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Santi Campos lleva más de 30 años fabricando canciones desde los primeros años noventa. Siempre ha tenido pulso para hacer buenos temas, de esos que tocan la fibra. Tras la estupenda recopilación que nos llego hace poco, ahora lo hace “Áprie”, su emocionante homenaje a su padre y a sus recuerdos de infancia, un trabajo que nos sumerge en un mar de sensaciones emocionantes.
Ya se puede escuchar en Bandcamp pero el disco saldrá en físico de forma inminente. Teniendo su presentación oficial este miércoles, en el Picnic, un local madrileño situado en la calle de las Minas 1, nos reunimos con el autor para que nos habe de este último trabajo y su larga carrera. Se le ve alegre y confiado por el trabajo bien hecho.
Santi, lo primero muchas gracias por tu tiempo, y la primera pregunta que te quería hacer es que, si después de 30 años en la música, en algún momento te planteaste vivir exclusivamente de ello.
Santi Campos: Cuando vine a Madrid en 2001, y después en el 2010, justo tras la crisis del 2008, me di cuenta de que era imposible ese objetivo. Pero yo vine a priori con la idea de intentar vivir de la música, y todos los trabajos que cogía tenían que ver con ello, road manager, etc. Mi pretensión era esa, pero en en realidad estaba mal enfocada, por supuesto, sobre todo porque la música que yo hacia y la que hago no es excesivamente comercial. Pero yo eso no lo veía, entonces creía que cualquier cosa, si era buena, podría funcionar, que era solo una cuestión de tocar los botones adecuados. Luego ves las cosas como son, y también por supuesto hay una dosis de suerte, porque hay gente que no hace música excesivamente comercial y les funciona. Pero bueno, ese sueño sí lo he tenido, y es frustrante, claro.
Si es que me parece increíble, con la música que haces tú, con la calidad de tus textos, los buenos discos que has sacado, que no hayas tenido más repercusión, pero bueno, considero que pese a ello has calado en el oyente...
Santi Campos: La gente a la que le gusta lo que hago, le gusta mucho. Pero nunca se sabe qué hay que hacer en realidad. Es que todo es producto del azar, porque de repente sale alguien buenísimo, que lo peta, y es normal que eso pase; pero del mismo modo sale alguien que desde tu punto de vista no es tan bueno y triunfa igual, y oyes a la gente hablar de ellos como si fueran dioses y no sé, es muy raro. De todas formas el objetivo de hacer música, en mi caso, siempre ha sido que a mí me gustara mucho lo que yo hago. Entonces, si éste es tu principal objetivo, no te puedes quejar si no le gusta a los demás. Personalmente, ahora creo que estoy en uno de mis mejores momentos.
Por eso yo creo que has logrado tu mejor disco, o uno de los mejores, por profundidad, por sentimiento...
Santi Campos: Todavía no tengo la perspectiva necesaria del tiempo, pero creo que sí. Supongo que también es producto de ser más adulto y de los temas que te preocupan, te das cuenta de que te has tirado 30 años hablando de rupturas amorosas, de cosas así, y bueno, era lo que tocaba, pero ahora no tiene sentido hablar de eso.
Mi música siempre ha sido muy autobiográfica, al igual que la de todo el mundo, creo, a menos que tengas un imaginario espectacular o seas Bowie.
En este disco te has desnudado completamente...
Santi Campos: Ha salido este disco como producto de una etapa. Ha coincidido la pandemia, cuestiones personales, la enfermedad de mi padre, su muerte. Y no era tanto de lo que me apetecía hablar, sino lo que me salía.
Claro, por eso te ha salido un disco tan sincero, me ha llamado la atención el tema "Andar descalzo”, en el que hablas de una liberación para ti. ¿Es así como te sientes ahora?
Santi Campos: Sí, en realidad sí, es como que he soltado lastre. En verdad esa canción habla de que te pasas mucho tiempo sufriendo, hasta que ocurre algo de verdad que te hace sufrir, que en este caso puede ser no solo lo de mi padre, sino lo que nos ha hecho sufrir a todos, todas estas cosas que están pasando últimamente en el mundo, te hacen ver la vida de una manera distinta. Y entonces haces que aligeres peso y de repente te liberas y vuelas.
