Salvador Sobral: “Tenía ganas de gritar y reivindicar”


Por: Javier Capapé. 

Un recomienzo. Una nueva oportunidad. Salvador Sobral ha regresado con un nuevo disco enteramente en portugués en el que dirige su mirada hacia Brasil. Un disco sin canciones propias, pero con toda la esencia de un país en el que se ve reflejado y que ha nutrido su aprendizaje musical desde niño. Ahora, asentado en Barcelona, vuelve su mirada hacia el gran país americano para conectar con su espíritu, que mezcla la alegría del carnaval y el ímpetu de la samba con la profundidad emotiva de sus piezas más introspectivas e igualmente definitorias de todo lo que nos llega desde la otra orilla del Atlántico. “A Flor do recomeço” es un disco grabado en su totalidad en São Paulo, con producción de Tó Brandileone y el empuje de su director artístico Marcus Preto, que fue quien animó a Salvador a lanzarse de lleno en este proyecto, que incluye canciones de Chico César, Arnaldo Antunes, Marcelo Camelo, Paulo César Pinheiro, Juliana Linhares o Tim Bernardes, entre otros, así como las colaboraciones de Dora Morelenbaum y Ney Matogrosso. 

En la charla que mantuvimos con un Salvador de lo más cercano, pudimos profundizar en el proceso de grabación del disco así como en el camino que le llevó hasta él. También hubo tiempo para hablar de su inminente gira internacional, así como de su boicot a Spotify y de la preocupante deriva política actual hacia la ultraderecha. Todo desde su prisma abierto al mundo y de una abrumadora sinceridad que nos descubrió a un músico tan grande como humilde.

“A Flor do Recomenço” es un disco maravilloso, lleno de matices y recovecos que nos acercan a la enormidad cultural de Brasil y a su corazón, que late sin perder su verbo incisivo ni su ritmo bailable. Tras discos más personales y atrevidos como “bpm” o “Timbre”, Sobral se lanza a uno más purista en las formas, pero increíblemente bien interpretado, con toda la pasión y entrega que requería y el personalísimo toque del artista portugués más grande en activo. Un auténtico placer para los sentidos al que tratamos de acercarnos en profundidad en estas líneas.

Antes de entrar en materia con tu nuevo disco, quería preguntarte, lo primero de todo, por este tiempo que has tenido de desconexión, alejado de las plataformas, después del disco con Silvia Pérez Cruz. ¿Cómo te estás encontrando con la vuelta a todo este meollo? 

Salvador Sobral: Me hablas de Spotify, ¿verdad? Bueno, yo me junté con un grupo de boicot a Spotify por todas las razones que ya conocerás: el financiamiento militar de guerra, la campaña del ICE, la música con inteligencia artificial y demás. Sentía que en Portugal tendría muchos colegas que se vendrían conmigo, que harían un boicot colectivo a esta plataforma tiránica, pero la verdad es que la gente la necesita, obviamente. Tuve un par de artistas que siguieron el boicot, pero unos meses después, como le pasó a Jonny Mitchell y a Taylor Swift, que también hicieron boicot, tuve que volver. A mí me sirvió para concienciar un poco a la gente, porque muchos no tenían ni idea de toda esta problemática. Y al final, con este boicot, mucho público y oyentes míos se sumaron con sus familias y eso es algo que me alegró, pero yo tenía que volver porque nadie estaba escuchando mi música. Y esto es porque la industria todavía sigue monopolizada por Spotify. Me pasó algo muy raro, porque el día que posteé el vídeo de regreso a Spotify gané dos mil seguidores en Instagram. Yo no soy conspiranoico, pero esto pasó como te digo. Parece que todo está interconectado y que tienes que jugar a este juego, pero bueno, yo espero un día poder hacer un boicot colectivo con más colegas y que podamos encontrar una plataforma más democrática. 

Hemos empezado por este tema algo controvertido, pero lo que nos interesa es tu nuevo disco, “A Flor do recomeço”. Hemos podido disfrutar de las canciones previamente para preparar la entrevista y lo primero que nos viene a la cabeza es que siempre has hecho discos muy diversos en idiomas, pero en este te centras en el portugués como única lengua. ¿Es quizá por esto el disco más personal que has hecho? 

Salvador Sobral: Es verdad que es mi primer disco enteramente en portugués. Yo no diría que es el más personal porque no tiene ninguna canción mía y cuando los discos son autorales, pues siempre hay temas más íntimos. En el disco anterior, “Timbre”, hablaba más de cuestiones de mi vida, pero para mí no hay demasiada diferencia. A mí me encanta cantar canciones de otros, pero no sé si es mi disco más personal. 

“Con este disco gané un poco de motivación e ilusión otra vez por este oficio” 

¿Y cómo surge la idea de hacer un disco nuevo, centrado en autores brasileños, pero sin ir a revisitar clásicos de la música popular brasileña? 

Salvador Sobral: Pues mira, yo llevaba un tiempo así medio desinspirado después de la gira con Silvia Pérez Cruz. Estaba muy cansado. Fue una gira muy exigente. Y también por la situación del mundo, de la sociedad, de todo lo que nos rodea. Desde la fascización de todo el mundo hasta el genocidio en Gaza. En fin, yo sentía que crear era superfluo, ¿sabes? Estaba en una crisis de inspiración y de creatividad. Así que me pasé un año con la familia. Solo dedicándome a mi hija y a jugar al fútbol, básicamente. Pero claro, llegó el final del año y no había hecho ni un euro y yo, como todos, tengo que hacer dinero para alimentar a la familia. Y lo único que sé hacer en mi vida es cantar. Entonces, curiosamente, fue mi compañera la que me recordó a un brasilero que había conocido en São Paulo, en un concierto mío, que me había propuesto hacer un disco con canciones inéditas, hechas solo para mí. Que no fuera un disco de versiones, pero que fuera un disco único, porque él sentía que mi voz casaba muy bien con esas melodías y esas letras. Él era Marcus Preto, un director artístico muy conocido. Fue el director artístico de Gal Costa, por ejemplo. Entonces le llamé, le pregunté si todavía estaba en pie esa invitación y me dijo que sí. Así que, por fin, gané un poco de motivación e ilusión otra vez por este oficio. 

¿Les pediste algo a los autores con los que has trabajado o les diste libertad total a la hora de escoger canciones? 

Salvador Sobral: Bueno, son gente bastante potente y a la que admiro mucho, así que me daba vergüenza pedirles algo. Les dije en todo momento que tuvieran libertad total, y siento que ellos me entendieron bien a mí y a mi forma de interpretar, porque todas las canciones la verdad es que me sientan bien. Tú sabes que en Brasil “ustedean” y en Portugal no, y no hay muchas canciones con usted. Es algo con lo que tuvieron cuidado, y creo que ellos, por sí mismos, compusieron canciones que van bien con mi voz y mi interpretación. 

Venías de la pureza más ligada a lo melódico con Silvia Pérez Cruz y aquí te vas un poco hacia ritmos más festivos, propios también del propio Brasil. ¿Necesitabas ese contraste? 

Salvador Sobral: No sé, necesitaba tal vez un poco de algo más salvaje. Buscar algo más salvaje en mi interpretación también, que pudiese gritar un poco. Es verdad que la gira con Silvia era más melódica, como dices tú, más tranquila, y yo quería también poder bailar y gritar. Hacer una cosa un poco más desde las entrañas. Y también por cómo está la sociedad hoy en día, tenía ganas de gritar y de reivindicar. 

“Quería hacer este disco lo más colectivo y humano posible” 

Sin embargo también veo que hay cierto contraste con tu experimentación de algunos de tus discos. Por ejemplo, en “Timbre” estaba esa experimentación y aquí te vas hacia un traje más cercano a la música popular brasileña, sin perder esa inspiración novedosa, pero yéndote a lo más purista. ¿Puede ser? 

Salvador Sobral: Sí, es un disco bastante analógico y humano porque hicimos los arreglos todos juntos entre los músicos. Pensamos la música y creamos los arreglos juntos. Grabamos todos en la misma sala a la vez. Fue una cosa muy humana, colectiva. También fue como una especie de movimiento de resistencia en relación a la música que se hace hoy en día. La mayoría de la música que se hace hoy es mucho pop desde las habitaciones y mucha música con la computadora. No hay mucha conexión. Y para mí la música es lo que hicimos en el disco, un diálogo, una cosa compartida. Por eso también quería hacer este disco lo más colectivo y humano posible. 

