente reacciona ante ti con una especie de admiración reverencial—, resulta un poco extraño. Eran cosas nuevas a las que debíamos adaptarnos en aquel momento. Pero, personalmente, disfrutaba de lo extraño que resultaba todo aquello. No sentí presión alguna.
En vuestros inicios formasteis parte de una escena escocesa increíble junto a bandas como The Vaselines, BMX Bandits o The Pastels. De Glasgow también eran Texas, Jesus & Mary Chain o Wet Wet Wet. Luego han aparecido bandas como Belle & Sebastian, Travis, Camera Obscura,...
De hecho con Belle and Sebastian compartís bajista, Dave (McGowan), que por cierto hace poco los ví en mi ciudad, y vuestro baterista Francis (Mc Donald) es el mánager de Camera Obscura.
Raymond McGinley: Sí, es cierto...
¿Qué tiene Glasgow para que surjan tantas bandas capaces de crear tantas melodías atemporales?
Raymond McGinley: Supongo que hay algo en Glasgow, tal vez una sensación de que formar una banda es algo natural. Simplemente hacerlo. Creo que a la gente le gusta la idea ese concepto frente al del genio individual o algo así.
A la gente le gustaba la Velvet Underground, igual que en todo el mundo, y la tenía idealizada, pero también seguían a The Beatles, The Rolling Stones y cosas por el estilo. Creo que siempre ha habido esa inclinación natural entre mucha gente que conocemos a decir: "Oye, vamos a formar una banda y hacer algo", pero también a hacer algo en conjunto, a poner algo en marcha con otras personas.
Porque una de las cosas más importantes para nosotros era simplemente meternos en la parte trasera de una furgoneta e irnos de gira. Francis grabó el primer álbum y luego tuvo que irse a la universidad y entró Brendan O'Hare en el grupo. Entonces, Norman, Brendan, Gerry y yo nos metimos de gira y empezamos a recorrer el Reino Unido y Europa.
Y todos estaban listos para la acción. Creo que todos queríamos hacer algo, pero el motivo era precisamente ser una banda; haciendo cosas juntos nos sentíamos bien. Y queríamos que la banda fuera una banda, en todo el sentido de la palabra.
No es como en esos grupos donde hay una persona especial y los demás quedan desenfocados al fondo de la foto o algo así. A nosotros nos gustaba, y lo sigue haciendo, que la personalidad de cada uno desempeñe un papel en la música que creamos y en cómo nos presentamos en el escenario. Y nos sentimos bien al hacerlo.
Pero, por la razón que fuera, mucha gente en Glasgow compartía también ese deseo de formar una banda y... ya sabes, a veces es simplemente la idea de estar en un grupo, sin que necesariamente hagas gran cosa de cara a los demás. Quieren recorrer el planeta entero, tal como hicimos nosotros.
Desde el principio de Teenage Fanclub establecisteis una dinámica democrática de composición entre tu, Norman y Gerard. ¿Cómo ha funcionado y protegido esa fórmula la salud interna del grupo a lo largo de las décadas?
Raymond McGinley: Al principio, cuando Brendan se unió a la banda, la situación era tal que también él formaba parte esencial en ella; los cuatro estábamos y nos considerábamos socios en igualdad de condiciones en todo el proyecto. Eso le incluía a él, no éramos solo tres. Discutíamos las cosas, compartíamos la toma de decisiones y todo ese tipo de cuestiones.
Creo que parte de ello consistía simplemente en reconocer que, en aquel momento, nadie cobraba ni nada por el estilo. Todos habían sacrificado sus vidas para meterse en la parte trasera de una furgoneta, salir a tocar donde fuera y entregarse por completo al proyecto. Así que pensamos que debíamos compartirlo todo, ya que cada uno estaba invirtiendo su vida en ello.
Ahora las cosas son algo diferentes, en el sentido de que trabajamos con personas que tienen otros proyectos en marcha. Básicamente, somos Norman y yo quienes componemos las canciones y organizamos los asuntos de la banda. Supongo que como has dicho Francis tiene sus propios proyectos, Dave toca con Belle and Sebastian y Euros Childs, y ellos tiene su propia trayectoria.
Pero para nosotros es importante que la música que hacemos —tanto por parte de Euros, Dave y Francis como de Norman y yo— refleje la personalidad de todos los implicados.
Cuando estamos en el estudio, todos aportan su talento musical al conjunto de la obra. Y, al escuchar el resultado, lo que busco —tanto antes de entrar a grabar como después— es percibir la personalidad de quienes han participado.
