Blockparty 2026: Frente a las adversidades.... Música de calidad


Sala Mon, Madrid. Sábado, 6 de junio del 2026. 

Texto: Begoña Serralvo. 
Fotografías: BlockParty.

La edición 2026 del Blockparty se recordará, siguiendo términos casi bíblicos, por ser un auténtico camino de espinas, en cuestiones que van más allá de la calidad del mismo, y que superó con creces cualquier obstáculo. Tras el traslado forzoso a la sala Mon y la cancelación de última hora de Die Spitz, principal reclamo de cartel, se alteraron las expectativas de una cita que prometía ser de las más estimulantes de la temporada, gracias a su principal atractivo, el formato al aire libre. Sin embargo, lejos de venirse abajo, el festival encontró argumentos suficientes para sobreponerse al desencanto inicial y reivindicar una propuesta que conservó su esencia en todo momento.

Case Oats se encargó de abrir la tarde con una propuesta de delicada melancolía y refinamiento melódico. No fue fácil, pero los estadounidenses desplegaron las canciones de "Last Missouri Exit" con una serenidad casi hipnótica, apoyados en la voz sedosa y envolvente de Casey Gomez. Temas como “Nora” y “Bitter Root Lake” flotaron por la sala con una belleza discreta y una sensibilidad que remitía por momentos al mejor cancionero norteamericano contemporáneo. Fue un inicio contenido, sin estridencias, pensado más para seducir que para conquistar de inmediato. 

La tormenta ya llegaría después con Sandré. El cuarteto catalán irrumpió con una descarga de electricidad, nervio y urgencia que transformó la placidez inicial en agitación colectiva. “Perro”, “Presión” y “Bullying” desataron los primeros pogos de la jornada, mientras Rosa Pagès se movía por el escenario como una fuerza imposible de contener. En uno de los momentos más encendidos del concierto terminó desplomándose sobre las tablas, entregada a una interpretación feroz y catártica que resumió el espíritu de una actuación tan física como emocional. Frente a esa vertiente más abrasiva, canciones como “El Pou” y “Pijama de Fusta” revelaron una faceta más ambiciosa y aventurera, confirmando que el grupo atraviesa uno de los momentos más fértiles de su evolución artística.

La gran revelación de la noche fue sin duda Fast Kids. Si en disco sus canciones ya apuntan maneras, fue sobre el escenario donde terminaron de desplegar todo su potencial. “My Advice” y “Walk Out The Door” funcionaron como perfectos artefactos de power pop: inmediatos, vibrantes y dotados de una contagiosa sensación de euforia. La banda sonó compacta y precisa, con la naturalidad de quien lleva mucho más tiempo compartiendo carretera del que su todavía breve trayectoria permite suponer. Buena parte de la culpa la tuvo Mike Brandon, dueño de una presencia escénica tan magnética como despreocupada, moviéndose entre el descaro y el encanto de los viejos frontmen del rock de guitarras. La recuperación de “Too Many Girls”, procedente de su otra aventura musical, terminó de redondear una actuación que pocos esperaban tan convincente y que acabó convirtiéndose en una de las imágenes más luminosas de la jornada.

Uni Boys compareció después con una propuesta tan luminosa como perjudicada por un sonido irregular. Una mezcla excesivamente cargada en las frecuencias graves restó claridad a unas canciones que, sobre el papel, contienen suficientes virtudes para brillar por sí mismas. Aun así, “Maybe I’m Wrong”, “Look On The Brightside” y “Victim Of Myself” consiguieron abrirse paso entre las dificultades técnicas gracias a su innegable instinto melódico y a ese aroma sesentero que atraviesa toda su propuesta. No fue el concierto que probablemente podían ofrecer, pero sí dejó destellos suficientes para comprender el atractivo de la formación californiana.

El cierre quedó en manos de Mujeres, convertidos por las circunstancias en protagonistas absolutos de la jornada. Y lo asumieron con la naturalidad de quien lleva años construyendo una de las trayectorias más sólidas y fiables del rock estatal. “Caen Imperios” y “Besos” sirvieron para abrir un concierto que fue creciendo sin necesidad de golpes de efecto, sostenido por la fortaleza de un repertorio que parece haber encontrado un equilibrio ideal entre inmediatez melódica, sensibilidad pop y espíritu guitarrero.

Con una sección rítmica impecable y una compenetración que sólo concede el tiempo, la banda fue encadenando canciones con una fluidez admirable. “Un Sentimiento Importante”, “Un Gesto Brillante”, “Tú y Yo” o “Cae La Noche” fueron recibidas como pequeños himnos generacionales por un público que, a esas alturas, ya había olvidado buena parte de los sobresaltos previos. Entre las composiciones más recientes, “Cristales” confirmó que el nuevo material posee la misma capacidad para permanecer en la memoria que algunas de las piezas más celebradas de su catálogo.