Te iba a preguntar precisamente por la grabación en São Paulo. Son todos músicos brasileños y también lo es el productor del álbum. ¿Qué es lo que aporta este productor a estas canciones para conseguir algo que se sale un poco de tu zona de confort y se va directamente a ese gran país que es Brasil? 

Salvador Sobral: Pues eso mismo que decía. En la primera reunión que tuvimos los tres, con el productor Tó Brandileone y el director artístico Marcus Preto, ellos querían conservar esa cosa mía de la espontaneidad, del directo, del repentismo y la improvisación. Ellos dijeron que había que hacer el disco todos a la vez dentro del estudio, como si fuera un concierto. Creo que esa idea la aportaron ellos también, la de conservar la energía de la inspiración del momento. Siento que eso está bastante presente en el disco. 

Sin embargo, a pesar de que es un disco muy brasileño, podrían verse, o al menos así lo percibo, como dos tipos de canciones. Algunas más populares, más brasileras, donde brillan ritmos de carnaval, como la que abre el disco “Homem Louco”, y otras más pop, como la canción titular, “A Flor do Recomenço”. ¿Hay una intencionalidad de salir de lo más convencional brasileño, con temas de este corte pop? 

Salvador Sobral: Sí. Nosotros no queríamos hacer una caricatura de la música brasilera. Queríamos encontrar, más bien, nuestra propia identidad como banda y yo como cantante, dentro de esas canciones tan brasileras, con esas letras tan brasileras, y esa banda tan brasilera. Quería encontrarme a mí y a mi portugalidad ahí dentro también. Entonces, curiosamente, buscando y explorando todos juntos, llegamos a una sonoridad que es más bien jazzística, porque yo estudié jazz, y ellos, obviamente, siendo músicos de música brasilera, también están muy vinculados al jazz. Así que creo que nos encontramos ahí, en un terreno más jazzista. Pero es curioso lo que dices de la canción escrita por Chico César, porque es jazz, sí, pero esa canción que da nombre al disco es muy Beatleiana. Los Beatles también fueron un terreno común que encontramos, porque los Beatles, la mejor banda de siempre, a los músicos también les gustaban, por lo que fuimos buscando un proceso de desbrasilificación de la música, intentando encontrar una nueva sonoridad que no fuera tan caricaturesca brasilera. 

“Para mí la música nació en Brasil” 

Aún así, a pesar de que no me parece caricaturesca, ni mucho menos, aparte de la relación con Marcus Preto que comentas, evidentemente, hay algo mucho más fuerte que te une a Brasil, que te lleva a hacer este disco. ¿Qué es eso que te une? 

Salvador Sobral: Creo que es la memoria musical que tengo de mi infancia, de cuando empecé a escuchar música. Fue la primera música que escuché en los coches de mi madre y de mi padre, yendo hacia el Algarve, cuando todavía eran cinco horas de carretera. Mi madre escuchaba a María Bethania en el coche, y mi padre escuchaba a Chico César, precisamente. Entonces, creo que también es un regreso a esos orígenes musicales, no solo míos, de mi infancia, sino creo que también del mundo, porque para mí la música nació ahí mismo, en Brasil. 

Vamos a hablar también de las colaboraciones que hay en el disco. Dora Morelenbaum canta en la más pausada “Estrela Cadente”, y Ney Matogrosso en la muy enérgica “Bam Bam”. ¿Dónde surge la idea de colaborar con estos dos artistas en concreto? 

Salvador Sobral: Yo quería tener dos generaciones muy distintas de cantantes, como tengo de compositores. En este disco tengo a la escena joven, vibrante, nueva brasilera, como es el caso de Tim Bernardes o de Juliana Linhares, pero también tengo antiguos compositores como Joyce Moreno y Paulo César Pinheiro, de la época dorada de la música brasilera. Y quería tener eso también en los duetos, alguien de la nueva generación y otra persona de la música más antigua. Por eso está Ney, que es un señor de ochenta y cinco años, pero con la energía increíble de un joven de treinta. Me gusta él, no solo su voz, que sigue intacta, como si estuviese cantando en los años ochenta, sino también su extravagancia y la importancia que tuvo, no solo en la música brasilera, sino también en la escena social y política. Fue un personaje muy importante y sigue siéndolo. Y Dora Morelenbaum, para mí, sigue el legado de Gal Costa. Es la voz más celestial de Brasil en esta música contemporánea. Es una voz que me lleva al cielo. Por eso elegí estas dos voces. 

“Cuando canto baladas siempre voy más directo al alma de la gente” 

Con Dora nos pones los pelos de punta, pero también Ney nos sorprende por lo potente que llega a sonar con esa edad. ¿En qué faceta te sientes más cómodo? ¿En esa explosión de energía o en la emotividad? 

Salvador Sobral: Creo que cuando canto baladas siempre voy más directo al alma de la gente. Desde Eurovisión creo que tengo ese gancho de las baladas. Es innegable. Aunque me divierto muchísimo cantando cosas más bailongas y me encanta, creo que a la gente le hablan más directamente las baladas. 

Precisamente te iba a preguntar por ese juego. En la canción con la que cierras, “Oração do ateu”, juegas también con cierta dualidad religiosa y te vas a ese tono más sereno para cerrar el disco. Quería saber si era más fácil para ti buscar lo emocional con esas tonadas más serenas o si el ritmo te permite también emocionarte y emocionar. 

Salvador Sobral: Como te digo, creo que para la gente son más directas las baladas, pero a mí me gusta explorar todo el espectro de emociones dentro de la música y todo el espectro rítmico. Desde las cosas más rápidas, tropicales y bailongas, hasta la balada más visceral. Creo que todo es necesario. 

Hay otra canción que me llama la atención que es “É de se estimar”. Me ha recordado mucho a tu disco “Alma Nuestra”, que estaba dedicado a Cuba. Sin embargo, noto una cercanía también con este nuevo trabajo. Son dos estilos diferentes, por un lado Cuba, por otro Brasil, pero me llevan a ese explorador que siempre has sido de músicas del mundo. ¿Cuánto hay de nexo musical en este gran continente latinoamericano entre lo que pueda ser Cuba y todo lo que nos aporta Brasil? 

Salvador Sobral: Creo que la música brasilera, la música cubana y el jazz comparten mucho. A mí me gusta mucho más la música latinoamericana por la riqueza de las letras, que el jazz no tiene absolutamente. Tanto los boleros como la música brasilera tienen mucha más riqueza poética que la música jazz, pero las armonías son ricas y las melodías también. Hay mucha complejidad, y a la vez en Brasil esa complejidad suena simple. Y en Cuba también. Creo que “É de se estimar” te hace pensar en ese disco de “Alma Nuestra” por la formación jazz que hay y las melodías de Latinoamérica y su música folclórica, que al final se parecen un poco. 

De hecho, he escuchado decir eso, que la música latinoamericana viene toda o nace toda en Brasil. Y este collage sonoro que hay en el disco podría llevarnos a refrendar esa afirmación. 

Salvador Sobral: Sí, bueno, todo nace en África. Pasa lo mismo con la música de Estados Unidos. La música la llevaron los africanos a Estados Unidos y a Latinoamérica, y ahí es donde empezaron a surgir los cambios, pero al final todo es africano. 

Bueno, de África podría saltar a Brasil y de Brasil al resto de América. 

Salvador Sobral: Eso es, puede ser. ¡Quién sabe! 

 “Yo no soy tan romántico como para pensar que la música puede ser un antídoto de algo” 

Has hablado, un poco de soslayo, de la deriva política. Precisamente cuando escuchaba este disco me acordaba un poco de la deriva hacia la ultraderecha que se está viviendo en Brasil. Sin embargo, tu disco respira alegría, respira todo ese color que brota en sus calles. Brasil es tierra de armonía, tierra de vida, de carnaval. ¿Puede ser esta música, siempre asociada a lo festivo, un antídoto contra esta deriva política desconcertante de la ultraderecha? 

