Por: Kepa Arbizu
Si la pandemia, y su obligado enclaustramiento, significó para muchos músicos un paréntesis -más o menos estático según los casos- deshecho con la llegada de los hábitos comunes ya sin carga vírica, para Pepe Ferrández, líder de los siempre añorados Dixie Town, fue el inicio de un nuevo proyecto en solitario. Así se debe entender Blue Unicorn, que en el presente suma ya el quinto capítulo, bajo el título "Played by Humans, Sung by Animals", de un trayecto que se escribe desde el estudio casero del compositor convertida en guarida desde la que invoca, rodeado de instrumentos y "cachivaches", la herencia de los sonidos afroamericanos a través de una puesta en escena orgánica en su grado máximo, devolviendo la experiencia musical a su naturaleza más pura e íntima. Canciones, que en esta ocasión, se traducen como un paseo cronológico y casi enciclopédico a través de unos ritmos que van desde el gospel hasta el hip hop pasando por Marvin Gaye, Funkadelic o Prince. Una cartografía sobre la que hablamos con su máximo inspirador, quien abre las puertas de su gruta para poner voz, siempre portentosa, a ese ser mitológico llamado Blue Unicorn.
Lo primero que me ha llamado la atención de este disco es la imagen de la portada, me ha recordado al “Underground”, de Thelonious Monk, no sé si es una asociación mía o habías pensado en ello…
Pepe Ferrández: No me puede gustar más esa´comparación. Es una portada que me fascina probablemente y de manera subconsciente haya algo de eso. Hay cierto romanticismo en verse en un bunker buscando belleza.
En el plano musical, y sabiendo que tus influencias, o parte de ellas, se remontan a la tradición de los sonidos americanos, he notado un concepto sonoro más expansivo hacia ritmos afroamericanos ligados al funk-soul, ¿tenías esa idea de centralizar alrededor de ese ambiente el disco?
Pepe Ferrández: Para alguien que viene del blues y las raíces de la música americana en general, casi cualquier cosa que haga trasgredir los limites (risas), y al final uno acaba sonando a lo que escucha día a día y en los últimos tiempos mis influencias se han ampliado y han crecido. Hay un vínculo común que ha servido de guía, como comento en el texto de presentación del álbum, y es que mi "dealer" de vinilos ha cambiado radicalmente y está fuera del algoritmo, y eso me encanta. Hago referencia ello en el texto que seguro has leído de presentación del disco.
Hace tiempo que me cansé de la escalada esnob del precio de los vinilos, pero eso no quiere decir que no compre música como un adicto, es que simplemente he cambiado de "dealer". En un almacén de muebles, un rastro con antigüedades y decoraciones rústicas perdido en una carretera de pueblo en el noroeste peninsular encontré el tesoro de sierra madre. En una zona cerrada al paso con cacharros dispuestos para su clasificación y etiquetado había enormes estanterías de vinilos llenos de polvo y humedad. Llevo 4 años escarbando en aquella extraña colección para sacar a la luz todos los placeres culpables y grooves inconfesables que me han volado la cabeza en los últimos tiempos. Aquella colección estaba llena música disco de finales de los 70, Instrumentales de librería de los mejores cócteles de los 60, gemas de pop sueco, Joyas de Pub Rock, new Wave…y lo mejor de todo en un noventa por ciento música absolutamente desconocida y perdida en el tiempo y sobre todo al margen de los algoritmos (que es lo más interesante). Divas y divos todos ellos olvidados y fastuosos.
Estas canciones me conectan especialmente con tu anterior EP, “Beyond Sight”, hecho de “descartes”, ¿sientes que el proyecto va cogiendo una identidad sonora hacia ese camino o es simplemente el reflejo de una época musical propia?
Pepe Ferrández: Esos descartes de "Nobody Loses All the Time" que se llamó "Beyond Sight" iban, como dices, en otra dirección. Se veía algo nuevo que necesitaba domar, con el uso de los sintes, las percusiones, el contrabajo…los pianos acústicos se abrían un montón de opciones que ofrecían la oportunidad de ofrecer mi propia versión de músicas que me encantan. Decidí abrir la puerta a todas ellas, pero pasadas por el tamiz de mi viejo blues y sin olvidar que las letras deben hablar de cosas importantes para uno mismo y que el objetivo es transmitir de un modo genuino tratando de no replicar clichés.
