Diego Vasallo, nos habla sobre Løse, su nueva banda : “En estas canciones hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo”


Por: Javier González. 
Fotografías: Jokin Sanz.

Hay un secreto guardado en nuestro rock que debería dejar de serlo de forma inmediata. Se hacen llamar Løse, vocablo tomado prestado del noruego cuya acepción más cercana en castellano vendría a ser “desatar/soltar algo amarrado”. Acaban de estrenar un disco de vigoroso e intenso rock, capaz de balancearse por sonoridades cercanas al guitarreo más setentero, repletas de veleidades glam y un proto-punk de alta gama del que dejan constancia en siete cortes de absoluta categoría. 

Tras dicho término se esconde una banda en la que destacan las presencias de Fer García y Diego Vasallo, viejos camaradas y estrechos colaboradores en la carrera solista de éste último, que ahora fortalecen su alianza, dando vida a un proyecto en el que el primero es el principal responsable de las músicas, dada su condición de elegante guitarrista, y en el que el segundo se hace cargo de la totalidad de unas letras tan profundas y poéticas como suele acostumbrar, pero que en esta ocasión presentan un barniz de tonos más oscuros, peligrosos e inquietantes que se presentan entre los surcos brumosos de un disco que guarda mucha relación con este mundo en ruinas en que vivimos. 

Tuvimos la oportunidad de contactar telefónicamente con Diego Vasallo, quien con la clarividencia y el trato exquisito que siempre le caracteriza, nos habló en profundidad de esta nueva aventura con la que desde ya opositan a haber firmado el mejor disco nacional del año. 

Hace casi dos años tuvimos noticias tuyas por última vez en lo que a discos de estudio se refiere con la publicación del genial “Malo ni bueno”, debemos confesar que esta nueva aventura en formato banda llamada Løse nos ha pillado con el pie cambiado. ¿Cuéntanos cómo surgió la idea de formar esta nueva banda? En la misma hay viejos colaboradores tuyos, auténticos camaradas como Fer García. ¿A qué responde el hecho de aumentar más si cabe su peso en tu entorno con este proyecto? 

Diego: Efectivamente este es un giro bastante importante para mí, ya que es un planteamiento diferente hacer tus discos en solitario a tener una banda que funciona como tal. Ahora mismo somos cuatro, aunque probablemente entre un quinto componente en breve, se graba entre todos y las decisiones se toman de manera conjunta. Esta idea me rondaba desde hace tiempo, quería volver a sentir la sensación de estar en un grupo, trabajar de forma colectiva, y a raíz de conversaciones con Fer García, con quien efectivamente llevaba tiempo colaborando en mis discos, surgió la posibilidad. Mi último Ep, “Malo ni bueno”, que tiene cinco temas, ya se grabó con Fer en su casa y fue producido de manera conjunta. Hablando con él dimos forma a la idea de formar la banda. Se llama Løse, que viene de Noruega, tiene otra pronunciación que, evidentemente, nosotros castellanizamos y hace referencia a soltar amarras, un concepto que me hacía gracia.

Recientemente he podido ver el documental de Jonathan Stiasny, “David Bowie: el último acto”, en el mismo se da bastante voz al período en que el mito londinense montó Tin Machine para liberarse de la enorme carga de soportar una trayectoria como la suya. ¿Has pretendido hacer algo similar con este movimiento? 

Diego: Lo he visto. David Bowie siempre es una inspiración para cualquier músico y debo reconocer que desde que se cumplió el décimo aniversario de su muerte estoy con él en la cabeza todo el rato. He visto el documental que citas, también he revisitado otro llamado “Moonage Daydream”, que está muy bien, y he escuchado la mitad de su discografía, adentrándome en discos de los dos mil que no conocía tan bien. Estoy en un momento con Bowie muy intenso. Personalmente no hago este movimiento para descargar ningún peso de fama ni estrellato, llevo ya muchos años jugando en ligas minoritarias y alternativas, pero es un buen ejemplo. Realmente, no sé si Tin Machine funcionó muy bien como grupo. Otro buen ejemplo sería el de Nick Cave con Grinderman, me gusta casi más, me encantan esos dos discos que han grabado. Todos estos artistas son una motivación para hacer cosas. Mi caso era una búsqueda de volver a sentir la sensación del trabajo dentro de un grupo, como te comentaba antes. 

“Madrugada, Viagra Boys y Grinderman son parte de las bandas contemporáneas que hemos estado escuchando” 

Pregunto esto porque el álbum tiene una innegable carga guitarrera, realmente setentera, que por momentos se asoma al proto punk y al glam, diría que más que al sonido post-punk referenciado en la hoja de promoción. ¿Cómo lo ves tú? 

Diego: Sí, tiene referencias a bandas de rock. Quizás la etiqueta post-punk surgió, pero no sé si es muy adecuada. No soy muy de poner etiquetas. Me gusta la referencia que comentas sobre el glam, hay puntos en los que veo aromas a discos de glam de los setenta. Es un sonido y una época que me agradaban. También hay referencias a muchas otras cosas, por ejemplo, a grupos más actuales que nos han llamado la atención. Citaría a una banda de Noruega que se llama Madrugada y también a los suecos Viagra Boys que hacen un punk más moderno. Me gustan mucho. Y también a los referidos anteriormente Grinderman. En definitiva, una serie de bandas más contemporáneas que hemos estado escuchando. 

Sabemos que también bandas del estilo de The Kills son una referencia que te gusta bastante, tal y como nos has deslizado en bastantes entrevistas anteriores. ¿Crees que es en este disco donde más puede verse dicha influencia en el tratamiento y producción de las canciones? 

Diego:
Sí, The Kills, una banda que me gusta mucho, especialmente la producción de algunos discos como el último. Me encanta el tratamiento que hacen de las bases y baterías, creo que es muy imaginativo. Al final te acaban influyendo las cosas que estás escuchando cuando andas produciendo el disco. Coges cosas de aquello que te motiva. Me parece una referencia muy buena. 

Aunque supongo que es inevitable olvidarse de referentes como Lou Reed, Leonard Cohen y toda la amplia colección de grandes autores que tanto te han marcado. 

Diego: La huella sigue estando, aunque aquí nos hemos alejado más del concepto autor de rock. En este momento Leonard Cohen no ha sido una referencia, hay una búsqueda más rockera. Hay un proyecto que teníamos muy presente llamado Soulsavers donde canta Mark Lanegan. 

Participas de la producción junto a Fer, quien también se encarga de la mezcla junto a Aitor Ederson, una parte del proceso de la que te desentiendes. ¿Por qué? 

Diego: No, no, no me desentiendo. De hecho, hice unas premezclas previas a las mezclas junto a Aitor Ederson, técnico de sonido, pero es verdad que luego dejé que Fer las terminara y diera la forma definitiva. Confío en él y su criterio, además, tenía muy claro cómo tenía que sonar el disco y cuál debía ser el acabado final. Él también controla detalles más técnicos y tiene mayor control que yo. Es cierto que dejé un poco más en sus manos la parte final del proceso. 

Anteriormente comentaba que en parte no estaba de acuerdo con la nota de prensa, pero sí que debo darla la razón cuando la misma dice que puede que estemos ante tu trabajo más oscuro, con ambientaciones por momentos dramáticas como en “Zona de Sombras”. ¿Lo percibes así? 

Diego: Puede ser, no me da miedo la oscuridad, así que es posible. Quizás en cuanto a textos son más abstractos que otras veces, en los que veo que se refleja una constante. Hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo, puede ser un reflejo de mi visión actual sobre las cosas que nos rodean y el futuro que nos espera. Quizás sea un trabajo más oscuro que otros. En cuanto a sonido y producción lo veo más relacionado con el norte, cercano a campos lluviosos, cielos encapotados, brumas, nieblas y frio. Todos esos términos están asociados a este proyecto. 

“Veo puntos de unión entre las canciones de “Løse” y el primer disco de Cabaret Pop” 

Comentando un poco el contenido del disco, he coincidido con otros compañeros al afirmar que las composiciones de “Caemos como cae un ángel” y “Løse”, pese a su dispar tratamiento, no están tan alejadas como pueda parecer, quizás también podríamos incluir a otros álbumes como “Las Rutas Desiertas” e incluso ciertas canciones de tu época al frente de Cabaret Pop. ¿Estás de acuerdo con la afirmación? 

Diego: Con mis últimos discos veo una conexión… al final las letras son mías, aunque las canciones están hechas entre Fer y yo, pero uno no puede ponerse un disfraz y cambiar la forma de escribir y de mirar las cosas. En ese sentido siempre hay una relación, está presente mi estilo de escribir y no voy a ponerme a inventar cosas. A nivel musical sí veo una ruptura con respecto a mis últimos discos, donde hay un poso más confesional e íntimo, también más acústico, el sonido no es tan eléctrico. Con Cabaret Pop es curioso lo que dices, porque me ha retrotraído a algunos puntos, incluso al primer disco. Puede tener conexión, aunque el tratamiento es distinto, pero veo puntos de unión con aquellas canciones.

“No hacemos canciones para que sean un éxito comercial” 

“Pétalo en el aire” arranca entre ambientaciones distorsionadas, cadencias pesadas y llegando casi hasta los diez minutos, sin pensar en concesiones comerciales, enredadas en una letra que habla del devenir de los días, un repaso a una vida de eterna búsqueda llena de dramatismo, una línea general que planea por todo el disco. 