Salvador Sobral: Yo no soy tan romántico como para pensar que la música puede ser un antídoto de algo. Creo que es algo que tenemos que vivir ahora, esta ultraderechización de la sociedad. Creo que los conciertos que hacemos sí pueden servir como un microcosmos durante una hora y media de felicidad, de democracia y de libertad. Por lo menos durante los conciertos, pero, infelizmente, lo que veo yo en Brasil, bueno más bien en toda Latinoamérica, es que se está Trumpificando. Y también está pasando aquí, en Alemania o en Francia. Es algo que me preocupa bastante. La música es lo que te digo, puede dar un alivio de una hora y media, pero los problemas seguirán ahí. La música no puede tener un impacto concreto en el problema que vivimos con la vivienda o la salud, algo que ocurre tanto en Portugal como en España. Pero eso sí, una hora y media de alivio, sí. Pueden contar con mis conciertos para eso. 

Quizá de ahí venga el nombre de “A Flor do Recomenço”. Una manera de volver a empezar o de intentar comenzar con otra visión o, por lo menos, con otro ánimo. 

Salvador Sobral: Eso es, supongo. Por lo menos en los conciertos, porque lo último que nos queda como músicos, a lo que todavía no ha llegado la inteligencia artificial, son los conciertos. Así que será un recomienzo en forma de gira y el recomienzo de alguna democracia, por lo menos en el escenario. 

¿Cómo van a ser las presentaciones del disco? ¿Tienes preparada una gira internacional? ¿Con qué músicos vas a contar? 

Salvador Sobral: Pues mira, tengo una gira internacional bastante buena, la verdad. Estoy muy agradecido, pero claro, los músicos que grabaron el disco están en Brasil y sería muy difícil traerlos tantos meses a Europa. Así que monté una banda, más o menos la que tenía del disco anterior, de “Timbre”, pero con algunos cambios. Es una banda de europeos: La pianista es bielorrusa, el guitarrista de Mallorca, la saxofonista catalana, y el batería y el contrabajista son portugueses. Esta banda es mucho más multicultural y vamos a explorar la memoria sonora que cada uno tiene, que es muy distinta. Esa es una cosa buena de mi banda, esa multiculturalidad y la manera que tienen ellos de encontrarse en esta música brasilera. Cada uno tiene una lectura distinta de la música brasilera. Creo que eso va a ser muy divertido de explorar y de buscar caminos. 

“La cultura es lo primero que cae cuando hay gobiernos autócratas” 

Imagino que también habrá más espacio para presentar el disco en Brasil esta vez, con más fechas. 

Salvador Sobral: Sí, siempre vamos, pero yo no estoy muy optimista en relación al futuro de Brasil. Ahora ni siquiera consigo visualizar una gira como las que he hecho antes allí si no se vive en democracia, porque la cultura es lo primero que cae cuando hay gobiernos autócratas. No sé cómo lo podremos plantear, pero supuestamente en abril vamos a tocar a Brasil. A ver qué pasa. 

En España también se te estima mucho. Eres quizá el músico más reconocido de Portugal aquí. ¿Sigues tan unido a España como lo estabas al principio de tu carrera o te sientes más un hombre no ligado a ninguna parte? 

Salvador Sobral: Bueno, yo vivo en Barcelona desde hace tres años, así que me siento muy conectado con Cataluña y con España siempre. Tú sabes que llevo años tocando aquí y que la gente me “encariña” mucho, pero es que además tengo una hija que habla catalán y es española, entonces ya estoy para siempre ligado a la península. 

Antes de despedirme, porque sé que vas a tope estos días con la promo, quisiera comentarte que ya hace mucho tiempo pude disfrutar de verte en festivales de jazz como los de Peñíscola o Zaragoza. Hablo de hace bastantes años. Pero esa fuerza que desprendías entonces me cautivó y me lleva a preguntarte si sigue siendo el jazz, que también ha salido a colación en la entrevista antes, el género que mejor te define después de todos estos años. 

Salvador Sobral: Esta es la pregunta del millón de dólares. Yo creo que el jazz, más como filosofía que como género musical, me representa. La filosofía del jazz de la comunicación entre los músicos, ese diálogo que hay, aquello de la pregunta-respuesta entre instrumentos, la improvisación, la libertad… eso sí me representa. En cuanto al género musical, no te puedo decir que lo escuche mucho. No me acuerdo de la última vez que escuché un disco de jazz, porque me gusta todo, me gusta toda la música del mundo, y el jazz, últimamente, no es que lo escuche mucho. Pero el jazz como filosofía sí que lo abrazo y en todos los conciertos vas a ver eso: improvisación, comunicación… La gente cuando me ve creo que sale con la sensación de que ha ido a un concierto de jazz, pero nunca escucho jazz en mi casa. Es curioso. 

Ojalá podamos verte en esta gira. Te deseo lo mejor con el disco. La verdad es que nos ha gustado mucho al equipo del Giradiscos. Ha sido un placer hablar contigo y sentirte cerca. 

Salvador Sobral: Muchas gracias a vosotros. Gracias por haber escuchado el disco.

Los Enemigos: “Nunca hemos estado adscritos a una moda y corriente, algo que ha jugado a nuestro favor”


Por: Javier González y Guillermo García Domingo. 
Fotos: Javier González.

Entre “Canciones Chulas” se mueve la actualidad más reciente de Los Enemigos, toda vez que ya están olvidados los problemas de salud que acuciaron a Josele Santiago allá por 2024, zanjando una etapa de las más complicados que haya tenido que enfrentar la banda, puesto que fueron conscientes de que dicho contratiempo bien podría haber supuesto el final de la aventura para la formación madrileña.

Por suerte, si algo nos han demostrado a lo largo de su singladura es que la suya es una carrera basada en el empeño. También honesta y firme, capaz de resistir contra viento y marea, ya fuera a los caprichosos dictados de las modas, a las que siempre se han mostrado impermeables, como a los propios vaivenes vitales que han pretendido golpearlos, pero que nunca han conseguido hacer hincar la rodilla a uno de los proyectos más queridos de nuestro panorama. 

Vuelven con discazo bajo el brazo, sumando a su habitual mezcla de rock callejero y R&B, un cuidadoso mimo a la hora de rematar unas canciones en cuyas letras aparece la firma del mejor Josele, quien afina sus plumas y pinceles para ofrecer otro catálogo mayúsculo que juega a dignificar el cancionero patrio, hasta el punto de opositar firmemente a disco del año en el ámbito nacional. 

Nos reciben de manera exclusiva en su centro neurálgico de trabajo, situado en los locales de ensayo que tienen por sede el número 25 de la madrileña calle Tablada, palabras mayores de la historia cultural española. Accedemos a tan ilustre recinto fascinados, sintiéndonos absolutamente pequeños. No perdemos detalle. Observamos sin disimulo y con mucha admiración las decenas de carteles que decoran sus paredes. Entre otros saludan nuestra presencia, Los Coyotes, Gabinete Caligari, Kaka de Luxe, Los Rodríguez y Lobos Negros, mientras, al otro lado de puerta, para completar tan fina estampa, la banda sonora corre a cargo de parte de las canciones más míticas del repertorio enemigo. 

El enorme portón se abre de forma imprevista y la cuarta pared se diluye ante nosotros para que crucemos el umbral. Allí aparecen David Krahe, Chema “Animal”, Fino Oyonarte y Josele Santiago, sorprendidos ante nuestra silenciosa presencia e invitándonos a cruzar a la cueva mágica. Bromean y charlan distendidamente, recibiendo nuestra presencia como algo normal, prácticamente como si fuéramos parte de esa familia tan bien avenida. 

Están a gusto, satisfechos y relajados, quizás sea porque son una familia bien avenida, tal vez porque tengan la certeza de poseer una nueva carta ganadora entre manos. La misma, ya saben ustedes, se llama “Canciones Chulas” y en la charla que continúa conocerán todos sus pormenores. Nos lo cuentan los padres de la criatura: Los Enemigos, chulería madrileña. 

En octubre de 2024, la gira interminable que acompañó a “Bestieza” se frena en seco por problemas de salud, Josele. Mirando atrás con la perspectiva que da el tiempo. ¿Funcionó el parón forzoso como un abismo o acabó convirtiéndose en el espacio necesario para que nacieran estas “Canciones Chulas”? ¿Llegasteis a pensar que podría ser el canto de cisne de la banda? 

Josele: Sí, sí, llegué a pensarlo. Me asusté mucho. Has puesto dos alternativas buenas para reflejarlo que son el abismo y el principio de algo bueno. Este disco empezó a gestarse en ese abismo. 

