¿Cuánto dura la resaca emocional después de un Visor Fest de lujo?


Texto y fotografías: Eva M. Martínez Ribes. 

Justo el viernes pasado empezaba el Visor Fest 2026, segunda edición en La Marina de Valencia, un lugar que se afianza y parece que gusta y mucho (sin desmerecer tierras murcianas), con una duración de dos días, y musicalmente increíble, con unas bandas de lujo que hicieron de este año un cartel inigualable. Todos los que pintamos canas, y otros que no tanto, nos congregamos como fieles camino de la Iglesia a un recinto amable, cercano, un escenario único, fácil de transitar, con gradas para poder sentarte entre concierto y concierto, y confraternizar con el vecino melómano o bien disfrutar del concierto o DJ o de las vistas, con un sonido espectacular este año, mejor que el pasado y sin tantas interferencias por los locales cercanos. Aprueba, pero raspado, el servicio de barra, faltaban manos durante dos jornadas donde el calor apretaba y ganas de calmar la sed había; y aprueba con nota la gastronomía, la limpieza y los baños, y tengo que decir que como mujer no he hecho una sola cola en estos dos días, ¡oh, milagro ! Tiene mucho que ver que el público de este festival es mayoritariamente masculino, y diría que, a nivel de bandas, nos ha faltado más participación femenina, sólo una mujer ha pisado escenario esta edición (tomen nota para el Visor Fest 2027). 

Volviendo a lo que nos ocupa, la MÚSICA, así en mayúsculas, en el Visor este año han sabido incluir en un cartel bandas que obligaban a dejarse caer y disfrutar ambas jornadas. Hemos oído inglés tanto como español, y de la geografía española tanto murciano, valenciano y castellano como asturiano. Tener a bandas que empiezan su gira en España en el Visor como Ocean Colour Scene (¡bravo!) y a los “Manics”, acá Manic Street Preachers, son platos fuertes que han sido cabeza de cartel y han cerrado el escenario cada noche, pero … ¿Cómo dejar de nombrar al resto de grupos de este año? Hemos tenido power pop con melodías entre psicodelia y garage con The Hoodoo Gurus, quienes empezaron con muchas ganas, y su frontman Dave Faulkner, con su camisa azul tornasolada de manga larga aguantó el calorcito y el sol de las 18.30 h y bien merecía una Alhambra bien fresquita. Comenzaron con “A Place In The Sun” , segura estoy de que estuvo dedicada a Valencia, a España, y al Visor Fest, sin duda, y siguieron con muchos y buenos temas , diversos como “Come anytime” , la dulce “My Girl” y la coreada por todos los presentes: “I Want You Back”, acabando con “ 1000 Miles Away” o “Bitterweet” y su maravillosa “ Like Wow - Wipeout”. 

No soy de las que se pone a nombrar todo el set list, así que seguimos con New Model Army y la voz tenebrosa y oscura de un Justin Sullivan al que puedes nombrar maestro de ceremonias y te hace la tarde de principio a fin. Esa voz suya sonaba fuerte y dura, increíble por momentos y con un público entregado, e incluso diría extasiado a tenor de un fan que aguantó de pie a los hombros de sus amigos totalmente poseído. Sonaron “Echo November” y “Here Comes the War” al principio de su concierto, y tras dejar constatado que siguen en plena forma y que Justin tiene ese poderío suyo intacto, llegaron a “The Hunt” o su “Vagabonds” , temazo de los de verdad, ese que me acompañó de adolescente en mi etapa “vilblusera”, aunque aquí serán los residentes/visitantes cincuentones de Vila-Real en Castellón, los que sepan de lo que estoy hablando ahora mismo. Aquellos años de música en garitos, en callejones también bastante oscuros. 

Entre Dj y cambio de escenario e instrumentos llegaron The Damned con su punk-rock y su estilismo que dejó a más de un@ boquiabierto. Menuda planta se gastan todos, estupendos para los años que tienen y diría que ha habido competencia este fin de semana a la hora de vestir con elegancia, Dave Vanian salió con traje, chaleco, guantes y sombrero, impecable. The Damned, pioneros del punk, su “New Rose” se considera la primera canción punk de todos los tiempos, demostraron que la edad no es obstáculo y dieron un concierto impecable de principio a fin. Sonaron “Love song” o “Fan club” , versiones como “White rabbit” de Jefferson Airplane y una conocida por todos “Eloise”, gracias al recordado Tino Casal, que hizo preguntarse a más de uno si era un guiño a nuestro país. Lo bonito de la música es descubrir siempre grupos nuevos, conexiones y coincidencias, enseñarte que no sabes nada en realidad y que abarca un mundo tan amplio y maravilloso que no vas a poder dejar de disfrutarlo nunca. 

¡Cómo no emocionarme en este punto! Por fin llegó el plato fuerte de la noche para much@s. Ocean Colour Scene, el grupo que para muchos hizo que compráramos raudos y veloces la entrada del festival. El Visor Fest ha conseguido tener en su programación el primer concierto de la banda de Birmingham en nuestro país, y eso, eso es un golazo en toda la escuadra que se han marcado este año. No puedo ser objetiva porque es uno de mis grupos favoritos de todos los tiempos, los padres del Britpop para muchos con permiso de los Stone Roses, y volver a verlos después de tantos años, homenajear los 30 años de aquel “Moseley Shoals” del 96 , que con poco éxito me llevé en mi tote bag por si conseguía una firmita de alguno de ellos .. snif.. Aquí hay opiniones para todos los gustos, y es posible que Simon Fowler sea el frontman menos en forma de todos los de esta edición, pero es escuchar su voz quebrada a veces, esa sensibilidad que transmite, que consigue que te emociones en un momento y no quieras que acabe nunca de cantar. 

Esa melancolía de aquellos tiempos pasados junto a las imágenes que iban proyectando en pantalla de ellos mismos en su juventud fueron el broche perfecto. Simon, Steve, Oscar y Damon nos deleitaron con muchos de los temas de sus álbumes “Moseley Shoals” y “Marchin’ Already”. Aquí sí añadiré la setlist que un amigo fotógrafo me dejó inmortalizar para el recuerdo. Sonaron muchas de mis preferidas, como “July” o la certera “Profit in Peace” , la tarareada “Better Day” y ese himno que es “Get Blown Away”. Otra maravilla es “The Riverboat Song” o “Get Away”, y llegar al final con “The Day We Caught the Train” fue precioso. A mí personalmente me faltó “Emily Chambers” o “Jane She Got Excavated” pero son de otros álbumes y no era la noche, pero pudimos disfrutar de “Families” y “Robin Hood” que también tocaron fibra . No puedo terminar esta crónica sin hablar de Steve Cradock, uno de los grandes, de los mejores guitarristas británicos de todos los tiempos, un virtuoso con la guitarra de la que consigue sacar melodías estremecedoras y unos riffs que te dejan con la boca abierta. Steve ha estado muchos años junto a otro crack de la música como es Paul Weller, y oye, a Paul lo podríamos tener el próximo año, ¿no? 

Jornada del viernes finiquitada y opción de seguir la fiesta en sala mítica valenciana había, pero una ya pasa de los 50 y quería estar fresca para la jornada siguiente, una tarde noche de sábado que tenía mucho más que ofrecer y que disfrutar. El sábado empezó caluroso, con menos cola para canjear entrada que el día anterior para los que sólo iban una jornada, pero con las mismas ganas que todos los demás. The Wannadies empezaban puntuales, y eso es otro de los puntos fuertes de este festival, tenerlo todo muy medido, 1 hora y media cada grupo en el escenario, y media hora entre unos y otros amenizada por DJ’s de la talla de Alesa DJ o Mario Oldies. Volviendo a los primeros de la tarde, The Wannadies, sonaron dulces y facilones, me recordaron a una banda de shoegaze que amo sin reparos y que cuenta entre sus filas a otra gran dama, y digo esto porque Christina Bergmark fue la única mujer en pisar el escenario del Visor Fest este año, y eso .. eso hay que arreglarlo para la próxima edición. Además derrochó simpatía y pudimos verla después en una foto con otro músico murciano, Cobarro, al que seguimos desde que coincidimos en Murcia hará un par de años ya. De los suecos The Wannadies destacar sus temas más conocidos para el público español, “You and Me Song”, la divertida “It’s You” y para su frontman sueco Pär Wiksten su canción “Someone Somewhere” aunque para mi grupo festivalero “It’s You” sea nuestro top one. Simpático este Pär que hasta intentó hacer una coreografía y que bailáramos con los brazos arriba. 