Diego:
Evidentemente, no hacemos canciones para que sean un éxito comercial, si lo es bienvenido. No nos vamos a poner a estas alturas cortapisas ni líneas rojas. Esta canción salió tan larga porque las bases se grabaron en directo: batería, bajo y guitarra rítmica. El final fue improvisado, no había un final claro. Tocamos el groove hasta que surgió el final. Es el motivo de que se alargue tanto. No nos preocupa la duración de las canciones. En ese sentido me recuerdo a discos de los setenta, donde los temas eran largos y había pocas para que entraran en el vinilo. Aquí incluimos siete canciones muy largas. 

“Creo que “Hay un hueco en algún sitio” supone una ruptura con mi trayectoria anterior” 

Hacía muchos discos que no tenías un single tan evidente como primera elección del estilo de “Hay un hueco en algún sitio”, un tema realmente vigoroso y musculoso, con esa sombra inquietante rondando por toda la canción. 

Diego: Es un ejemplo de colaboración de Fer y yo. La música es suya y la letra es mía. Hay bastantes así en el disco. Excepto la primera y la última donde tanto letra como música están escritas por mí. Es una canción que me parece una declaración de intenciones, rotunda y directa. Es quizás la que más puede romper con mi trayectoria. 

Sobrecoge escuchar una canción de amor tan profunda como “Con esta luz que nace”, hacía tiempo que no oía una declaración tan sincera escrita desde la experiencia, algo que desde otra vertiente también pareces introducir en “Cose mis heridas”, otro auténtico bombazo donde sonáis mayúsculos y de lo más peligrosos. 

Diego: Es el segundo adelanto del álbum. También es una canción rotunda y contundente, una masa de guitarras que cae. De hecho, por eso se eligió como segundo single, nos parecía un pelotazo fuerte. Toda una declaración de intenciones. 

“Mis letras pretenden dejar un poso, una sensación” 

En cuanto al apartado de letras, vuelven a ser muy inspiradas, plenas de imágenes y con lo que parecen ser cantos en primera persona y mensajes encubiertos pensados para personas muy concretas. ¿Nos equivocamos mucho? 

Diego: Lo de personas concretas no muy necesariamente. Me cuesta siempre mucho hablar de mis letras y decir de qué tratan, hablan de todo y nada en concreto. No son narrativas, no cuentan una historia, pretenden dejar un poso, una sensación. Trabajo muchos con imágenes plasmadas en versos. Hay temas bastante globales como el paso del tiempo, la incertidumbre de este sinsentido que percibo en el discurrir de las cosas. Quizás tiene que ver con el pasar del tiempo y cumplir años. En cuanto a las letras, creo que van por ahí, sin hablar de un tema en concreto. Y tampoco de personas. Son estados de ánimo que se intentan compartir. 

De la portada de los sucesivos singles y del disco se ha ocupado Jesús María Corman, bajo su alias Jesús Mansé, trasladando las mismas a un ambiente brumoso y agreste que las emparenta con las obras románticas de autores como Caspar David Friedrich. ¿Por qué habéis decidido contar con él? ¿Ha habido algún tipo de instrucción para que elaborara su trabajo? 

Diego: Pensé en él enseguida por la sensación que me da este grupo con ambientes húmedos y fríos. Corman, bueno en este caso Jesús Mansé, participa de dicha mirada. Sus paisajes, que me fascinan, parece que congelan el tiempo. Transmiten una sensación fría y magnética, creo que tienen mucha poesía sus cuadros. Le apeteció colaborar con el grupo y no le dimos ningún tipo de instrucción. Nos brindó imágenes de cuadros suyos, dos quedaron para el disco y otras dos para los singles que han salido. 

“El cancionero de Rafael Berrio es inagotable, siempre puedes volver a él” 

Sabemos que Løse pretende ser una cosa nueva y distinta, pero como principal compositor de la banda. ¿Cuál será el repertorio de vuestras presentaciones en vivo?

Diego: Ahora mismo precisamente estamos dando forma al repertorio en los ensayos. Tocaremos las canciones del disco, pero estamos muy abiertos a improvisaciones en directo. Jugaremos con ellos. Haremos todas las canciones que tenemos en el álbum, hay una nueva más y otra que se descartó, pero tenemos la intención de volverla a grabar. Hacemos dos versiones, una de mi querido Rafael Berrio, cuyo cancionero es inagotable y siempre puedes volver a él. Y luego hay una canción de The Smiths que ya hice en versión, la titulé “Vuelve un poco de lo que perdí”, la vamos a dar una vuelta para llevarla al territorio Løse. Será un concierto denso porque son composiciones largas. En principio, no quiero meter canciones de mis discos en solitario, me parece que las he tocado bastante y quiero incidir en la separación de los proyectos. No me apetece mucho combinar los dos caminos. Løse es otra historia y tiene sus propias canciones. 

Ahora que el formato va a ser decididamente otro, algo que se venía intuyendo desde hace tiempo, concretamente desde las presentaciones de “Las Rutas Desiertas”. ¿Vais a seguir tocando poco y en lugares de mediano aforo, o por el contrario, estáis abiertos a buscar otro tipo de giras ante públicos y escenarios más amplios? 

Diego: De momento vamos a empezar haciendo presentaciones en salas pequeñas, creo que es a lo que podemos aspirar ahora. Realmente estamos empezando y somos conscientes de que estamos empezando. No podemos pretender ir a grandes festivales. Sí que estamos abiertos a hacer lo que tenga que pasar. Si van viniendo otras propuestas en escenarios más grandes y festivales, puede hacerse. Este es un grupo que puede sonar en diferentes aforos. Es una diferencia que veo con respecto a mi propuesta en solitario, estaba enfocada a clubs y salas pequeñas, pero este grupo podría sonar en cualquier tipo de escenario. Por realismo vamos a empezar por salas pequeñas que es a lo que aspiramos. 

“Løse es un salto, un riesgo muy estimulante para mí” 

Se te ve ilusionado con esta vuelta de tuerca a tu carrera. ¿Qué representa este proyecto en el marco de una trayectoria tan extensa como la tuya? 

Diego: Para mí es un proyecto y un momento importante. Significa un salto y un riesgo también. Todo cambio un poco radical es un riesgo y a mí el riesgo me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Asumir riesgos es algo que me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Me motiva. Es un momento intenso formar esta banda. Además, voy cumpliendo años, así que no creo que haya más grupos en mi vida. No descarto más discos en solitario, pero esta es la última oportunidad de formar un grupo. Para mí es muy estimulante. 

“Los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes” 

Los últimos tiempos han sido crudos y duros para nuestro rock, nos han abandonado Robe y Jorge Martínez, como lo han hecho otros nombres internacionales. Y lo han hecho dejando unos enormes discos de despedida. Evidentemente no queremos invitar a la parca a intervenir, pero contigo ocurre algo similar. ¿La madurez es un arma nunca bien ponderada para la creación artística? 

Diego: Totalmente. De hecho, a mí me suelen gustar más los discos de madurez que los comienzos, lo que ocurre es que a veces pasan más desapercibidos, quizás por haber tenido éxito. Creo que los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes. Dylan y Bowie, cuyos últimos discos de los dos miles me parecen una maravilla. Los discos de madurez creo que son generalmente mejores, pero en ocasiones son menos conocidos. En el caso de Robe y Jorge Martínez no los conocí personalmente a ninguno de los dos, pero me parece que tienen trayectorias admirables y muy interesantes sobre cómo llegaron a mantenerse creando y haciendo propuestas interesantes. Además, eran gente muy inteligente, ya te digo que no los conocí, pero me parecían dos mentes bastante brillantes. 

En este tiempo, hace concretamente casi dos años, vio la luz “Diego Vasallo, trayectoria de una ola”, un libro de lo más peculiar en que se aborda tu figura desde el arte y el hecho compositivo. ¿Qué te pareció dicha obra? 

Diego: Fue una colaboración bastante intensa con Pablo Cerezal que es el autor. Un gran poeta y escrito. Muy personal, tiene una escritura muy visceral y particular en su estilo. Me dijo que quería escribir un libro sobre mi trayectoria y proceso creativo, tuvimos muchísimas charlas. Estuvo en Ondarribia, donde vivo. A mí lo que me gusta del libro y de su estilo es que no se parece a nada. No es una biografía, ni ensayo, ni novela. No se sabe lo que es. Es algo muy peculiar. Me parece muy atractivo escaparse de los géneros, hay que tener talento para ello. Pasó muy desapercibido, no ha tenido mucho recorrido, pero ahí queda. Es un libro muy especial. 

¿Hay alguna aventura esperando tras la esquina de forma inesperada de la que nos puedas informar? 

Diego: Ahora estoy centrado totalmente en este proyecto, estamos preparando el directo a través de los ensayos, no ando metido en más proyectos. Los habrá en un futuro y la pintura siempre ha estado ahí. Estos años la tengo algo más abandonada, pero voy a seguir y haré más exposiciones. En cuanto a los conciertos hay algunas presentaciones. Tocamos en Aranda de Duero en Le Club y en el Stereo de Logroño. Arrancaremos a partir de abril. En Donosti tocaremos en Tabacalera. De momento iremos haciendo presentaciones pequeñas. Haremos lo que vaya surgiendo. Ahora no tenemos oficina, así que vamos cerrando nosotros los bolos. Por cierto, el álbum ha visto la luz con Warner. 

