Rufus T. Firefly: “Para nosotros el sonido es lo más importante de todo”


Texto y fotografías: Javier Capapé. 

Hace unos meses entrevistamos a Víctor Cabezuelo con motivo de la publicación de su último gran disco “Todas las cosas buenas”, así que está vez el objetivo era algo distinto. El Giradiscos volvía a contactar con él para detenernos en el desarrollo de su gira. Desde la furgoneta hablamos de cómo se está desarrollando la misma, así como de su vida en la carretera con esta pequeña familia que no para de darle alegrías. La banda de Aranjuez vive un momento dulce gracias a rodar con sus mejores cartas, unas canciones rotundas con poderosos mensajes que nos hacen viajar, muy especialmente cuando las escuchamos en directo. Por eso Rufus T. Firefly lo dan todo por sus directos y mantienen un público fiel que aprecia cada uno de sus giros y se deleitan con lo que Víctor, Julia y toda la banda potencian: un sonido y una actitud inconfundible.

La banda se encontraba camino de Zaragoza cuando contactamos, en pleno eje central de su gira. Con muchos conciertos a sus espaldas y unas canciones muy bien rodadas. En el mejor momento para apreciar su más reciente propuesta y también para detenernos en primera persona en “todas esas cosas buenas” que tienen tan presentes: su entrega con un público que les quiere y su pasión por ese universo infinito hecho música. 

Estuvimos hablando en junio, al poco de sacar vuestro último disco, pero ya que entonces hablamos a fondo de las canciones, ahora quería centrarme en la gira que tenéis por delante (la entrevista se hizo de camino a Zaragoza, donde actuaban en la sala Oasis el pasado 30 de enero). ¿Cómo os sentís después de tantos viajes recorriendo España en esta gira que empezó hace unos cuantos meses? 

Víctor: Muy contentos, porque es lo que queríamos. Antes de sacar el disco coincidíamos todos en que nos apetecía mucho tocar y que lo que queríamos era hacer directos, que es lo que más nos llena y nos gusta. Así que estamos muy felices de poder hacerlo. Además, está habiendo muy buena acogida de los conciertos y eso hace que podamos seguir girando. 

Habéis recorrido sin descanso salas, festivales y teatros desde que lanzasteis “Todas las cosas buenas”, pero veníais casi directamente de acabar la gira del anterior. ¿Cómo conseguís que vuestra fuerza y entusiasmo no decaiga? 

Víctor: Es verdad que nunca terminamos de tocar del todo, pero la gira de “El Largo Mañana” tuvo un final claro. Después seguimos haciendo conciertos, pero ya no pertenecían a esa gira. Creo que una vez que terminas una gira cambias de feeling y empiezas a pensar en lo siguiente, y aunque tengas conciertos de vez en cuando ya estás como en modo “disco nuevo”, por decirlo de alguna manera. Así que para nosotros sí que hay una línea muy clara entre las presentaciones de un disco y de otro. Además, somos una banda que nos cuesta mucho estar unos meses sin tocar. Lo pasamos mal porque necesitamos el directo, así que siempre encontramos alguna excusa para poder tocar. Por eso parece que es todo seguido, pero para nosotros, interna y emocionalmente, hay bastante división entre las giras. 

A pesar de formar una familia en la carretera, muchos de vosotros seguís compaginando otras carreras. ¿Se hace muy difícil encajar todas las piezas estando de gira? 

Víctor: A veces es complicado. Sacamos agendas e intentamos cuadrar todo con encaje de bolillos, pero por ejemplo yo siempre doy prioridad a Rufus, por lo que monto el resto de proyectos y de calendario con respecto a éste. Pero sí, es bastante complicado. Por ejemplo, Miguel toca con Lori Meyers y a veces tenemos que pillar a un sustituto. Es cuestión de entender que Rufus T. Firefly no es un grupo cerrado, sino que hay mucha gente detrás que también nos está ayudando y con la que podemos contar de vez en cuando si alguien no puede. 

“Con este disco el mensaje ha llegado más que en ningún otro”

La otra familia que está a vuestro alrededor es vuestro público. ¿Qué es lo que os dicen cuando bajáis del escenario? ¿Cómo estáis sintiendo su reacción con las nuevas canciones después de este tiempo de escucha? 

Víctor: Creo que con este disco ha pasado algo muy bonito y es que el mensaje ha llegado más que en ningún otro. A lo mejor el tono más coloquial o más terrenal hace que el mensaje llegue más directamente y eso la gente lo nota. Nosotros sentimos que eso está pasando. Está siendo muy bonito todo lo que nos dice la gente. Hay muchos mensajes que nos sobrecogen, de gente que por ejemplo nos comenta que nuestro disco les está ayudando en momentos difíciles. Todo eso nos ayuda a querer seguir haciendo música.

En la pasada entrevista, de antes de verano, hablábamos también de ese mensaje más directo que se percibe en estas canciones y comentábamos que la gira que empezabais en mayo y junio era más bien un aperitivo, que la verdadera gira empezaba después del verano. ¿Qué diferencias habéis planteado entre lo que nos disteis de aperitivo antes del verano y lo que estáis haciendo ahora? 

Víctor: Antes de verano estaba todo más enfocado al disco nuevo y aunque ahora también hay mucho de este disco, estamos metiendo más temas antiguos. Está siendo un concierto un poco más completo, pero sobre todo lo que ocurre es que tenemos el set mucho más rodado. A nivel de luces ha crecido, a nivel de interpretación y de ritmo de concierto también ha crecido… Es como un paso más allá. 

Me hablas de luces, pero también el sonido es algo que cuidáis muchísimo. No sé si habréis podido retomar también los “conciertos de los cascos”, pero es verdad que vuestro sonido es magnífico en directo. ¿A quién estáis llevando de técnico? 

Víctor: Sigue Ángel Luján llevando el sonido, como al principio de la gira. Es verdad que el sonido es algo que cada día cuidamos más. Por ejemplo, para este fin de semana, Ángel me ha estado pasando cosas que retocar, ecualizaciones y demás. Él no para. En cada concierto ve una cosa y nos lo transmite porque queremos intentar perfeccionar todo lo máximo posible. Como te comento, para nosotros el sonido es lo más importante de todo. No somos un grupo que necesite tener grandes escenas visuales ni cosas así. Nosotros queremos centrar todo en la música, en el sonido, en nuestra manera de tocar y en cómo se transmite todo eso. Es algo que tenemos clarísimo. Si algún día tocamos en algún estadio, haremos lo mismo. Haremos un concierto enfocado en el sonido, intentaremos pillar los mejores altavoces del mercado, intentaremos que suene todo perfecto y todos nuestros esfuerzos irán hacia allí, porque creo que es lo que más nos gusta y lo que más emociona de Rufus T. Firefly. 

¿Habéis conseguido repetir el reto de los “conciertos con cascos”, como te comentaba antes? Es algo que nos gustaría poder disfrutar a muchos, pero no sé si se quedó más bien en una experiencia puntual. 

Víctor: Hemos conseguido hacer un par más de estos conciertos, que volvieron a ser muy bonitos. Creo que hay alguno más por el camino. Es algo que dejo abierto porque me gustaría repetirlo siempre que se pueda. La clave es intentar compaginarlo de vez en cuando, aunque lo malo de los “cascos” es que tiene unos costes de producción muy altos y a veces es complicado hacer conciertos que salgan rentables si no hay un patrocinador o cosas de ese estilo, pero la puerta se queda abierta. 

“Que una banda como nosotros pueda seguir tocando y siga viniendo gente a vernos es un privilegio”

Decíamos que sois como una familia en la carretera y que os encanta cuidar el sonido y vuestra unión, pero ¿qué es lo que más valoráis como banda cuando estáis todos engrasados en pleno directo? 

Víctor: Lo que más estamos intentando últimamente es disfrutar, antes incluso de que salga todo el conjunto bien. Disfrutar tocando, no estresarnos, intentar que al juntarnos y tocar consigamos vivir un momento bonito, porque esto es un privilegio. Que una banda como nosotros pueda seguir tocando y siga viniendo gente a vernos es una suerte y un privilegio. Por eso creo que lo que más me apetece es que todos disfrutemos de eso, que estemos a gusto y disfrutemos de este momento que nos ha regalado la vida. 

Además, en vuestros conciertos también cambiáis la disposición de los músicos, que no es la más convencional para una banda de rock. Incluso podéis llegar a estar casi en un corro mirándoos todos, con Julia en la batería delante en lugar de al fondo del escenario. Háblanos un poco de esto. ¿Cómo hacéis que el público aprenda a valorar todo esto? 