Después vino otro de los conciertos más bonitos del festival este año, Gene, por lo menos para mí, que no los tenía tan controlados y me parecieron sublimes. Martin Rossiter es elegante como ninguno, y la mar de simpático, que se dió una vueltecita previa al concierto y dejó unas bonitas palabras en redes. Le acompaña otra guitarrista de aúpa, Steve Mason, y una banda que ha dado su único concierto en España en este festival. Entre mucho inglés en el público me atreví a irme hacia el front stage, y poder ver como Martin se atrevía con los teclados con su camiseta rosa (¿diría que futbolera?) desde bien cerca. Sonó para abrir el concierto “Be My Light, Be My Guide” y una mezcla de temas de su amplio repertorio con las magníficas “Where Are They Now” , “Yours For The Taking” o “Haunted By You”. Tengo devoción por las guitarras y bandas guitarreras, tengo que reconocerlo, así que me voy directa a Ride, el Santo Grial. Cada vez que los veo me gustan más, creo que les pasó a muchos por los comentarios compartidos y fue el plato fuerte del sábado noche. Me arriesgaría a decir “el concierto” del Visor Fest ‘26. Ride hizo todo, de principio a fin, intensidad, sonido impecable, ritmos acelerados y contundentes, envolvieron aquel recinto entero dentro de su propia vorágine. Una maravilla los de Oxford. Setlist de ensueño que, de nuevo, un fotógrafo ahora inglés me dejó inmortalizar, con temas como “Monaco” y “Like A Daydream” para empezar , mucha tela por en medio, y unas “Taste”, “Vapour Trail” y “Seagull” de seguido para terminar con “Drive Blind” y “Chelsea Girl”. 

Y llegaron los Manic Street Preachers, los Manics. James Dean Bradfield, que parece que tiene 30 años por la energía que transmite y porque no para de moverse y girar de aquí para allá, Nicky Wire con su estilazo, y Sean Moore redondeando el trío, aunque apareció un joven en escena del que no conozco nombre que cantaba y hacía coros a la par que tocaba la guitarra. 

Los de Cardiff son batalleros, reivindicativos y críticos con la situación general que vivimos en este mundo. Sus letras y su actitud lo demuestran, los gráficos en pantalla con mensajes y proclamas bien directos no dejaron indiferente a nadie. El mensaje de Agatha Christie que apareció en pantalla era claro. Abrieron con “Motorcycle Emptiness”, “Ocean Spray” y “Decline & Fall”. Recordaron al desaparecido Richey Edwards, y sonaron muchas y buenas, entre “Everything Must Go”, “You Stole The Sun From My Heart” o “No Surface All Feeling”. Entonces fue el bajista quien nos deleitó con una de Echo and the Bunnymen y otra de Blondie, para meterse ya de lleno el grupo entero en “A Design for Life”, otro de los temas de su magnífico LP “Everything Must Go”. James se quedó sólo entonces y tocó un par de temas demostrando su capacidad vocal y su magnífico estado de forma, para comenzar en solitario con “Everlasting” en medio de un escenario que pronto llenaron sus compañeros de filas y que sonó apabullante. Tocaron de sus primeros discos un par de canciones para volver a jalear al personal con la conocida y popular “Your Love Alone Is Not Enough” que compartieron hace ya casi 20 años con Nina Persson de The Cardigans. Nos adentramos en la parte final del concierto con temas como “Die in the Summertime” o “You Love Us” para terminar con, yo diría, el único bis en todo el fin de semana, su himno “If You Tolerate This Your Children Will Be Next” . Ante las injusticias que vivimos en este mundo a diario qué necesaria se hace esta canción y su mensaje, que trasciende y deja apartada de un plumazo cualquier ambigüedad. Acción/Reacción. Al lado del recinto, en el puerto, se encontraba el barco de Greenpeace, Artic Sunrise, que parecía que acompañaba a los Manics con sus canciones tan necesarias como reivindicativas. 

Un maravilloso final de festival para un Visor Fest que afianza su propuesta en La Marina de Valencia y del que deseamos saber ya pronto alguna noticia de su cartel 2027. ¡Resistan hasta entonces!

“Gravest Gravy": The Cramps recuperan el pulso de la actualidad


Por: Ricardo Virtanen. 

En febrero de 2009 moría Lux Interior (Erick Purkhiser), a los 62 años, líder de The Cramps, una de las bandas más influyentes del Psycho y Punk internacionales. Y en ese momento se daba por concluida la trayectoria de esa banda que se había formado en 1976, cuando nacía el punk. Mezclaron rockabilly, punk, garaje y rock’n roll de una manera tan peculiar que no tardaron, a principios de los ochenta, en ser uno de los grupos referentes del Psychobilly internacional. La formación en un principio la integraron Lux Interior (Erick Purkhiser) y la gran guitarrista Poison Ivy (Kristy Mariana Wallace), también bajista, un dúo que se conoció en la universidad de Sacramento, hacia 1973, cuando crearon una unión indisoluble. Ya en New York, se sumaron Nick Knox, a la batería (que sustituía en julio del 77 a Miriam Linna) y Bryan Gregory, a la guitarra. Por supuesto, The Cramps grabarán y actuarán sin bajista hasta 1986, cuando fichan a Candy del Mar, siendo Sean Yseult el último de sus bajistas.

Sin duda, esta primera formación marcó un antes y después en la escena neoyorquina del punk en 1976, cuando se crean como banda, y aterrizan en la ciudad cosmopolita. Allí tocan en las salas míticas CBGB, Max’s o Club 57. Desde 1977, Alex Chilton se erige como productor de la banda, un músico que a los 16 años había formado el grupo Box Tops en 1967, representantes del estilo blue-eyed soul. En 1979 los ficha Miles Copeland Jr. (mánager de The Police y padre del baterista) para I.R.S. Records, cuyos dos EPs titularon “Gravest Hits”. En Europa telonearon a The Police (1979) y en 1978 tocaron en un Hospital psiquiátrico en California (existe un impresionante vídeo). En 1980, salía su primer LP: “Songs the Lord Taught Us” (1980), donde ya se vio de qué pie cojeaban The Cramps: psychobilly, horror rock, gothabilly, garaje, punk, surf, psicodelia... En 2003, tras doce discos, aparecía su último trabajo de estudio: “Fiends of Dope Island”. Aún así, verían la luz hasta hoy los trabajos “How to Make a Monster” (2004) y “Zombie” (2013).

Pero regresemos a 1977, en la prehistoria de la banda de California. Un año después de su nacimiento, Poison Ivy y Lux Interior. conducen a The Cramps a los Ardent Studios en Memphis, de la mano del citado productor Alex Chilton, quien grabó de un tirón (o sea, en directo la mayor parte) todas las canciones que la pareja se sabía (propias y covers). Allí surgen algunas de las canciones que posicionarán a la banda entre los grupos más relevantes de la escena neoyorquina. Pero por causas desconocidas, “Gravest Gravy” es un trabajo que se queda en la línea de salida. Contiene 12 temas, y ahora es presentado con la publicidad de “Disco perdido”. En realidad son tomas de canciones que no convencieron en su momento (tanto a productor como a Erick), y que algo más tarde fueron completando sus tres primeros discos. También grabaron con Chilton más material, como las canciones “Surfin Bird” o “Human Fly”, o los EP’s de “Gravest Hits” (1979). Se cuenta en alguna de sus biografías que los líderes de la banda mezclaron a finales de 1980 temas de aquellas sesiones de 1977 para crear un álbum, pero aquello no prosperó, y esas bobinas quedaron perdidas hasta hoy. La recuperación se ha dado gracias a los ingenieros Brian Kehew, Henry Rollins y Ian MacKaye. Dada la importancia de la fecha, 1977, y de las canciones que componen este “álbum perdido”, comentaremos una a una, atendiendo a su evolución en la carrera de The Cramps, dada la excepcionalidad de las sesiones en los Ardent Studio de Memphis, convertidas ahora en unas auténticas rarezas. 

