Tito Ramírez: "Sonido conquistador"


Por: J.J. Caballero. 

La verdadera religión de Tito Ramírez al frente de Sus Reales es la misma a la que deberíamos encomendarnos, oración correcta mediante, muchos de los que pensamos que géneros como el mambo, el cha cha cha, la descarga, el swing, el boogaloo, el latin soul o incluso el folclore hispano más conectado con los sones de ida y vuelta son el principal motivo de renovación de fe en la música más viva e interplanetaria. 

El andaluz ha vuelto a implicar a sus músicos en una grabación, la tercera de su trayectoria, realizada en riguroso directo y a pleno engrase bajo la dirección de Oscar Martos y una amplitud de medios y logística más ajustada a sus propósitos. Si en las dos entregas anteriores ya se asentaban las bases de un sonido orgánico y expansivo, anclado fielmente en una latinidad aprendida y trabajada durante largo tiempo y diversos escenarios, ahora el líder decide centrarse en ritmos tropicales para acercarlos a la tradición autóctona marcada por la rumba y la copla como referentes básicos.

Son los metales –saxofones y trompetas como motores de un sonido exuberante- los que marcan el ritmo y el sabor a especias bailables en la apertura de “A man wizz a plan”, una declaración de ideario instruido en la herencia afrocubana y cultivado en las cuitas del desamor, más patente aún en “Qué será, qué será”, avisando sin condicionamientos de las características de un disco que seduciría sin remedio a los jóvenes habituales de los sonideros mexicanos o los clubs colombianos en los que la modernidad se fusiona con la tradición. 

Tito Ramírez y su orquesta moderniza el mambo de las viejas orquestas de Cuba, cuando los órganos y teclados diabólicos marcaban el compás, en “Santitos y diablitos”, suda sangre de pop latino a lo Víctor Coyote en la arrebatadora “Cachito de cachopo” y rastrea vínculos insospechados, como los arrebatos de blues primitivo en el piano de “Mi devilidad”, bajo el auspicio de Héctor Lavoe y otros maestros avezados en la historiografía sonora del rock mestizo. Sin ir más lejos, Willie Colón y el reverso socio-político de su música, presente en “Ave Lucifer” o “Príncipe de las tinieblas”, para que no se piense que su propuesta es puramente lúdica. Una erudición sintomática en las congas, los coros y la electrificación de las guitarras soneras en “Mentiras” y en la colorida guajira que es “Verdadero o real” demuestran que no estamos asistiendo a un mero ejercicio de estilo, sino a una labor paciente y concienzuda de fricción entre sonidos que son primos hermanos sin que nos estemos dando cuenta hasta ahora. Hasta el psicobilly, de base tan ajena a las corrientes transoceánicas, es elevado a una supuesta pista de baile multicultural en plena ebullición.

“Sonido conquistador” es un disco que suena justamente a eso, a (re)conquista artística, a reválida definitiva de un territorio sonoro que, sin estar ni mucho menos huérfano de opciones apetecibles, sigue representando una especie de tabú para quienes se empecinan en delimitar el campo abonado de la música latina y reducirla a algo que en verdad es mucho más grandioso que cualquier ritmo de procedencia anglosajona. La sustancia es la clave.

Alba abra “la puerta del ayer” para entregar “Flores para Antonio”, de Elena Molina e Isaki Lacuesta.


Por: Guillermo García Domingo. 

El reconocimiento que en la última edición de los premios Goya recibió la hermosa canción original que hicieron Silvia Pérez Cruz y Alba Flores para este documental (aparece en los créditos) es uno de tantos argumentos a favor del interés musical de este destacado retrato de Antonio Flores, dirigido por Elena Molina e Isaki Lacuesta. Este último vuelve a dedicar su atención a la vida y la obra de un músico, como ya hiciera en la también premiada, “Segundo premio” (sobre la trayectoria inicial de Los Planetas). La familia Flores es una de las sagas musicales y artísticas (la faceta de la interpretación no debería subestimarse) más importantes de nuestro país, no solamente por culpa de la influyente matriarca, Lola Flores, sino debido a Antonio González, el Pescaílla, quien también fue un personaje decisivo en los derroteros de la rumba catalana. 