Víctor: Para mí esto tiene que ver con cómo ensayamos. Nosotros ensayamos mirándonos siempre, muy cerca los unos de los otros y me gusta tener esa sensación también en el escenario. Entiendo que estamos tocando para otra gente, pero me gusta tener la sensación de mirarnos todo el tiempo, de tener contacto entre nosotros y que estemos muy cerquita, Creo que es una cosa que me gusta transmitir. Hay cierta cercanía en todo eso y por eso me gusta hacerlo así en lugar de que exista una barrera entre el público y la banda. No me gustan las tarimas gigantes ni cosas así, me dan un poco de pereza, por eso mientras podamos transmitir esta cercanía así, estaré feliz. 

Por eso las salas entiendo que sean vuestro paisaje. Víctor: Total. Así es. Has dicho que el setlist está variando entre el comienzo de la gira y el momento presente. Ahora que “Todas las cosas buenas” tiene un recorrido importante entre la gente, ¿con qué canciones os sentís más cómodos en el escenario? 

Víctor: Hay algunas que nos gusta mucho tocar, como “El coro del Amanecer”, por ejemplo. También nos gusta hacer en directo “Trueno Azul”, “La Plaza” o “Canción de Paz”. Está siendo muy bonito ver la reacción del público. Las canciones del disco nuevo van por lugares muy diferentes y eso ayuda al concierto. Además esto hace que nos divirtamos mucho tocando. Es como un concierto muy vivo, al menos a nivel musical e interpretativo. 

Por lo tanto, los que os hemos visto en esta misma gira, ¿vamos a poder encontrar pequeñas sorpresas o matices diferentes en las canciones? 

Víctor: Sí, seguro que sí. Y sobre todo vais a ver un setlist diferente porque lo vamos cambiando todo el tiempo. 

¿De qué canciones de vuestros discos anteriores no os podéis desprender en vuestros directos? 

Víctor Cabezuelo: Hay algunas como “Nebulosa Jade” o “Río Wolf” que son imprescindibles y se nota que a la gente le gusta mucho que las toquemos. A mí particularmente me gusta tocar “Sé dónde van los patos cuando se congela el lago”. Es una canción muy para el directo. Hay canciones que, de alguna manera, me gusta que siempre estén ahí. Para esta gira, por ejemplo, hemos recuperado una muy antigua que es “El problemático Winston Smith”, que tiene más de diez años y está siendo muy chulo tocarla. Creo que aunque cambiamos mucho de repertorio hay algunas que siempre molan. 

A mí siempre me ha gustado escuchar alguna de vuestras canciones del álbum “Nueve”, que no suelen ser muy habituales en vuestros repertorios, pero cuando dejáis hueco para una o dos de ese disco se me ponen los pelos de punta. 

Víctor Cabezuelo: Ese disco fue muy bonito, la verdad, y siempre nos encanta tocarlas. 

En vuestros primeros conciertos de la gira vimos a Julia interpretar “Canta por mí” de El Último de la Fila. ¿Os habéis animado a introducir alguna otra versión en este 2026? 

Víctor Cabezuelo: De momento no. A veces estoy yo con la guitarra y me salen versiones improvisadas dependiendo del día. Hay una parte del concierto que lo dejamos un poco al azar y según el momento hacemos unas cosas u otras. 

Y en cuanto a Julia, me comentaste en nuestra anterior charla que la idea del álbum era que ella cantase en más canciones y que en los directos pudiera ir tomando la voz cantante en más ocasiones. ¿Está produciéndose algún cambio en este aspecto? 

Víctor Cabezuelo: El cambio fundamental es que ella se está encontrando más cómoda en ese sitio. Está siendo muy bonito ver cómo toma el papel de cantante, aunque creo que el cambio más drástico al respecto se verá en el futuro, en próximas canciones o discos. 

Nos has dicho que “La Plaza” se ha convertido casi en un clásico. Esta canción fue vuestra concesión más que directa al sonido de los Smiths. Ahora que Morrissey ha anunciado varias fechas en nuestro país, ¿estaréis en alguna de ellas? 

Víctor Cabezuelo: Me encantaría, pero seguro que cancela (risas). No depende de mí, depende de Morrissey. 

“Con toda la información y la música que hay es precioso que se acuerden de ti” 

Vuestro disco ha aparecido en muchas listas (incluida la del Giradiscos) como uno de los mejores del año pasado a nivel nacional. ¿Cómo recogéis estos halagos? ¿Cuánta importancia le dais a esto? 

Víctor Cabezuelo: Es algo a lo que intentamos no darle demasiada importancia, pero inevitablemente nos emociona muchísimo. Sobre todo que con todos los discos que salen la gente se haya acordado de nosotros a finales de año. Con toda la información y la música que hay es precioso que se acuerden de ti. No puedo evitar también pensar en el lado injusto de muchos discos muy buenos que no tuvieron tanto alcance mediático y nadie se acuerda de ellos. Por eso con las listas tengo una especie de amor-odio, pero claro, cuando te eligen a ti es precioso. Alguien en “X” había hecho como una especie de recopilación de todas las listas de lo mejor del año de todos los medios españoles y puntuaba según la cantidad de veces que aparecían los discos repetidos. “Todas las cosas buenas” se quedó en esa recopilación como el segundo mejor disco del año. Solamente tenía encima “LUX” de Rosalía. ¡¡Imagínate qué subidón!! Es precioso ver cómo nos valora la gente, los medios o los blogs personales. Y que directamente nos pongan casi a la altura del disco con la producción más bestia del año, que es el de Rosalía, en el que han participado los mejores productores, los mejores mezcladores, orquestas sinfónicas y un montón de movidas… Que eso esté al lado de “Todas las cosas buenas”, que fue un disco que se grabó en un local de quince metros cuadrados, con cuatro micros que teníamos y solo con nuestras manos, en un sitio que no tenía ni baño, es muy bonito pensarlo. De alguna manera es algo que te hace creer en ti mismo y te da muchas ganas de seguir haciendo música. 

Es verdad que los medios siempre estamos con el tema de las listas, que parece algo ya obligatorio para todos, pero la cara buena de todo esto sería ver si eso se refleja en vuestros conciertos. La gira está funcionando muy bien. Estáis agotando en muchos sitios y quizá sea por el boca a boca, pero también por la influencia que puedan tener estas listas en las que aparecéis recomendados como uno de los discos más importantes del año. 

Víctor Cabezuelo: Totalmente. Que la gira esté funcionando bien es la suma de un montón de cosas, pero sin duda esto ayuda mucho. Nosotros le debemos todo al boca a boca y a los medios independientes que no han parado de hablar de nosotros durante toda nuestra carrera. Una carrera que está siendo construida muy “poco a poco”, granito a granito de arena, pero siempre gracias al apoyo de la gente que habla bien de nosotros y que nos apoya. Si no sería imposible. 

“Quiero que la gente que viene a vernos, en la ciudad que sea, sienta que está en un lugar especial, en el lugar adecuado, y salga con una sonrisa” 

Ahora que hablamos de fechas llenas, me gustaría mencionar la Riviera madrileña. En abril de 2019 la llenasteis con “Magnolia-Loto”, en abril de 2023 con “El Largo Mañana” y el próximo abril estaréis con “Todas las cosas buenas”. Decís en vuestras redes que esos conciertos son especiales siempre porque reunís a toda la gente que queréis, pero ¿qué más hace especial un concierto en un sitio tan mítico como la Riviera? 

Víctor Cabezuelo: Lo primero es el lugar en sí mismo. Tocar en la Riviera, que es un sitio donde hemos visto a tantos artistas que nos encantan, es precioso. Pero también nos pasa que como todas nuestras familias y seres queridos están en Madrid es un momento donde se juntan todos. Por eso es muy importante para nosotros, porque sabemos que están ahí a nuestro lado y queremos dar un concierto bonito para ellos. Es un sitio donde se juntan muchos factores que hacen que sea especial. Aún así es un concierto más. Por ejemplo, el concierto de esta noche me lo tomo de la misma manera. Quiero que la gente que viene a vernos, en la ciudad que sea, sienta que está en un lugar especial, en el lugar adecuado, y salga con una sonrisa. 

Efectivamente. Que no tenga que pensar que si no está en Madrid se está perdiendo algo. 

Víctor Cabezuelo: Claro que no. De hecho, igual el concierto de hoy es mejor que el de Madrid. Es algo que no se puede saber. 

¿Cuáles son los discos que más suenan en vuestros viajes por media España? ¿Qué recomendaciones discográficas nos haríais vosotros que pasáis tanto tiempo en la furgo y podéis aprovecharlo para esto? 