Sin duda, hoy en día puedo apreciar eso, por ejemplo, en la interacción entre Euros y Dave: ambos tocan de forma muy melódica. Euros no se limita a tocar acordes en el teclado; crea contramelodías. Y Dave también lo hace con el bajo.
Hay mucho movimiento melódico y cosas así, y la forma en que Francis toca la batería no es mecánica; él toca con sentimiento, con swing. Y, al igual que en el primer álbum, simplemente queríamos sonar como personas expresándose, sin obsesionarnos con cosas como "éstas son mis ideas" o "tienes que hacer lo que yo diga". Sé que hay bandas que tienen esos problemas, pero nosotros intentamos evitarlos.
Lo logramos creando un ambiente en el que, cuando estamos juntos, todos se sienten libres de decir lo que piensan y de expresarse musicalmente. Y cuando digo "decir", me refiero a que la mayor parte ocurre a través de la música, no de las palabras. No es que alguien diga: "Creo que debería tocar esto en esta canción"; simplemente empezamos a hacerlo.
Simplemente nos ponemos a tocar y las cosas surgen solas. Así que sí, para nosotros es importante que, si la música va a valer la pena, surja de la personalidad de cada uno de los integrantes.
De la distorsión ruidosa y fuzz de los primeros años pasasteis a la artesanía pop resplandeciente de "Grand Prix" (1995) y "Songs from Northern Britain" (1997). ¿Fue un cambio consciente o simplemente la consecuencia natural de haceros mejores músicos?
Raymond McGinley: Nunca hubo un cambio de estilo consciente. Como decía antes, simplemente hacemos lo que nos apetece en cada momento. Y tal vez otra cosa que influyó fue que, al principio, cuando intentábamos grabar guitarras con un sonido más limpio, no sonaban tan bien; quizá porque no sabíamos muy bien cómo hacerlo. Pero con el tiempo fuimos encontrando formas de sacar más riqueza a esos sonidos limpios, formas que creíamos que funcionaban.
Y, de nuevo, no fue algo premeditado. Simplemente nos dirigimos hacia un sonido que, sin llegar a estar totalmente saturado, conservaba cierto grado de distorsión o empuje. Además, estábamos usando cosas diferentes.
Pero también sentíamos que la potencia —y el impacto de la música— no tenía por qué provenir necesariamente de un sonido ruidoso o saturado. Se puede lograr esa misma potencia a través de la interpretación o de la forma en que tocas la guitarra. Supongo que la fuerza también puede surgir de la melodía, de la letra de la canción o de otros elementos.
Es un tipo de impacto diferente. Así que creo que empezamos a buscar un impacto distinto: uno que naciera más de la expresión humana que del tono en sí. Pero nunca nos cerramos a nada. Si hiciéramos otro álbum y compráramos pedales de fuzz nuevos, por ejemplo, y pensáramos: "Me encanta este pedal, quiero usarlo en todo". Pues eso es lo que haríamos.
Durante los años 2000 con discos como "Howdy!" o "Man-Made", vuestro sonido se volvió más reflexivo y acústico. ¿Cómo recuerdas esa etapa vital en comparación con los agitados noventa?
Raymond McGinley: Cuando hicimos "Manmade" —y por aquella época— la sensación era buena, la verdad, porque estábamos con Creation Records, al menos en Europa. Empezamos con Paper House Records para el primer álbum y luego estuvimos con Creation Records hasta el álbum "Howdy". Para cuando llegamos a "Howdy", Creation ya había cerrado y terminamos trabajando con la gente de Sony, que se había quedado con el negocio de Creation, por así decirlo.
Fue una situación un poco extraña porque tratábamos con gente que no conocíamos, aunque muchos de ellos eran muy amables y todo eso. Pero la situación resultaba un poco rara. Así que, una vez que terminamos nuestra relación con Sony y estábamos preparando "Manmade", volvimos a la dinámica de grabar un álbum y luego publicarlo.
Básicamente, volvimos exactamente al mismo método que usamos para "Catholic Education". Por ejemplo, con "Manmade", nosotros mismos pagamos la grabación. Fuimos a Chicago y trabajamos con John McIntyre en su estudio.
Actuábamos por nuestra cuenta, sin depender de las expectativas de nadie. Una vez terminado el álbum, simplemente hablábamos con gente y les decíamos: "Oye, hemos hecho este disco, ¿os interesaría publicarlo?". Eso fue lo que hicimos con Merge Records en Norteamérica en aquel entonces; ahora trabajamos con ellos en todo el mundo.
