Celtas Cortos: "El puño levantado y la denuncia social nos ha acompañado en algunas de nuestras canciones"


Por: Jon Bilbao.
Fotografías: Javier Salas.

Celtas Cortos nunca han dejado de ejercer de cronistas de nuestro tiempo, a la vez que han acercado a nuestros oídos fusiones de estilos como el rock, el folk o el reggae. Acaban de empezar su selecta gira estatal por el cuarenta aniversario de la banda y por ello charlamos con Goyo Yeves, el único miembro que lleva esas cuatro décadas ahí —aunque también contamos con el cantante Jesús Cifuentes y el violinista Alberto García, que entró en 1990—, para hacer un repaso a la rica historia de la banda y contaros cómo se van a desarrollar estos conciertos que prometen ser tan especiales.

Lo primero, felicitaros por haber cumplido cuarenta años como banda, todo un logro que supongo no esperábais cuando a mediados de los ochenta os juntasteis para tocar. Aunque supongo que vuestras vidas y motivaciones han cambiado bastante, ¿dirías que aún mantenéis parte de ese sentimiento inicial que os impulsó a agarrar un instrumento o a crear el proyecto? 

Goyo Yeves: Yo diría que sí, sin duda, porque nosotros empezamos desde muy abajo siendo unos chavales de dieciséis años. Nuestra historia surge en un instituto, éramos una especie de colectivo del instituto, una actividad extraescolar. Eso fue poco a poco creciendo y al final en el 86 nos llamamos Celtas Cortos, con algo más de entidad. Éramos ocho y soñábamos con poder tocar lo máximo posible en los bares y que no nos cobraran las cañas. (Risas). A partir de ahí vas creciendo, el boca a boca de la gente que nos veía iba recorriendo camino. Realmente nacimos siendo un grupo de amigos, sabemos lo que nos ha costado llegar hasta aquí y lo difícil (mucho más) que es mantenerse, y desde luego entendemos y valoramos a las personas que lo formamos. Que hay que ser respetuosos, tolerantes y que hay que tener en cuenta las necesidades de cada uno. Todo esto no tiene sentido si nosotros no tenemos ilusión. Pienso que seguimos teniendo esa ilusión de seguir adelante y de aportar cosas nuevas, y de crear proyectos de todo tipo. 

Me gustaría hablar por un momento de vuestros inicios. Aunque creasteis la banda siendo muy jóvenes, algunos de vosotros ya veníais de bandas: algunos del grupo Páramo y otros de Almenara, dos grupos ya relacionados con el folk. ¿Supuso un hallazgo el encontraros esos dos grupos de personas en aquel momento? ¿Teníais claro que queríais interpretar música exclusivamente instrumental? ¿Cómo recuerdas aquel momento? 

Goyo Yeves: Lo recuerdo como una eclosión de muchas cosas, para empezar el hecho de tocar con otra gente. En aquella época sí que estábamos muy metidos en el folklore castellano (que tenía un auge importante en esa época), y mis primeros conciertos tocando delante de gente fue con Castilla Joven, un grupo de baile y de danzas castellanas. Has hablado de Páramo, que es un grupo que formé yo con Cesar Cuenca, otro de los miembros de Celtas Cortos, en el que trabajábamos canciones tradicionales de nuestros pueblos, que conocíamos por nuestros abuelos, nuestros tíos…Y Almenara llevaba más tiempo con el folk castellano, donde estaba Carlos Soto, Jesús Cifuentes.. y es cierto que Celtas nos aglutinamos entorno a una música más experimental, algo diferente que no tenía tanto que ver con el folk castellano sino con músicas atlánticas, y con descubrir y trabajar sonidos nuevos y fusiones inverosímiles que resultaba muy divertido de llevar a cabo, y muy inspirador. Mucho local de ensayo, desde luego. 

Me parece que para “Gente Impresentable” ya vais encontrando vuestro sonido, aunando instrumentales con canciones con voz que tratan temas de crítica social (como “¿Qué voy a hacer yo?” o “Haz turismo”) con otros más reflexivos (“La senda del tiempo”) e incluso humorísticos (“Si no me veo no me creo”). ¿Era fácil ponerse de acuerdo entre ocho personas? ¿Solíais llegar a un consenso sobre las distintas decisiones? 

Goyo Yeves: Es cierto que aquel fue el primer disco en el que se introdujeron textos. Llevábamos unos tres años y medio sólo con la vista puesta en la música instrumental, tampoco se nos había ocurrido, fue un experimento lo de meter letra. Recuerdo que al principio era rarísimo, no sabíamos si nos cuadraba. El ser ocho personas con voz y voto hacía que las cosas se debatieran. No digo que fuera fácil porque no era lo mismo que si fuéramos dos o tres, pero también me parece que siempre ha sido muy enriquecedor, y dejábamos que todos pusieran su impronta en todo, en lo musical, en lo logístico… y somos un grupo que nació con la democracia por bandera en cuanto a las decisiones. Y siempre fue así, las decisiones se tomaban por mayoría absoluta y punto. 

Principios de los noventa fueron años muy buenos para la banda, pues vendisteis medio millón de copias de “Cuéntame un cuento”, ganasteis premios por vuestras canciones y “Tranquilo majete” también funcionó muy bien y empezasteis a salir a tocar a otros países. Fue un subidón, y lo recuerdas como algunos de los mejores momentos de la banda, o sentisteis la presión y como que la magia del principio, esa libertad, se acababa? 

Goyo Yeves: Todo eran pasos y escalones pero es verdad que hubo un escalón muy muy alto (o así creo que lo sentíamos todos) que fue el hecho de que esas canciones cantadas empezaron a sonar en la radio a nivel nacional y en radios comerciales. Eso te cambia la perspectiva totalmente porque ya te empiezan a conocer en muchos lugares y además llamando mucho la atención, primero por la fórmula musical y la instrumentación y luego con las letras, que desde luego eran peculiares. A partir de ahí, los discos “Cuéntame un cuento” y “Tranquilo majete” fueron de consolidación, de aplomo, de mucho trabajo pero creo que con una cantidad de canciones que se van a quedar siempre en la memoria, aunque eso sí, con unas giras terroríficas, estamos hablando de hacer una media de unos cien conciertos al año, y éramos personas de veintipocos años. Yo me sentía un poco como estar flotando y esa sensación no me gustaba mucho y creo que a nadie. Nos gustaba tener las cosas atadas y saber por dónde ir y los pasos a seguir, pero tal era el volúmen de trabajo y de kilómetros que a veces lo único que te apetecía era tirarte en el autobús y... ya te despertarían para el siguiente bolo. Queríamos ser conscientes de lo que hacíamos, y por eso aquellos años fueron muy locos pero también fue vivir un sueño increíble y sentirte un privilegiado. Todo el mundo cantaba tus canciones…y sentíamos el privilegio, igual que lo sentimos ahora, de que se estaba convirtiendo en una profesión, y que teníamos que luchar por ello porque merecía la pena y porque nos hacía muy muy felices. 

A mediados de los noventa abandonó el grupo el guitarrista Cesar Cuenca, y poco después el teclista Nacho Martín, dos de los compositores principales de la banda junto con el vocalista Jesús Cifuentes. ¿Visteis claro que podíais continuar creando grandes canciones? Porque después sacasteis “Tienes la puerta abierta”, más abierto a otros estilos y que seguía sonando a Celtas Cortos. 

Goyo Yeves: Es indudable que esas ocho personas que empezamos siendo unos adolescentes…pasa el tiempo, pasan cosas, y a cada uno le afectan de distintas formas. El ritmo de trabajo era trepidante, se juntaba con cuestiones familiares, alguno empezó a tener algún hijo, y todo se complicaba, como te puedes imaginar. Hay gente que al final decidió apartarse. Es verdad que esas dos personas en concreto eran dos de los que más componían, pero también te digo que componíamos todos, todos echábamos la carne en el asador como fuera, y quizá con esas dos ausencias todavía nos implicamos más los demás. Fue importante que Jesús se mantuviera, porque era el único letrista digno; es difícil hacer las letras con cierta poesía, pero a la vez con mensaje, que no resulten horteras… es muy jodido. Y Jesús tiene el don de hacer letras que le salen como churros, que la mayoría se cuadran muy bien con lo que queremos expresar. A partir de ahí seguimos trabajando, hubo incorporaciones nuevas y siguieron pasando cosas, porque son muchos años. Durante la segunda parte de los noventa lo más importante fue involucrarnos en hacer nuestro primer disco en directo, “Nos vemos en los bares” en el 97, una experiencia brutal y un apoyo enorme por parte de la gente de Valladolid. Lo recuerdo también como algo inolvidable, un reto más superado. 

La primera vez que os vi en directo fue en la gira de despedida de Cifu, me parece que en 2002. Fue uno de los conciertos que recuerdo con más cariño. Puesto que tú eres el único miembro fundador que nunca dejó la banda, ¿cómo viviste el cambio de cantante, con Antuan Muñoz, y el disco “C’est la vie”? ¿Ya que Cifu se fue para hacer su disco, sentisteis que queríais hacer algo a pesar de no contar con el cantante y compositor principal? 

