Antonio Arias: "Mawlid - Mapa Del Trance”


Por: Txema Mañeru. 

La trayectoria musical de más de 40 años de Antonio Arias (con más de 25 discos) supone una aportación a la música alternativa de este país realmente trascendental. Comenzó en los 80 con 091 y pronto creó Lagartija Nick. En el nuevo milenio, a la par que seguir trabajando, tocando y grabando con su banda, inició una importante trayectoria en solitario con sus cuatro discos titulados “Multiverso”. Antes estuvo en el “Más De Cien Lobos”, de los 091 y con la producción de Joe Strummer. Otros discos clave de su larga trayectoria son el “Inercia” de los Lagartija o el “Omega” grabado por la banda junto a Enrique Morente. Disco tan trascendental que están girando con él celebrando su 30 Aniversario.

En 2018 comenzó con su proyecto “Mawlid” para explorar a fondo su devoción por la música Gnawa marroquí. Es una cultura de raíces subsaharianas originaria del blues y admirada en el pasado por artistas como Brian Jones (The Rolling Stones), Paul Bowles o William Burroughs. Lo ha grabado en varias ciudades de Marruecos con la especial presencia del instrumento autóctono Guembri. En el disco colaboran artistas de la talla de Arafa Chaara, Khalid Sansi, Bachir Attar (The Master Musicians of Jajouka), Tarwa N Tiniri y hasta el histórico Miguel Ríos. Una gran unión cultural entre Andalucía y Marruecos compuesta por una formación base integrada por Antonio, Moncho Rodríguez y Zeke Olmo

Precioso y mágico arranque del disco encontramos con "La Peregrina", cinco voces árabes de la Banda Tarwa N Tiniri y cuerdas africanas que emulan a Ry Cooder con Ali Farka Touré, por esos claros aires africanos, más concretamente del Magreb y claros detalles blues. Gran estribillo y estupenda melodía vocal con esas cuerdas que te mecen con los citados coros africanos. Sigue el estupendo tema titular con un espectacular viaje musical del que Antonio, ni nosotros, no queremos regresar. Voces y melodía con percusiones, realmente contagioso todo ello en un viaje desde Casablanca hasta Marrakech. "Boabdil El Chico" es un espectacular dueto más rockero con la gran voz de su paisano, Miguel Ríos. Más trance y ritmo acelerado en "Manos Que Me Guían", un tema realmente hipnótico, más aún cuando entra esas buenas voces africanas, el guembri y el krakeb de la Banda Khalid Sansi. Luego llega el último single, una espectacular "Bermasouyé", con más buenos coros y cuerdas magrebíes en otra melodía hipnótica hasta llegar al éxtasis. Buen cierre de la cara A en compañía de la Banda Arafa Chaara en la que destaca la voz del titular que también repite en otro par de temas.

La cara B se abre con una luminosa "Río De Luz" (de nuevo con la banda de Khalid Sansi) muy arábiga hasta con un punto a los DMBK, combinado con los Ketama de “Shongai”. Sonidos y ritmos más actuales se citan en "Matar Al Jaguar", con dicho rico ritmo que pude gustar a seguidores de Instituto Mexicano del Sonido (IMS). Una grata sorpresa, con sus cuerdas electrificadas, que aporta variedad a un conjunto rítmico ya muy rico. "Oh Amazigh" vuelve a cautivarnos con esas voces arábigas de Arafa Chaara que nos llevan de viaje. Eso es justo antes de acabar con los más de 7 minutos, otra vez hipnóticos sí, de una "Ciudad Sin Sueño" para soñar, pero sin dormir. Se trata del segundo y precioso adelanto del disco. Percusiones y una gaita magrebí y una flauta que son una delicia. Aquí tenemos a Bachir Attar, de los Master Musicians Of Jajouka, aportando su rico Luthar. Más trance para acabar arriba del todo con un recuerdo a Quâsar y a su hermano fallecido. 

Por si todo esto fuera poco el vinilo viene con un libreto del tamaño del vinilo de 24 páginas con fotos y amplios textos explicando la genésis de este proyecto así como hablándonos del instrumento Guembri o La Cultura Gnawa. Todo un libro explicativo y un diario de ruta con los repetidos viajes Marruecos. ¡Sería muy interesante que pudiera presentar este nuevo disco y proyecto en directo!

Revolver: “LA 03010”


Por: Javier Capapé. 

Pisamos terreno conocido, pero nos gusta. Volver a las coordenadas de la música de Revolver es sentirnos seguros. Rock de factura clásica, de manual, pero siempre convincente. Carlos Goñi no pretende ofrecernos lo que no es. Lleva bastantes años asentado en la misma senda. Desde que reforzase su formato trío con aquel fantástico directo “Enjoy”, ha ido incorporando algunas pinceladas menos puristas a su rock (sirva de ejemplo el exquisito “Capitol”), pero ante todo ha predominado la potencia y la electricidad en sus reivindicables “Babilonia” o “Adictos a la Euforia” (e incluso en su más reciente disco de versiones ajenas “Playlist”). Este “La 03010” (el vigésimo segundo de su amplia trayectoria) sigue por ese camino. Nos ofrece una buena dosis de rock and roll sin experimentos. Directo a la yugular. Canciones con una buena dosis de afiladas guitarras y una contundente sección rítmica. No importa si los desarrollos de sus canciones son largos o si el disco excede por mucho los estándares actuales de duración. Por delante está lo que la canción necesita, junto a unas letras que se detienen en la exploración de nuestros sentimientos a través de historias ajenas, pero que si les prestamos la suficiente atención lograrán cautivarnos como si formáramos parte de las mismas.