Así concluyó un Blockparty que parecía destinado al naufragio y que, sin embargo, terminó encontrando puerto. Entre contratiempos, cambios de planes y ausencias difíciles de suplir, la música volvió a demostrar su capacidad para imponerse a las circunstancias. Lo que comenzó marcado por la incertidumbre acabó transformándose en una celebración modesta pero genuina, una de esas jornadas que recuerdan que, más allá de los grandes nombres y de los carteles perfectos, los festivales siguen dependiendo de algo mucho más sencillo: buenas canciones, intérpretes inspirados y un público dispuesto a dejarse sorprender. Y así fue.

Querido: “¿Qué seré yo?”


Por: Javier Capapé. 

Debemos prescindir de lo inmediato. Dejar que nos lleve el corazón, pero sin olvidar la cabeza. Dejar espacio a la duda y no apresurarse. Hace tiempo que Querido son mucho más que la banda del hijo de Iván Ferreiro. Han trabajado, desde su salto a la palestra hace poco más de dos años, en conformar una sólida personalidad que representa a una generación que se expresa desde la reflexión y la calma, buscando la autenticidad desde la introspección y la emoción profunda más que desde la inmediatez y el estímulo instantáneo instalado en nuestras caóticas vidas de animales del siglo XXI. Si con estas palabras podemos definir al joven cuarteto vigués, su más reciente disco no va desencaminado. “¿Qué seré yo?” se apoya en la duda y no para de plantearnos preguntas abiertas, porque cada canción se escucha entre interrogantes y solo se entiende desde la paciencia de aquel que no pretende encontrar respuestas inmediatas. Querido provocan a sus oyentes pidiéndoles que se salgan del guión establecido y se entreguen al “algoritmo honesto”, por encima de las absurdas modas de fórmula fácil que abraza la mayoría de la juventud. Andrés Ferreiro, Antón Vigara, Roque Vázquez y Raúl López son jóvenes, pero no dan la espalda a la herencia recibida y se nutren de ella gracias, en parte, al buen hacer de Sergio Martínez Puga a los mandos. Junto a él permiten que el poso de esta experiencia deje huella en sus composiciones y las aleje de la vacía mecanización preestablecida de la que adolece gran parte de la música creada por los artistas de su generación.

“¿Qué seré yo?” plantea todas estas dudas desde su portada, dando unidad a todo el conjunto. Una portada desconcertante que muestra a una figura que no refleja su rostro en los espejos que le rodean. Una imagen que representa la dificultad de encontrar compresión en una sociedad cada vez más alejada de la juventud que no se deja arrastrar por lo convencional. Esta identidad no reconocida sobrevuela entre estas canciones y se nutre de una lírica valiente y decidida que, junto a un cuerpo sónico de lo más sugerente y nada convencional, nos arrastra para descubrirnos ante un grupo que solo se deja llevar por sus impulsos y se regocija de ello. No es el grupo al que todos querrán escuchar, ni aquel que estará en boca de cientos de instagramers. Es una banda tan creíble como única, que deja al lado las modas y abraza la duda como punto de partida desde el que trazar interesantes caminos.

Cuando les preguntábamos en nuestra primera entrevista con la banda tras presentar su debut nos aseguraban que ellos eran una banda de discos, que eso les motivaba más que el lanzamiento compulsivo de singles. Por eso mismo, este disco sigue en la línea que iniciaron con “Una Nueva Esperanza IV”. De entrada no es un álbum fácil. Requiere tiempo y atención por los detalles. Inquietud y búsqueda. Pero el trabajo compensa, y en “¿Qué seré yo?” conseguiremos encontrar más de una respuesta, aunque no lo creamos en un primer momento. Respuestas de cuatro jóvenes que siguen teniendo las cosas muy claras y que siguen defendiendo las canciones como su verdadero vehículo de expresión. Ellas contienen todo lo que necesitamos saber del momento en el que viven. Funcionan como un libro abierto a sus emociones e inquietudes, que aunque se muevan entre dudas, siguen buscando esa conexión sincera con sus oyentes, esa familia en crecimiento alrededor de Querido.

