Javier Corcobado: “Este es mi mejor disco y el que mejor me define”


Por: Javier González
Fotografía cabecera: Aintzane Aranguena.
Fotografías interiores: Vladi Calavera.

Son fechas ajetreadas en casa de Javier Corcobado, qué duda cabe. Hace apenas unas semanas veía la luz su último trabajo de estudio, “Solitud y Soledad”, un álbum doble, mayúsculo e imperial, que hace el número veinte en la sin par trayectoria del artistas madrileño, que por cierto anda cumpliendo cuarenta años en estos días, efeméride que promete celebrar por todo lo alto en este recién estrenado 2026. 

Se trata de un vinilo que contiene dos plásticos bien diferenciados, el primero, “Solitud”, encierra diez canciones totalmente inéditas que nos muestran a un Corcobado luminoso y certero, escribiendo textos a corazón abierto, algo que es costumbre de la casa, pero que en esta ocasión alcanzan cotas muy altas que los emparentan con lo mejor de su ya extensa obra. Y por otra parte encontraremos “Soledad”, donde regraba una pequeña muestra de su repertorio más laureado y celebrado con el acompañamiento de amigos y amigas de la categoría de Andrés Calamaro, Nacho Vegas y Alaska, entre otros. 

Semanas antes de que comience esta celebración, cuya primera parada tendrá lugar en el Teatro Eslava de Madrid el próximo 30 de enero en el marco de Inverfest, nos ponemos en contacto con Javier para hablar de “Solitud y Soledad”, pero también para charlar sobre la vida y otros proyectos que asoman en la distancia más corta, tales como la edición de “Canción de Amor de un día” y la publicación de un nuevo libro que esperaremos con la misma avidez con que siempre recibimos cualquier obra que lleve la firma de Javier Corcobado, puesto que no mentiremos a nadie al decir que disfrutamos como pocos con el poder hipnótico de cada uno de los “Besos de Cianuro” que nos regala nuestro verso más libre. 

¿Cómo estás, Javier? ¿Qué tal va todo? 

Javier: Va mejor que nunca, la verdad. He venido a Madrid a ensayar y promocionar “Solitud y Soledad”. Todo está en orden y tengo mucha ilusión por este proceso. 

Tenemos el enorme placer de volver a hablar contigo con motivo de la publicación de “Solitud y Soledad”, un álbum que es la perfecta celebración de tus 40 años como artista. ¿En algún momento del camino llegaste a pensar en cumplir una cifra tan redonda?

Javier: No, la verdad. No tenía una visión a la larga del futuro. Comencé pronto, el primer disco lo grabé con 20-21 años. Vivía más bien el presente que es una manera muy acertada de vivir. Según van pasando los años te das cuenta que solo existe este presente eterno y lo mejor es disfrutarlo. No me hacía a la idea de estar cuarenta años grabando discos y haciendo música en aquellos tiempos. 

“Este es un disco que da muy buen vibra” 

Con tu permiso vamos a hablar un poco “Solitud y Soledad”, lo primero que me sale decirte del disco es que es un trabajo que suena a Javier Corcobado por los cuatro costados. Hay tradición, hay vanguardia. Los textos supuran crudeza y riesgo, sentimiento y vitalidad. Desde fuera da la sensación de que andas muy afinado compositivamente y bastante feliz. ¿Estamos en lo cierto? 

Javier: Estás en lo cierto. Es un disco en el que he insuflado mucha vitalidad, he intentado hacer mis canciones más pop, sobre todo en “Solitud”. Por otra parte, en “Soledad” se ha buscado dotar de una energía más de directo a las composiciones antiguas que se han reinterpretado y regrabado en el estudio. He tratado de poner la energía más poderosa en este trabajo en todos los sentidos, no solamente en la grabación, también en la composición y en el arte, con ayuda de Aintzane. Creo que es un álbum que, como dicen en allá en México, da muy buena vibra, pienso que es mi mejor disco y también el que me mejor me define. Si alguien no conociera la música de Javier Corcobado se le podría decir que escuchara “Solitud y Soledad” para saber de qué va el asunto. 

“En mis directos se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll” 

Y también se transmite la sensación de que has trabajado muchos las canciones, producción y unas letras que rayan a un nivel muy alto. ¿Crees que es uno de tus trabajos más completos? 

Javier: Muchas gracias por lo que dices. Has hecho y respondido la pregunta tú mismo. Creo que sí, en todos los sentidos. A nivel compositivo, sonido e intención. Ha habido discos en los que al terminar la grabación he dicho “es el mejor”, no en todos, eh. Hablo solamente de algunos. Me pasó con “A Nadie” en 2008-2009. Muchas veces lo he escuchado para repasar letras y repertorio. En este álbum a la hora de hacer el repertorio del directo, he tenido que escuchar las canciones para cantarlas en casa en playback junto a Aintzane y la verdad es que las he disfrutado mucho. Ahora las he estado ensayando junto a los músicos, Jesús Alonso, Juan Pérez Marina y Gustavo Villamor en Madrid, aquí la cosa crece, se incrementa la ternura, el poder sonoro, la energía, el ruido y el rock and roll. 

De un lado encontramos “Solitud”, diez nuevas canciones, y de otro “Soledad”, regrabación de viejos himnos en ocasiones perfectamente acompañado por compis del mundo musical. ¿A qué se debe que estemos por un lado ante un disco doble que se mueve en dos ámbitos distintos? 

Javier: No son dos ámbitos tan distintos. “Solitud” es el presente eterno y “Soledad” es recurrir al pasado para traerlo hasta hoy. También es cumplir viejos pactos que había existido, hablo de los duetos con Alaska, Andrés Calamaro y Nacho Vegas, con quienes tienes asuntos pendientes. Compañeros y artistas con los que he convivido en mi historia. Con Olvido compartimos casa durante casi dos años, nos conocemos muy bien y en un reportaje para “El País” nos hicieron unas fotos, en aquel momento, hablo del año 1995, pactamos hacer un dueto que ha sido posible en este disco con la canción “Dame un Beso de Cianuro”, incluida en “Corcobator”, el trabajo favorito de Fangoria. De hecho, versionaron en electro-disco “Coches de Choque”, cosa que me gustó muchísimo. En el caso de Calamaro fuimos vecinos en Malasaña, teníamos conversaciones largas sobre música y cine, grabábamos juntos e improvisábamos. Había mucha conexión. Andrés era muy distinto al de la época de Los Rodríguez y a su personaje, descubrí a un tipo cultísimo, multiinstrumentista y con una capacidad para componer pasmosa. Nos hicimos amigos en el barrio y hasta grabamos una versión del Tango “Tormenta” de Rodolfo Lesica que quedó perdido. Ha sido una gran oportunidad de cantar a dúo. En ambos casos las canciones están bien elegidas. Andrés cantando alto “Susurro” me gusta mucho. Y con Nacho Vegas nos comimos una gira de 20 conciertos juntos en 1996-97. Recuerda que Corcobado y Manta Ray grabamos el disco “Diminuto Cielo”, donde Nacho estaba como guitarrista, ahí ya nos hicimos amigos. La colaboración de Nacho y Andrés viene a colación de “Canción de Amor de un Día”, los invité a colaborar y ahí están. Estoy muy feliz de las facilidades que me han dado para aportar su voz. Nacho colabora en “Cine de Verano”, me encanta. Han quedado muy bien los duetos, la verdad. 

Te me has adelantado a próximas preguntas, por lo que, si te parece, vamos a hablar del primero de ambos si te parece, “Solitud”, un conjunto de canciones que tienen bastante de autobiográfico, del Corcobado enamorado y apasionado de hoy, pero también del viejo Javier, quizás más canalla, peligroso y adictivo. ¿Compartes mi valoración? 

Javier: Sí, claro que la comparto. El disco se abre con canciones desesperadas, algunas son de desamor, abandono y hablan de la muerte, a ratos son melancólicas y rabiosas. En las actuales se puede palpar el amor. 

Me ha gustado ese pasodoble-punk llamado “No tengo remedio”, que retrotrae a los mejores Gabinete Caligari de la primera época. ¿De dónde surge ese temazo? 

Javier: En el período compositivo que arranca en el otoño de 2024, quería hacer un riff de guitarra eléctrica, finalmente di con él y me parecía muy bien. Realmente no me recordaba a un pasodoble, me recordaba más al sonido “Caño Roto” de Las Grecas, Los Chorbos, El Luis en trabajos como “Gitano Soul” y del productor de todos ellos, José Luis de Carlos. La letra vino sola de alguna manera, habla de amor y también de la lucha con la tentación perpetua. Tenemos al diablo tentándonos y erotizándonos. La melodía y letra al acabarlo sabía que tendría que explicarlo que es un homenaje a todos esos grupos que me fascinaban. Cabe recordar que uno de los primeros singles de Los Chorbos fue “Vuelvo a Casa”, un tema fascinante donde cantaba el enorme Manzanita. 

Y la obsesiva “En la sombra de una copa”, donde haces una peculiar reflexión sobre el alcohol, que creo recordar no es la única del álbum. 

Javier: Esa canción la escribí yendo a visitar a mi amigo Javier Arnal a Almería, mientras le esperaba en un bar mientras tomando una copa de agua, por aquel entonces llevaba unos cinco meses sin beber alcohol, a día de hoy voy a hacer tres años sin probarlo. La letra está dedicada a mí, a mi abstinencia, algo que me encanta ahora mismo. Disfrutar del mundo de la sobriedad es explorar nuevas euforias como dice la canción. La otra referencia está en “Inundaciones de Amor”, cuando digo la “abstinencia obstinada también es una adicción”. Has entendido el disco, me está encantando, casi no te hago falta. 

Hay otros dos temas muy potentes como “Ying Yang Jung Venus” y “Errigoitin”, la primera suena totalmente tántrica, y la otra cantando en euskera, sobre el terruño que te acoge amablemente desde hace años.

