Morrissey: “Make-up is a lie”


Por: Javier González. 

Hablar de Morrissey en términos estrictamente musicales se ha convertido de un tiempo a esta parte en completa anomalía. Todo aquel que tenga en el radar al genio de Mánchester sabrá de su azarosa trayectoria en los últimos años, donde a las ya más que habituales cancelaciones de conciertos, constante habitualmente repetida a lo largo de su carrera, se han añadido varios oscuros capítulos dedicados a rupturas de contratos discográficos, declaraciones fuera de lugar, otro clásico en la singladura de Mozzer, y repetidos intentos fallidos de publicar álbumes que nunca vieron la luz como “Bonfires of teenagers”. Hechos todos ellos que le situaban como centro de la diana de una industria que por otra parte jamás le ha tenido como hijo predilecto, dejando tras de sí un cúmulo de situaciones casi constantes que invitaban más a la sátira y burla que a cualquier análisis serio que se preciara, algo especialmente doloroso cuando se trata de un mito capital de la cultura europea de los últimos cincuenta años, tal y como atestiguan las más de 25 millones de reproducciones mensuales de su música en plataformas de streaming, cifra demasiado seria como para tomarnos el legado eterno de Morrissey a la ligera. 

Por suerte, el británico ha encontrado cierta calma entre tanta batalla ineficaz para por fin legarnos una nueva colección de canciones que finalmente lleva por título “Make-up is a lie”, bajo el paraguas de la mítica disquera Sire Records, donde vuelve a mostrar su particular visión del mundo actual, a mitad de camino entre la conspiración internacional y el escepticismo vital ante una realidad demasiado turbia, acompañadas por las más que habituales dosis de nostalgia y melancolía autorreferenciales que por momentos representan las cotas más altas de un trabajo que debemos calificar desgraciadamente como bastante irregular. 

Sí, es capaz de funcionar a tirones, como decimos, básicamente porque esconde algún que otro fogonazo de brillante luz personificados en determinadas canciones y en la producción de Joe Chiccarelli, quien es capaz de sacar lo mejor de la faceta interpretativa de Morissey, quien probablemente cante aquí mejor que nunca. Ráfagas que sin embargo no son suficientes para que evitemos pensar que entre una más que probable ingente cantidad de material para grabar, recordemos que son seis los años que han pasado desde que viera la luz “I am not a dog on a chain”, deberían existir al menos cinco/seis canciones más potentes con las que haber redondeado una gloriosa vuelta, sobre todo cuando se piensa en composiciones ya de sobra conocidas como “Rebels without applause”, sencillo que vio la luz hace ya la friolera de cuatro años de forma un tanto absurdamente descontextualizada, referencia que sin ir más lejos hubiera elevado la categoría de esta nueva entrega por su regusto a pop amable de alta escuela dotado de una crítica saludable. 

El disco se abre una forma más que sugerente con “You´re right, it´s time”, un elegante corte que no desentona en su trayectoria con el que parece encerrar una reflexión personal, invitando a dejar atrás una etapa marcada por el ruido mediático y mirar al frente, tras ella hay un cierto deje de oscuridad en “Make-up is a lie”, donde ataca la superficialidad de los tiempos modernos, entre una amalgama de sonoridades que juegan de forma saltarina a muchas cosas sin llegar a ser ninguna en concreto, algo similar ocurre, en esta ocasión para bien, con la polémica y sintetizada “Notre-Dame”, con cambio en la letra sobre la versión inicial del tema, en la que Mozzer deja claro su parecer sobre un supuesto plan siniestro tras el incendio que casi acaba con la joya de la corona del Gótico francés, una composición que a buen seguro polarizará las opiniones entre los que declaren al cantante como un peligroso vendedor de “bulos” y otros que observando cómo funcionan las élites que nos gobiernan apostarán por buscar respuestas alternativas a la versión oficial, a la que sigue una omisible revisión de “Amazona”, el trallazo glam de los siempre reivindicables Roxy Music que en su día fuera escrito por el bueno de Phil Manzanera, pero que aquí tampoco acaba de funcionar. 

Deja claro su talento en la reivindicable “Headhache”, un medio tiempo juguetón, repleto de matices, que llega a romper como la gran canción que opositaba a ser, algo a lo que no llega ni de lejos “Boulevard”, pretenciosamente dramática y artificial; mucho más divertida y sarcástica se presenta “Zoom zoom the little boy”, jugando con un ritmo sencillo que se ve aderezado con sonoridades guitarreras casi orientalizantes, manteniendo el tipo y pidiendo protagonismo, y las veleidades funk que se marca en “The night pop dropped” en un brillante acercamiento que invita al baile decididamente; lástima que a “Kerching kerching” le falte más ímpetu, algo que se intuye hacia al final del tema, mostrando que podría haber sido un auténtico temazo que vuelve a quedarse en un mero acercamiento sin concreción. 

Quizás parte de lo más rescatable de este “Make-up is a lie” venga hacia al final de su minutaje, gracias al guiño repleto de nostalgia que supone “Lester Bangs”, sentida referencia al mítico crítico norteamericano, donde Morrissey vuelve a las tardes en su habitación, aquel lugar donde forjó su indómito carácter, entre menciones a Roxy Music, New York Dolls y Allen Ginsberg, rozando los corazones como solamente él sabe hacer, “Many icebergs ago”, en la que con una oscuridad potente vuelve a mirar atrás desde una perspectiva relativamente minimalista, pero que en esta ocasión sí consigue encontrar acomodo, tanto sonoro como lírico, antes de cerrar con la que probablemente sea la mejor canción de toda la colección, evidentemente nos referimos a “The monsters of Pig Alley”, un temazo con hechuras de himno moderno y atemporal coescrito con un sospechoso habitual como Alain Whyte, asentado sobre una apertura de guitarra acústica que dará paso a cristalinas eléctricas, las que de siempre mejor han sentado a la lírica de Steven, quien no duda en referenciar la que se supone que fue la primera película de gánsteres de la historia llamada “The musketeers of Pig Alley”, dirigida allá por 1912 por D.W.Griffith, una temática muy de su agrado como ya demostrara tiempo atrás en temas como “The last of the famous international playboys” o “First of the gang to die”, cerrando de manera mayúscula un trabajo capaz de subir a las más altas cumbres y convivir con pasajes tan anodinos como un páramo. 

Tras varias escuchas a “Make-up is a lie” queda en el paladar una sensación agridulce, básicamente porque hay instantes donde la emoción parece querer desbordarse, rebajando el suflé la inclusión de composiciones que casi podríamos calificar de anodinas. Tocará quedarse con los brotes verdes y pensar que tras tanta polémica sigue habiendo al menos una parte de Morrissey que tiene cosas interesantes que contarnos, una grata noticia para todos aquellos que somos fans declarados del músico inglés, quienes viviremos las próximas semanas con inquietud, puesto que en apenas unos días arrancará una mini gira por nuestro país con paradas en Zaragoza, Valencia y Sevilla, que esperaremos con el corazón en un puño ante sus recurrentes espantadas. Peajes que pagamos con sumo gusto, pues somos conscientes que estamos ante uno de los últimos mitos del rock europeo a la antigua usanza con su dandismo y divismo intactos, dotado de un talento descomunal y una apuesta radical por su labor creativo, ajena a pleitesías propias de los artistas prefabricados que hoy adoran las sumisas masas. Puro genio del extrarradio industrial mancuniano, azote del thatcherismo, gloria que nunca podremos negarle, y personaje sin par, que de no existir seríamos incapaces de inventar. Que a nadie se le olvide, Morrissey juega en otra liga, es mito y leyenda en vida. Un francotirador sin ataduras, viperino y mordaz, en demasiadas ocasiones errático,  a veces equivocado en sus opiniones y siempre molesto, pero un francotirador al fin y al cabo, justo lo que odian muchos analistas de altos ideales y mejores tragaderas, pagados por oscuros intereses que nunca conoceremos, salvo que rastreemos la pista de un dinero que a Bigmouth le sigue llegando procedente de sus canciones y talento. Ya sabéis, pequeños matices o lo que es lo mismo, el diablo está en los detalles. Y para algunos, acierte o no, si nos dan a elegir, estaremos del lado de Morrissey. Nobleza obliga.

Alejandro Santoyo: "Creo en las canciones y en el amor tanto como en el poder destructivo de nuestra especie"


Por: Kepa Arbizu.
Fotografías: Carmen Felipe.

Siempre es reconfortante, y elogiable a partes iguales, encontrarse con un joven compositor capaz de encarnar a la perfección el legado del rock de autor. Una herencia que el albaceteño Alejandro Santoyo ha asimilado en beneficio propio a través de diversos, aunque hilvanados bajo un tono común, escenarios expresivos. El último, y posiblemente más entonado, da forma a su nuevo disco, "Al otro lado de la épica", un trabajo intimista y de detallistas texturas instrumentales, gracias en parte a la presencia y utilización de hasta nueve músicos diferentes. El resultado es un excelente álbum donde la emoción escoge como vehículo composiciones que funcionan como narraciones, un álbum de fotografías diseñado bajo la sutilidad y el corazón. Sabedores de que su nombre cada vez se percibe más incrustado en un árbol genealógico de firmantes ilustres, llámense Chencho Fernández, Lapido, Quique González o Diego Vasallo, hablamos con el artífice de un disco que, lejos de la mercadotecnia artificial, palpita sensibilidad y talento. 