Víctor Cabezuelo: Aquí cada uno de nosotros te diría una cosa. Yo por ejemplo estoy ahora en una etapa en la que escucho mucho jazz en la furgoneta. También estoy escuchando a dj's que trabajan con samplers de jazz. Es una música que me relaja mucho. Me encanta su sonoridad y, de hecho, me gustaría incorporarla a futuros discos de Rufus, sobre todo a nivel de baterías y de cómo suenan, que parece que estén tocando delante de ti. Eso me gusta mucho. Son baterías poco procesadas, que suenan muy de verdad. Escuchas la madera y la mano de la persona que la toca y eso es algo que me emociona un montón. Me relaja mucho escuchar eso. 

Si me dices que ese sonido de la batería es el que te engancha, precisamente tienes cerca a Julia que es la que mejor puede hacer eso. 

Víctor Cabezuelo: Sí, totalmente. Además yo compongo mucho desde la batería. Se me ocurren algunas ideas que después transmito a Julia y ella siempre mejora, y creo que en el futuro voy a hacer mucho hincapié en esto. En lugar de que suenen baterías más procesadas, como en “Magnolia”, que eran baterías muy psicodélicas y llenas de efectos, me apetece ir por otro camino, así que intentaré transmitírselo. 

Te quería preguntar también por lo que estabas escuchando en este tiempo o de lo que te estás empapando para definir la posible línea o estilo futuro de Rufus T. Firefly, porque siempre os habéis caracterizado por ese eclecticismo que os define, pero de alguna manera ya me lo has respondido. 

Víctor Cabezuelo: Sí, puede ser. Esto que te digo puede cambiar totalmente dentro de seis meses, así que no te lo tomes como algo serio, pero sí, ese camino es algo que me llama mucho la atención. Veremos a dónde nos lleva. 

¿Tenéis alguna canción ya en la recámara? ¿Qué es lo que os va brotando en este tiempo? 

Víctor Cabezuelo: Hay ideas. Sobre todo pensamientos, pequeños bocetos y notas de audio, pero todavía no nos hemos sentado a hacer nada. 

Por lo tanto, cuando estáis de gira, ¿aparcáis la composición como tal y os centráis solo en los conciertos? 

Víctor Cabezuelo: No necesariamente. Simplemente es que a mí se me ha juntado esta época con producciones y al resto de la banda con otros trabajos y proyectos, por eso no ha llegado todavía el momento de componer. Cuando llegue lo sabremos. 

He de decirte que te veo muy presente en muchos proyectos, y más concretamente ahora te acabo de descubrir vinculado a Monstruo Laberinto, con los que comenzarás una gira en breve. ¿Qué proyectos alrededor de vuestra banda nos invitaríais a conocer? 

Víctor Cabezuelo: Hay un grupo que son medio familia, Bum Motion Club, que justo están presentando un discazo ahora, “Claridad y Laureles”. Si tenéis la oportunidad de verles son un grupo que molan muchísimo en directo y les queremos un montón. 

En cuanto a otras producciones en las que andas metido, como la que te comento de Monstruo Laberinto, ¿qué nos puedes contar? 

Víctor Cabezuelo: Lo de Monstruo Laberinto es algo muy bonito y os invito a que vengáis a esos conciertos. Es un grupo que han hecho Manu Cabezalí y Nieves Lázaro y nos han llamado a dos amigos para que les acompañemos. Es algo muy guay porque vamos a coger el coche con cuatro cacharros y tocaremos en muchos sitios. Manu decía “en lugar de quedar para echar una partida al Dune, quedamos para dar un concierto”. Y la verdad es que mola mucho más. Esa es un poco la filosofía de este grupo y de estos conciertos que vamos a hacer. Esperamos que sea una cosa súper cercana y estoy seguro de que va a ser muy bonito porque han hecho un disco de una personalidad muy marcada, muy de ellos dos. Escucho las canciones y los veo a ellos. Eso me emociona mucho, así que seguro que está genial tocar con ellos. 

En su día me dijiste que no erais optimistas, sino positivos, y la verdad es que tu positividad se plasma perfectamente y se transmite de verdad. Así que me gustaría terminar pidiéndote que nos invites a sumergirnos de nuevo en el viaje de Rufus T. Firefly. Un viaje que es, de alguna manera, interminable. ¿Qué podemos hacer para mantenernos enganchados a todo lo que tenéis para ofrecernos? 

Víctor Cabezuelo: Eso es muy difícil de saber. Yo no puedo convencer a nadie, simplemente le podría decir a la gente que intente disfrutar de lo que está viendo. Y es algo que no lo digo por Rufus, sino que lo digo en general. Como te comentaba antes es un milagro que, hoy en día, una banda se pueda mantener tanto tiempo y pueda tocar. Que pueda coincidir un grupo de personas tan diverso como somos en Rufus y demos un concierto es una suerte, así que creo que nuestros directos pueden ser un momento bonito para disfrutar como banda, pero también como público. Es como tener la sensación de estar viendo algo que no es muy habitual, en lo que se han tenido que encadenar muchos factores para que suceda, así que lo que creo que hay que hacer es disfrutar del momento en el que estamos tocando, así como disfrutar de las canciones y de ver cómo disfrutamos haciéndolo. 

Ojalá sea así. Tenéis muchas fechas por delante, así que esperamos seguiros viendo con esta energía que nos transmites. Muchas gracias, de verdad. 

Víctor Cabezuelo: A vosotros. Nos vemos en los conciertos.

Diego Vasallo, nos habla sobre Løse, su nueva banda : “En estas canciones hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo”


Por: Javier González. 
Fotografías: Jokin Sanz.

Hay un secreto guardado en nuestro rock que debería dejar de serlo de forma inmediata. Se hacen llamar Løse, vocablo tomado prestado del noruego cuya acepción más cercana en castellano vendría a ser “desatar/soltar algo amarrado”. Acaban de estrenar un disco de vigoroso e intenso rock, capaz de balancearse por sonoridades cercanas al guitarreo más setentero, repletas de veleidades glam y un proto-punk de alta gama del que dejan constancia en siete cortes de absoluta categoría. 

Tras dicho término se esconde una banda en la que destacan las presencias de Fer García y Diego Vasallo, viejos camaradas y estrechos colaboradores en la carrera solista de éste último, que ahora fortalecen su alianza, dando vida a un proyecto en el que el primero es el principal responsable de las músicas, dada su condición de elegante guitarrista, y en el que el segundo se hace cargo de la totalidad de unas letras tan profundas y poéticas como suele acostumbrar, pero que en esta ocasión presentan un barniz de tonos más oscuros, peligrosos e inquietantes que se presentan entre los surcos brumosos de un disco que guarda mucha relación con este mundo en ruinas en que vivimos. 

Tuvimos la oportunidad de contactar telefónicamente con Diego Vasallo, quien con la clarividencia y el trato exquisito que siempre le caracteriza, nos habló en profundidad de esta nueva aventura con la que desde ya opositan a haber firmado el mejor disco nacional del año. 

Hace casi dos años tuvimos noticias tuyas por última vez en lo que a discos de estudio se refiere con la publicación del genial “Malo ni bueno”, debemos confesar que esta nueva aventura en formato banda llamada Løse nos ha pillado con el pie cambiado. ¿Cuéntanos cómo surgió la idea de formar esta nueva banda? En la misma hay viejos colaboradores tuyos, auténticos camaradas como Fer García. ¿A qué responde el hecho de aumentar más si cabe su peso en tu entorno con este proyecto? 

Diego: Efectivamente este es un giro bastante importante para mí, ya que es un planteamiento diferente hacer tus discos en solitario a tener una banda que funciona como tal. Ahora mismo somos cuatro, aunque probablemente entre un quinto componente en breve, se graba entre todos y las decisiones se toman de manera conjunta. Esta idea me rondaba desde hace tiempo, quería volver a sentir la sensación de estar en un grupo, trabajar de forma colectiva, y a raíz de conversaciones con Fer García, con quien efectivamente llevaba tiempo colaborando en mis discos, surgió la posibilidad. Mi último Ep, “Malo ni bueno”, que tiene cinco temas, ya se grabó con Fer en su casa y fue producido de manera conjunta. Hablando con él dimos forma a la idea de formar la banda. Se llama Løse, que viene de Noruega, tiene otra pronunciación que, evidentemente, nosotros castellanizamos y hace referencia a soltar amarras, un concepto que me hacía gracia.

Recientemente he podido ver el documental de Jonathan Stiasny, “David Bowie: el último acto”, en el mismo se da bastante voz al período en que el mito londinense montó Tin Machine para liberarse de la enorme carga de soportar una trayectoria como la suya. ¿Has pretendido hacer algo similar con este movimiento? 