Javier: Sí, “Errigoitin” es un poema para Erriogiti, un pueblo que descubrí en la Vizcaya profunda. Al llegar me di cuenta que era un paraíso donde iba a echar raíces como un roble, algo que se comenta en la letra. De hecho, llevo más de 15 años viviendo, aquí me quedaré sin duda. He estudiado algo de euskera, no lo sé hablar, entiendo un 5% de las conversaciones. Me gusta mucho la sonoridad, como me gusta también el alemán. Vivo entre euskaldunes, allí la gente habla casi toda en euskera. Es un tema que salió muy influido gracias a cinco personas que están acreditadas en el disco, entre ellas Aintzane, que me ayudaron a adaptarla. “Ying Yang Jung Venus” es una especie de salmo-hechizo para llamar a la abundancia. Ying es un gato negro, Yang una gata blanca, Jung, como el filósofo, es su primo que es tambíen blanco y Venus es una gata medio salvaje. Son los nombres de nuestros gatos, cada vez pedimos atraer la abundancia, ya sea dinero y la felicidad, los citamos en alto. Es mi interpretación más cercana a la actual música urbana, el ritmo es como de reggaetón, parecida a “Adiós Estrellas de Dolor” de Los Chatarreros. La letra está tomada de un soneto que aparecerá en un libro que verá la luz en otoño, pero eso es otra historia. 

“Ante todo, hay que ser libre” 

No para de citar a Aintzane con G de Gloria, tu confidente, pareja y una parte fundamental de este disco con unos coros que son maravillosos. 

Javier: Aintzane está en la banda, estamos juntos en todo. Trabajamos codo a codo en todos nuestros proyectos. Estamos muy unidos. Juntos y revueltos. 

Acerquémonos a “Soledad”, la parte donde regrabas parte de tus mejores canciones, solo unas pocas todo sea dicho, puesto que el material es infinito. ¿Por qué estas y no otras? Echo a faltar bombazos como “Caballitos de Anis”, “La Navaja automática”, “Coches de Choque”, entre otras… 

Javier: Le di muchas vueltas también a esto. Prácticamente son los singles que han salido de cada disco. Solo podía poner diez canciones y hay veinte discos oficiales con este último. Tuve que descartar las etapas de Mar Otra Vez y Demonios Tus Ojos. Fue muy difícil. Elegí los himnos, quedan muchos más fuera, evidentemente. Es posible que algún día se reediten. Hay trabajos que no están editados en vinilo, algo que habrá que subsanar en algún momento. Ya me gustaría que “Arco Iris de Lágrimas” y “A Nadie” estuvieran en vinilo, que para mí es la escucha con mejor calidad que existe, algo que no ha superado lo digital. Además, la industria del vinilo ha evolucionado tanto que cuando escuché este trabajo dije “wow, cómo suena”. Vengo de escuchar los discos de la época en que comprábamos singles, casetes y cds. 

Me acabo de levantar para coger una cinta de casete de Corcobado y Chatarreros de Sangre y Cielo donde aparece “Arco Iris de Lágrimas”. 

Javier: Qué bueno. Es verdad. Salió en casete. Me encantaría tenerlas, tengo una pletina en mi estudio.

¿Qué le has hecho a “Carta al Cielo” para que suene tan maravillosa? 

Javier: Tocarla con los músicos que llevan quince años tocando conmigo, la hemos interpretado en infinidad de veces. En México hemos tenido que abrir con ella siempre. “Arco Iris de Lágrimas” fue un trabajo que se editó por Warner, de los pocos que tuvo edición mexicana. Es de los raros casos que no ha sido pirateado ni importado. Durante los conciertos la gente estaba todo el rato pidiendo “Carta al Cielo”, cosa que era bastante molesta, así que tomamos la determinación de abrir con ella para que nos dejaran tranquilos y que el resto pudiera fluir. Esta banda que llevo es especialmente buena, nos compenetramos muy bien. Era la banda adecuada para grabar este disco. 

Antes ya me has hablado de parte de los colaboradores del disco, solamente nos faltaría citar Marc de Dorian y Jorge Martí de La Habitación Roja, además de la ya mencionada Aintzane. 

Javier: Son compañeros de sello, Intromúsica. Al ser un aniversario, Máximo Lario me dijo “invita a alguno de nuestros artistas”, dije “cómo no”. Pensé las canciones bien… Dorian me gusta mucho en su rollo bailable. A Marc le puse en un pequeño problema, básicamente porque tiene una parte muy Stooges y luego una parte más acústica. Me encanta el resultado. Se hace unos coros así mismo que me fascinan. “La Libertad” era un reto y Jorge Martí lo dio todo. Demostró ser un Nino Bravo del indie, las partes que canta están muy bien. Y de cierre “El Mar es mi Corazón” que es de la letras que más me emociona, hacerla con Aintzane como colaboradora, aunque ella es una invitada especial más. Es un disco de autoversiones que gana mucho con estas voces que enriquecen las canciones. 

“No nos preparan para vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra” 

Si algo ha caracterizado tu trayectoria es una independencia radical en lo artístico, donde nunca has sentido atadura de ningún tipo. ¿Cómo de complicado es desarrollar una carrera como la tuya en este país? 

Javier:
La complicación es la misma para todo el mundo. Es la supervivencia. Llevamos generaciones y generaciones donde nos enseñan lo mismo en los colegios, pero no nos enseñan a vivir en un mundo que nunca ha sido cómodo y siempre ha estado en guerra. Todos tenemos la complicación. El tema es cambiar el chip, la educación y pensar libremente. Tener el genio suficiente para vivir y no sobrevivir, desarrollando el don que has traído de fábrica, porque de lo contrario llevas una vida de frustración y no merece la pena. Nuestro tiempo es corto. En todos los ámbitos hay que luchar, ceder, pero ante todo hay que ser libre. Y ser libre no solo implica tener el alma y pensamiento libre, también es necesario tener cuerpo. Todos los seres humanos somos un ente, cosa que no nos gusta, porque tendemos a separarnos. Somos un ente maravilloso al cual yo he detestado durante mucho tiempo y no sé si llegará un día en que pueda amar con transparencia y profundidad, pero te prometo que lo intento. 

“Trato de escribir, componer y crear músicas que me gustaría oír” 

En tu caso siempre te has movido entre el fino hilo que marca la tradición, tanto musical y lírica de profunda huella hispánica, y una clara vocación cercana a la vanguardia y por momentos al más puro ruidismo. ¿De qué forma se consigue encontrar el equilibrio entre dos mundos aparentemente tan alejados? 

Javier: Lo hago para no aburrirme a mi mismo y no aburrir a los demás. Trato de escribir, componer y crear, una palabra muy fuerte, músicas que me gustaría oír. Busco cubrir mis carencias externas. Si te soy sincero al cien por cien, me gusta y me excita más la parte del ruido, a la que me voy dirigiendo paso a paso, año a año. Es donde más voy a estar inmerso. Me pierde también la canción con melodía, tradicional e hispanoamericana; el tango, bolero y ranchera. También los crooners. ¿Cómo se mezcla eso? No lo sé, no tengo una receta. Si crees que lo he hecho, ahí está para quien lo quiera disfrutar. Mezclar esos ingredientes es algo que me puede caracterizar, quizás. 

De entre todos los pasos de este camino, en ocasiones pedregoso. ¿Cuál es el período, pasaje o disco que miras con más orgullo? 

Javier: “Solitud y Soledad”, sin duda. El presente eterno. (Risas) “Canción de Amor de un día se podrá escuchar a partir del 26 de enero” 

¿Por qué “Canción de Amor de un día” no está al alcance de todo el público de una manera sencilla? 

Javier: No se ha publicado realmente, si alguien tiene algo es pirata. Porque la publicación se podrá escuchar a partir del 26 de enero, momento en que se editará junto al libro que acompaña la canción. 

Sabemos que en poco más de unos días estarás festejando la efeméride en Madrid, en el marco de un concierto que será de lo más especial. ¿Qué sorpresas puedes desvelarnos del mismo? ¿Habrá posteriormente una gira más o menos extensa que permita al público verte en vivo? 

Javier: En ese concierto… quien no me haya visto, prometo que se va a ir de allí queriendo volver. Daré lo mejor y máximo que pueda dar de mi mismo. Estaré con una energía renovada, con mi banda de acompañamiento real y un repertorio que es demoledor, además de un espectáculo maravilloso, luminoso y muy bello. Espero que haga entrar en trance a la gente. El día 30 de enero es el inicio de una gira que se va a prolongar, pero ahora solo quiero hablar de la fecha del teatro Eslava. Me están pidiendo conciertos en toda España, prometo que iré a las principales ciudad, sitios donde hace años donde no voy a cantar. En México estaré en abril. En cuanto se puedan anunciar los siguientes conciertos, seré el primero en decirlo en redes sociales, que para eso están. 

Hace no tanto tiempo nos deleitaste con “La música prohibida”, una particular y extensa biografía que recoge parte de los pasajes más crudos de tu vida. ¿Tiene el Corcobado escritor algún proyecto asomando en el horizonte? 

Javier: Hay un proyecto, un libro de poemas que saldrá en otoño, escrito en 2024. Hay algo especial, hay un capítulo de sonetos. Tengo otro proyecto, pero con tanta cosa por presentar, tanto artefacto artístico, no tengo tiempo. Es otra novela que tengo pendiente, será ficción, pero a ver cuándo encuentro el momento. 

Para la fecha del día 30 me voy a permitir el lujo de invitarte a redondear el cartel. ¿Qué te parecería invitar a Carlos Ann como telonero? 

Javier: Carlos Ann, no sé si estará en México ahora mismo. Tengo que llamarle, hace tiempo que no hablamos. Está en “Canción de Amor de un día” con dos piezas preciosas. Carlos es encantador, una bellísima persona y muy gracioso. Dale un abrazo si hablas con él. 