El primer corte, “Tv Set”, apareció poco después en el primer álbum, ya citado, “Songs the Lord Taught Us”, en 1980. La temática del tema es escabrosa, muy Cramps: un chaval psicótico asesina a su novia. El tema en nuestra versión de 1977 suena más crudo. Desde su inicio, los golpes básicos y primitivos de la batería de Knox abren la canción, a la que se van sumando las guitarras de Poison Ivy y Brian Gregory. A este último se deben dos solos de guitarras desgarradores, que, sin duda, influyeron en su momento de una manera devastadora en la escena musical punk de los ochenta (obviamente en la versión édita de 1980), seguramente utilizando su guitarra Flying V.

“Weekend On Mars”, el segundo corte, composición de Lux y Poison, no se publicó en disco de estudio, pero si bien hallamos una toma posterior en “Smell of Female” (1983), primer álbum en directo de la banda, y además dio título a un directo de 1979 en la prestigiosa sala Club 57 de New York, publicado en 2015 en Radio Silent. La canción es una espléndida muestra de la música de The Cramps. El riff obsesivo de guitarra marca las pautas de un rockabilly muy rítmico. El final del tema se viraliza con un frenético grito de Lux Interior: “Shake it”, que conduce la canción hacia el psycho. La letra del excéntrico cantante nos invita a un viaje psicodélico a Marte. Ni más ni menos.

“Twist & Shout”, tema de Lux Interior y Poison Ivy que tuvo su presencia en discos en directo de la banda no oficiales, como “Live at Irving Plaza 1979” (2015) o “Hit & Run” (1979). En realidad, la canción se titulaba “Please, Give me Something”, aunque se rebautizó de esta manera para hacerla propia, pues era una adaptación de un tema de Bill Allen and the Backbeast. En 1989, en una remasterización de la canción para CD del primer largo, se incluyó una nueva grabación de “Twist & Shout”, más limpia y potente con unos guitarreos más punkis y redondos.

“Jungle Hop” es otro de los éxitos de The Cramps. Apareció en el álbum “Psychedelic Jungle” (1981). Se trata de un cover, esta vez del cantante de los años 50 Kip Tyler & the Flips. En nuestra versión, el ritmo pierde parte de la genial acentuación primigenia (muy Bo Diddley). Resulta interesante el juego vocal de Lux (como es habitual), con el uso de un falsete desquiciado en los estribillos. Se suma de nuevo la colaboración de Chilton (Booker C.) al órgano.

“I Can’t Hardly Stand It” es otro cover de Charles Feathers y Joe D. Chastain y Jerry D. Huffman, un clásico del rockabilly de los cincuenta. Traspasada a The Cramps, se vuelve una canción de “horror rock”, básica y primitiva, recogida después en su primer álbum recopilatorio “Off the Bone” (1983). Antes, en 1980, sirvió de cara B de “Drug Train”, si bien no se incluyó inexplicablemente en su primer elepé. Destacan en esta grabación primigenia las modulaciones de voz del gran Lux Interior, que se acerca bastante a la interpretación original de Feathers (un clásico de la Sun Records), porque la versión de 1977 posee un gran parecido con esta toma, salvando las distancias.

“Hungry” cierra la cara A. Es, de nuevo, otro cover, esta vez de Paul Revere and the Raiders, de 1966 (Tarantino la usó en su película “Once Upon a Time in Hollywood”). Estamos ante un ejercicio de estilo garaje punk, primitivo y psicótico, con uso demencial de la distorsión en la guitarra de Gregory. Alex Chilton se animó con el órgano de nuevo, que le da un aire gótico, muy al estilo de la canción original de Revere.

La cara B presenta en su primer corte “The Natives Are Restless”, el cual aparecerá en el segundo y brillantísimo disco “Psychedelic Jungle” (1981), donde se encontraba la inmortal y actualísima “Goo Goo Muck” (viralizada en redes en 2022). Composición original de Lux e Ivy, en esta toma, la fusión de guitarras de Ivy y Gregory es más que interesante, lo cual, y pese a la toma rudimentaria de 1977, nos sitúa en un futuro “universo sonoro Cramps”. 

“Domino” es otro de los éxitos sin parangón de The Cramps. Composición de Sam Phillips, y gran éxito de Roy Orbison, fue incluida más tarde en el recopilatorio “Off the Bone” (1983). “Domino” es uno de los temas que nunca desapareció de su repertorio. Tenemos numerosas versiones de directos, como el concierto en el Club 57 de New York, en 1979, que da fe el álbum “FM Broadcasts”, o las versiones tempranas incluidas en “Hit & Run” y en “Garbage Brain”. En nuestra grabación de 1977, predomina el uso de las guitarras como elemento rítmico esencial.

“Can’t Find My Mind” aparecerá en “Psychedelic Jungle” (1981), como otras tantas de este disco. Una muy interesante composición de Lux Interior y Poison Ivy, con un riff rockabilly poderoso y un halo casi sicodélico (por el uso de echo en la guitarra), cayendo, cómo no, en una interpretación con vetas punkis. Estamos ante un autorretrato vintage: “Well everything is fine, / but I can’t find my mind”. La versión de 1981 es mucho más redonda que la antigua, pero más lenta, con lo que, a mi juicio, pierde cierta efectividad. “Rockin’ Bones” es otro de los exitazos de “Psychedelic Jungle” (1981). También aparece en algunos directos de 1979, como “Hit & Run” o “I Think I Wanna”. Se trata de otro cover, uno de los hits del gran Ronnie Dawson de 1959. Si bien la composición es de Carter y Nalls. En esta versión de 1977, The Cramps llevan el tema a su terreno: la ralentizan en exceso, batería muy marcada y primitiva, con un uso muy hipnótico de las voces en el estribillo (al repetir de manera obsesiva “Raw Bones”).

“Problem Child” es otro cover del disco. En este caso, The Cramps interpretan una gran canción de Sam Phillips que Roy Orbison, de nuevo, dio a conocer en grabación para la Sun Records Co. (no confundir con un conocido tema de AC/DC). La versión de 1977 es tocada a gran velocidad, con un típico toque gótico que la hace muy atrayente. Se puede escuchar al productor Alex Chilton, de nuevo, tocar el órgano. Hasta donde llega mi conocimiento, no fue grabada en ningún disco posterior, como otras de “Gravest Gravy”, aunque sí ha sido localizada en un directo en el Max’s Kansas City de New York (enero de 1977), de la que existe un vinilo de 2024 en Vengeance Records (sello actual). 

El corte que cierra el disco, “Rocket In My Pocket”, es un nuevo cover, esta vez de Jimmy Lloyd, un cantante y compositor de country y rockabilly de los 50’s. Aquí encontramos rockabilly básico a raudales, donde The Cramps realizan una parodia de sí mismos, con lacerantes riffs de guitarra. En esta toma, ralentizarán la canción, tirándola hacia el psycho, sin concesiones. “Rocket In My Pocket” fue una constante en los directos de la banda en la primera época. Por ejemplo, la encontramos en el disco “I Think I Wanna” (2025), directo grabado en Palo Alto en 1979. Estas dos últimas canciones, pues, representan casi la única novedad del álbum, ya que se conocieron en discos de 2024 y 2025. 

“Gravest Gravy”, pues, no ofrece nada nuevo a los numerosos fans de la banda de California, pero es novedad tras 23 años. No hay ni una sola canción desconocida, aunque dos fueron recuperadas recientemente. Lo cierto es que abre una veta clave para el legado de esta banda inmortal, y para los que quieran empaparse de su primitiva época, absolutamente salvaje, en un año, recordemos, en que The Cramps se forjó teloneando a los mismos Ramones en el mítico CBGB , o a los Suicide en el Max’s. Por cierto, la fotografía de portada de “Gravest Gravy” pertenece a la artista internacional Stephanie Chernikowski (1941-2026), fotógrafa que documentó el punk y la new wave de los 70’s y 80’s en New York. Realizó, además, la portada de “Gravest Hits”, esto es, se trata de una foto de la época primigenia de la banda (1977/1979). En contraportada, una foto del cuarteto en el escenario del CBGB, hecha por David Godlis. Por si todo lo demás fuera poco.