Diego: El disco salió el 13 de febrero con Warner en una vuelta a mis orígenes. Estamos con ganas e ilusión. 

Muchas gracias por atendernos y por tu obra en general, más en este caso por este fenomenal trabajo que tan buen sabor de boca nos ha dejado. 

Diego: Muchas gracias. Me alegro que os haya gustado. Para mí es un proyecto importante en el que me he dejado mucho. Es un disco que nos ha llevado tiempo prepararlo, componer y dar forma a las canciones. Hay bastante trabajo detrás. Me gusta que el disco guste. 

No te miento si te digo que para nosotros es candidato a disco del año en el apartado nacional desde ya. 

Diego: Ojalá. Me encantaría. Eso ya no depende de nosotros. Hemos dejado el trabajo hecho y hemos puesto todo. Estoy muy contento con el álbum. Muchas gracias, aquí estoy para cuando queráis.

Bob Stanley: "Let’s Do It"


Por: Juanjo Frontera. 

A Bob Stanley no se le puede pedir más. No sólo es parte integrante (y fundamental) de uno de los mejores tríos de pop que ha dado la música británica, Saint Etienne, sino que además es un excelso divulgador musical. Compilaciones para sellos como Ace o Cherry Red, en solitario o a pachas con su compinche Pete Wiggs (también de SE) son auténticas delicias tanto para completistas como neófitos. No se pierdan "The Daisy Age" (Ace, 2019), "The Tears Of Technology" (Ace, 2020) o "Tea & Symphony - The English Baroque Sound" (Ace, 2020). por poner sólo unos pocos ejemplos. 

Y por supuesto, esto no acaba ahí, además es productor, multiinstrumentista y, "last but not least", escritor. De hecho, con esta última faceta ha dejado una huella indeleble en el género de la literatura pop al producir uno de los tomos fundamentales para entender tal término en todo su esplendor. "Yeah! Yeah! Yeah!" se publicó en 2013 (en España editó Turner en 2015) y traía consigo la particular y enciclopédica visión de un amante del pop como pocos ha habido en este mundo. Un trazado exhaustivo, pero personal y, precisamente por eso, altamente interesante, desde los orígenes del pop moderno, más o menos en 1952, hasta el momento de edición del libro.

Un manual que debería estudiarse en los institutos y sin el cual ninguna colección seria de tratados sobre música está completa. Un libro que saciaba incluso al más exigente y que es tan definitivo, que lo único que se le puede añadir son sucesivas revisiones conforme van pasando años y añadiendo acontecimientos a la historia. Pero ¿Qué pasaría si rebobinamos un poco más? Si echamos la vista atrás hasta el momento en que realmente se originó todo. 

Cuando apenas se había inventado el gramófono, no había radio y el mundo de la canción era un territorio por explorar. Excavar ese ámbito es algo profundamente ambicioso que nadie, o casi nadie, se había atrevido a hacer. Realmente, hay pocos ejemplos, como la crónica sobre el negocio de la música desde sus orígenes remotos "Ta-Ra-Ra-Boom-De-Ay", de Simon Napier-Bell (2014), o "A History Of Popular Music Before Rock Music", de Piero Scaruffi (2007), pero ninguno tan exhaustivo ni abarcando tantos géneros como este Let’s Do It que de la mano de Stanley llegaba en 2023 y ahora publica en nuestro país Liburuak. "Let's Do It" no es para cualquier paladar. Es para quien tenga ganas de profundizar, de cavar bien hondo en los cómos y los porqués de algo como la música pop, que guarda en sus orígenes muchas explicaciones. Pero claro, no puede esperarse que la música de la que se habla aquí, que abarca swing, jazz, cabaret, blues o canción romántica, guarde una relación directa con la de The Beatles, The Byrds, Jackie de Shannon o Roxy Music. Este es otro mundo, o mejor dicho, el mismo mundo, pero antes. 

Aunque, lo que sí que es seguro, es que aún no siendo para nada aficionado a la música de George e Ira Gershwin, Cole Porter, Frank Sinatra, Louis Armstrong, Irving Berlin, Nat King Cole o Peggy Lee, quien se adentre en estas páginas no dejará de asombrarse. La prosa de Bob Stanley es de alta calidad literaria: sabe mantener un ritmo ágil, que nunca aburre ni resulta rimbombante, es como el mejor de los profesores y sabe emplear los trucos suficientes, sacando de la chistera un anecdotario que nunca se utiliza a la ligera, para captar nuestra atención en los momentos clave.

Destapa además los detalles de la personalidad de los personajes más importantes como si los hubiera conocido. Tratándolos con cariño, pero con firmeza y con la lejanía suficiente como para que la probable adoración por un gigante no nuble la vista respecto a unos defectos que también formaron parte, por qué no, de su música. 

De esta forma va desgranando todo lo acontecido a ambos lados del atlántico. Aunque su eje es eminentemente norteamericano, debido al dominio de Tin Pan Alley, él le da su protagonismo también a la vieja Europa e Inglaterra, dando presencia a personajes de suma importancia como Django Reinhardt, Marlene Dietrich, Vera Lynn, Al Bowlly o Edith Piaf

Pero claro, impera América: una de las cosas que hace aquí Stanley soberanamente bien es reflejar el trazado de cómo ésta adquiere su hegemonía. Desde la popularización de la música grabada y la creciente importancia del formato canción, en detrimento de la ópera u otros formatos más antiguos, vemos como el ragtime de Scott Joplin o el Tin Pan Alley de Irving Berlin se van imponiendo a través del music-hall para pronto impregnarse de negro con el fundamental nacimiento del jazz en Nueva Orleans y el surgimiento de figuras como Louis Armstrong, que hacen que esto sea ya imparable. 

Surgen los verdaderamente grandes: los crooners como Bing Crosby y Frank Sinatra. Fred Astaire y las salas de baile. Duke Ellington, Billie Holliday,el Cotton Club y la primera escena jazz, el rhythm and blues, el hillbilly, el folk, el la exótica y, por el camino, la aparición mastodóntica del disco de larga duración y el auténtico pop, con músicos como Peggy Lee, Dean Martin, Anita O’Day. Sin olvidar por el camino muchos personajes secundarios que tuvieron también su importancia pero el tiempo ha olvidado, como las Boswell Sisters, Jeri Southern o Billy Eckstine. Todos ellos dan forma a un gran fresco que Stanley pinta con cuidado de orfebre, con profusión de datos, pero sin que corramos riesgo de atragantarnos en ningún momento.

Cuenta así, de forma absolutamente magistral, una historia realmente apasionante que puede que no se asimile de la misma forma que cuando se lee sobre lo que uno conoce e idolatra, pero sin duda ayuda a comprender muchas cosas y sobre todo, es un verdadero gozo. La existencia de este tomo es el perfecto apéndice, o más bien, precuela, a algo tan perfecto como fue "Yeah! Yeah! Yeah!" y, si me apuran, también algo que funciona de forma independiente. En todo caso, otro libro esencial para cualquier estantería que quiera saber de música.

Carlos Ares: la senda del peregrino


Sala Oasis, Zaragoza. Sábado 28 de febrero de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

No era mi primera vez frente a "la boca del lobo", pero sí la primera que tenía frente a mí a Carlos Ares y su banda, dispuestos a contagiarme de su energía incontenida para defender unas canciones que ya son más que simples compañeras de viaje. La última parada de su gira por salas llegó hasta la capital aragonesa el último día de este aciago mes de febrero donde parece que el mundo se esté dando la vuelta imponiéndose el sinsentido y la torpeza. También era día de premios cinematográficos, con los Goya en Barcelona y la academia del cine puesta en pie ante la atrevida propuesta de "Los Domingos", pero en Zaragoza, poco después de ponerse el sol (lo de esta hora tan temprana para empezar un concierto me costó llevarlo con tino), un buen número de espíritus inquietos nos acercamos a las puertas de la sala Oasis con intención de acercarnos a la raíz y cambiar desde lo profundo de nuestras entrañas, esas que advertimos en la particular cabaña del músico gallego más reivindicado del momento.

Con instrumentales de sus propios temas de fondo, el ambiente se fue caldeando en la sala antes de la aparición del "combo Ares", porque lo de esta banda no son simples músicos de acompañamiento, es un grupo remando en una misma dirección, haciendo grandes cada una de las canciones contenidas en los dos largos publicados hasta la fecha por Ares. Todos a una. Siete músicos en el escenario trotando, contagiando optimismo y haciendo que la corriente se transmita hacia el público sin cortafuegos. Directa y a bocajarro. 

Hay mucha planificación en lo que presentan y una buena parte de teatro, podría decirse, porque todo en el espectáculo de poco más de hora y media está medido al milímetro. Diría que hasta los brincos que mantuvieron en todo momento Begut o Marcos Cao en frente del escenario, uno a cada lado de Carlos, estaban medidos, pero consiguieron hacer de esta experiencia algo grande e inaudito. Porque, sin duda, es cierto que en este momento podremos ver a pocos grupos con tanta energía en un escenario. Una energía incontenida junto a un ritmo frenético, sin perder sus mimbres folk, que no dejaba apenas pausas entre canciones. La música por delante, el mensaje intrínseco en las canciones sin necesidad de dar instrucciones, y la fiesta como centro del espectáculo.