Se nota una pulcritud y un mimo extremo en el acabado de este disco. ¿Cambió de alguna manera vuestra forma de trabajar en el estudio o vuestra rutina interna tras ese susto? ¿Se valora el oficio de otra manera? 

Josele: Creo que el mimo extremo está puesto antes de entrar al estudio. Empieza con Fino en su casa y yo en la mía, probando mucho con nuestras guitarras y el cuaderno de folios al lado, pasando por el local de ensayo y la puesta en común, y rematando en el estudio con el mimo extremo ya dado, porque las canciones iban vestidas de luces. La guinda la puso Carlos Hernández, que ha dejado todo como los faroles de la feria de Sevilla. (Risas) 

Fino: Creo que sí se valora. Nos hemos adaptado al momento. Había una prioridad que eran la salud y la estabilidad. A partir de ahí, cuando Josele nos dijo que íbamos para adelante, empezamos a trabajar, viéndonos cada cierto tiempo y quedando para preparar todo de puta madre en el local. No sabíamos cuándo íbamos a grabar ni nada, simplemente trabajamos hasta que vimos que todo estaba listo. 

Chema: Es verdad que “Bestieza” se trabajó más deprisa en el local y con “Canciones Chulas” hemos cuidado hasta el mínimo detalle, por lo que hemos tardado más. 

Josele: Pienso que la diferencia es que “Bestieza” se gestó en un estado de euforia, en la superficie del mundo, quizás hasta mucho más arriba, y este se ha gestado en un abismo después de una temporada en blanco y una serie de achaques de toda índole. 

David: Quizás las canciones de “Bestieza” puedan ser más homogéneas en el tratamiento del sonido y estas eran desde su nacimiento muy distintas unas de otras, requerían un trabajo más específico para cada una de ellas. 

Josele: En “Bestieza” había una urgencia anímica que se nota en el disco. Hay tres o cuatro medios tiempos que están tratados en un nivel de producción como todas la cañeras. No nos queríamos comer la cabeza y dijimos: “a tomar por culo”. 

Chema: Puede que si nos hemos puesto más meticulosos fuera porque “Bestieza” tenía un toque más visceral. Ahora queríamos dedicarle tiempo, aunque realmente siempre hemos sido meticulosos con las canciones. 

Josele: Las canciones van mandado y si te piden mimo extremo, toca dárselo. 

“Este disco empezó a gestarse en un abismo” 

Josele, en febrero de este año publicaste con la editorial Contra tus memorias, “Desde el Jergón”, un libro que a los fans nos ha puesto sobre aviso de los que nos íbamos a encontrar en “Canciones Chulas”. 

Josele: Claro, las canciones estaban grabadas y se suponía que iban a salir ambos con relativa cercanía. 

Fino: La mayoría de canciones estaban ya grabadas en octubre. Creo que el libro ha ayudado a presentar “Canciones Chulas”, aunque Josele lo había escrito con anterioridad. 

Josele: El libro está escrito sin ningún propósito ni expectativa. Estaba delante de una hoja en blanco y me sirvió para poner un poco de orden mis horas. Las canciones son las protagonistas del mismo, por lo que la estructura la tenía casi hecha. No va por capítulos, va por canciones. No es una autobiografía tampoco, ni una crónica social. Realmente es un poco ambas cosas, ya que al poner en contexto las canciones lo parece. Tirarte cuatro horas delante de un folio en blanco es bastante frustrante, finalmente salió este libro, pero ya te digo, sin ningún tipo de propósito. 

Fino, además de sostener el pulso de la banda, tienes una larguísima trayectoria como productor y una interesante carrera en solitario. “En Canciones Chulas” conviven el R&B cañero con pasajes muy delicados. ¿Cómo manejas esa dualidad desde el bajo para que el grupo suene contundente, pero con la “finura” que exige este nuevo repertorio? 

Fino:
De la labor de producción se ha encargado Carlos Hernández, en quien confiamos plenamente, además que es un gusto trabajar con él. Es cierto que cuando toca tomar una decisión lo hacemos entre los cuatro. Como bien dices, la faceta de producción siempre me ha gustado, pero en este disco he estado más relajado. He disfrutado de la parte de interpretación y también de escucharnos entre nosotros, mucho más que del hecho de estar en la parte detallista del asunto. 

Chema, se suele decir que una banda de rock es tan buena como lo sea su batería,  tu pegada es el auténtico motor de Los Enemigos. Tras más de seis años sin grabar material nuevo juntos, ¿cómo ha sido el reencuentro en el estudio? ¿Cómo se consigue que ese “vigor y músculo” del que habla la crítica siga sonando tan fresco y orgánico? 

Chema: Nos conocemos desde hace tantos años que al juntarnos es una especie de reencuentro entre colegas. Es como si juntaras a Frankenstein con todas sus piezas y volviera a la vida. Es estupendo. Además, me encanta cómo se dice tocar y actuar en inglés, que es “play”, igual que jugar. Aquí no se dice. Nosotros al tocar, jugamos, nos lo pasamos bien. Nos lo tomamos de esa forma y no sentimos estar esclavizados. Es fácil que nos salga con vigor. 

Fino: Ya sabes que Chema es batería y siempre dice las cosas con vigor. (Risas) 

David, tenemos que felicitarte por partida doble. No solamente por estas “Canciones Chulas”, sino también porque hace muy pocas semanas otros de tus proyectos, Corizonas, lanzó “Órdago”, un disco con un sonido tremendo que te va a convertir en la única persona del país que ha participado en dos de los mejores discos estatales del curso. Teniendo en cuenta la actividad de todos, ¿cómo influye el aire fresco de vuestros proyectos paralelos cuando os volvéis a juntar en el local de ensayo? ¿Se nota ese “rodaje” extra a la hora de trenzar las guitarras con Josele?

David: Son maneras de trabajar distintas. En Los Enemigos, normalmente, sigo el camino que ha trazado Josele. Analizo sus arreglos y manera de tocar, buscando cómo complementarme con él. Son muchos años tocando juntos, algo que te hace tener una compenetración extra y natural, pero no solamente eso. La primera vez que vi a Los Enemigos tenía 17 años y no había visto en mi vida a un grupo sobre el escenario a un grupo con esa ferocidad desaliñada y desparpajo semejante. Era la formación de “Ferpectamente”, recuerdo que los vi en el Agapo en el año 88. Me impactó la ferocidad estética, ten en cuenta que en esa época en Malasaña se cuidaba mucho lo del botín no sé qué y las gafitas no sé cuántos. Era un grupo que me marcó mucho desde chavalín. El conocimiento previo te ayuda a buscar tu espacio, conoces el repertorio y las disfrutas de una forma especial. A mí no se me olvidará en la vida el día que toqué el repertorio con ellos jamás se borrará de mi mente. Y no me pilló siendo un chavalín que te puede impresionar más. Son distintas formas de trabajar. Cuando toco con Los Coronas y Corizonas, trabajo de otra manera, marco la dirección desde el inicio. Ya sea porque la canción es mía o porque en la parte de guitarras viene mucho más desnuda. Al encontrarme con una canción de “Órdago”, me encuentro un campo por sembrar, más allá de la estructura que está consensuada. 

Fino: Creo que la aportación de David es fundamental desde “Bestieza”. Ha aportado algo especial, como la producción de Carlos, pienso que ha sido una evolución de Los Enemigos. 

Chema: Es una especie de aire fresco. 

Fino: Tiene un engranaje de orfebrería con Josele que parece muy sencillo, pero no lo es. Creo que van de la mano y pasean juntos. 

David: Ten en cuenta que Josele es un compositor, arreglista y guitarrista-solista. Hay grupos que parten de un compositor como The Pretenders con Chrissie Hynde, compositora, arreglista y guitarrista, pero no solista. Sujeta la canción de la hostia, pero no tiene que hacer el obligado y el riff. Josele tiene una mentalidad concreta, no tiene que tocar la guitarra solista siempre, pero tiene una forma de ver la canción muy concreta. Se preocupa del arreglo y del solo. Lo que compone viene con muchas variantes. 

Chema: Josele te marca. David: Te marca un camino muy claro. Luego hay veces que está cantando y tiene cosas en su cabeza y no las puede tocar mientras está cantando. Técnicamente es complicado, además, no sería justo. Tocar, letra y hacer el arreglo. Me fijo mucho en lo que propone porque curramos bastante los arreglos. A veces me dice: “este arreglo es importante y me encanta, pero no lo puedo tocar porque estoy cantando la melodía del estribillo y si lo hago, me iré”. Ahí aparezco yo para echar un cable, que para eso estoy liberado. 