También hablamos con gente de Vital Distribution y nos dijeron que sí, que lo publicarían. Fue una buena sensación porque todo era muy sencillo; no es que tuviéramos el control absoluto, pero cuando trabajas con personas que tú has elegido —y que te han elegido a ti—, la vida es más fácil.
Con el álbum anterior, la etapa de "Howdy", la relación surgió un poco por inercia, ¿sabes?, y por eso resultaba algo extraño.
Con "Manmade", sentíamos que habíamos recuperado una vida más sencilla en cuanto a cómo interactuábamos con el mundo exterior y todo eso. Fue una sensación agradable. Lo pasamos muy bien en Chicago grabando aquel disco durante un invierno muy frío; creo que fue en 2004.
Unos años más tarde, en 2018, la salida de Gerry supuso un punto de inflexión significativo para la banda y para los fans. ¿Cómo afectó su marcha a la dinámica creativa de Teenage Fanclub y cómo redefinisteis el camino a seguir?
Raymond McGinley: Bueno, obviamente, cuando Gerry dejó la banda ten en cuenta que habíamos trabajado con él desde 1989; así que llevábamos casi 30 años trabajando juntos.
Como es lógico, eso iba a afectar a la dinámica. Y esto se relaciona con lo que decía antes sobre nuestra forma de trabajar: las personalidades son importantes. Cuando la gente trabaja como nosotros lo hacemos, todos los presentes —y todos los miembros de la banda, estén o no allí físicamente— influyen no solo en el sonido, por así decirlo, sino también en la forma en que interactuamos entre nosotros.
Así que, evidentemente, eso tuvo su impacto. Pero, una vez que supimos que Gerry quería dejar la banda, decidimos volver rápidamente al estudio para crear material nuevo de inmediato y ver cómo funcionaba esta nueva etapa.
Queríamos tener canciones nuevas listas para tocar en cuanto empezáramos a dar conciertos sin Gerry. No queríamos que nos vieran simplemente como una banda del pasado o un grupo nostálgico; nos consideramos una banda actual.
Por eso fuimos a un estudio en Hamburgo en enero de 2019.
Gerry se marchó, creo, en noviembre de 2018; así que, apenas seis semanas después, volvimos al estudio para retomar la creación de música nueva. Contamos con Euros para los teclados, y David pasó de los teclados al bajo, ya que él es bajista.
Simplemente nos ponemos a trabajar en canciones nuevas y material inédito, tal como siempre lo hemos hecho. Y pensamos: "Oye, sí, esto se siente realmente bien".
Hemos vivido cómo cambian las dinámicas; ya nos pasó en los inicios, cuando pasamos de tener a Francis en la batería a tener a Brendan.
En nuestro primer álbum, algunas canciones las tocó Francis y otras Brendan. Si las escucho, me suenan completamente diferentes. Incluso hay temas que Brendan volvió a grabar después de que Francis los hubiera hecho originalmente.
La sensación general es distinta. No es cuestión de si es bueno o malo; simplemente es así. Hemos pasado por muchas cosas.
Hubo una etapa en la que Brendan no estaba y entró Paul; luego Paul siguió en la banda y Francis también estaba... Hemos atravesado varios cambios. Pero con quien más tiempo hemos estado es con Gerry.
Sin embargo, somos personas optimistas. Y esta banda que hemos construido a lo largo de los años es el mundo en el que vivimos a la hora de crear música juntos. Así que simplemente mantuvimos el optimismo y nos enfocamos en lo siguiente: "Vale, ¿qué viene ahora?". Y aquí estamos, en esta nueva realidad. Simplemente afrontamos la situación en la que estamos.
Este próximo 9 de octubre publicáis un nuevo trabajo, "Do Not Dare to Dream", que hemos podido escuchar y nos parece una maravilla. Un disco lleno de sensibilidad ideal para detener el tiempo y degustarlo, y para mi uno de los mejores discos pop de los últimos años. ¿Qué nos puedes contar del nuevo álbum?
Raymond McGinley: Bueno, en cuanto al nuevo álbum, empezamos a grabarlo este año, a finales de enero, en un estudio llamado Black Bay Studios; está muy al noroeste de Escocia, en una de las islas más remotas, concretamente en una pequeña isla situada al otro lado de esa otra isla mayor, llamada Great Bernara.
Siempre estamos buscando nuevos lugares a los que ir. Dejamos bastante trabajo pendiente para cuando llegamos al estudio, como terminar canciones y cosas por el estilo. Así que queremos que el lugar elegido tenga cierto impacto en el sonido del disco.