Para escribir esta reseña rescaté en profundidad su enigmático debut. En aquel se veían bien sus intenciones, las de una banda joven pero exigente, que no elegía el camino fácil, y ahora, en esta continuación se aprecia una mayor cohesión, un trabajo más pulido y que, sin perder su ideario y sonido, vira hacia terrenos más accesibles, aunque también autoexigentes. Tal vez esta sensación de cohesión resida en la forma en la que plantean las canciones. Todas bajo interrogantes, unidas por esa duda y recorridas por los tres capítulos a modo de interludios que son sucesivamente “¿Qué”, “Seré”, “Yo?”. Estas pausas presentan conversaciones de amigos y familiares de la banda o de ellos mismos que muestran algunas de sus trampas y devenires diarios y, entre ellas, los ocho temas que conforman el disco en sí mismo. Es en esos ocho temas donde está implícito ese viraje que comentábamos hacia terrenos más accesibles, pues la mitad de los mismos se nutren de colaboraciones con otros artistas de la escena, desde David Ruiz de La M.O.D.A. al inevitable mano a mano con el padre de Andrés, el propio Iván Ferreiro. En la entrevista ya comentada que hicimos con el grupo hace apenas dos años nos confesaban que su intención era hacer colaboraciones que sumaran al proyecto, no esas que suenan de lejos a estrategia de marketing. La verdad es que llama la atención, porque ahora son la mitad de las canciones las que se mueven en estas coordenadas y, salvo Merino, los artistas que les acompañan son de sobra conocidos. Pero no dudaremos de su criterio, pues es cierto que todos estos invitados suman.

Tras una confesional “¿Solo quiero estar?”, con frases tan definitorias como “Solo quiero estar en un mundo sin mentiras” o “Solo quiero estar dónde ya no estés lejos, dónde miro y me miras”, que se mueve entre sonidos repetitivos de juguetería y donde se olvidan del estribillo, llega una arrebatadora “¿El Corazón?” donde el piano la sostiene y su estructura se asienta en unas formas más pop con la emoción a flor de piel que desprende un estribillo redondo y el aporte vocal del citado David Ruiz.

Aunque para emocionante, casi consigue apretarnos más el pecho “¿Cómo no conocí a vuestra madre?” con Merino. Su estribillo dominado por las seis cuerdas y el arrojo de Andrés primero y de Sandra después (hasta unirse de forma magistral las dos voces en el último tramo) se complementa con el órgano que lleva las estrofas o el característico riff de piano, para hacer de esta una pieza imbatible, etérea y ligera a la vez. “¿Y si puedo soportarlo?” cuenta con Veintiuno para mecernos en un pop fresco y directo, de corta duración (algo a destacar en esta banda que gusta de desarrollos algo más largos y menos convencionales). La suave voz de Diego Arroyo contrasta con la más rasgada de Andrés, aunque sin perder su fuerza e intensidad. Eso sí, quizá hubiéramos agradecido algo más de espacio para soltarse ambos en el dúo.

Estas colaboraciones vienen todas en el primer tramo del álbum, salvo la sorpresa final, así que tras la mentada pausa en forma de conversaciones telefónicas quedan otras tres canciones de digestión lenta. Sugerentes y desafiantes. “¿Quizá es así?” sigue la línea de su disco debut con esos teclados envolventes y, sin duda, puede ser la más personal hasta el momento. Andrés sugiere que el dolor cicatriza finalmente, aunque sea de una forma un tanto extraña, como nos dicta su letra. En “¿Capacidad?” apelan a “la carencia de lo importante” y encontramos algún arreglo más de guitarra (siendo éste un grupo en el que no proliferan las seis cuerdas), aunque se impone lo electrónico de fondo junto a un piano elegante y una batería contundente que se descomponen en el puente en un bucle que podría recordarnos al “pater familias”.

La cadencia suave y la elegancia están presentes en “¿Ser un robot?”. Una canción con esos aires galácticos que nos hace retroceder hasta la épica de “Ultraligera”, porque Andrés Ferreiro no esconde sus costuras, más bien presume y saca pecho. En esta postal adictiva llega incluso a admitir que “a veces desearía ser Elton John”, para dejar claro que siguen persiguiendo los desarrollos pop. Sin embargo, algo que todos esperábamos en nuestro inconsciente, se hace realidad al pasar el tercer interludio, ese dúo padre e hijo que se convierte en lema o referencia. “¿Qué va a pasar?” es un regalo que llega antes de concluir el viaje. Un pasaje más que emotivo, pero que no pierde fuerza ni empalaga. Todo lo contrario. Los teclados lo sostienen todo y nos hacen viajar con el fabuloso empaste de esas voces tan personales y únicas de la familia Ferreiro. Pone los pelos de punta escucharlos juntos y nos hace quedarnos flotando entre las muchas preguntas que nos ha ido planteado el disco.

Tras esto solo queda escuchar de nuevo esos tres interludios en una única pista que lleva por título la misma pregunta que el disco global, “¿Qué seré yo?” ¿Qué somos nosotros, los que nos dejamos perder entre estos surcos, los que nos reconocemos en esos soliloquios planteados por los cuatro músicos de la formación y sus familias o amigos en esa pista sacada de la vida real? Difícil respuesta para una pregunta que es más un juego existencial con el que convivir que una meta a la que aspirar, pues nuestro yo está hecho de todos esos pedacitos y preguntas que se pierden como lágrimas en la lluvia mientras seguimos avanzando. ¿El misterio de una vida o la pregunta definitiva? Nos queda, como remedio infalible, sencillamente vivirla.