Diego: Lo he visto. David Bowie siempre es una inspiración para cualquier músico y debo reconocer que desde que se cumplió el décimo aniversario de su muerte estoy con él en la cabeza todo el rato. He visto el documental que citas, también he revisitado otro llamado “Moonage Daydream”, que está muy bien, y he escuchado la mitad de su discografía, adentrándome en discos de los dos mil que no conocía tan bien. Estoy en un momento con Bowie muy intenso. Personalmente no hago este movimiento para descargar ningún peso de fama ni estrellato, llevo ya muchos años jugando en ligas minoritarias y alternativas, pero es un buen ejemplo. Realmente, no sé si Tin Machine funcionó muy bien como grupo. Otro buen ejemplo sería el de Nick Cave con Grinderman, me gusta casi más, me encantan esos dos discos que han grabado. Todos estos artistas son una motivación para hacer cosas. Mi caso era una búsqueda de volver a sentir la sensación del trabajo dentro de un grupo, como te comentaba antes. 

“Madrugada, Viagra Boys y Grinderman son parte de las bandas contemporáneas que hemos estado escuchando” 

Pregunto esto porque el álbum tiene una innegable carga guitarrera, realmente setentera, que por momentos se asoma al proto punk y al glam, diría que más que al sonido post-punk referenciado en la hoja de promoción. ¿Cómo lo ves tú? 

Diego: Sí, tiene referencias a bandas de rock. Quizás la etiqueta post-punk surgió, pero no sé si es muy adecuada. No soy muy de poner etiquetas. Me gusta la referencia que comentas sobre el glam, hay puntos en los que veo aromas a discos de glam de los setenta. Es un sonido y una época que me agradaban. También hay referencias a muchas otras cosas, por ejemplo, a grupos más actuales que nos han llamado la atención. Citaría a una banda de Noruega que se llama Madrugada y también a los suecos Viagra Boys que hacen un punk más moderno. Me gustan mucho. Y también a los referidos anteriormente Grinderman. En definitiva, una serie de bandas más contemporáneas que hemos estado escuchando. 

Sabemos que también bandas del estilo de The Kills son una referencia que te gusta bastante, tal y como nos has deslizado en bastantes entrevistas anteriores. ¿Crees que es en este disco donde más puede verse dicha influencia en el tratamiento y producción de las canciones? 

Diego:
Sí, The Kills, una banda que me gusta mucho, especialmente la producción de algunos discos como el último. Me encanta el tratamiento que hacen de las bases y baterías, creo que es muy imaginativo. Al final te acaban influyendo las cosas que estás escuchando cuando andas produciendo el disco. Coges cosas de aquello que te motiva. Me parece una referencia muy buena. 

Aunque supongo que es inevitable olvidarse de referentes como Lou Reed, Leonard Cohen y toda la amplia colección de grandes autores que tanto te han marcado. 

Diego: La huella sigue estando, aunque aquí nos hemos alejado más del concepto autor de rock. En este momento Leonard Cohen no ha sido una referencia, hay una búsqueda más rockera. Hay un proyecto que teníamos muy presente llamado Soulsavers donde canta Mark Lanegan. 

Participas de la producción junto a Fer, quien también se encarga de la mezcla junto a Aitor Ederson, una parte del proceso de la que te desentiendes. ¿Por qué? 

Diego: No, no, no me desentiendo. De hecho, hice unas premezclas previas a las mezclas junto a Aitor Ederson, técnico de sonido, pero es verdad que luego dejé que Fer las terminara y diera la forma definitiva. Confío en él y su criterio, además, tenía muy claro cómo tenía que sonar el disco y cuál debía ser el acabado final. Él también controla detalles más técnicos y tiene mayor control que yo. Es cierto que dejé un poco más en sus manos la parte final del proceso. 

Anteriormente comentaba que en parte no estaba de acuerdo con la nota de prensa, pero sí que debo darla la razón cuando la misma dice que puede que estemos ante tu trabajo más oscuro, con ambientaciones por momentos dramáticas como en “Zona de Sombras”. ¿Lo percibes así? 

Diego: Puede ser, no me da miedo la oscuridad, así que es posible. Quizás en cuanto a textos son más abstractos que otras veces, en los que veo que se refleja una constante. Hay una sensación de inquietud, una mirada un tanto oscura sobre el mundo, puede ser un reflejo de mi visión actual sobre las cosas que nos rodean y el futuro que nos espera. Quizás sea un trabajo más oscuro que otros. En cuanto a sonido y producción lo veo más relacionado con el norte, cercano a campos lluviosos, cielos encapotados, brumas, nieblas y frio. Todos esos términos están asociados a este proyecto. 

“Veo puntos de unión entre las canciones de “Løse” y el primer disco de Cabaret Pop” 

Comentando un poco el contenido del disco, he coincidido con otros compañeros al afirmar que las composiciones de “Caemos como cae un ángel” y “Løse”, pese a su dispar tratamiento, no están tan alejadas como pueda parecer, quizás también podríamos incluir a otros álbumes como “Las Rutas Desiertas” e incluso ciertas canciones de tu época al frente de Cabaret Pop. ¿Estás de acuerdo con la afirmación? 

Diego: Con mis últimos discos veo una conexión… al final las letras son mías, aunque las canciones están hechas entre Fer y yo, pero uno no puede ponerse un disfraz y cambiar la forma de escribir y de mirar las cosas. En ese sentido siempre hay una relación, está presente mi estilo de escribir y no voy a ponerme a inventar cosas. A nivel musical sí veo una ruptura con respecto a mis últimos discos, donde hay un poso más confesional e íntimo, también más acústico, el sonido no es tan eléctrico. Con Cabaret Pop es curioso lo que dices, porque me ha retrotraído a algunos puntos, incluso al primer disco. Puede tener conexión, aunque el tratamiento es distinto, pero veo puntos de unión con aquellas canciones.

“No hacemos canciones para que sean un éxito comercial” 

“Pétalo en el aire” arranca entre ambientaciones distorsionadas, cadencias pesadas y llegando casi hasta los diez minutos, sin pensar en concesiones comerciales, enredadas en una letra que habla del devenir de los días, un repaso a una vida de eterna búsqueda llena de dramatismo, una línea general que planea por todo el disco. 

Diego:
Evidentemente, no hacemos canciones para que sean un éxito comercial, si lo es bienvenido. No nos vamos a poner a estas alturas cortapisas ni líneas rojas. Esta canción salió tan larga porque las bases se grabaron en directo: batería, bajo y guitarra rítmica. El final fue improvisado, no había un final claro. Tocamos el groove hasta que surgió el final. Es el motivo de que se alargue tanto. No nos preocupa la duración de las canciones. En ese sentido me recuerdo a discos de los setenta, donde los temas eran largos y había pocas para que entraran en el vinilo. Aquí incluimos siete canciones muy largas. 

“Creo que “Hay un hueco en algún sitio” supone una ruptura con mi trayectoria anterior” 

Hacía muchos discos que no tenías un single tan evidente como primera elección del estilo de “Hay un hueco en algún sitio”, un tema realmente vigoroso y musculoso, con esa sombra inquietante rondando por toda la canción. 

Diego: Es un ejemplo de colaboración de Fer y yo. La música es suya y la letra es mía. Hay bastantes así en el disco. Excepto la primera y la última donde tanto letra como música están escritas por mí. Es una canción que me parece una declaración de intenciones, rotunda y directa. Es quizás la que más puede romper con mi trayectoria. 

Sobrecoge escuchar una canción de amor tan profunda como “Con esta luz que nace”, hacía tiempo que no oía una declaración tan sincera escrita desde la experiencia, algo que desde otra vertiente también pareces introducir en “Cose mis heridas”, otro auténtico bombazo donde sonáis mayúsculos y de lo más peligrosos. 

Diego: Es el segundo adelanto del álbum. También es una canción rotunda y contundente, una masa de guitarras que cae. De hecho, por eso se eligió como segundo single, nos parecía un pelotazo fuerte. Toda una declaración de intenciones. 

“Mis letras pretenden dejar un poso, una sensación” 

En cuanto al apartado de letras, vuelven a ser muy inspiradas, plenas de imágenes y con lo que parecen ser cantos en primera persona y mensajes encubiertos pensados para personas muy concretas. ¿Nos equivocamos mucho? 