Y creo que el sonido de un disco es algo fortuito, en cierto modo. Tienes una idea de lo que vas a hacer, pero más allá de lo que pienses, las cosas surgen como surgen, ¿sabes? Y pasamos una buena temporada allí, un par de semanas.
Además, creo que cuando nos disponemos a grabar un disco, no tenemos una idea exacta de cómo será el resultado; yo aún no sé cómo son las canciones de Norman porque no están terminadas, y él tampoco sabe cómo son las mías. Tampoco sabemos qué sentiremos todos una vez que entremos en el estudio.
Así que nos gusta arriesgarnos y ver qué pasa. Estamos satisfechos con el resultado final. Creo que hay arreglos de teclado muy buenos en este disco.
Creo que Euros tocó partes de sintetizador y pequeños detalles... musicalmente, hay cosas muy buenas. Y, en cuanto a las letras, supongo que Norman y yo simplemente intentamos expresar cómo nos sentimos en ese momento concreto. Pero sí, estamos bastante contentos con cómo ha quedado todo.
El título "Do Not Dare to Dream" ("No te atrevas a soñar") suena a la vez a advertencia realista y a una ironía melancólica. ¿De dónde surge esta frase?
Raymond McGinley: Bueno, a Norman se le ocurrió eso porque —no sé si a vosotros os pasa lo mismo- aquí vemos muchas cosas tipo meme, o esos cartelitos inspiradores que dicen «vive, ríe, ama» o «atrévete a soñar»... ya sabes, esa especie de mensaje insulso de «piensa en positivo y todo se hará realidad»...Ya sabes, ese tipo de cosas. No fue idea mía; fue de Norman.
Él decía que esas cosas de «atrévete a soñar» son un poco ridículas. Así que la idea es más bien «no te atrevas a soñar». Pero también creo que los títulos de los álbumes deben tener un efecto que permita a la gente proyectar sus propios pensamientos en ellos; que signifiquen lo que cada uno quiera que signifiquen.
Por eso conviene que sean un poco enigmáticos. Creo que el título de un álbum no tiene por qué significar algo concreto; basta con que transmita una cierta sensación que acabe asociándose al disco. Piensa, por ejemplo, en un álbum como "Man Made" o algo así. No recuerdo exactamente el proceso mental; creo que fui yo quien propuso llamarlo "Man Made". Pero el título transmite una cierta atmósfera, una sensación propia del disco.
Así que sí, al final el título se convierte en una especie de lienzo en blanco donde la gente proyecta su propia interpretación de lo que significa.
Leía hace poco el músico argentino Fito Páez que decía en contra del abuso de las tecnologías algo así como que si hubiera un apagón, la mayoría de discos y música desaparecerían. Vuestro nuevo disco es fundamentalmente acústico ¿Es una vuelta a los orígenes de la música?
Raymond McGinley: La era moderna de la música grabada ha sido en realidad un periodo muy breve dentro de la historia de la creación musical humana.
Es como... bueno, la gente —y quizá siempre haya sido así— tiende a pensar que nuestra época es la más importante y que lo verdaderamente relevante ocurre ahora. ¿Cómo podría haber existido algo antes de que las cosas fueran como son hoy? La música grabada no lleva tanto tiempo entre nosotros; bueno, supongo que ya se acerca a los cien años o algo así.
Pero, comparado con los miles de años que llevamos haciendo música, es casi nada. Así que, pase lo que pase, la gente seguirá haciendo música, ya sea como lo hacemos ahora, o simplemente entre amigos o familiares tocando unos para otros, o de cualquier otra forma.
Al hacer este disco queríamos que sonara natural, porque actualmente es muy fácil crear un álbum con solo pulsar un botón y dar una instrucción; la tecnología genera música que, si quieres, suena perfecta. Así que ya no tiene mucho sentido buscar eso. La máquina ya puede crear un disco perfecto a base de un pastiche de todo lo que se ha hecho anteriormente.
Este próximo mes de octubre hacéis una gira española por hasta 12 ciudades, terminando en mi ciudad Barcelona el día 17. ¿Qué tiene nuestro país a diferencia de otros países como Francia o Alemania que tanto éxito tenéis?
Raymond McGinley: Estamos muy contentos con eso, la verdad. Hemos conocido a gente estupenda a nivel local, con quienes trabajamos. Pero creo que hay algo que se remonta a nuestros inicios; creo que la primera vez que tocamos en España fue con Nirvana, allá por 1992. Y, por lo general, siempre hemos sentido una buena conexión con el público; nos ha parecido un público muy entendido a la hora de captar la música, pero también muy entusiasta, sin pretensiones ni aires de grandeza, lo que permite que la gente se exprese con total libertad. Nos encanta esa sensación de comunidad, esa percepción de que algo especial está a punto de ocurrir en la sala. Y ojalá siga así por mucho tiempo. Nos fascina.