The Sideshows: "The Sideshows"


Por: Txema Mañeru. 

Al hablar de este nuevo grupo de rock’n’roll clásico hay quien menciona la palabra de súper-grupo. Esto es debido a que el trío internacional viajó desde Londres a Mallorca en principio para tocar algo juntos y hacer una especie de prueba, pero estuvieron tan a gusto que se sacaron este fresco disco casi del tirón. Un trabajo que, como ya hemos adelantado, contiene puro rock’n’roll, pero también detalles power-pop y con algunos ramalazos cercanos al glam y al hard-rock, todo ello con auténtico espíritu punk.

Y tenemos que decirlo ya. El grupo está formado por Sami Yaffa (Hanoi Rocks, Michael Monroe, Demolition 3), Rich Ragany (The Loyalties, Role Models, The Digressions) y el amigo de ambos a la batería, Simon Maxwell. Yaffa y Ragany se reencontraron en Birmingham en un concierto de Michael Monroe y tuvieron la idea de tocar algo conjuntamente. Ambos han producido el disco a su bola y entre los 3 han compuesto los 10 variados temas del disco que creemos tendrá continuidad, y esperamos que lo presenten pronto por estos lares y salten de la isla de Mallorca a este lado.

De hecho el disco se grabó en dicha isla y surgió, prácticamente, de manera espontánea en unas sesiones más que distendidas. Todo muy orgánico y con muchos temas marcadamente melódicos, algo que han querido mimar especialmente. Choca bastante que, a pesar de la espontaneidad y frescura, se han currado también las letras con temas habituales como el amor, la amistad o la supervivencia, pero tratados con buenos resultados y cariño evidente. 

El disco arranca con un primer single y videoclip realmente bien elegido. Te hablamos de "Brand New", ya con el primer de los muchos estribillos redondos y con algún detalle casi glam-rock a lo Alice Cooper o los New York Dolls y hablándonos de volver a empezar… que es lo que han querido hacer estos tres fenómenos con esta aventura. Los tres músicos aportan buenos coros y les ayuda en esta faceta su amigo Andy Brock. Eso se aprecia muy bien en "We’re Such A Shame", un tema con riffs muy poderosos y con aires al high-energy escandinavo y con algún arrebato a lo Black Keys. Guitarras saturadas y suciedad a lo Stooges se cita en "I Feel It". Incluso se acuerdan de amigos tristemente desaparecidos en un buen medio tiempo con aires a lo Hanoi Rocks y buenos punteos titulado "Say Goodbye On A Night Like This". Cierran la cara A con otro buen medio tiempo con otro nuevo estribillo repleto de garra.

La cara B comienza con una declaración de principios como "Rock And Roll Owes Me An Apology", un tema que hace honor a su título y en el que meten una garra hard-rock realmente rítmica. "The Start" es un tema relajado y melódico con otro pegadizo estribillo y más coros destacados. Los aires power-pop a lo Role Models se aprecian muy bien en "Smoke Show" o en la potente y pegadiza "Our Love In The Shadows", que sí, trata el eterno tema del amor. Se despiden con "Not Sorry", un homenaje al desaparecido músico y amigo Scott Sorry. Un tema con mucho gancho y que acaba muy arriba para redondear 10 temas en media hora que se pasan como una exhalación. Se habla también de bandas como The Wildhearts, The Hellacopters o Social Distortion y me aparecen acertadas referencias. ¡Ojalá facturen también directos a dicha altura y que podamos disfrutarlos dentro de poco! Ahí demostrarán si están para quedarse y son capaces de aumentar su ya conseguido eco mediático.

Ilustres Principiantes: Paul Rodie


Granada vuelve a ser el punto de partida de un recomendable proyecto musical. Aunque debutante, Paul Rodie, el alter ego del compositor, cantante y guitarrista Pablo Rodríguez (The Miskins Ronson, Los Chill) se confabula con Irene (Blanca Adelfa) al bajo y Ángel (Mea Culpa) a la batería para dar vida a una formación que inaugura su recorrido grupal con su primer álbum, "Algo súper especial", publicado por Discos de Menta/DAD Digital. 

Una andadura iniciada en el 2023 con el single homónimo, al que dieron continuidad otros adelantos como "Perro fiel", "Está bien, "Popkemón" o "1991", canciones todas ellas integradas en un trabajo que demuestra un sonido caracterizado por melodías pop y estribillos altamente pegadizos que se entrelazan en perfecta armonía con guitarras cargadas de Fuzz.  Un estilo ecléctico que bebe principalmente del glam y el power pop (Bowie, Teenage Fanclub, The Lemon Twigs, Big Star,..) pero que ostentan un acento propio con destino a no caducar. 