En el caso de este disco las historias de sus letras giran en torno a un protagonista de nombre Marcial Cuartero (hasta tres canciones lo llevan por título), pero que bien podría ser el mismo Carlos Goñi, ya que las experiencias de éste son, en parte, paralelas a las que pudo vivir él mismo desde su infancia hasta su primera explosión de juventud, marcada tanto en el disco, como en la vida de Goñi, por un concierto de Bruce Springsteen en su gira “The River”. El propio músico de origen madrileño se ocupa de la producción de uno de sus discos más personales y se rodea de Miguel Giner a la batería, David Samaniego al piano y teclados, Alfred Lorente en el bajo, y Carlos Máñez, Ferrán Verdú y Manu Pardo a cargo de la sección de metales. Unos músicos que reman en la dirección correcta, esa que marca el rock de la vieja escuela, con un pie en los sesenta y otro en el nuevo country o Americana.

Pero vayamos a la esencia de esta historia. A sus canciones. “Marcial Cuartero I” da el pistoletazo de salida a este disco denso con una canción en la mejor línea del rock de autor. Una canción que va tomando cuerpo progresivamente mientras entran los instrumentos llevándonos a los primeros años sesenta. Cuenta los inicios de la historia del protagonista o foco de la obra mientras sus versos se llenan de referencias. No tarda en llegar una de las más contundentes de la colección. “Aquellos días” gira en torno a la añoranza, pero sin pesares, buscando lo positivo. En una línea directamente emparentada con “Born to Run” (hasta en la forma de buscar las bajadas y subidas de intensidad) nos muestra las mejores cartas del alicantino de adopción y se graba rápidamente en nuestra piel (por algo fue escogida como carta de presentación).

Encontramos también esas canciones en las que Goñi recita más que canta, mostrando una gran solvencia avalada por cuarenta y cinco años de carrera desde que arrancara con Comité Cisne. “Mis asuntos y batallas” tiene ese perfil arrastrado mientras los versos recitados nos vuelven a llevar a pasajes nostálgicos donde nos narra todo tipo de vicisitudes del protagonista global de la obra. Aunque para recitado el de “No practicar esgrima con pistoleros”, cuyo rock de carretera muestra un gancho tan adictivo e intrigante como su propio título. “Mundos paralelos” arranca como la plegaria de un predicador para luego tornarse en una ranchera de libro, y la segunda que lleva por título a Marcial Cuartero nos seduce con su sencillez acústica interpretada con el aura de un club de carretera. Como si se encontrara cara a cara con su público, sin adornos ni nada que nos despiste.

“Pelea entre dos frentes” y “El último Bucanero de San Blas” son dos de las más intensas del lote. La primera es un rock de la vieja escuela con un buen riff que nos lleva casi de persecución, con mucha urgencia (de hecho hasta se escuchan sirenas para narrar la supervivencia de barrio como concepto), y en la segunda son los metales los que llevan el riff en un rock de la escuela de Jerry Lee Lewis, contando también con un piano de lo más interesante. Con ellas llegamos hasta el tercer corte dedicado directamente al héroe del disco, esta vez en forma de country ligero en cuyo eje se encuentra el concierto de presentación de “The River” en Barcelona. ¿Es Marcial Cuartero el que habla o el propio Carlos Goñi? Esta misma pregunta planteábamos antes, pero es algo que inevitablemente nos viene una y otra vez a la cabeza al escuchar el disco en su orden lógico. Porque puede ser un disco de singles (ahí está como ejemplo la adictiva “Lo mejor de mí”, que a buen seguro se convertirá en imprescindible en su gira), pero como su propio autor decía es más correcto entenderlo como “el musical de una vida en una hora”. Por eso mismo “King’s Road” vuelve a recopilar la vida de Marcial con el paso de los años (preciosa esa imagen tan críptica que se refleja en el verso “desde el día que quemamos en la playa los querernos y quereres”) y “Como una margarita entre adoquines” deja un regusto de historia abierta con el amor de su vida. Sí, volvemos a repetir que ésta es la historia de Marcial Cuartero, pero también de los personajes que quedan ligados a ella. Protagonistas de algunas de las canciones y guía de la propia secuencia de este disco que puede entenderse como la montaña rusa emocional experimentada por un joven de barrio (el título “LA03010” hace referencia al barrio alicantino de Los Ángeles cuyo código postal son los números que nos desconcertaron al saber por primera vez de este álbum) desde su infancia hasta las puertas de su vejez. Persiguiendo los mismos sueños, atrapado por las mismas personas y aprendiendo de cada herida. Por todo esto es quizá más fácil analizar o entender esta obra desde su lírica (y encontrar así todo su sentido) que desde su instrumentación, que como decíamos antes, se mueve en las mejores coordenadas del rock tan bien manejado por el responsable de Revolver, que tras más de treinta y cinco años sumido en este proyecto, no es solo un clásico de nuestro panorama, es la vida misma hecha canción para toda una generación de fieles al sonido áspero y aguerrido proyectado por su telecaster.

“Mitos y leyendas”: Parquesvr es cosa seria


Por: Guillermo García Domingo. 

La consideración y el aprecio creciente hacia el grupo madrileño Parquesvr están supeditados a uno de los sesgos cognitivos más comunes, el denominado de anclaje, que consiste en dejarse llevar por el primer juicio o la primera impresión que provoca algo. Este sesgo causa estragos en la sociedad actual donde nos sentimos obligados a opinar sobre todo, y además de forma inmediata (“por la tecla muere el pez” avisa con razón Parquesvr). 