No hay nada más legítimo que el derecho de una hija a conocer de veras a su progenitor fallecido de forma prematura cuando Alba solamente tenía 8 años y su padre 33. Esa búsqueda es el propósito principal del documental. Alba busca a un padre extremadamente sensible e inquieto y descubre a un músico visceral. El acento musical de la película, se puede ver en la plataforma de Movistar +, es congruente con la principal vocación del hijo pequeño de la familia Flores, aun cuando su existencia fuera errática en ocasiones debido a las adicciones y recaídas que sufrió a lo largo de su trayectoria. Antonio estaba dotado especialmente para el rock y el blues, el documental lo demuestra indiscutiblemente. Y lo acreditan Sabina y Ariel Rot, cuyas intervenciones, como las de los músicos y productores, resultan reveladoras en el documental. El vídeo casero en el que la pequeña Alba y él balbucean un blues otorga a este documento audiovisual un valor excepcional, no solamente para la propia actriz y cantante, quién sabe, sino para el público en general.

Participó al igual que sus padres y hermanas en varias películas. En una de tantas, dirigida por el imprescindible Eloy de la Iglesia, titulada “Colegas”, el cantante interpreta un blues de forma excelsa: “Lejos de aquí”, y en su primer disco, “Antonio”, incluyó otro blues, “El fantasma de Canterville”, compuesto por los argentinos Sui Generis y Charly García. Este blues de los setenta afirma en primera persona: “He muerto muchas veces acribillado en la ciudad, mejor ser un muerto que un número que viene y va”. Es un estremecedor y preclaro epitafio enunciado varios años antes de su fallecimiento.

Y es que las circunstancias de este desgraciado hecho fatal se afrontan con notable honestidad y sin falso pudor, tal y como aconseja el filósofo Montaigne a la hora de tratar estos asuntos de la postrimerías de la vida. La familiaridad con la muerte atenúa el miedo y desactiva la morbosidad que suele acompañar a la muerte de personajes populares. Un año antes, el 24 de mayo de 1994, de su desaparición, Antonio había publicado un disco extraordinario, “Cosas mías”. Lo grabó animado por el éxito comercial y el reconocimiento musical de “De ley” de su hermana Rosario. La mayoría de las canciones las compuso el propio Antonio.

Seguramente no soy el único que encuentra muchas similitudes, fisionómicas, musicales y existenciales entre Antonio Flores y Ray Heredia. A ambos genios les echamos de menos por igual.

Melanie Martinez: “HADES”


Por: Nuria Pastor Navarro. 

La “coincidentia oppusitorum” es, como puede deducirse por su nombre, una coincidencia de opuestos. Algo así como un oxímoron, una unión de elementos o atributos contrarios. En estos casos, los antónimos son capaces de convivir de la mano: eternidad y finitud, luz y oscuridad, inocencia y atrevimiento. Grandes artistas han conseguido alcanzar esta “coincidentia oppositurm” en su arte, y un gran ejemplo de ello es la joven Melanie Martinez, que regresa con su nuevo álbum “HADES”.

Como una especie de Alicia en un retorcido País de las Maravillas, Melanie se sirve de melodías e iconografías infantiles para retratar los aspectos más sórdidos de la sociedad. Y es que su peculiar estilo pastel es algo que ha acompañado a la cantante desde sus inicios, allá por 2012, en el programa estadounidense de “La Voz”. Aunque Martinez fue eliminada varias rondas antes de la final de su temporada, este episodio supuso el descubrimiento casi mundial del talento de la artista. Apenas dos años después firmaba con una discográfica, lanzando el sencillo debut “Dollhouse”.

Para entonces, el sonido particular de Melanie y su potente imagen daban la vuelta al mundo ganándose el apoyo de miles de fans. Un peinado bicolor, una estética infantil fuera de lo común, letras inquietantes con melodías adorables… Quedaba claro que esta chica tenía mucho potencial.