Ritmos, que en la mejor herencia del power-pop, que se llenan de unas letras que transmiten con honestidad y valentía emociones intensas, como la melancolía y esa rabia adolescente tan genuina. Ingredientes que han quedado plasmado en un álbum vitalista y sincero grabado en Granada, en los estudios de Carlos Díaz y Deshollinador Hot Studio, con mezclas y masterización a cargo de Jaime Beltrán.

Antonio Arias: "Mawlid - Mapa Del Trance”


Por: Txema Mañeru. 

La trayectoria musical de más de 40 años de Antonio Arias (con más de 25 discos) supone una aportación a la música alternativa de este país realmente trascendental. Comenzó en los 80 con 091 y pronto creó Lagartija Nick. En el nuevo milenio, a la par que seguir trabajando, tocando y grabando con su banda, inició una importante trayectoria en solitario con sus cuatro discos titulados “Multiverso”. Antes estuvo en el “Más De Cien Lobos”, de los 091 y con la producción de Joe Strummer. Otros discos clave de su larga trayectoria son el “Inercia” de los Lagartija o el “Omega” grabado por la banda junto a Enrique Morente. Disco tan trascendental que están girando con él celebrando su 30 Aniversario.

En 2018 comenzó con su proyecto “Mawlid” para explorar a fondo su devoción por la música Gnawa marroquí. Es una cultura de raíces subsaharianas originaria del blues y admirada en el pasado por artistas como Brian Jones (The Rolling Stones), Paul Bowles o William Burroughs. Lo ha grabado en varias ciudades de Marruecos con la especial presencia del instrumento autóctono Guembri. En el disco colaboran artistas de la talla de Arafa Chaara, Khalid Sansi, Bachir Attar (The Master Musicians of Jajouka), Tarwa N Tiniri y hasta el histórico Miguel Ríos. Una gran unión cultural entre Andalucía y Marruecos compuesta por una formación base integrada por Antonio, Moncho Rodríguez y Zeke Olmo

Precioso y mágico arranque del disco encontramos con "La Peregrina", cinco voces árabes de la Banda Tarwa N Tiniri y cuerdas africanas que emulan a Ry Cooder con Ali Farka Touré, por esos claros aires africanos, más concretamente del Magreb y claros detalles blues. Gran estribillo y estupenda melodía vocal con esas cuerdas que te mecen con los citados coros africanos. Sigue el estupendo tema titular con un espectacular viaje musical del que Antonio, ni nosotros, no queremos regresar. Voces y melodía con percusiones, realmente contagioso todo ello en un viaje desde Casablanca hasta Marrakech. "Boabdil El Chico" es un espectacular dueto más rockero con la gran voz de su paisano, Miguel Ríos. Más trance y ritmo acelerado en "Manos Que Me Guían", un tema realmente hipnótico, más aún cuando entra esas buenas voces africanas, el guembri y el krakeb de la Banda Khalid Sansi. Luego llega el último single, una espectacular "Bermasouyé", con más buenos coros y cuerdas magrebíes en otra melodía hipnótica hasta llegar al éxtasis. Buen cierre de la cara A en compañía de la Banda Arafa Chaara en la que destaca la voz del titular que también repite en otro par de temas.

La cara B se abre con una luminosa "Río De Luz" (de nuevo con la banda de Khalid Sansi) muy arábiga hasta con un punto a los DMBK, combinado con los Ketama de “Shongai”. Sonidos y ritmos más actuales se citan en "Matar Al Jaguar", con dicho rico ritmo que pude gustar a seguidores de Instituto Mexicano del Sonido (IMS). Una grata sorpresa, con sus cuerdas electrificadas, que aporta variedad a un conjunto rítmico ya muy rico. "Oh Amazigh" vuelve a cautivarnos con esas voces arábigas de Arafa Chaara que nos llevan de viaje. Eso es justo antes de acabar con los más de 7 minutos, otra vez hipnóticos sí, de una "Ciudad Sin Sueño" para soñar, pero sin dormir. Se trata del segundo y precioso adelanto del disco. Percusiones y una gaita magrebí y una flauta que son una delicia. Aquí tenemos a Bachir Attar, de los Master Musicians Of Jajouka, aportando su rico Luthar. Más trance para acabar arriba del todo con un recuerdo a Quâsar y a su hermano fallecido. 

Por si todo esto fuera poco el vinilo viene con un libreto del tamaño del vinilo de 24 páginas con fotos y amplios textos explicando la genésis de este proyecto así como hablándonos del instrumento Guembri o La Cultura Gnawa. Todo un libro explicativo y un diario de ruta con los repetidos viajes Marruecos. ¡Sería muy interesante que pudiera presentar este nuevo disco y proyecto en directo!