La banda acarrea, en efecto, el sambenito de ser un grupo “gracioso”. Y por supuesto que es así. Es verdad que algunos de sus temas son incluso hilarantes. Sin ir más lejos, “Todos los madrileños”, canción incluida en este álbum recién publicado por Raso Estudios, bajo el título “Mitos y Leyendas”, que contiene un puñado de estrofas dignas de las mejores novelas humorísticas, como las que escribe Santiago Lorenzo, del que después hablaremos.

Parqusvr ha presentado en los últimos años varias canciones muy populares que retratan sarcásticamente a personas públicas y situaciones conocidas por todos que han justificado presuntamente la etiqueta aludida. ¿Quién no ha escuchado “El palco” del que ahora se habla tanto? Sin embargo, no olvidemos que la comicidad es algo muy serio. Los poderosos, a quienes el sentido del humor, por lo visto, debilita, temen a los cómicos, que, también contribuyen a cuestionar los usos y costumbres que buena parte de la población adoptamos sin la reflexión suficiente. Esta es la especialidad que mejor cocina Parquesvr y Javier Ferrara, quien tal vez no sepa cantar, según dicen algunos puristas, pero, sin lugar a dudas, sí que sabe rimar. Eso es indiscutible. La tontería contemporánea parece que no tiene límites, porque como proclama el propio Ferrara en “Tonto”, el necio “no para hasta el final”. La tontería es expansiva y perseverante, el tonto español, una variante especialmente dañina, confunde la perseverancia con la tozudez estúpida.

“Intro” recoge y devuelve mejorado este malentendido al que nos hemos referido más arriba. Están cansados de representar esa novedad simpática que encandiló al público con su propuesta inconformista y paródica, sobre todo cuando se utiliza como pretexto para hacer de menos los méritos musicales del grupo, que en “Mitos y Leyendas” son notables. En este disco vienen con ganas de rimar y tocar con fuerza inusitada las teclas correctas. Esta obertura digiere este malestar de una forma ingeniosa, aludiendo a todos los comentarios que el grupo ha recibido, y en el que aparecen títulos y temas que resultan familiares para los que conocen a Parquesvr. La intro sirve de paso para sacar brillo al saxo de Escandaloso Xpósito. 

La experiencia a los mandos y botones de Raúl Perez en la Mina, y la producción del joven PatataOnStereo de Vallecas se han aliado con la batería sensacional de Santiago Núñez “Choco” (Ferrara lo recuerda en cada entrevista que concede) y los sintetizadores inspiradísimos de Marco Fernández, el bajo/cañón de Héctor Lufuluabo Ngomo, y la guitarra del gran Lucas Bolaño (Estrella Fugaz), para ensalzar las letras desinhibidas y arrolladoras de Javi Ferrara. 

El disco podría dividirse en dos partes, en las primeras canciones predominan las cuitas personales, con algunos acercamientos a ciertas situaciones sociales, mientras que la segunda parte dispone de canciones que repasan la realidades sociales y políticas más desconcertantes, que ocurren sobre todo, en un lugar inefable que a cada vez más personas nos cuesta entender, me refiero a Madrid y sus habitantes.

Empiezan fuerte con “Esto que vivimos”, sonidos de los noventa, y drogas que se consumieron por la misma época, causando destrozos y disonancias en proyectos y relaciones. Ferrara dispone de la virtud de resumir a través de frases certeras situaciones que enseguida cualquiera reviste de detalles que más o menos ha experimentado alguna vez. “Te he contado mi vida y no sé cómo te llamas”, la identificación es inmediata y formidable. “Mi peña”, junto a Teo Lucadamo, resalta la importancia de contar con un refugio comunitario ante la que está cayendo. Los “mitos y leyendas” no están solo en las páginas de los libros, en nuestras “peñas“ hay “mitos y leyendas” de carne y hueso que nos sirven para entendernos y para soportar el sinsentido de “todo esto”. Pero no todas las “peñas” son dignas de pertenecer a ellas. La voz de Lucadamo se va “cayetanizando” gradualmente mientras proclama ciertas frases hechas, repetidas en esas “peñas” no tan recomendables. Esta canción también sirve para comprobar que el tono rapero es el que mejor se aviene a las cualidades como vocalista de Ferrara. La gravedad de su voz recuerda a otras voces importantes del hip hop en España, como Nach o el Chojin. Ferrara dispara además a mucha velocidad, sin perder un ápice de elocuencia.

“Aftersun”, como la película de Charlotte Wells es el “Tu nombre es una puerta por cerrar” de este disco. “Rizo de gitana” es soberbia, enaltecida de nuevo por una rítmica propia de otra época y unos sintes muy poderosos. Y mucho cuidado, pues que no se puede desgajar de “Google Fotos”, en la que el protagonista y voz de la canción se desdice de lo que ha dicho en la canción anterior: “mereces esta canción mucho más que la anterior”. Es el efecto corrosivo de la decepción y el consiguiente desamor, según esa ley no escrita que dice que cuánto mayor es el amor que has profesado por otra persona, más extremo y cruel llega a ser el desengaño si se produce. 

“Tonto” determina el incio de la segunda parte, en la que no dejan títere con cabeza. Uno pierde la cuenta de las líneas que tiene esta canción y las veces que Ferrara espeta “tonto” a todo el que pasaba por delante, esta canción es un arma de repetición incruenta y extremadamente liberadora, qué más se puede pedir.

“El deporte es una droga” transcurre al ritmo de uno de esos nuevos corredores que últimamente están proliferando y que corren hacia no se sabe dónde, o huyendo de no se sabe qué. Cada zancada es un verso definitivo, salvo cuando el corredor errático entona un antiestribillo sin letra. ¿Quieren señalar que para decir lo que muchos grupos dicen en sus letras banales sería mejor que no cantaran nada? ¡Espero que sí!