Fino: David nos aporta elegancia y sutileza. 

“Canciones Chulas” es una especie de homenaje a todas esas composiciones que nos han gustado siempre, las que inspiran y emocionan” 

El título del álbum es casi una declaración de intenciones, directo y sin pretensiones, pero el contenido es complejísimo. ¿Es una reivindicación del formato de “canción” frente a la tiranía de los algoritmos y los singles de consumo rápido actuales? 

Fino: Tiene muchas lecturas. “Canciones Chulas” es una especie de homenaje a todas esas composiciones que nos han gustado siempre, las que inspiran y emocionan. 

Josele: Personalmente lo interpreto como una referencia a las canciones que nos han ido guiando por la vida a los que somos melómanos y nos gusta la música buena. Hay canciones claves que te van volando la cabeza. Funcionan como una especie de faros en nuestra vida. 

David: Dentro de las cosas menos importante de nuestras vidas, las canciones son lo más importantes. 

Chema: Las canciones buenas, las chulas. 

Josele: Ah, pues para mí no. Las canciones son de entre las cosas importantes la más importante. (Risas)

En “Miss Dinamarca” volvemos a encontrarnos con esa maestría tan vuestra para camuflar una tremenda carga de intimidad y sensibilidad bajo un barniz de humor corrosivo y retranca. ¿Cómo se consigue equilibrar la ternura y el colmillo afilado en un mismo personaje sin caer en la parodia? 

Josele: Es una canción extrapolable, aunque esté escrita en primera persona. Lo que intento plasmar es una situación caótica en la vida marcada por la pérdida y el frío, para luego encontrar el gustito con el amor que es muy calentito. Es algo que nos puede pasar a cualquier. Intento que algunas de mis canciones toquen fibras sensibles al oyente, luego que cada uno aporte su interpretación personal. 

“La educación es deliberadamente deficiente en nuestro sistema” 

Hay una canción extraordinaria en el disco, “El próximo Vals”, una suerte de esperpento musical con una fuerte carga política. Y formalmente la voz de Josele parece distinta, un ciego Max Estrella que lanza verdades incómodas mezcladas con perdigonazos de saliva. 

Josele:
Me ha encantado la definición. 

David: Es una mezcla entre “Luces de Bohemia” y el “Mein Kampf”. 

Josele: Hablo de unos tiempos que parecen cíclicos porque nos da la sensación de tenerlos superados, pero resulta que vuelven al siglo siguiente y da la impresión que no podemos librarnos de ellos. Pienso que ahora es peor, ya que el arma que se utiliza no es la afiliación, es la ignorancia, tener a la gente agilipollada en un Instagram. El arma es la ignorancia y con eso tienen todo ganado. Está la cosa realmente difícil. 

Fino: Es increíble que suceda con la cantidad de información que hay, además de la facilidad de acceso a la misma, pero hoy día hay más desinformación que nunca.

Josele: Creo que la educación es deliberadamente deficiente. Terminas bachillerato y la carrera, pero no tienes ni idea de nada. No te han enseñado a pensar, ser crítico ni cuestionar nada. Todo es sota, caballo y rey. Pienso que los chavales no tienen la culpa tampoco, pero están muy mal de cultura y de capacidad de comprensión. 

Chema: Existe la inteligencia artificial que está a la orden del día, pero lo que impera en la vida es la estulticia general. (Risas) 

Josele: No todo va a ser oscuridad, también hay Fanta y Coca Cola. (Más risas) 

“Carlos Hernández ha dejado las canciones como los faroles de la feria de Sevilla”

Fino, en “Rumbo al sol” te pones al frente de un medio tiempo con un aroma powerpopero delicioso que airea muchísimo el ecuador del álbum. ¿Estaba claro desde el principio en el local de ensayo que esta canción pedía tu voz y ese color melódico tan luminoso? 

Fino: No es que sea una canción optimista en sí, si acaso es esperanzadora, plantea cosas: puede hablar de amor, amistad, reencontrarse… tiene varias lecturas. Sí que es cierto que la parte musical tiene una sensación más vitalista y esperanzadora.

David: Sí, esperanzadora, pero sin ingenuidad. La esperanza a veces… toma un cariz cristiano que se torna en invento diabólico para conformarse con lo que hay, aunque sea realmente malo. 

Josele: Está la cosa que me cago en la hostia puta. 

Chema: Me recuerda al chiste de Eugenio: “me encanta jugar al póker y perder. ¿Y ganar? Ganar debe ser la hostia”. (Risas)

En un disco de guitarras musculosas, “Isla” destaca por ser un corte contenido, solemne y casi crepuscular al que Josele dota de uno de los tonos más poéticos de toda su extensa etapa como escritor de canciones. ¿Es este el tema donde más se trasluce esa “pulcritud” y madurez de la que hablábamos tras el parón forzoso de la banda? 

David: Me flipa todo lo que has dicho y además, el tratamiento de la voz en esa canción. 

Josele: En esa canción la música y melodía son de Fino mayormente y la letra es mía. 

Es que Fino, parece que no, pero toca bien… (Risas) 

Josele: Sí, si le sientas y tal y está quietecico, sí. (Más risas) 

Fino: Hay canciones que a veces se trabajan en el local de una manera concreta. Tú la puedes imaginar de una forma y sale de otra. Esta parecía que tendía hacia arriba, pero quedó muy reposada, algo en lo que incidió mucho Josele. Se desplegó como una cosa muy concreta. 

Josele: Al escribir la letra estaba pensando en plasmar de alguna manera el momento en que uno pierde el miedo a la soledad. Vale, estoy solo, que vengan olas y tempestades, me la trae floja. Abro la puerta a lo que pase porque mi cabeza es un adoquín. La isla es cualquiera de nosotros intentando superar el temor a la soledad, a no ser aceptado, a todos estos miedo que nos atacan. Soy una isla de roca dura y por aquí no pasa ni Dios. Eso era lo que quería plasmar, pero de una manera poética, no como lo he explicado ahora. (Muchas risas) 

Para el tramo final del disco, con “Puto blues” y “Mil condenas”, sacáis a pasear vuestra cara más áspera, mugrienta y taleguera, que nos devuelve de golpe a ese Madrid de callejones, derrotas y bares de toda la vida. Después de 40 años de carrera, ¿resulta que aquel era el Madrid que queríamos? 

Josele: Cuando era joven Madrid ya era una mierda. Ratas, suciedad y qué asco. Imagina ahora. 

Fino: Ya lo decían Leño. 

Josele: La canción “Puto Blues” es un ejercicio de estilo, siempre he querido hacer una canción sobre un vampiro venido a menos, al que se le está acabando el contrato. Anda comiendo ratas y también es un bluesman, así que está condenado a tocar siempre el mismo blues en el mismo garito todos los putos días de toda la puta eternidad. Esa mitología del blues y su marginalidad. Y “Mil Condenas” se refiere al hecho concreto de un preso que recibe una noticia estupenda como “mañana te sueltan”, pero resulta que si estamos ante un preso que lleva gran parte de su vida entre rejas, la noticia es pésima. Es una contradicción que siempre me ha llamado mucho la atención desde que vi una vez a un señor que le habían soltado portando una pancarta que decía “quiero volver dentro”, pobrecito. La reinserción es complicada para ellos. 

David: Hay gente que no se adapta después de tantos años viviendo dentro. 

Vuestro público es uno de los más fieles del rock español, una auténtica familia. ¿Qué se va a encontrar esa “revuelta enemiga” en los próximos directos? ¿Cómo vais a encajar este nuevo repertorio con los clásicos de siempre?

Josele: Es la historia de siempre. Cuando presentamos “Bestieza” hubo que prescindir de unas cuantas que hasta entonces parecían intocables y entraron composiciones nuevas por su propio peso. Pienso que estas nuevas van a entrar sin problemas en distintos puntos del concierto. Ahora mismo estamos haciendo cuatro y funcionan. Habrá que seguir sacrificando incunables. 

Fino: Va a ser complicado. Creo que este disco pide tocar casi todas, hay otros trabajos que se pueden quedar fuera, pero estas apetecen.