Cuatro años separan tu anterior disco de estudio, “El corazón es un órgano de fuego”, del actual, “Al otro lado de la épica”, ¿ese intervalo revela el mucho tiempo de gestación que ha llevado este nuevo trabajo o responde más a imponderables que han postergado su publicación? 

Alejandro Santoyo: Diría que ambas... Los ensayos nos han llevado mucho tiempo porque justo al comienzo de estos me fui a vivir a Valencia, mientras que el resto de músicos están en Albacete. Para más inri, la grabación y las mezclas las hemos hecho en Madrid, en Metropol Studios. Algunas cosas se grabaron en Baboon Records (Albacete) y en los estudios caseros de algunos músicos participantes (en Ayora y en Chinchilla de Monte-Aragón) pero, como digo, casi todo se ha hecho en Madrid. Como entenderás, todo esto, junto a la cantidad de músicos y las exigencias de las canciones tanto en términos de producción como a nivel de duración, han hecho que se demore tanto. Sumado, dicho sea de paso, a mi absoluta falta de interés en ir de prisa o agobiar a mis compañeros y compañeras. 

 Cuando canciones se van macerando durante cuatro años, ¿van mutando y alterando sustancialmente su forma original o ésta se mantiene y es cuestión de perfilarla y cincelarla? 

Alejandro Santoyo: En mi caso se ha mantenido. La mayor parte de las canciones fueron escritas en 2022, “Caballos perdidos” creo que la escribí con dieciocho o diecinueve años y, desde entonces, he realizado un trabajo (excesivo) de maquetación en el que produje los temas y compuse los arreglos con un teclado o lo que tuviera a mano en casa. Sí que es cierto que junto a Sergio Jiménez de Metropol Studios realizamos algo de preproducción y, durante la grabación, tuvo unas cuantas buenas ideas que han enriquecido las canciones, pero manteniendo su forma original todo el rato. La dedicación y la profesionalidad de Sergio y del personal de Metropol Studios han sido imprescindibles para este proyecto. 

En medio de ambos trabajos publicaste el directo “Fieles y malditos”, un formato que habitualmente se suele utilizar para marcar diversas etapas en una carrera de larga trayectoria, ¿cuáles fueron tus motivaciones para dicho trabajo? 

Alejandro Santoyo: Quizás para quien no conozca Albacete oír hablar de su Teatro Circo no le diga nada, pero es un edificio patrimonio histórico inaugurado en el siglo XIX y una auténtica joya arquitectónica. Un teatro con arquerías neoárabes que también puede ser adaptado para espectáculos circenses y de los que hay creo que menos de diez en el mundo. La cuestión es que me parecía que no había que desperdiciar la ocasión que nos brindó el festival de videopoesía Maldito contratándonos. Alguien en mi situación no suele poder autogestionar la producción tanto a nivel burocrático como económico que requieren sitios así, por lo que aproveché la oportunidad para registrar algunos temas en vídeo y audio. 

Respecto a tu álbum de estudio predecesor, este disco es mucho más intimista, menos directo pero mucho más emocionante y detallista, ¿esa morfología sonora es reflejo del tipo de sentimiento que querías trasladar con el disco? 

Alejandro Santoyo: Lo que tenía claro era que la producción iba a ser más completa que en el anterior, donde hay elementos que a veces aparecen sin estar del todo integrados en la canción. Ya sabía por dónde quería ir pero no sabía cómo. Para este álbum decidí generar todas las capas que me apeteciera. Implementar atmósferas y elementos que conformaran un disco rico y detallista, como bien dices. Otras cosas se me escapan o las dejo al azar, pero a nivel sonoro sí que tenía muy claro lo que quería. 

Tu forma de cantar también ha mutado en más sutil, menos rasgada, ¿en ambos registros te sientes igual de cómodo o sientes como más natural alguno de ellos? 

Alejandro Santoyo: La verdad es que ha sido algo no premeditado, fruto de la llegada de nuevas referencias musicales a mi vida, supongo, como Lambchop, Rafa Berrio y cosas así. Y también de escucharme más y mejor durante el proceso de preproducción. He intentado prestar más atención a cada frase. Creo que a nivel vocal tengo mucho que aprender y mejorar. No obstante mi rotura es natural, no puedo evitarlo, incluso a veces se me rompe hablando. Es algo que me ha acompañado de forma natural y que estará siempre ahí. Me alegra que destaques esa sutileza porque siempre estoy en lucha con mis nervios y es algo que intento medir a la hora de tocar y cantar, ya que es fácil que se refleje ahí. 

Las canciones de este disco, o al menos la mayoría, rompen un poco el esquema de canción pop al uso , ya sea por su extensión o la falta de un estribillo como tal, ¿ha prevalecido un aspecto más narrativo a la hora de componer frente a otras consideraciones?

Alejandro Santoyo: Sí. Durante el desarrollo de este disco y en su gestación quedé eclipsado por los minutajes largos de temas narrativos. Discos como “Truelove’s gutter” de Richard Hawley o “Rough and rowdy days” de Dylan me engancharon. También descubrí la figura de Daniel Lanois, un tipo atrevido con unas ideas fascinantes. Tiendo desde mis inicios a crear canciones sin estribillo o en las que una frase repetida aparente serlo. Manda la canción y a veces uno tiene que arriesgar. Un músico debe ser generoso con la música para que ella lo sea con él, me lo ha enseñado Jorge Ilegal en la distancia y lo he visto de cerca en otros músicos mayores que yo. He concebido algunas canciones desde planos conceptuales exigentes con el público y con nosotros mismos. Desgraciadamente, enfermé un par de días durante la grabación. La tensión me hizo colapsar físicamente mientras grabábamos la canción que da título al disco. Cada grabación es un aprendizaje acojonante sobre uno mismo y quienes te rodean. 

Canciones como “La bomba que colme el vaso” me parecen una obra maestra en todos sus sentidos, con esa naturaleza casi de epopeya, ¿son composiciones que salen casi del tirón o se va configurando a través de la suma de ideas? 

Alejandro Santoyo: Gracias por tus palabras, Kepa. En mi caso, y si está en un disco, es porque ha ido compuesta del tirón con pequeños ajustes posteriores, a veces más retoques y otras menos -las menos-. No guardo canciones descartadas pasado un tiempo. Después de cuarenta y cuatro canciones publicadas (en solitario y con Gerba Monkey) he aprendido que cuanto más reescriba una canción o le inserte según qué piezas como si de un Frankenstein se tratara, la naturalidad y la frescura se van perdiendo. No obstante, esta canción no habla sólo de una cosa. En ella hay varias ideas preponderantes que reflejan el concepto de “Al otro lado de la épica”.

Quizás la excepción a ese tono más intimista sea la rockera, con ese tono abrasivo a lo Neil Young, de “Esperando a nadie”, ¿esa parte más furiosa es consustancial a tu naturaleza aunque en momentos prevalezca ese tono más intimista? 

Alejandro Santoyo: Absolutamente. Ciertas expresividades no se pueden conseguir tocando flojito y, además, los equipos que más me gustan funcionan bien cuando están calientes y a un volumen alto. A veces cuando voy a ensayar me doy el gusto de poner mi amplificador al máximo para sentirme vivo. El ruido penetra dentro del cuerpo y provoca estimulaciones físicas y psíquicas tremendas. Es un placer catártico. Luigi Russolo lo explicó muy bien. A mi me gusta el rock y el rock’n roll, es mi identidad. De ahí viene todo lo demás y no al revés. Así que sí: el ruido y la furia son imprescindibles para mí. 

En el disco has contado con hasta nuevo músicos diferentes, ¿es consecuencia de los problemas de unir calendarios, una forma de recalcar el espíritu colectivo del disco o la búsqueda de los ingredientes exactos que pedía cada tema? 

Alejandro Santoyo: Más bien lo último. Decidí lanzarme a la piscina y experimentar qué pasaba si intentaba materializar todo lo que sonaba en mi cabeza. Unas cosas las tenía más claras y otras no tanto, pero lo que sí sabía era lo que no quería. 

Con esa presencia de diversos músicos, ¿las canciones han sido también moldeadas por su presencia o tenias claro el carácter de cada una y ellos han seguido esos planes? 

Alejandro Santoyo: Prácticamente han seguido mis indicaciones en lo que a tipo de arreglos y sonidos se refiere. Sospechaba que como son buenos músicos iban a entender lo que buscaba en cuanto les dirigiera un poco y les enseñara mis referencias. La verdad es que he quedado muy contento y, no sólo eso, sino que han mejorado las canciones. Algunos de ellos hicieron algunos aportes sublimes que se han quedado. 

Hay una frase que cantas en “Danza macabra” que me parece especialmente significativa y representativa del sentido conceptual del disco, en la que dices, "gris con un toque de color será nuestro reino", ¿son estas canciones una forma de buscar color entre la incertidumbre y la resignación? 

Alejandro Santoyo: Bueno, vivimos una etapa de decadencia, el fin de una época, como es bien sabido. Europa, aunque no expira, se derrumba y es una esclava al servicio de los yankis y de sus amiguitos sionistas. Mi generación y las posteriores estamos bien jodidas. Supongo que las canciones y el arte en general son una forma de buscar color, como bien dices, dentro de toda esta basura que vivimos. Yo me esfuerzo por encontrar el color cada mañana en la calle, en el autobús, en la frutería… hay que intentarlo y hay que ser fuerte. Creo en las canciones y en el amor tanto como en el poder destructivo de nuestra especie. 