Goyo Yeves: Sí, ese momento, rozando la veintena de años como banda, fue el momento más delicado. Por una parte entendíamos perfectamente que Jesús se quisiera retirar, porque si es agotador para todos, para él, que es el frontman, desgasta más. Y a él además le apetecía primero parar y luego hacer algo en otro plano, más rock n roll… y lo que te decía al principio, entendemos que hay que cuidar a las personas que formamos esto. Es cierto que nos vimos en una encrucijada de decir, ¿qué hacemos ahora?, porque los demás no estábamos en ese punto, ni de cansancio… además teníamos muchas ideas nuevas para desarrollar. No se sabía qué iba a pasar, así que decidimos que poniendo en una balanza un poco el grupo, la marca de Celtas Cortos, entendíamos que el peso instrumental era muy importante en este grupo, no era un 10 %, considerábamos que al menos suponía un 50 % (es difícil valorar esto), pero quiero decir que no éramos un grupo que era solo una voz, musicalmente también teníamos mucha personalidad, en las fusiones, en la instrumentación… y pensamos que no era mala idea seguir adelante, más que nada por no pararnos los demás, porque igual te paras y te oxidas, o pasas de todo y te da por montar una ferretería y te va bien y ya lo dejas. Yo que sé, nos daba un poco de miedo eso, porque los demás teníamos muchas ganas de seguir. Así que nos lanzamos a seguir con el nombre, con un cantante nuevo, como ya ha pasado en otras formaciones. Fue un momento de mucho debate, muchas dudas, pero al final nos lanzamos e hicimos “C’est la vie”, con la participación de todos, ahí sí que nos involucramos todos, en aportar ideas, letras… incluso gente que no estaba en el grupo, usamos letras de algunos amigos, para hacer un disco que considerábamos que podíamos hacer. A raíz de ese disco hicimos gira con unos 150 conciertos con Antuan, que no está nada mal en tres años. Aunque sí es verdad que la cosa iba cayendo, sobre todo porque mediáticamente estábamos perdiendo mucho impacto, desde los medios se veía como algo diferente, que lo era, pero ante eso no podíamos hacer nada. Teníamos material como para haber hecho un segundo disco con Antuan, pero la discográfica ya no nos apoyaba para ese segundo disco, y luego ya llegó el veinte aniversario y nos propusieron sacar un disco recopilatorio y si queríamos hacer alguna canción nueva con Jesús. Porque el trato y el contacto personal con Jesús no se había perdido, porque somos amigos. Sabíamos de su vida y de sus proyectos, íbamos a verle a algún concierto, él vino a vernos con Antuan, y eso es muy importante para no perder el hilo. A raíz de ese veinte aniversario, en el 2006 nos volvimos a juntar y lo volvimos a coger con muchas ganas. 

Para cuando Cifu volvió en 2006 algunos otros miembros ya habían dejado la banda. ¿Había desavenencias entre vosotros o simplemente cada uno siguió con su vida y no volvisteis a coincidir?

Goyo Yeves: Carlos Soto se fue en la época de Antuan, en el último año de Antuan. Fue agotamiento de tantos años. Y él por otro lado tenía un proyecto de música bretona con su pareja, porque ella era de Bretaña, y tenían ideas muy alternativas que requerían mucha implicación. Él no quería hacer algo paralelo y nos propuso apartarse sin saber hasta cuando. Y así se quedaron las cosas. El otro miembro fue Nacho Castro, el batería, que estuvo desde el principio pero no era de los del instituto porque era alguien un poco más mayor. Tenía trabajo, era funcionario, tenía una excedencia, y el agotamiento en aquel momento le hizo decidir volver a su trabajo, porque creo que sino se perdía la excedencia y tenía la última oportunidad de volver. Estuvo muchos años tocando con un grupo de blues. El siguiente disco, “Cuarenta de Abril”, lo considero el disco de consolidación de la nueva etapa con Jesús de nuevo al frente. Tiene canciones muy potentes y sobre todo “Retales de una vida”, que estaba en ese disco, fue la canción más radiada en España en 2008, y eso nos volvió a poner arriba, con toda la energía. Fue otro empuje y sabíamos que si tirábamos todos del carro podíamos seguir para adelante con mucha fuerza. 

Sois la banda que más veces he visto en directo, no sé exactamente cuántas pero más de diez. Me suele gustar cómo estructuráis los repertorios, y he visto que para esta gira del 40 aniversario habéis incluido algunas canciones no tan habituales, como algunos instrumentales de vuestros inicios o cosas como “Si no me veo no me creo” o “Trágame tierra”. Aún así hay canciones que personalmente hace mucho que no os escucho tocar, como las inéditas incluidas en el recopilatorio por el veinte aniversario, canciones como “Esta vez” o “Tres amigos”, que me encantan. / Y también hay temas de “Tienes la puerta abierta” que NUNCA os he escuchado tocar, como “La mierda” o la preciosa “Pajarico”. ¿Alguna opción de escuchar estas canciones en la actual gira? 

Goyo Yeves: Es tan difícil meter tantas… bueno, es imposible, porque sino haríamos un concierto desde la mañana hasta la noche. (Risas). Hemos pasado por tantas etapas… es verdad que algunas canciones tienen una estética con la que ahora mismo no nos sentimos demasiado a gusto. Por ejemplo con música latina, como “Romance de Rosabella y Domingo”. Y el disco sobre el que hablas, “Tienes la puerta abierta”, es un disco un poco experimental en el que jugueteamos con la electrónica, digamos que fue un experimento que estuvo muy bien, creo que la época lo pedía pero ahora tampoco nos cuadran demasiado todas las canciones. Hemos seguido tocando canciones como “Todo es ponerse” o “Gente distinta”.. o por ejemplo “Pajarico”, alguna vez ha estado en el repertorio, es un tema muy sensible, pero a veces hasta se nos olvidan. Podíamos decir, ¿en vez de “La senda del tiempo” ponemos esta otra? La verdad es que es muy complicado, a mí me encantaría dar cabida a ese montón de canciones. “La mierda”, es que no me acuerdo bien cómo era pero creo recordar que tiene una melodía celta super chula. Después de esto que me dices se me está ocurriendo que podríamos hacer un año una gira especial de canciones raras, en pequeños recintos porque igual no va mucha gente.. (risas). Este año, con este mega aniversario queríamos dar cabida a algunas canciones más, pero claro, tampoco puedes pasarte. Tú lo sabes, hay diez, doce temas que son casi obligatorios. Y también tienes que jugar mucho con las dinámicas, que no decaiga mucho durante demasiado tiempo, que suba, que baje, dejar temas fuertes para el final, nos gusta meter temas del último trabajo, en este caso “El mundo del revés”, temas instrumentales… tenemos que jugar con tantos ingredientes que es difícil hacerlo a gusto de todos. Sí que puedo decir que este año sí hay algunos caramelitos que hemos querido meter, aunque también te digo que estamos teniendo problemas en los lugares porque están muy limitados con la hora, por problemas con los vecinos. Todos los conciertos los empezamos a las 21:00 pero nos estamos encontrando que en todos los recintos, a las 23:00 hay que cortar, máximo 23:10. ¿Qué ha pasado? Pues que nosotros habíamos elaborado un repertorio de dos horas y media y no estamos pudiendo hacerlo, aún no lo hemos podido hacer. Da rabia. 

En la formación actual estáis tú y Cifu como miembros originales, además de Alberto García al violín, que es un miembro de larguísimo recorrido, pues entró en 1990. Veo que para la gira vais a tener a Carlos Soto, miembro fundador. Quiero preguntarte si es correcto lo que leo, que Carlos Soto tocará saxofón, cuando siempre lo solemos recordar por sus aportaciones a la flauta. 

Goyo Yeves: Es correcto, Carlos estará todo el año con nosotros. También hemos incorporado dos músicos más, no excomponentes, pero en esta gira seremos diez. Queríamos que no faltara de nada, y hacemos una sección de metales completa, más acordeón y piano, que hace muchos años que no llevamos. Siempre ha sido un ingrediente fundamental en nuestro sonido pero hacía ocho o diez años que no llevábamos. Está Carlos Soto porque, lo mismo que te decía sobre cuando se fue Jesús, con Carlos jamás hemos perdido el contacto personal, nos vemos mucho y hay una relación. Necesitábamos a alguien que tocara trompeta, trombón y otro saxo para completar la sección de vientos, y Carlos toca todo eso. Aunque también habrá una sorpresa en ese sentido. 

¿Haciendo quizá la canción que estoy pensando? 

Seguramente… (Risas) 

¿Lanzasteis la propuesta de unirse a esta gira a otros miembros fundadores o únicamente a Carlos Soto? 

Goyo Yeves: El batería, Nacho Castro, está retirado hace tiempo, no está en activo. Y con otros de los exmiembros no tenemos una relación tan estrecha, creo que no hubiera sido tan natural. 

Me gustó mucho el mensaje de la canción “El mundo del revés”, ¿Dirías que el denunciar las injusticias o lo que no os parece bien sigue siendo parte del motor de Celtas Cortos? 

Sin duda, es algo que no podemos esconder, ese puño levantado y esa denuncia social nos ha acompañado en algunas de nuestras canciones. Es una especie de altavoz para decir como ciudadano las cosas que me preocupan, las injusticias, toda la desigualdad que hay… es que es increíble, no podemos estar callados. 

Sobre el tema de la tecnología, a mí me parece que siempre puede ser útil tener algunas herramientas a mano, pero que lo malo suele ser el uso que se hace de esta. Es decir, usar la Inteligencia Artificial, por ejemplo, para determinadas cosas puede ser beneficioso, pero si empezamos a utilizarla como psicólogo (como están haciendo algunas personas), y dejamos incluso muchas de nuestras opiniones a su criterio, ahí es donde entra el peligro y a veces el lavado de cerebros. Esto ya está pasando. ¿Qué opinas sobre ello? 