El lanzamiento de su primer álbum, “Cry Baby”, en 2015 consolidó su hueco en la industria. La generación de jóvenes de la era “Tumblr” recibió con los brazos abiertos la historia que Martinez narraba en el disco: Cry Baby, su sensible protagonista, se enfrentaba a diversos problemas sociales con su particular forma de ser. Canciones como “Mrs. Potato Head”, “Alphabet Boy” o “Carousel” lanzaban ácidas críticas a temas como la obsesión por la perfección estética, la meritocracia o los círculos viciosos, todo salpicado por colores pastel, fascinantes personajes y nanas infantiles.

Melanie decidió continuar la historia de Cry Baby en sus dos siguientes álbumes: “K-12” (2019) y “Portals” (2023). En ellos la joven pasaba por una peculiar escuela e incluso moría para retornar en forma de hada al más puro estilo fantástico. Martinez lanzó hasta un largometraje que retrataba la historia de “K-12” a través de los vídeos musicales. Su creatividad no conocía límites, y nada se le quedaba en el tintero. La corrupción de los poderosos, los trastornos alimenticios, el machismo y la misoginia, el bullying y hasta la adicción a las redes sociales; la artista no perdonaba a la hora de criticar y denunciar en sus temas.

Tras ocho años, la aventura de Cry Baby llegó a su fin y el desconcierto de los fans era palpable. ¿Qué tendría preparado Melanie después de semejante viaje? ¿Se mantendría fiel a su estilo? ¿Seguiría haciendo música? Por fortuna, las respuestas han llegado de la mano de un nuevo álbum que, además, forma parte de un doble proyecto. “HADES” representa la distopía, retratando la más cruda y cruel realidad, mientras que el próximo álbum encarnará la utopía, según ha explicado la artista a través de sus redes. Aun así, la parte que tenemos por el momento tampoco es escasa: “HADES” nos presenta ni más ni menos que dieciocho canciones.

“GARBAGE” es la encargada de abrir la dolorosa historia del disco con un repaso del desastre que es la sociedad actual. Con un ritmo que cabalga entre una película bélica y un cuento de hadas, se menciona la violencia, el colapso del medio ambiente o el extremismo político. Desde luego, la artista deja claro que este álbum va más allá de ser simple música.

Con una suave transición, pasamos a escuchar “IS THIS A CULT?”, una historia de rebelión femenina contra aquellos que pretenden controlar a las mujeres, y “POSSESSION”, que sigue en la misma línea criticando las relaciones tóxicas a través de la delicada voz de Melanie. A lo largo de la hora y diez que dura el álbum, la artista se desquita con numerosas problemáticas actuales. Los hombres performativos en “WHITE BOY WITH A GUN”, el capitalismo salvaje en “MONOPOLY MAN”, los estándares de belleza en “WEIGHT WATCHERS” y “UNCANNY VALLEY” o la pobreza en “GUTTER”; como siempre ha hecho, Martinez convierte su arte en un arma de comunicación y protesta cargada de simbolismo y profundidad.

También deja espacio a temas más cercanos a su persona, como la dura verdad tras la fama, la presión social o el amor hacia una persona emocionalmente inaccesible. “AVOIDANT”, “DISNEY PRINCESS” o “MONOLITH” aportan esa chispa más intimista al trabajo. Y es que, a pesar de representar una distopía, Melanie da algunas pinceladas de optimismo a su manera. El álbum se despide con “THE LAST TWO PEOPLE ON EARTH”, que explora esa búsqueda del lado bueno de las cosas. Aunque todo se esté desmoronando, aunque sea el fin del mundo, siempre nos quedará el amor como forma de resistencia, y la cantante lo defiende a capa y espada.