El repertorio incluyó prácticamente todas las canciones de los dos discos del gallego. En solo dos años, "Peregrino" y "La Boca del Lobo" han llegado a casi todo el mundo. Su música ha trascendido en tiempo récord y sus canciones forman parte del imaginario de un número nada desdeñable de devotos. Por eso mismo, hay sitio para todas ellas en su setlist. No falta casi nada y tampoco sobra. Veinte canciones que pasan en un suspiro, pero que convencen y muestran una solvencia por encima de toda duda. Algo a lo que ayuda una banda en estado de gracia, destacando no sólo la enérgica presencia de las guitarras acústicas como grandes protagonistas (en casi todo momento sostenidas entre Marcos Cao, Begut y Mikaela Vázquez), sino también a una contundente pegada de la mano de la sección rítmica, con un sublime Christian Delgado a las baquetas y Tony Finu con su preciso y elegante bajo. No obstante, es el trabajo de Sergio Delgado en la sombra, pasando más desapercibido desde el fondo del escenario, el que viste la base de las canciones con sus atmósferas y texturas gracias a un acertado paquete de overdubs (que aunque no lo parezca hay unos cuantos) y el aporte de los sintetizadores.

"Días de perros" puso a todo el mundo en alerta. Cantando desde la primera estrofa. Entregados y apasionados, aunque no más que Carlos y su banda, que no pararon quietos en ningún momento. "Aquí todavía" mostró la fuerza de un repertorio con un pie en la tradición y otro en la exquisita modernidad. Sin rechinar ni por un momento, ni siquiera cuando agitaron esos enormes cencerros con los que vistieron el inicio de "La Boca del Lobo". El público parecía no querer concederse ni un respiro, por eso obligaron a la banda a retomar el final de esta canción antes de agitarnos con la más áspera "Lenguas Calvas". La particular reivindicación de su singular tierra llegó con "Autóctono", complementada con la electrónica campestre de "Odisea", la única concesión a su pasado previo a la publicación de su debut, cuando Ares andaba más centrado en su faceta de productor antes de que explotase todo su potencial.

La zaragozana Beatriz Gutiérrez "Begut" tuvo un papel protagonista casi durante toda la noche aportando bases acústicas, además de saltos de altura y matices con sus coros en cada tema, pero en "Un beso del sol" demostró todo su torrente vocal entonando, como ocurre en el disco, su segunda parte, antes de que Ares se enredase en los pasajes más eléctricos de "Con un solo dedo" o "Ultimátum", donde arrancó con un enérgico solo, constatando que no solo de folk se nutre el sueño de este gran artista. En "Cigarra" todo el grupo jugó con la deceleración del tema, como queriendo descomponerlo y dejarlo flotar, hasta que entró la más cortante y afilada "Amigo", un portento con un pie en la electricidad de los setenta y otro en la psicodelia contenida.

No fue la primera vez ni será la última que se atrevieron con el estribillo de "Pájaros de Barro", del mismísimo Manolo García, para abrir su particular homenaje a estos versos bajo el nombre de "Materia Prestada". Una canción que hizo levantar los brazos a todo el mundo, algo que se convirtió en una empresa titánica teniendo en cuenta el poco espacio libre que quedaba en una abarrotada sala Oasis.

La parte acústica de la velada desmereció, en parte, por las voces de muchos de los presentes mientras Carlos intentaba imponerse con el intimismo de "Terrícola". Una de sus canciones más sentidas y emocionantes, aunque resultó complicado sacarle todo su jugo en las condiciones algo menos apropiadas para esto que presentan las salas con un aforo que supera lo establecido. El público viene a escuchar, sí, pero en los momentos íntimos sigue resultando difícil callar más de una boca, lo que nos dejó con ganas de volver a escuchar todo el potencial de esta canción en la intimidad de nuestro hogar. Mucho mejor a solas. Con la instrumental "Mineral", el resto del grupo retomó el escenario ocupando los puestos alrededor del líder de esta particular empresa, en una apretada línea frontal, aprovechando además para intercambiar instrumentos entre ellos y arremeter "Collar" con bastante más cuerpo que en su versión original.

Intuíamos que esta peculiar fiesta estaba en su recta final, pero hasta este momento todo había sucedido muy deprisa y ni siquiera Carlos nos había dedicado unas palabras de agradecimiento a los presentes. Éste fue el momento. Aprovechó para despedir su gira de salas y agradecer a todos los que la habían hecho posible. A su equipo, sus músicos, todos los que han creído en él y, sobre todo, a su público, el que le hace sentir cada noche un privilegiado. El resto vino de la mano de una de las canciones más fascinantes que he podido escuchar en mucho tiempo, la infalible "Importante", que sonó estratosférica, seguida de "Velocidad", con su ritmo adictivo desde la contención, y la épica que desprende "Rocíos".

Sin bises, que para eso se trata todo esto de un espectáculo bien calculado donde las canciones describen un viaje lírico y estético en sí mismas, fue el turno de la autobiográfica "Peregrino", un tema redondo, sin fisuras y absolutamente revelador. El público se aferró a su estribillo para alargarla más de la cuenta y la banda respondió con una entrega de leyenda, aunque todavía quedaba cuerda para elevarnos más si cabe con el sucio riff de "Páramo" y su referencial letra que vino de la mano de una grata sorpresa para poner la guinda a este trance coral. El rapero Kase O. apareció en el escenario y se marcó una improvisación que casó a la perfección con esa forma de encarar las estrofas por tantas veces casi recitadas por el propio Carlos Ares, y que aquí se transformaron gracias al verso preciso del músico del barrio de la Jota. Una despedida por todo lo alto, con Kase O. en el escenario, los músicos pletóricos y el propio Carlos enormemente agradecido y visiblemente emocionado, quizá por ver todos los frutos que está recogiendo de esta gira tan gratificante que termina (transformándose ahora en múltiples participaciones en festivales y un madrileño Movistar Arena en el horizonte). Lo que quedó en las tablas de la Oasis fue mágico, una obra efímera pero imperecedera. Más pronto que tarde presumiremos de haber estado ahí. De haber sido testigos del nacimiento y consolidación de un músico tan inclasificable como auténtico, y de unas canciones tan consistentes como pioneras. Entramos en la boca del lobo, pero salimos enteros y renovados, como peregrinos que alcanzaron su meta. Y con ella, la gloria.

The Wild Horses: "The Last Bullet"


Por: Txema Mañeru. 

La verdad es que nos han hecho sufrir demasiado tiempo sin sus canciones. Parece que la pandemia les dejó descolocados. Ahora han regresado y nos han vuelto a dejar con ganas de más (tan solo 10 canciones), pero eso nos es malo. Este gran grupo de “AmericaÑa” se formó casi hace 15 años y fueron pronto consagrados en su estilo al ganar el premio al mejor grupo de americana del año (2013, creo) en el programa “Toma Uno” del experto en la materia Manolo Fernández. Posteriormente se consagraron en el simbólico Huercasa Country Festival.

Siempre han sido muy queridos en su mundillo y también en el del rock’n’roll en general. De hecho, ya en 2018, en su tercer disco, “The Wild Horses & Friends”, o en su directo “Stampede”, se rodearon de grandes como Kacho Casal (batería de Burning que sigue colaborando en su nuevo disco) o Carlos (Burning). Pero es que también han estado cn ellos Javier Andreu (La Frontera), Ramón Arroyo (Los Secretos), Susan Santos o compañeros en su sello (TWH Records) como Chisum, Dany Rock Daniels o Suso Díaz. Su amplio reconocimiento también ha llegado desde el otro lado del charco con los premios del Texas Sounds International Country Music Awards o de la Line Dance Association.

Sus buenas y personales versiones de grandes del género como John Hiatt, la Creedence, Tom Petty, John Mellencamp, Graham Nash, Bob Dylan o la Carter Family, entre otros, han demostrado la buena base musical que han tenido. Por supuesto, también su adorado Gram Parsons, de quien han tomado su nombre por el preciosotema que les robaron los Rolling Stones, aunque la hicieron muy chula. 

Bases que se notan en este nuevo y muy esperado trabajo que comienza de manera genial. Lo hace con un rudo country-rock titulado "Someone" con buenos coros y riffs potentes. Además el primer gran estribillo y la preciosa lap steel (también toca mucha y hermosa pedal steel a lo largo del disco) de Jonathan Colombo. En las composiciones vuelve a ser protagonista el guitarrista Rafa Aguilar que también comparte las buenas voces solistas con David, muy bien también con las ricas y abundantes guitarras. "I Wanna Leave My Boots Beside Yours" es puro country-rock con esa citada y deliciosa pedal steel, con buenos punteos y otro logrado estribillo. Sigue cantando muy bien Rafa un "Don’t Lie To Me", que pudiera haber firmado Dwight Yoakam. en su ascercamiento al rock’n’roll trotón y los riffs de piano y guitarra. A continuación llega el primer y precioso single del disco, "The Bar of The Broken Hearted", compuesto a medias entre Rafa y Javier Vargas, y excelentemente cantada por David. Mola esa guitarra de tonos graves a lo Johnny Cash y ese fronterizo acordeón. Una preciosa balada con estupendos coros y con unas guitarras crepusculares que recuerdan mucho a Chris Isaak o incluso a Nick Waterhouse. Cierran la cara A con una distendida (como indica su título) "Girls Want Cowboys". Otro tema para bailar con pegadizo estribillo y aires entre Johnny Cash o el mismísimo Garth Brooks. Buenos punteos de alguno de sus destacados guitarristas.