Josele: A mí me gustaría tener tres repertorios e ir cambiándolos. David: Me gustan tanto que estaría dispuesto a tocar hasta los silencios entre canción y canción. (Risas) Josele: Eso es lo que tienes que hacer. Eso es lo que tienes que hacer. (Más risas) David: Me los estoy preparando. Josele: Y los de dentro de la canción también. (Carcajadas) 

Hablar con Los Enemigos y hacerlo con 091, viendo vuestro estado actual de forma, nos lleva a pensar que estas bandas con tantos años a sus espaldas tienen muchas cosas que decir todavía. ¿Qué sentís vosotros desde dentro? 

Chema: Llevamos tanto tiempo que uno pestañea y ya sabemos qué va a pasar. Al tocar juntos es como si fuéramos un solo ente y todo sabe de forma natural. 

Josele: Ostras, citáis a 091, que están en un momento de forma maravilloso. Hay que mimar mucho las canciones, pero un buen tema aguanta con lo que sea… una guitarra acústica o un piano, eso por un lado. Y por otro, solo Los Enemigos suenan a Los Enemigos. Si la interpretamos nosotros va a sonar muy característicamente. Las canciones vienen muy trabajadas de casa y una vez rematadas suenan como nosotros. 

Fino: Hay una cosa real, cada uno emite tal y como es. La mezcla de nuestras formas de ser y tocar genera un sonido muy concreto, sin impostación. 

Chema: No forzamos para que suena a algo, sale de forma natural. 

Josele: Lo único que importa son las canciones por eso hemos durado tanto juntos. Siempre hemos procurado hacer “Canciones Chulas”, más allá de consideraciones estético-filosófico-modernistas. Nos ha importado hacer buenas canciones, que creo que es lo que nos importa a todos los músicos. Nunca hemos estado adscritos a una moda y corriente, algo que ha jugado a nuestro favor. No tenemos fotos de las que arrepentirnos.

Protomartyr: "Hotel Usona"


Por: J.J. Caballero. 

Desde la imagen del águila acechante que ilustra la portada hasta la culminación sonora de un disco conceptual, basado en revisar escrupulosa e incluso violentamente los penosos capítulos recientes protagonizados por el malhadado trumpismo, prácticamente todo en este “Hotel Usona” parece destinado a hacer historia. De la olvidable, nos tememos, porque la radiografía es tan clara y presenta síntomas tan evidentes que casi preferimos olvidarnos del diagnóstico apenas haber abandonado la sala. Eso de que cualquier acto cotidiano es básicamente un gesto político es una afirmación digna de ponerse en entredicho, pero sigue habiendo quien lo eleva casi a la categoría de dogma, y encima se pone a hacer canciones para demostrarlo. 

Joe Casey, erigido en líder antipático y lejos de cualquier forma de mesianismo, ejerce de maestro de ceremonias como si de un predicador iluminado se tratase, y arremete contra los agentes del infausto ICE en “Exalted eagles”, armándose de congas y repartiendo interrogantes altamente peligrosos, a la vez que enaltece el sentimiento antibelicista en “Sounds we cannot hear” poniendo en tela de juicio la autoridad concedida a los dementes que los gobiernan. No en vano su banda lleva ya siete discos debatiéndose entre el post punk más agresivo, el rock más minimalista y las proclamas de conciencia común. 

Protomartyr suenan ahora más compactos que nunca, exhibiendo venas jazzísticas, atmósferas propias del trip-hop, distorsión equilibrada y cuerdas cercanas a la música clásica. Todo ello sucede entre la rabia contenida de “The knife dream”, la salida de guión (con un inédito tono de vals) de “Third country” y el tránsito hacia una nueva situación vital y social de “Checking out”, explícito título a modo de epílogo inundado de cuerdas, percusiones y cuerda, algo que también sucede en “The old hotel”. Un clímax a medias, completado por la electrónica tímida de “Converts”, en la que se nos narra un hecho no por habitual menos lamentable: Cómo los intereses personales, por no decir puramente económicos, suele decantar la balanza de las ideologías. La pródiga batuta del ilustre Dave Fridmann pilota la nave en el estudio, secundado por su hijo Jon, encargado de la grabación de los arreglos de viento, y por lo que parece la asociación paterno-filial funciona a las mil maravillas.

La paleta de arengas también guarda estrofas para la desnaturalización urgente de la IA (“Feed the sewer” sitúa en la picota, de nuevo, el acoso de la tecnología) y la recuperación de una figura literaria tristemente perdida en las bibliotecas de principios del siglo XX. Patrick Hamilton, novelista y dramaturgo británico cuya obra se basaba en la compasión por las clases menos favorecidas por el capitalismo, alumbra algunas de las estrofas y eleva la media de unas letras demoledoras y profundamente radicadas en los desastres cotidianos que tienen –y tenemos- que contemplar día a día. Este disco es la crónica de sucesos de un mundo enfermo de ira, desapego e ignorancia supina. Un mundo en el que es un pequeño lujo contar con músicos como los de Protomartyr, y otro aún mayor saber que podremos refugiarnos en su discurso cada vez que queramos ser engullidos por nuestro pequeño trozo de tierra.

Dinosaur Jr. :”There Near”


Por: Àlex Guimerà. 

Apenas ha transcurrido un lustro desde el anterior "Sweep It Into Step" (2021) para que la formación clásica de los dinosaurios haya vuelto a la carga para robarnos los corazones por enésima vez. Pues esta banda simboliza todo lo que a uno le atrae del rock y de la música independiente en general, ya que lejos de buscar la comodidad en la nostalgia y en el fácil autoplagio, el decimotercer disco de estudio de los de Massachusetts vuelve a dar en el clavo ofreciéndonos una dosis de energía salvaje de rock alternativo. Para eso ha sido decisiva la obsesión de J Mascis en recuperar la mesa Boogie de los años setenta que utilizaron en la grabación de su álbum de debut allá hacia mitades de los ochenta. Así, en distintas y largas sesiones en los estudios "Bisquiteen", que el guitarrista tiene en su Amherst natal, se ha ido configurando un trabajo que han querido (y logrado) que sea espontaneo y fresco. 

De nuevo las nuevas canciones surfean entre el ruido más crudo y la melodía dando ese contraste tan encantador típico del combo. Algo que observamos desde el preciso momento en el que ponemos la aguja al vinilo (o apretamos el botón de spotify) para escuchar esa maravilla titulada "Several Got Away", en la que la frenética sección rítmica con la batería de Murph y el bajo de Lou Barlow dejan paso a los pegadizos riffs y a los solos melódicos del gran guitar hero del indie americano. Con "No Friends" volvemos directamente hacia finales de los ochenta y principios de los noventa y hacia la pasión de esos días en los que éramos jóvenes. Una melancolía que crece en "Walk Me Back", gracias a la melodía y a esa cálida voz de Mascis que nos tiene encandilados. Son los redobles sin descanso de las baterías, los solos de imposibles, la poesía cálida de las letras y ese sentimiento de libertad que teníamos con 20 años. ¿Y qué podemos decir de los rasgueos abrasivos de "Take Me With You" de las guitarras enmarañadas de "Gone Off" o de los cambios de esa pseudo-balada que es "Put It Down"? Simplemente que son sensacionales.

Con "Everything At One" se salen un poco del guión para meternos unos teclados de fondo a cargo de Ken Mauri que casan muy bien entre la distorsión guitarrera. Por su parte, Barlow aporta dos temas para dar ese perfecto contrapunto en la composición y en la voz con Mascis. Es la melódica "Blowin' Up" que parece robada del otro proyecto del bajista, Seabdoh, y que fue single de adelanto del disco. La otra es el medio tiempo acústico "No One's Ready" que cierra el paquete de forma campestre. 

"There Near" no nos descubre nada que no supiéramos, pero no podemos dejarlo de escuchar. Simplemente es una lección para las nuevas generaciones de lo que es el rock, un refugio ante tantos proyectos fallidos de otras bandas de su recorrido que nos confirman que los Dinosaur Jr. son un valor seguro por el cual apostar.

Susan Santos: "Un músico siempre está en constante aprendizaje"


Por: Kepa Arbizu.

Fotografías: Juan Pérez Fajardo.