Gracias, Javier. Siempre es un placer hablar contigo. Espero ir a verte a finales de mes con todo mi familia y disfrutar de tu música en vivo. Va a ser todo un acontecimiento. 

Javier: Espero verte, te mando un abrazo y te doy las gracias. Seguimos en contacto.

Gluecifer: “Same Drug New High”


Por: Kepa Arbizu. 

El tránsito hacia el siglo actual, en el ámbito del rock, se desplegó a través de un puente especialmente rocoso promovido desde Escandinavia, bandas que bajo el apellido de "high energy", y armadas de imponentes riffs y el descaro punk, zarpaban furiosas con destino a revalorizar el idioma eléctrico. Una escena que, como toda virulenta explosión, pronto se diluyó perdiendo su unidad, lo que no impidió donar un legado todavía hoy constantemente recuperado por nuevos miembros de la familia musical. Pero más allá de su categoría como donantes, durante estos últimos años hemos visto constantes rebrotes, unos más merecedores de aplausos que otros, de algunas de las más significativas de sus representaciones. Una de las últimas, y especialmente lograda, fue la resurrección discográfica de Hellacopters, posiblemente quienes representan el mascarón de proa de de este catálogo. Un viaje desde los escenarios, espacio que ya habían conquistado previa edición del álbum fechado en 2025, “Overdriver”, hacia el estudio de grabación realizado ahora también por Gluecifer. Avalados por sus incendiarias actuaciones recientes, el siempre incierto reto, para quien ha permanecido en barbecho más de dos décadas desde aquel "Automatic Thrill", de engendrar nuevo material concluye con la aparición de “Same Drug New High”, un trabajo que despeja las dudas como la banda noruega sabe hacer, con la virtud del frenesí.

Si no bastase para traducir el espíritu que pretende recoger este trabajo con el primer plano de un desafiante gallo asomando en su portada, el explícito título del álbum, en clara alusión a la recuperación de aquella vieja receta aunque conjugada con renovada maña, completa la lista de propósitos encarnada. Objetivos de los que no se puede desprender el carácter histórico de un retorno respaldado por sus cuatro componentes clásicos -Biff Malibu, Captain Poon, Danny Young y Raldo Useless- más el perfectamente atemperado a la naturaleza del combo, Peter Larsson. Una fotografía de la formación que ilustra su pasado y que invita al presente, dos espacios temporales citados en estas once canciones que se presentan como una ruidosa y flexible procesión. 

A modo de tambores de guerra anunciando la llegada de las hordas en sus barcos vikingos, el golpeo de batería solicita la cooperación de unos riffs de crujiente distorsión para completar juntos el comité de bienvenida a un primer tema, “The Idiot”, que en su papel de ujier que introduce al oyente a esta rentrée, ejemplifica las virtudes de la banda, coronadas con un crudo pero empático estribillo que recoge el abolengo de quienes interpretaron el punk antes de ser bautizado, llámense Stooges o MC5. Celebridades en ese árido decálogo sonoro invocadas igualmente en “Mind Control" bajo una rugosa celebración que tiene como portavoz a la figura de su cantante Biff Malibu, poseedor de un preciado desparpajo recitativo. Un llamamiento a la confraternización colectiva diseñada para aglutinar el furor de los estadios, o las salas, en una "Made in the Morning" que adopta su propia extensión de la férrea consistencia definida por AC/DC. Cánticos que representan el aullido de regreso de unos hijos pródigos a los que no les sirve únicamente la experiencia del retorno, su intención es tender un renovado idilio con una población sedienta por poner sus gargantas al servicio de himnos fogosos.

Con el fin de no equivocar lo que supone un recorrido atravesado con vigor y potencia y no la mera recreación de un relato homogéneo y romo, la banda noruega maneja con perfección la alternancia de intensidades, nunca huérfanas de voltaje de alta gradación pero sí lo suficientemente heterogéneas como para no instalar el repertorio en un espacio monocorde, por muchas revoluciones que sea capaz de desarrollar. Una marcha que asume el jadeante ritmo del rock and roll para hacer de “1996” el retrato de esa eterna alianza entre precarios que alimenta la historia de este tipo de música, o que lleva hasta el máximo la aguja que señala su predilección por el punk, hermanándose con propuestas tan alteradas como las de New Bomb Turks, con el fin de conseguir que “Armadas” sea el retrato perfecto de una época caótica y salvaje donde “los psicópatas ocupan el tiempo de emisión”. Equilibrios sobre el filo desplegado por sus bulliciosas guitarras que repuntan melódicos en el tema titular y se orientan hacia la épica desgarrada para dirigir “The Score”, huellas posadas por estilos y ambientes que descansan entre el glam más vigoroso a la hora de firmar “"Pharmacity” o una “I’m Ready” que adopta el necesario tono melancólico para ofrecer un romántico camino conjunto entre sueños rotos y luces de ciudad.

“Same Drug New High” no es un un trabajo entregado como ofrenda a la persistencia mostrado por sus seguidores reacios a firmar el óbito discográfico de la banda; tampoco es un ejercicio de nostalgia de quien se niega a habitar las paredes del olvido, este álbum representa la muestra de poderío de un grupo capaz de trasladar la comprobada pasión ofrecida sobre las tablas del escenario hasta el estudio de grabación. El resultado es una enmienda a ser valorados en relación a su hoja de servicios y una vindicación del presente como su estado natural. Solo así se puede entender un repertorio inapelable en su fabricación de un rugido creativo que representa el artefacto perfecto para enfrentar un tiempo actual que demanda cerrar con fuerza los puños.

Los Lobos: "Cuando llegó el éxito de 'La Bamba' ya teníamos los pies en la tierra"


Por: Àlex Guimerà. 
Fotografías: Piero F. Giunt.

Nos atiende el carismático Steve Berlin, saxofonista de Los Lobos y con ellos desde 1983. Durante la charla nos confiesa que su castellano es muy malo por lo que prefiere hacer la entrevista en inglés. Normal, ya que a pesar de formar parte de Los Lobos no tiene ascendencia mejicana. Con él repasamos un poco la trayectoria de su icónica banda que ya ha cumplido 50 años de carrera. Pronto los tendremos en nuestras salas (el 5 de febrero en Barcelona y el día siguiente en Madrid), una oportunidad inmejorable para gozar de esta banda legendaria que va mucho más allá que el hype que tuvieron en los ochenta con su versión de "La Bamba". 

Vuestros comienzos en los años 70 y, sobre todo, en los 80, representaron una auténtica revolución en la música estadounidense. Bandas como R.E.M., The Long Ryders o Violent Femmes redefinieron el panorama musical, y vosotros contribuisteis decisivamente a construir lo que hoy entendemos como rock alternativo. En vuestro caso, además, fuisteis pioneros en mezclar estilos musicales latinos con el rock, incorporando instrumentos poco habituales en ese contexto, como el acordeón. En aquel momento, ¿erais conscientes de la importancia de vuestra aportación a la historia del rock? 

Steve Berlin: No, en absoluto. Siempre intentamos hacer música que nos hiciera felices, que honrara nuestras influencias y a las personas que nos animaron a ser músicos. Nunca pensamos en formar parte de la historia ni en cambiar la percepción que alguien pudiera tener de la música. Hasta el día de hoy seguimos intentando hacer música que nos haga sentir bien, algo que no existía antes. Nunca pensamos en nuestro lugar en la historia. 

En aquellos años tampoco podíais imaginar que seguiríais haciéndolo durante 50 años. 

Steve Berlin: Por supuesto que no. Cuando empiezas algo, no piensas que lo vas a hacer toda la vida. Me uní a la banda siete años después de que empezaran, en 1983, y en ese momento todo era diversión: lo pasábamos genial, girábamos con amigos… era casi como una fiesta. Cada aniversario me sigue sorprendiendo. Recuerdo que en el décimo aniversario pensé: “¿Cómo hemos durado diez años como banda? Es una locura”. Y ahora, con 50, aún más. Es imposible entender cómo ha podido pasar todo esto, pero aquí estamos. 

¿Cuál es el secreto para que los miembros de la banda sigan juntos después de tanto tiempo? 

Steve Berlin: Creo que hay varias razones. Para empezar, todos seguimos con nuestras primeras esposas. Nadie se ha divorciado nunca en Los Lobos. Somos personas bastante estables y, aunque suene un poco tonto decirlo, somos como lobos: hechos para toda la vida. No estamos buscando una oportunidad mejor, una banda mejor o una situación musical diferente. Al mismo tiempo, cuando alguno tiene algo que quiere expresar musicalmente y no encaja en Los Lobos, simplemente lo hace. Latin Playboys, los discos que produzco, el álbum en solitario de César… no es una secta. Los Lobos es el proyecto principal, pero nadie impide a nadie hacer otras cosas.

Otro factor clave es que los primeros siete años de la banda transcurrieron completamente fuera del radar. Nadie fuera de una pequeña comunidad del este de Los Ángeles sabía quiénes eran. Eso les permitió crecer como personas, formar familias y resolver muchos de los conflictos que suelen destruir a las bandas, mucho antes de que llegara el éxito.

Cuando llegó La Bamba y los grandes éxitos, ya teníamos los pies en la tierra. Nunca nos afectó esa idea tan peligrosa de que uno es más importante que los demás. Siempre hemos tenido claro hacia dónde íbamos. 

Con vuestra música, mucha gente se interesó por el rock latinoamericano, y muchos músicos comenzaron a explorar estilos como la cumbia, la salsa o los corridos. ¿Consideras que ese es vuestro mayor logro? 

Steve Berlin: Sinceramente, no creo que tengamos mucho que ver con eso. La música que hacemos es muy específica de Los Lobos. Si alguien descubre la cumbia o la música norteamericana a través de nosotros, es fantástico, pero no creo que seamos quienes “abrieron la puerta”. Simplemente lo hicimos a nuestra manera, sin seguir reglas. Cuando tocamos cumbia o música norteña, lo hacemos con nuestro propio enfoque, metiéndonos con todo, como siempre hemos hecho.