Ahora lo que quiero es tocar en directo y seguir haciendo canciones. De hecho, hay como 4 o 5 que no han entrado en este disco. Porque a mi me gustan los discos de 9 o 10 canciones, igual lo que hago es completar esas y hacer otro disco. Estoy cómodo grabando así en la intimidad de mi casa y con menos presión, lo mismo dentro de un año estoy en otra movida, pero voy a seguir un tiempo así.
¿Es el disco que más te ha costado hacer?
Santi Campos: Al contrario, me ha salido súper fácil. Es el que menos me ha costado en todos los sentidos, hasta en el económico. De hecho, cuando estaba grabando el disco no era consciente de que lo estaba haciendo.
¿Hay un sentimiento de culpa en algunos temas o me lo parece a mi?
Santi Campos: De culpa no, todo lo contrario. Es un descripción de cuando eres chaval, que le haces la vida complicada a tus padres. Pero no es un sentimiento de culpa, simplemente estás describiendo a un adolescente un poco salvaje.
Otra cosa que te quería preguntar es por ese nomadismo que te ha acompañado a lo largo de tu vida.
Santi Campos: Yo voy a ser nómada todo la vida. Si algún día me surge la posibilidad de irme a otro lado, me iré, porque no tengo raíces. Yo soy de Segovia, mi madre vive en Alicante, yo vivo en Castellón, mi hermano vive en Vitoria. No tengo ningún arraigo, no creo en el arraigo.
¿En cual de las ciudades donde has vivido te has sentido mas cómodo?
Santi Campos: En todas, y todas me he han dejado de gustar. En Madrid los primeros años fueron increíbles y los últimos 2 o 3 fueron terribles. Barcelona, los primeros muy buenos y el último, igual, no me gustó nada. En Castellón siempre han sido buenos, ahora estoy bien, tiene mucha naturaleza, está la playa. Para mis necesidades actuales es perfecta.
Muchas gracias Santi y enhorabuena por el pedazo de disco que has sacado.
Lejos de los senderos atestados por la mayoría hacen su camino unos cuantos locos. Viven empeñados en demostrar que alejados de los focos y del ruido fácil no solamente hay vida, sino que ocurren cosas interesantes, dotadas de auténtico carisma y personalidad que no están en venta ni bailan al son de estúpidas modas.
Transitando dicha vereda llevan bastante tiempo nuestros queridos Santero y Los Muchachos. Editando discos con sello de fábrica made in “rock reposado”, sin borrones ni traspiés, sin traiciones ni imposturas, facturando bonitas canciones de las que dan cobijo y acompañan en la vida, algo que vuelven a demostrar en su nueva referencia, “Todas las luces”. Una buena colección de composiciones con la que abren etapa, donde las ambientaciones ganan peso para dar acomodo a unas letras más reflexivas, taciturnas y en las que muestran el peso del bagaje acumulado y alguna que otra herida de guerra.
Al otro lado del teléfono nos atiende un buen amigo de esta casa como es Miguel Ángel Escrivá, vocalista, compositor y guitarrista de la banda. Atento, cercano y relajado, se enfrenta con ganas y vehemencia a nuestro cuestionario, haciéndonos sentir en todo una camaradería que surgió hace ya unos atrás, cuando pudimos entrevistar a la banda por primera vez. Desde entonces caímos prendados por el buen hacer y la elegancia de unos tipos que no han traicionado al espíritu primigenio de sus canciones, algo que les honra y que jamás podremos agradecerles lo suficiente.
¿Qué tal estás, Miguel Ángel? ¿Cuáles son las sensaciones de Los Santeros tras la publicación de “Todas las Luces”?
MA: Aunque la filosofía de autogestión es la misma, hemos intentado jugar con nuestra evolución como músicos. No queríamos aburrirnos ni ir donde siempre, queríamos entretenernos. La intención del disco inicial era dar un giro mucho más radical, pero el espíritu de Santero pervive. Existe una mirada atrás, actualizada por el presente donde seguimos buscando entre los sonidos de los cincuenta, sesenta y setenta. Todo forma parte de la intención de Santero que es hacer buenas canciones, honestas y basadas en lo que nos rodea, vemos, somos y hacemos.
“Pensábamos que si la carrera de Santero terminaba tras la edición del directo tendría todo el sentido del mundo”
Han pasado cuatro años desde la edición de “Royal Cantina”, álbum que tuvo su epílogo un par de años más tarde con el directo “Una noche en Les Arts”, trabajo este último que visto desde fuera da la sensación de marcar un punto y aparte en vuestro camino. ¿Qué valoración hacéis tras la edición y presentación de ambos álbumes? ¿Es acertada la percepción de que cerráis una etapa con la licencia de los mismos?