Revolver: “LA 03010”


Por: Javier Capapé. 

Pisamos terreno conocido, pero nos gusta. Volver a las coordenadas de la música de Revolver es sentirnos seguros. Rock de factura clásica, de manual, pero siempre convincente. Carlos Goñi no pretende ofrecernos lo que no es. Lleva bastantes años asentado en la misma senda. Desde que reforzase su formato trío con aquel fantástico directo “Enjoy”, ha ido incorporando algunas pinceladas menos puristas a su rock (sirva de ejemplo el exquisito “Capitol”), pero ante todo ha predominado la potencia y la electricidad en sus reivindicables “Babilonia” o “Adictos a la Euforia” (e incluso en su más reciente disco de versiones ajenas “Playlist”). Este “La 03010” (el vigésimo segundo de su amplia trayectoria) sigue por ese camino. Nos ofrece una buena dosis de rock and roll sin experimentos. Directo a la yugular. Canciones con una buena dosis de afiladas guitarras y una contundente sección rítmica. No importa si los desarrollos de sus canciones son largos o si el disco excede por mucho los estándares actuales de duración. Por delante está lo que la canción necesita, junto a unas letras que se detienen en la exploración de nuestros sentimientos a través de historias ajenas, pero que si les prestamos la suficiente atención lograrán cautivarnos como si formáramos parte de las mismas.

En el caso de este disco las historias de sus letras giran en torno a un protagonista de nombre Marcial Cuartero (hasta tres canciones lo llevan por título), pero que bien podría ser el mismo Carlos Goñi, ya que las experiencias de éste son, en parte, paralelas a las que pudo vivir él mismo desde su infancia hasta su primera explosión de juventud, marcada tanto en el disco, como en la vida de Goñi, por un concierto de Bruce Springsteen en su gira “The River”. El propio músico de origen madrileño se ocupa de la producción de uno de sus discos más personales y se rodea de Miguel Giner a la batería, David Samaniego al piano y teclados, Alfred Lorente en el bajo, y Carlos Máñez, Ferrán Verdú y Manu Pardo a cargo de la sección de metales. Unos músicos que reman en la dirección correcta, esa que marca el rock de la vieja escuela, con un pie en los sesenta y otro en el nuevo country o Americana.

Pero vayamos a la esencia de esta historia. A sus canciones. “Marcial Cuartero I” da el pistoletazo de salida a este disco denso con una canción en la mejor línea del rock de autor. Una canción que va tomando cuerpo progresivamente mientras entran los instrumentos llevándonos a los primeros años sesenta. Cuenta los inicios de la historia del protagonista o foco de la obra mientras sus versos se llenan de referencias. No tarda en llegar una de las más contundentes de la colección. “Aquellos días” gira en torno a la añoranza, pero sin pesares, buscando lo positivo. En una línea directamente emparentada con “Born to Run” (hasta en la forma de buscar las bajadas y subidas de intensidad) nos muestra las mejores cartas del alicantino de adopción y se graba rápidamente en nuestra piel (por algo fue escogida como carta de presentación).

Encontramos también esas canciones en las que Goñi recita más que canta, mostrando una gran solvencia avalada por cuarenta y cinco años de carrera desde que arrancara con Comité Cisne. “Mis asuntos y batallas” tiene ese perfil arrastrado mientras los versos recitados nos vuelven a llevar a pasajes nostálgicos donde nos narra todo tipo de vicisitudes del protagonista global de la obra. Aunque para recitado el de “No practicar esgrima con pistoleros”, cuyo rock de carretera muestra un gancho tan adictivo e intrigante como su propio título. “Mundos paralelos” arranca como la plegaria de un predicador para luego tornarse en una ranchera de libro, y la segunda que lleva por título a Marcial Cuartero nos seduce con su sencillez acústica interpretada con el aura de un club de carretera. Como si se encontrara cara a cara con su público, sin adornos ni nada que nos despiste.