Veintiuno: “Este disco se nutre de pillar a la banda en el momento del final de su adolescencia”


Por: Javier Capapé. 

La actividad de Veintiuno es frenética. La banda toledana lleva casi dos años inmersa en “La Balada de Delirio y Equilibrio”. Su disco más intenso y logrado. Una obra a la que no le sobra nada, pero a la que quizá le faltaba una última vuelta para revisitar sus mayores aciertos y dar cabida a nuevas vías de expansión. Eso es exactamente este “Último Baile”, una celebración y un resumen de todo lo vivido gracias a “La Balada”, de todo el camino recorrido en directo, con su público y, por qué no también, con sus propios creadores. Porque con este disco Veintiuno han crecido, se han hecho mayores, y con esta reinterpretación nos hacen a todos partícipes de ese ascenso, que es en sí mismo una manera de acumular experiencias que incluir en sus próximos bailes.

Conocíamos las interesantes canciones extra de este disco, como “Troya” o “Pide un deseo por mí”, pero el verdadero valor de este complemento de “La Balada” son sus revisiones, de las que se hacen cargo amigos de la escena como Rufus T. Firefly, Repion o Puño Dragón. A todos ellos les han dado carta blanca para introducir sus particulares arreglos en estas canciones y compartirlas con Veintiuno al cien por cien.

Junto a los cuatro miembros de la banda hablamos del proceso de creación de “El Último Baile de Delirio y Equilibrio”, que pone el broche a la historia que comenzó con una canción aparecida en su disco “Gourmet” allá por el 2018 y concluye con la fantástica sorpresa (solo en la cuidada edición física) que es “Magia Negra”, una canción de cierre y a la vez de esperanza, que pone los pelos de punta. No nos olvidamos de sacar a relucir el gran ascenso en directo del grupo, así como lo mucho que puede depararles el futuro, porque está claro que su viaje no ha hecho más que empezar. ¡Bienvenidos al último baile!

Hace unos meses, cuando hablé con Diego por la publicación de “Troya” me aventuré a decir que esto pintaba al “Último baile de Delirio y Equilibrio” por las siglas de los singles, entre otras cosas, pero Diego me dijo que nos contaríais más adelante, que ese no era el momento. Ahora, un poquito más allá de lo que nos decís en la nota de prensa, y aprovechando que puedo hablar con todos vosotros, me gustaría que nos explicarais cuál es el origen de este “Último Baile”. 

Diego Arroyo: No sé si te adelanté algo cuando hablamos de “Troya”, pero entonces estábamos perfilando y ultimando lo que iba a ser la reedición, ampliación y cierre de la historia de “La Balada de Delirio y Equilibrio”. Estábamos seguramente inmersos en ese momento, que por fechas debió ser entre marzo y mayo. Estábamos con todas las sesiones de grabación de todas las colaboraciones. Así que hemos cogido el material inédito en el que ya estábamos trabajando mientras perfilábamos “La Balada”, que al principio dudábamos de si podía tener cabida como una ampliación del disco, como un EP o como singles aislados, y al mismo tiempo hemos recogido una inquietud de la banda que era probar este repertorio, que consideramos que es el más heterogéneo y el que más se ha abierto en la historia de la banda, y ponerlo en boca de colegas a ver qué hacían con él. 

Intuyo que estaríais grabando en ese momento porque fue por esas fechas cuando hablamos, pero ya que ahora sí que se puede contar, me gustaría saber cómo fueron esas grabaciones con todas las bandas que colaboran y también de dónde sale la idea de hacer partícipes a estos amigos en concreto, a estos colaboradores. 

Pepe Narváez: La idea la teníamos hace tiempo, pero no habíamos encontrado el momento idóneo para hacerlo. Sí que es cierto que llevábamos bastante tiempo pensando que estas canciones habían evolucionado desde que hicimos “La Balada”, desde que las grabamos y presentamos hasta que empezamos a tocarlas en directo. Los temas cogen vida, los vemos desde otro punto de vista y, de pronto, vimos que teníamos la oportunidad de cerrar este capítulo con un doble vinilo, que Diego ha tenido la valentía de ilustrar a mano. Y además de eso, tenemos un montón de amigos con los que, por agendas o por suerte divina, pudimos encerrarnos a reabrir los temas desde cero, ver cómo era su propuesta artística y que nos dejaran meternos entre los huecos y hacer las versiones que ahora se pueden escuchar. 

“Tenemos un montón de amigos con los que, por agendas o por suerte divina, pudimos encerrarnos a reabrir los temas desde cero” 

Os confieso que cuando veo el setlist del disco, y descubro que están las nuevas canciones que ya conocíamos y que el resto son colaboraciones de otras canciones que ya estaban en “La Balada” me quedo un poco parado y me echa algo para atrás, pero luego, cuando me pongo a escucharlo, descubro que hay una libertad total, algo realmente nuevo e interesante. ¿Ha habido carta blanca plena para estos artistas que colaboran aquí? Porque al final es lo que realmente más nos llama la atención del disco. 

Diego: Yo quiero saber quién te echaba para atrás al leer la lista de colaboradores. 

No, no me echaba para atrás ningún artista. Lo que me echaba para atrás era pensar que las canciones que me faltaban por escuchar eran colaboraciones. 

Yago Banet: Ha habido carta blanca en cuanto a que cuando nos hemos encerrado con Repion, con Puño Dragón o con Rufus T. Firefly les hemos planteado que hicieran cada canción como si fuera suya. Con “Armadura”, por ejemplo, ha sido súper estimulante que Víctor Cabezuelo, que nos parece una gran entidad de la música de este país, se imaginase esa canción como un mix de Kevin Parker y Dua Lipa. 

Justamente “Armadura” es la canción que a mí más me vuela la cabeza porque Rufus T. Firefly también me encantan, pero es que además se la llevan totalmente a su terreno. Cuando escucho esa canción por primera vez es cuando pienso que en este “Último Baile” hay mucha tela. 

Rafa Pachón: Sí, de hecho nosotros siempre hemos sido fans del proyecto, lo seguimos desde el principio, hemos visto cómo han cambiado de miembros, cómo han sacado sus propios discos produciendo a su manera… hemos visto cómo han ido creciendo, al fin y al cabo. Muchas veces comentábamos que son un ejemplo de cómo tiene que llevar su carrera un grupo e intentar aguantar, porque es muy difícil tener un proyecto de música extendido en el tiempo. En el momento en el que Víctor nos comentó que tanto él como Julia se sumaban, porque en la canción hay también una parte de la batería que la grabó Julia, que consideramos que es la mejor batería que hay en España, nos hizo tanta ilusión que, como te ha dicho Yago, les dimos carta blanca absoluta para que hicieran lo que quisieran hacer y hasta donde ellos estuvieran dispuestos. 

Hay más cosas que me han encantado, aparte de esta canción, porque dándole vueltas a las versiones, por ejemplo, con Puño Dragón encuentro algo que me fascina y es el complemento de las voces. La de Diego, que es una voz mucho más sedosa frente a la crudeza de los asturianos. ¿Cuántas veces construís las canciones o los arreglos en base a esa parte vocal, que es el alma? 

 Diego: En el caso de la sesión con Puño Dragón ocurrió muy parecido a la de Rufus. Fue un campamento, unas jornadas de convivencias. Yo ya había cantado con Rafa (Tarsicio) y es cierto que por la idiosincrasia de mi voz y de la suya habíamos comprobado que quedan muy bien juntas. Ahí fuimos un poco zorros porque tú sabes de qué fuente beben sus sonidos las bandas que te flipan y dónde esos sonidos pueden enganchar con los tuyos. “Nuestra parte de noche” es una balada soul que puede conectar con mucha facilidad con referencias más o menos evidentes que tenemos en común Puño Dragón y nosotros. Pero claro, cuando yo estoy pensando en John Mayer, les paso la canción, y Rafa me dice que le recuerda a Gary Clark Jr. entiendo por dónde vamos a ir. Eso es justo lo que quería, pasarle algo con lo que vibrara. Así que nos sentamos con ellos una jornada de estudio a grabar desde cero la canción. Lo que hicimos fue ponernos a tocar juntos los músicos de las dos bandas y elegir qué tomas se quedaban. Fue una jornada particularmente estimulante, la verdad. 