La mordacidad se desata a partir de aquí justo cuando la “mochufería” madrileña decide irse al campo en “Todos los madrileños”. Los mochufos de ciudad que colonizan el campo es el argumento de la novela “Los asquerosos” de Santiago Lorenzo y la expresión “mochufo” ha sido acuñada por el autor de esta novela satírica imprescindible. Y la canción de Parquesvr comparte el mismo argumento, la costumbre gregaria de marcharse a las localidades menos pobladas a hacer la vida imposible a los que allí viven no sin numerosas dificultades. La “mochufa” urbana que se queda en la ciudad o la gentrifica es igual de detestable como lo demuestra la vibrante “Tuk Tuks por Lavapiés”, que sigue por la misma senda: el monólogo que hila de forma sobresaliente Ferrara. 

Las dos canciones abandonan la irreverencia anterior y en un tono musical más sombrío retratan el desolador presente. “Updah” es una elegía decididamente política que denuncia el brutal genocidio del pueblo palestino y el clamoroso silencio, salvo honrosas y dignas minorías, que lo ha consentido. Así como el racismo sionista que ha preparado el terreno para que suceda.

“Ya no volverán”, sostenida por menos instrumentos, está impregnada de nostalgia y demuestra que este grupo ha querido salirse del camino que otros habían previsto para ellos, y la banda se ha puesto seria, o quizá siempre fue así y nosotros no lo entendimos. 

Juanma Elegante: "Juanma Elegante"


Por: Kepa Arbizu.

Conviene no confundir lo que significa abastecerse de elementos del pasado con una entrega devota al poco noble ejercicio de la nostalgia; una “afección”, de la que se sienten especialmente aquejados músicos de cierta veteranía, que obstaculiza sustancialmente cualquier intento de conjugar satisfactoriamente el presente, y mucho más todavía el futuro. Por eso es necesario aclarar que el cuarto de siglo que separa a la actual publicación del primer disco en solitario de Juanma del Olmo, nombre ligado sobre todo a la leyenda silenciosa dictada por Los elegantes pero también a su paso por posteriores bandas como Desperados, con el momento de gestación de varias de sus canciones no representa una vía de escape a la infertilidad creativa de su autor, sino una forma de revertir una caprichosa y desafortunada pirueta del destino. Porque fue a inicios de siglo, cuando en los estudios BOX, junto al menos ilustre productor Eugenio Muñoz, el compositor madrileño grababa cuatro temas que, avatares de la vida en forma de viento inesperado que abordó su viaje en moto hurtándole la cinta donde se alojaban, desaparecían dejando un único rastro posterior tan poco profesional como ilusionante de cara a convertirse en el germen de lo que ha acabado siendo este álbum primerizo, término que suena casi irónico en una carrera de tal extensión. Como espeleólogos dispuestos a descubrir y regenerar aquella casi inaudible huella, el resultado toma forma de una imponente civilización surgida alrededor de unos bosquejos en los que reposaba la mejor tradición del rock americano. 

Bajo estas circunstancias, el actual capítulo de homónimo título, “Juanma Elegante”, de alguna manera supone una continuación -o extensión- de aquel episodio, siendo la formación base de este proyecto la misma que ha acompañado en sucesivas empresas a su compositor principal, lo que se traduce en que Carlos Hens, Emilio Galiacho y Amando Cifuentes vuelven a ser la retaguardia con que tantos caminos, y calles del ritmo, ha atravesado. Un recorrido en el que no faltan colaboradores, algunos esporádicos y otros casi estructurales, como Rafa J. Vegas eterno bajista de Rosendo, que también tienen su cuota de responsabilidad en este lanzamiento. Integrantes, y responsables en la medida de su aportación, que han vestido a lo largo de estas últimas décadas discos referenciales para diversas generaciones, y que no contentos con alimentarse exclusivamente de ese dorado recuerdo, han decidido confabularse una vez más para estampar su firma en un cancionero fechado en el presente pero con una configuración de tintes clásicos. 

Teniendo en cuenta los antecedentes de este álbum, y una elocuente portada donde sitúa al escritor de las canciones en pose solitaria al otro lado de la puerta en la que espera el público, que se inicie bajo el bautizo de “La carretera” responde a la más pura lógica, por todo lo que tiene ese espacio de icónico en la mitología del rock pero también por ser el hospedaje para almas nómadas y el aciago destino en el que se quedaron perdidas aquellas primeras canciones que han insuflado vida a este proyecto. Un trayecto que se inaugura con el peso pantanoso de unos riffs dotados igualmente de una perseverancia melódica y un minucioso manejo de la instrumentación, comunes denominadores a lo largo de todo el repertorio. Asiduidad compartida por figuras como la de Tom Petty, influencia de esta obertura y versionado posteriormente para transformar su "Anything That's Rock 'n' Roll " en un “El R’N’R es tu nuevo hogar” que, en parte gracias a las guitarras de Rafa Hernández  y J. Teixidor, toma cuerpo a través de un legado "stoniano", con la intercesión de Tequila, que, si por un lado extiende su alcance a la más delicada “Todos quieren a Daisy”, recoge también la exacerbación del sentimiento de libertad individual para alimentar “Revolución”, un medio tiempo de épica power-pop, tan característico en las manos de La Granja, que hace protagonista a ese instinto por caminar lejos de la multitud en constante refriega vitalista.