Diego: Lo de personas concretas no muy necesariamente. Me cuesta siempre mucho hablar de mis letras y decir de qué tratan, hablan de todo y nada en concreto. No son narrativas, no cuentan una historia, pretenden dejar un poso, una sensación. Trabajo muchos con imágenes plasmadas en versos. Hay temas bastante globales como el paso del tiempo, la incertidumbre de este sinsentido que percibo en el discurrir de las cosas. Quizás tiene que ver con el pasar del tiempo y cumplir años. En cuanto a las letras, creo que van por ahí, sin hablar de un tema en concreto. Y tampoco de personas. Son estados de ánimo que se intentan compartir. 

De la portada de los sucesivos singles y del disco se ha ocupado Jesús María Corman, bajo su alias Jesús Mansé, trasladando las mismas a un ambiente brumoso y agreste que las emparenta con las obras románticas de autores como Caspar David Friedrich. ¿Por qué habéis decidido contar con él? ¿Ha habido algún tipo de instrucción para que elaborara su trabajo? 

Diego: Pensé en él enseguida por la sensación que me da este grupo con ambientes húmedos y fríos. Corman, bueno en este caso Jesús Mansé, participa de dicha mirada. Sus paisajes, que me fascinan, parece que congelan el tiempo. Transmiten una sensación fría y magnética, creo que tienen mucha poesía sus cuadros. Le apeteció colaborar con el grupo y no le dimos ningún tipo de instrucción. Nos brindó imágenes de cuadros suyos, dos quedaron para el disco y otras dos para los singles que han salido. 

“El cancionero de Rafael Berrio es inagotable, siempre puedes volver a él” 

Sabemos que Løse pretende ser una cosa nueva y distinta, pero como principal compositor de la banda. ¿Cuál será el repertorio de vuestras presentaciones en vivo?

Diego: Ahora mismo precisamente estamos dando forma al repertorio en los ensayos. Tocaremos las canciones del disco, pero estamos muy abiertos a improvisaciones en directo. Jugaremos con ellos. Haremos todas las canciones que tenemos en el álbum, hay una nueva más y otra que se descartó, pero tenemos la intención de volverla a grabar. Hacemos dos versiones, una de mi querido Rafael Berrio, cuyo cancionero es inagotable y siempre puedes volver a él. Y luego hay una canción de The Smiths que ya hice en versión, la titulé “Vuelve un poco de lo que perdí”, la vamos a dar una vuelta para llevarla al territorio Løse. Será un concierto denso porque son composiciones largas. En principio, no quiero meter canciones de mis discos en solitario, me parece que las he tocado bastante y quiero incidir en la separación de los proyectos. No me apetece mucho combinar los dos caminos. Løse es otra historia y tiene sus propias canciones. 

Ahora que el formato va a ser decididamente otro, algo que se venía intuyendo desde hace tiempo, concretamente desde las presentaciones de “Las Rutas Desiertas”. ¿Vais a seguir tocando poco y en lugares de mediano aforo, o por el contrario, estáis abiertos a buscar otro tipo de giras ante públicos y escenarios más amplios? 

Diego: De momento vamos a empezar haciendo presentaciones en salas pequeñas, creo que es a lo que podemos aspirar ahora. Realmente estamos empezando y somos conscientes de que estamos empezando. No podemos pretender ir a grandes festivales. Sí que estamos abiertos a hacer lo que tenga que pasar. Si van viniendo otras propuestas en escenarios más grandes y festivales, puede hacerse. Este es un grupo que puede sonar en diferentes aforos. Es una diferencia que veo con respecto a mi propuesta en solitario, estaba enfocada a clubs y salas pequeñas, pero este grupo podría sonar en cualquier tipo de escenario. Por realismo vamos a empezar por salas pequeñas que es a lo que aspiramos. 

“Løse es un salto, un riesgo muy estimulante para mí” 

Se te ve ilusionado con esta vuelta de tuerca a tu carrera. ¿Qué representa este proyecto en el marco de una trayectoria tan extensa como la tuya? 

Diego: Para mí es un proyecto y un momento importante. Significa un salto y un riesgo también. Todo cambio un poco radical es un riesgo y a mí el riesgo me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Asumir riesgos es algo que me atrae bastante a la hora de plantearme mi trabajo. Me motiva. Es un momento intenso formar esta banda. Además, voy cumpliendo años, así que no creo que haya más grupos en mi vida. No descarto más discos en solitario, pero esta es la última oportunidad de formar un grupo. Para mí es muy estimulante. 

“Los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes” 

Los últimos tiempos han sido crudos y duros para nuestro rock, nos han abandonado Robe y Jorge Martínez, como lo han hecho otros nombres internacionales. Y lo han hecho dejando unos enormes discos de despedida. Evidentemente no queremos invitar a la parca a intervenir, pero contigo ocurre algo similar. ¿La madurez es un arma nunca bien ponderada para la creación artística? 

Diego: Totalmente. De hecho, a mí me suelen gustar más los discos de madurez que los comienzos, lo que ocurre es que a veces pasan más desapercibidos, quizás por haber tenido éxito. Creo que los artistas de largo recorrido tienen etapas fascinantes. Dylan y Bowie, cuyos últimos discos de los dos miles me parecen una maravilla. Los discos de madurez creo que son generalmente mejores, pero en ocasiones son menos conocidos. En el caso de Robe y Jorge Martínez no los conocí personalmente a ninguno de los dos, pero me parece que tienen trayectorias admirables y muy interesantes sobre cómo llegaron a mantenerse creando y haciendo propuestas interesantes. Además, eran gente muy inteligente, ya te digo que no los conocí, pero me parecían dos mentes bastante brillantes. 

En este tiempo, hace concretamente casi dos años, vio la luz “Diego Vasallo, trayectoria de una ola”, un libro de lo más peculiar en que se aborda tu figura desde el arte y el hecho compositivo. ¿Qué te pareció dicha obra? 

Diego: Fue una colaboración bastante intensa con Pablo Cerezal que es el autor. Un gran poeta y escrito. Muy personal, tiene una escritura muy visceral y particular en su estilo. Me dijo que quería escribir un libro sobre mi trayectoria y proceso creativo, tuvimos muchísimas charlas. Estuvo en Ondarribia, donde vivo. A mí lo que me gusta del libro y de su estilo es que no se parece a nada. No es una biografía, ni ensayo, ni novela. No se sabe lo que es. Es algo muy peculiar. Me parece muy atractivo escaparse de los géneros, hay que tener talento para ello. Pasó muy desapercibido, no ha tenido mucho recorrido, pero ahí queda. Es un libro muy especial. 

¿Hay alguna aventura esperando tras la esquina de forma inesperada de la que nos puedas informar? 

Diego: Ahora estoy centrado totalmente en este proyecto, estamos preparando el directo a través de los ensayos, no ando metido en más proyectos. Los habrá en un futuro y la pintura siempre ha estado ahí. Estos años la tengo algo más abandonada, pero voy a seguir y haré más exposiciones. En cuanto a los conciertos hay algunas presentaciones. Tocamos en Aranda de Duero en Le Club y en el Stereo de Logroño. Arrancaremos a partir de abril. En Donosti tocaremos en Tabacalera. De momento iremos haciendo presentaciones pequeñas. Haremos lo que vaya surgiendo. Ahora no tenemos oficina, así que vamos cerrando nosotros los bolos. Por cierto, el álbum ha visto la luz con Warner. 

Diego: El disco salió el 13 de febrero con Warner en una vuelta a mis orígenes. Estamos con ganas e ilusión. 

Muchas gracias por atendernos y por tu obra en general, más en este caso por este fenomenal trabajo que tan buen sabor de boca nos ha dejado. 

Diego: Muchas gracias. Me alegro que os haya gustado. Para mí es un proyecto importante en el que me he dejado mucho. Es un disco que nos ha llevado tiempo prepararlo, componer y dar forma a las canciones. Hay bastante trabajo detrás. Me gusta que el disco guste. 

No te miento si te digo que para nosotros es candidato a disco del año en el apartado nacional desde ya. 

Diego: Ojalá. Me encantaría. Eso ya no depende de nosotros. Hemos dejado el trabajo hecho y hemos puesto todo. Estoy muy contento con el álbum. Muchas gracias, aquí estoy para cuando queráis.

Bob Stanley: "Let’s Do It"


Por: Juanjo Frontera. 

A Bob Stanley no se le puede pedir más. No sólo es parte integrante (y fundamental) de uno de los mejores tríos de pop que ha dado la música británica, Saint Etienne, sino que además es un excelso divulgador musical. Compilaciones para sellos como Ace o Cherry Red, en solitario o a pachas con su compinche Pete Wiggs (también de SE) son auténticas delicias tanto para completistas como neófitos. No se pierdan "The Daisy Age" (Ace, 2019), "The Tears Of Technology" (Ace, 2020) o "Tea & Symphony - The English Baroque Sound" (Ace, 2020). por poner sólo unos pocos ejemplos. 