Goyo Yeves: Podría estar muy de acuerdo contigo. Yo realmente soy un apasionado de la tecnología, llevo muchos años haciendo cosas como técnico de sonido, desde los noventa empecé a grabar maquetas para otros grupos e imagínate los cambios que he vivido en ese sector, desde empezar grabando en una cinta de cassette a las mezclas entre analógico y digital y llegando a la revolución del disco duro. Ahora la Inteligencia Artificial, al secuenciador con el que trabajo, le pones cuatro acordes y te haces una base que suena que te cagas. Lo primero, es alucinante, y después lo que tú dices, es una herramienta brutal para que te ayude a hacerte una idea de cómo pueden quedar cosas que tienes en tu cabeza, ya que obviamente no puedes tocar todos los instrumentos. Por un lado, muy bien, y por otro nosotros hemos perdido el ensayo cara a cara del local. Hace muchos años que no tenemos local. No digo que no ensayemos pero lo hacemos de forma intensiva, después de que todo el mundo haya trabajado estas ideas en su casa a través de las distintas herramientas de las que hablamos. Es verdad que hay algo que echas un poco de menos, porque antes el local de ensayo era ir a ensayar pero también tomarte unas cañas, era otra cosa, otras vivencias. Hay algo de peligro, porque el factor humano no nos lo podemos cargar, la música es alma y magia, y eso la IA no lo consigue. Hasta ahora creo que soy capaz de distinguir si me pones algo con IA, creo que no fallaría ni una, pero insisto, peligro, porque esto va a un ritmo… 

Hace poco descubrí que para el clásico “Skaparate Nacional”, la música la escribió Alberto García y la letra tú mismo. Es una de mis letras favoritas del grupo, con una fotografía de lo que era ese momento político y social en España. Y la cosa no es que haya cambiado mucho… más bien ha ido a peor y se han seguido descubriendo cosas incluso peores… ¿Crees que podríais crear un “Skaparate nacional” del siglo XXI? ¿Cómo sería? 

Goyo Yeves: Sí sí, totalmente, de hecho lo pensé hace unos años, podíamos sacar “Skaparate nacional 2”. (Risas). Efectivamente, poco habría que cambiar aparte de los nombres propios, introducir algún ingrediente más, por desgracia, sobre los conflictos bélicos a los que estamos asistiendo. Es terrible. Mucha gente nos dice si sabemos que somos precursores, y no, nosotros somos cronistas, no somos visionarios, y además nos gustaría no serlo. La idea es todo lo contrario, que si alguien a través de nuestras canciones se sensibiliza o se solidariza más con algunas causas y a raíz de eso se pueden, en cierta forma, cambiar las cosas para bien, esa es la idea. Hablas de “Skaparate nacional”, pero es que escuchas “Tranquilo majete”, “Haz turismo” o “¡¡Ya esta bien!!” y dices, pero si estos ya hablaban sobre ello hace treinta años y estamos igual, eso es muy triste. 

He oído que durante la gira tendréis varias colaboraciones con otros músicos. ¿Puedes contarme si habrá algún invitado especial para el concierto de Pamplona, que es donde finalmente podremos veros? 

Goyo Yeves: En Pamplona habíamos tocado un par de teclas pero nos han fallado algunas que nos hacían especial ilusión. No porque no quisieran sino porque la gente tiene otros compromisos. La verdad es que nos ha sorprendido que encajaran los planes con algunos con los que no teníamos demasiado trato, pero parece que la gente nos tiene mucho cariño y les hace ilusión. Te puedo hablar de dos que están confirmados, y hay un tercero que aún está en el aire. En Pamplona estará Josemi de Ska-P, que vive allí, y luego van a ir el cantante y el trompetista de La Regadera. 

Por mi parte ya está. Desear que disfrutéis tanto como nosotros en esta gira de vuestros cuarenta años como banda, felicidades, y nos vemos en los conciertos. 

Goyo Yeves: Sí, nosotros desde luego lo estamos disfrutando. Estamos intentando que los ingredientes sean especiales, ya verás en el concierto que hay un montón de videos que se proyectarán, con una estética muy cuidada, hechos exclusivamente para este gira, que también nos arropan y dan a estos conciertos una entidad, para que se note que es una celebración de los cuarenta años, que haya un cortador de jamón. (Risas). Un buen diseño de luces… temas muy cuidados que hacía tiempo que no teníamos de esta manera. Y para eso es, para disfrutarlos con vosotros, con el público.


Fechas de la gira: 

27 de febrero de 2026 – ZARAGOZA – Pabellón Príncipe Felipe 

28 de febrero de 2026 – PAMPLONA – Navarra Arena 

14 de marzo de 2026 – BARCELONA – Sant Jordi Club 

21 de marzo de 2026 – MURCIA – Palacio de los Deportes de Murcia 

11 de abril de 2026 – A CORUÑA – Coliseum 

18 de abril de 2026 – VALLADOLID –Pabellón Polideportivo Pisuerga

Ángel Stanich: “Las temáticas del desencanto y la evasión pululan en cada tema”


Por: Javier González. 
Fotografías: Bitz Sanz.

Qué ganas teníamos de poder entrevistar al enorme Ángel Stanich en “El Giradiscos”. Sí, somos de aquellos que acercaron la oreja al bafle con interés cuando escucharon por primera vez su maravillosa tonada “Metralleta Joe”, apuntando en letras mayúsculas el nombre de un tipo que desde ese disparo inicial no ha dejado de regalarnos discos tan personales como interesantes.

Sabido es por todos que el bueno de Ángel no es muy amigo de pasear su palmito y peculiar barba en rondas de entrevistas, donde por otra parte las cuestiones suelen ser repetitivas, cuando no vulgares sucesiones de palabrería vacía digna del mejor número de la “Súper Pop”; sin embargo, en esta ocasión los dioses se han alineado para jugar a favor de obra, provocando que nuestro bardo electrificado elevara su pulgar ante nuestra propuesta de mandarle un cuestionario cerrado, cumpliendo de este modo uno de nuestros deseos pendientes.

El motivo no ha sido otro que la publicación de “Por la Hierba”, una nueva, grata y afilada colección de canciones plagadas de realismo mágico y cultura transversal, alta y baja, donde el norteño vuelve a recorrer una senda lisérgica que deja un regusto bien dulce, sobre todo cuando al final de la entrevista confiesa que no ha tarareado “Hula Hula” mientras respondía a la misma. Una responsabilidad, devenida en honor, que hoy, no sin ciertas dosis de chulería compartimos con vosotros. Os dejamos con un pedazo artista mayúsculo, de los que tema a tema alimenta una leyenda de las que desafortunadamente cada vez van quedando menos por nuestra geografía rockera.

Es un placer poder hablar contigo, Ángel. Te agradecemos de corazón esta oportunidad porque admiramos mucho tu forma de componer y expresarte, se podría decir que desde el primer momento en que supimos de la existencia de tus canciones entraste en nuestro particular olimpo de músicos a seguir con devoción y cariño. Acaba de ver la luz “Por la hierba”, el cuarto Lp de tu discografía. ¿Todavía sientes un cosquilleo en el estómago antes de entregar al mundo un nuevo disco? O por el contrario, ¿es algo a lo que te has ido acostumbrando a la fuerza? 

Ángel:
Lo primero de todo, que diría aquél, muy agradecido y honrado por vuestras palabras, también por vuestra paciencia y comprensión a la hora de recibir mis respuestas que, digamos, se han hecho de rogar… “No volverá a acudir”, que diría el de más allá… ¡Sí! Sigo sintiendo el ínclito cosquilleo en el estómago al publicar un disco. Se vuelca mucho de uno mismo en cada trabajo como para, una vez lanzando al espacio, no sentirse algo vulnerable… El día que esto no me pase tendré que hacerme astronauta. 

“Las musas han tardado en venir lo de siempre, sólo que en esta ocasión era yo el que, por un tiempo, no estaba para mucha visita” 

Sabemos que no has estado parado, pero llama la atención el hecho de que desde tu anterior álbum, “Polvo de Battiato”, han pasado casi cinco años, el tiempo más largo de espera entre disco y disco. ¿A qué se ha debido este hecho? ¿Sentías la necesidad de pensar bien el siguiente paso? ¿O quizás las musas han tardado más en aparecer en esta ocasión? 

Ángel: Recapitulemos… Si tenemos presente mi cadencia habitual, que viene a ser de unos 3/4 años entre LP’s, el cuadro de ansiedad que tuve al final de la gira de “Polvo de Battiato”, que me obligó a cancelar dos fechas, y que esos casi cinco años se concretan exactamente en cuatro años y tres meses, si no me equivoco… Diría que las musas han tardado en venir lo de siempre, sólo que en esta ocasión era yo el que, por un tiempo, no estaba para mucha visita.

 “En esta ocasión hemos grabado con más calma y minuciosidad, canción a canción, pista a pista” 

¿Cómo ha sido el proceso de composición de esta nueva colección? ¿Ha habido algo que haya hecho de la grabación y gestación de este cancionero especial con respecto a los anteriores discos? 