Musicalmente, “HADES” es capaz de reflejar el gran bagaje de la artista y, a su vez, reinterpretarlo. Melanie consigue mantenerse fiel a su esencia y estilo tan característicos, pero también innova. Deja atrás los ritmos infantiles y los moldea con una nueva forma, más atrevida y variada que antaño. Temas como “GRUDGES”, que habla sobre los conflictos interpersonales, o “THE VATICAN”, una brutal crítica a la religión como elemento de control, se acercan a géneros como el rock o el tecno mientras la cantante explora su voz como nunca antes.

Melanie ha cambiado, ha crecido, ha evolucionado, pero no ha dejado de ser la ingeniosa artista que conocíamos. “HADES” es un disco muy completo, variado al igual que potente, quizá algo largo, pero igualmente sólido y disfrutable. Sin dejar atrás su aire de muñeca de porcelana algo siniestra, Martinez se reinventa y, a su vez, conecta con sus trabajos anteriores.

Al igual que Alicia cuando atravesó el espejo, Melanie regresa a su propio País de las (distópicas) Maravillas para dar todo el arte que lleva en su interior, sin olvidarse jamás de la curiosa “coincidentia oppositurom”.

Ilustres Principiantes: Minibús Intergalàctic


Fotografía: Antoni Jover.

¿Eres amante del sonido Madchester ? ¿En los 90 te gustaban bandas como Charlatans, The Boo radleys o los Stone Roses? ¿O quizás eres más clásico y eres devoto del sonido Pink Floyd, Love, 13 th Floor Elevators o los primeros Grateful Dead? Entonces tienes que actualizarte y conocer a esta auténtica bandaza llamada Minibús Intergalàctic, un quinteto proveniente de Girona que nos dejó flipados con su debut "Meditacions des dels Miratges Mercúrics" (2024) ("meditaciones desde los espejismos mercúricos") y que ahora lo vuelven a hacer con su segundo trabajo recién editado bajo el sello Neu!. Sus letras, en catalán, rescatan historias cotidianas con un humor, una ironía y una crítica social tan mordaz como necesaria. Escuchar esos versos catalanes encima de sonidos dignos de bandas como Gong nos llevan directos el recuerdo del gran Pau Riba. Y quizás sea esa la gran referencia de la banda, tanto por el idioma con el que cantan como por el espíritu contracultural y transgresor respecto al panorama musical actual que les rodea. En una Catalunya en la que las músicas urbanas, la pachanga (mestizaje, rumba, ska, reggae,...) y el pop dejan poco espacio para el rock, parece revolucionario afrontar sonidos sixties como lo hacen estos chavales. 

Guitarras poderosas y enmarañadas, juegos de voces pluscuamperfectos (¡aquí nada de autotune!), teclados de órganos hammond, percusiones trepidantes y pequeñas dosis sorprendentes de flautas, vientos y otros instrumentos menos habituales. Son los ingredientes de unas canciones que nos hacen bailar como hacía tiempo ninguna banda lo hacía por estos lares. Quizás los barceloneses Stay sean los precedentes mas claros, aunque aquellos tiraban de la psicodelia de los Byrds de la etapa pre Gram Parsons.

Precisamente el sonido Rickembacker Byrds es lo primero que escuchamos en el EP "Música humana Thalasa" de 2024, preludio de su maravilloso primer disco, del mismo año. Una continuación que ha tomado forma con "Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x" del que conocimos un primer adelanto, la bailonga "L' agredolça lliçó de la Vall del Mas Daurat" que podría haber escrito Tim Burgess de haber nacido en tierras geroninas. No os los perdáis, escuchadlos bien y dejaros llevar por su sonido lisérgico.

Jorge Drexler: "Taracá"


Por: Javier Capapé. 

Hay viajes solo de ida, pero éste es uno de ida y vuelta. Tras treinta años en España, Jorge Drexler regresa a su Uruguay natal con el disco número quince de su carrera. “Taracá” es ritmo, es candombe y tambor, es raíz, y Drexler sabe mucho de esto. Ha hecho carrera alrededor del ritmo y ha llevado su hogar a multitud de rincones, haciéndonos descubrir las raíces que le unen a la música de autor y al vasto continente que tanta riqueza ha aportado a su música. Con su más reciente trabajo vuelve a Uruguay para encontrar el origen del ritmo, que finalmente le lleva hasta África, de donde viene todo.