Y por supuesto, esto no acaba ahí, además es productor, multiinstrumentista y, "last but not least", escritor. De hecho, con esta última faceta ha dejado una huella indeleble en el género de la literatura pop al producir uno de los tomos fundamentales para entender tal término en todo su esplendor. "Yeah! Yeah! Yeah!" se publicó en 2013 (en España editó Turner en 2015) y traía consigo la particular y enciclopédica visión de un amante del pop como pocos ha habido en este mundo. Un trazado exhaustivo, pero personal y, precisamente por eso, altamente interesante, desde los orígenes del pop moderno, más o menos en 1952, hasta el momento de edición del libro.

Un manual que debería estudiarse en los institutos y sin el cual ninguna colección seria de tratados sobre música está completa. Un libro que saciaba incluso al más exigente y que es tan definitivo, que lo único que se le puede añadir son sucesivas revisiones conforme van pasando años y añadiendo acontecimientos a la historia. Pero ¿Qué pasaría si rebobinamos un poco más? Si echamos la vista atrás hasta el momento en que realmente se originó todo. 

Cuando apenas se había inventado el gramófono, no había radio y el mundo de la canción era un territorio por explorar. Excavar ese ámbito es algo profundamente ambicioso que nadie, o casi nadie, se había atrevido a hacer. Realmente, hay pocos ejemplos, como la crónica sobre el negocio de la música desde sus orígenes remotos "Ta-Ra-Ra-Boom-De-Ay", de Simon Napier-Bell (2014), o "A History Of Popular Music Before Rock Music", de Piero Scaruffi (2007), pero ninguno tan exhaustivo ni abarcando tantos géneros como este Let’s Do It que de la mano de Stanley llegaba en 2023 y ahora publica en nuestro país Liburuak. "Let's Do It" no es para cualquier paladar. Es para quien tenga ganas de profundizar, de cavar bien hondo en los cómos y los porqués de algo como la música pop, que guarda en sus orígenes muchas explicaciones. Pero claro, no puede esperarse que la música de la que se habla aquí, que abarca swing, jazz, cabaret, blues o canción romántica, guarde una relación directa con la de The Beatles, The Byrds, Jackie de Shannon o Roxy Music. Este es otro mundo, o mejor dicho, el mismo mundo, pero antes. 

Aunque, lo que sí que es seguro, es que aún no siendo para nada aficionado a la música de George e Ira Gershwin, Cole Porter, Frank Sinatra, Louis Armstrong, Irving Berlin, Nat King Cole o Peggy Lee, quien se adentre en estas páginas no dejará de asombrarse. La prosa de Bob Stanley es de alta calidad literaria: sabe mantener un ritmo ágil, que nunca aburre ni resulta rimbombante, es como el mejor de los profesores y sabe emplear los trucos suficientes, sacando de la chistera un anecdotario que nunca se utiliza a la ligera, para captar nuestra atención en los momentos clave.

Destapa además los detalles de la personalidad de los personajes más importantes como si los hubiera conocido. Tratándolos con cariño, pero con firmeza y con la lejanía suficiente como para que la probable adoración por un gigante no nuble la vista respecto a unos defectos que también formaron parte, por qué no, de su música. 

De esta forma va desgranando todo lo acontecido a ambos lados del atlántico. Aunque su eje es eminentemente norteamericano, debido al dominio de Tin Pan Alley, él le da su protagonismo también a la vieja Europa e Inglaterra, dando presencia a personajes de suma importancia como Django Reinhardt, Marlene Dietrich, Vera Lynn, Al Bowlly o Edith Piaf

Pero claro, impera América: una de las cosas que hace aquí Stanley soberanamente bien es reflejar el trazado de cómo ésta adquiere su hegemonía. Desde la popularización de la música grabada y la creciente importancia del formato canción, en detrimento de la ópera u otros formatos más antiguos, vemos como el ragtime de Scott Joplin o el Tin Pan Alley de Irving Berlin se van imponiendo a través del music-hall para pronto impregnarse de negro con el fundamental nacimiento del jazz en Nueva Orleans y el surgimiento de figuras como Louis Armstrong, que hacen que esto sea ya imparable. 

Surgen los verdaderamente grandes: los crooners como Bing Crosby y Frank Sinatra. Fred Astaire y las salas de baile. Duke Ellington, Billie Holliday,el Cotton Club y la primera escena jazz, el rhythm and blues, el hillbilly, el folk, el la exótica y, por el camino, la aparición mastodóntica del disco de larga duración y el auténtico pop, con músicos como Peggy Lee, Dean Martin, Anita O’Day. Sin olvidar por el camino muchos personajes secundarios que tuvieron también su importancia pero el tiempo ha olvidado, como las Boswell Sisters, Jeri Southern o Billy Eckstine. Todos ellos dan forma a un gran fresco que Stanley pinta con cuidado de orfebre, con profusión de datos, pero sin que corramos riesgo de atragantarnos en ningún momento.

Cuenta así, de forma absolutamente magistral, una historia realmente apasionante que puede que no se asimile de la misma forma que cuando se lee sobre lo que uno conoce e idolatra, pero sin duda ayuda a comprender muchas cosas y sobre todo, es un verdadero gozo. La existencia de este tomo es el perfecto apéndice, o más bien, precuela, a algo tan perfecto como fue "Yeah! Yeah! Yeah!" y, si me apuran, también algo que funciona de forma independiente. En todo caso, otro libro esencial para cualquier estantería que quiera saber de música.

Carlos Ares: la senda del peregrino


Sala Oasis, Zaragoza. Sábado 28 de febrero de 2026. 

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

No era mi primera vez frente a "la boca del lobo", pero sí la primera que tenía frente a mí a Carlos Ares y su banda, dispuestos a contagiarme de su energía incontenida para defender unas canciones que ya son más que simples compañeras de viaje. La última parada de su gira por salas llegó hasta la capital aragonesa el último día de este aciago mes de febrero donde parece que el mundo se esté dando la vuelta imponiéndose el sinsentido y la torpeza. También era día de premios cinematográficos, con los Goya en Barcelona y la academia del cine puesta en pie ante la atrevida propuesta de "Los Domingos", pero en Zaragoza, poco después de ponerse el sol (lo de esta hora tan temprana para empezar un concierto me costó llevarlo con tino), un buen número de espíritus inquietos nos acercamos a las puertas de la sala Oasis con intención de acercarnos a la raíz y cambiar desde lo profundo de nuestras entrañas, esas que advertimos en la particular cabaña del músico gallego más reivindicado del momento.

Con instrumentales de sus propios temas de fondo, el ambiente se fue caldeando en la sala antes de la aparición del "combo Ares", porque lo de esta banda no son simples músicos de acompañamiento, es un grupo remando en una misma dirección, haciendo grandes cada una de las canciones contenidas en los dos largos publicados hasta la fecha por Ares. Todos a una. Siete músicos en el escenario trotando, contagiando optimismo y haciendo que la corriente se transmita hacia el público sin cortafuegos. Directa y a bocajarro. 

Hay mucha planificación en lo que presentan y una buena parte de teatro, podría decirse, porque todo en el espectáculo de poco más de hora y media está medido al milímetro. Diría que hasta los brincos que mantuvieron en todo momento Begut o Marcos Cao en frente del escenario, uno a cada lado de Carlos, estaban medidos, pero consiguieron hacer de esta experiencia algo grande e inaudito. Porque, sin duda, es cierto que en este momento podremos ver a pocos grupos con tanta energía en un escenario. Una energía incontenida junto a un ritmo frenético, sin perder sus mimbres folk, que no dejaba apenas pausas entre canciones. La música por delante, el mensaje intrínseco en las canciones sin necesidad de dar instrucciones, y la fiesta como centro del espectáculo.

El repertorio incluyó prácticamente todas las canciones de los dos discos del gallego. En solo dos años, "Peregrino" y "La Boca del Lobo" han llegado a casi todo el mundo. Su música ha trascendido en tiempo récord y sus canciones forman parte del imaginario de un número nada desdeñable de devotos. Por eso mismo, hay sitio para todas ellas en su setlist. No falta casi nada y tampoco sobra. Veinte canciones que pasan en un suspiro, pero que convencen y muestran una solvencia por encima de toda duda. Algo a lo que ayuda una banda en estado de gracia, destacando no sólo la enérgica presencia de las guitarras acústicas como grandes protagonistas (en casi todo momento sostenidas entre Marcos Cao, Begut y Mikaela Vázquez), sino también a una contundente pegada de la mano de la sección rítmica, con un sublime Christian Delgado a las baquetas y Tony Finu con su preciso y elegante bajo. No obstante, es el trabajo de Sergio Delgado en la sombra, pasando más desapercibido desde el fondo del escenario, el que viste la base de las canciones con sus atmósferas y texturas gracias a un acertado paquete de overdubs (que aunque no lo parezca hay unos cuantos) y el aporte de los sintetizadores.