En este viaje sin retorno ni destino más allá de exorcizar penas y culpas, lo que no deja de ser un atributo consustancial al ser humano, sin embargo asomarse por la ventanilla nos ofrece un paisaje altamente reconocible pero también mutable, porque la brisa sureña, con esos puntiagudos y saltarines riffs a lo Doobie Brothers, con que se introduce “Prisionero” puede rimar con la festividad celebrada en pleno Mardi Gras, con la J. Teixi Band ahora como invitados inspiracionales, de la mano de “Desde que no nos vemos”, autoría de Enrique Urquijo, o los arpegios luminosos que decoran la participación del otro hermano "secreto", Álvaro, que imprime su sello a una “Algo me acerca a ti” que tiene su desembocadura en una fuente melódica que brota caudaloso bajo la mirada de 091. Imágenes escoltadas por resplandecientes ritmos que sin embargo serán despedidos en la reinterpretación, mucho mas ralentizada y con mayor calado emocional, del tema de Los Elegantes, “Adiós al verano”, por donde asoma la estirpe melancólica de unos Burning que se colarán hasta la primera fila para tutelar la fornida electricidad de “Camino del sur”. Intensidad relevada por una guitarra acústica arrebatadora que guioniza una de las canciones más perfectas y rotundas del álbum, una “Fiebre” que muestra majestuosa los nocivos síntomas procedentes de corazones rotos y del estridente sonido recreado por unos pasos que se alejan para siempre.

Podría ser un error considerar que esa carretera que marcó el inicio de esta travesía, tras alojar en su vehículo a demasiados dolores, toma destino definitivo a “El desierto”, porque quizás ambos paisajes han convivido desde el principio, y ese sofocante y arenosos suelo, retratado en el cierre del álbum por un mortuorio y pesaroso ritmo que más que sonar despliega una imagen perfecta de ese vacío camino sojuzgado por las altas temperaturas, sea la fotografía común en su esencia que acompaña a este repertorio. Una instantánea que, a su vez, es resumen de un trabajo al que la talentosa veteranía acreditada por sus realizadores, en concreto su principal valedor, Juanma del Olmo, no debería minusvalorar un resultado sobresaliente, un camino lleno de peajes por lugares ampliamente transitados por el rock americano pero que en este disco nos llegan bajo un sello distintivo. Una vez más el rock se sirve como celebración colectiva pero se escribe y se siente en soledad, un recuerdo constante de esas carreteras en las que hemos dejado olvidadas, voluntariamente o no, unas cuantas canciones que hablaban de nosotros mismos.

Pat Escoin: “El paso del tiempo ha sido benévolo con Los Romeos”


Por: Javier González. 

Han vuelto Los Romeos, ya lo contábamos semanas atrás con motivo de su comienzo de gira en Madrid. Un concierto lleno de emoción donde repasaron un cancionero con más de treinta años de historia, dejando claro que su acertada mezcla de punk, rock y pop no ha perdido un ápice de vigencia pese al paso del tiempo, básicamente porque si algo tienen las grandes composiciones es que no presentan fecha de caducidad. 

Semanas atrás tuvimos la oportunidad de contactar con Pat Escoin, histórica vocalista de la formación, para mantener una charla donde pudimos conocer los motivos de esta vuelta a la actividad en la que también hubo ocasión de hacer una breve retrospectiva sobre la carrera de la formación castellonense y comentar detalles sobre el futuro más inmediato de esta señera formación. 

Pat, tan maja, cercana y simpática como siempre, se somete a nuestro tercer grado con la mejor de sus sonrisas. 

Después de tantos años, ¿qué os hizo decidir que era el momento de volver? ¿Cómo surgió la oportunidad de juntar de nuevo a Los Romeos? 

Pat: La verdad es que habíamos tenido alguna oportunidad anterior, pero nunca estábamos con ganas a la vez. Esta vez quedamos para comer con Julián, el batería de la banda, fue él quien dejó caer que nos juntáramos para unos conciertos de reunión. Personalmente, siempre había sido reacia a la vuelta, también es cierto que he tenido mucha faena con mis otros proyectos. Nunca me parecía que fuera el momento de dejar lo que estaba haciendo, tampoco soy de hacer varias cosas a la vez. La verdad es que en aquella comida hubo muy buen rollo, hacía muchos años que no nos juntábamos. Todo surgió de una forma totalmente natural. No hay un porqué, simplemente estábamos todos de acuerdo. 

“En 1992 todo se fue al garete, el mundo musical estaba realmente inflado” 

Es curioso porque en nuestra música hay muchas bandas que han tenido éxito, pero sus canciones míticas no son tan recurrentes como algunas de Los Romeos. ¿Sentiste que esas canciones de hace más de 30 años no se habían olvidado? 

Pat: Sí, tienes razón en lo que comentas. Nosotros siempre hemos notado que el paso del tiempo ha sido benévolo con Los Romeos. Hay canciones que han seguido sonando como “Mi vida en Rosa” y “Muérdeme”, también otras muchas se siguen compartiendo. Hemos seguido saliendo bastante en programas como “Cachitos” y sentimos que la gente nos recordaba con cariño. Además, se une otra cuestión, nosotros tenemos cierta edad, si no hacemos ahora la reunión, no creo que pudiéramos hacerlo más adelante. Esto requiere un esfuerzo físico que creo que no podremos hacer más adelante, sinceramente. Creemos que era el momento adecuado para que la gente nos recibiera con bastantes ganas. Nunca hemos vuelto y siempre hemos mantenido el misterio. Era el momento por muchos factores, pero el principal era que nos apetecía y que estamos cómodos juntos. 

 “Hay que disfrutar de tocar y de vivir” 

Pat, si te parece, podemos hablar brevemente de las sensaciones que tuvisteis con la edición de cada uno de vuestros tres discos, que en sí mismos representan momentos muy concretos de nuestra música, que de una u otra forma os afectaron en la trayectoria de la banda. 

“Los Romeos”-1990 

Pat: Aquello fue inesperado y gozoso. Llevábamos una maqueta y muy poco tiempo tocando. Grabamos el primer disco, salió con una multinacional y tuvimos bastante repercusión. Personalmente no era consciente de nada, era demasiado joven. Tenía muy poca experiencia. 