A lo largo de las letras hay referencias a lugares concretos, a familiares a historias cotidianas, ¿es el disco especialmente autobiográfico y casi un álbum fotográfico propio? 

Alejandro Santoyo: Sí. Es un disco muy personal y por eso creo que no está entrando solamente con una primera escucha, sino que necesita tiempo para ser asimilado. Siempre he pensado que me gustaría ordenarme la vida en discos, es decir, conformar una vida paralela a la mía en mi discografía. Puede sonar pretencioso pero lo siento así. Llevo subiendo a escenarios desde que tenía diez años pero desde que grabé mi primer disco a los diecisiete he sentido que lo que más deseo es hacer canciones y grabar álbumes. 

También pareces trenzar una mirada intergeneracional, donde conectas el paso del tiempo en tu propia persona con épocas pasadas, parece un retrato universal de la supervivencia y la dignidad de la gente humilde a lo largo de la historia.. 

Alejandro Santoyo: Has dado en el clavo respecto al eje conceptual del disco. No sé si yo lo habría explicado mejor. La vida real, para mí, está al otro lado de la épica. Es erróneo confundir la sencillez con lo banal. El rock está saturado de una épica de postín -esas Lentejuelas que cantaba Barricada- y también hay un sector de nuevos folcloristas que más bien parecen arlequines trasnochados. Hablan de las vidas de nuestros abuelos como si hubieran sido el Carnaval de Cádiz cuando vivieron las mayores putadas que te puedas imaginar. Algunos de ellos, claro, no todos, como bien sabemos. 

Teniendo en cuenta el título del disco, me resulta paradójico que musicalmente hay un componente majestuoso y épico en su naturaleza, ¿era una forma de devolver esa épica (sonora) a quienes la existencia se la ha robado? 

Alejandro Santoyo: Sinceramente, no ha sido algo premeditado. El planteamiento sonoro del disco ha dado lugar a ello, supongo. Bienvenido sea. Es bonito pensar eso que comentas de devolver cierta épica a todas esas vidas anónimas. Yo espero hacer más llevadera la existencia a las personas que quieran escuchar mis canciones. 

Todo el aspecto lírico del disco me parece impresionante, juegas con el costumbrismo, las referencias musicales-literarias y un propio sentido poético, ¿eres especialmente minucioso y perfeccionista a la hora de buscar las palabras exactas?

Alejandro Santoyo: Gracias. Soy minucioso, sí. En los libros y en los discos que me gustan los detalles son importantes y marcan la diferencia. Creo en el poder de la intertextualidad y en la escasez -casi diría inexistencia- de la originalidad. Las palabras no son sólo palabras y aunque nos acompañen a diario no debemos obviar sus vidas pasadas. El silencio también ha sido importante en este disco y creo que no debe perderse de vista. 

Teniendo en cuenta que toda carrera musical es un constante aprendizaje, y dada tu juventud, ¿sientes que cada paso que das es toda una nueva lección y que este disco habría sido imposible hacerlo unos años antes sin todo las enseñanzas que has ido recopilando? 

Alejandro Santoyo: Totalmente. Uno construye una carrera musical con coherencia y no solamente con ruido y furia pero, sobre todo, con buenas canciones. Estamos aquí por las canciones. Debe haber un equilibrio, una armonía. Las carreras que más me gustan, con sus deslices, han sido fieles a una forma de hacer las cosas y a unos principios. Pensar que tienes poco que aprender es de una osadía estúpida. Creo que lo más importante es, aunque sea doloroso a veces, ser fiel y no engañarse a uno mismo. Seguiré con las orejas bien abiertas.

El glorioso infierno de La Perra Blanco


Sala Oasis, Zaragoza. Viernes, 6 de marzo del 2026 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

¿Quién dijo que en el infierno se sufre? Sí, quema, pero sabe a gloria. No conocía a La Perra Blanco sobre un escenario, no era consciente de lo que me estaba perdiendo, pero el pasado viernes, en forma de inesperada visita, como la caprichosa fortuna, se presentó ante mí la posibilidad de reparar en su particular festín. Cual Dionisio invocando a los placeres mundanos, aquellos que más nos atraen, los que ponen la pasión incontenida por delante, me dejé llevar por este auténtico portento del rock. No hizo falta más que unos pocos segundos para darme cuenta de que el convite iba a ser de altura.

Alba Blanco es un torrente de poderosa energía, un portento con alma del blues más brumoso y corazón de rockabilly y garaje que late desbocado para hacer del clásico espíritu del rock del Delta (que un día vendió Robert Johnson al diablo) una realidad actualizada sin perder ni un gramo de autenticidad. Lo de la Perra Blanco es estratosférico. Puedo asegurar que una vez te agarra entre las dolientes y afiladas cuerdas de su guitarra ya no te suelta y te conduce hasta ese glorioso infierno que, pese a lo que podamos creer, está lleno de luz y fraseos eléctricos que suenan a gloria.

Trataba de buscar un calificativo a lo experimentado en mi insustituible Oasis, pero solo me venía una exclamación a mi mente. ¡¡La hostia!! Cuando no se imponen las expectativas, la verdad aflora, y puedo asegurar que lo del viernes fue auténtico. No hay otra forma de encontrar las palabras. Ahí estaba yo, entre aguerridos rockers de mi ciudad (no podía faltar el gran Cuti Vericad entre el público), dejándome llevar y sin parar de dibujar una mueca de asombro en mi rostro unida a la satisfacción, porque no dejé de gozarlo ni por un instante. Sin necesidad de tomar notas, ni de mirar a la cámara. Sólo electricidad y comunión. Entrega y verdad. Una bomba.

Leí en algunos medios que el directo de la Perra Blanco era uno de los mejores de rock and roll que se podían ver en España. Pensé que quizá había mucho marketing en esa afirmación, pero una vez vista a la banda en acción, no sabría decir si son los mejores, pero sí unos de los más auténticos. Guillermo "la bestia" González, Jesús López, Gérard Vercher y Nelo hacen brillar a Alba, porque todo gira en torno a ella y su guitarra, pero no podemos olvidar la fuerza que desprende "la bestia" al contrabajo o la precisión de Jesús a la batería. Eso sin olvidarnos de la complicidad entre el saxo de Gérard y la guitarra de Alba, que hasta nos concedieron el honor de presenciar un dúo de altura entre el público dando rienda suelta a sus impulsos más primarios.

"Raining Love" abrió con pulso marcado la velada para dar paso, poco a poco, al carisma de Alba y su guitarra rosa, de la que brotaron fantásticos solos durante los más de noventa intensos minutos que nos regalaron. "It's fun but it's wrong" llegó pronto pero dio buena muestra de la intensidad que aguardaba la noche, para seguidamente mostrar todo el nervio que escondía la más acelerada "Down and Bound". "Number one fool" nos llevó hasta el rastro de Amy Winehouse y su aire a banda sonora de los años cincuenta, para demostrarnos después, con "Treat Me", que se podía bajar el pulso para ser más sensual, algo que se llevó al extremo en esa "Sin Amor" con aromas de western despechado. Los temas en castellano, como "Devil in my Bed" pasaron más de puntillas que el resto (al fin y al cabo son novedad en el repertorio de la linense), pero con las más blueseras "Hold Me" o "I Feel Fine" se lució con creces en las seis cuerdas, recordando a Muddy Waters o Howlin' Wolf como en su día encarnaran los primerizos Rolling Stones.

Hubo tiempo para dar rienda suelta a adictivos instrumentales como "La Furia", además de disfrutar de improvisaciones en muchos de los temas que daban vida al sueño de cualquier rockabilly inquieto, como ocurrió con "New Lover New Sweetheart". Si en "Barracuda" se marcó el clasicismo más rockin' de la noche (podríamos rememorar con ella a los Surfaris de "Wipe Out"), en otras como "Why don't you love me" demostró que lo suyo también está en el dominio del fingerpicking.

Antes de terminar y de alabar a todos sus músicos, "Supersonic Lover" mostró las cartas que mejor definen a La Perra Blanco, esos destellos de autenticidad que tan bien maneja con las seis cuerdas de su guitarra, así como el incomparable apoyo de una banda que es un contundente cañonazo de energía. Lo de que La Perra Blanco es una artista irrepetible no hace falta que lo repitamos, pero que es una artista que maneja un cancionero de rock inconmensurable y puro sobre un escenario, que en ocasiones se muestra algo reticente a este clasicismo que mueve toda esa amplia (y en ocasiones mal entendida) escena del rock patrio, es un hecho. Pero lo que más importa, y quizá mueva a esta web con alma rockera, no es lo que piense y opine la mayoría, si no lo que provocó en este humilde redactor esta artista mayúscula, cuya pequeña estatura no oculta la alta talla de su categoría escénica. Un portento, sí. Un auténtico meteoro.

The Divine Comedy, el elegante idioma del pop


Sala Apolo de Barcelona, Festival Mil·leni. Jueves, 5 de marzo del 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Uno de mis festivales musicales favoritos de Barcelona es el Mil·leni, que en su 27ª edición continúa trayéndonos propuestas idóneas para los mejores paladares. Como The Divine Comedy, que si bien en la ciudad los hemos podido disfrutar en anteriores ocasiones en inmejorables aforos, como el Palau de la Música, el Audiori o los jardines del Palau de Pedralbes, no nos los quisimos perder en la Sala Apolo. Y es que la banda liderada por Neil Hannon ofrece un elegante pop de cámara con esas influencias de la música clásica, del cine y de los aromas grandilocuentes de Scott Walker, al que uno no logra resistirse.