Me alegra mucho que la música latina esté ahora en todas partes y sea tan popular, pero creo que artistas como Bad Bunny son quienes realmente están impulsando ese movimiento hoy en día. Nuestra forma de tratar la música es muy diferente. 

"How Will the Wolf Survive?" está considerado uno de los mejores discos de todos los tiempos por revistas como Rolling Stone. Sin duda alguna es un disco sensacional de principio a fin ¿Qué recuerdos tienes de su composición y grabación? 

Steve Berlin: Lo recuerdo con muchísima claridad. Ensayábamos en el garaje de un amigo, Gary Ibáñez. Tiene grabaciones de mi primer día tocando con Los Lobos y de las primeras versiones de las canciones de ese disco.00 Recuerdo perfectamente el día en que David Hidalgo trajo la canción Will the Wolf Survive?. Pensé: “A partir de ahora todo va a ser diferente”. Sentí que era la primera canción completamente nuestra, algo que no se parecía a nada anterior. Fue un momento histórico para la banda. Y aquí estamos, más de 40 años después.

Aunque el éxito masivo os llegó más tarde, en 1987 con La Bamba. ¿Cómo vivisteis aquella locura?

Steve Berlin: No teníamos ninguna expectativa. Mientras trabajábamos en la película, el guion cambiaba constantemente y se cortaban escenas enteras. Para nosotros era un honor participar, sobre todo por la relación tan cercana con la familia de Ritchie Valens. Terminamos el trabajo y nos fuimos de gira a Europa. Allí fue cuando todo explotó. De repente, La Bamba era la canción del verano. Fue una suerte increíble. Pero fue algo temporal. No era una canción propia convertida en éxito mundial. Cuando pasó el ruido, volvimos a donde estábamos antes, aunque con más gente que nos conocía. Fue como un sueño muy bonito de un par de años. 

Después decidisteis no seguir las exigencias comerciales y publicasteis discos como La Pistola y el Corazón, Neighborhood o Kiko. ¿Fue difícil tomar ese camino? 

Steve Berlin: No, en absoluto. Siempre hemos sabido qué cosas no debíamos hacer. Tras "La Bamba" no había continuación posible, así que decidimos seguir nuestra propia voz. Mirando atrás, todas esas decisiones fueron las correctas. Nunca dudamos cuando surge una idea extraña: la seguimos y vemos adónde nos lleva. 

En años recientes habéis publicado grandes discos como One Gate of Gold o Native Sons. Este último es un álbum de versiones de clásicos californianos. ¿Crees que los discos de versiones son cada vez menos comunes? 

Steve Berlin: No lo sé. La verdad es que solo pienso en mi banda. En nuestro caso, la idea surgió por razones prácticas. Antes de la pandemia teníamos una agenda de giras muy intensa y no podíamos parar dos meses para componer. Pensamos en grabar versiones poco a poco, entre conciertos. Luego llegó la COVID y ese proyecto se convirtió en nuestra forma de mantener la cordura. Reunirnos en el estudio fue nuestro mecanismo de supervivencia. 

Durante este 2026 tocaréis en Barcelona y Madrid. ¿Qué pueden esperar los fans españoles?

Tenemos más de 40 años de canciones, así que intentaremos traer un poco de todo, con especial atención a las canciones en español. Los españoles son nuestros hermanos: queremos que sepan que su sangre es nuestra sangre. Nunca llevamos un plan cerrado. Respondemos al momento y a lo que pide el público. Seguimos nuestros instintos. 

¿Y qué proyectos tiene Los Lobos más allá de la gira? 

Steve Berlin: No tenemos un nuevo disco todavía, pero sí un documental en marcha desde hace cinco o seis años. Se estrenará en 2026. Grabamos dos canciones nuevas para él, así que seguimos creando. Además, todos estamos deseando volver a España. Nos encanta este país. Siempre es mágico para nosotros. 

Por último, como cada Navidad hemos escuchado vuestro trabajo de dicha temática. ¿Qué os motivó a hacerlo? 

Steve Berlin: Siempre fue una idea que tuvimos en mente. Hay una cantidad increíble de música navideña en la cultura latina. Fue uno de los discos más divertidos que hemos hecho nunca. Quizá toquemos alguna canción en febrero… aunque no sé si ya será demasiado tarde. Ya veremos.

Madrid suena como Sevilla gracias a Vera Fauna. La banda sevillana triunfa en la sala But


Sala But, Madrid. Viernes, 23 de enero del 2026. 

Texto: Guillermo García Domingo. 
Fotografías: Marián Bujanda Bravo. 

 El grupo sevillano Vera Fauna actuó en la sala But el pasado viernes dentro de la programación del Inverfest, una de tantas propuestas con las que el festival pretende sembrar en el desierto y en la “cuesta” de enero. Las noches madrileñas de este mes son tan frías como el desierto, pero la calidez andaluza de Vera Fauna contribuyó a combatir el frío de la ciudad. También hizo lo propio Ruto Neón, desde Murcia.

Es un acuerdo tácito, un párrafo para los teloneros y el resto para el grupo principal, sin embargo, el desempeño de Ruto Neón la pasada noche hace que nos preguntemos si no serían merecedores de un espacio mayor en esta crónica. El joven quinteto abordó varios géneros, a saber, el bolero, el reggae, el rap o la salsa impulsados por una poderosa energía. El frontman del grupo, Bruno Laencina, dispone de una voz espectacular, el bajo hiperactivo está en primer plano, y el trompetista irrumpe con la personalidad que suele demostrar este instrumento. Kike Suárez, el vocalista de Vera Fauna, apareció por sorpresa en el tremenbundo tema “shoegaze” titulado “Pensando en la muerte”, que ya grabó junto a ellos en su día (el vídeo promocional es casi tan necesario como la canción).

Después de un cambio de set realizado a contrarreloj en apenas cuarto de hora comparecieron los Vera Fauna. Kike Suárez (voz, guitarra y letras), Javi Blanco (guitarra), Juanlu Romero (batería), Jaime Sobrino (bajo) y Alejandro Fernández (teclados y saxo) son músicos de primera que tienen bien aquilatado su repertorio, que no solo incluye temas de “Dime cómo estamos” sino de sus discos anteriores. No se les puede hacer un solo reproche. Los puentes musicales son tan bonitos y llenos de gracia como los puentes que cruzan el río Guadalquivir de su ciudad natal; sin su riqueza humana y musical es imposible concebir el poderío de esta banda. Si no fuera así Kiko Veneno no los habría elegido para recrear “Échate un cantecito” treinta años después de su publicación. Kiko y Kike tienen bastante en común, se les caen del bolígrafo las canciones contagiosas como virus benéficos que componen rehuyendo la grandilocuencia, y descubriendo, en cambio, aspectos de la cotidianeidad que los demás pasamos por alto. De hecho, una de las mejores canciones del concierto fue “Martes”, que grabaron con su padrino Kiko Veneno hace unos años.

Ambos K están tocados por el duende que acuñó Lorca. Aunque Veneno es más hierático sobre las tablas, y para animar la fiesta suele contar con el maravilloso Tomasito. Kike Suárez, al igual que el cantaor y bailaor citado antes, es divertidísimo sobre el escenario, se contonea y recorre el escenario, y al hacerlo nos recuerda a aquellos artistas que han dejado huella en el escenario por sus movimientos. Lástima que de vez en cuando tenga que coger la guitarra para dar más empaque a las canciones.

Kike cantó las seis primeras canciones (algunas fueron “Un atraco”, “Los años mejores”, “Los naranjos”, “Un día más”), pero fue la séptima la que se convirtió por derecho en uno de los mejores momentos del concierto, cuando invitaron a su amiga Ängeles Toledado conn el fin de interpretar “Me destruye”, aunque la voz principal junto a la jerezana la puso el bajista Jaime Sobrino. A partir de aquí el concierto fue creciendo en intensidad, los temas susceptibles de ser coreados llegaron a su debido tiempo. La banda actúa como un solo componente, así es su solidez y su coordinación. La atmósfera electrónica que genera Alejandro Fernández con sus teclados es extraordinaria. Mejora las canciones, sin que por ello pequen de un sonido épico impostado. Sobre las cabezas de los asistentes se formaron bucles de sonido hermosos y frágiles como pompas de azahar. Víctor Cabezuelo y su guitarra también fueron invitados a actuar en “Los grillos”. Los bises de “Sale el sol”, “Tu voz”, “Casa Carreras y “No me digas la verdad” terminaron de convencer, si no lo habían hecho ya, a todos y cada uno de los que estábamos allí, porque las canciones de Vera Fauna, hacen que uno sienta una discreta fiesta en su interior mientras baila por fuera.

En una reciente entrevista con Ángel Carmona, Kike Suárez decía que Sevilla no suena como sonaba antes, que sus barrios están dejando de sonar. Es algo inquietante, aunque también es cierto que mientras Vera Fauna estén ahí, y otros músicos sevillanos a los que esta revista admira, el sonido de Sevilla, el ruido de sus calles y de su intensa vida, seguirán sintiéndose en cualquier parte.

Mariano Peyrou: "Free Jazz. La música más negra del mundo"


Por: David Vázquez. 

Mariano Peyrou, músico y profesor de Historia del Jazz y de Estética de la Música en el Centro Superior Música Creativa de Madrid, desgrana una de los subgéneros del jazz más abstrusos de la música moderna. En el ensayo explica estructuras y diferencias respecto a otros movimientos jazzísticos, para quienes ya escuchan el género y quienes no. Acompañando el texto de una lista de canciones que desfilan entre las páginas. Si bien habla con conocimiento musical, "Free Jazz" (Anagrama) también relata el nacimiento, el auge y la caída del movimiento, por momentos llevándose el foco más que el subgénero, cuya ironía fue que el éxito de audiencia o éxito comercial se diese entre las élites intelectuales blancas. De ahí el subtítulo La música más negra del mundo. El recorrido llega hasta 1967 con la muerte de Coltrane, gigante del jazz que respaldaba a esos jóvenes revolucionarios, supuso un terrible golpe y la sentencia de muerte de este estilo.