 “Sangre Caliente”- 1992 

Pat: Sacamos un segundo disco cuando empezó la recesión. Al cabo de un año la compañía empezó a echar grupos, entre ellos nosotros. Notamos y sufrimos el bajón económicos, ya lo creo. También el final de la época dorada de tocar en ayuntamientos, todo se fue al garete, ya que estaba realmente inflado. Fue una ruina. 

“Sin Conexión”- 1996 

Pat: Teníamos fuelle suficiente para tirar después del segundo disco. A Estábamos muy fuertes como grupo. Hicimos un tercer disco que nos curramos mucho, hubo cambios a nivel interno. Empecé a tocar la guitarra y componer, yendo de valiente. Tanto Julián como yo estábamos muy involucrados en la composición de letras y música, ya no recaía dicha labor en Pedro. Recuerdo que no hubo promoción y tocamos muy poco. Finalmente, Julián se marchó a tocar con Revólver y nos desfondamos. Pensamos que ya había sido suficiente, creamos otros proyectos y se terminaron Los Romeos. 

“La fama que adquirí con Los Romeos llegó a pesarme” 

Ya sabes que a lo largo de los años hemos seguido tus diferentes proyectos en la medida de nuestras humildes posibilidades. Sabemos que has dado mucho guerra, donde no sé hasta qué punto te sentías menos condicionada por el peso de ser mujer joven y cara visible en un proyecto como Los Romeos. 

Pat:
Sí, siempre me habéis hecho caso. Os lo agradezco muchísimo. Ser vocalista te hace estar más en el punto de mira, quizás al colgarte una guitarra no tanto, pero realmente he tenido más peso en Lula, Amantes y EX Fan. Lo que me pesaba en aquel momento era la fama que tuve entonces, algo que me molestaba mucho. No soy una persona a la que le guste la fama fuera del escenario. Es lo peor. Ir a cualquier sitio y que te conozcan. Ahora no me molesta, básicamente porque no soy nada famosa. Que vengan a felicitarme después de un concierto en este momento me encanta. 

Vuestra música siempre tuvo un aire fresco y descarado. ¿Cómo de vigente veis espíritu hoy? 

Pat: No lo sé. No somos nosotros quién tiene que decir a que otras bandas hemos influenciado. Sí que es cierto que me he encontrado a gente que toca en otros proyectos actuales a las que les sigue encantando nuestras canciones, tanto en letras como en sonido, que consideran vigente, frescas y actuales. Algo que hay que agradecer al buen trabajo y genialidad de Paco Trinidad y Pedro, que siempre hacía canciones atemporales, dispuestas a que duraran. Por aquel entonces él era mi pareja, estábamos juntos cuando componía. Sé lo que cuesta hacer una canción así, hay que tener mucho tiempo y dedicación. Soy creadora de canciones, pero no tengo el don que tenía Pedro. 

Escuchándoos hoy, es fácil pensar en ecos de Blondie, The Ramones o el pop más eléctrico británico. ¿Qué influencias internacionales reconocéis sin complejos y cuáles diríais que la gente os ha atribuido sin dar en el clavo? 

Pat: Siempre decían que éramos como Transmision Vamp, una banda que nos gustaba, pero a nosotros nos parecía que teníamos más que ver con Primitives, en cuanto a música de Gran Bretaña. Supongo que como eran tan famosos nos comparaban, pero creo que no teníamos nada que ver. Primitives es una banda que nos influenció, se puede ver fácilmente. 

“Sentimos que hemos influenciado a bandas que han venido después” 

Hoy hay una escena que sigue viva con bandas posteriores a vosotros como Airbag, Capsula o Los Punsetes, ¿os reconocéis en ese árbol genealógico o sentís que vuestra historia quedó como un capítulo sin descendencia directa? 

Pat: No, que va, desde luego que no. Sentimos que hemos influenciado en algunas cosas que han venido después. Del mismo modo que a nosotros nos han influenciado otras anteriores. 

En los 90 conectabais de forma bastante directa con el gran público; hoy, curiosamente, el pop guitarrero es más de nicho. ¿Cómo vivís volver tocar en un contexto tan diferente? 

Pat: No nos lo planteamos, la verdad. Hemos tocado en Madrid con un público que conocía las canciones. Había gente de nuestra generación y alguno de la anterior. Estamos en sintonía con el público que ha venido a vernos. No hemos tocado mucho más para hacer la comprobación. 

Sí, estuvimos allí. De hecho, cubrimos el concierto. Nuestro redactor quedó muy contento con vosotros, no así con la sonoridad de la sala.

Pat: Volvemos al Teatro Eslava en noviembre. No sé si es una sala que os gusta más. Hace mucho que estamos fuera del circuito salas, con mis otros proyectos estoy en un circuito más pequeño, no puedo permitir ir a salas así. Nos dejamos guiar por el sello e iremos donde nos lleven. Esperamos que seáis buenos y entendáis que tras tanto tiempo es complicado sonar bien a la primera como teníamos acostumbrado. Fue un concierto más emotivo que otra cosa. Si me pillan cada nota, seguro que no di en el clavo, pero no he venido a ser perfecta sino a disfrutar. 

“Estoy muy agradecida a la que gente que ha venido a verme a lo largo de mi trayectoria” 

¿Qué se siente al reencontraros, no solo entre vosotros como banda, sino también con ese público que ha seguido ahí todos estos años? 