Por si fuera poco, en la presente gira están promocionando su maravilloso último álbum (el número 13 de su discografía) "Rainy Sunday Afternoon". Un melancólico trabajo que, grabado en los mismísimos estudios Abbey Road, se revela entre lo mejor de su larga trayectoria y que se aleja de recientes experimentos con sintetizadores y otras aventuras del bueno de Neil.

Con la sala a rebosar, Hannon apareció luciendo un elegante traje, camisa oscura, gafas de sol y un sombrero, acompañándose de cinco músicazos (teclados, bajo-contrabajo, violín, guitarra, batería y acordeón). Un set instrumental que fue capaz de llenar esos espacios mágicos que la trabajada producción de estudio de sus canciones parecen imposible de reproducir en vivo. Y así es, como desde el minuto uno del show, el sexteto musical nos envolvió en dulces melodías, ritmos trepidantes y esa voz de barítono del cincuentón que tanto alcanza la calidez en sus tonos bajos como la emotividad cuando aborda las tonalidades elevadas.

Para el arranque tres de sus nuevas canciones: la melódica “Achilles”, la sombría “The Last Time I Saw The Old Man” y la que titula el álbum con esas letras tan maravillosas que nos tiene acostumbrado el de Irlanda del Norte. Aunque fue “Norman and Norma” el primer gran momento del concierto, con el público recibiéndola con entusiasmo. Tras ella, Hannon nos advirtió que iba a tocar una canción “muy muy muy muy antigua”, concretamente “Your Daddy’s Car”, del álbum “Liberation”, cuya narrativa cotidiana y humorística refleja perfectamente el espíritu del grupo. Uno de mis momentos favoritos llegó de la mano de “I Want You”, “A Lady of a Certain Age” y “Songs of Love”, que encadenadas una tras otra llenaron el auditorio de romanticismo con su espléndida delicadeza y sensibilidad. También me gustó “At the Indie Disco”, para la que Hannon nos mandó hacia “una discoteca del norte de Europa”, y con la que levantó definitivamente la energía de la sala.

Pero, sin duda, el momento mas recordados del bolo llegó con “Mar-a-Lago by the Sea”, cuya introducción fue sensacional con el crooner presentando a cada uno de sus músicos mientras les preparaba su cocktail o bebida favorita, gracias a un improvisado carro-bar. Al terminarla, nos advirtió que iba a ponerse rockero antes de que escucháramos “Bad Ambassador”, una pieza que siempre me ha recordado al gran Jeff Buckley

Para la recta final reservó a algunos de sus mejores clásicos: “Becoming More Like Alfie”, “Generation Sex” y “National Express”, piezas emblemáticas y dinámicas con las que los ritmos frenéticos y la rica pero no cargada instrumentación llenaron la sala de baile y alegría. Aunque Neil ya nos lo había anticipado, se reservó tres piezas para el bis, una “Our Mutual Friend”, con la que bajó del escenario para cantar y bailar entre el público, una delicada e íntima “Invisible Thread” y el cierre apoteósico con los redobles de “Tonight We Fly” y esa sensación de euforia que pocas canciones son capaces de crear.

Un final para el concierto de The Divine Comedy que nuevamente resultó una auténtica experiencia audiovisual, con dosis adecuadas de teatralidad, melancolía, sentido de humor y melodías perfectas, logrando que sigamos adorando a este tipo único en su especie.

Ilustres Principiantes: Oskar Okay



La joven Oskar Okay es una artista y productora que arrancó su proyecto experimentando con nuevas formas de concebir y componer canciones. Ese proceso le llevó a crear "Tipula", un disco de ocho canciones, que destaca por ser profundamente lírica e introspectiva. Algunas de las ideas raíz de su universo son la reconexión con la inocencia y la naturaleza, la complejidad de las relaciones humanas y el miedo a lo que no entendemos.

En este proyecto, la cantautora da un paso hacia un universo orgánico donde se enfrenta a sus recuerdos y a sus miedos, conservando una esencia genre·less donde conviven el pop, el country, dream folk y el ambient entre otros muchos estilos. Es coherente, pero sin una sonoridad delimitada. 

Oskar mantiene que “Cada canción se siente como un secreto de mi diario que ahora por fin soy capaz de liberar”. El trabajo, producido por ella y Persona, y editado por Tipula Records, encuentra referencias musicales y líricas en artistas como Elliott Smith, Phoebe Bridgers y Daniel Johnston, todas ellas pasadas por el filtro de la autora veinteañera y obteniendo una estética fresca, contemporánea y honesta.

Rufus T. Firefly: “Para nosotros el sonido es lo más importante de todo”


Texto y fotografías: Javier Capapé. 

Hace unos meses entrevistamos a Víctor Cabezuelo con motivo de la publicación de su último gran disco “Todas las cosas buenas”, así que está vez el objetivo era algo distinto. El Giradiscos volvía a contactar con él para detenernos en el desarrollo de su gira. Desde la furgoneta hablamos de cómo se está desarrollando la misma, así como de su vida en la carretera con esta pequeña familia que no para de darle alegrías. La banda de Aranjuez vive un momento dulce gracias a rodar con sus mejores cartas, unas canciones rotundas con poderosos mensajes que nos hacen viajar, muy especialmente cuando las escuchamos en directo. Por eso Rufus T. Firefly lo dan todo por sus directos y mantienen un público fiel que aprecia cada uno de sus giros y se deleitan con lo que Víctor, Julia y toda la banda potencian: un sonido y una actitud inconfundible.

La banda se encontraba camino de Zaragoza cuando contactamos, en pleno eje central de su gira. Con muchos conciertos a sus espaldas y unas canciones muy bien rodadas. En el mejor momento para apreciar su más reciente propuesta y también para detenernos en primera persona en “todas esas cosas buenas” que tienen tan presentes: su entrega con un público que les quiere y su pasión por ese universo infinito hecho música. 

Estuvimos hablando en junio, al poco de sacar vuestro último disco, pero ya que entonces hablamos a fondo de las canciones, ahora quería centrarme en la gira que tenéis por delante (la entrevista se hizo de camino a Zaragoza, donde actuaban en la sala Oasis el pasado 30 de enero). ¿Cómo os sentís después de tantos viajes recorriendo España en esta gira que empezó hace unos cuantos meses? 

Víctor: Muy contentos, porque es lo que queríamos. Antes de sacar el disco coincidíamos todos en que nos apetecía mucho tocar y que lo que queríamos era hacer directos, que es lo que más nos llena y nos gusta. Así que estamos muy felices de poder hacerlo. Además, está habiendo muy buena acogida de los conciertos y eso hace que podamos seguir girando. 

Habéis recorrido sin descanso salas, festivales y teatros desde que lanzasteis “Todas las cosas buenas”, pero veníais casi directamente de acabar la gira del anterior. ¿Cómo conseguís que vuestra fuerza y entusiasmo no decaiga? 

Víctor: Es verdad que nunca terminamos de tocar del todo, pero la gira de “El Largo Mañana” tuvo un final claro. Después seguimos haciendo conciertos, pero ya no pertenecían a esa gira. Creo que una vez que terminas una gira cambias de feeling y empiezas a pensar en lo siguiente, y aunque tengas conciertos de vez en cuando ya estás como en modo “disco nuevo”, por decirlo de alguna manera. Así que para nosotros sí que hay una línea muy clara entre las presentaciones de un disco y de otro. Además, somos una banda que nos cuesta mucho estar unos meses sin tocar. Lo pasamos mal porque necesitamos el directo, así que siempre encontramos alguna excusa para poder tocar. Por eso parece que es todo seguido, pero para nosotros, interna y emocionalmente, hay bastante división entre las giras. 

A pesar de formar una familia en la carretera, muchos de vosotros seguís compaginando otras carreras. ¿Se hace muy difícil encajar todas las piezas estando de gira? 

Víctor: A veces es complicado. Sacamos agendas e intentamos cuadrar todo con encaje de bolillos, pero por ejemplo yo siempre doy prioridad a Rufus, por lo que monto el resto de proyectos y de calendario con respecto a éste. Pero sí, es bastante complicado. Por ejemplo, Miguel toca con Lori Meyers y a veces tenemos que pillar a un sustituto. Es cuestión de entender que Rufus T. Firefly no es un grupo cerrado, sino que hay mucha gente detrás que también nos está ayudando y con la que podemos contar de vez en cuando si alguien no puede. 

“Con este disco el mensaje ha llegado más que en ningún otro”

La otra familia que está a vuestro alrededor es vuestro público. ¿Qué es lo que os dicen cuando bajáis del escenario? ¿Cómo estáis sintiendo su reacción con las nuevas canciones después de este tiempo de escucha? 

Víctor: Creo que con este disco ha pasado algo muy bonito y es que el mensaje ha llegado más que en ningún otro. A lo mejor el tono más coloquial o más terrenal hace que el mensaje llegue más directamente y eso la gente lo nota. Nosotros sentimos que eso está pasando. Está siendo muy bonito todo lo que nos dice la gente. Hay muchos mensajes que nos sobrecogen, de gente que por ejemplo nos comenta que nuestro disco les está ayudando en momentos difíciles. Todo eso nos ayuda a querer seguir haciendo música.