Siguiendo con las asociaciones/influencias, que un tema se titule “What’s Going On!”, y que Marvin Gaye deje su rastro en canciones como “Air”, ¿es también una coincidencia?
Pepe Ferrández: Vaya, ese es mi disco favorito de Gaye y para mi sin duda en el top cinco de los mejores discos de la historia de la música así en general. Si bien en "Air" pesan más otras influencias de la música negra como Shuggie Otis o Timmy Thomas, sí que hay en general un tono muy "What’s going on" en el disco en el sentido más lirico del mismo. Este álbum es el trabajo más pegado al mundo al que vivo que he grabado nunca, con canciones que hablan de los grandes dramas de nuestra sociedad como "Jesus is lord", un tema antibelicista con un marcado acento contra las guerras con la excusa de una religión mal entendida. Es un disco que me representa en la sociedad en la que vivo como lo fue aquel.
En cuanto a "Air" es una canción muy distinta a lo que había hecho antes. Hace
dos años tuve una operación de garganta que me dejó mudo algo más de un mes y cuando recupere la voz me sentía eufórico y decidí cantar casi toda esta canción en falsete real ( no hay filtros ni autotunes ni nada) y bueno, el resultado está ahí…Una toma, no me dio para más.
En ese mismo sentido, el disco parece un viaje a las diversas épocas y estilos que se han nutrido de esa herencia afroamericana, que van desde el gospel hasta el funky ochentero pasando por el blaxploitation o el hip hop, ¿hay ese intento de cronología y/o biografía respecto a ese tipo de ritmos?
Pepe Ferrández: Todo lo que has dicho está en el día a día de lo que escucho y me fascina, y sinceramente son géneros que no me atrevía ni a acercarme, es una crónica sin pretenderlo. En mi casa se puede escuchar la música afroamericana con la profundidad de Gil Scott Heron o con la frívola mirada del Sylvester de mediados de los ochenta.
Remontándonos hasta los orígenes pandémicos de este proyecto, ¿hiciste de la necesidad (no poder reunirse) virtud o era un planteamiento que ya barajabas?
Pepe Ferrández: El origen estaba marcado por toda esa época, pero por el camino me he encontrado a mí mismo fruto de aquello y creo que, aunque me plantee proyectos colectivos, el camino de Blue Unicorn no tiene vuelta atrás y siempre será donde más yo mismo me sentiré. La necesidad me ha forzado a aprender a tocar multitud de instrumentos y herramientas que me han abierto la mente y a incorporar un montón de técnicas de grabación y producción que me mantienen muy vivo.
En esos primeros discos, prácticamente te encargabas tú de todos los instrumentos, un aspecto al que has ido sumando colaboradores paulatinamente, ¿era una manera de buscar soluciones a posibles limitaciones?
Pepe Ferrández: Sí, obviamente mis capacidades en determinados instrumentos son limitadas y definitivamente para evolucionar he tenido apoyo de otros músicos en teclas, baterías y bajos, aunque en gran parte sigo ejerciendo de hombre orquesta con algo más de ayuda, lo que amplía mi paleta de colores.
Incluso en este disco tocas junto a los miembros de Dixie Town, tu extinta antigua banda, ¿estamos ante un caso aislado o una aviso de posibles proyectos de nuevo conjuntos?
Pepe Ferrández: En principio se trata de un caso aislado, no hay intenciones de hacer nada como Dixie Town, aunque sí que estoy determinado a que mis amigos sigan ayudándome con el Unicornio.
Es evidente la diferencia que existe a la hora de tocar en un grupo y en solitario, ¿pero a la hora de componer, escribir, esa soledad cambia mucho el proceso?,
Pepe Ferrández: Bueno, en realidad yo llevaba la mayor parte de la escritura también en Dixie Town, pero es cierto que el no tener que ser fiel a nada (a veces ni a ti mismo) abre mucho, me siento muy libre sin tener mayores pretensiones que explorar mis límites.
Y esa suerte de control absoluto que tienes sobre este proyecto, ¿también impulsa a ser más autobiográfico e intimista en el tipo de historias?