MA: La verdad es que el directo se planteó con la intención de que fuera un punto y aparte. A nivel compositivo, estilístico y de intención, era un carpetazo a toda una andadura. Pensábamos que si la carrera de Santero terminaba tras la edición del directo tendría todo el sentido del mundo. Hubiéramos dicho adiós con la sensación de no haber dejado nada en el tintero, de haber grabado todo lo que queríamos grabar. Evidentemente, no queremos parar, nos apetece seguir tocando y viajando, pero está muy bien vista la apreciación.
Y ahora volvéis a la carga con “Todas las Luces”, un trabajo donde el sello del “rock reposado” de Santero y los Muchachos sigue presente como decimos, pero que, sin embargo, supone un pequeño viraje en cuanto a las ambientaciones de las canciones. ¿Cómo veis vosotros la evolución de esta nueva colección de composiciones?
MA: Cuando nos planteamos qué queríamos hacer, lo primero que pensamos era que nos gustaría que la producción recayera en alguien ajeno a la banda. Hasta la fecha todos nuestros trabajos han sido autoproducidos, cosa que finalmente también ha ocurrido con este. Buscábamos que alguien forzara un pequeño gran cambio, algo que hemos conseguido desde dentro sin impostar nada. Nos apetecía huir de los recursos de siempre, buscar otras sonoridades con las guitarras y crear más atmosferas. Por otra parte, siempre he pensado que un disco no tiene un solo color, responde a la vida de los músicos por un año, año y medio, donde pasas por muchos momentos. No hay un solo color, ni una sola intención, todo acaba siendo algo bastante más variado.
Mirando atrás con cierta perspectiva podríamos decir que “Ventura” representa un disco más pequeño, “Rioflorido” tenía más músculo y “Royal Cantina”, jugaba a mostrar dos partes bien diferenciadas, quedándose en medio de los anteriores. ¿Es “Todas las Luces” en su enfoque y producción el resultado del bagaje acumulado?
MA: Si vemos “Les Arts” como el cierre que engloba todos los tres discos anteriores y una primera parte recorrido. “Ventura” como algo más pequeño, “Rioflorido” más musculado, pensado para asistir a festivales y mostrar una evolución natural, y “Royal Cantina” como una mezcla de ambos; este podríamos definirlo como el primer capítulo de la segunda temporada, como si la primera tuviera tres actos. Es un poco la filosofía que nos aportan la gran cantidad de series que hay hoy día. (Risas)
“Aquí hay historias que son personales, menos canallas y joviales”
Como decimos sigue siendo un trabajo donde los medios tiempos marca de fábrica siguen asomando, pero las letras tienen un punto más reflexivo, poético y no sé si hasta cierto punto crepuscular y de bagaje. ¿De dónde surgen estas nuevas composiciones? ¿Y estas letras menos canallescas y tabernarias?
MA: Sí. Al montar Santero queríamos buscar una sonoridad concreta y mostrar nuestra propia escuela. También disfrutar de una evolución donde fuéramos hacia dentro, buscando un sonido más pequeño. De pronto me vi teniendo que contar historias, lo que supuso un esfuerzo y vaciado con el que no contaba, la verdad. Luego ha resultado ser una parte importante en las canciones de Santero. De cara a este disco me veo con más oficio de seguir haciéndolo sin tener que esforzarme tanto. Tras tres discos la pluma va más o menos suelta. Aquí hay historias que son personales, menos canallas y joviales, pero no dejan de ser parte de nosotros. Ha habido cambios a nivel personal que han hecho que el disco quizás sea más íntimo.
¿Qué bandas y solistas creéis que os han influenciado más a la hora de abordar esta nueva colección?
MA: Hay un disco concretamente que contiene una canción que nos hizo darnos cuentas de que efectivamente teníamos que seguir ese camino. El disco es “Pyramid”, de The Alan Parsons Proyect, editado en 1977. Nos inspiró para hacer una producción adecuada en la canción “Nada”, la que abre el disco y refleja muy bien el nuevo estado. Nos hizo acordarnos de cuando éramos pequeños, escuchando este trabajo con nuestro padre. Buscábamos otras atmósferas y cierta nocturnidad, momentos donde te planteas más cosas. Después de escucharlo de una sentada salió “Nada”. No hay un montón de discos detrás, solamente uno. Nos gusta escuchar canciones que nos indiquen un camino que seguir. Es un trabajo que tiene composiciones ligadas y con muchos momentos orquestados sacados de finales de los setenta. Ya ves que te inspira una cosa y suenas a otra, pero el estímulo está presente.