Todos los caminos, estén escritos sobre el asfalto o alumbrados por la imaginación, comparten una condición común respecto a su significado existencial, pero del mismo modo, cada uno conserva sus rasgos particulares y expresión identificativa. Son esas carreteras que separan Estados Unidos y México las que han supuesto conceptualmente el mapa geográfico sobre el que ha desplegado sus dos últimos discos Susan Santos, dando continuidad con su actual "Camino diablo" al previo "Sonora". Un territorio con especial pedigrí y mística para el lenguaje del rock.

Instalada en esa confluencia de fronteras, la guitarrista y compositora extremeña firma un álbum, el séptimo de su carrera, que avanza poderoso y orgánico atravesando horizontes a lomos de un rotundo boogie sureño que igualmente se detiene en parajes protagonizados por el folk-country, los ritmos de Nueva Orleans o el soft rock. Un viaje, donde las bujías hierven entre riffs y las historias se debaten con su pasado, presente y futuro, al que asistimos como copilotos del talento y la energía de Susan Santos.

Tanto tu anterior disco, “Sonora”, como el actual, hacen mención a un espacio geográfico común, a ese territorio árido y desértico que separa EEUU y México, ¿qué tiene esa frontera que te atrae tanto? 

Susan Santos: Es verdad que para mí tiene una magia especial y siento una gran conexión con ese espacio, aunque este disco en concreto lo entiendo más como la banda sonora de un viaje en carretera. Se trata de algo parecido a una road movie personal, una travesía en la que cada kilómetro te transforma, donde las decisiones que tomas alteran el rumbo y el pasado va quedando atrás y lo miras desde el retrovisor, pensando en lo que está por venir. Ojalá este trabajo sea también esa banda sonora que acompañe a mucha gente en su propio camino y en muchos viajes. 

Aunque sonoramente domina el boogie sureño, es un disco abierto a géneros diferentes, ¿había una intención de que esta road movie fuera también un itinerario por las diversas estaciones de la música americana? 

Susan Santos: Primero escribí las canciones con la única idea de grabar un nuevo disco, pero sin ningún concepto claro preconcebido, solamente componer. Según fueron saliendo y fui seleccionando los temas que quería que formaran parte del disco surgió la idea del título y todo empezó a tener un sentido común: el título, las canciones escogidas de entre todas las compuestas… No pensé en ese sentido en darles un estilo u otro, simplemente compuse aquello que me apetecía en el momento y me quedé con las que me sentía más a gusto, descarté otras, y las grabé... 

Cada uno de tus discos suele adoptar una identidad propia, este suena orgánico y directo, ¿te sientes necesitada de cuando acabas un trabajo explorar un nuevo camino para el siguiente? 

Susan Santos: Sí, es como una necesidad personal, hacer canciones y contar de manera lo más honesta posible la música que quiero hacer en cada momento determinado. Un músico siempre está en constante aprendizaje, nunca lo puedes saber todo y siempre se aprende de otros estilos, escuchando nueva música, otros artistas. La música que yo hago está muy relacionada con el directo y me parece lo más real y sincero hacerlo de esa manera.. 

Y en este itinerario, ¿existió un primer paso que sirviera de desencadenante para el resto? 

Susan Santos: Cuando compuse "El camino" encontré la narrativa y el título perfecto para el álbum. A partir de ahí se fue convirtiendo en la banda sonora de esa road movie imaginaria que comentaba antes; todo el concepto de libertad, polvo y supervivencia nació de ahí. 

¿El tipo de sonido de una canción te condiciona a la hora de aquello que quieres contar?

Susan Santos: Para mí sí, depende hacia dónde se dirija la música, la letra puede variar en función de eso. También depende de la manera de componer, si hago primero esa parte instrumental y luego el texto, o si primero me surge la idea o la letra de lo que quiero contar. Las historias de este disco están contadas unas de forma más real, y otras más encubiertas a través de un personaje que narra la historia, y hay muchos de mis sentimientos y pensamientos personales en cada canción. Las canto en primera persona, y tras ella están muchas de mis propias historias y vivencias. 

El disco se abre con “El Camino” y se cierra con “El Diablo’s Goin’ On”, formando así el título del disco, ¿el orden de los temas buscaba dar un sentido concreto a este recorrido? 

Susan Santos: Eso es algo que surgió de manera improvisada, porque de hecho "El Diablo's goin on" la compuse la misma mañana antes de ir al estudio de grabación, la ensayamos allí y la grabamos sobre la marcha. Una vez añadida al disco, sí vi claro esa forma de ordenarlas, quería poner la primera “ El Camino” y la última “ El Diablo's goin' on”, el resto lo ordené poco tiempo antes de pasarle el texto al diseñador. 

Las carreteras también son una presencia común en tu vida, habiendo hecho giras por muchos lugares, ¿esos viajes y recorridos te aportan a nivel emocional y vital?

Susan Santos: Todas las experiencias de la vida nos influyen, y de todo se aprende, y por supuesto toda la gente que he conocido, todos los lugares que he visitado durante las giras y toda las personas que, de una manera u otra, forman parte de mi vida, me aportan algo cada día que pasa. 

Alguna vez te he leído declarar que incluso has llegado a dar más entrevistas para medios anglosajones que para españoles, ¿sientes que una mujer haciendo un sonido tan crudo y ligado a la tradición todavía hoy sigue siendo difícil?

Susan Santos: Supongo que en este caso concreto lo que menos ayuda es hacer una música como la que realizo, para minorías. No me muevo en estilos que vayas a escuchar en las radios o en los medios de comunicación donde suenan los artistas más de moda o vinculados a tendencias actuales.

River Shook: “River Shook”


Por: Héctor Neira. 

Admiro y mucho a aquellos/as músicos/as que deciden en un momento determinado de su carrera romper con su banda de siempre o abandonarla, y emprender un camino en solitario. Hay algo osado y valiente en esa decisión, un impulso innato por la aventura y el riesgo, y también un notable grado de confianza en tus propias capacidades. Ser parte de una banda te acota, pero eres parte de un colectivo que te arropa. Lanzarse en solitario eres tú solo ante el mundo, aunque ganando en libertad y autoafirmación. La ruptura de Sarah Shook & The Disarmers era algo que se venía venir años atrás. Se estaban deshaciendo cual azucarillo en un café. Nos han dejado varios discos que van permanecer en nuestra memoria y eso ahí quedará para siempre. Pero River Shook, haciendo gala de ese atrevimiento al que hacía referencia antes, ha dado este año el primer pequeño gran paso en su nueva andadura como solista. Y no han sido pocas personas a las que he recomendado entusiasmado el resultado.

Titulado inteligentemente como “River Shook”, estamos ante un disco cautivador, realizado por quien se conoce al dedillo todos los códigos del country-rock y que además ya cuenta con un bagaje a sus espaldas que la hace pisar fuerte, tirando la puerta, mostrándose abierta y ofreciendo al oyente un estado de las cosas de su propia vida sin caer en los clásicos convencionalismos del género y la música de autor. Su pareja, el talentoso Blake Tallent, le procura todo el armazón instrumental necesario para que nuestra protagonista pueda caminar firme y posar sus pies en terreno estable. El trabajo de Blake también en las labores de producción resulta intachable. 

La estupenda y acertada “Free At Last” abre la colección a modo de necesaria declaración de intenciones. River suelta un buen peso de su mochila y decide romper con los lazos que le unen a su pasado reciente. Con “Country Angel” entramos en terrenos más amables, nostálgicos, a lomos de una melodía irresistible con sabor a clásico instantáneo. Nada en este disco resulta baladí. Hay una intención clara de la autora de mostrarse más “desnuda” al oyente, aferrándose a su propias vivencias y a sus propios sueños. “Lost Without Your Love” insufla al disco un guiño tierno en forma de declaración de amor, de necesidad de cobijo hacia Blake. Caminar sólo esta bien pero si detrás está la persona correcta, aquella que debe amarte, cuidarte y protegerte, todo es más llevadero. “Venom & Gold” es a criterio personal una de las piezas claves de la colección. Intensa, sentida, de hermosa hondura a modo de última y dolorosa mirada al pasado. No todo ha sido un camino de rosas en la vida y trayectoria de River, y lo vuelve a plasmar en “Fading”, otra de las canciones favoritas para un servidor. Personal, imponente y de nuevo muy autoreferencial: “Nunca te hice daño. Yo no me dejaba pisotear, pero tampoco causaba mal a nadie. Sin embargo, ahora lloras como si yo fuera el arma humeante. Creo que te gustaba más cuando tenía una aguja en el braz , colocándome hasta el infinito”. Devastadora. “Blue Vervain” baja la pulsaciones en forma de cálido abrazo a su bien ganada libertad al lado de su pareja: “Eres sangre en mis venas, miel en mi lengua”.