Nuevamente nos encontramos ante un disco que gira en torno a un tema más o menos cerrado, en este caso el baile y el ritmo, similar a lo que ya hiciera en “Bailar en la Cueva”, pero ahora directamente ligado a su tierra de origen. No es la primera vez que Drexler fija un leitmotiv claro en sus obras. Ya lo hizo con gran tino en “Salvavidas de hielo”, donde todo giraba alrededor de la guitarra, o en “Amar la Trama”, en el que se nutría de lo orgánico para conseguir un efecto similar a lo anteriormente hallado en lo programado. “Taracá” está producido por Lucas Piedra Cueva junto al propio Drexler y en él colaboran un amplio elenco de artistas, destacando aquellos del país de origen del cantautor. Un disco que reivindica lo latino sin dejar de sonar contemporáneo y que podría dividirse en dos tipos de composiciones: las más bailables y aquellas con toques cercanos al pop. Sorprenden más las del primer tipo, y además forman parte de ese hilo temático que unifica el álbum, pero las del segundo grupo conectan con las formas que siempre han desligado a este cantautor de su perfil más clásico. Domina las hechuras populares, pero se desmarca de otros compañeros con los que comparte etiqueta, porque Drexler entiende perfectamente la canción popular a la vez que sabe convivir con las demandas más actuales. Es un músico inquieto e incansable y en cada uno de sus discos nos da buena muestra de ello. No se conforma y continua en movimiento, tal y como sugiere con el baile que articula estas once canciones.

Inicia el viaje con una guitarra percutiva en “Toco madera”. Una canción que suena a clásico dentro del cancionero que maneja el uruguayo y que seguramente resistirá el paso del tiempo mejor que ninguna otra, por algo fue el primer lanzamiento del disco. Las guitarras rítmicas destacan en la muy pop y adictiva “¿Cómo se ama?”. Puede parecer sencillo dar con esta sonoridad, pero su refinamiento le da un carácter único. Eso, unido a una voz que no ha perdido ni un mínimo de empaque a pesar de los años, hacen de ésta una de las primeras a destacar de entre todo el conjunto. “El tambor chico” da nombre al disco además de hacer referencia al instrumento alrededor del cual gira el mismo. Comienza con ésta, y con la aportación de la formación Rueda de Candombe, el homenaje a su tierra natal y a sus bailes tradicionales. Drexler siempre mostró debilidad por el candombe (me fascina aquella acertada “Tamborero”), pero aquí le confiere todo el protagonismo que merecía a lo largo de su dilatada carrera.

La historia de las prohibiciones del baile a través de los siglos, terminando con la curiosa restricción del reggaetón, dan sentido al recitado provocativo de “Ante la duda, baila”. Uno de esos tipos de canción cercana al rap que tanto le gusta hacer a nuestro protagonista. Con más o menos acierto, pero no hay disco que no contenga alguna de estas canciones recitadas, aunque con ésta llega a la altura de la confesional “Guitarra y vos” tras veinte años de nuevos intentos. Aquí no cuenta con una letra autobiográfica o personal, pero a través de los hechos históricos narrados consigue despertar nuestra curiosidad al ritmo de nuestras caderas y culos. Sí, culos, como esos que se agitan bajo el condenado ritmo de reggaetón al que no le incomoda acercarse.

“Te llevo tatuada” es del grupo de canciones más pop del álbum. En esta ocasión los matices vocales de la puertorriqueña Young Miko le dan cierta ligereza al tema más suave de los presentados hasta el momento, como queriendo bajar la intensidad, aunque se recupera rápido con la brasilera “Qué será que es?”, de nuevo con Rueda de Candombe en la parte rítmica. En el lado contrario está “Amar y ser amado”. Los coros procesados de Meritxell Neddermann, así como la levedad de las cuerdas de la guitarra y las teclas, dejan espacio a una canción que queda desprovista de todo lo accesorio para ir a la esencia. Y como si de una montaña rusa se tratara, entre picos y valles rítmicos, llega la opuesta “¿Hay alguien A.I.?” (fantástico juego de palabras), que nos plantea los efectos de la Inteligencia artificial en nuestro día a día con nuevos aires pop y programaciones que conviven a la perfección con lo más orgánico. Destaca más por su planteamiento lírico que instrumental, pero no deja de ser una de las provocaciones o inquietudes sociales tan bien tratadas por Drexler. Sus canciones como altavoz social. Su música como terapia con la que plantear preguntas y dar libertad a las respuestas.