Ángel: Ha habido algo, ¡sí! Incluso, “algos”. Por centrarme en lo más llamativo, esta vez hemos grabado con más calma y minuciosidad, canción a canción, pista a pista. En vez de ensayar con la banda durante meses, a fin de llegar muy preparados a un estudio de grabación y aprovechar a muerte el tiempo allí, se han ido grabando esqueletos, músculos y pieles de cada tema poco a poco durante más de un año. Y eso es porque no sólo ha habido “algo”, sino también alguien: Juan Torán, y su Estudio Bien (es el nombre, sí… Se queda corto). Juan es coproductor de este álbum.

Atendiendo a las canciones se observan multitud de matices, sabiamente mezclados, que nos muestra un disco que planta sus pies en diversos estilos, etapas y corrientes musicales. ¿Hablarías del disco más heterogéneo de cuantos has facturado?
 
Ángel: Pues, sinceramente, ¡no! (Risas)… Esta heterogeneidad nos acompaña, diría, desde “Antigua y Barbuda” (2017), un disco que ya tenía un crisol de géneros musicales bastante curioso. En “Por La Hierba” se continua la saga, pero creo que hay una mayor homogeneidad que en trabajos anteriores, como una salsa musical que lo liga todo. Que las temáticas del desencanto y la evasión pululen en cada tema también ayudan a esta uniformidad… Bachata incluida. 

“Cada vez hay menos garitos en los que pueda entrar sin sentir “chungueza” 

Abres el disco con “Carretera o trueno” cantando “la música se pone chunga”, una afirmación extrapolable al mundo en general que nos hace pensar en un Ángel Stanich especialmente crudo y malencarado, siempre desde tu peculiar forma expresiva. ¿Había en esta ocasión demasiadas cosas por las que cantar/protestar? ¿Podemos tomar “Super Gris” como un magnífico ejemplo? 

Ángel: Mmm, creo que “protestar” quizá no es el verbo más idóneo para expresarlo, mi propósito estaría más entre la queja y el quejío, más aún en temas como “Super Gris”. Y cuando digo “la música se pone chunga” quiero decir, por una vez, exactamente eso: que la música se pone chunga. ¿No te ha pasado nunca que estás a gusto en algún garito y, de repente, cambia el dj y se jode? También se puede entender, claro, como una crítica al panorama actual… Cada vez, me temo, hay menos garitos en los que pueda entrar sin sentir esta “chungueza”. 

“Más que mágico es trágico ver cómo los mismos viejos trucos efectistas de los mismos magos sin gracia siguen funcionando” 

En una misma línea plagada de referencias se mueve “Os traigo amor” donde deslizas un mensaje contra la energía nuclear y ciertos líderes mundiales empeñados en saltarse la legalidad internacional, a los que aludes con un punto de socarronería y vacile. ¿Es la triste realidad el mejor estimulante para componer desde el surrealismo o el “irrealismo mágico”? 

Ángel:
Realismo mágico, sin miedo… El mundo parece cada vez más lo que decían los Simpsons de él, aunque más que mágico es trágico ver cómo los mismos viejos trucos efectistas de los mismos magos sin gracia siguen funcionando. Ahora sí que estoy protestando. Pediría humanidad y cordura a esos “ciertos líderes”, pero sería como pedirle a Juan Tamariz que resucite a Pepe Carroll… Lamentablemente, no está entre su repertorio.

“He vuelto a la senda lisérgica, a la aridez, a la hierba y al alquitrán” 

De todas formas, también pienso que puede que sea tu disco más críptico a nivel de letras, aunque el poder de las imágenes sigue siendo incontestable. ¿Lo ves así? 

Ángel: Bueno… A críptico puede que ganara “Camino Ácido” (2014), pero en éste, por ser quizá el comienzo de otra nueva trilogía, veo cosas de aquél… De algún modo, siento que he vuelto a esa misma senda lisérgica, a la aridez, a la hierba y al alquitrán, pero con el equipaje y el bagaje de todo lo vivido. Como se suele decir: no tengo pruebas ni tampoco dudas. 

Siguiendo por esa vereda que habla de tu peculiar forma de escribir, siempre me ha impresionado esa forma que tienes de enhebrar una poética personal mezclada con retazos de cultura, a veces alta y otras popular. Creo que hay pocos autores nacionales tan personales, inteligentes, críticos y divertidos como tú. ¿De dónde surge un mundo tan vasto y ocurrente a la hora de crear tus letras? 

Ángel: Agradezco de nuevo mucho tus palabras…Hay bastante mierda. Este mundo supongo que se acumula por el modo en el que veo yo el mundo, y las cosas que me han ido llamando poderosamente la atención. Me gusta pensar que soy un buen observador, y me observo mientras lo pienso… ¿Cuál era la pregunta? 

Dicen las malas lenguas que has sido profesor de Lengua y Literatura. ¿Has valorado en algún momento la posibilidad de lanzarte a la aventura de escribir un libro?

Ángel: Si esas lenguas eran tan malas, no serían profesoras de Literatura… Es un bulo que debo desmentir, pero, por favor, no uses esto de titular… Me gusta un poquito. 

Recientemente hemos sufrido la pérdida de dos iconos de nuestro rock como Robe Iniesta y Jorge Martínez, personalidades que han dejado una huella profunda en nuestra música y un vacío inmenso. Sabemos que con Jorge tenías una pequeña relación, no en vano le invitaste a compartir escenario contigo en Madrid hace unos años. ¿Qué valoración haces de ambas figuras y de su legado? 

Ángel: No creo que sea nadie para realizar el obituario de estas dos auténticas leyendas… No puedo más que lamentar que nos hayan dejado demasiado pronto, sobre todo, a juzgar por sus capacidades creativas, que seguían en estado exuberante. El legado que regalan ambos es tan vasto que tampoco puedes reprocharles nada, por mucha orfandad que dejen.

“Jorge Martínez señalaba el camino que nadie quería transitar, uno que alumbraba la verdad incómoda que nadie quería mirar” 

¿Qué perdemos con la muerte del genial Jorge Martínez? 

Ángel:
Pues no sé si un padre, siguiendo con lo de la orfandad… Se va un faro, eso fijo, y no lo digo (sólo) por la altura: se va un faro que señalaba el camino que nadie quería transitar, uno que alumbraba la verdad incómoda que nadie quería mirar. Provocación, arrogancia, jeta, ingenio… Y un músico increíble, esmerado como el que más en su arte. Aunaba locura y actitud, oficio y rebeldía… ¡Puto genio! Fue un honor tan sólo conocerle, y tocar aquella vez con él ni te cuento. 

Se va a echar mucho de menos su carácter personal, indómito y su visceralidad sobre los escenarios, donde cada noche seguía saliendo con el cuchillo entre los dientes. Creo que hay ciertas conexiones a la hora de afrontar la profesión entre ambos. ¿Tú también lo percibes así? ¿Crees que es la única de permanecer dentro del sector musical en nuestro país? 

Ángel: No me quiero llegar ni a comparar, por respeto y por no salir escaldado… Pero todo lo que sea indómito suele serme inspirador, y Jorge no es una excepción. Al contrario: para mí, Jorge es norma a la hora de entender mejor el mundo, especialmente en este negocio de la música. Yo también salgo a actuar con el cuchillo entre los dientes, pero Jorge creo que iba hasta a por el pan con el maldito cuchillo entre los dientes. 

Ahora que está de moda. ¿Veremos a Ángel Stanich salir corriendo camino de Callao ante el delirio mesiánico de su tropa de fans? 

Ángel: No sé muy bien ni de qué me hablas. (Risas) 

Apenas llevas unas fechas de la gira de presentación. ¿Qué tal han funcionado? ¿Qué han podido ver aquellos que ya han tenido el placer de veros en vivo? 

Ángel: Llevamos ya 6 fechas con el disco sacado, la gira empezó sin nombre, pero ya es “Por La Hierba”, y la impresión es buenísima, ¡la verdad! Estamos muy contentos. El público está respondiendo muy bien a las nuevas canciones, y sin importar la índole… Una canción como “Super Gris”, por ejemplo, que no es precisamente la alegría de la huerta, como su propio nombre indica, está siendo recibida con muchísimo cariño. Podéis venir a comprobarlo. 

Hay todavía un montón de fechas por desarrollar a lo largo de 2026, alguna inclusive pertenece al 2027. ¿Ves factible la posibilidad de arrancar un neverending tour? 

Ángel: No me quería comparar con Jorge, hagámoslo con Dylan, claro que sí (risas). Bueno. Cuando comienzo una gira no es que la imagine interminable, pero tampoco veo el fin. Me concentro en lo siguiente, en el siguiente fin de semana. Nada más. Es la forma también de mantener ese cuchillo entre los dientes y que no te dé un telele (¿se dice todavía telele? En fin. Desde luego, nunca he tenido prisa por acabar las giras, me gusta llevar cada disco al mayor número de lugares posibles, propagar la palabra… Y eso intentamos. 

Sé sincero, ¿respondiendo esta entrevista se te ha pasado por la cabeza la letra y melodía de “Hula Hula” o hemos estado medianamente aceptables? 

Ángel: (Risas) Todo aceptable y a colación. Un tanto extensa, quizá, ¿no? Se nota que no publicáis en papel. No, en serio, gracias. Soy yo el que se excusa nuevamente por la demora en responder. 

Mil gracias, Ángel. Un fuerte abrazo. 

Ángel: ¡Ídem!

Raúl Bernal: “La música es lo que me interesa. Mi trabajo en el estudio es de búsqueda”


Po: Guillermo García Domingo.