Establece el autor argentino una contraposición entre el jazz europeo, las músicas europeas, y sus diferencias con la música negra: La jerarquía que separa lo culto de lo popular. Para ello, parte de la premisa para explicar el conflicto ante la pregunta de ¿qué es ser negro (en lo musical)? Aunque la idea no tiene una respuesta categórica, existe una clara diferenciación entre la existencia y la música, por lo que una banda sonora siempre suele ir ligada a una experiencia personal. Y es en este contexto, debido a las paradojas que se plantean, estas resultan un pilar más que interesante, traduciéndose en los planos y las conversaciones entre músicos como si fueran uno: la comunión. Porque como indicaba Kepa Arbizu: "Todo grupo de personas que expresa una profunda afición por una disciplina creativa determinada comparte ciertos códigos de lenguaje que, como si de un ritual secreto se tratase, adquieren significantes sólo descifrables por ellos mismos."

Partiendo de la cita de Archie Shepp, quién afirma que “La cultura y la música negra son esencialmente improvisatorias”, Peyrou se centra en la asimetría y lo imprevisible del free jazz, a diferencia de géneros más directos con estructuras más férreas. Sin perder el contesto social, donde los músicos se desarrollan teniendo en cuenta la escasez de espacios para cantar y bailar y el limitado acceso a instrumentos musicales. En esta cartografía, que al igual que cualquier hoja de ruta une puntos de lógica cercanía.

En esta ocasión, el libro rezuma pasión, bajo una narrativa formal, más bien profesional. Pese a su brevedad en términos de páginas, requiere de tiempo para ir escuchando y descubriendo, si no se conocen, a los artistas, LP y canciones citadas, así como de un pequeño conocimiento del género en cuanto a estructura.

Si bien, el objetivo es, además de trasladar y exponer la historia de este subgénero, aprender a apreciar una propuesta musical inusual pero estimulante, áspera pero altamente creativa, proporcionando al oyente la libertad de escuchar desde otro lugar. Sin embargo, una vez finalizada la lectura, la sensación que produce es la falta de una conclusión final para cerrar, ya sea un resumen de las características del subgénero o sobre el contexto socio-histórico.

50 discos de 1975


A Guillermo García Domingo.

Por: Ricardo Virtanen. 

1975 fue otro año glorioso, de una calidad impresionante, haciendo honor a la década del 70, la más importante de la historia del rock. Es cierto que The Rolling Stones no sacan trabajo nuevo, aunque sí Springsteen, Bowie, Queen, Pink Floyd, Bob Dylan, Led Zeppelin o Neil Young (con dos obras maestras). Y eso que dejamos fuera de la lista de 50 a grupos y solistas de la talla de Deep Purple, Elvis Presley, Frank Zappa, Jefferson Straship, Status Quo, Van Der Graaf Generator, UFO, Gentle Giant, Eric Clapton, Phil Manzanera, Elliot Murphy, Donna Summer, Procol Harum, T Rex, Scorpions, Chris Squire o Barry White. ¡Que lo disfruten! 

1.- "Born to Run", de Bruce Springsteen

"Born to run", tercer álbum de Bruce, es sin duda su mejor álbum, aquel que lanza su carrera al estrellato. Sitúa al cantante en la cima del rock y se significa en uno de los discos más importantes de la historia del rock. Bruce tenía 25 años, y se hallaba en un momento difícil. Tras dos discos no tenía excesivas ventas y su banda giraba por bares y clubs de New Jersey, Arizona, Georgia o Texas. CBS le dio un ultimátum. De modo que se la jugó. En el mismo año de 1975, el productor Mike Appel estructuró la E Street Band, y contrató a Roy Bittan (piano) y Max Weinberg (batería, todavía hoy en su banda), aunque en el disco aparecen aún los fugados” David Sancious (piano) y Ernest Carter (batería), quienes habían grabado “Born to Run” en una sesión de 1974. Es en esta época cuando el periodista John Landau acuña aquella frase mítica: “He visto al futuro del rock’n roll, y se llama Bruce Springsteen”, la cual fue usada por Columbia para promocionar al artista. Esa canción fue distribuida por Appel en radios sin que hubiera disco en la calle. Eso propició una avalancha de oyentes que querían el disco. En 1975, fueron regrabadas las canciones, salvo “Born to Run”, y aparecen absolutos hits como "Thunder Road", "Night” o “Tenth Avenue Freeze-Out”, donde se sumaron los hermanos Brecker (Michael y Randy, saxo y trompeta, respectivamente) y el gran David Sanborn, con su ritmo pegadizo. Sus letras presentan a un luchador nato que vive en busca de su propio destino, con aquel lema perenne: “nacimos para correr”, forjando la leyenda del “sueño americano”. 

El álbum presenta la fisonomía de unas viñetas que refieren un día de verano , con su mañana y su noche. Y en ese sentido están conjugado el orden de las canciones. Por ello son clave tanto ”Thunder Road”, que representa la mañana donde el protagonista se la juega, o la comentada “Tenth Avenue…”, en que quedan reflejados los miembros de la banda. Con la exitosa “Nigth”, Bruce se adentra en la noche, una música que ya suena celestial. Como en "Backstreets”, un elogio de la amistad: “Juramos que seríamos amigos para siempre”. La homónima “Born to Run”, que abre la cara B, fue escrita sentado en la cama de su casa de Nueva Jersey, como reconoce Bruce en sus memorias Born to Run (2016), otro hit que permanece en su repertorio hasta hoy. Aquí el Boss ofrece una definitiva fisonomía de su fuerza musical: marcadas guitarras, majestuoso piano, bajo y batería potentes, coros y sección de viento, estos últimos dirigidos por un portentoso Clarence Clemons (saxofonista fallecido en 2011), artífice del proyecto como representante de la E. Street Band primigenia. Mientras “She’s the One” suma un marcado “ritmo Bo Didley”. Los últimos cortes del vinilo muestran la cara suave de Springsteen, mientras cae el anochecer, para custodiar el día, surge la balada “Meeting Across the River” (con la participación de Randy Becker a la trompeta) y, sobre todo, “Jungleland”, que transcurre entre distintas dinámicas: la balada inicial, el tiempo medio y una aceleración de la banda con un riff final antológico, a modo de despedida por las tenebrosas entrañas de la ciudad.

Sin duda que este disco, y las posteriores giras de presentación, moldearon el “sonido Springsteen” y crearon el mito. Pero no todo fueron parabienes para Bruce. En 1976 descubrió que Appel se quedaba con el 70 % de los royalties de sus canciones. Esto le llevó a lidiar en juicios, hasta que en 1977 recuperó sus derechos por una cantidad millonaria depositada a su antiguo mánager. Como curiosidad diríamos que también aparece en los créditos Steve Van Zandt, haciendo coros, quien será el futuro gran guitarrista de Bruce. La portada del disco, realizada por Eric Meola, elegida entre 900 tomas, representa uno de los iconos del rock. Ahí Bruce se apoya en Clarens Clemons, y sostiene su mítica Fender Esquire. Born to run vendió más de siete millones de copias en los EE.UU, y llegó al nº 3 del Billboard 200, y al nº 18 de los 500 mejores discos del Rock de Rolling Stone. En su 30 Aniversario, en 2005, se remasterizó y se lanzó una caja recopilatoria con dos DVD. 


2.- "Blood on The Tracks", de Bob Dylan

"Blood on the Tracks" se sitúa entre lo más selecto de su repertorio, su disco canónico de los setenta, un álbum clave en su trayectoria, difícil en su concepción poématica, lleno de misterios y enigmas. Un disco desgarrador en muchos momentos, quizá el álbum de ruptura amorosa por antonomasia. Su temática surge cuando Dylan se separa de su esposa Sara Lownds (Sara Dylan). Se produce una ruptura con su expresión musical más política, mientras que se potencia su poesía más íntim. Cada canción del disco, entonces, se convierte en un terrible aldabonazo de sangre infinita: “blood on the tracks” (el crítico Tim Riley habló de algo parecido: “sangrar en cada surco”). El trovador de Minnessota ha negado siempre que se hable en sus canciones del divorcio de Sara, mas su hijo Jakob Dylan se ha referido a este trabajo como “una discusión entre mis padres”, y es por tanto un disco en gran parte autobiográfico. Grabado entre septiembre y diciembre de 1974 para Columbia, su situación en la antigua A&R Recording era inestable por los magnates de su antigua discográfica. Pero ahora el Premio Nobel sabía que se encontraba en situación de generar uno de los discos más importantes de la música rock, si bien la grabación del álbum fue un auténtico caos, con cambios repentinos de músicos, en apenas diez días, sin una banda fija para ello. Su ruptura con Sara estaba unida a su romance con una de las empleadas de Columbia: Ellen Bernstein. E incluso, se ha especulado con que en algunas canciones aparezcan amoríos anteriores de Dylan.

Entre lo más selecto del repertorio hallamos el primer corte, “Tangled Up in Blue”, una de sus inmortales canciones, que impone un estado de tristeza y melancolía (“enredado en la tristeza” canta). Otras, como “Shelter from de the Storm” o “Buckets of Rain”, pretendían la sanación al atropello amoroso, y son temas de una alta carga emocional, poseyendo ciertas ínfulas sanatorias, de redención personal y vital. También, hay tiempo para el sarcasmo y la venganza, como escuchamos en “Idiot Wind”: “Dulce mujer, viento idiota soplando cada vez que mueves tus dientes, eres una idiota, chica, no me explico cómo puedes todavía respirar”. Si bien el propio Dylan ha aseverado en su biografía Crónicas (2004), que estos temas tiene su homenaje a unos cuentos de Chéjov. En otras canciones, la relación con su ex mujer Sara es más que evidente: “Sara, Simple”, “Tangled Up in Blue” o la misma “Simple Twist of Fate”, sin bien aquí no se plasma su relación y ruptura con Sara como relato único, sino que hay conexiones con otras rupturas sentimentales anteriores. Esta última es otra canción memorable, realizada con acústica, bajo, armónica y voz. Blood on the Tracks es, definitivamente, un álbum ruptural en su carrera, una de las joyas discográficas de los años 70, donde Dylan alcanza a proyectar su voz más característica. Sin duda, desde este álbum se dice aquello de “el mejor disco de Dylan desde Blood on the Track”. Fue puesto 16 para Rolling Stone entre los 500 mejores discos de rock, alcanzó el n.º 1 en Billboard 200 y fue disco doble Platino por RIAA. 