La cara B comienza con una adaptación del atrevido tema de su amigo Nacho Béjar, "Por El Camino Estrecho", al que le dan un aire muy cercano a Gram Parsons en su arranque, pero también, a Flaco Jiménez, Los Lobos o Ry Cooder. Romanticismo y atrevimiento que se adorna bien con la pedal steel y esa chula mandolina de Pedro. Béjar trabajó hasta para Antonio Vega y este tema es una chulada que pasó injustamente desapercibido y cuya letra ha sido adaptada para pasar a territorio Wild Horses. Arranca también en plan balada Eagles o Poco "What I’ve Been Missing", pero luego se acelera y meten más ritmo y coros como hacían también estas dos bandas gigantes en el estilo. Los punteos agudos sobre la pedal steel son una absoluta gozada. Vuelven a relajarse con "Ivonne (Pibón)" con humor y fiesta al estilo de Los Lobos y hasta con adecuados coros femeninos. También es pegadiza para bailar "Simple Country Boy" con sus finísimas guitarras y, de nuevo, destacados coros. Finalizan con una versión en inglés del "Sobreviviré" del Dúo Dinámico convertido en "We Will Stand Tall" y hecha más enérgica y guitarrera. Se acerca al "I Will Survive" de Gloria Gaynor, pero en su clave (buena) country. 

La foto y el diseño de la portada de Juan Pérez-Fajardo no hacen sino enmarcar un estupendo disco repleto de buenas canciones. ¡A ver si pueden girar por muchos lugares con este trabajo tan guapo y de sonido tan internacional!

Bernal: “Hemos tratado de plasmar las vivencias de estos últimos años desde una perspectiva distinta”


Por: Javier González. 
Fotografías: D'Amatinada Studi.

Ojito con Bernal y su “Vida y Milagros”. Lo vamos a definir en pocas palabras: entra directo y es adictivo. Sus letras son viscerales y cristalinas, no buscan edulcorar la realidad, transmiten sensaciones sobre un día a día crudo, a ratos casi doloroso. Y lo hacen jugando con las intensidades y ambientaciones, a veces susurran y si es necesario lo gritan. No dudan en poner el dedo en la llaga, mitigando la pena y generando un sentimiento de absoluta empatía. Oscuridad, pop y emo, pero ante todo mucho sentimiento y cotidianeidad. Seremos sinceros, no los teníamos en el radar, tras dedicar unas cuantas horas a su música dudamos que ahora podamos escapar de su fuerza. 

Semanas atrás nos pusimos en contacto con ellos, personificados en Eduardo Nogués, bajista de la banda, quien de forma sencilla y directa se enfrenta a nuestro cuestionario. Parco en palabras, pero decidido. No hace falta extenderse más, sus canciones ya lo cuentan todo. 

Hace apenas unas semanas veía la luz vuestro nuevo álbum, “Vida y Milagros”. ¿Qué sensaciones tenéis ahora que después de tanto tiempo y trabajo por fin puede ser disfrutado por el público? 

Eduardo: Es una maravilla ver lo mucho que está conectando la gente con el disco. Nosotros ya llevábamos escuchándolo desde hacía mucho y es genial ver cómo “cobra vida” cuando sale. 

Es vuestra segunda referencia en formato larga duración, un número que dentro de la mística que acompaña al mundillo musical siempre ha tenido una especial relevancia. ¿Habéis sentido una mayor responsabilidad a la hora de elaborar estas canciones que en ocasiones anteriores? 

Eduardo: La verdad es que no. Estamos siempre componiendo y dejamos que las cosas fluyan. Ya sea un LP, single, ep… el proceso es el mismo y le damos el mismo peso a todo. 

“Vida y Milagros” es un álbum que en comparación con “¿Qué tal todo allí fuera?” parece una mirada al exterior desde uno mismo, mientras que el anterior era mucho más introspectivo, pese a que también se anuncien tangencialmente algunas temáticas que aquí desarrolláis más. ¿Tenéis la misma percepción? 

Eduardo:
Totalmente. Aquí hemos tratado de plasmar las vivencias de estos últimos años desde una perspectiva distinta, intentando aceptar lo que pasa sin juicio. 

Musicalmente se nota una clara influencia del emo, pero con una apertura de miras bastante bien entendida, donde no faltan temas más introspectivos, tal es el caso de “Dientes”, y canciones que se apoyan en bases electrónicas con total acierto entre guitarras saltarinas como es el caso de “Una amistad perdida”. ¿De qué forma enfocáis el trabajo de las canciones? ¿Hasta qué punto la música de Bernal es heterogénea? 

Eduardo: Sale todo de forma muy natural. Como comentaba antes, vamos componiendo y van saliendo las ideas. No nos sentamos pensando “vamos a hacer un tema más electrónico o más acústico”. Simplemente las cosas salen así. Supongo que como tenemos influencias muy variadas salen ideas de todo tipo.

En “Dolores Marqués” cantáis “independizarse privilegio nacional”, lo que parecería una broma de mal gusto y casi absurda se ha convertido en una dolorosa realidad capaz de sustentar un tema lleno de rabia contra el capitalismo voraz que arrebata la cultura y el sentido de nuestros barrios. ¿Cuánto duele tener que hacer letras así de descarnadas? 

Eduardo: Es una pena, pero nos gusta poder utilizar esta plataforma que tenemos para tratar temas que nos afectan a todos. 

No puedo resistirme a deciros que “Caminos, canales” y su unión a “Puertos” me parece un auténtico bombazo, tanto en su estructura como en lo que cuenta la propia historia. ¿Cómo surgió esta canción/es tan puramente mesetarias? ¿Acaso es una canción de furgoneta y gira? 

Eduardo: En un principio era un solo tema de unos 6:30 que trajo Carlos, pero en el estudio Raúl nos propuso separarla y nos moló mucho la idea que planteó. A nivel letras es exactamente lo que comentas un tema de furgo/coche/tren, básicamente de desplazamiento. ¡Qué guay que te gusten! 

Un tema que creo que además utilizáis de forma circular, cerrando el mensaje que comenzáis a dar en “Invierno en València”. ¿Es así? 

Eduardo:
Correcto. Se trató de dar esa sensación de tener ese mensaje cíclico. De hecho, si te fijas al final del disco hay un sonido de coche y puerta cerrándose, como un guiñito a que se ha acabado el trayecto. 

Por cierto, en el disco no dudáis de rodearos de algunos nombres bastante interesantes de nuestra música más underground como Fin del Mundo y Pumuky. ¿De dónde surgen estas sinergias tan interesantes? ¿Os sentís parte de una misma escena? Si es que las escenas siguen existiendo, porque hoy todo parece mezclarse… 

Eduardo: Fin del mundo es una banda que nos flipa y empezamos a conectar online al ver que teníamos referentes similares. Vimos que eran fans del proyecto y nos tiramos el triple con este tema que creemos que ha quedado increíble. Avo es muy fan de Pumuky y empezaron a intercambiar algunas palabras por Twitter. Nos propuso al resto la idea de colaborar y nos gusta poder tener a alguien de su calibre en nuestro disco. 

Venís de Valencia, una tierra siempre prolífica en lo que a música de calidad se refiere, con una gran heterogeneidad, quizás fruto de aquel maravilloso fenómeno demonizados desde las instituciones que fue “la ruta del bakalao”. ¿Cómo anda actualmente el panorama musical de la terreta? ¿Qué bandas jóvenes no debemos dejar de atender? 

Eduardo: Sentimos que está muy fuerte. No paran de salir bandas/artistas de todos los estilos y es muy gratificante ver cómo está creciendo todo. No os perdáis a garbí, rumores, nuevos vicios, marta vidart, declive, laid… y ¡un sinfín de artistas! 

“Viva Belgrado son una enorme referencia para nosotros” 

Sois un proyecto que poco a poco va asomando su cabeza dentro de nuestro panorama con un gran disco entre las manos recién salido del horno. ¿Qué planes de gira manejáis para los próximos meses? 

Eduardo: Por ahora la idea es girar, girar y girar. Están saliendo varias fechas y estamos muy motivados. Nos gustaría pisar toda la península y ojalá nuevos territorios con este disco. 

¿Hasta qué punto la forma de hacer de bandas relativamente cercanas a vuestra propuesta como Viva Belgrado son un espejo donde mirarse? 

Eduardo: Ellos son una enorme referencia para nosotros, fue una de las bandas que más nos unió cuando empezamos y les tenemos mucho respeto.

Lana del Rey ameniza la espera con “White Feather Hawk Tail Deer Hunter”


Por: Nuria Pastor Navarro. 