"Días de perros" puso a todo el mundo en alerta. Cantando desde la primera estrofa. Entregados y apasionados, aunque no más que Carlos y su banda, que no pararon quietos en ningún momento. "Aquí todavía" mostró la fuerza de un repertorio con un pie en la tradición y otro en la exquisita modernidad. Sin rechinar ni por un momento, ni siquiera cuando agitaron esos enormes cencerros con los que vistieron el inicio de "La Boca del Lobo". El público parecía no querer concederse ni un respiro, por eso obligaron a la banda a retomar el final de esta canción antes de agitarnos con la más áspera "Lenguas Calvas". La particular reivindicación de su singular tierra llegó con "Autóctono", complementada con la electrónica campestre de "Odisea", la única concesión a su pasado previo a la publicación de su debut, cuando Ares andaba más centrado en su faceta de productor antes de que explotase todo su potencial.

La zaragozana Beatriz Gutiérrez "Begut" tuvo un papel protagonista casi durante toda la noche aportando bases acústicas, además de saltos de altura y matices con sus coros en cada tema, pero en "Un beso del sol" demostró todo su torrente vocal entonando, como ocurre en el disco, su segunda parte, antes de que Ares se enredase en los pasajes más eléctricos de "Con un solo dedo" o "Ultimátum", donde arrancó con un enérgico solo, constatando que no solo de folk se nutre el sueño de este gran artista. En "Cigarra" todo el grupo jugó con la deceleración del tema, como queriendo descomponerlo y dejarlo flotar, hasta que entró la más cortante y afilada "Amigo", un portento con un pie en la electricidad de los setenta y otro en la psicodelia contenida.

No fue la primera vez ni será la última que se atrevieron con el estribillo de "Pájaros de Barro", del mismísimo Manolo García, para abrir su particular homenaje a estos versos bajo el nombre de "Materia Prestada". Una canción que hizo levantar los brazos a todo el mundo, algo que se convirtió en una empresa titánica teniendo en cuenta el poco espacio libre que quedaba en una abarrotada sala Oasis.

La parte acústica de la velada desmereció, en parte, por las voces de muchos de los presentes mientras Carlos intentaba imponerse con el intimismo de "Terrícola". Una de sus canciones más sentidas y emocionantes, aunque resultó complicado sacarle todo su jugo en las condiciones algo menos apropiadas para esto que presentan las salas con un aforo que supera lo establecido. El público viene a escuchar, sí, pero en los momentos íntimos sigue resultando difícil callar más de una boca, lo que nos dejó con ganas de volver a escuchar todo el potencial de esta canción en la intimidad de nuestro hogar. Mucho mejor a solas. Con la instrumental "Mineral", el resto del grupo retomó el escenario ocupando los puestos alrededor del líder de esta particular empresa, en una apretada línea frontal, aprovechando además para intercambiar instrumentos entre ellos y arremeter "Collar" con bastante más cuerpo que en su versión original.

Intuíamos que esta peculiar fiesta estaba en su recta final, pero hasta este momento todo había sucedido muy deprisa y ni siquiera Carlos nos había dedicado unas palabras de agradecimiento a los presentes. Éste fue el momento. Aprovechó para despedir su gira de salas y agradecer a todos los que la habían hecho posible. A su equipo, sus músicos, todos los que han creído en él y, sobre todo, a su público, el que le hace sentir cada noche un privilegiado. El resto vino de la mano de una de las canciones más fascinantes que he podido escuchar en mucho tiempo, la infalible "Importante", que sonó estratosférica, seguida de "Velocidad", con su ritmo adictivo desde la contención, y la épica que desprende "Rocíos".

Sin bises, que para eso se trata todo esto de un espectáculo bien calculado donde las canciones describen un viaje lírico y estético en sí mismas, fue el turno de la autobiográfica "Peregrino", un tema redondo, sin fisuras y absolutamente revelador. El público se aferró a su estribillo para alargarla más de la cuenta y la banda respondió con una entrega de leyenda, aunque todavía quedaba cuerda para elevarnos más si cabe con el sucio riff de "Páramo" y su referencial letra que vino de la mano de una grata sorpresa para poner la guinda a este trance coral. El rapero Kase O. apareció en el escenario y se marcó una improvisación que casó a la perfección con esa forma de encarar las estrofas por tantas veces casi recitadas por el propio Carlos Ares, y que aquí se transformaron gracias al verso preciso del músico del barrio de la Jota. Una despedida por todo lo alto, con Kase O. en el escenario, los músicos pletóricos y el propio Carlos enormemente agradecido y visiblemente emocionado, quizá por ver todos los frutos que está recogiendo de esta gira tan gratificante que termina (transformándose ahora en múltiples participaciones en festivales y un madrileño Movistar Arena en el horizonte). Lo que quedó en las tablas de la Oasis fue mágico, una obra efímera pero imperecedera. Más pronto que tarde presumiremos de haber estado ahí. De haber sido testigos del nacimiento y consolidación de un músico tan inclasificable como auténtico, y de unas canciones tan consistentes como pioneras. Entramos en la boca del lobo, pero salimos enteros y renovados, como peregrinos que alcanzaron su meta. Y con ella, la gloria.

The Wild Horses: "The Last Bullet"


Por: Txema Mañeru. 

La verdad es que nos han hecho sufrir demasiado tiempo sin sus canciones. Parece que la pandemia les dejó descolocados. Ahora han regresado y nos han vuelto a dejar con ganas de más (tan solo 10 canciones), pero eso nos es malo. Este gran grupo de “AmericaÑa” se formó casi hace 15 años y fueron pronto consagrados en su estilo al ganar el premio al mejor grupo de americana del año (2013, creo) en el programa “Toma Uno” del experto en la materia Manolo Fernández. Posteriormente se consagraron en el simbólico Huercasa Country Festival.

Siempre han sido muy queridos en su mundillo y también en el del rock’n’roll en general. De hecho, ya en 2018, en su tercer disco, “The Wild Horses & Friends”, o en su directo “Stampede”, se rodearon de grandes como Kacho Casal (batería de Burning que sigue colaborando en su nuevo disco) o Carlos (Burning). Pero es que también han estado cn ellos Javier Andreu (La Frontera), Ramón Arroyo (Los Secretos), Susan Santos o compañeros en su sello (TWH Records) como Chisum, Dany Rock Daniels o Suso Díaz. Su amplio reconocimiento también ha llegado desde el otro lado del charco con los premios del Texas Sounds International Country Music Awards o de la Line Dance Association.

Sus buenas y personales versiones de grandes del género como John Hiatt, la Creedence, Tom Petty, John Mellencamp, Graham Nash, Bob Dylan o la Carter Family, entre otros, han demostrado la buena base musical que han tenido. Por supuesto, también su adorado Gram Parsons, de quien han tomado su nombre por el preciosotema que les robaron los Rolling Stones, aunque la hicieron muy chula. 

Bases que se notan en este nuevo y muy esperado trabajo que comienza de manera genial. Lo hace con un rudo country-rock titulado "Someone" con buenos coros y riffs potentes. Además el primer gran estribillo y la preciosa lap steel (también toca mucha y hermosa pedal steel a lo largo del disco) de Jonathan Colombo. En las composiciones vuelve a ser protagonista el guitarrista Rafa Aguilar que también comparte las buenas voces solistas con David, muy bien también con las ricas y abundantes guitarras. "I Wanna Leave My Boots Beside Yours" es puro country-rock con esa citada y deliciosa pedal steel, con buenos punteos y otro logrado estribillo. Sigue cantando muy bien Rafa un "Don’t Lie To Me", que pudiera haber firmado Dwight Yoakam. en su ascercamiento al rock’n’roll trotón y los riffs de piano y guitarra. A continuación llega el primer y precioso single del disco, "The Bar of The Broken Hearted", compuesto a medias entre Rafa y Javier Vargas, y excelentemente cantada por David. Mola esa guitarra de tonos graves a lo Johnny Cash y ese fronterizo acordeón. Una preciosa balada con estupendos coros y con unas guitarras crepusculares que recuerdan mucho a Chris Isaak o incluso a Nick Waterhouse. Cierran la cara A con una distendida (como indica su título) "Girls Want Cowboys". Otro tema para bailar con pegadizo estribillo y aires entre Johnny Cash o el mismísimo Garth Brooks. Buenos punteos de alguno de sus destacados guitarristas.