3. "Horses", de Patty Smith 

Lo que más llama la atención de "Horses" es que sea el primer disco de la cantautora Patty Smith (1946), que apenas dos años antes no tenía ni banda. Y lo cierto es situó a Patty en la cima del rock. Horses simbolizaría la libertad para Smith, que generó una estética punk rock, todavía inexistente, desde la perspectiva de una poeta del rock, muy en consonancia con otros trovadores como Bob Dylan (a quien adora, como se puede leer en su actual biografía Pan de ángeles: “Dylan seguía siendo mi modelo”) o Lou Reed. Ante una música que se genera desde una vanguardia del rock, sus grandes textos poéticos se centran en aspectos biográficos como la niñez, la adolescencia, el amor, el poder o la lucha social. En definitiva, Patty Smith fue antes poeta (ha publicado unos diez libros) que músico, muy influida por la poesía de Rimbaud (el álbum se publica el 10 de noviembre, cuando murió el poeta francés). Asimismo, en referencia al nacimiento del punk rock, son clave grupos como Television o Ramones, que coinciden con la “musa del punk” en la conocida sala neoyorquina CBGB. También Lou Reed fue uno de sus mentores. "Horses" se comenzó a grabar en agosto del 75 para Arista Records. Patty eligió al gran John Cale como productor, y se grabó en los estudios Electric Lady Studio de New York City, donde vivía la cantante. Se rodeó de músicos que confiaron en en su indudable talento, como Lenny Kaye (guitarra), con quien empezó a tocar en 1974, Jay Dee Daugherty (batería), Ivan Král (bajo) y Richard Sohl (teclado), quienes además son autores de la música en muchos temas. El repertorio de canciones de Horses se diversifica en varios estilos, que proceden de influencias como Jimi Jendrix, The Doors, Rolling Stones, la Motown, músicos de jazz o un incipiente punk rock. El primer corte es ya todo un pelotazo: “Gloria: In Excelsis Deo/Gloria”. Partiendo del conocido tema del Van Morrison de Them, Smith añade una primera parte con un largo poema propio: “Oath” (1968), desarrollando una fuerza inusitada, con unos registros vocales personalísmos. “Redondo Beach” apuesta por el reggae, con un poema escrito en el Chelsea Hotel y alusiones familiares. “Birland” se inclina hacia el jazz, con un toque de Hendrix e improvisación coral, y “Free Money” vira hacia el punk rock, en un tema esencialmente social, donde también aparecen episodios familiares, dentro de un pronunciado dinamismo: “We’ll dream it for free, free money”. Otra de las canciones donde aparecen testimonios biográficos alusivos a su familia es “Kimberly”, dedicada a su hermana menor, llamada Kimberly (1957), de la que dice: “Oh baby, I remember when you were born”. “Elegy” está dedicada a los artistas muertos, donde resplandece la figura de Hendrix (el tema se grabó en el 5º aniversario del la muerte del guitarrista), mientras “Break It Up” se vincula con el poeta visionario Jim Morrison. En "Pan de ángeles", Smith confirma que el detonante de la canción fue uno de sus sueños. Ella le gritaba al cantante el verso: “Break it up, break it up Jim, break it up”. Finalmente “Land” (de diez minutos) está centrada en “Land of a Thousand Dance”, el tema de Wilson Pickett, y es una suerte de infinita improvisación, cuyo influencia deriva de las locas noches en el CBGB. 

La portada fue obra de su amigo, y antigua pareja, Robert Mapplethorpe, cuya relación quedó expresa en el libro de Patty Éramos unos niños (2010). La realizó en blanco y negro, con luz natural, y se volvió icónica con respecto a la rebeldía del rock. La discográfica quiso modificar algunos aspectos (como la pelusa del bigotillo que aparecía en la cara de Patty), pero ella se negó a retocarla. En 2005 se publicó un disco en directo: Horses/Horses, en dos álbumes (el directo y el disco original), grabado en el Royal Festival Hall, con Flea al bajo y Tom Verlaine (de Television) a la guitarra. El disco apareció en el puesto 50 de Billboard 200, mientras que en Rolling Stone se cifró en el puesto 44 de 500 álbumes. En 2021, Horses se incluyó en el Grammy Hall of Fame

4. "Wish you Were Here", de Pink Floyd 

Después de la catarsis que supuso "Dark Side of the Moon" en 1973, tanto para la propia banda como para la historia del rock, dos años después Pink Floyd hacían descargo de conciencia y elaboraban otra obra maestra que iba a girar en torno a dos temas. Por un lado, Syd Barret, antiguo miembro de la banda (quien fue apartado del grupo por su enfermedad mental, en parte producida por el consumo de LSD). Por otro lado, se significó en una crítica voraz a la industria discográfica. Sin duda, nos hallamos ante su disco más comercial y lírico. Se comenzó a grabar en enero de 1975 en los estudios EMI (después Abbey Road) y se acabó en julio. El cuarteto (Gilmour, Waters, Wright y Mason) pretendían que fuera Alan Parson de nuevo el productor, como en "Dark Side", pero el músico trabajaba en su primer disco en solitario con Alan Parson Proyect. De modo que se eligió al técnico John Lekie y, más tarde, a B. Humphries, con una mesa de 24 canales (frente a los 16 de Dark Side). Hay fotografías que muestran que durante la grabación de “Shine on your Crazy Diamond” apareció por el estudio Syd Barret, pasado de peso, con la cabeza y las cejas afeitadas y la mirada perdida. Se sentó escuchar. Varios de los miembros del grupo lloraron. Sin duda que es el tema esencial del disco, el que desarrolla la idea central del álbum: la locura de Barret. La canción dura veinticinco minutos, compuesta por Gilmour, Wright y Roger Waters, quien escribió la letra en torno a la ausencia de antiguo miembro desde hace siete años. La idea era en principio que se pareciera a suites anteriores (“Atom Heart Mother” o “Echoes”), pero se determinó dividirla en nueve partes y colocarlas abriendo y cerrando el disco (I-V y VI-IX). La colaboración del saxo Dick Parry, la voz y solo de Gilmour y el teclado de Wright crearon una auténtica obra maestra. También el violinista de jazz Stephen Grappeli fue invitado a grabar en el tema, pero no aparece en los créditos, porque dejaron inaudible su aportación en la mezcla final inaudible.

No obstante, los singles de promoción fueron las canciones “Have a Cigar” (cantada por Roy Harper) y “Welcome to the Machine”, alejadas de la figura de Barret. Aquí Waters vertió toda su rabia contra la industria musical. Para “Have a Cigar” se necesitaron 56 tomas para concluirla con éxito. Waters refirió que no le gustó que Harper metiera la voz, pero el grupo decidió en ese sentido. El tema homónimo “Wish You Were Here” es mítico, uno de los himnos de Pink Floyd, compuesta al alimón por Gilmour (con el clásico arpegio) y Waters. Para la portada se eligió una imagen icónica: dos hombres se dan la mano con trajes ignífugos, y uno está ardiendo. El grupo de diseño Hipgnosis lo llevó a cabo teniendo en cuenta la temática del disco (la ausencia y la hipocresía). Uno de los extras de cine se llegó a quemar ligeramente la cara por un cambio repentino del viento. "Wish You Were Here" fue el último álbum coral de Pink Floyd (en el que se votaban todas las decisiones), y fue el preferido por Gilmour y Rick Wright, quien murió en 2008. En su momento la crítica lo despreció un tanto, si bien con el tiempo ha sido considerado por la crítica internacional como uno de los mejores trabajos del grupo y uno de los mejores discos de la Historia del Rock. Alcanzó el puesto 1º en Billboard en los EE.UU. (donde fue el disco más vendido de Pink Floyd), y también en Inglaterra.

5.- "Zuma", de Neil Young 

En noviembre de 1975, Neil Young publicaba "Zuma", séptimo de sus álbumes, otro magnífico eslabón de la cadena de obras maestras generadas por Neil Young en los setenta, tras la conocida “Ditch Trilogy” (con trabajos de 1973, 1974 y 1975, cuando sale "Tonight’s the Night" en junio). En 1972, tras la muerte de Danny Whitten, el canadiense retomó a los Crazy Horse (ausente del combo del canadiense desde 1969), uniendo al grupo al magnífico guitarrista Frank ‘Poncho’ Sampedro. Con Zuma, Young engendraba dos obras maestras en un mismo año. Al igual que "Tonight’s the Night", el productor fue David Briggs, que grabó las canciones en una sola toma en Reprise Records.