También es muy estimulante “Mitología”. En ella Grande Amore da una vuelta de tuerca a la canción. Nuno Pico incluso produce también el tema y le da un aire totalmente nuevo. ¿Puede estar por ahí una nueva meta por explorar para Veintiuno? 

Pepe: Pues sí, la verdad es que ésta ha sido una de las grandes sorpresas de este flujo de trabajo. Darle las pistas a una persona que trabaja sola en su habitación y que nos mande el resultado directamente. Nuno nos dijo hacia dónde quería llevar el tema y nosotros pensábamos si sería capaz de hacerlo, pero vimos que sí que lo era, además de que el proceso ha sido precioso y el resultado es muy impactante. Creo que nos lleva a un sitio donde nosotros nunca hubiéramos llegado con nuestras herramientas. 

Aparte de la producción de Nuno en este tema, ¿habéis contado con más productores o habéis seguido con los vuestros de siempre, con Tato Latorre y Santos & Fluren? 

Yago: Tienes otros dos ejemplos de esto, como el remix de Dj Nano o el de Xas. La manera de currar con ellos ha sido muy parecida a la que hemos tenido con Nuno, de Grande Amore. Nosotros les hemos pasado las pistas y les hemos dicho que tenían el tema abierto y nos han ido pasando propuestas que, obviamente, nos flipaban. Cada una era más estimulante que la otra. Esa ha sido la manera de trabajar con ellos. 

Bueno, con Xas hay un poco de truco porque también es parte de la banda. 

Diego: Sí, es gracioso porque él conoce todos nuestros entresijos y sabe qué arreglos nos emocionan más. 

“El arreglo que escuchas es el año de rodaje que han tenido esas canciones” 

Hay dos canciones, como “Estarás” con Malmö 040, que casa más con vuestro pop épico, y “Perder los modales” con Repion, que tratan la canción con un punch mucho más potente. Siendo las que menos difieren, creo yo, del concepto de las canciones originales, aportan algo indefinido que las hace nuevas. Darme una pista de qué es lo que aportan realmente, más allá de esto que he podido apreciar. 

Diego: Aportan mucho porque no todo lo que se aporta es musical. Hay un montón de conversaciones y charlas con los colaboradores que te enriquecen y te dejan pensando tiempo después de que hayas terminado la grabación que son extramusicales y, a la vez, son musicales. No sé cómo explicarlo. Las dos canciones que has citado, en concreto, no solo se nutren de los colaboradores, se nutren también de que el arreglo que escuchas, que es lo que las diferencia de las versiones de “La Balada”, es el año de rodaje que han tenido esas canciones. “Perder los modales” ha sorprendido a mucha gente por lo rockera que suena, pero es que en el directo de Veintiuno suena así. Lo que pasa es que una vez la canción ha pisado un montón de escenarios, ha sido tocada en festivales, ha cogido músculo… volvemos a grabarla, evidentemente las hermanas Iñesta se suman a eso, pero partimos de la base de que le estamos dando muchísima cera en directo. Y con “Estarás” ocurre igual. Hemos regrabado las voces y parte de la batería, precisamente porque la canción ha ido mutando con el transcurso del tiempo. Es que desde que lanzamos “Estarás” hasta que ha salido “El Último Baile”, puede que haya habido sesenta o setenta conciertos. 

Precisamente ahora iba a preguntaros por los conciertos, porque ya conocíamos las canciones no reinterpretadas de “La Balada”, gracias a los adelantos del “Último Baile”, pero el otro día pude estar en el Vive Latino, en Zaragoza, y comprobé la potencia de vuestro directo, pero sobre todo pude ver que esas nuevas canciones, como “Troya”, ya son clásicos que casan perfectamente con lo anterior y han sido asimiladas por vuestro público. ¿Cómo sentís esas canciones funcionando en directo? 

Rafa: Esto es algo que venimos haciendo de una manera muy consciente desde que terminamos “El Arte de Perder” y empezamos a hacer “La Balada” y es que todo tuviera un carácter que se asemejara más a la banda en la que nos estábamos convirtiendo poco a poco. Veintiuno es un proyecto que ha girado mucho desde siempre, sobre todo en estos últimos cinco años. No hemos parado de girar y hemos tenido la suerte o fortuna de subirnos a muchos escenarios de festivales y poder tocar en muchas salas. Cada vez viene más gente a los conciertos y, al final, se crea una energía en nuestros shows de feedback del público o de cómo la gente recibe nuestra música, y eso va modificando la propia tocata y la forma de interpretar las canciones que nosotros siempre hemos tenido. Así que “La Balada” la grabamos a través de esa propia energía y filosofía, que fue como un paso más dentro de nuestro sonido, y “El Último Baile” todavía más, porque aquí hemos cogido canciones que estaban grabadas en “La Balada” de una manera y las hemos acabado interpretando de una forma mucho más rockera, mucho más enérgica. 

Hay una canción que es fantástica y me ha cautivado. Además no la tenemos en la versión digital, pero sí en el vinilo. Estoy hablando de la sorpresa de “Magia Negra”. No sé si me equivoco, pero parece que esta canción resuma todo el viaje que comienza desde que lanzáis la canción de “Delirio y Equilibrio” en el disco “Gourmet”. ¿Qué queríais plantear, un resumen de lo acontecido, un cierre o una puerta abierta a lo que queda por venir? 

Diego: Creo que todo el disco es un bucle cerrado, bueno no es un bucle, es una cinta de Moebius, porque si lo miras desde arriba parece que es un bucle, pero en realidad se está moviendo. Lo que intenta contar en la relación entre las dos personas que describe es un viaje que, con suerte, con fortuna y brindando al sol, no acaba, porque se acaban prometiendo un último baile con la esperanza de que ese último baile nunca llegue. Me alegra que digas que notas que es un broche o que es algo que se cierra porque esa era su voluntad. De hecho, provisionalmente esa canción se llamó durante muchísimo tiempo “El Último Baile” y el título existió desde antes de la canción. Lo que pasa es que hubo un día en el que sencillamente tenía la idea, que en el fondo es una idea muy deslabazada, de una colección de imágenes, de cosas que para mí conectan con el sitio donde vivo, con lo que yo espero, con lo que deseo y lo que me gustaría llevarme de una época que ha sido compleja para mí, así como la manera en la que quiero recordarla también. Eso es lo que para mí tiene de cierre esta canción. 

La verdad es que a mí me habéis conseguido emocionar mucho con esa canción. Me habíais emocionado mucho con otras, pero esta particularmente me ha encantado. Esa imagen de esperar ese último baile me parece una maravilla. 

Diego: Gracias. 

“Esta reedición dejará testimonio de cómo empezamos a tener la sensación de que nos hacemos mayores” 

Relacionándolo con esa canción, que es también como un regalo para aquellos que tienen la versión definitiva en doble vinilo, quería preguntarle otra vez a Diego por el diseño del disco, precisamente. Un diseño que hace todavía más especial esta edición física. ¿Cómo has dado vida a las carpas de la portada? ¿Qué es lo que quieres representar con ellas? 

Diego: Las carpas tienen muchos niveles de lectura. Uno es que de todas las imágenes que dibujé como boceto para “La Balada” las carpas han sido el motivo más recordado. Idea de nuestro mánager, que eso sí que conviene recordarlo. Cuando le conté la idea de dos personas que se están buscando me dijo que a él le llevaba muchísimo a la imagen de las dos carpas koi que nadan en círculos, pero no se tocan. Buscábamos imágenes duales y ésta fue la clave. Esa imagen ha ido cobrando fuerza, como las cosas que de pronto parecen explicar mejor de lo que tú puedas contar la idea que intentas transmitir. El diseño en concreto viene de una colección de dibujos muy heredera de pequeñas instantáneas de dibujo al natural, algunas lo son, de hecho, o son relecturas de dibujos al natural de sitios en los que he estado en los últimos años o de cosas que he visto. Imágenes que se me han quedado en la cabeza o que tienen que ver con las canciones. He tenido el tiempo y la fortuna de poder dibujarlas y eso es lo que ha acabado siendo el diseño. Al final este disco se nutre mucho de pillar a la banda en el momento del final de su adolescencia, ¿sabes? El grupo ha trabajado mucho estos dos años, muchísimo, más que nunca. Hemos aprendido muchísimo y este disco cierra una etapa en la que hemos ido como caminando a trompicones y corriendo como potrillos hasta llegar a un sitio en el que, de pronto, nos damos cuenta, cuando miramos atrás, de que hemos construido una identidad artística, sonora y visual, además de una manera de trabajar. Así que, si tenemos suerte, esta reedición dejará testimonio de eso, de cómo empezamos a tener la sensación de que nos hacemos mayores. 