“Pelea entre dos frentes” y “El último Bucanero de San Blas” son dos de las más intensas del lote. La primera es un rock de la vieja escuela con un buen riff que nos lleva casi de persecución, con mucha urgencia (de hecho hasta se escuchan sirenas para narrar la supervivencia de barrio como concepto), y en la segunda son los metales los que llevan el riff en un rock de la escuela de Jerry Lee Lewis, contando también con un piano de lo más interesante. Con ellas llegamos hasta el tercer corte dedicado directamente al héroe del disco, esta vez en forma de country ligero en cuyo eje se encuentra el concierto de presentación de “The River” en Barcelona. ¿Es Marcial Cuartero el que habla o el propio Carlos Goñi? Esta misma pregunta planteábamos antes, pero es algo que inevitablemente nos viene una y otra vez a la cabeza al escuchar el disco en su orden lógico. Porque puede ser un disco de singles (ahí está como ejemplo la adictiva “Lo mejor de mí”, que a buen seguro se convertirá en imprescindible en su gira), pero como su propio autor decía es más correcto entenderlo como “el musical de una vida en una hora”. Por eso mismo “King’s Road” vuelve a recopilar la vida de Marcial con el paso de los años (preciosa esa imagen tan críptica que se refleja en el verso “desde el día que quemamos en la playa los querernos y quereres”) y “Como una margarita entre adoquines” deja un regusto de historia abierta con el amor de su vida. Sí, volvemos a repetir que ésta es la historia de Marcial Cuartero, pero también de los personajes que quedan ligados a ella. Protagonistas de algunas de las canciones y guía de la propia secuencia de este disco que puede entenderse como la montaña rusa emocional experimentada por un joven de barrio (el título “LA03010” hace referencia al barrio alicantino de Los Ángeles cuyo código postal son los números que nos desconcertaron al saber por primera vez de este álbum) desde su infancia hasta las puertas de su vejez. Persiguiendo los mismos sueños, atrapado por las mismas personas y aprendiendo de cada herida. Por todo esto es quizá más fácil analizar o entender esta obra desde su lírica (y encontrar así todo su sentido) que desde su instrumentación, que como decíamos antes, se mueve en las mejores coordenadas del rock tan bien manejado por el responsable de Revolver, que tras más de treinta y cinco años sumido en este proyecto, no es solo un clásico de nuestro panorama, es la vida misma hecha canción para toda una generación de fieles al sonido áspero y aguerrido proyectado por su telecaster.

“Mitos y leyendas”: Parquesvr es cosa seria


Por: Guillermo García Domingo. 

La consideración y el aprecio creciente hacia el grupo madrileño Parquesvr están supeditados a uno de los sesgos cognitivos más comunes, el denominado de anclaje, que consiste en dejarse llevar por el primer juicio o la primera impresión que provoca algo. Este sesgo causa estragos en la sociedad actual donde nos sentimos obligados a opinar sobre todo, y además de forma inmediata (“por la tecla muere el pez” avisa con razón Parquesvr). 

La banda acarrea, en efecto, el sambenito de ser un grupo “gracioso”. Y por supuesto que es así. Es verdad que algunos de sus temas son incluso hilarantes. Sin ir más lejos, “Todos los madrileños”, canción incluida en este álbum recién publicado por Raso Estudios, bajo el título “Mitos y Leyendas”, que contiene un puñado de estrofas dignas de las mejores novelas humorísticas, como las que escribe Santiago Lorenzo, del que después hablaremos.

Parqusvr ha presentado en los últimos años varias canciones muy populares que retratan sarcásticamente a personas públicas y situaciones conocidas por todos que han justificado presuntamente la etiqueta aludida. ¿Quién no ha escuchado “El palco” del que ahora se habla tanto? Sin embargo, no olvidemos que la comicidad es algo muy serio. Los poderosos, a quienes el sentido del humor, por lo visto, debilita, temen a los cómicos, que, también contribuyen a cuestionar los usos y costumbres que buena parte de la población adoptamos sin la reflexión suficiente. Esta es la especialidad que mejor cocina Parquesvr y Javier Ferrara, quien tal vez no sepa cantar, según dicen algunos puristas, pero, sin lugar a dudas, sí que sabe rimar. Eso es indiscutible. La tontería contemporánea parece que no tiene límites, porque como proclama el propio Ferrara en “Tonto”, el necio “no para hasta el final”. La tontería es expansiva y perseverante, el tonto español, una variante especialmente dañina, confunde la perseverancia con la tozudez estúpida.

“Intro” recoge y devuelve mejorado este malentendido al que nos hemos referido más arriba. Están cansados de representar esa novedad simpática que encandiló al público con su propuesta inconformista y paródica, sobre todo cuando se utiliza como pretexto para hacer de menos los méritos musicales del grupo, que en “Mitos y Leyendas” son notables. En este disco vienen con ganas de rimar y tocar con fuerza inusitada las teclas correctas. Esta obertura digiere este malestar de una forma ingeniosa, aludiendo a todos los comentarios que el grupo ha recibido, y en el que aparecen títulos y temas que resultan familiares para los que conocen a Parquesvr. La intro sirve de paso para sacar brillo al saxo de Escandaloso Xpósito. 

La experiencia a los mandos y botones de Raúl Perez en la Mina, y la producción del joven PatataOnStereo de Vallecas se han aliado con la batería sensacional de Santiago Núñez “Choco” (Ferrara lo recuerda en cada entrevista que concede) y los sintetizadores inspiradísimos de Marco Fernández, el bajo/cañón de Héctor Lufuluabo Ngomo, y la guitarra del gran Lucas Bolaño (Estrella Fugaz), para ensalzar las letras desinhibidas y arrolladoras de Javi Ferrara. 