A Raúl Bernal no le gusta estar bajo los focos, la vida escondida y retirada le colma. Retirarse a su “cabaña” (siguiendo el ejemplo de Thoreau, el filósofo trascendentalista) es su principal propósito. Pero la actualidad no hace más que llevarle la contraria. Lleva en definitiva un doble vida, en su taller/estudio confecciona la materia orgánica de sus discos en solitario como el reciente "fig.2", mientras sus compañeros músicos, que le admiran, le convocan para que produzca sus discos, véase el disco de 091, "Espejismo nº 9", recién publicado, para que toque en sus discos, o participe decisivamente en sus giras, está inmerso en la de Quique González. Le interrogamos por su colección de canciones más reciente, impregnadas de “belleza y serrín” como en su día dijimos, y descubrimos a un artista que posee una mirada musical (y existencial) muy singular. 

Te quiero dar la enhorabuena por el EP que has publicado recientemente (10 de diciembre), lo has hecho en los últimos días del año cuando las listas ya estaban cerradas, pero es un trabajo tan destacable que habría merecido su inclusión en las citadas listas de los mejores trabajos del curso. Cuando entrevistamos a Quique González hace unos meses, te elogió y señaló que había que estar muy atentos a tus nuevas canciones. 

Raúl Bernal: No importa, el anterior creo que también lo publiqué en diciembre. Y lo hice un poco adrede. Mi meta habría sido sacarlo el 31 de enero (risas).  

Precisamente quería preguntarte acerca de cierta voluntad de ocultación que he detectado en ti. 

Raúl Bernal: Es que no va conmigo, las canciones son canciones, y no hay que darle más vueltas, ni darles tanta importancia. Está hecho un poco adrede, y así pasar desapercibido entre el tumulto que hay. 

¡No lo has conseguido del todo! Es un disco bellísimo y una de las cosas que ha llamado mi atención es que, de algún modo, aunque suene grandilocuente, se trata de una obra total, en la que has intentado que los que escuchemos el disco, de algún modo, no solamente escuchemos el resultado final de las canciones. Actualmente advertimos cierta sobreproducción en los discos, hay demasiada impostación. ¡Qué te voy a contar a ti! Tú también eres productor, y después hablaremos de esa “doble vida” que llevas. Por ejemplo, la primera canción, y no es la única en la que sucede. Se pueden escuchar los crujidos de tu estudio, algunas veces son los sonidos de tus manos sobre los propios instrumentos. Me ha parecido extraordinario, porque es una manera de asomarse a los discos diferente, a la que no estamos acostumbrados.

Raúl Bernal: Sí, yo siempre lo intento en la medida de lo posible en las cosas que hago yo. No es que lo que pase lo deje, sino que intento siempre que pase. Siempre estoy buscando que se oigan los dedos en el piano, que se oigan mis pasos en el estudio. Por ejemplo, cuando estoy cantando, no me gusta quitar los silencios entre frases. No me gusta limpiar eso en lo mío. Porque al final es un todo, comprendo que tiene un punto de suciedad, bien entendida para mí, que a mí me gusta mucho escucharlo en los discos. Este es un disco que se ha hecho en mi pequeño estudio que tengo en mi casa donde yo hago algunas producciones y donde mezclo, donde trabajo y estoy parte del tiempo. Y entonces simular otra cosa habría sido un poco engañarme a mí y además falsear una cosa que no estaba ocurriendo. Entonces hay fallos en el disco, hay algunas cosas que no suenan a tiempo o hay cosas que no están definidas del todo. Por ejemplo los solos de piano que hay, hay varios solos de piano, se podrían haber hecho mejor. Yo estoy muy en contra de los solos. No me gusta el alardeo de los solos. O sea, me gustan los solos cuando tienen mucho sentimiento y son muy melódicos, y son muy viscerales Y entonces en estos que aparecen en este disco me propuse hacerlo así. No quería tener nada preestablecido con respecto a esto, sino ponerme la canción y tocar un solo que pensara en el último segundo. Es como tocar de una forma diferente a como suelo tocar o algo así. Es como arriesgarme, y dejarlo. Y hacerme tres o cuatro solos, cada uno totalmente diferente y que fueran arriesgados, y que fueran diferentes, y que me equivocara, que dejar que pasaran, en definitiva. Simplemente estar muy dentro de la canción y luego elegir el que más me gustaba. Pero no he hecho “corta y pega” de “solo”, ni nada de eso. Y una cosa un poco de vicio, que a mí me gusta: si el “solo” aparece en el minuto 1' 40´´. Pues si lo estoy grabando yo. A mí no me gusta que me pongan desde el minuto 1' 30´´. Yo quiero escuchar la canción desde el principio y tocar cuando llegue el momento, porque para mí es como estar más dentro de la canción y es más puro. El músico está más dentro y está pensando más en la canción que en su solo. Hay cosas que se dejan de la mano, en el buen sentido. Y con respecto a la primera canción es la más evidente, sí está muy adrede, de hecho hay solo un micro que está muy dentro del piano para escuchar el mecanismo, el muelle, el pedal y la madera, y está hecho para eso. Porque, cuando empecé a grabar el disco, empecé a grabar mucho tiempo antes de que saliera, había un disco de Adrianne Lenker, el último disco en solitario de Adrián Lenker, la cantante de Big Thief, y me enamoré de ese disco a más no poder, y tiene esas cosas, ¿no? Esos ruidos, esas cosas como que el músico no sabes si está tocando o no está tocando. En esa canción, en concreto, me inspiré mucho en ese disco, en que quería un sonido muy casual, y más puro. No me empeño en quitar eso. Ves que coexiste con la música. 

Claro, otra de las cosas que llama mucho la atención. Es que tú mismo te “fabricas” el disco, tocando todos los instrumentos Hay también un bajista, ¿no? Y la voz al final En la montaña de Laura Fernández. Eso también te ofrece el control total, ¿no? Esa sensación que quieres poseer es deliberada, ¿no? Que quieres al final lo que esperan otros de ti, las modas. 

Raúl Bernal: Para mí no tiene ningún sentido. No tengo que mantener una carrera, hacer eso no quiere decir que hagas cosas que no quieras. Pero no tengo la obligación, no me he autoimpuesto la obligación de tener que estar en unos sitios, sonar en un sitio o que te llamen para tocar de otro sitio. La música es lo que me interesa. En cuanto al hacerlo solo, pues es un poco porque tampoco tengo muy claro al principio lo que quiero hasta que está ocurriendo. Porque me gusta que las cosas sean un poco espontáneas y que sucedan en el momento. Entonces mi trabajo en el estudio cuando estoy produciendo lo mío, es de búsqueda. No se trata de decir, “voy a grabar esto lo mejor posible”. Es que no sé lo que voy a hacer ¿Y las letras están ya consolidadas? O sea, ¿las letras sí que las llevas de antemano? Sí, sí, no grabo si no tengo todo terminado. Necesito tenerlo todo, de hecho, además necesito tener todas las canciones compuestas, antes de empezar a grabar. Yo funciono por etapas ¿No? No me pongo a componer si no he terminado de grabar una cosa y ya he cerrado ese cajón. No compongo en mitad de la grabación. Compongo porque necesito cerrar un ciclo. Este ciclo se inicia cuando comienzo a componer hasta que sale el disco, digamos, hasta que yo lo termino de mezcla y  mi amigo Manu me ha hecho la portada o algo así. Hasta que eso no esté cerrado, no siento realmente la necesidad de componer, igual pueden pasar meses o pueden pasar años sin que sienta esa necesidad. No se solapan los proyectos, tampoco suelo solapar producciones. Quiero terminar una cosa y descansar la cabeza. Estar centrado en una cosa, en un proyecto. Lo hago porque tal vez no tengo la capacidad de hacerlo de otra manera. Me gusta estar en una cosa y terminarla bien. Igual que estar en dos giras a la vez o algo así. Te vuelves loco, prefiero estar centrado en una cosa y hacerlo bien y terminar. 

“La música es lo que me interesa…tampoco tengo muy claro al principio lo que quiero hasta que está ocurriendo. Mi trabajo en el estudio es de búsqueda”.

Sobre el carácter de las letras me parece que te encuentras en la estela de poetas muy importantes. Porque, sobre todo, en este disco, he observado que hay una temática común, el retiro en la naturaleza. Incluso en una filosofía de vida. La fotografía de la cabecera en Bandcamp, en la que parece que te asomas, pero no se sabe si te estás retirando o si estás intentando salir y darte a conocer. Aparecen además muchos elementos telúricos. El tono de la mayoría es menos pesimista, que en otros periodos. Porque, pese a que evocas ese retiro, hay canciones como “No todo es permanecer”, que incluye un estribillo magnífico y esperanzador. ¿Estás de acuerdo con esa temática común o es que yo encuentro patrones donde no los hay? 

Raúl Bernal: Sí, así soy yo, me gusta la tranquilidad y la calma, no me gusta el bullicio. El tema de la contemplación va conmigo. Considero que es necesario, bonito y bello darte cuenta de la belleza del campo, del viento, del mar. Situarte en ellos, simplemente con eso es suficiente. Darte cuenta de que estás ahí presente también. Pues el hecho de contemplar y no pensar en nada más. Solo estar ahí. Ahora me doy cuenta, cuando ya ha pasado el tiempo y veo las cosas desde fuera, que hay una necesidad de cercanía con el paisaje. Creo que sí, el rollo del campo del naranjo, o del limonero, del manzano. Pues ya vamos teniendo una edad. Me visualizo viviendo de esta manera, es una opción vital, claro.