En la pasada entrevista, de antes de verano, hablábamos también de ese mensaje más directo que se percibe en estas canciones y comentábamos que la gira que empezabais en mayo y junio era más bien un aperitivo, que la verdadera gira empezaba después del verano. ¿Qué diferencias habéis planteado entre lo que nos disteis de aperitivo antes del verano y lo que estáis haciendo ahora? 

Víctor: Antes de verano estaba todo más enfocado al disco nuevo y aunque ahora también hay mucho de este disco, estamos metiendo más temas antiguos. Está siendo un concierto un poco más completo, pero sobre todo lo que ocurre es que tenemos el set mucho más rodado. A nivel de luces ha crecido, a nivel de interpretación y de ritmo de concierto también ha crecido… Es como un paso más allá. 

Me hablas de luces, pero también el sonido es algo que cuidáis muchísimo. No sé si habréis podido retomar también los “conciertos de los cascos”, pero es verdad que vuestro sonido es magnífico en directo. ¿A quién estáis llevando de técnico? 

Víctor: Sigue Ángel Luján llevando el sonido, como al principio de la gira. Es verdad que el sonido es algo que cada día cuidamos más. Por ejemplo, para este fin de semana, Ángel me ha estado pasando cosas que retocar, ecualizaciones y demás. Él no para. En cada concierto ve una cosa y nos lo transmite porque queremos intentar perfeccionar todo lo máximo posible. Como te comento, para nosotros el sonido es lo más importante de todo. No somos un grupo que necesite tener grandes escenas visuales ni cosas así. Nosotros queremos centrar todo en la música, en el sonido, en nuestra manera de tocar y en cómo se transmite todo eso. Es algo que tenemos clarísimo. Si algún día tocamos en algún estadio, haremos lo mismo. Haremos un concierto enfocado en el sonido, intentaremos pillar los mejores altavoces del mercado, intentaremos que suene todo perfecto y todos nuestros esfuerzos irán hacia allí, porque creo que es lo que más nos gusta y lo que más emociona de Rufus T. Firefly. 

¿Habéis conseguido repetir el reto de los “conciertos con cascos”, como te comentaba antes? Es algo que nos gustaría poder disfrutar a muchos, pero no sé si se quedó más bien en una experiencia puntual. 

Víctor: Hemos conseguido hacer un par más de estos conciertos, que volvieron a ser muy bonitos. Creo que hay alguno más por el camino. Es algo que dejo abierto porque me gustaría repetirlo siempre que se pueda. La clave es intentar compaginarlo de vez en cuando, aunque lo malo de los “cascos” es que tiene unos costes de producción muy altos y a veces es complicado hacer conciertos que salgan rentables si no hay un patrocinador o cosas de ese estilo, pero la puerta se queda abierta. 

“Que una banda como nosotros pueda seguir tocando y siga viniendo gente a vernos es un privilegio”

Decíamos que sois como una familia en la carretera y que os encanta cuidar el sonido y vuestra unión, pero ¿qué es lo que más valoráis como banda cuando estáis todos engrasados en pleno directo? 

Víctor: Lo que más estamos intentando últimamente es disfrutar, antes incluso de que salga todo el conjunto bien. Disfrutar tocando, no estresarnos, intentar que al juntarnos y tocar consigamos vivir un momento bonito, porque esto es un privilegio. Que una banda como nosotros pueda seguir tocando y siga viniendo gente a vernos es una suerte y un privilegio. Por eso creo que lo que más me apetece es que todos disfrutemos de eso, que estemos a gusto y disfrutemos de este momento que nos ha regalado la vida. 

Además, en vuestros conciertos también cambiáis la disposición de los músicos, que no es la más convencional para una banda de rock. Incluso podéis llegar a estar casi en un corro mirándoos todos, con Julia en la batería delante en lugar de al fondo del escenario. Háblanos un poco de esto. ¿Cómo hacéis que el público aprenda a valorar todo esto? 

Víctor: Para mí esto tiene que ver con cómo ensayamos. Nosotros ensayamos mirándonos siempre, muy cerca los unos de los otros y me gusta tener esa sensación también en el escenario. Entiendo que estamos tocando para otra gente, pero me gusta tener la sensación de mirarnos todo el tiempo, de tener contacto entre nosotros y que estemos muy cerquita, Creo que es una cosa que me gusta transmitir. Hay cierta cercanía en todo eso y por eso me gusta hacerlo así en lugar de que exista una barrera entre el público y la banda. No me gustan las tarimas gigantes ni cosas así, me dan un poco de pereza, por eso mientras podamos transmitir esta cercanía así, estaré feliz. 

Por eso las salas entiendo que sean vuestro paisaje. Víctor: Total. Así es. Has dicho que el setlist está variando entre el comienzo de la gira y el momento presente. Ahora que “Todas las cosas buenas” tiene un recorrido importante entre la gente, ¿con qué canciones os sentís más cómodos en el escenario? 

Víctor: Hay algunas que nos gusta mucho tocar, como “El coro del Amanecer”, por ejemplo. También nos gusta hacer en directo “Trueno Azul”, “La Plaza” o “Canción de Paz”. Está siendo muy bonito ver la reacción del público. Las canciones del disco nuevo van por lugares muy diferentes y eso ayuda al concierto. Además esto hace que nos divirtamos mucho tocando. Es como un concierto muy vivo, al menos a nivel musical e interpretativo. 

Por lo tanto, los que os hemos visto en esta misma gira, ¿vamos a poder encontrar pequeñas sorpresas o matices diferentes en las canciones? 

Víctor: Sí, seguro que sí. Y sobre todo vais a ver un setlist diferente porque lo vamos cambiando todo el tiempo. 

¿De qué canciones de vuestros discos anteriores no os podéis desprender en vuestros directos? 

Víctor Cabezuelo: Hay algunas como “Nebulosa Jade” o “Río Wolf” que son imprescindibles y se nota que a la gente le gusta mucho que las toquemos. A mí particularmente me gusta tocar “Sé dónde van los patos cuando se congela el lago”. Es una canción muy para el directo. Hay canciones que, de alguna manera, me gusta que siempre estén ahí. Para esta gira, por ejemplo, hemos recuperado una muy antigua que es “El problemático Winston Smith”, que tiene más de diez años y está siendo muy chulo tocarla. Creo que aunque cambiamos mucho de repertorio hay algunas que siempre molan. 

A mí siempre me ha gustado escuchar alguna de vuestras canciones del álbum “Nueve”, que no suelen ser muy habituales en vuestros repertorios, pero cuando dejáis hueco para una o dos de ese disco se me ponen los pelos de punta. 

Víctor Cabezuelo: Ese disco fue muy bonito, la verdad, y siempre nos encanta tocarlas. 

En vuestros primeros conciertos de la gira vimos a Julia interpretar “Canta por mí” de El Último de la Fila. ¿Os habéis animado a introducir alguna otra versión en este 2026? 

Víctor Cabezuelo: De momento no. A veces estoy yo con la guitarra y me salen versiones improvisadas dependiendo del día. Hay una parte del concierto que lo dejamos un poco al azar y según el momento hacemos unas cosas u otras. 

Y en cuanto a Julia, me comentaste en nuestra anterior charla que la idea del álbum era que ella cantase en más canciones y que en los directos pudiera ir tomando la voz cantante en más ocasiones. ¿Está produciéndose algún cambio en este aspecto? 

Víctor Cabezuelo: El cambio fundamental es que ella se está encontrando más cómoda en ese sitio. Está siendo muy bonito ver cómo toma el papel de cantante, aunque creo que el cambio más drástico al respecto se verá en el futuro, en próximas canciones o discos. 

Nos has dicho que “La Plaza” se ha convertido casi en un clásico. Esta canción fue vuestra concesión más que directa al sonido de los Smiths. Ahora que Morrissey ha anunciado varias fechas en nuestro país, ¿estaréis en alguna de ellas? 

Víctor Cabezuelo: Me encantaría, pero seguro que cancela (risas). No depende de mí, depende de Morrissey. 

“Con toda la información y la música que hay es precioso que se acuerden de ti” 

Vuestro disco ha aparecido en muchas listas (incluida la del Giradiscos) como uno de los mejores del año pasado a nivel nacional. ¿Cómo recogéis estos halagos? ¿Cuánta importancia le dais a esto? 

Víctor Cabezuelo: Es algo a lo que intentamos no darle demasiada importancia, pero inevitablemente nos emociona muchísimo. Sobre todo que con todos los discos que salen la gente se haya acordado de nosotros a finales de año. Con toda la información y la música que hay es precioso que se acuerden de ti. No puedo evitar también pensar en el lado injusto de muchos discos muy buenos que no tuvieron tanto alcance mediático y nadie se acuerda de ellos. Por eso con las listas tengo una especie de amor-odio, pero claro, cuando te eligen a ti es precioso. Alguien en “X” había hecho como una especie de recopilación de todas las listas de lo mejor del año de todos los medios españoles y puntuaba según la cantidad de veces que aparecían los discos repetidos. “Todas las cosas buenas” se quedó en esa recopilación como el segundo mejor disco del año. Solamente tenía encima “LUX” de Rosalía. ¡¡Imagínate qué subidón!! Es precioso ver cómo nos valora la gente, los medios o los blogs personales. Y que directamente nos pongan casi a la altura del disco con la producción más bestia del año, que es el de Rosalía, en el que han participado los mejores productores, los mejores mezcladores, orquestas sinfónicas y un montón de movidas… Que eso esté al lado de “Todas las cosas buenas”, que fue un disco que se grabó en un local de quince metros cuadrados, con cuatro micros que teníamos y solo con nuestras manos, en un sitio que no tenía ni baño, es muy bonito pensarlo. De alguna manera es algo que te hace creer en ti mismo y te da muchas ganas de seguir haciendo música. 