También encontramos dos temazos que bien podría representar lo más directo que hayáis hecho nunca Santero y Los Muchachos, estoy refiriéndome a “Llamaré a tu Puerta” y “Eres mi Vicio”.
MA: Aquí hay una cosa muy interesante. Se trata de dos composiciones de mi hermano, Joséman, y Soni, grabadas en un disco que salió a principios de los dos miles. Era un período en que todo el mundo empezó a jugar con bases electrónicas, parecía que la gente quería sonar moderno. Ellos formaban parte de una banda que se llamaba Miss X, llegaron a tener su repercusión, pero, como Sex Pistols, murieron tras el primer álbum. A mi juicio tenían canciones muy interesantes, una era “Llamaré a tu Puerta”, cantada y titulada en francés, “La Plus grande Fête”. También tenían otra en inglés, “Don´t Stop Me”, que se ha convertido en “Eres mi Vicio”. La necesidad de sonar diferente nos hizo dar una vuelta a esa canción que sonaba a club, cambiamos la letra y escribimos esta. Es la curiosidad del disco, un homenaje a nuestro fondo de armario donde también en otros momentos hemos cogido temas de La Pulquería. El disco lo tenéis en Spotify, por si queréis darlo una escucha.
En contraposición a ellas, encontraríamos “Manual para la Pérdida” con un cierre muy oscuro.
MA: A lo largo de los años pasas por muchos momentos, como decíamos antes. Nunca podríamos hacer un disco de baile, sería mentirnos, del mismo modo que tampoco estamos siempre llorando la pérdida. El 2025 fue algo devastador a nivel conyugal, también en lo personal, ya que pasamos por la pérdida de algunos amigos. Pensé que una canción como esta tenía sentido y los acordes me llevaron hacia allí. Supone un recorrido interior y me pareció adecuado dedicar una canción a algo así. Cuando alguien que estaba ya no está y sabes que no volverá, te planteas muchas cosas. Si bien no es un manual para encontrar solución, sí que sirve para darte cuenta que eres uno de aquellos que siente el vacío.
“El CD no tiene nada visto, por eso no tiene impulso”
Me ha llamado la atención el hecho de que el disco saldrá a la calle en otoño y que tendrá una edición exclusivamente en vinilo, algo que es la primera vez que sucede en la carrera de la banda. ¿Os apetecía hacer algo especial? ¿O tiene que ver más con la poca importancia que tiene ahora el formato físico?
MA: Cuento mucho la anécdota de sacar el disco “Ventura”, cuando decíamos: “ha salido en CD y en vinilo para los nostálgicos”. Ahora la cosa podría ser al revés, ya que el CD apenas se consume. Hasta tal punto que no saldrá en CD. La gente viene a los conciertos y nos dice que quiere el vinilo como fetiche. Mucha gente lo compra por estética, también para escucharlo y hasta para decorar las paredes, piensa que ya casi no hay reproductores de CD, ni tan siquiera en los coches. Hasta hace poco tenía un coche con reproductor de casete. Creo que los Stones van a sacar el siguiente disco así. Me encantaría poder sacarlo en casete. No sé si la necesidad de tener un aparato tan bonito como el plato ha llevado a comprar vinilos. Sin embargo, creo que el CD no tiene nada vistoso, por eso no tiene impulso. Igual me compro un radiocasete. (Risas)
“No sabemos cómo los chavales llegan al éxito de la noche a la mañana”
¿Hasta qué punto Santero y Los Muchachos son una anomalía en nuestra música actual?
MA: Cada vez que vemos cómo van las cosas de rápido nos damos más cuenta. No sabemos cómo los chavales llegan al éxito de la noche a la mañana, cosa de la que nos alegramos, pero nosotros no sabemos lo que es. Creemos que en nuestro caso siempre hay una persona más en cada concierto sin que haya un paso de gigante detrás. Nos hace ser conscientes de que este es un oficio que hemos elegido con ganas de que perdure y que debemos cuidar. Está todo muy loco. Cualquier persona te hace un Movistar Arena de la noche a la mañana. No lo he conocido nunca. No sé si es bueno o malo, pero hoy es una realidad. También los festivales están llenos. Tengo claro que la salud de la música en directo es buena. ¿Nos afecta? Supongo que no. Es bueno para todos. Nosotros seguimos colándonos por las rendijas y con los pies en la tierra. En nuestro caso todo está marcado por el trabajo, no hay nada majestuoso.