Grandes ojos de búho observan desde la oscuridad más sugerente, el viento parece aullar entre los recovecos de la noche y las inocentes formas de la existencia se convierten en siniestros monstruos en la imaginación. ¿Acaso es noche de brujas? Casi; es la nueva canción de Lana del Rey. Lana es una de esas artistas que no necesitan apenas presentación… Desde el nihilismo más aesthetic de “Born To Die” (2012) hasta la fuerza poética de “Did you know that there´s a tunnel under Ocean Blvd” (2023), pasando por el hippie “Lust For Life” (2017) o el experimental “Norman Fucking Rockwell!” (2019), la artista cuenta con una variada y exitosa carrera de más de diez años.Quién le diría a la joven y rubia Lizzy Grant, cantando de bar de bar, que es la número 27 del mundo en Spotify, que ha sido nominada 11 veces al Grammy y que está a punto de sacar su décimo álbum de estudio… O eso esperamos.

Y es que si algo ha demostrado la misma Lizzy, aparte de su gran talento musical, es su libre albedrío. Este misterioso álbum nonato ha sido retrasado incontables veces desde 2024 sin explicación alguna y ha cambiado de nombre y género en cada una de las ocasiones, yendo de un supuesto estilo country con “Lasso” a “The Right Person Will Stay” hasta el (supuesto) actual “Stove”. Lana es toda una profesional del despiste, y nadie sabe nunca su próximo movimiento. ¿Quién, si no ella, podría lanzar un single escrito hace tres días un martes aleatorio de febrero a las cinco de la tarde?

“White Feather Hawk Tail Deer Hunter” —ay, el cariño de esta chica a los títulos largos…— llega pisando fuerte y rompiendo con el estilo que ya había presentado en los dos anteriores sencillos que aparentemente se incluirán en el mismo álbum: “Henry, come on” y “Bluebird”. Lo siniestro, lo extraño se instala desde los primeros segundos de esta canción con una gracilidad delicada y escalofriante. Ella Fitzgerald ya utilizó estos curiosos acordes en 1964 para hablarnos de la misteriosa “Laura”, con ese aire sombrío de película de terror, y Lana ha aprovechado esta ocasión para demostrar su infinito amor al jazz.

Los susurros cantantes de Lana pronto se abren paso, y nos recuerdan a temas anteriores como “A&W” o “Peppers”, en los que la artista parecía olvidarse de cantar para simplemente conversar con nosotros con cierta musicalidad. Y de pronto, nos reclama: “whoopsie-daisy, yoohoo!”. El estribillo, cargado de cuerdas tensas y vientos llamativos, enfrenta la dulzura de la voz con lo tétrico del instrumental. Como si fuera la banda sonora de una película de suspense, la cantante consigue una vez más hermanar la belleza con la inquietud, y nos trae recuerdos de los lejanos temas que compuso en su momento para cintas como “El gran Gatsby”, “Big Eyes” o “Maléfica”.

Y es que “White Feather Hawk Tail Deer Hunter” no es un tema cualquiera. Desde su mítico glamur melancólico, Lana escribe su propia versión de una canción de amor dedicada a su marido Jeremy Dufrene. Pero, incluso, va más allá, rompiendo satíricamente con la corriente de las trad-wives. ¿Una trad-wife que no sabe encender el horno para cocinar? Solo podía ser Lana y su admirable libertad.

No faltan el vídeo casero con pulso tembloroso, imágenes de archivo antiguas y mucho contraste, como lo fue en su día “Video Games”; los macabros guiños —como el propio título del álbum— a la eterna Plath y su “Dios me libre de cocinar tres veces al día” y mucha incertidumbre sobre el futuro, por supuesto. Nada nuevo para los fans de Lana del Rey. No me cabe duda de que pronto los lazos en el pelo, los pintalabios rojos y las gafas con forma de corazón llenarán las calles y locales de concierto. Pero por el momento, toca esperar. Menos mal que tenemos los casi cuatro minutos de “White Feather Hawk Tail Deer Hunter” para practicar la paciencia…

Celtas Cortos: "El puño levantado y la denuncia social nos ha acompañado en algunas de nuestras canciones"


Por: Jon Bilbao.
Fotografías: Javier Salas.

Celtas Cortos nunca han dejado de ejercer de cronistas de nuestro tiempo, a la vez que han acercado a nuestros oídos fusiones de estilos como el rock, el folk o el reggae. Acaban de empezar su selecta gira estatal por el cuarenta aniversario de la banda y por ello charlamos con Goyo Yeves, el único miembro que lleva esas cuatro décadas ahí —aunque también contamos con el cantante Jesús Cifuentes y el violinista Alberto García, que entró en 1990—, para hacer un repaso a la rica historia de la banda y contaros cómo se van a desarrollar estos conciertos que prometen ser tan especiales.

Lo primero, felicitaros por haber cumplido cuarenta años como banda, todo un logro que supongo no esperábais cuando a mediados de los ochenta os juntasteis para tocar. Aunque supongo que vuestras vidas y motivaciones han cambiado bastante, ¿dirías que aún mantenéis parte de ese sentimiento inicial que os impulsó a agarrar un instrumento o a crear el proyecto? 

Goyo Yeves: Yo diría que sí, sin duda, porque nosotros empezamos desde muy abajo siendo unos chavales de dieciséis años. Nuestra historia surge en un instituto, éramos una especie de colectivo del instituto, una actividad extraescolar. Eso fue poco a poco creciendo y al final en el 86 nos llamamos Celtas Cortos, con algo más de entidad. Éramos ocho y soñábamos con poder tocar lo máximo posible en los bares y que no nos cobraran las cañas. (Risas). A partir de ahí vas creciendo, el boca a boca de la gente que nos veía iba recorriendo camino. Realmente nacimos siendo un grupo de amigos, sabemos lo que nos ha costado llegar hasta aquí y lo difícil (mucho más) que es mantenerse, y desde luego entendemos y valoramos a las personas que lo formamos. Que hay que ser respetuosos, tolerantes y que hay que tener en cuenta las necesidades de cada uno. Todo esto no tiene sentido si nosotros no tenemos ilusión. Pienso que seguimos teniendo esa ilusión de seguir adelante y de aportar cosas nuevas, y de crear proyectos de todo tipo. 

Me gustaría hablar por un momento de vuestros inicios. Aunque creasteis la banda siendo muy jóvenes, algunos de vosotros ya veníais de bandas: algunos del grupo Páramo y otros de Almenara, dos grupos ya relacionados con el folk. ¿Supuso un hallazgo el encontraros esos dos grupos de personas en aquel momento? ¿Teníais claro que queríais interpretar música exclusivamente instrumental? ¿Cómo recuerdas aquel momento? 

Goyo Yeves: Lo recuerdo como una eclosión de muchas cosas, para empezar el hecho de tocar con otra gente. En aquella época sí que estábamos muy metidos en el folklore castellano (que tenía un auge importante en esa época), y mis primeros conciertos tocando delante de gente fue con Castilla Joven, un grupo de baile y de danzas castellanas. Has hablado de Páramo, que es un grupo que formé yo con Cesar Cuenca, otro de los miembros de Celtas Cortos, en el que trabajábamos canciones tradicionales de nuestros pueblos, que conocíamos por nuestros abuelos, nuestros tíos…Y Almenara llevaba más tiempo con el folk castellano, donde estaba Carlos Soto, Jesús Cifuentes.. y es cierto que Celtas nos aglutinamos entorno a una música más experimental, algo diferente que no tenía tanto que ver con el folk castellano sino con músicas atlánticas, y con descubrir y trabajar sonidos nuevos y fusiones inverosímiles que resultaba muy divertido de llevar a cabo, y muy inspirador. Mucho local de ensayo, desde luego. 

Me parece que para “Gente Impresentable” ya vais encontrando vuestro sonido, aunando instrumentales con canciones con voz que tratan temas de crítica social (como “¿Qué voy a hacer yo?” o “Haz turismo”) con otros más reflexivos (“La senda del tiempo”) e incluso humorísticos (“Si no me veo no me creo”). ¿Era fácil ponerse de acuerdo entre ocho personas? ¿Solíais llegar a un consenso sobre las distintas decisiones? 

Goyo Yeves: Es cierto que aquel fue el primer disco en el que se introdujeron textos. Llevábamos unos tres años y medio sólo con la vista puesta en la música instrumental, tampoco se nos había ocurrido, fue un experimento lo de meter letra. Recuerdo que al principio era rarísimo, no sabíamos si nos cuadraba. El ser ocho personas con voz y voto hacía que las cosas se debatieran. No digo que fuera fácil porque no era lo mismo que si fuéramos dos o tres, pero también me parece que siempre ha sido muy enriquecedor, y dejábamos que todos pusieran su impronta en todo, en lo musical, en lo logístico… y somos un grupo que nació con la democracia por bandera en cuanto a las decisiones. Y siempre fue así, las decisiones se tomaban por mayoría absoluta y punto. 

Principios de los noventa fueron años muy buenos para la banda, pues vendisteis medio millón de copias de “Cuéntame un cuento”, ganasteis premios por vuestras canciones y “Tranquilo majete” también funcionó muy bien y empezasteis a salir a tocar a otros países. Fue un subidón, y lo recuerdas como algunos de los mejores momentos de la banda, o sentisteis la presión y como que la magia del principio, esa libertad, se acababa? 