Es inevitable preguntar ahora si al llegar el final de la gira, este “Último Baile” llega también a su final o si vais a estirar este “Mitología Tour” en América. 

Yago: Justo en noviembre volvemos a México. Empezamos ahí en febrero y este noviembre tenemos la gran fortuna de que un festival de Puebla se ha interesado por nosotros, así que aprovecharemos para hacer también una fecha en México. Sí, este disco nos ha llevado bastante lejos y queremos seguir experimentando por Latinoamérica. 

Imagino que cuando terminen esos conciertos de Latinoamérica se cerrará el capítulo. 

Yago: La sensación que tenemos la banda es esa. Como te ha dicho Diego, este sería el fin de la adolescencia de Veintiuno y huele a un cierre. Vamos a terminar los conciertos y supongo que nos pondremos a pensar en qué es lo siguiente que queremos hacer. 

“No sé qué haremos en el futuro, pero lo que sí sé es que estaremos trabajando”

Si la adolescencia ha dado esto, el paso a la juventud puede dar algo también muy bueno, esperemos. 

Pepe: Efectivamente. Siempre decimos que una cosa es parar de tocar y otra parar de trabajar. Somos unos locos empedernidos de esto y estamos siempre con un pie en el presente y otro en el futuro, así que no sé qué haremos en el futuro, pero lo que sí sé es que estaremos trabajando. 

Si ya no hay “Delirio y Equilibrio”, aunque los sigamos teniendo en nuestras cabezas, ¿en qué estáis pensando ahora después de este año tan intenso? 

Diego: En cuándo terminamos de tocar para estar con la familia. 

Rafa: A nivel creativo todavía es pronto como para pensar en algo que pueda ser el siguiente paso, aunque evidentemente Diego sea una persona que siempre está alimentándose de la realidad que le rodea, de las películas que ve o los libros que lee. Eso es como algo constante en él, pero creo que todos necesitamos terminar esta etapa y dedicarle tiempo a otras cosas que son muy importantes, porque al final llevamos girando sin parar mucho tiempo y seguro que también va a ser muy beneficioso para el siguiente disco que hagamos respirarlo, pensarlo, ensayar juntos y dedicarle el tiempo que muchas veces no hemos tenido para otros trabajos de la banda. 

Bueno, igual nos habéis dejado miguitas en el camino que no sabemos y luego dan forma a ese disco. Igual en estas canciones ya hay algo del siguiente. 

Diego: No se sabe. 

Os deseo lo mejor en México con el fin de la gira. Enhorabuena por esta edición del disco, que me ha cautivado de verdad, y a Pepe en especial porque me enteré el otro día que vas a ser padre. 

Pepe: Muchísimas gracias. 

Que os vaya muy bien con todo lo que viene por delante. Gracias a todos. 

Diego: Gracias. Un abrazo

Antonio Jesús García y Ramón García: “Fantasía Occidental: Silvio y Sacramento, rock bajo palio”


Por: Javier González. 

El pasado 1 de octubre se cumplieron 25 años de la muerte de Silvio Fernández Melgarejo. Figura sin par dentro de la escena musical estatal, venerado y amado sobre todo en Andalucía, la tierra que le vio nacer, donde su peculiar forma de ser le granjeó la condición de mito mucho tiempo antes de elevarse a los cielos para ocupar lugar en el panteón de rockeros ilustres, título otorgado por aclamación popular, sin la necesidad de que sus anárquicas giras visitaran lugares recónditos ni fueran dejando a su paso rimbombantes “sold outs”, demostrando que la autenticidad y el carisma natural pueden tener más peso en el imaginario popular que un puñado de frías cifras. 

Era por ello necesario acercarse en las últimas semanas al fenomenal libro firmado por Antonio Jesús García y Ramón García, “Fantasía Occidental: Silvio y Sacramento, rock bajo palio”, editado por Efe Eme, donde con acierto y un innegable toque de gracejo, se repasa la biografía del músico sevillano, centrándose en la génesis, desarrollo y posterior gira de la obra cumbre de su discografía, a la que se alude en el título del libro, perfecto complemento de aquel otro volumen, lejano en el tiempo, que rezaba, “Silvio, Vengo buscando Pelea”, escrito por Alfredo Valenzuela, que ya hiciera las delicias de todos lo que profesamos la fe de nuestro rockero más italianizante y cofrade. 

La obra no pierde la oportunidad de enfocarnos al grandioso Silvio en toda su andadura, desde los tiempos de los X-5, con los que atacaba versiones de The Shadows, una de sus grandes referencias, pasando por Los 5 Mercury, donde se referían a él como “un grandísimo batería, elegante y contundente”, con los que tuvo la oportunidad de hacer una estancia prolongada en el Hotel Carihuela Palace de Torremolinos, el Hamburgo español que posibilitó que muchos nombres míticos comenzaran a foguearse en actuaciones noche tras noche; tampoco deja de lado el posterior paso por los Murciélagos, donde coincidió con otra figura seminal como la de Gualberto García, rematando con su aparición en otros dos proyectos, estos sí más reconocidos históricamente como Gong y Smash, ejerciendo como bajista en los primeros y convertido en una suerte de percusionista/showman en los segundos, dando muestras de estar dejando atrás una supuesta timidez que jamás volvería a aparecer en escena y de un notable pulso cargado de swing de sangre ardiente. 

Ni tampoco mirará a otro lado a la hora de citar los grandes abismos que estuvieron a punto de acabar con su carrera, como cuando tras contraer matrimonio con Carolyn William, una aristócrata británica, y asentado en Marbella, comenzará a dilapidar el dinero de la asignación de esta, sonada es la anécdota de aquel viaje en compañía de un buen amigo donde se dedicó a coger vuelos sin abandonar los aeropuertos, conducta que acabaría provocando su divorcio y lo más doloroso para él, tener que alejarse para siempre de su hijo Samy, un golpe que sumado al posterior suicidio de su hermana en 1973 a punto estaría de acabar con la trayectoria musical de Silvio, hechos que bien podrían servir para dar respuesta al motivo de su carácter taciturno, depresivo y a ratos melancólico. 

Por suerte en su camino se cruzará con la figura de Pive Amador, quien organizará un homenaje a Silvio, donde éste ejercerá por primera vez como frontman, mientras va ganando confianza tocando junto a Luzbel hasta el punto de abandonar las baquetas, a las que pasaría el recientemente fallecido Antonio Smash y posteriormente el citado Pive, naciendo así Silvio y Luzbel con quienes grabaría “Al Este del Edén”, producido por el recientemente fallecido Ricardo Pachón, comenzando a engrandecer su leyenda en el marco de la “Gira Histórica”, en la que trabaría buena amistad con Kiko Veneno y María Jiménez, anticipando lo que vendría después con proyectos como Barra Libre, donde comenzó a ser mitificado en Sevilla, mientras en el horizonte aparecían unos Brigada Ligera que serían el germen ideológico y musical de los posteriores Sacramento, donde al genial olfato de Pive Amador, Juanjo Pizarro y Miguel Ángel Suárez, acabaría por sumarse Andrés Herrera “Pájaro”, en sustitución de Manolo Luzbel, convertido desde entonces en pieza capital de la ecuación. 