Y además que tiene mucho De resistencia también, eh Tiene mucho, es una opción vital Incluso yo diría que social y política También, porque Sí, 

Raúl Bernal: Totalmente, de hecho soy muy fan de (H.D.) Thoreau. Va conmigo. Yo no estoy en mi lugar cuando estoy rodeado de demasiada gente. Por supuesto, me gusta rodearme de gente, estar con amigos, con la familia. Pero me siento un poco raro siempre, me gusta mucho vivir apartado del mundo. Soy partidario del silencio antes que del ruido ¿Sabes? Soy más de observar que de participar. No me siento cómodo siendo el centro de atención de algo.  

De todas maneras, el retiro no equivale a indolencia porque tú eres un gran artesano. Pues tú aludías a todo el trabajo que conlleva tener preparado un disco en el que has tocado todos los instrumentos. He pensado en tu estudio casero como un taller. ¿Te identificas un poco con esa idea del taller, del artesano de la música que trabaja en silencio? 

Raúl Bernal: Totalmente, totalmente. Nunca me he sentido de otras forma. Siempre me he tomado esta profesión como un trabajo artesanal, y eso tiene unas consecuencias. Que para poder comer, pues, tienes que salir a tocar. A mí me gusta mucho salir y estar de gira y con mis compañeros de profesión. Me lo paso muy bien tocando. Es un momento muy, muy especial. Me gusta mucho también grabar, es muy emocionante. Son consecuencias. Pero, para mí, el trabajo del músico está relacionado una vez más con la contemplación, y la artesanía. Volver a escuchar y a intentar entenderlo todo. Porque un músico nunca termina de entender el misterio de la música. A veces es un poco etéreo. Siempre hay unos conocimientos técnicos y teóricos. Pero hay una cosa más allá que todavía no hemos comprendido del todo, tan solo creemos que lo comprendemos. Existe la emoción del sonido, la emoción de una sola nota. Es algo tan increíble. Por eso sigo haciendo canciones, y sigo grabándolas, porque intento tener una sensación, primero para mí. Quiero pasármelo muy bien grabando. Y quiero sentir cosas que no siento de otra forma, salvo estableciendo esa relación con el sonido, ¿sabes? Sentir cómo suena un disco, cómo suena un piano, antes de escuchar quizá la primera frase de la canción Esa relación que entablas con el sonido es muy, muy importante. Quitarle la frialdad a las cosas, intentas que sea pura esa relación con ellas. No encuentro mucha diferencia entre un carpintero y un músico, la verdad. Porque sigue siendo un trabajo tan precioso y tan bonito.

Siempre me he tomado esta profesión como un trabajo artesanal, y eso tiene unas consecuencias… No encuentro mucha diferencia entre un carpintero y un músico, la verdad.

Quería preguntarte por qué has dado este paso en estos dos EPs que has publicado, “fig. 1” y “fig. 2”, bajo tu propio nombre y por qué diste por concluida la etapa de Jean Paul.

Raúl Bernal: Aquello nació de una forma, con cierta proyección e imagen. El caso es que estuvo bien. Lo pasamos bien, pero llegó un momento en el que era muy difícil mantenerlo, ¿sabes? En muchos aspectos, en lo económico, en lo personal. Era un poco frustrante. Y no quería seguir tocando, porque lo pasaba mal. Hay ciertos proyectos, hay ciertas cosas, que requieren un ámbito, algo concreto, para que sea disfrutable por todas las partes. Y nosotros creo que nunca lo conseguimos. Y luego también con el tiempo me di cuenta de que estaba envuelto en algo no era yo del todo. Me quería despojar de esas cosas. Y poco a poco, gradualmente, según iba publicando los discos que hicimos, me fui quedando cada vez más solo. Fui centrándome un poco más en lo que ahora hago. Empezamos siendo una banda, luego seguimos siendo un cantante, que se hacía acompañar por una banda. Y luego ya llegó la etapa final en la que estaba solo. Cada vez tenía claro lo que quería hacer, componía las canciones, pero claro tenía veintipocos años, entonces yo era otra persona. Y todo fue derivando hacia la sencillez. Ya no tenía sentido seguir haciéndolo con el formato de una banda. También la gente va creciendo y los gustos van cambiando. Si estoy en una banda, me gusta el rollo de piña, de camaradería, todo eso. Y entiendo que eso no es posible en todas partes. No se puede sostener, pero las canciones iban derivando en otra cosa. También estaba un poco harto de la literatura. Del rollo de cantautor oscuro. Quería pasármelo bien. Y no darle tanta importancia a tantas cosas. Y creo que aunque no me puedo despojar del todo de lo que sé hacer, o de lo que me sale de forma natural, creo que ahora todo es un poco más liviano. Estoy tranquilo. No tengo esa obligación de demostrar nada. Ni que nadie te dé su aprobación. Me gusta como a todos que te reconozcan el trabajo. Pero antes de que saliera este disco se lo pasé a la gente que de verdad me importa mucho lo que piensan, amigos músicos, amigos no músicos... Si hubieran dicho, joder, tío, esto no vale nada, no hubiera sacado nada. Lo hago también un poco para compartir, yo qué sé…

Gracias por compartirlo porque hemos podido gozar de tantos detalles que atesore el disco. Esa imperfección a la que tú te referías, esa imperfección emociona, está muy bien y es auténtica. La manera en que está concebido el disco parece que nos congruente con una gira posterior. 

Raúl Bernal: No lo iba a pasar bien.  Que toque otra gente estaría bien, porque siempre está bien que sucedan cosas y que toque otra gente y el directo siempre es emocionante y tal, pero no sé si... es que no lo pasaría bien, estaría sufriendo más que otra cosa. Con la gente hablando, que no se den las condiciones necesarias. Que las cosas no suenen con un mínimo de calidad. Entonces, joder, no quiero meterme en eso. No tengo, por suerte, la necesidad de ganarme el pan, saliendo de gira con mis canciones, porque si la tuviera, igual haría otra cosa. Sí, porque... no porque no crea en ella, ¿sabes? Pero es porque no... A veces lo pienso de, joder, estaría bien y a veces me dan ganas. Pero tengo que liar una increíble para tocar, hacer dos conciertos y perder una cantidad de dinero, ir y venir. No merece la pena. Prefiero quedar a tomar unas cañas con mis amigos, y reírnos de lo que sea, pasarnos un disco y ya está. 

Y bueno, pues cuéntanos un poco si puedes, y si te apetece, porque bueno, ya... El centro de esta entrevista es tu trabajo, claramente, ¿no? Eso está por encima de todo. Pero bueno, ya sabes que nos gusta mucho Quique González, y encima habló también de ti, y además ya lleva bastantes años con él. ¿Cómo va la gira de su disco? 

Raúl Bernal: Sí, va muy bien, estamos muy contentos. Son muchas fechas, dos conciertos por semana. Empezó la gira el año pasado, después vino el parón de Navidad. Y desde el fin de semana pasado, que estuvimos tocando, hasta abril, no paramos prácticamente. Estamos muy contentos, porque al final hay una cosa muy bonita entre nosotros.

Además lo habéis pasado francamente mal en la grabación, con aquel contratiempo que es mejor no nombrar. Quique nos confesó que fue desagradable. 

Raúl Bernal: Sí, bueno, aquello se torció, y al final lo  importante es que salió adelante y el resultado es chulo. 

¡Qué ganas de escucharlo en directo! Nos veremos en el Price (así ha sido después).

Raúl Bernal: Sí, sí, pues allí nos veremos, claro. Está todo genial, la banda es especial. Hemos hablado muchas veces con Quique, y hay algo muy bonito con todo el mundo, también el equipo técnico, los músicos… Es algo que es mérito de Quique, cuida de los que estamos a su alrededor y él ha trabajado para disponer de un ambiente muy bonito, nos cuida mucho y la verdad es que la música está presente todo el tiempo. 

Quique es un apasionado de los músicos, él mismo nos lo confesó… 

Raúl Bernal: Sí, a Quique le gusta el rock, tiene un corazón de rock.

Y, precisamente, hablando de rockeros, ya vamos terminando, el disco de 091, tenemos ganas de escucharlo completo (el disco no había sido publicado cuando se hizo la entrevista).

Raúl Bernal: Junto a Lapido llevo más de 20 años. Produje su último disco. Con los 091, pues nada, un poco ahí... Yo empecé a tocar con ellos en el disco “La otra vida” (2019), cuando sacaron el disco. Luego, después del confinamiento, hice algunos “bolos” con ellos. Todo muy bien, somos amigos, y para mí es como una familia. Con José, vamos, cualquier cosa que te diga es poca. Pero, bueno, los demás componentes de 0 (091), el propio José (Ignacio Lapido) Tacho, José Antonio, Jacinto, pues son... Bueno, yo los considero familia. Me propusieron, si quería ir, para intentar remar un poco con ellos. Y bueno, sí, pues los 0 son un grupo hecho y derecho. No vamos a descubrir ahora la pólvora. Las canciones son indiscutibles. En mi cabeza quería que fuera el mejor disco que había escuchado de los 091. Y la verdad que ellos se han dejado aconsejar, no ha habido nada feo en la grabación, no ha habido nada extraño, o sea, han sido muy respetuosos con mi trabajo y yo con el suyo, obviamente, hemos trabajado durante mucho, mucho, mucho tiempo, en el local, luego en el estudio, mezclas y demás. Y ha sido bonito, emocionante, porque al final, esto es lo que te decía al principio, siempre para mí esto es un trabajo, y el trabajo hay que hacerlo lo mejor que pueda y lo más contento que pueda. Y hacerlo bien, pero claro, había momentos que decía, joder, quién me iba a decir a mí que cuando yo escuchaba los discos de los 0. ¡Estaba en el instituto! ¿Sabes? Un colega me pasó una cinta de los 0 y dijo, mira...