Goyo Yeves: Todo eran pasos y escalones pero es verdad que hubo un escalón muy muy alto (o así creo que lo sentíamos todos) que fue el hecho de que esas canciones cantadas empezaron a sonar en la radio a nivel nacional y en radios comerciales. Eso te cambia la perspectiva totalmente porque ya te empiezan a conocer en muchos lugares y además llamando mucho la atención, primero por la fórmula musical y la instrumentación y luego con las letras, que desde luego eran peculiares. A partir de ahí, los discos “Cuéntame un cuento” y “Tranquilo majete” fueron de consolidación, de aplomo, de mucho trabajo pero creo que con una cantidad de canciones que se van a quedar siempre en la memoria, aunque eso sí, con unas giras terroríficas, estamos hablando de hacer una media de unos cien conciertos al año, y éramos personas de veintipocos años. Yo me sentía un poco como estar flotando y esa sensación no me gustaba mucho y creo que a nadie. Nos gustaba tener las cosas atadas y saber por dónde ir y los pasos a seguir, pero tal era el volúmen de trabajo y de kilómetros que a veces lo único que te apetecía era tirarte en el autobús y... ya te despertarían para el siguiente bolo. Queríamos ser conscientes de lo que hacíamos, y por eso aquellos años fueron muy locos pero también fue vivir un sueño increíble y sentirte un privilegiado. Todo el mundo cantaba tus canciones…y sentíamos el privilegio, igual que lo sentimos ahora, de que se estaba convirtiendo en una profesión, y que teníamos que luchar por ello porque merecía la pena y porque nos hacía muy muy felices. 

A mediados de los noventa abandonó el grupo el guitarrista Cesar Cuenca, y poco después el teclista Nacho Martín, dos de los compositores principales de la banda junto con el vocalista Jesús Cifuentes. ¿Visteis claro que podíais continuar creando grandes canciones? Porque después sacasteis “Tienes la puerta abierta”, más abierto a otros estilos y que seguía sonando a Celtas Cortos. 

Goyo Yeves: Es indudable que esas ocho personas que empezamos siendo unos adolescentes…pasa el tiempo, pasan cosas, y a cada uno le afectan de distintas formas. El ritmo de trabajo era trepidante, se juntaba con cuestiones familiares, alguno empezó a tener algún hijo, y todo se complicaba, como te puedes imaginar. Hay gente que al final decidió apartarse. Es verdad que esas dos personas en concreto eran dos de los que más componían, pero también te digo que componíamos todos, todos echábamos la carne en el asador como fuera, y quizá con esas dos ausencias todavía nos implicamos más los demás. Fue importante que Jesús se mantuviera, porque era el único letrista digno; es difícil hacer las letras con cierta poesía, pero a la vez con mensaje, que no resulten horteras… es muy jodido. Y Jesús tiene el don de hacer letras que le salen como churros, que la mayoría se cuadran muy bien con lo que queremos expresar. A partir de ahí seguimos trabajando, hubo incorporaciones nuevas y siguieron pasando cosas, porque son muchos años. Durante la segunda parte de los noventa lo más importante fue involucrarnos en hacer nuestro primer disco en directo, “Nos vemos en los bares” en el 97, una experiencia brutal y un apoyo enorme por parte de la gente de Valladolid. Lo recuerdo también como algo inolvidable, un reto más superado. 

La primera vez que os vi en directo fue en la gira de despedida de Cifu, me parece que en 2002. Fue uno de los conciertos que recuerdo con más cariño. Puesto que tú eres el único miembro fundador que nunca dejó la banda, ¿cómo viviste el cambio de cantante, con Antuan Muñoz, y el disco “C’est la vie”? ¿Ya que Cifu se fue para hacer su disco, sentisteis que queríais hacer algo a pesar de no contar con el cantante y compositor principal? 

Goyo Yeves: Sí, ese momento, rozando la veintena de años como banda, fue el momento más delicado. Por una parte entendíamos perfectamente que Jesús se quisiera retirar, porque si es agotador para todos, para él, que es el frontman, desgasta más. Y a él además le apetecía primero parar y luego hacer algo en otro plano, más rock n roll… y lo que te decía al principio, entendemos que hay que cuidar a las personas que formamos esto. Es cierto que nos vimos en una encrucijada de decir, ¿qué hacemos ahora?, porque los demás no estábamos en ese punto, ni de cansancio… además teníamos muchas ideas nuevas para desarrollar. No se sabía qué iba a pasar, así que decidimos que poniendo en una balanza un poco el grupo, la marca de Celtas Cortos, entendíamos que el peso instrumental era muy importante en este grupo, no era un 10 %, considerábamos que al menos suponía un 50 % (es difícil valorar esto), pero quiero decir que no éramos un grupo que era solo una voz, musicalmente también teníamos mucha personalidad, en las fusiones, en la instrumentación… y pensamos que no era mala idea seguir adelante, más que nada por no pararnos los demás, porque igual te paras y te oxidas, o pasas de todo y te da por montar una ferretería y te va bien y ya lo dejas. Yo que sé, nos daba un poco de miedo eso, porque los demás teníamos muchas ganas de seguir. Así que nos lanzamos a seguir con el nombre, con un cantante nuevo, como ya ha pasado en otras formaciones. Fue un momento de mucho debate, muchas dudas, pero al final nos lanzamos e hicimos “C’est la vie”, con la participación de todos, ahí sí que nos involucramos todos, en aportar ideas, letras… incluso gente que no estaba en el grupo, usamos letras de algunos amigos, para hacer un disco que considerábamos que podíamos hacer. A raíz de ese disco hicimos gira con unos 150 conciertos con Antuan, que no está nada mal en tres años. Aunque sí es verdad que la cosa iba cayendo, sobre todo porque mediáticamente estábamos perdiendo mucho impacto, desde los medios se veía como algo diferente, que lo era, pero ante eso no podíamos hacer nada. Teníamos material como para haber hecho un segundo disco con Antuan, pero la discográfica ya no nos apoyaba para ese segundo disco, y luego ya llegó el veinte aniversario y nos propusieron sacar un disco recopilatorio y si queríamos hacer alguna canción nueva con Jesús. Porque el trato y el contacto personal con Jesús no se había perdido, porque somos amigos. Sabíamos de su vida y de sus proyectos, íbamos a verle a algún concierto, él vino a vernos con Antuan, y eso es muy importante para no perder el hilo. A raíz de ese veinte aniversario, en el 2006 nos volvimos a juntar y lo volvimos a coger con muchas ganas. 

Para cuando Cifu volvió en 2006 algunos otros miembros ya habían dejado la banda. ¿Había desavenencias entre vosotros o simplemente cada uno siguió con su vida y no volvisteis a coincidir?

Goyo Yeves: Carlos Soto se fue en la época de Antuan, en el último año de Antuan. Fue agotamiento de tantos años. Y él por otro lado tenía un proyecto de música bretona con su pareja, porque ella era de Bretaña, y tenían ideas muy alternativas que requerían mucha implicación. Él no quería hacer algo paralelo y nos propuso apartarse sin saber hasta cuando. Y así se quedaron las cosas. El otro miembro fue Nacho Castro, el batería, que estuvo desde el principio pero no era de los del instituto porque era alguien un poco más mayor. Tenía trabajo, era funcionario, tenía una excedencia, y el agotamiento en aquel momento le hizo decidir volver a su trabajo, porque creo que sino se perdía la excedencia y tenía la última oportunidad de volver. Estuvo muchos años tocando con un grupo de blues. El siguiente disco, “Cuarenta de Abril”, lo considero el disco de consolidación de la nueva etapa con Jesús de nuevo al frente. Tiene canciones muy potentes y sobre todo “Retales de una vida”, que estaba en ese disco, fue la canción más radiada en España en 2008, y eso nos volvió a poner arriba, con toda la energía. Fue otro empuje y sabíamos que si tirábamos todos del carro podíamos seguir para adelante con mucha fuerza. 

Sois la banda que más veces he visto en directo, no sé exactamente cuántas pero más de diez. Me suele gustar cómo estructuráis los repertorios, y he visto que para esta gira del 40 aniversario habéis incluido algunas canciones no tan habituales, como algunos instrumentales de vuestros inicios o cosas como “Si no me veo no me creo” o “Trágame tierra”. Aún así hay canciones que personalmente hace mucho que no os escucho tocar, como las inéditas incluidas en el recopilatorio por el veinte aniversario, canciones como “Esta vez” o “Tres amigos”, que me encantan. / Y también hay temas de “Tienes la puerta abierta” que NUNCA os he escuchado tocar, como “La mierda” o la preciosa “Pajarico”. ¿Alguna opción de escuchar estas canciones en la actual gira? 