“A más de uno le preguntaría si creen que en un futuro estarán orgullosos de su cancionero”
En vuestras canciones no hay una pretensión de hacer estribillos fáciles de corear y hasta os alejáis estilísticamente de las modas imperantes. ¿Qué tal se vive en nuestro panorama siendo unos “rara avis”?
MA: Desde hace tiempo estamos más que satisfechos con lo que hemos hecho. A más de uno le preguntaría si creen que en un futuro estarán orgullosos de su cancionero o si pensarán que se confundieron porque había que sonar de una manera, ya que era lo que se llevara. No te digo que seamos mejores o peores, cuidado. Nos hemos quedado muy a gusto con nuestra manera de disfrutar de la música, no tanto de cómo funciona negocio. No sabemos hacerlo de otra manera. Esa es la realidad.
“Quizás vayamos más lentos, pero pisando sobre seguro y sintiéndonos muy honestos”
A nosotros nos gusta mucho que en la escena exista una banda como la vuestra, pensamos que sin buscar etiquetas absurdas como la del falso actual “indie”, dignificáis lo que era el pop-rock de calidad de toda la vida.
MA: Muchas de la bandas que hacían pop-rock con una producción de las de ahora serían indies o a la inversa. Te lo agradezco. Tenemos una especie de automutilación o censura, cuando algo nos parece oportunista dejamos de hacerlo, saltamos a las primeras de cambio. Y si nos suena muy actual nos da un poco de vergüenza. En este disco ocurrió, sentir que íbamos por donde no nos pertenecía. Quizás sea lo que hace que vayamos más lentos, pero pisando sobre seguro y sintiéndonos muy honestos.
¿A día de hoy cuál es la realidad de Santero y Los Muchachos como proyecto viable económicamente viable?
MA: A nosotros nos da para existir. Es así. No queremos olvidarlo. Otros marcan un estado que podría hacernos sentir pequeños, pero no es el caso. Evidentemente, queremos llegar a más gente y a sitios más grandes, pero desde hace tiempo estamos muy satisfechos. Nuestros aforos marcan el triunfo y el lugar donde queremos llegar. Y lo queremos, más que tocar en sitios grandes, es mantenernos. Y todo esto es en parte gracias a la gente que os hacéis eco de lo que hacemos, dedicando un rato y buceando en nuestras canciones.
“Qué pena la pérdida de Jorge Martínez”
No habrá Movistar Arena ni falta que hace, en unos meses volveréis a “La Riviera”, que hasta hace no tanto era el sueño húmedo de cualquier banda, un lugar mítico donde sin ir más lejos nosotros vimos el último concierto de Ilegales en nuestra ciudad.
MA: Estás invitado a vernos en “La Riviera”, ya lo sabes. Qué pérdida la muerte de Jorge. Le conocí justo hace un año en mayo. Estuvimos un rato hablando, nos contamos unos chistes y nos dimos unos teléfonos. Íbamos a coincidir en el “Iberia Festival”, que luego se canceló, pero él ya estaba malito. Ha pasado a nuestro santuario personal.
Veinticinco años de carrera dan para mucho, y máxime si tenemos en cuenta que a esa ilustre efeméride habría que sumarle unos cuantos años más de bagaje como miembro y parte fundamental de una banda igual de infravalorada, aunque últimamente reivindicada en su justa medida. Los méritos acumulados por el bueno de Steven Munar son muchos y variados, ya que este británico de cuna y mallorquín de adopción siempre se ha caracterizado por la discreción, virtud esencial para la grandeza, con la que publica periódicamente sus colecciones de canciones, y por el riguroso control de calidad que les aplica. En concreto, para el disco que hizo en 2024 y que tituló “Family” tenía pensado un extra en forma de directo, por si ya no hubiera bastante con el que probablemente sea su trabajo más refinado hasta el momento. Ahora, escuchando los once cortes del vinilo, la justificación está más que clara.