Y aquí es donde el libro adquiere una velocidad imparable, recogiendo la química de las sesiones, establecida a partir de las propias relaciones personales involucradas en dar cuerpo a “Fantasía Occidental”, así como un exhaustivo desglose de cada una de las fantásticas canciones que dieron cuerpo doctrinal a tan atemporal, magnifica y colosal obra, donde lo místico y lo profano se funden a las mil maravillas con un pie en la tradición y la vanguardia más anárquica con el innegable sabor de una Sevilla que actúa casi como parte indisociable de la grabación, pues se ve plenamente reflejada en cada fraseo y acorde, aportando tanto talento como chispa, desparrame y absoluta genialidad en una obra sin parangón dentro del rock patrio que solamente podría haberse gestado en la capital andaluza. 

¿Quién en su sano juicio sería capaz de juntar hoy en día a The Platters mientras se entonan los versos del místico San Juan de la Cruz? ¿Quién recogería la rivalidad histórica entre los dos clubes de la ciudad entendida con el desenfado y la ausencia de odios de Silvio a través de los ecos del rockabilly clásico de “His Latest Flame”? ¿Cuántos se atreverían a citar a “La Pura Concepción” en un tema? ¿Cuántas personas osarían adaptar un clásico a la manera más sevillana y cofrade posible, reconvirtiendo el “Stand By Me” en un “Rezaré” que eriza los sentidos y nos pone al borde de las lágrimas tanto a creyentes como a ateos? ¿Cuántos fotógrafos hubieran deseado tomar la instantánea de Silvio en blanco y negro de espaldas, mientras a su pies se congrega una multitud que parece aclamarlo como si fuera directamente “el Santo Padre” recién elegido tras un cónclave vaticano? 

Entre todo lo mencionado, todavía quedará tiempo para pasear el relato por las siempre rocambolescas, inclasificables y espontáneas presentaciones en vivo del imprevisible Silvio, rescatando también declaraciones y palabras de grandes nombres que conocieron al de Los Remedios, de entre las que destaca el bello y sincero texto que aporta el carismático Alberto García-Alix, a colación de su primer encuentro y la posterior gestación del corto “No Hables Más de Mí”, que recomendamos encarecidamente vuelva a ser visionado para comprender la grandeza e ingobernabilidad del nombre que hoy nos ocupa. 

Un maravilloso y preciso relato, un precioso y sentido homenaje en toda regla a uno de nuestros grandes nombres y por encima de todo a una obra sin igual, a la que solamente se nos ocurre calificar, en la mejor tradición del mítico Silvio, robando unas frases que viene al pelo para definir a éste disco… ¿cómo era aquello? “Que estando la voluntad/ de divinidad tocada/ no puede quedar pagada/ sino con divinidad”. Izquierda atrás, todos por igual, vámonos a por una copita de coñac… ¡y a la diestra del cielo con Silvio! Eterno, inclasificable y único. Rey de reyes.

Chencho Fernández comienza su gira de otoño en Sevilla, Madrid y otras ciudades del sur de España


Fotografía: Raisa McCartney.

Cualquier movimiento o novedad de Chencho Fernández nos pone inmediatamente en alerta debido a la admiración que esta revista profesa al músico sevillano. Hace unos meses tuvimos la suerte de entrevistarlo a propósito de la reedición de “Dadá estuvo aquí” y el concierto consiguiente dedicado a su primer disco en solitario, y pudimos constatar que Chencho estaba ilusionado con varios proyectos que se desarrollarían en los siguientes meses. Y así fue: antes de que concluyera la primavera, Sick Buzos, el grupo de Chencho y Javier Neria, emergió por sorpresa de las aguas para entregar un trabajo extraordinario. 

Sin embargo, este renacer no era más que el inicio de una serie de acontecimientos que van a ocurrir en las próximas semanas. Hace unos días Chencho difundió una versión estimulante y actualizada de “Spanish Bombs” de The Clash. “Bombas de España” habría entusiasmado a Joe Strummer y los suyos. La auténtica “bomba” es que Chencho Fernández tiene la intención de realizar varios conciertos en Sevilla, Granada, Córdoba y Madrid durante los próximos meses. 

Esta gira dará comienzo el 17 de octubre en Sevilla en la fiesta de Exile SH Magazine convocada en la sala Even de Sevilla. Estarán sobre las tablas el propio Chencho y la banda Algunos Amigos. Al día siguiente empezará su “residencia” en Madrid. Nada menos que tres conciertos en la capital, en la sala El Rincón del Arte Nuevo, sita en la castiza calle Segovia. Cada uno de los conciertos tendrá su propio carácter, Chencho anuncia que no va a repetir repertorio, porque no lo necesita, no dispone de canciones menores. Es una oportunidad única. Tres fechas: 18 de octubre, 15 de noviembre, y el concierto de Navidad, el 26 de diciembre. 

Y aquí no terminan las noticias, Chencho alternará su proyecto en solitario con la gira de Sick Buzos, que recalará en distintas ciudades de Andalucía y también en Madrid, tal y como podéis consultar en el cartel adjunto. La gira concluirá en la sala Malandar, en el corazón de Sevilla, como tiene que ser, en un espectáculo que lleva por título “Una buena noche”, una canción que ya es leyenda, y que nos recuerda que Lou Reed se nos fue, pero nos queda Chencho Fernández, que además tiene entre manos nuevas canciones que conoceremos a lo largo de este curso. El Giradiscos no pierde ni un momento de vista al músico de la Alameda de Sevilla.

Los Enemigos: “Canciones Chulas”


Por: Javier González. 

Qué ganas había de escuchar nuevo material de unas de las formaciones más señeras y queridas del rock patrio. Más de seis añitos han pasado ya desde la publicación del fenomenal “Bestieza”, un trabajo que la banda paseó con orgullo en una suerte de “neverending tour” del que pudimos disfrutar en distintos lugares de nuestra geografía, antes de que allá por octubre de 2024 tuvieran que dar por finalizada abruptamente la gira debido a los problemas de salud que aquejaron al bueno de Josele Santiago, hecho que se deja asomar en parte de la temática de estas canciones en cuya redondez se nota que la banda ha trabajado con suma pulcritud. 

Por suerte a lo largo de este periodo hemos conseguido mitigar la espera, en buena medida gracias a las noticias de la actividad de varios de los miembros del combo en distintos proyectos. De un lado, el propio Josele, quien bajo el paraguas de la editorial Contra publicaba en febrero de éste mismo año su primer y único libro de memorias hasta la fecha, “Desde el Jergón”, donde repasa su vida y obra sin cortapisas, aprovechando la ocasión para anticipar en parte las letras y envoltorio de las canciones que finalmente han dado vida a “Canciones Chulas”. Buena nueva complementada semanas atrás cuando Corizonas, la banda donde David Krahe ejerce como guitarrista, publicaba “Órdago”, una fenomenal colección de canciones rock con regusto hispánico de la que dimos cuenta en estas páginas no hace demasiadas fechas. 

Dos perfectos anticipos que sirven como pista de despegue para este “Canciones Chulas”, cuyo mejor resumen sería decir que hace honor a su nombre. Y es que en la nueva colección la banda madrileña se nos presenta repleta de certezas, mostrándose en todo su esplendor al facturar un disco disfrutable de principio a fin. 

Hay vigor y músculo, modales cañeros y expeditivos, guitarreo del bueno con denominación de origen a R&B y pub-rock, conviviendo a las mil maravillas con aires delicados que saben de lo más certeros, debiendo felicitar a la banda en su conjunto por el trabajo ejecutado, pero sobre todo al bueno de Josele, quien una vez más afina los textos al milímetro, bordando la pluma de su rock de autor, apelando al amor con la misma naturalidad con la que muestra su cara más socarrona, mientras ajusta la faceta más poética y no rehusa enseñar las heridas visibles de los últimos tiempos en un álbum donde es fácil rastrear unos cuantas pasajes autorreferenciales que emocionarán al más pintado; resaltando de igual modo la labor que ejecuta en las voces, donde, como ya ocurriera en “Bestieza”, volvemos a encontrarnos al de Puerta del Ángel más afinado y expresivo que nunca, demostrando que actualmente sigue siendo el jefe del cotarro en aquello que dio en llamarse “rock del Manzanares”. 