La cara B comienza con una adaptación del atrevido tema de su amigo Nacho Béjar, "Por El Camino Estrecho", al que le dan un aire muy cercano a Gram Parsons en su arranque, pero también, a Flaco Jiménez, Los Lobos o Ry Cooder. Romanticismo y atrevimiento que se adorna bien con la pedal steel y esa chula mandolina de Pedro. Béjar trabajó hasta para Antonio Vega y este tema es una chulada que pasó injustamente desapercibido y cuya letra ha sido adaptada para pasar a territorio Wild Horses. Arranca también en plan balada Eagles o Poco "What I’ve Been Missing", pero luego se acelera y meten más ritmo y coros como hacían también estas dos bandas gigantes en el estilo. Los punteos agudos sobre la pedal steel son una absoluta gozada. Vuelven a relajarse con "Ivonne (Pibón)" con humor y fiesta al estilo de Los Lobos y hasta con adecuados coros femeninos. También es pegadiza para bailar "Simple Country Boy" con sus finísimas guitarras y, de nuevo, destacados coros. Finalizan con una versión en inglés del "Sobreviviré" del Dúo Dinámico convertido en "We Will Stand Tall" y hecha más enérgica y guitarrera. Se acerca al "I Will Survive" de Gloria Gaynor, pero en su clave (buena) country. 

La foto y el diseño de la portada de Juan Pérez-Fajardo no hacen sino enmarcar un estupendo disco repleto de buenas canciones. ¡A ver si pueden girar por muchos lugares con este trabajo tan guapo y de sonido tan internacional!

Bernal: “Hemos tratado de plasmar las vivencias de estos últimos años desde una perspectiva distinta”


Por: Javier González. 
Fotografías: D'Amatinada Studi.

Ojito con Bernal y su “Vida y Milagros”. Lo vamos a definir en pocas palabras: entra directo y es adictivo. Sus letras son viscerales y cristalinas, no buscan edulcorar la realidad, transmiten sensaciones sobre un día a día crudo, a ratos casi doloroso. Y lo hacen jugando con las intensidades y ambientaciones, a veces susurran y si es necesario lo gritan. No dudan en poner el dedo en la llaga, mitigando la pena y generando un sentimiento de absoluta empatía. Oscuridad, pop y emo, pero ante todo mucho sentimiento y cotidianeidad. Seremos sinceros, no los teníamos en el radar, tras dedicar unas cuantas horas a su música dudamos que ahora podamos escapar de su fuerza. 

Semanas atrás nos pusimos en contacto con ellos, personificados en Eduardo Nogués, bajista de la banda, quien de forma sencilla y directa se enfrenta a nuestro cuestionario. Parco en palabras, pero decidido. No hace falta extenderse más, sus canciones ya lo cuentan todo. 

Hace apenas unas semanas veía la luz vuestro nuevo álbum, “Vida y Milagros”. ¿Qué sensaciones tenéis ahora que después de tanto tiempo y trabajo por fin puede ser disfrutado por el público? 

Eduardo: Es una maravilla ver lo mucho que está conectando la gente con el disco. Nosotros ya llevábamos escuchándolo desde hacía mucho y es genial ver cómo “cobra vida” cuando sale. 

Es vuestra segunda referencia en formato larga duración, un número que dentro de la mística que acompaña al mundillo musical siempre ha tenido una especial relevancia. ¿Habéis sentido una mayor responsabilidad a la hora de elaborar estas canciones que en ocasiones anteriores? 

Eduardo: La verdad es que no. Estamos siempre componiendo y dejamos que las cosas fluyan. Ya sea un LP, single, ep… el proceso es el mismo y le damos el mismo peso a todo. 

“Vida y Milagros” es un álbum que en comparación con “¿Qué tal todo allí fuera?” parece una mirada al exterior desde uno mismo, mientras que el anterior era mucho más introspectivo, pese a que también se anuncien tangencialmente algunas temáticas que aquí desarrolláis más. ¿Tenéis la misma percepción? 

Eduardo:
Totalmente. Aquí hemos tratado de plasmar las vivencias de estos últimos años desde una perspectiva distinta, intentando aceptar lo que pasa sin juicio. 

Musicalmente se nota una clara influencia del emo, pero con una apertura de miras bastante bien entendida, donde no faltan temas más introspectivos, tal es el caso de “Dientes”, y canciones que se apoyan en bases electrónicas con total acierto entre guitarras saltarinas como es el caso de “Una amistad perdida”. ¿De qué forma enfocáis el trabajo de las canciones? ¿Hasta qué punto la música de Bernal es heterogénea? 

Eduardo: Sale todo de forma muy natural. Como comentaba antes, vamos componiendo y van saliendo las ideas. No nos sentamos pensando “vamos a hacer un tema más electrónico o más acústico”. Simplemente las cosas salen así. Supongo que como tenemos influencias muy variadas salen ideas de todo tipo.

En “Dolores Marqués” cantáis “independizarse privilegio nacional”, lo que parecería una broma de mal gusto y casi absurda se ha convertido en una dolorosa realidad capaz de sustentar un tema lleno de rabia contra el capitalismo voraz que arrebata la cultura y el sentido de nuestros barrios. ¿Cuánto duele tener que hacer letras así de descarnadas? 

Eduardo: Es una pena, pero nos gusta poder utilizar esta plataforma que tenemos para tratar temas que nos afectan a todos. 

No puedo resistirme a deciros que “Caminos, canales” y su unión a “Puertos” me parece un auténtico bombazo, tanto en su estructura como en lo que cuenta la propia historia. ¿Cómo surgió esta canción/es tan puramente mesetarias? ¿Acaso es una canción de furgoneta y gira? 

Eduardo: En un principio era un solo tema de unos 6:30 que trajo Carlos, pero en el estudio Raúl nos propuso separarla y nos moló mucho la idea que planteó. A nivel letras es exactamente lo que comentas un tema de furgo/coche/tren, básicamente de desplazamiento. ¡Qué guay que te gusten! 

Un tema que creo que además utilizáis de forma circular, cerrando el mensaje que comenzáis a dar en “Invierno en València”. ¿Es así? 

Eduardo:
Correcto. Se trató de dar esa sensación de tener ese mensaje cíclico. De hecho, si te fijas al final del disco hay un sonido de coche y puerta cerrándose, como un guiñito a que se ha acabado el trayecto. 

Por cierto, en el disco no dudáis de rodearos de algunos nombres bastante interesantes de nuestra música más underground como Fin del Mundo y Pumuky. ¿De dónde surgen estas sinergias tan interesantes? ¿Os sentís parte de una misma escena? Si es que las escenas siguen existiendo, porque hoy todo parece mezclarse… 

Eduardo: Fin del mundo es una banda que nos flipa y empezamos a conectar online al ver que teníamos referentes similares. Vimos que eran fans del proyecto y nos tiramos el triple con este tema que creemos que ha quedado increíble. Avo es muy fan de Pumuky y empezaron a intercambiar algunas palabras por Twitter. Nos propuso al resto la idea de colaborar y nos gusta poder tener a alguien de su calibre en nuestro disco. 

Venís de Valencia, una tierra siempre prolífica en lo que a música de calidad se refiere, con una gran heterogeneidad, quizás fruto de aquel maravilloso fenómeno demonizados desde las instituciones que fue “la ruta del bakalao”. ¿Cómo anda actualmente el panorama musical de la terreta? ¿Qué bandas jóvenes no debemos dejar de atender? 

Eduardo: Sentimos que está muy fuerte. No paran de salir bandas/artistas de todos los estilos y es muy gratificante ver cómo está creciendo todo. No os perdáis a garbí, rumores, nuevos vicios, marta vidart, declive, laid… y ¡un sinfín de artistas! 

“Viva Belgrado son una enorme referencia para nosotros” 

Sois un proyecto que poco a poco va asomando su cabeza dentro de nuestro panorama con un gran disco entre las manos recién salido del horno. ¿Qué planes de gira manejáis para los próximos meses? 

Eduardo: Por ahora la idea es girar, girar y girar. Están saliendo varias fechas y estamos muy motivados. Nos gustaría pisar toda la península y ojalá nuevos territorios con este disco. 

¿Hasta qué punto la forma de hacer de bandas relativamente cercanas a vuestra propuesta como Viva Belgrado son un espejo donde mirarse? 

Eduardo: Ellos son una enorme referencia para nosotros, fue una de las bandas que más nos unió cuando empezamos y les tenemos mucho respeto.