El disco podría dividirse en dos partes, en las primeras canciones predominan las cuitas personales, con algunos acercamientos a ciertas situaciones sociales, mientras que la segunda parte dispone de canciones que repasan la realidades sociales y políticas más desconcertantes, que ocurren sobre todo, en un lugar inefable que a cada vez más personas nos cuesta entender, me refiero a Madrid y sus habitantes.

Empiezan fuerte con “Esto que vivimos”, sonidos de los noventa, y drogas que se consumieron por la misma época, causando destrozos y disonancias en proyectos y relaciones. Ferrara dispone de la virtud de resumir a través de frases certeras situaciones que enseguida cualquiera reviste de detalles que más o menos ha experimentado alguna vez. “Te he contado mi vida y no sé cómo te llamas”, la identificación es inmediata y formidable. “Mi peña”, junto a Teo Lucadamo, resalta la importancia de contar con un refugio comunitario ante la que está cayendo. Los “mitos y leyendas” no están solo en las páginas de los libros, en nuestras “peñas“ hay “mitos y leyendas” de carne y hueso que nos sirven para entendernos y para soportar el sinsentido de “todo esto”. Pero no todas las “peñas” son dignas de pertenecer a ellas. La voz de Lucadamo se va “cayetanizando” gradualmente mientras proclama ciertas frases hechas, repetidas en esas “peñas” no tan recomendables. Esta canción también sirve para comprobar que el tono rapero es el que mejor se aviene a las cualidades como vocalista de Ferrara. La gravedad de su voz recuerda a otras voces importantes del hip hop en España, como Nach o el Chojin. Ferrara dispara además a mucha velocidad, sin perder un ápice de elocuencia.

“Aftersun”, como la película de Charlotte Wells es el “Tu nombre es una puerta por cerrar” de este disco. “Rizo de gitana” es soberbia, enaltecida de nuevo por una rítmica propia de otra época y unos sintes muy poderosos. Y mucho cuidado, pues que no se puede desgajar de “Google Fotos”, en la que el protagonista y voz de la canción se desdice de lo que ha dicho en la canción anterior: “mereces esta canción mucho más que la anterior”. Es el efecto corrosivo de la decepción y el consiguiente desamor, según esa ley no escrita que dice que cuánto mayor es el amor que has profesado por otra persona, más extremo y cruel llega a ser el desengaño si se produce. 

“Tonto” determina el incio de la segunda parte, en la que no dejan títere con cabeza. Uno pierde la cuenta de las líneas que tiene esta canción y las veces que Ferrara espeta “tonto” a todo el que pasaba por delante, esta canción es un arma de repetición incruenta y extremadamente liberadora, qué más se puede pedir.

“El deporte es una droga” transcurre al ritmo de uno de esos nuevos corredores que últimamente están proliferando y que corren hacia no se sabe dónde, o huyendo de no se sabe qué. Cada zancada es un verso definitivo, salvo cuando el corredor errático entona un antiestribillo sin letra. ¿Quieren señalar que para decir lo que muchos grupos dicen en sus letras banales sería mejor que no cantaran nada? ¡Espero que sí!

La mordacidad se desata a partir de aquí justo cuando la “mochufería” madrileña decide irse al campo en “Todos los madrileños”. Los mochufos de ciudad que colonizan el campo es el argumento de la novela “Los asquerosos” de Santiago Lorenzo y la expresión “mochufo” ha sido acuñada por el autor de esta novela satírica imprescindible. Y la canción de Parquesvr comparte el mismo argumento, la costumbre gregaria de marcharse a las localidades menos pobladas a hacer la vida imposible a los que allí viven no sin numerosas dificultades. La “mochufa” urbana que se queda en la ciudad o la gentrifica es igual de detestable como lo demuestra la vibrante “Tuk Tuks por Lavapiés”, que sigue por la misma senda: el monólogo que hila de forma sobresaliente Ferrara. 

Las dos canciones abandonan la irreverencia anterior y en un tono musical más sombrío retratan el desolador presente. “Updah” es una elegía decididamente política que denuncia el brutal genocidio del pueblo palestino y el clamoroso silencio, salvo honrosas y dignas minorías, que lo ha consentido. Así como el racismo sionista que ha preparado el terreno para que suceda.

“Ya no volverán”, sostenida por menos instrumentos, está impregnada de nostalgia y demuestra que este grupo ha querido salirse del camino que otros habían previsto para ellos, y la banda se ha puesto seria, o quizá siempre fue así y nosotros no lo entendimos.