Goyo Yeves: Es tan difícil meter tantas… bueno, es imposible, porque sino haríamos un concierto desde la mañana hasta la noche. (Risas). Hemos pasado por tantas etapas… es verdad que algunas canciones tienen una estética con la que ahora mismo no nos sentimos demasiado a gusto. Por ejemplo con música latina, como “Romance de Rosabella y Domingo”. Y el disco sobre el que hablas, “Tienes la puerta abierta”, es un disco un poco experimental en el que jugueteamos con la electrónica, digamos que fue un experimento que estuvo muy bien, creo que la época lo pedía pero ahora tampoco nos cuadran demasiado todas las canciones. Hemos seguido tocando canciones como “Todo es ponerse” o “Gente distinta”.. o por ejemplo “Pajarico”, alguna vez ha estado en el repertorio, es un tema muy sensible, pero a veces hasta se nos olvidan. Podíamos decir, ¿en vez de “La senda del tiempo” ponemos esta otra? La verdad es que es muy complicado, a mí me encantaría dar cabida a ese montón de canciones. “La mierda”, es que no me acuerdo bien cómo era pero creo recordar que tiene una melodía celta super chula. Después de esto que me dices se me está ocurriendo que podríamos hacer un año una gira especial de canciones raras, en pequeños recintos porque igual no va mucha gente.. (risas). Este año, con este mega aniversario queríamos dar cabida a algunas canciones más, pero claro, tampoco puedes pasarte. Tú lo sabes, hay diez, doce temas que son casi obligatorios. Y también tienes que jugar mucho con las dinámicas, que no decaiga mucho durante demasiado tiempo, que suba, que baje, dejar temas fuertes para el final, nos gusta meter temas del último trabajo, en este caso “El mundo del revés”, temas instrumentales… tenemos que jugar con tantos ingredientes que es difícil hacerlo a gusto de todos. Sí que puedo decir que este año sí hay algunos caramelitos que hemos querido meter, aunque también te digo que estamos teniendo problemas en los lugares porque están muy limitados con la hora, por problemas con los vecinos. Todos los conciertos los empezamos a las 21:00 pero nos estamos encontrando que en todos los recintos, a las 23:00 hay que cortar, máximo 23:10. ¿Qué ha pasado? Pues que nosotros habíamos elaborado un repertorio de dos horas y media y no estamos pudiendo hacerlo, aún no lo hemos podido hacer. Da rabia. 

En la formación actual estáis tú y Cifu como miembros originales, además de Alberto García al violín, que es un miembro de larguísimo recorrido, pues entró en 1990. Veo que para la gira vais a tener a Carlos Soto, miembro fundador. Quiero preguntarte si es correcto lo que leo, que Carlos Soto tocará saxofón, cuando siempre lo solemos recordar por sus aportaciones a la flauta. 

Goyo Yeves: Es correcto, Carlos estará todo el año con nosotros. También hemos incorporado dos músicos más, no excomponentes, pero en esta gira seremos diez. Queríamos que no faltara de nada, y hacemos una sección de metales completa, más acordeón y piano, que hace muchos años que no llevamos. Siempre ha sido un ingrediente fundamental en nuestro sonido pero hacía ocho o diez años que no llevábamos. Está Carlos Soto porque, lo mismo que te decía sobre cuando se fue Jesús, con Carlos jamás hemos perdido el contacto personal, nos vemos mucho y hay una relación. Necesitábamos a alguien que tocara trompeta, trombón y otro saxo para completar la sección de vientos, y Carlos toca todo eso. Aunque también habrá una sorpresa en ese sentido. 

¿Haciendo quizá la canción que estoy pensando? 

Seguramente… (Risas) 

¿Lanzasteis la propuesta de unirse a esta gira a otros miembros fundadores o únicamente a Carlos Soto? 

Goyo Yeves: El batería, Nacho Castro, está retirado hace tiempo, no está en activo. Y con otros de los exmiembros no tenemos una relación tan estrecha, creo que no hubiera sido tan natural. 

Me gustó mucho el mensaje de la canción “El mundo del revés”, ¿Dirías que el denunciar las injusticias o lo que no os parece bien sigue siendo parte del motor de Celtas Cortos? 

Sin duda, es algo que no podemos esconder, ese puño levantado y esa denuncia social nos ha acompañado en algunas de nuestras canciones. Es una especie de altavoz para decir como ciudadano las cosas que me preocupan, las injusticias, toda la desigualdad que hay… es que es increíble, no podemos estar callados. 

Sobre el tema de la tecnología, a mí me parece que siempre puede ser útil tener algunas herramientas a mano, pero que lo malo suele ser el uso que se hace de esta. Es decir, usar la Inteligencia Artificial, por ejemplo, para determinadas cosas puede ser beneficioso, pero si empezamos a utilizarla como psicólogo (como están haciendo algunas personas), y dejamos incluso muchas de nuestras opiniones a su criterio, ahí es donde entra el peligro y a veces el lavado de cerebros. Esto ya está pasando. ¿Qué opinas sobre ello? 

Goyo Yeves: Podría estar muy de acuerdo contigo. Yo realmente soy un apasionado de la tecnología, llevo muchos años haciendo cosas como técnico de sonido, desde los noventa empecé a grabar maquetas para otros grupos e imagínate los cambios que he vivido en ese sector, desde empezar grabando en una cinta de cassette a las mezclas entre analógico y digital y llegando a la revolución del disco duro. Ahora la Inteligencia Artificial, al secuenciador con el que trabajo, le pones cuatro acordes y te haces una base que suena que te cagas. Lo primero, es alucinante, y después lo que tú dices, es una herramienta brutal para que te ayude a hacerte una idea de cómo pueden quedar cosas que tienes en tu cabeza, ya que obviamente no puedes tocar todos los instrumentos. Por un lado, muy bien, y por otro nosotros hemos perdido el ensayo cara a cara del local. Hace muchos años que no tenemos local. No digo que no ensayemos pero lo hacemos de forma intensiva, después de que todo el mundo haya trabajado estas ideas en su casa a través de las distintas herramientas de las que hablamos. Es verdad que hay algo que echas un poco de menos, porque antes el local de ensayo era ir a ensayar pero también tomarte unas cañas, era otra cosa, otras vivencias. Hay algo de peligro, porque el factor humano no nos lo podemos cargar, la música es alma y magia, y eso la IA no lo consigue. Hasta ahora creo que soy capaz de distinguir si me pones algo con IA, creo que no fallaría ni una, pero insisto, peligro, porque esto va a un ritmo… 

Hace poco descubrí que para el clásico “Skaparate Nacional”, la música la escribió Alberto García y la letra tú mismo. Es una de mis letras favoritas del grupo, con una fotografía de lo que era ese momento político y social en España. Y la cosa no es que haya cambiado mucho… más bien ha ido a peor y se han seguido descubriendo cosas incluso peores… ¿Crees que podríais crear un “Skaparate nacional” del siglo XXI? ¿Cómo sería? 

Goyo Yeves: Sí sí, totalmente, de hecho lo pensé hace unos años, podíamos sacar “Skaparate nacional 2”. (Risas). Efectivamente, poco habría que cambiar aparte de los nombres propios, introducir algún ingrediente más, por desgracia, sobre los conflictos bélicos a los que estamos asistiendo. Es terrible. Mucha gente nos dice si sabemos que somos precursores, y no, nosotros somos cronistas, no somos visionarios, y además nos gustaría no serlo. La idea es todo lo contrario, que si alguien a través de nuestras canciones se sensibiliza o se solidariza más con algunas causas y a raíz de eso se pueden, en cierta forma, cambiar las cosas para bien, esa es la idea. Hablas de “Skaparate nacional”, pero es que escuchas “Tranquilo majete”, “Haz turismo” o “¡¡Ya esta bien!!” y dices, pero si estos ya hablaban sobre ello hace treinta años y estamos igual, eso es muy triste. 

He oído que durante la gira tendréis varias colaboraciones con otros músicos. ¿Puedes contarme si habrá algún invitado especial para el concierto de Pamplona, que es donde finalmente podremos veros? 

Goyo Yeves: En Pamplona habíamos tocado un par de teclas pero nos han fallado algunas que nos hacían especial ilusión. No porque no quisieran sino porque la gente tiene otros compromisos. La verdad es que nos ha sorprendido que encajaran los planes con algunos con los que no teníamos demasiado trato, pero parece que la gente nos tiene mucho cariño y les hace ilusión. Te puedo hablar de dos que están confirmados, y hay un tercero que aún está en el aire. En Pamplona estará Josemi de Ska-P, que vive allí, y luego van a ir el cantante y el trompetista de La Regadera. 

Por mi parte ya está. Desear que disfrutéis tanto como nosotros en esta gira de vuestros cuarenta años como banda, felicidades, y nos vemos en los conciertos. 

Goyo Yeves: Sí, nosotros desde luego lo estamos disfrutando. Estamos intentando que los ingredientes sean especiales, ya verás en el concierto que hay un montón de videos que se proyectarán, con una estética muy cuidada, hechos exclusivamente para este gira, que también nos arropan y dan a estos conciertos una entidad, para que se note que es una celebración de los cuarenta años, que haya un cortador de jamón. (Risas). Un buen diseño de luces… temas muy cuidados que hacía tiempo que no teníamos de esta manera. Y para eso es, para disfrutarlos con vosotros, con el público.


Fechas de la gira: 

27 de febrero de 2026 – ZARAGOZA – Pabellón Príncipe Felipe 

28 de febrero de 2026 – PAMPLONA – Navarra Arena 

14 de marzo de 2026 – BARCELONA – Sant Jordi Club 

21 de marzo de 2026 – MURCIA – Palacio de los Deportes de Murcia 

11 de abril de 2026 – A CORUÑA – Coliseum 

18 de abril de 2026 – VALLADOLID –Pabellón Polideportivo Pisuerga