“If We Got A Chance” rezuma clase por todos sus poros. La autora de Rochester, NY (aunque es la tierra de Carolina del Norte la que ha hecho de ella ser quien es) reflexiona sobre los sacrificios que implica ejercer el oficio de músico en la pieza con más clara orientación al rock clásico dentro del lote. “Beater Car” es otra composición de enorme calado emocional que te agarra y no te suelta. Contiene unas de sus confesiones más conmovedoras y sinceras al referirse a su hijo y su deuda para con él: “Mi orgullo y mi alegría, un regalo del cielo. ¿Cómo puedo perdonarme por no tener nada que ofrecerte?. He desperdiciado demasiado tiempo persiguiendo mi propio sueño.”. Hay dolor, arrepentimiento pero también una honesta necesidad de redención. Con “Running To Georgia” nos aproximamos al final en forma de clásica pieza estándar del género. El viaje, las carreteras infinitas, la aventura como escapismo y necesidad vital tan propia de la tradición americana. Si el inicio del disco era una mirada directa al pasado, con la canción que cierra el álbum, “Loving Me Is Like Rolling A Big Old Rock”, River observa el nuevo horizonte que se abre ante ella. Toca seguir remando, nadie regala nada a nadie. Es momento de olvidar el pasado para celebrar el futuro.

River Shook se ha convertido con los años en una de las puntas de lanza del country-rock alternativo. Y con este sensacional “debut” (sin olvidar la soberbia “Widlands” que incomprensiblemente no entró en el disco) ya vuela sola y está despegando. Debemos cuidarla y mimarla, porque talento le sobra y estoy convencido que nos seguirá entregando discos de semejante nivel en los próximos años. Discos de esos que acompañan y que no te abandonan. En especial a los que amamos el género. O mejor dicho, a todos aquellos que aman la buena música.

Fontaines D.C. en el momento perfecto


Movistar Arena, Madrid. Jueves 22 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González.

El pasado jueves Fontaines D.C. demostraron sobre las tablas del madrileño Movistar Arena que son la banda del momento en lo que al panorama rock internacional se refiere. Su concierto resultó absolutamente rotundo en lo tocante a las canciones, sin regalar apenas momentos de tregua a un respetable que desde primera hora dejó claro que los irlandeses gozan de un predicamento que solamente los más grandes son capaces de arrastrar tras de sí. 

Y es que el público que sigue a la banda de Dublín es totalmente transversal en edad, estética y gustos aparentes, siendo el único elemento vertebrador entre aquellas personas que sigue su música la comunión mesiánica que comparten hacia la banda capitaneada por Grian Chatten, quienes parecen haber encontrado el secreto de alquimia poniendo la banda sonora ideal a un mundo decadente al que cantan con una síntesis que reúne un enorme poder de evocación, análisis crítico y una visceralidad repleta de poesía que cala bien hondo. 

El concierto que presenciamos anoche no fue perfecto, ni mucho menos, radicando en dicho aspecto parte de su radical belleza. De hecho, podríamos criticar tanto la duración, apenas hora y media, como el sonido, manifiestamente mejorable en ciertas fases, algo que no restó un ápice de emoción a la enorme catarsis que vivimos en cada uno de los temas que se interpretaron. 

Otro detalle mejorable podría haber sido la elección de unos teloneros distintos. Realmente, Chalk, el voluntarioso dueto procedente de Belfast que tuvo la fortuna de abrir la velada no llegó a calentar al personal con su post-punk electrónico, a ratos bailable y por momentos distorsiono, ni tan siquiera con la calidad de canciones interesantes como “Pain”, “Static” y “Longer”, con la que dieron por concluido su corto set-list. 

La espera hasta que las luces se desvanecieron para dar paso al plato principal se hizo relativamente larga, pero mereció la pena, vaya si lo mereció, puesto que el público respondió en cuanto los Fontaines arrancaron con los primeros acordes de “Tongue”, atacando la superficialidad de la sociedad actual con su teclado juguetón, antes de que el abrasivo riff inicial de “Here´s the Thing” pusiera a arder casi literalmente el viejo palacio de los deportes capitalino, a la que siguió la crudeza de “Nabokov”, los teclados etéreos y el bajo retumbón de la genial “Marianne”, con su innegable parentesco con algunas de las mejores piezas del “Disintegration” de The Cure, y la muy celebrada “Boys in the better land”, alejada sonoramente de su actual propuesta con la que, sin embargo, comenzó un pogo colectivo que nos quitó unos pocos años de encima de un plumazo. 

Siguieron sacando lustre a su discografía con la interpretación de “Jackie Down the Line”, enorme trallazo que sigue funcionando como la primera vez que la escuchamos, la opresiva belleza poética que encierra “You Miss Me” y “Roman Holiday”, momento en que ya teníamos la certeza de que la banda había adquirido un nuevo estatus. 

Ahora al observarlos se ve una mayor seguridad, marcada por una actitud en escena que les sienta como anillo al dedo. Con un Conor Curley a la guitarra parapetado tras sus gafas con gesto serio, respetando los cánones de cualquier rock-star que se precie, Connor Deegan III, al bajo, poniendo la nota exótica con su estética, Tom Coll, llevando el peso de la maquinaria a la batería, ajustado y sin alardes innecesarios, siempre efectivo; y un Carlos O´Connell, para quien siempre es un placer tocar en la ciudad que le vio nacer y al que los hijos del foro miramos con especial cariño al reconocerle uno de los nuestros, todos ellos al servicio de Grian Chatten, quien, haciendo gala de un furibundo orgullo irlandés a través de símbolos patrios como el trebol y la bandera tricolor que portaba en su micro, sabe arengar a las masas con unos pocos pero efectivos trucos, pese a encontrarse todavía a muchos kilómetros de distancia de grandes mitos y prestidigitadores escénicos como el chamánico Nick Cave. Tiempo al tiempo. 

“In the Modern World” sonó rotunda y mayúscula, robándonos el aliento a miles de personas mientras hacíamos nuestros los delicados coros que con tanto mimo regalaron Connor y Carlos, las maneras góticas del desamor patente en “Happy for You” nos rompieron por dentro, cerrando tan bien escogido tridente con el fascinante epílogo representado por “Big Shot” dotada de un ritmo arrastrado magnético. 

Convirtieron el enorme recinto capitalino en una auténtica pista de baile con la novedosa “Mimesis”, donde miran directamente a los ojos a propuestas tan reivindicables como The Lords of New Church y su “Dance With Me”, y con “Bug”, otra de las tonadas que no necesitan presentación alguna y cuyos fenomenales coros supusieron un karaoke colectivo, a la que siguió “Favourite”, dejando como última canción antes del bis a “Where is Gone?”, la oscura balada en la que colabora nuestra Rosalía, retrotrayendo inequívocamente a clásicos como Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, lástima que no pudiéramos disfrutar de la presencia de la catalana, pese a lo cual la composición consiguió relucir con abrumadora grandeza. 

Excesiva se hizo la espera para que regresaran al escenario, compensada de sobra con los ambientes crepusculares y melancólicos de “Japan”, un bello anticipo de la no menos genial “I Love You”, de entre las favoritas del público, y un cierre un tanto desigual donde interpretaron la bestial “Starbuster” y “Six Shot Morning”, que probablemente hubiera lucido más en otro pasaje de la noche, con la que ahora sí dieron por concluida la actuación ante el clamor del público capitalino.

Pasará el tiempo y muy probablemente todas las personas que estuvimos presentes en el concierto del pasado jueves recordaremos haber visto a Fontaines D.C. justo en el momento perfecto que representaba dicha noche, cuando eran una máquina de facturar himnos que ponía banda sonora a nuestros días más inciertos. Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que la próxima vez toquen dos horas y cuarto, como se exige a la grupos de su categoría, incluyendo en el set-list otra buena tanda de hits que anoche se quedaron fuera del listado final. Sea así o no, muy probablemente la mayoría repitamos experiencia en su próxima visita, pero mucho nos tememos que serán en un recinto con aforo mayor, porque de lo que no cabe la menor duda es que Fontaines D.C. continuarán con su ascenso durante un tiempo más.