Tenéis un público fiel que os ha acompañado durante más de tres décadas. ¿Cuál es el secreto para mantener la frescura y la honestidad en el escenario sin caer en la mera nostalgia?
Raymond McGinley: Bueno, una de las cosas que hacemos conscientemente es tratar de evitar caer en demasiada nostalgia. Creo que estamos contentos siendo quienes somos ahora. Es decir, estaría muy bien tener 37 años menos, como en 1989. Pero sería un poco triste intentar ser aquellas personas siendo quienes somos ahora. Y cantar las canciones antiguas está bien, pero también queremos hacer temas nuevos; nos gusta avanzar un poco. Para nosotros, es una sensación mejor intentar ser nosotros mismos ahora, haciendo lo que queremos hacer en este momento. Preferimos eso, integrar todo lo que hemos hecho y que todo forme un todo coherente, a simplemente decir: "Oye, el grupo se separó hace 20 años y nos hemos reunido porque alguien nos ofreció mucho dinero para celebrar la época de principios de los 90", o algo así. No pretendo faltar al respeto a nadie que haga eso; todo el mundo tiene que ganarse la vida. Y quién sabe, puede que llegue un momento en el futuro en el que acabemos haciendo eso durante una temporada. ¿Quién sabe? Pero, mientras podamos, preferimos ser nosotros mismos ahora. Nos gusta grabar discos nuevos y nos gusta tocar las canciones de siempre.
No hay ninguna etapa de nuestra historia de la que nos avergoncemos. Creo que nos mantenemos frescos simplemente haciendo siempre lo que queremos y lo que nos apetece hacer. Nunca —o más bien, tratamos de no hacerlo— cuestionamos nada en absoluto.
A menudo se os etiqueta como los herederos del power pop de Big Star o The Byrds. ¿Os sentís cómodos con estas etiquetas hoy en día o creéis que encasillan vuestra música?
Raymond McGinley: Bueno, el término power pop no significa tanto para mí como para mucha gente; ya sabes, el género en sí no suele tener tanta importancia. Creo que el primer concierto al que asistí fue de Todd Rundgren —bueno, era Todd Rundgren's Utopia—; a Todd Rundgren se le consideraría más tarde una especie de icono del power pop o algo así, pero aquel concierto de 1977 pertenecía más bien a la era del rock progresivo, aunque él seguía tocando temas muy cercanos al pop. Sin embargo, la etiqueta power pop a veces hace que algunos de los discos de las bandas que has mencionado —digamos, los de The Byrds o... ya sabes, siempre decimos que es curioso que sean bandas cuyos nombres empiezan por "The": The Byrds, The Beach Boys, The Beatles, Badfinger, etcétera— parezcan más grandes y ricos de lo que el término power pop sugeriría, en mi opinión.
Cada persona tiene su propia manera de describir lo que le gusta en cuanto a música y demás; personalmente, el tema de los géneros siempre me ha resultado un poco confuso. Yo tiendo a pensar que cada disco es diferente; cada álbum de The Beatles es distinto, y lo mismo ocurre con los de The Byrds, así que me resulta difícil ponerle una etiqueta concreta a cualquier cosa.
Mirando hacia el horizonte, después del lanzamiento del disco y de completar la gira ¿qué le queda por cumplir o experimentar a Teenage Fanclub?
Raymond McGinley: Lo único que nos queda por lograr y experimentar es simplemente más de lo mismo, siempre y cuando tengamos ganas y nos sintamos bien haciéndolo. Ya sabes, puede llegar un momento en el que digamos: "Bueno, ¿sabes qué? Ya he tenido suficiente de esto". Pero por ahora no es así; seguimos disfrutándolo y queremos seguir sintiendo eso... quienes grabamos discos sentimos una especie de necesidad extraña de crear algo que se convierta en un disco que otros escuchen, y esa sensación persiste. No se siente como una obligación ni como algo que hacemos por dinero; simplemente es nuestra vida y es lo que hacemos. Si esa sensación cambia, probablemente dejaremos de hacerlo, pero de momento no es así. Ese día llegará, claro, en algún momento —ya sea por accidente, por elección propia o ajena, por azar o lo que sea—, pero ahora mismo estamos disfrutando del momento, de hacer lo que hacemos y de ser quienes somos.

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