Pepe Ferrández: Cada vez algo más, sí, aunque echando la mirada atrás las letras de Dixie Town siempre han tratado cosas que eran intimas e importantes para mi: "Every Father Son", "Letter to my Daughter" o "Useless Dog" o "Up" son claros ejemplos de ello. En este disco sigo ese camino y hay mucha intimidad en canciones como "Cheap Lovers" o "Pony Boy".
Tus discos se graban en tu propio estudio casero, y no solo eso, sino que haces de ese ecosistema un tipo de sonido característico, amateurista, en el mejor sentido de la palabra, y radicalmente analógico, ¿es un regreso a la condición más humana de la creación musical?
Pepe Ferrández: Amo el proceso, por eso lo hago. ¿Cuál es el interés en entregar una canción grabada sin pasar por todo ello? Para mí al menos carece de motivación, es como el sexo sin amor, llámenme ingenuo. Desde la escritura de la letra en el papel, hasta el olor de las válvulas, el ruido de la cinta, los errores y los aciertos…Ahí está el tema. Hace que cuando escuche esa canción recuerde de dónde viene todo y tenga un sentido.
A los músicos de rock os tenemos asociados con rastreadores de instrumentos, como guitarras, bajos…. ¿En esta nueva condición de habitante de ese estudio casero, eres igualmente un perseguidor de “cachivaches” que te seduzcan?
Pepe Ferrández: ¡Buff! Estoy totalmente colgado con los cacharros que nadie quiere. Encuentro en ellos mucha inspiración y mucha falta de espacio también… Sonidos determinados me llevan a lugares nuevos y me encanta, es como abrir una puerta. En este disco hay muchos teclados de juguete como el Casio Rapman que es la base rítmica de "Power", órganos caseros de los 70 como en el riff de teclado de "Flea Market Tape" y multitud de sintes olvidados. Trato de buscar la originalidad en los artefactos más que las señas de identidad más obvias.
Hemos hablado de lo humano que hay en la música, en tus canciones a lo largo de este proyecto hay muchas menciones al error como aprendizaje. En ese sentido, herramientas como la IA, que parten de la idea de una perfecta ecuación, ¿tienen en ese aspecto precisamente su perdición, que no asume el error como base de la creación?
Pepe Ferrández: No puedo estar más de acuerdo, quiero que mis artistas favoritos se comuniquen conmigo con sus canciones y yo con mis oyentes, es un acto de comunicación humana. Quiero oír, respirar, fallar y quebrarse a mis artistas de referencia y quiero mostrar, por esta misma razón, toda mi humanidad a la gente que se asome a este nuevo disco. Error humano, aprendizaje y comunicación.
Respecto a la IA, ¿estás en contra en toda su extensión, también como herramienta puntual de acompañamiento para un recorrido creativo, o lo preocupante es otorgarle el dominio total del proceso?
Pepe Ferrández: No estoy en contra de ninguna herramienta creativa en sí misma, estoy en contra de su aplicación como un todo alienante. Cualquier herramienta que mejore o fomente la comunicación de los mensajes y el arte humano es bienvenida, pero ojo, una herramienta, no un fin en sí misma.
Alguna vez te he oído declarar que también intervino en la separación de Dixie Town que todo el esfuerzo, y la calidad, añado yo, no se veía recompensado con un apoyo en ventas ni entradas de conciertos, ¿Blue Unicorn te ha permitido en ese sentido de alguna manera sentirte menos presionado por ese tipo de cuestiones?
Pepe Ferrández: Sin duda, el no tener que confrontar lo que uno hace con ningún tipo de rendimiento “comercial” por pequeño que sea es liberador. Obviamente en el sentido de la comunicación que venimos hablando debe haber alguien al otro lado, pero en el contexto actual tener unos cuantos cientos de oyentes en el globo es accesible y eso ya me motiva a seguir escribiendo historias y formas.
Vienes de una tierra donde se dice que las “meigas haberlas, haylas”, ¿podemos aplicar lo mismo algún día a este Blue Unicorn, o nunca saldrá de su escondrijo y lo veremos sobre un escenario?
Pepe Ferrández: "Nunca" es una palabra muy grande, pero de momento el unicornio esta contento siendo lo que es: un oscuro animal mitológico difícil de ver en constante búsqueda de la belleza.
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