Una buena muestra de lo que contamos se percibe en las dos primeras composiciones, la titular, “Canciones Chulas”, basada en un fantástico ritmo de Fino, que nos pone sobre aviso de los mejores momentos de “Un Tío Cabal” y “La Vida Mata”, con su potente base, donde la pareja Chema Animal-Fino Oyonarte alcanza a dejar sobre el tapete lo que ya sabíamos por otra parte, que siguen siendo una red de seguridad sobrada de talento, y la fiereza de unas guitarras con regusto clásico a las que el otro tándem, Josele-Krahe, se encargan de afilar las uñas, todo ello mecido con unos coros casi celestiales; contrapunto con el tacto de la genial “Miss Dinamarca”, título extraído de un autógrafo del sin par Chiquito de la Calzada, una composición que apostamos que será de las más especiales que haya escrito nunca Josele, puesto que es fácil rastrear en ella mensajes muy concretos dedicados a Núria, pareja del madrileño, “cómo no voy a quererte/ con lo calentita que estás”, y a su padre, cuya sombra sobresale en el fraseo “viejo embustero/ lo sabías ya”, en un pasaje que emociona, pues lo relata en cierta medida en las ya mencionadas memorias. 

La interpretación de “El Próximo Vals” supura crudeza y fiereza en una clara alusión al suicidio colectivo que está perpetrando nuestra sociedad, asentada en un ritmo trepidante y en frases tan acertadas como “la Luger sigue caliente”, en cierta manera enlazada con “¡Bum!”, donde la afinada prosa de Josele Santiago establece una línea temporal entre pasado, presente y futuro, donde a este último le toca bailar con la mayor incertidumbre, dando como resultado final uno de los mejores temas que han grabado Los Enemigos en los últimos tiempos, ese minuto final vale su peso en oro; apelando al presente y a sentirse vivo un día más pese a las circunstancias con la acertadísima “En Alguna Realidad”. 

Emociona hasta el extremo escuchar “Isla”, no solamente por la delicadeza de sus arreglos con una estructura decididamente más pop que muchas de sus compañeras, ni tampoco por los primeros versos que son pura poesía, “De un brutal fuego cruzado/ surgió un nuevo mineral/ malherido y agotado se tumbó en medio del mar/ y agoniza perfumado con manzanas y azafrán/ un aroma envenenado que enloquece al temporal”, elementos más que suficientes para quedarse prendado de la misma, pero que no esconden la sombra del mejor Josele, el más sosegado, contenido y sincero, interpretando la que quizás la reflexión más profunda de lo que quizás hayan sido sus últimos tiempos pasando algunos que otros “días de perros”; quizás, en contraposición con ella, reluzca un poco menos “Luz de dos Lunas”, dotada de un lirismo más barroco, que representa la parte más floja de un repertorio por otra parte inmaculado. 

En “Rumbo al Sol” toma el mando de las operaciones vocales Fino Oyonarte, tirando de optimismo y abogando por quemarse en el fuego del amor maduro en un corte notable que vuelve a firmar a pachas con Josele, mostrando el filo más peligroso de la banda en “Puto Blues”, dejando por el camino una de esas composiciones de las que nunca se quiere ser protagonista, porque parece claro que la letra tiene bastante de ajuste de cuentas, volviendo a fundir con mimo poesía y sonoridad en la casi delicada “Pájaro Ciego”, cerrando con un clásico de la casa lleno de R&B como “Mil Condenas”, donde el universo carcelario de Josele Santiago aparece otra vez como ya hiciera en las fenomenales “Desde el Jergón” y “Un Guardia Civil”, en la que en un nuevo ejercicio de crudeza muestra las rutinas, padecimientos y monotonías diarias que se viven al otro lado de la puerta de la libertad, contrapuestas con esa necesidad, a veces real, que tienen tantos presos y delincuentes comunes, quienes tras pasar más de media vida entre rejas, sienten mayor comodidad dentro de prisión que en la selva diaria callejera. Dolorosa y absolutamente cruda, como casi todo lo que escribe el visionario cronista madrileño. 

No vamos a venir aquí a descubrir la pólvora, a estas alturas de la película no toca ni procede. Nos gustan mucho Los Enemigos, sabido es, y nos fascina que sigan siendo ellos, capaces de tender un puente entre lo que llevan siendo toda la vida en su maravillosa singladura, pero sin perder de vista el presente de su trayectoria, a la que dignificaron años atrás con “Bestieza” y que ahora vuelven a elevar con éste “Canciones Chulas”, donde combinan lo que mejor saben hacer. 

Hay en esta colección mucha sofisticación rockera, a ratos bajando el pulso y en otros instantes tirando de aceleración, casi rabia, sin dejar de sonar certeros y elegantes, rematando todo ello con la singularidad de unos textos que nos muestran por igual la crudeza de lija de una realidad desconcertante, capaz de convivir con el tacto de aquel que ha sufrido un bache físico y ante el golpe ha logrado permanecer erguido, saliendo reforzado, sin dejar de lado una preciosa visión del amor maduro que reconforta y dota al disco de un cierto aire optimista pese a la tormenta incesante que no para de calarnos.

Vuelven Los Enemigos, lo hacen mirando bien arriba, enarbolando la bandera del mejor rock estatal y firmando uno de los discos del año, demostrando, una vez más, si es que era necesario, que están en plena forma y que seguirán presentando batalla durante largo tiempo. Para nosotros no hay mejor noticia posible porque necesitamos de su presencia sobre las tablas.

The Jayhawks: "Sanctuary Park"


Por: Begoña Serralvo. 

Puede resultar un ejercicio de cierta responsabilidad enfrentarse al duodécimo álbum de estudio de una banda con cuatro décadas de carretera a sus espaldas y descubrir, una vez más, que toca ponerles un notable alto. Porque The Jayhawks siguen sin conocer el suspenso en ninguno de sus álbumes. No es de extrañar, ya que Gary Louris pertenece a esa estirpe de artesanos del pop americano que parecen haber firmado un pacto secreto con el calendario: pasan los años, cambian las modas, se oxidan algunas certezas y él continúa colocando melodías en su sitio con la precisión de quien lleva toda una vida haciéndolo.

En "Sanctuary Park", Louris parece mirar hacia atrás con serenidad, asumir el paso de los años y convertir esa perspectiva en una colección de canciones maduras, cálidas y extraordinariamente melódicas. Un disco que habla de segundas oportunidades, de memoria y de la inevitable necesidad de hacer las paces con uno mismo. Grabado en Toronto y concebido alrededor de un pequeño paraje real de Dundas, Ontario, "Sanctuary Park" vuelve a poner a Bob Ezrin y Brian Moncarz al frente de la producción, veintiséis años después de aquel luminoso "Smile". El resultado es un trabajo de acabado impecable, donde americana, folk-rock y ese power pop de guitarras luminosas que Louris lleva décadas reivindicando conviven con una naturalidad pasmosa.

Pero si hay algo que continúa siendo inconfundiblemente Jayhawks son sus armonías vocales. Louris, Karen Grotberg y Tim O'Reagan vuelven a entrelazar sus voces con esa precisión que parece tener el extraño poder de detener el minutero. Ocurre en la vivaz "Keeping Our Heads Above Water", un pequeño chute de optimismo pop que desprende una jovialidad casi insolente, y alcanza otra dimensión en "American Midnight", donde las guitarras estallan sobre un pulso que remite inevitablemente a los mejores R.E.M. La canción introduce, además, una lectura punzante de la convulsa realidad política estadounidense, aportando una sombra dentro del optimismo de los otros temas.

Una de las cumbres del álbum llega con "Mr. Lincoln", donde Tim O'Reagan asume el protagonismo para entregar una delicadísima filigrana acústica. El tema que da título al álbum endurece ligeramente el pulso con unas guitarras eléctricas más gruesas y ásperas, que acercan a The Jayhawks a ese Neil Young más rugoso y eléctrico. Un cambio de paisaje que no desentona dentro del conjunto y demuestra que, incluso cuando salen de su zona de confort, la banda sabe exactamente dónde poner cada pieza.

"Rowing the Boat" devuelve al grupo a un territorio más desnudo, con una delicada balada folk que funciona como un epílogo cálido y balsámico y deja el disco suspendido en un lugar especialmente hermoso. No hay este disco grandes giros estilísticos ni necesidad alguna de demostrar que todavía pueden sorprender. The Jayhawks conocen bien su terreno y siguen transitándolo con una solvencia envidiable.