La tradición de la guitarra española en forma de milonga y el palo flamenco se unen y expresan a su manera en “Cuando cantaba Morente”, que cuenta con la cantaora Ángeles Toledano y el guitarrista Julio Cobelli como invitados. A continuación, tras la calma y belleza que nos aporta esta última, llega la alegre “Nuestro trabajo / Los Puentes”, una canción con dos partes en la que el ritmo, aunque con cierta contención, vuelve a ponerse por delante y en la que el que menos parece importar es el propio Drexler. Una canción para tender puentes y para recordarnos la necesidad de trabajar en esa línea que, en definitiva, une proyectos, culturas y vida.

La murga es la protagonista del cierre de este breve aunque intenso disco con “Las Palabras”, en la que nos sumerge junto al conjunto Falta y Resto en otra de las tradiciones rítmicas de su continente. Los coros y las cuerdas dan el broche a esta apuesta firme por hacer de esta colección de canciones un original recorrido conducido por la tradición y la percusión que confluyen en el pop, en ese deseo popular que nos reúne a todos como oyentes. Porque, digan lo que digan, Jorge Drexler es uno de nuestros mejores valores en defensa de la música popular, la que forma parte nosotros desde tiempos ancestrales, la que nos mueve y dignifica el movimiento de nuestras caderas, la que nos libera y potencia nuestros mejores tesoros. Aunque si alguien tiene duda de esto, ya saben, simplemente bailen.

Bonnie "Prince" Billy: "We Are Together Again"


Por: Begoña Serralvo. 

Will Oldham vuelve en 2026 con nuevo disco, "We Are Together Again", bajo el pseudónimo de Bonnie “Prince” Billy, y tras el lanzamiento el pasado año de un álbum más clásico y orientado al country como "The Purple Bird" (2025). Oldham regresa pisando el territorio donde mejor se mueve: el de la fragilidad expuesta, el del folk que parece a punto de deshacerse, y el de las letras existenciales.

Pero cuidado: no hay aquí romanticismo de cabaña ni retorno idealizado. Lo que propone es algo mucho más incómodo. Un disco que habla al mismo tiempo de la necesidad de permanecer en comunidad, pero sin sonar del todo acompañado, invocando lo colectivo desde una sensación persistente de soledad y no como refugio. El formato casi conversacional está así justificado: temas que se construyen más a base de preguntas que de ideas o pensamientos cerrados. Teóricamente encaja; en la práctica, más se queda en esbozo, en intuición no desarrollada.

Musicalmente, la apuesta por los orígenes es evidente: arreglos que entran y salen sin pedir permiso, instrumentación delicada —flautas, cuerdas, algunos vientos— y una producción que rehúye de cualquier pulido excesivo. La lentitud y la flauta de "Why Is the Lion" dibujan un instante de calma introspectiva, mientras que el cierre, con "Bride of the Lion", se adentra en sombras con guitarras densas que dan peso a la sensación de final ineludible. Entre medio, "Vietnam Sunshine", con la colaboración de Sara Louise Callaway, aporta luz con sus vientos, y "Strange Trouble" condensa angustia existencial en cada acorde y silencio. En "Hey Little", Bonnie “Prince” Billy reflexiona sobre la paternidad con una ternura frágil, y "All the Things We Could Do", con las tres vocalistas de Duchess en la mezcla, introduce un contrapunto coral que acentúa la sensación anteriormente mencionada de comunidad que atraviesa todo el disco.