Es verdad que los medios siempre estamos con el tema de las listas, que parece algo ya obligatorio para todos, pero la cara buena de todo esto sería ver si eso se refleja en vuestros conciertos. La gira está funcionando muy bien. Estáis agotando en muchos sitios y quizá sea por el boca a boca, pero también por la influencia que puedan tener estas listas en las que aparecéis recomendados como uno de los discos más importantes del año. 

Víctor Cabezuelo: Totalmente. Que la gira esté funcionando bien es la suma de un montón de cosas, pero sin duda esto ayuda mucho. Nosotros le debemos todo al boca a boca y a los medios independientes que no han parado de hablar de nosotros durante toda nuestra carrera. Una carrera que está siendo construida muy “poco a poco”, granito a granito de arena, pero siempre gracias al apoyo de la gente que habla bien de nosotros y que nos apoya. Si no sería imposible. 

“Quiero que la gente que viene a vernos, en la ciudad que sea, sienta que está en un lugar especial, en el lugar adecuado, y salga con una sonrisa” 

Ahora que hablamos de fechas llenas, me gustaría mencionar la Riviera madrileña. En abril de 2019 la llenasteis con “Magnolia-Loto”, en abril de 2023 con “El Largo Mañana” y el próximo abril estaréis con “Todas las cosas buenas”. Decís en vuestras redes que esos conciertos son especiales siempre porque reunís a toda la gente que queréis, pero ¿qué más hace especial un concierto en un sitio tan mítico como la Riviera? 

Víctor Cabezuelo: Lo primero es el lugar en sí mismo. Tocar en la Riviera, que es un sitio donde hemos visto a tantos artistas que nos encantan, es precioso. Pero también nos pasa que como todas nuestras familias y seres queridos están en Madrid es un momento donde se juntan todos. Por eso es muy importante para nosotros, porque sabemos que están ahí a nuestro lado y queremos dar un concierto bonito para ellos. Es un sitio donde se juntan muchos factores que hacen que sea especial. Aún así es un concierto más. Por ejemplo, el concierto de esta noche me lo tomo de la misma manera. Quiero que la gente que viene a vernos, en la ciudad que sea, sienta que está en un lugar especial, en el lugar adecuado, y salga con una sonrisa. 

Efectivamente. Que no tenga que pensar que si no está en Madrid se está perdiendo algo. 

Víctor Cabezuelo: Claro que no. De hecho, igual el concierto de hoy es mejor que el de Madrid. Es algo que no se puede saber. 

¿Cuáles son los discos que más suenan en vuestros viajes por media España? ¿Qué recomendaciones discográficas nos haríais vosotros que pasáis tanto tiempo en la furgo y podéis aprovecharlo para esto? 

Víctor Cabezuelo: Aquí cada uno de nosotros te diría una cosa. Yo por ejemplo estoy ahora en una etapa en la que escucho mucho jazz en la furgoneta. También estoy escuchando a dj's que trabajan con samplers de jazz. Es una música que me relaja mucho. Me encanta su sonoridad y, de hecho, me gustaría incorporarla a futuros discos de Rufus, sobre todo a nivel de baterías y de cómo suenan, que parece que estén tocando delante de ti. Eso me gusta mucho. Son baterías poco procesadas, que suenan muy de verdad. Escuchas la madera y la mano de la persona que la toca y eso es algo que me emociona un montón. Me relaja mucho escuchar eso. 

Si me dices que ese sonido de la batería es el que te engancha, precisamente tienes cerca a Julia que es la que mejor puede hacer eso. 

Víctor Cabezuelo: Sí, totalmente. Además yo compongo mucho desde la batería. Se me ocurren algunas ideas que después transmito a Julia y ella siempre mejora, y creo que en el futuro voy a hacer mucho hincapié en esto. En lugar de que suenen baterías más procesadas, como en “Magnolia”, que eran baterías muy psicodélicas y llenas de efectos, me apetece ir por otro camino, así que intentaré transmitírselo. 

Te quería preguntar también por lo que estabas escuchando en este tiempo o de lo que te estás empapando para definir la posible línea o estilo futuro de Rufus T. Firefly, porque siempre os habéis caracterizado por ese eclecticismo que os define, pero de alguna manera ya me lo has respondido. 

Víctor Cabezuelo: Sí, puede ser. Esto que te digo puede cambiar totalmente dentro de seis meses, así que no te lo tomes como algo serio, pero sí, ese camino es algo que me llama mucho la atención. Veremos a dónde nos lleva. 

¿Tenéis alguna canción ya en la recámara? ¿Qué es lo que os va brotando en este tiempo? 

Víctor Cabezuelo: Hay ideas. Sobre todo pensamientos, pequeños bocetos y notas de audio, pero todavía no nos hemos sentado a hacer nada. 

Por lo tanto, cuando estáis de gira, ¿aparcáis la composición como tal y os centráis solo en los conciertos? 

Víctor Cabezuelo: No necesariamente. Simplemente es que a mí se me ha juntado esta época con producciones y al resto de la banda con otros trabajos y proyectos, por eso no ha llegado todavía el momento de componer. Cuando llegue lo sabremos. 

He de decirte que te veo muy presente en muchos proyectos, y más concretamente ahora te acabo de descubrir vinculado a Monstruo Laberinto, con los que comenzarás una gira en breve. ¿Qué proyectos alrededor de vuestra banda nos invitaríais a conocer? 

Víctor Cabezuelo: Hay un grupo que son medio familia, Bum Motion Club, que justo están presentando un discazo ahora, “Claridad y Laureles”. Si tenéis la oportunidad de verles son un grupo que molan muchísimo en directo y les queremos un montón. 

En cuanto a otras producciones en las que andas metido, como la que te comento de Monstruo Laberinto, ¿qué nos puedes contar? 

Víctor Cabezuelo: Lo de Monstruo Laberinto es algo muy bonito y os invito a que vengáis a esos conciertos. Es un grupo que han hecho Manu Cabezalí y Nieves Lázaro y nos han llamado a dos amigos para que les acompañemos. Es algo muy guay porque vamos a coger el coche con cuatro cacharros y tocaremos en muchos sitios. Manu decía “en lugar de quedar para echar una partida al Dune, quedamos para dar un concierto”. Y la verdad es que mola mucho más. Esa es un poco la filosofía de este grupo y de estos conciertos que vamos a hacer. Esperamos que sea una cosa súper cercana y estoy seguro de que va a ser muy bonito porque han hecho un disco de una personalidad muy marcada, muy de ellos dos. Escucho las canciones y los veo a ellos. Eso me emociona mucho, así que seguro que está genial tocar con ellos. 

En su día me dijiste que no erais optimistas, sino positivos, y la verdad es que tu positividad se plasma perfectamente y se transmite de verdad. Así que me gustaría terminar pidiéndote que nos invites a sumergirnos de nuevo en el viaje de Rufus T. Firefly. Un viaje que es, de alguna manera, interminable. ¿Qué podemos hacer para mantenernos enganchados a todo lo que tenéis para ofrecernos? 

Víctor Cabezuelo: Eso es muy difícil de saber. Yo no puedo convencer a nadie, simplemente le podría decir a la gente que intente disfrutar de lo que está viendo. Y es algo que no lo digo por Rufus, sino que lo digo en general. Como te comentaba antes es un milagro que, hoy en día, una banda se pueda mantener tanto tiempo y pueda tocar. Que pueda coincidir un grupo de personas tan diverso como somos en Rufus y demos un concierto es una suerte, así que creo que nuestros directos pueden ser un momento bonito para disfrutar como banda, pero también como público. Es como tener la sensación de estar viendo algo que no es muy habitual, en lo que se han tenido que encadenar muchos factores para que suceda, así que lo que creo que hay que hacer es disfrutar del momento en el que estamos tocando, así como disfrutar de las canciones y de ver cómo disfrutamos haciéndolo. 

Ojalá sea así. Tenéis muchas fechas por delante, así que esperamos seguiros viendo con esta energía que nos transmites. Muchas gracias, de verdad. 

Víctor Cabezuelo: A vosotros. Nos vemos en los conciertos.

Diego Vasallo, nos habla sobre Løse, su nueva banda : “En estas canciones hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo”


Por: Javier González. 
Fotografías: Jokin Sanz.

Hay un secreto guardado en nuestro rock que debería dejar de serlo de forma inmediata. Se hacen llamar Løse, vocablo tomado prestado del noruego cuya acepción más cercana en castellano vendría a ser “desatar/soltar algo amarrado”. Acaban de estrenar un disco de vigoroso e intenso rock, capaz de balancearse por sonoridades cercanas al guitarreo más setentero, repletas de veleidades glam y un proto-punk de alta gama del que dejan constancia en siete cortes de absoluta categoría. 