"Zuma" interpone dos estilos, por un lado canciones country rock, por otro, temas más ásperos, cercanos al hard rock. El mejor ejemplo de lo último es “Cortez The Killer”, un largo alegato anticolonialista (Cortés versus Montezuma), con uno de esos solos infinitos de Young, que hizo estragos en los grupos de los noventa (con 7:29’ de duración). El abrupto corte final en la canción se debió a que la cinta se acabó. Mas Neil Young afirmó que, de todas formas, no le gustaba ese final. Llama la atención que la censura franquista cambió el título de la canción, y la tituló “Cortez Cortez”. Sus temas más ‘hard’ son “Drive Back”, ejecutado con su famosa guitarra ‘Old Black’, y “Barstool Blues”. La balada “Through My Sails”, que cierra la cara B, es otra joya de interpretación y delicadeza, con colaboraciones de Stephen Stills al bajo y Crosby y Nash a los coros. También destaca “Don’t Cry No Tears”, la cual abre la cara A. Al igual que “Barstool”, es una canción de relaciones amorosas consumidas. Mientras su reciente separación de su esposa Carrie Snodgress proporcionó la temática de varios cortes, como “Stupid Girl” (“You are a stupid girl”, canta Neil), “Don’t Cry No Tears” o “Danger Bird”, un tema en que la guitarra de Young predomina por encima de todo, mientras se escucha: «Cause you've been with another man, there you are and here I am». 

En la portada aparece un dibujo de James Mazzeo (autor de la portada del disco posterior "Greendale"). Mientras es considerada por Young como una de sus mejores portadas, la crítica musical la votó como una de las peores de la historia del rock. Zuma alcanzó el puesto 25 en la lista Billboard 200, siendo disco de oro, y disco de plata en la UK Albums Chart


6.- "Physical Graffiti", Led Zeppelin 

Para este complejo y disciplinado sexto álbum de Led Zeppelin, se había optado por un sello propio: Swan Song Records. Para ello, la banda confecciona un doble disco (quince canciones), que se me antoja fundamental en la evolución de su sonido, y una de las joyas de este año, y uno de los más vendidos del 75. Con el tiempo la crítica se ha aunado para elevarlo como uno de sus trabajos más significativos. "Physical Graffiti" es el disco favorito de Robert Plant. Jimmy Page ejerció de productor y compositor de una gran parte de las canciones. También fue crucial la labor del bajista, John Paul Jones, quien estuvo a punto de abandonar el grupo en 1974. Page y el mánager lo convencieron, y Jones se involucró en el trabajo hasta el punto de que con sus líneas innovadoras de bajo y teclado consiguió su obra maestra para Zeppelin. Estamos ante un disco de una gran variabilidad de estilos. Ahora su hard rock primigenio (que sí lo hallamos en temas como “The Rover”, compuesto en principio para el disco anterior, "Houses of the Holy"), lo evolucionan a otras fusiones, como la psicodelia: “Kashmir”, un auténtico pepinazo, partiendo de una idea musical de Page y el baterista John Bonham, con uso de mellotron por parte de Paul Jones; el rock progresivo de “In the Nigth”, que abre la cara C, compuesta casi en su totalidad por John Paul Jones, y preferida de Plant; el folk de “Black Country Woman”, tema grabado en la mansión de Mick Jagger, donde curiosamente se oye al principio un avión pasar , o de “Down by the Seaside”, deshecho del álbum Led Zeppelin IV, con influencias de Neil Young; el funk de “Trampled Under Foot”, una improvisación total del grupo a partir de un riff de Page, que fue lanzado como sencillo por su gran comercialidad; el blues rock de “In My Time of Dying”, de once minutos con seis segundos, firmado por los cuatro componentes, basado en una versión de Dylan, de tintes bíblicos; la balada “Ten Years Gone”, un tema complejo en el que Jimmy Page utilizó catorce pistas para su grabación; más una instrumental con guitarra acústica compuesta por Page, delicada e íntima, titulada “Bron-Yr-Aur”, de dos minutos con seis segundos, la más corta de su extenso repertorio, homenaje a aquella casucha en la que Page y Plant compusieron el afamado disco "Led Leppelin III". 

Lo cierto es que Plant y Page tenían material nuevo casi para un LP, pero tiraron de material sobrante de discos anteriores (Led Zeppelin III, Led Zeppelin IV y The Houses of the Holly, compusieron unas piezas más y convirtieron Physical Graffiti en un soberbio doble disco. La importancia de este trabajo lo demuestra el hecho de que al menos cinco de estos brillantísimos temas pasaron a engrosar el set list de la banda hasta su disolución en 1980. Rolling Stone lo situó en el puesto del 70 de los mejores 500 álbumes del Rock. 

7.- "Tonight’s the Night", de Neil Young 

 El bueno de Neil Young sitúa dos de sus trabajos entre lo más granado de este 1975. "Tonight’s the Night" es otra de sus obras maestras, a mi parecer, un escalón por debajo de "Zuma". Fue su sexto álbum, grabado entre agosto y septiembre de 1973 en los estudios SIR de Los Ángeles, y producido por su amigo antiguo David Briggs. Se publicó, no obstante, dos años después. "Tonight’s The Night" es el disco en el que Young se enfrenta a las muertes por sobredosis de Danny Whitten, guitarrista de Crazy Horse, y Bruce Berry, su roadie y amigo personal, en 1972 y 1973, respectivamente. Forma el tercer volumen de su "Ditch Trilogy" (trilogía de “La Zanja”), tras el directo Times Fade Away y su fantástico y maldito "On the Beach". 

"Tonight’s" e caracteriza por la elaboración de un sonido oscuro, crudo, deprimente, y unas letras que socavan el abismo en el cual se sumió el cantante, con el masivo consumo de alcohol y drogas. Un álbum sombrío, pues, pesimista, con la única excepción del tema rockero “Come On Baby Let’s Go Downtown”, compuesta junto a Whitten e interpretada en directo con el malogrado y mítico guitarrista de Crazy Horse en el Soundboard Music Hall de Cincinnati, Ohio, en febrero de 1970, que junto al tema “Lookout Joey” son tomas de la banda The Stray Gators. El resto de cortes fueron tocados por el grupo The Santa Monica Flyers, entre ellos, “World On a String”, un medio tiempo con un cariz intimista, introspectivo. 

Lo que asombra de este disco es su naturalidad, sin falta de artificios del mundo del rock. “Borrowed Tune” es una balada incandescente, interpretada con voz, armónica y piano (con un delicado Nils Lofgren), a la que unimos otra magnífica balada, “Mellow My Mind”, uno de los mejores temas en que Young quiere retroceder a su niñez (“schoolboy on good time”). Otros de los tempos medios es la singular “Tired Eyes”, otro éxito del álbum, donde Neil escribe con crudeza: “Well, he shot four men in a cocaine deal (…) Please take my advice”. Pero la canción estrella es, sin duda, el primer corte de la cara A, la homónima “Tonight’s The Night”, que también cierra el álbum con una versión más blusera y eléctrica, con un estupendo Ben Keith a la guitarra. La canción narra la historia de su amigo Bruce Berry. Aquí hallamos urgencia, dolor e intensa emoción: “tonight’s is the night”, esto es, esta noche es realmente la noche, o se hace de noche, que es cuando Young se entera de la muerte de Berry. Neil Young expresa la fragilidad y transitoriedad de la vida y el poder del arte para calmar nuestra inmensa herida. En el interior, aparece una nota escrita a un personaje: “Waterface”, si bien Young ha reconocido en su biografía Shakey que tal personaje es el que escribe la carta, o sea, él mismo, y reconoce: se trata de “una nota de suicidio sin suicidio”. 

Su rabiosa honestidad, con las temáticas de la vida, las drogas y la muerte, ha tenido un gran influjo en la música de los noventa, como el grunge, el rock alternativo o el indie folk. Al contrario que los otros dos álbumes de la Trilogía, obtuvo críticas positivas de la prensa musical. Fue remasterizado en 2016, y en 2025 salió una publicación “50 Aniversario”. Aparece en el puesto 331 de los 500 mejores del Rock de la revista Rolling Stone, y en el puesto 25 de Billboard. Curiosamente, Rod Stewart sacaba una canción con el mismo título, un año después (A Night of the Town, 1976). 


8.- "A Nigth At the Opera", de Queen 

Se trata del cuarto álbum de la banda de Londres, que toma su título de una conocida película de los Hermanos Marx de 1934. Sin duda nos hallamos ante uno de los álbumes más sofisticados y mejores de Queen, que incluye su icónica “Bohemian Rapsody”, acaso su mejor canción de siempre. Muy parecido a como ocurrió este mismo año con Springsteen, los miembros de Queen se encontraban acorralados económicamente y atosigados por EMI, que habían depositado una gran cantidad de dinero para la grabación del trabajo, el de mayor presupuesto hasta ese momento. Brian May llegó a declarar: “Estábamos en la cuerda floja. Si el álbum hubiese fracasado, habría sido el fin para nosotros”. Y Taylor, sentenció: “Era todo o nada”. Pero fue un absoluto éxito, obteniendo dos Grammy

"A Night at the Opera" se trabajó de manera brillante y obsesiva (se grabó en cinco estudios distintos y de manera simultánea), fusionando numerosos estilos, y creando, en palabras de May, “el Sgt Peppers de Queen”. Con la producción de Mike Stone, se consiguió un sonido único. La canción que abre la cara A, “Deathe On Two Legs”, es toda una declaración de principios de Freddie Mercury. Parece estar dirigida al antiguo mánager del grupo, cuyo contrato de derechos era leonino: “You suck my blood like a leech”, y del cual se desprenden en estos momentos. “Lazing On A Sunday Afternoon” desarrolla la forma de canción-cabaret, en un tema brevísimo en el que Freddie canta a través de una taza de cerveza. “You’re My Best Friend” es un tema de John Deacon dedicado a su esposa. Se trata de una de las grandes canciones del disco y de la propia banda, donde el propio Deacon toca el teclado. “I’m in Love with my Car” es una composición de Roger Taylor hecha a su Alfa Romeo, cantada por él mismo, con un toque hard muy claro. Por contra, “’39” es una deliciosa canción de Brian May, quien asume la voz principal, y entronca con los temas de la música y la astronomía. Mientras “Seaside Rendezvouz” redunda en un estilo swing de entreguerras, con uso de kazoo. La cara B se inicia con “The Prophet Song”, composición de May (de ocho minutos, la más larga de Queen), con una letra épica. Destaca la composición swing de Brian May “Good Company”, donde el propio guitarrista toca su Red Special e introduce el ukelele. “Love Of My Life”, compuesta por Mercury y dedicada a su novia Mary Austin, es otro de los hits de la banda, interpretada mayormente por el piano y voz por Mercury. Sin duda, “Bohemian Rhapsody” es la obra maestra de Queen en su larga historia. Sus seis minutos crearon un conflicto entre la banda y la discográfica, ya que ésta se negaba a que saliera como single, debido a su larga duración. En esta composición, Mercury ensambla tres canciones y crea un tema coral lleno de matices y vivencias personales. El último corte es el himno británico “God Save the Queen”, una breve instrumental arreglada por May y Deacon. A Night at the Opera fue el primer trabajo de Queen nº 1, y disco Platino. Se situó en el puesto 13 entre los 100 mejores discos del Rock. 