Pat: Es algo muy grande y para recordar siempre. Fue muy bonito. Personalmente sigo tocando, pero no viene tanta gente a verme. Nunca me ha gustado vivir de rentas, me gustar tirar adelante. Es bonito tocar estas canciones, pero nunca he querido tener la sensación de solo haber esto en mi vida. Ahora es bonito, porque tengo un bagaje detrás y moralmente puedo permitirme volver con Los Romeos. Estoy muy agradecida a la gente que ha venido a verme y también a los que en menor medida y cantidad lo han hecho con otros grupos, que han venido porque eran fans de Los Romeos. Muchos me han seguido en mi carrera profesional durante años gracias a eso. 

¿Tenéis material nuevo en mente o este regreso es más bien una celebración de lo que ya hicisteis? 

Pat: No sabemos. Es difícil. De momento, no ha dado para hacer temas. Ha sido un trabajo duro. Somos gente mayor con muchas responsabilidades y trabajos. Hemos sacado tiempo de debajo de las piedras. Hay que ensayar mucho para sonar bien. No nos ha dado tiempo a terminar temas nuevos. Tampoco hemos sentido necesidad de componer. Ni te puedo decir que no vayan a salir. Es algo que suele pasar cuando se junta gente para tocar. 

¿Por qué os decidisteis a fichar por Subterfuge? 

Pat: Hemos vuelto con Subterfuge que va a reeditar el tercer disco y haremos un grandes éxitos. Nuestra vuelta está basada en ese compromiso. También hemos reeditado “Muérdeme” y “Mi vida en Rosa”, esta última con La La Love You. 

¿Esta reunión es con vocación de continuidad? 

Pat: No lo sabemos. Es verdad que es como si le preguntas a un grupo formado hace un año si va a durar mucho. Esto es así. Nosotros hemos vuelto para la reunión. En 2026 la contratación estará abierta e iremos donde nos llamen y apetezca. En 2027 supongo que seguiremos tocando. Un año, año y pico, tocando no nos lo quita nadie. 

Imagina un viaje en el tiempo donde la Pat actual viaja a 1990 para mantener una conversación con Los Romeos. ¿Qué consejos les darías?

Pat: Qué buena pregunta. No sé qué les diría. Les podría decir cosas que pienso que fueron un error, pero no tuvimos muchos. Fuimos consecuentes con nuestras cosas. Les diría que no se tomaran tan en serio y que no sufrieran por nada. Cuando eres joven y las cosas van mal se sufre mucho. No merece la pena realmente. Hay que disfrutar de tocar y vivir. 

“Esta vuelta es una forma de resaltar la genialidad de Pedro como compositor” 

¿Qué crees que puede pensar Pedro allá donde esté al ver esta emocionante reunión? 

Pat: No lo sé. Espero que sepa que siempre pensamos en él. En parte, hemos tardado tanto porque él no está. Y en parte hemos vuelto para poner a Pedro en su sitio. Queríamos resaltar la genialidad que tuvo para hacer estas canciones, que no han pasado en el tiempo y suenan en la cabeza de mucha gente hoy día. 

¿Qué va a pasar durante este tiempo con tus otros proyectos? 

Pat: Pensaba seguir con EXFAN, pero es tan intenso que hemos parado. Estamos ensayando y haciendo canciones para un disco, pero he parado. No me apetecía parar, pero hemos parado. No pasa nada. Ahora estoy con esto y quiero estar fija con ello. No sé si es por mi edad, pero no puedo con tanto proyecto. Espero tener tiempo para seguir con todo. 

Mil gracias, Pat. Ya sabes que para nosotros siempre es un placer hablar contigo sobre tu carrera. 

Pat: Muchas gracias por estar ahí. Siempre he tenido vuestro apoyo y soporte. Os estoy muy agradecida. Por favor, vente a vernos en directo la próxima vez que toquemos en Madrid. Un abrazo.

Julio de la Rosa: "Las malas hierbas"


Por: J.J. Caballero. 

Encontrarse con un nuevo disco de Julio de la Rosa es enfrentarse a unos cuantos fantasmas, pasados y presentes, e incluso vaticinar un futuro incierto en el que las canciones volverán a poner las cosas en su sitio. Sus temáticas nunca están exentas de verdad, pese a moverse en el plano subjetivo de las emociones y las relaciones interpersonales. En “Las malas hierbas” vuelve por donde solía, si es que alguna vez nos ha abandonado, y nos sitúa en un marco temporal indefinido en el que casi todo es posible y nada sucede al azar. No necesita afiliarse a ningún género en concreto, ni afinar guitarras o basarse en melodías más o menos reconocibles. Lo suyo es otra cosa, un carácter diferente y consciente de la búsqueda eterna a la que somete sus y nuestros propios miedos y caprichos. Un recorrido cognitivo necesario para entender la dureza del devenir humano y la crueldad de algunas decepciones. 

Si en “El apego”, su disco de 2021, dedicaba el mapa conceptual al nacimiento de su hija, elaborado en un único tema de nada menos que cincuenta minutos de duración, y sin pedir disculpas por el atrevimiento, ahora nos regala un fresco de contrastes agudos y colores pastel, una mezcla de tonos inteligente en plena coherencia con el contenido. Nos obliga a afilar los dientes mientras escuchamos la conjugación plena de cuerda y teclado en “Mala hierba”, a afinar el oído y conectarlo con la razón al adivinar el clarinete incisivo de “El no por delante”, con su vientre oscuro y decadente, o a cimbrear el corazón con la melodía deconstruida de “Felonía”. 