El problema es que no siempre funciona. A veces, la acumulación de ideas y emociones no termina de cristalizar en imágenes concretas, y eso, en un artista capaz de escribir con una claridad emocional devastadora, se siente como una renuncia parcial. Aun así, hay algo que sostiene el conjunto: una honestidad difícil de impostar. Cuando el disco acierta —en la apertura y el cierre que dialogan entre sí, en alguna balada que apenas levanta la voz— recuerda por qué Bonnie “Prince” Billy sigue siendo una figura singular.

Tom Doyle: "Running Up ThaT Hill - 50 Miradas a Kate Bush"


Por: Txema Mañeru. 

Hay muy poca bibliografía sobre Kate Bush y eso es algo bastante injusto, dada su calidad y su bien labrado prestigio, aunque siempre algo en la sombra y oculta del gran público. Se ha subsanado para bien con la publicación de esta obra del prestigioso Tom Doyle (tiene biografías destacadas de Paul McCartney o Elton John, entre otros), cuyo original se publicó hace ya 4 años y que ha tenido una magnífica traducción por parte de Patricia González Barreda. Fue libro del año para medios tan prestigiosos como The Times o Uncut, entre otros. 

Kate, fue con tan sólo 19 años, la primera mujer en ser número 1 en el Reino Unido. Comenzó ayudada por un músico del prestigio de David Gilmour (Pink Floyd), pero se ha ayudado de otros muchos músicos de prestigios y sus opiniones pasean a lo largo de las 364 páginas del libro. Dicho número 1 lo consiguió con la inolvidable "Wuthering Heights". No se dejó llevar por la fama y llegó a rechazar importantes giras y entrevistas. De ahí su bien merecido enigma. Enigma que finalizarás, en parte, con la lectura de este gran libro al que se acercarán muchos seguidores de “Stranger Things”. Pero ella es mucho más que eso. “Nunca quise ser famosa. Mi deseo no era ser famosa. Mi deseo era hacer un disco. Eso es algo muy diferente a querer ser famosa”.

Luego, con sus 10 discos, muy diferentes y todos por encima del notable, lo ha sido bastante, aunque siga siendo una gran desconocida. El libro no sigue la habitual estela cronológica, pero no nos importa. Arranca el libro con el capítulo “Vuelve a La Palestra” en la que nos habla de su destacado regreso de 2005 con el doble disco estupendo “Aerial”. El final es para “Strange Phenomena” y todo el revuelo creado en torno a la serie “Stranger Things” que le devolvió a las primeras planas. Con una mágica canción que no es banda sonora, sino un elemento narrativo esencial de la serie. 

Hay más revelaciones en capítulos como “Yo Antes Era Kate Bush” o “The Ninth Wave”. Por supuesto no faltan ricas páginas sobre “The Dreaming”, en un rico capítulo titulado “Un Disco No Comercial”. Aparecen muchas opiniones propias y ajenas relacionados con el hecho de rehusar la fama. Así hay dos capítulos titulados como el grupo de Johnny Lydon (Rotten), Public Image Limited que tienen que ver con esa postura anti fama que siempre tomó. Otro divertido capítulo es “¡Oh, Me Acabo de Correr!”. Ya hacia el final llegan “The Ultimate Kate Bush Experience…” y otro titulado “KT”, que se ha convertido en su distintivo símbolo y que se nos explica de dónde proviene.

Finalmente este libro consigue unir a los devotos originales que vivieron su debut con 19 años o la magia de “The Dreaming” y a la nueva generación que subió la colina con “Stranger Things”, revelando por fin algunos de los ángulos más desconocidos de una de las mujeres más esquivas del pop, aunque su arriesgada música ha viajado en varias ocasiones mucho más allá. La historia se estructura a partir de sus propias conversaciones con la artista y de los recuerdos de quienes la han acompañado en su viaje. Aparecen opinando familiares, pero también destacados colaboradores como John Carder Bush, Youth (Killing Joke) o, los ya citados, David Gilmour y John Lydon. ¡Artista compleja, rompedora y realmente brillante!