9.- "Young Americans", de David Bowie 

Este disco supone un cambio radical en la música de Bowie, sin superar algunos de sus trabajos anteriores, inserto en su “etapa americana”. El artista había dejado un puñado de obras maestras en este misma década. Sin embargo, se convirtió en uno de sus discos más exitosos con canciones como “Fame”, un auténtico bombazo. En sí, "Young Americans" se significa como su personal ruptura con el glam rock, radicándose en lo que él mismo denominó “Plastic Soul” (Soul falso), proponiendo un estilo que virara entre el soul y el R&B, sin duda, desde la perspectiva de un músico blanco. Todo ello aderezado por un extraño viraje hacia la música de baile. En definitiva, uno de los mejores discos de ‘soul blanco’ jamás hecho. El productor fue Tony Visconti, quien grabó el disco en Filadelfia en los descansos de la gira de "Diamond Dogs" de 1974. Se sumaron a la causa músicos excepcionales como el cantante Luther Vandross, el guitarrista Carlos Alomar o el baterista Andy Newmark, todos reconocidos músicos del ámbito del funky.

“Young Americans” es el primer corte del disco, una canción que, según el propio Bowie, trata sobre la experiencia de dos recién casados. Llama la atención la participación del saxofonista de jazz fusión David Sanborn (que este año también participaba en el disco de Bruce Springsteen). “Fascination” y “Win” son temas brillantes, con exceso de adrenalina. Ya en New York se grabaron “Across the Universe”, una buena versión del clásico de The Beatles, y el single “Fame”, una de las canciones más comerciales y brillantes de este año, que además se alzó con el nº 1 . Destacaba, sin duda, el riff que usó Alomar, ejecutado en otro tiempo para el grupo The Flairs. Curiosidad: en ambas colaboró John Lennon, que vivía ya en NY. Para la portada, Bowie pensó en Rockwell (que había hecho su anterior disco), pero se rechazó al necesitar el fotógrafo seis meses para concluirlo. Por ello, el diseño recabó en C. DeCamps

"Young Americans" obtuvo críticas negativas, o quasi negativas, porque fue comparado con sus antiguas obras maestras, y por ello se relacionó con una búsqueda del éxito en las pistas de baile. Apareció en el puesto 175 de NME, de los mejores 500 álbumes de rock, y tuvo reediciones en 1991, 2007 y 2025, en las que se sumaron temas inéditos. 

10.- "Blow By Blow", de Jeff Beck 

Nos hallamos ante el primer álbum en solitario de Jeff Beck y, sin duda, el punto álgido de su discografía. Beck procedía de afamado grupo de blues The Yardbirds (1965), creando más tarde The Jeff Beck Group (1967), donde se encontraban músicos como Rod Stewart, Ronnie Wood o Nicky Hopkins. Por cierto que en este año, sonó para sustituir a Syd Barret en Pink Floyd. La banda anterior a nuestro disco fue Beck, Bogert & Appice (1972). 

"Blow by Blow" sería incluido dentro del estilo jazz/rock, según clasificación más abajo expuesta. Beck es considerado como uno de los tres mejores guitarristas de la historia del rock. Es curioso, también, que a finales de diciembre de 1974 realizó una prueba para integrarse en The Rolling Stones (para sustituir a Mick Jones), pero por incompatibilidad de estilos fue rechazado, pasando este puesto al actual Ron Wood, que abandonaba ese mismo año Faces. Precisamente fue en 1974 , cuando Beck grabó su disco, que frisa la frontera del jazz, y es plenamente instrumental. Para ello se apoyó en músicos de la talla de Phill Chen (bajo), Richard Bailey (batería) o el teclista Max Middleton (ex George Duke), con quien participa en cuatro temas, entre ellos, el enérgico que abre la cara A: “You Now Than I Mean”. Destaca una versión de los Beatles (“She’s a Woman”), y dos canciones de Stevie Wonder: “Cause We’ve Ended As Lovers” y “Thelonious”, en un entorno más funky. En “Thelonius”, Wonder toca el clavinet, un instrumento de cuerdas percutidas. En “Constipated Duck”, un tema propio, el guitarrista utiliza el talbox para introducir la voz como instrumento distorsionado. Lo cierto es que en este álbum Jeff Beck reinventa la guitarra eléctrica, fusionando a la perfección estilos como el rock, el jazz y el funk. 

"Blow by blow" fue producido por el gran George Martin, quien cuenta que Beck lo llamó en 1975 para modificar algunos solos, pero éste le advirtió que el álbum estaba ya en las tiendas. Apareció en 4º posición en US Billboard 200 y fue álbum platinium en RIAA. 


11. "Nighthawks at the Diner", de Tom Waits 

12. "Another Green World", de Brian Eno 

13. "Toys In The Attic", de Aerosmith 

14. "Sabotage", de Black Sabbath 

15. "Crisis?What Crisis?", de Supertramp 

16. "Fly By Night", de Rush 

17. "The Hissing of Summer Lawns", de Joni Mitchell 

18. "Fleetwood Mac", de Fleetwood Mac 

19. "The Who By Numbers", de The Who 

20. "Mothership Connection", de Parliament 

21. "Dressed To Kill", de Kiss 

22. "Nuthin' Fancy", de Lynyrd Skynyrd. 

23. "Minstrel In The Gallery", de Jethro Tull 

24. "Go Girl Crazy!", de The Dictators 

25. "The Snow Goose", de Camel 

26. "Still Crazy After All These Years", de Paul Simon 

27. "Fandango", de ZZ Top 

28. "One Of These Night", de The Eagles 

29. "Venus And Mars", de Wings. 

30. "Song For America", de Kansas 

31. "Ritchie Blackmore’s Rainbow", de Rainbow 

32. "Welcome To My Nightmare", de Alice Cooper 

33. "Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy", de Elton John 

34. "Hank Williams Jr, and Friends", de Hank Williams Jr. 

35. "Malpractice", de Dr Feelgood 

36. "Fighting", de Thin Lizzy 

37. "Frampton", de Peter Frampton 

38. "Red Headed Strager", de Willie Nelson 

39. "Metal Machine Music", de Lou Reed 

40. "Funky Kingston", de Toots and the Maytals 

41. "Face the Music", de The Electric Ligth Orchestra 

42. "Straight Shooter", de Bad Company 

43. "Katy Lied", de Steely Dan 

44. "Outlaws", de The Outlaws 

45. "Ted Nugent", de Ted Nugent 

46. "Extra Texture", de George Harrison 

47. "Ommadawn", de Mike Oldfield 

48. "The Myths And Legends Of King Arthur", de Rick Wakeman 

49. "Rock‘n’ Roll", de John Lennon 

50. "John Fogerty", de John Fogerty 

Álbumes de jazz rock: 

1. "Tale Spinnin'", de Weather Report 

2. "No Mystery", de Return To Forever 

3. "Shabazz", de Billy Cobham 

 4."Visions of the Esmerald Beyond", de Mahavishnu Orchestra 

5. "Odyssey", de Terje Rypdal 

6. "Believe It", de The New Tony Williams Lifetime 

7. "Fusion III", de Michael Urbamiak 

8. "Mind Transplant", de  Alphonse Mouzon 

9. "Bongo Fury", de Zappa/Beefheart Mothers 

10. "Pale, Pale Moon", de Mike Greene 

Álbumes en directo: "Kiss Alive!", de Kiss, "USA"; de King Crimson; "Live in Honolulú", de Janis Joplin; "E. C. Was Here", de Eric Clapton; "The Royal American Tour’ 75", de Queen; "Live in Japan", de Chicago; "An Evening With John Denver", de John Denver; "On Your Feet Or On Your Knees", de Blue Öyster Cult, 

Discos en español: "El patio", de Triana; "Tutankhamon", de Iceberg; "Estamos en la pecera", de Vox Dei (Argentina); "Un ramito de violetas", de Cecilia; "Qualsevol Nit Pot Sortir el Sol", de Sisa; "Amor de Medianoche", de Cecilia; "Jesucristo Superstar", de Camilio Sesto et alii; "Lumière", de Astor Piazzola; "En el Hospicio", de Pastoral (Argentina); "Siesta", de Aquelarre (Argentina), "Cambia Cambia", Los Dug Dug’s (México). 

20 Pelotazos del 75: “Tangled Up in Blue” (Bob Dylan), “Shine On You Crazy Diamond” (Pink Floyd), “Born to Run” (Bruce Springsteen), “Fame” (David Bowie), “Bohemian Rhapsody” (Queen), “Walk This Way” (Aerosmith), “Kashmir” (Led Zeppelin), “Gloria: In Excelsis Deo” (Patti Smith), “Someone Saved My Life Tonight” (Elton John), “You’re my Best Friend” (Queen), “Lady” (Supertramp), “Cortez The Killer” (Neil Young), “50 Ways To Leave Your Love” (Paul Simon), “Baby, I love your way” (Peter Frampton), “World Turning” (Fleetwood Mac), “Rock and Roll All Nite” (Kiss), “Evil Woman” (Electric Light Orchestra), “Catch The Rainbow” (Rainbow), “Tush” (ZZ Top) y “Black Friday” (Steely Dan).