Tras dicho término se esconde una banda en la que destacan las presencias de Fer García y Diego Vasallo, viejos camaradas y estrechos colaboradores en la carrera solista de éste último, que ahora fortalecen su alianza, dando vida a un proyecto en el que el primero es el principal responsable de las músicas, dada su condición de elegante guitarrista, y en el que el segundo se hace cargo de la totalidad de unas letras tan profundas y poéticas como suele acostumbrar, pero que en esta ocasión presentan un barniz de tonos más oscuros, peligrosos e inquietantes que se presentan entre los surcos brumosos de un disco que guarda mucha relación con este mundo en ruinas en que vivimos. 

Tuvimos la oportunidad de contactar telefónicamente con Diego Vasallo, quien con la clarividencia y el trato exquisito que siempre le caracteriza, nos habló en profundidad de esta nueva aventura con la que desde ya opositan a haber firmado el mejor disco nacional del año. 

Hace casi dos años tuvimos noticias tuyas por última vez en lo que a discos de estudio se refiere con la publicación del genial “Malo ni bueno”, debemos confesar que esta nueva aventura en formato banda llamada Løse nos ha pillado con el pie cambiado. ¿Cuéntanos cómo surgió la idea de formar esta nueva banda? En la misma hay viejos colaboradores tuyos, auténticos camaradas como Fer García. ¿A qué responde el hecho de aumentar más si cabe su peso en tu entorno con este proyecto? 

Diego: Efectivamente este es un giro bastante importante para mí, ya que es un planteamiento diferente hacer tus discos en solitario a tener una banda que funciona como tal. Ahora mismo somos cuatro, aunque probablemente entre un quinto componente en breve, se graba entre todos y las decisiones se toman de manera conjunta. Esta idea me rondaba desde hace tiempo, quería volver a sentir la sensación de estar en un grupo, trabajar de forma colectiva, y a raíz de conversaciones con Fer García, con quien efectivamente llevaba tiempo colaborando en mis discos, surgió la posibilidad. Mi último Ep, “Malo ni bueno”, que tiene cinco temas, ya se grabó con Fer en su casa y fue producido de manera conjunta. Hablando con él dimos forma a la idea de formar la banda. Se llama Løse, que viene de Noruega, tiene otra pronunciación que, evidentemente, nosotros castellanizamos y hace referencia a soltar amarras, un concepto que me hacía gracia.

Recientemente he podido ver el documental de Jonathan Stiasny, “David Bowie: el último acto”, en el mismo se da bastante voz al período en que el mito londinense montó Tin Machine para liberarse de la enorme carga de soportar una trayectoria como la suya. ¿Has pretendido hacer algo similar con este movimiento? 

Diego: Lo he visto. David Bowie siempre es una inspiración para cualquier músico y debo reconocer que desde que se cumplió el décimo aniversario de su muerte estoy con él en la cabeza todo el rato. He visto el documental que citas, también he revisitado otro llamado “Moonage Daydream”, que está muy bien, y he escuchado la mitad de su discografía, adentrándome en discos de los dos mil que no conocía tan bien. Estoy en un momento con Bowie muy intenso. Personalmente no hago este movimiento para descargar ningún peso de fama ni estrellato, llevo ya muchos años jugando en ligas minoritarias y alternativas, pero es un buen ejemplo. Realmente, no sé si Tin Machine funcionó muy bien como grupo. Otro buen ejemplo sería el de Nick Cave con Grinderman, me gusta casi más, me encantan esos dos discos que han grabado. Todos estos artistas son una motivación para hacer cosas. Mi caso era una búsqueda de volver a sentir la sensación del trabajo dentro de un grupo, como te comentaba antes. 

“Madrugada, Viagra Boys y Grinderman son parte de las bandas contemporáneas que hemos estado escuchando” 

Pregunto esto porque el álbum tiene una innegable carga guitarrera, realmente setentera, que por momentos se asoma al proto punk y al glam, diría que más que al sonido post-punk referenciado en la hoja de promoción. ¿Cómo lo ves tú? 

Diego: Sí, tiene referencias a bandas de rock. Quizás la etiqueta post-punk surgió, pero no sé si es muy adecuada. No soy muy de poner etiquetas. Me gusta la referencia que comentas sobre el glam, hay puntos en los que veo aromas a discos de glam de los setenta. Es un sonido y una época que me agradaban. También hay referencias a muchas otras cosas, por ejemplo, a grupos más actuales que nos han llamado la atención. Citaría a una banda de Noruega que se llama Madrugada y también a los suecos Viagra Boys que hacen un punk más moderno. Me gustan mucho. Y también a los referidos anteriormente Grinderman. En definitiva, una serie de bandas más contemporáneas que hemos estado escuchando. 

Sabemos que también bandas del estilo de The Kills son una referencia que te gusta bastante, tal y como nos has deslizado en bastantes entrevistas anteriores. ¿Crees que es en este disco donde más puede verse dicha influencia en el tratamiento y producción de las canciones? 

Diego:
Sí, The Kills, una banda que me gusta mucho, especialmente la producción de algunos discos como el último. Me encanta el tratamiento que hacen de las bases y baterías, creo que es muy imaginativo. Al final te acaban influyendo las cosas que estás escuchando cuando andas produciendo el disco. Coges cosas de aquello que te motiva. Me parece una referencia muy buena. 

Aunque supongo que es inevitable olvidarse de referentes como Lou Reed, Leonard Cohen y toda la amplia colección de grandes autores que tanto te han marcado. 

Diego: La huella sigue estando, aunque aquí nos hemos alejado más del concepto autor de rock. En este momento Leonard Cohen no ha sido una referencia, hay una búsqueda más rockera. Hay un proyecto que teníamos muy presente llamado Soulsavers donde canta Mark Lanegan. 

Participas de la producción junto a Fer, quien también se encarga de la mezcla junto a Aitor Ederson, una parte del proceso de la que te desentiendes. ¿Por qué? 

Diego: No, no, no me desentiendo. De hecho, hice unas premezclas previas a las mezclas junto a Aitor Ederson, técnico de sonido, pero es verdad que luego dejé que Fer las terminara y diera la forma definitiva. Confío en él y su criterio, además, tenía muy claro cómo tenía que sonar el disco y cuál debía ser el acabado final. Él también controla detalles más técnicos y tiene mayor control que yo. Es cierto que dejé un poco más en sus manos la parte final del proceso. 

Anteriormente comentaba que en parte no estaba de acuerdo con la nota de prensa, pero sí que debo darla la razón cuando la misma dice que puede que estemos ante tu trabajo más oscuro, con ambientaciones por momentos dramáticas como en “Zona de Sombras”. ¿Lo percibes así? 

Diego: Puede ser, no me da miedo la oscuridad, así que es posible. Quizás en cuanto a textos son más abstractos que otras veces, en los que veo que se refleja una constante. Hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo, puede ser un reflejo de mi visión actual sobre las cosas que nos rodean y el futuro que nos espera. Quizás sea un trabajo más oscuro que otros. En cuanto a sonido y producción lo veo más relacionado con el norte, cercano a campos lluviosos, cielos encapotados, brumas, nieblas y frio. Todos esos términos están asociados a este proyecto. 

“Veo puntos de unión entre las canciones de “Løse” y el primer disco de Cabaret Pop” 

Comentando un poco el contenido del disco, he coincidido con otros compañeros al afirmar que las composiciones de “Caemos como cae un ángel” y “Løse”, pese a su dispar tratamiento, no están tan alejadas como pueda parecer, quizás también podríamos incluir a otros álbumes como “Las Rutas Desiertas” e incluso ciertas canciones de tu época al frente de Cabaret Pop. ¿Estás de acuerdo con la afirmación? 

Diego: Con mis últimos discos veo una conexión… al final las letras son mías, aunque las canciones están hechas entre Fer y yo, pero uno no puede ponerse un disfraz y cambiar la forma de escribir y de mirar las cosas. En ese sentido siempre hay una relación, está presente mi estilo de escribir y no voy a ponerme a inventar cosas. A nivel musical sí veo una ruptura con respecto a mis últimos discos, donde hay un poso más confesional e íntimo, también más acústico, el sonido no es tan eléctrico. Con Cabaret Pop es curioso lo que dices, porque me ha retrotraído a algunos puntos, incluso al primer disco. Puede tener conexión, aunque el tratamiento es distinto, pero veo puntos de unión con aquellas canciones.

“No hacemos canciones para que sean un éxito comercial” 

“Pétalo en el aire” arranca entre ambientaciones distorsionadas, cadencias pesadas y llegando casi hasta los diez minutos, sin pensar en concesiones comerciales, enredadas en una letra que habla del devenir de los días, un repaso a una vida de eterna búsqueda llena de dramatismo, una línea general que planea por todo el disco. 

Diego:
Evidentemente, no hacemos canciones para que sean un éxito comercial, si lo es bienvenido. No nos vamos a poner a estas alturas cortapisas ni líneas rojas. Esta canción salió tan larga porque las bases se grabaron en directo: batería, bajo y guitarra rítmica. El final fue improvisado, no había un final claro. Tocamos el groove hasta que surgió el final. Es el motivo de que se alargue tanto. No nos preocupa la duración de las canciones. En ese sentido me recuerdo a discos de los setenta, donde los temas eran largos y había pocas para que entraran en el vinilo. Aquí incluimos siete canciones muy largas. 

“Creo que “Hay un hueco en algún sitio” supone una ruptura con mi trayectoria anterior” 

Hacía muchos discos que no tenías un single tan evidente como primera elección del estilo de “Hay un hueco en algún sitio”, un tema realmente vigoroso y musculoso, con esa sombra inquietante rondando por toda la canción. 