En su referida banda de origen, The Tea Servants, ya apuntaba las diversas direcciones por las que transitaría su carrera al margen del proyecto grupal. Pop de afiliación British –nobleza obliga- impulsado por una brisa de rock mediterráneo y las imprescindibles gotas de folk cálido, siempre con la contemporaneidad como base.
Apartando cualquier sombra de nostalgia, aunque se le note cierta tendencia a los sonidos analógicos, la banda que le acompaña en los últimos años, The Miracle Band, con un total de diez músicos sobre el escenario, muestra sobradas capacidades para hacerse cargo de un repertorio fundamentado en el contenido del citado y hasta ahora último trabajo de estudio. Tan sólo la inédita “Have I ever told you”, elegante y medida, aporta la novedad necesaria en un recorrido que se detiene en las virtudes de canciones melancólicas como “Disappear”, en la que se cuela la vibración del mejor Nick Cave, impulsadas por emociones dispersas como “Break the rules” o simplemente monumentales como la magnífica “Berlin”.
El despliegue acústico es a veces abrumador e inundado de delicadeza, y así suena en “Hear me calling you”, una de las grandes melodías alumbradas por el autor, o con los chispazos de soul clásico que atraviesan la impecable “Spark of life” y el ramalazo country de la robusta “Better move on”. Un catálogo perfectamente asumible para músico y audiencia, y mucho más expansivo cuando se ejecuta en un escenario tan apto para el despliegue como el del Centre Artesà Tradicionàrius de Barcelona.
Un regalo, en definitiva, que Munar necesitaba hacernos a quienes hemos seguido y apreciado su trayectoria casi desde el principio. Habrá más y tal vez mejores ocasiones para dejar constancia con una retrospectiva más amplia del sonido de sus canciones en directo, pero de momento esta es una muy especial de la que debe (y debemos) sentirnos orgullosos. Es el encanto de las pequeñas cosas que son en verdad las más grandes.
No se está hablando suficientemente de lo que está haciendo este hombre de 80 años en lo que se presupone debería de ser la edad de su retiro. Lejos de apartarse de la vida activa como músico, ha seguido dando conciertos por todo el mundo –aunque en el último lustro únicamente ha pisado tres veces nuestros escenarios- y publicando discos. Como dato significativo tenemos que en los últimos diez años ha publicado la friolera cifra de 13 álbumes de estudio, unos discos (algunos dobles) que han mantenido un muy buen tono, con grandes canciones e interpretaciones del León de Belfast. Sin ir mas lejos, el pasado mes de junio editaba el que fue uno de los mejores trabajos del año 2025, el maravilloso “Remembering Now”, que contenía 14 logrados cortes soul, de esos que calan bien hondo y son capaces de emocionar. Aún sin prácticamente tiempo de recuperarnos, pocos meses después nos llega este nuevo discazo en el que nos cambia de tercio y nos adentra hacia terrenos Rythm and Blues.
Un disco cuya portada taciturna luce a un hombre vestido en traje y con sombrero, maleta en mano, cuya sombra deja entrever la figura del mismísimo diablo. Es el espíritu de la leyenda del Blues, encarnada por Robert Johnson, quién según las malas lenguas vendió el alma al innombrable en un cruce de caminos. Una leyenda, por cierto, recuperada por la película recientemente oscarizada “Los Pecadores”, cuya trama recupera los ambientes de los pioneros del Blues en los años 30 en el Sur de los Estados Unidos en una trama que hace una metáfora entre los vampiros y la apropiación cultural del hombre blanco. Casi cien años después es precisamente un hombre blanco proveniente de la fría Irlanda quien mantiene viva la llama del blues con unas veinte canciones para las cuales se ha servido de la ayuda de otros octogenarios maestros del género como son Elvin Bishop, John Lee Hooker, Taj Mahal o Buddy Guy.
Otros que participan en el álbum y repiten con el maestro son: el guitarrista Anthony Paule, los teclistas-pianistas John Allair y Mich Woods, el bajista David Hayes, los bateristas Bobby Ruggerio y Larry Vann. Inmejorable arsenal para atacar las nuevas canciones. Al margen de estos compañeros de viaje, “Van The Man” realiza una formidable selección de clásicos del blues para nutrir el álbum. Así escuchamos su particular interpretación de piezas clásicas de B.B. King, T-Bone Walker o el propio Buddy Guy, a los que añade únicamente cuatro nuevas composiciones de su puño y letra, para conformar un paquete muy sólido y coherente.