Un carrusel de estados de ánimo que confluyen en uno solo, el de un creador que apela a su eterna libertad para desarmar pensamientos fijos y prejuicios inútiles, cantándole a su propio fracaso en “La silla de las fieras” o argumentando diatribas anti capitalistas en “Perorata”, con el descreimiento de la spoken word sin ánimo de arengar. Tampoco hay que buscar referencias faunísticas como tal en “Margaritas a los cerdos” o “Tiempo de perdices”, sino ambigüedad pura y teclados para soñar. Ni siquiera la grandilocuencia inherente a esquemas arquetípicos en su sonido, presentes en “La lata” representa obstáculo alguno para hacer lo que le sale del hígado en otro episodio memorable como “Teruel”, donde se aproxima a la seda turbulenta de Portishead secundado por los coros de su pareja Helena Goch, o hacernos casi bailar en “Pamema” sin percatarnos de que en realidad nos está contando un descalabro sentimental –¿ficción o inspiración?- convertido en mala costumbre. Algunos artistas son así, y no hay ningún problema en ello. 

Concluye el disco con “Monigotes”, contando alguna que otra realidad incómoda, y confirma que su aproximación a la música está muy lejos de la de la mayoría de coetáneos y allegados. Julio de la Rosa sigue siendo ese familiar lejano al que le tienes especial cariño por no querer sentarse junto a otros con los que tú tampoco compartirías mesa y mantel salvo si las circunstancias obligan. Algunos lo llamamos personalidad, y eso jamás será moneda de cambio.

Stephen Sanchez: “LOVE, LOVE, LOVE”


Por: Nuria Pastor Navarro. 

Hace ya muchos siglos que Psique y Eros protagonizaron una de las historias de amor más célebres de todos los tiempos. Jóvenes, enamorados en secreto, levantando la envidia e ira de los dioses. Una mortal y un dios, y la promesa (rota) de jamás ver el rostro de su enamorado. Pero como todos los mitos, a este le ha tocado el turno de reinventarse… Y es que el amor tiene un nuevo rostro, y no es otro que el de Stephen Sanchez.

Son muchas las cosas que separan al joven cantante de los antiguos griegos, pero una la que los une sin ninguna duda: el amor. Desde que comenzó su carrera musical en 2020, Sanchez se ha decantado siempre por canciones de amor. Fue precisamente un cover de “Cigarette Daydream”, tema de Cage The Elephant, el que empezó a atraer oídos y miradas en redes sociales. De forma bastante discreta, el californiano se hizo un hueco en la escena, lanzando su primer álbum en 2022. “Easy On My Eyes” habría pasado desapercibido de no ser por la última de sus pistas: “Until I Found You”.

Esta no era, efectivamente, una canción cualquiera. Con ella te transportabas a los años 50, oías casi a Elvis y volvías a sentir un amor que quizá queda lejano en nuestros tiempos. No tardó el reventar las redes sociales, y, de pronto, Stephen Sanchez sonaba allá donde fueras.

Tras consolidar su estilo retro y su gran capacidad autoral con su segundo álbum “Angel Face” (2023) —disco conceptual que cuenta otra historia de pasión y venganza muy potente—, Sanchez regresa abogando una vez más por el amor con “LOVE, LOVE, LOVE”. El título ya lo deja adivinar: este es un trabajo sin rodeos, que va como una flecha al centro del asunto, que no es otro que el amor. “IT MIGHT BE LOVE” es la encargada de abrirnos el oído. Con su inconfundible estilo vintage y su voz tan versátil, Sanchez nos anima a querer con esos pequeños gestos románticos. Los acompañamientos a casa, las flores o las llamadas inesperadas son las armas que nos recomienda al son de sus pegadizas melodías.

“SWEET LOVE”, primer single en su momento, sigue una línea quizá algo más personal. En ella, al ritmo de la pandereta, el cantautor reconoce que solía esconderse tras su guitarra, rompiendo corazones y sintiéndose muy asustado… Hasta que la conoció a ella. Un toque personal y, a la vez, tan universal. El viaje continúa con “HOME TO MOTHER”, la única colaboración presente en el disco. Junto a Stephen Day, Sanchez consigue pintar una especie de fantasía tecnicolor más cercana al pop esta vez, y justo después regresa a su clásico gusto por lo vintage con “CHUCK THE MONEY”. Esta es sin duda una de las joyas del álbum: una trama a lo Bonnie y Clyde, un estribillo pegadizo y hasta vídeo musical incluido. Un perfecto ecuador en esta ensoñación sobre el amor.

“ALREADY GOT ME”, “OOO BABY (I LOVE YOU)” y “DANCE AWAY THE MUSIC” siguen los pasos de sus predecesoras, con versos de enamorado que suenan a una llamativa mezcla entre The Beach Boys y Elvis. Y sin salirse de este particular camino, el disco cierra con la balada “YOU ARE SO BEAUTIFUL”, que pone una tirita de parte del artista a todos los corazones heridos.

Como la historia de Eros y Psique, este álbum tiene sus luces y sus sombras. Musicalmente es muy disfrutable, breve, conciso y sin alejarse del estilo que tan bien le queda a Sanchez, si bien esta vez se acerca algo más al pop. Sin embargo, temáticamente reluce menos que su anterior trabajo. “Angel Face” nos regaló un concepto y argumento muy sólidos e interesantes, y es difícil evitar la comparación al escuchar “LOVE, LOVE, LOVE”, que gira alrededor única y exclusivamente del amor y queda algo más justo.

Es cierto que una temática directa y centrada no es algo negativo, pero en este caso puede hacerse algo monótono pista tras pista, acercándose más a una especie de recopilatorio que podría titularse “Stephen Sanchez: all the love songs!”. A pesar de esta repetición temática, y como ya declaraba antes, el álbum se disfruta sin ningún impedimento al oído, y mucho más si estás enamorado. Porque, al fin y al cabo —y aquí al joven Stephen Sanchez no el falta razón— en este mundo en el que vivimos nunca es mal momento para abogar por el amor.