Diego: Es un ejemplo de colaboración de Fer y yo. La música es suya y la letra es mía. Hay bastantes así en el disco. Excepto la primera y la última donde tanto letra como música están escritas por mí. Es una canción que me parece una declaración de intenciones, rotunda y directa. Es quizás la que más puede romper con mi trayectoria. 

Sobrecoge escuchar una canción de amor tan profunda como “Con esta luz que nace”, hacía tiempo que no oía una declaración tan sincera escrita desde la experiencia, algo que desde otra vertiente también pareces introducir en “Cose mis heridas”, otro auténtico bombazo donde sonáis mayúsculos y de lo más peligrosos. 

Diego: Es el segundo adelanto del álbum. También es una canción rotunda y contundente, una masa de guitarras que cae. De hecho, por eso se eligió como segundo single, nos parecía un pelotazo fuerte. Toda una declaración de intenciones. 

“Mis letras pretenden dejar un poso, una sensación” 

En cuanto al apartado de letras, vuelven a ser muy inspiradas, plenas de imágenes y con lo que parecen ser cantos en primera persona y mensajes encubiertos pensados para personas muy concretas. ¿Nos equivocamos mucho? 

Diego: Lo de personas concretas no muy necesariamente. Me cuesta siempre mucho hablar de mis letras y decir de qué tratan, hablan de todo y nada en concreto. No son narrativas, no cuentan una historia, pretenden dejar un poso, una sensación. Trabajo muchos con imágenes plasmadas en versos. Hay temas bastante globales como el paso del tiempo, la incertidumbre de este sinsentido que percibo en el discurrir de las cosas. Quizás tiene que ver con el pasar del tiempo y cumplir años. En cuanto a las letras, creo que van por ahí, sin hablar de un tema en concreto. Y tampoco de personas. Son estados de ánimo que se intentan compartir. 

De la portada de los sucesivos singles y del disco se ha ocupado Jesús María Corman, bajo su alias Jesús Mansé, trasladando las mismas a un ambiente brumoso y agreste que las emparenta con las obras románticas de autores como Caspar David Friedrich. ¿Por qué habéis decidido contar con él? ¿Ha habido algún tipo de instrucción para que elaborara su trabajo? 

Diego: Pensé en él enseguida por la sensación que me da este grupo con ambientes húmedos y fríos. Corman, bueno en este caso Jesús Mansé, participa de dicha mirada. Sus paisajes, que me fascinan, parece que congelan el tiempo. Transmiten una sensación fría y magnética, creo que tienen mucha poesía sus cuadros. Le apeteció colaborar con el grupo y no le dimos ningún tipo de instrucción. Nos brindó imágenes de cuadros suyos, dos quedaron para el disco y otras dos para los singles que han salido. 

“El cancionero de Rafael Berrio es inagotable, siempre puedes volver a él” 

Sabemos que Løse pretende ser una cosa nueva y distinta, pero como principal compositor de la banda. ¿Cuál será el repertorio de vuestras presentaciones en vivo?

Diego: Ahora mismo precisamente estamos dando forma al repertorio en los ensayos. Tocaremos las canciones del disco, pero estamos muy abiertos a improvisaciones en directo. Jugaremos con ellos. Haremos todas las canciones que tenemos en el álbum, hay una nueva más y otra que se descartó, pero tenemos la intención de volverla a grabar. Hacemos dos versiones, una de mi querido Rafael Berrio, cuyo cancionero es inagotable y siempre puedes volver a él. Y luego hay una canción de The Smiths que ya hice en versión, la titulé “Vuelve un poco de lo que perdí”, la vamos a dar una vuelta para llevarla al territorio Løse. Será un concierto denso porque son composiciones largas. En principio, no quiero meter canciones de mis discos en solitario, me parece que las he tocado bastante y quiero incidir en la separación de los proyectos. No me apetece mucho combinar los dos caminos. Løse es otra historia y tiene sus propias canciones. 

Ahora que el formato va a ser decididamente otro, algo que se venía intuyendo desde hace tiempo, concretamente desde las presentaciones de “Las Rutas Desiertas”. ¿Vais a seguir tocando poco y en lugares de mediano aforo, o por el contrario, estáis abiertos a buscar otro tipo de giras ante públicos y escenarios más amplios? 

Diego: De momento vamos a empezar haciendo presentaciones en salas pequeñas, creo que es a lo que podemos aspirar ahora. Realmente estamos empezando y somos conscientes de que estamos empezando. No podemos pretender ir a grandes festivales. Sí que estamos abiertos a hacer lo que tenga que pasar. Si van viniendo otras propuestas en escenarios más grandes y festivales, puede hacerse. Este es un grupo que puede sonar en diferentes aforos. Es una diferencia que veo con respecto a mi propuesta en solitario, estaba enfocada a clubs y salas pequeñas, pero este grupo podría sonar en cualquier tipo de escenario. Por realismo vamos a empezar por salas pequeñas que es a lo que aspiramos. 

“Løse es un salto, un riesgo muy estimulante para mí” 

Se te ve ilusionado con esta vuelta de tuerca a tu carrera. ¿Qué representa este proyecto en el marco de una trayectoria tan extensa como la tuya? 

Diego: Para mí es un proyecto y un momento importante. Significa un salto y un riesgo también. Todo cambio un poco radical es un riesgo y a mí el riesgo me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Asumir riesgos es algo que me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Me motiva. Es un momento intenso formar esta banda. Además, voy cumpliendo años, así que no creo que haya más grupos en mi vida. No descarto más discos en solitario, pero esta es la última oportunidad de formar un grupo. Para mí es muy estimulante. 

“Los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes” 

Los últimos tiempos han sido crudos y duros para nuestro rock, nos han abandonado Robe y Jorge Martínez, como lo han hecho otros nombres internacionales. Y lo han hecho dejando unos enormes discos de despedida. Evidentemente no queremos invitar a la parca a intervenir, pero contigo ocurre algo similar. ¿La madurez es un arma nunca bien ponderada para la creación artística? 

Diego: Totalmente. De hecho, a mí me suelen gustar más los discos de madurez que los comienzos, lo que ocurre es que a veces pasan más desapercibidos, quizás por haber tenido éxito. Creo que los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes. Dylan y Bowie, cuyos últimos discos de los dos miles me parecen una maravilla. Los discos de madurez creo que son generalmente mejores, pero en ocasiones son menos conocidos. En el caso de Robe y Jorge Martínez no los conocí personalmente a ninguno de los dos, pero me parece que tienen trayectorias admirables y muy interesantes sobre cómo llegaron a mantenerse creando y haciendo propuestas interesantes. Además, eran gente muy inteligente, ya te digo que no los conocí, pero me parecían dos mentes bastante brillantes. 

En este tiempo, hace concretamente casi dos años, vio la luz “Diego Vasallo, trayectoria de una ola”, un libro de lo más peculiar en que se aborda tu figura desde el arte y el hecho compositivo. ¿Qué te pareció dicha obra? 

Diego: Fue una colaboración bastante intensa con Pablo Cerezal que es el autor. Un gran poeta y escritor. Es muy personal, tiene una escritura muy visceral y particular en su estilo. Me dijo que quería escribir un libro sobre mi trayectoria y proceso creativo, tuvimos muchísimas charlas al respecto. Estuvo en Ondarribia, donde vivo. A mí lo que me gusta del libro y de su estilo es que no se parece a nada. No es una biografía, ni ensayo, ni novela. No se sabe lo que es. Es algo muy peculiar. Me parece muy atractivo escaparse de los géneros, hay que tener talento para ello. Pasó muy desapercibido, no ha tenido mucho recorrido, pero ahí queda. Es un libro muy especial. 

¿Hay alguna aventura esperando tras la esquina de forma inesperada de la que nos puedas informar? 

Diego: Ahora estoy centrado totalmente en este proyecto, estamos preparando el directo a través de los ensayos, no ando metido en más proyectos. Los habrá en un futuro y la pintura siempre ha estado ahí. Estos años la tengo algo más abandonada, pero voy a seguir y haré más exposiciones. En cuanto a los conciertos hay algunas presentaciones. Tocamos en Aranda de Duero en Le Club y en el Stereo de Logroño. Arrancaremos a partir de abril. En Donosti tocaremos en Tabacalera. De momento iremos haciendo presentaciones pequeñas. Haremos lo que vaya surgiendo. Ahora no tenemos oficina, así que vamos cerrando nosotros los bolos. 

Por cierto, el álbum ha visto la luz con Warner. 

Diego: El disco salió el 13 de febrero con Warner en una vuelta a mis orígenes. Estamos con ganas e ilusión. 

Muchas gracias por atendernos y por tu obra en general, más en este caso por este fenomenal trabajo que tan buen sabor de boca nos ha dejado. 

Diego: Muchas gracias. Me alegro que os haya gustado. Para mí es un proyecto importante en el que me he dejado mucho. Es un disco que nos ha llevado tiempo prepararlo, componer y dar forma a las canciones. Hay bastante trabajo detrás. Me gusta que el disco guste. 

No te miento si te digo que para nosotros es candidato a disco del año en el apartado nacional desde ya. 

Diego: Ojalá. Me encantaría. Eso ya no depende de nosotros. Hemos dejado el trabajo hecho y hemos puesto todo. Estoy muy contento con el álbum. Muchas gracias, aquí estoy para cuando queráis.