Pues algo tienes que tener, Raúl, porque todo el mundo te llama. 

Raúl Bernal: Bueno, tampoco creas que me llama tanta gente. también hay una cercanía y la certeza de que podemos trabajar juntos. En muchos aspectos me parece que es de lo mejor que han hecho y les estoy muy agradecido de que depositaran su confianza en mí. Estoy feliz y encantado, y ha sido un proceso, que, como todos los discos, tiene su parte bonita, su parte frustrante, su parte estresante, su parte de todo, ¿no? Pasamos por todos los sentimientos siempre. Pero siempre gana el decir, joder, pues estamos haciendo una cosa digna y bonita, e interesante que nos sobrevivirá y que podremos escuchar con orgullo y con satisfacción. 

“En muchos aspectos, me parece que el disco de 091 es de lo mejor que han hecho”

Hace unos años, en una entrevista dijiste que la música está más viva que nunca. La que está muerta es la industria, ¿verdad? 

Raúl Bernal: No es que la industria esté muerta, está viva, lo que está muerta es la industria tal y como la conocíamos. Ya no está por la música, salvo reductos que siguen quedando de sello, de oficinas, a las que lo que más les importa es la música. Obviamente todo el mundo tiene que comer y todo el mundo quiere que su trabajo sea remunerado. Pero yo creo que la industria musical potente está para mantenerse a flote. Y se mantiene a flote con las cosas que dan dinero. Y eso está girando a unos derroteros que no tienen que ver con la música. Tiene que ver más con la imagen, con la moda, con el negocio. Al final todo es un negocio. Es que pasa una cosa que es grave para mí. Yo oigo música en Tidal, y lo pago, y estoy contentísimo. O sea, me encanta porque voy de viaje o voy donde sea, y genial. Y lo tengo educado a mi gusto. Pero, un chaval o una chavala que empieza a escuchar música... Te están diciendo todo el tiempo lo que tienes que escuchar. Antes te costaba 10 minutos encontrar un disco en una tienda de música, ¿sabes? Te ponías a desenterrar discos y en algún momento terminabas. Pero ahora, claro, no me puedo empeñar en que mi disco entre en una lista. Aparte de que nunca lo haría, porque no tiene cabida en ese tipo de cosas, ¡la que tienes que formar para situarte en ese sitio, en el que ni siquiera quiero estar. Porque, bueno, eso te remunera en visitas o en visualizaciones y eso te llevará a que cuando vayas a presentarte para el ciclo de conciertos de no sé qué, y eres un artista que no eres conocido, pues lo que van a mirar es cuántas escuchas tienes. Ni siquiera van a escuchar el disco. O sea, yo hace muchos años que no lo hago, pero gente que conozco, compañeros o gente que tiene su proyecto y que sigue intentando sacar la cabeza y cree en ello, y lo pelea, pues, muchas veces, nos cuentan que hay muchas salas que ya directamente no quieren que les pase ni el disco. Prefieren que les pase cuántas escuchas tienes y cuántos amigos y seguidores tienes en las redes sociales.

Pero la belleza de tu EP, por ejemplo, se tiene que abrir paso, por su propio valor.

Raúl Bernal: No nos rendimos, por eso lo seguimos haciendo. Nosotros estamos en otro bando.

Muchas gracias, Raúl, por esta tarde, este rato tan bueno. Ha sido un privilegio estar un rato contigo. Muy pronto te veremos en directo, tocando, que al final es lo que nos hace felices.

Raúl Bernal: Muy bien, pues te lo agradezco mucho. 

Rojo Omega: "Como decía Keith Richards, para saber si una canción es buena, tienes que poder silbarla"


Por: Kepa Arbizu. 

Agazapados discográficamente durante un lustro, la banda Rojo Omega se despereza de ese letargo con un álbum, “Deseo concedido” (Ghost Highway Recordings), pleno de rabia y supurando ritmos descarnados a través de unas heridas que brotan desde lo más íntimo hasta las ejercidas por la presión de un contexto global caótico. Con un pie en el rocoso high energy escandinavo, otro en ese punk-rock con denominación de origen del barrio donostiarra de Buenavista y un aliento de rock and roll clásico, sus fieras composiciones no eluden buscar agilidad por medio de dibujos melódicos. Bajo los mandos de Dani Alcover en la producción, este trabajo significa, más allá del manido recurso narrativo del paso adelante acometido, una exhibición de poderío y contundencia. Valores que no pueden pasar desapercibidos como tampoco su lírica desgarrada, elementos sobre los que charlamos con su compositor, cantante y guitarrista, Bruno Fuente. 

“Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, el quinto en una trayectoria de 30 años, lo que delata el alto intervalo de tiempo entre trabajos, ¿esa situación es consecuencia de las circunstancias y disponibilidad o refleja vuestra dedicación a la hora de componer? 

Bruno Fuente: Realmente no es por la dedicación o el tiempo a la hora de componer —que, además, tampoco es que seamos muy rápidos en ese aspecto—, sino sobre todo porque venimos de otra generación. Ahora parece que los grupos, desde el primer disco o incluso el primer EP, ya tienen que pegar el petardazo y tocar en recintos grandes. Nosotros empezamos en el año 96 y estuvimos tres o cuatro años tocando en garitos, incluso saliendo de Madrid y grabando maquetas. En aquella época era carísimo y muy difícil conseguir grabar una. Entonces, solamente desde el 96 hasta el 2001 pasaron cinco años en los que estuvimos simplemente tocando. Luego ya cogimos muy buen ritmo, también hasta el último disco, "Elixir", que salió con un "timing" malísimo, porque se publicó unos meses justo antes del confinamiento. 

Estamos ante un disco que en todos sus aspectos destila rabia y crudeza, y que musicalmente además es vuestro trabajo más potente y rocoso, lo que ha coincidido con varios cambios en la formación...

Bruno Fuente: Sí, la verdad es que no ha sido algo premeditado, pero nos lo está comentando mucho la gente: que hemos subido un punto de dureza, de caña y de crudeza. En este disco es cierto que los cambios de formación seguro que han tenido algo que ver. Han entrado en la banda Klavo y Giralde, que son dos chicos jóvenes, excelentes músicos y mejores personas. Viven por y para la música, y eso ha generado una retroalimentación muy fuerte entre nosotros en el local de ensayo. Y ha debido ser perceptible, ya que la mayoría de las opiniones nos dicen que respecto a "Elixir", este disco es más cañero. 

Supongo que también habrá sido muy importante a ese respecto el trabajo en la producción de Dani Alcóver, ¿el origen de las canciones ya tenían esa crudeza o tras pasar por sus manos incrementaron ese aspecto? 

Bruno Fuente: La producción de Dani es increíble. Es un placer y un honor poder trabajar con alguien así; "Elixir" ya lo grabamos con él, así que entiendo que la naturaleza del disco actual proviene más de nosotros que de él. Más que intervenir mucho en el sonido del grupo, lo que  consigue es llevar a la realidad lo que tú tienes en la cabeza y hacer que todo suene perfecto. Te eleva totalmente las canciones. Además, en este último disco hemos grabado casi todo en directo y, precisamente, Dani utiliza las ayudas tecnológicas para que no tengas que estar pendiente ni pierdas en la ejecución. Es decir, que tú estés tocando con todo el sentimiento y con toda la fuerza, sin estar preocupado por equivocarte, porque si hay una pequeña cosa, él te la puede corregir. Pero, precisamente por eso, este disco suena tan directo, porque está casi todo grabado de esa forma. Aun así, yo creo que el sentido musical del trabajo responde más a nuestra idea, al resultado del local de ensayo, que de la propia producción de Dani. 

En consonancia con ese sonido crudo, tu forma de cantar también ha derivado bajo mayor crudeza, ¿fue fácil dejarse llevar por los ritmos o hubo un trabajo de adaptación a ese tono? 

Bruno Fuente: Tengo la sensación de que ha sido de manera natural la forma en que he adaptado mi voz al estilo de estas nuevas canciones. Me acuerdo que una vez el Indio, dueño del Gruta 77, me decía que mi voz siempre sonaba como muy de niño travieso, de un chico travieso cantando sobre temas muy rockeros, y que eso creaba una contradicción que conformaba nuestra identidad. Es verdad que ahora escucho algunos de los discos del principio y me noto con esa voz muy infantil. Creo que en este disco he conseguido sentirme más a gusto cantando. 

Vuestros ritmos pueden mezclan el punk-rock, con el rock and roll o incluso el pop, pero en este caso parece haber una influencia muy determinante, que es el high energy escandinavo, ¿bandas como Turbonegro, Gluecifer son tan importantes como parecen a la hora de perfilar el sonido del disco? 

Bruno Fuente: A ver, nosotros, para empezar —y por el hecho de cantar en castellano—, siempre nos hemos sentido totalmente deudores de ciertas formaciones. La primera, yo, que soy de La Elipa, de Burning; pero luego también de muchos otros grupos: ya sea Tequila, Parálisis Permanente, Enemigos, Ilegales, Leño o Nuevo Catecismo Católico. Para nosotros eran referencias claras. Uno de mis grupos favoritos siempre ha sido Social Distortion, que es otra referencia muy importante. Y luego están los clásicos: para nosotros el ABC es AC/DC, Black Sabbath, Thin Lizzy, toda esa música nos encanta. Pero es verdad que, por generación, estábamos en una época en la que creo que mucha gente estaba buscando su identidad, y ahí aparecieron todos estos grupos que mezclaban precisamente punk con rock clásico. Y yo creo que a nosotros nos influyeron muchísimo Hellacopters, Turbonegro, Gluecifer, The Hives... toda esta hornada de bandas. 

Lo curioso es que, estilísticamente, siempre nos comparaban con ese tipo de bandas, pero musicalmente yo creo que no se reflejaba tanto. Y en este disco sí que hay dos o tres canciones donde dijimos —no de manera quizá premeditada—: "Oye, si nos llaman high energy, esto va a sonar a high energy".  Yo creo que éste es el disco en el que hemos hecho esto ya de manera consciente: las canciones más heavies van a ser más heavies, las canciones punk van a ser más punk y las canciones más high energy, más high energy. Lo que siempre ha sido una de nuestras debilidades a la hora de avanzar en la música es que no teníamos una definición estilística clara; era como decía Lemmy: «demasiado punk para los heavys, demasiado heavy para los punks». En este disco hemos decidido convertir esa debilidad en una fortaleza y llevarlo al extremo. No sé, creo que en este trabajo nos hemos ceñido más a cada estilo. 

Aunque hablamos de la contundencia del disco, un elemento identificativo de la banda es que pese a la dureza que asume vuestro sonido, siempre hay un espacio muy marcado melódico, ¿para vosotros la canción perfecta es la que sepa buscar el equilibrio perfecto entre contundencia y melodía? 

Bruno Fuente: Absolutamente de acuerdo. A mí siempre me ha gustado ese tipo de composiciones. Somos melómanos y nos encantan todos los estilos de música, pero la melodía es algo imprescindible en una canción. Fíjate que siempre me viene a la cabeza un recuerdo de una entrevista a Keith Richards donde decía que, para saber si una canción era buena, tenías que poder silbarla. Y yo creo que eso es precisamente lo que ocurre con la melodía. Cuando termino de componer una canción siempre intento que pase esta prueba. 

Quizás mi tema preferido del disco sea precisamente el que baja algo las revoluciones, “Rápido”, pero que se alza imponente, ¿para el rock esos medios tiempo siguen siendo una herramienta que bien utilizada son pura pasión y desgarro? 

Bruno Fuente: Pues esto sí que ha sido una sorpresa en cuanto a las entrevistas que estamos haciendo, ahora que nos están empezando a pinchar en la radio. Creo que está siendo la canción que mejor está funcionando, la que más está gustando y la que más está destacando de todas. Y esto a nosotros sí que nos ha pillado totalmente por sorpresa. No era la que teníamos más en mente. A mí es una canción que me encanta. De hecho, cuando la estábamos grabando, Dani Alcover me hizo parar la grabación y la dejamos durante unos meses porque no le convencía. Tuve que reescribir toda la letra y volver a trabajarla pasado un tiempo. Cosa que le agradezco muchísimo, porque me decía que así se iba a quedar como una canción de relleno. Y creo que al final ha merecido la pena trabajarla más. Le ha dado un punto, incluso más maduro y más reflexivo. Verdaderamente, yo estoy muy orgulloso de cómo quedó la letra y muy contento de que la canción esté gustando. 

La portada del disco es obra de un mítico ilustrador como Leviathan, que, de alguna manera, continúa una estética audiovisual vuestra común entorno a la ciencia ficción o el noir, ¿comentasteis con él la posibilidad de mantener esa estética o fue casualidad? 

Bruno Fuente: Trabajar con Leviathan ha sido un honor. Nosotros somos fans de su trabajo; tenemos camisetas suyas desde hace muchísimo tiempo. Además, yo también me dedico al mundo del libro —trabajo en una editorial— y entré en contacto con él para hacer la portada de un libro sobre Chuck Berry. En cuanto se nos planteó cómo íbamos a hacer la portada de este disco —ya estábamos grabando—, para mí no había ningún tipo de duda: tenía que contactar con él y hacerlo con él. Me parece un artista de los que quedan pocos ya. La palabra que mejor le define es "auténtico". Y sí, respondió perfectamente al concepto. Fíjate que en el disco hay muchas referencias a la ciencia ficción. En la canción "Rápido" se utilizan algunas frases de "Fahrenheit 451"; "A cabeza descalza" es una novela de Brian Aldiss de los años 60... Ya solo el personaje de Zoltar de la portada. Eso sí, nosotros se lo sugerimos, pero luego él lo trabajó a su manera y con total libertad. Pero vamos, en definitiva, para nosotros es un honor que nos haya hecho la portada. 

Entre las muchas heridas e incertidumbres que plantean los textos del disco, éstas se manifiestan tanto en un plano social como íntimo, ¿son el reflejo de malos tiempos personales y también globales? 

Bruno Fuente: Respecto a los textos del disco, creo que ha cambiado un poco mi forma de escribir para este trabajo. Antes solía escribir de dentro hacia fuera y utilizaba bastantes clichés de la vida del rock and roll, de la noche y de la diversión. Creo que, a nivel de letras, éste es el disco más maduro. Y, si bien no es un mal momento personal para mí —para nada—, sí que ha sido un periodo muy complicado en lo artístico: con todos los cambios en la banda, los retos y todo ese concepto de renacimiento, destrucción, muerte y volver a empezar que atraviesa el disco. 

También es verdad que es la primera vez, en la historia de Rojo Omega o en la mía como escritor, en la que me han influido mucho los temas globales y los asuntos que vienen de fuera, incluso algunos muy personales. "Imparable", por ejemplo, habla del bullying que sufrías en el colegio cuando eras un poco más rarito. Me acordaba mucho de cómo me marcó escuchar aquella frase de Leño —"es solo una canción y me siento mejor"— y de cómo la música puede salvarte de situaciones desagradables. "Rápido" habla más de la sensación de extrañeza que nos produce a mucha gente de nuestra generación cómo es ahora la sociedad o cómo funcionan las cosas. Y "La revolución", que fue la última letra que escribí, es curioso porque hace dos años jamás me habría imaginado que hoy tendría tanta vigencia viendo lo jodido y perdido que está el mundo. 

También retratas en algún momento a la música como ese refugio para los que se sienten diferentes, ¿es la sensación que despierta en ti la música? 

Bruno Fuente:  Efectivamente, frente al caos que nos rodea está el arte y la música como vías de escape; es un poco lo que te comentaba antes. Y esto enlaza también con el tema de "Imparable". Aquí hay bastante de autobiográfico. En la época del colegio, los niños un poco más raretes o más sensibles muchas veces nos sentíamos apartados o excluidos de los rituales de la masa. Al final, en mi vida el gran asidero fue —junto a un amiguete que tenía— la música y el arte: escuchar discos, hablar de pelis... Eran otros tiempos, pero fundamentalmente para mí fue una auténtica tabla de salvación. 

Ese caótico paisaje social, por medio de un tema como “Rápido”, también aparece enunciado por algoritmos y pantallas digitales, ¿lo que nació como una forma de democratización se ha convertido en nuevas esclavitudes? 

Bruno Fuente: Totalmente de acuerdo con lo que dices, es contradictorio que algo que sirve para tener más información derive en eso..  Yo recuerdo, por ejemplo, la canción "Black Betty", la versión de Ram Jam, me pasé años desde que la escuché una noche en un garito hasta que descubrir de qué grupo era. Ahora está todo al alcance de un clic y creo que, al final, nos hemos convertido un poco en esclavos de esto. Cada vez que me sale el tiempo de uso del teléfono móvil a la semana me doy cuenta de que va a llegar el momento de tomar decisiones. Y luego, con el tema de los usos de la inteligencia artificial, más que un futuro distópico, casi vivimos ya un presente distópico. Por eso creo que encaja tan bien el uso de tantos elementos de ciencia ficción en este disco. 

Y por acabar como empezamos, “Deseo concedido” es vuestro nuevo disco, ¿cuál es el deseo que te gustaría que se cumpliera, tanto para la banda como para el oyente que se acerque a este disco? 

Bruno Fuente: ¿Qué deseo me gustaría que se cumpliese para la banda? Claramente, volver a las raíces: disfrutar de la música, de los ensayos, de los conciertos, de las composiciones y de la pureza de la música.  En los peores momentos de la banda, lo que más rabia me daba era tener que dejarlo con una sensación de mal rollo. Para mí esto ha sido —y es— una parte fundamental de mi vida. Y si algún día tengo que dejarlo, quiero hacerlo como decía Hunter S. Thompson: totalmente lleno de moratones, cicatrices, derrapando, con la ropa rasgada y diciendo: "Joder, qué bien me lo he pasado". 

Y para el oyente, lo que me gustaría es que lo pase bien y que disfrute de canciones hechas desde las entrañas, sin artificios, sin pretensiones. Algo así como una botella de náufrago que ha atravesado el tiempo: algo totalmente ajeno a la industria y hecho con mucho corazón. Que lo disfrute y que lo sude.