Con todo tenemos un viaje de hasta ochenta minutos de puro deleite sonoro, en el que conviven la crudeza del blues de Chicago, el dinamismo del jump blues y la elegancia del sonido de Nueva Orleans. Morrison abre fuego con una imponente "I’m Ready" junto a Buddy Guy, marcando el pulso de un repertorio donde las versiones no son meros calcos, sino lecturas viscerales. Así surgen la hipnótica cadencia de "You Know I Love You" de B.B. King o el swing pegadizo de "Mean Old World" de T-Bone Walker. Sin embargo, el verdadero tesoro reside en cómo sus cuatro composiciones inéditas logran mimetizarse ante grandes clásicos. La que titula el álbum es un medio tiempo soberbio donde Morrison exhibe su habitual ironía y orgullo veterano, mientras que piezas como "Monte Carlo Blues" o "Social Climbing Scene" demuestran que su pluma sigue tan vigorosa como su privilegiada garganta. La química con sus invitados hace el resto: diálogos de guitarras, pianos de taberna y una sección rítmica infalible que sostiene el elepé sin un solo segundo de relleno.
En unas semanas lo volveremos a tener por nuestro país, muy posiblemente volveremos a comprobar lo huraño y antipático que puede ser, pero seguro que también nos dejará claro lo bien que aún se desenvuelve liderando una banda de rock. Entre medio quizás habrá anunciado la publicación de un nuevo disco, que atentos y ansiosos, no querremos perdernos por nada del mundo.
Noches del Botánico, Madrid. Miércoles, 10 de junio del 2026.
Texto y fotografías: Guillermo García Domingo.
Big Thief es el antídoto perfecto para eso que Simon Reynolds denomina “retromanía” en su ensayo del mismo nombre; es “la adicción del pop a su propio pasado”, como reza el subtítulo, precisando aún más. Dice Hans Laguna que “a Reynolds le preocupa que la música popular, invadida por las fuerzas regresivas de la nostalgia, se esté debilitando”. Si hubiera asistido al concierto ofrecido por el grupo estadounidense (Adrianne Lenker, Buck Meek, y James Krivchenia, con la incorporación del bajista Joshua Crumbly) habría respirado aliviado. Big Thief es el presente vivo y ardiente de la música, como supo reconocer el veterano Ata Khan, que junto a su grupo, gracias a media docena de canciones vitalistas, situó a la audiencia en la predisposición adecuada con su propuesta en la que fusiona la electrónica y otros géneros urbanos con los ritmos de África Occidental. Su actitud arrolladora en el escenario contagió a todo el mundo, pese al papel difícil que siempre tiene que afrontar el que tiene que intervenir en primer lugar en estos formatos dobles del Botánico.
Había una hoguera imaginaria prendida en el centro del escenario del jardín botánico complutense hacia la que se giran los miembros de la banda norteamericana. No dieron la espalda al público, por supuesto, ni fueron displicentes, mantuvieron en todo momento una actitud de pudor encantador, alejados del exhibicionismo de otras dudosas “estrellas”. Pero ese giro de casi 45 grados hacia un centro imaginario es tan decisivo. Tocan muy juntos, no ocupan todo el escenario ni mucho menos. Se asemejan a una orquesta de cámara. Cada uno concentrado en lo suyo y al mismo tiempo al servicio de cada una de las canciones siempre sorprendentes que defienden con una convicción fuera de lo normal. Es una banda creada hace 10 años, y en esa década, no es tanto tiempo, han alcanzado una maestría sensacional como conjunto.
No me importa reconocer que he descubierto no hace mucho a esta banda, así que acudía con una actitud de recién llegado al concierto, lo que al contrario de lo que podría pensarse, fue beneficioso porque descubrí varias cosas estimulantes que quiero compartir con los lectores de El Giradiscos.
En primer lugar, los seguidores de Big Thief no dan nada por sentado antes de cada canción, porque no saben con qué tema les van a sorprender los estadounidenses. En el recital de Madrid (el miércoles, 10 de junio) tocaron 13 canciones distintas respecto al concierto del día anterior en Sevilla. Este hecho bastante inusual provoca una excitación muy singular entre los asistentes a los conciertos que además guardan un silencio reverencial cuando algunos temas así lo requieren. En este concierto en particular no fueron muchos porque el cuarteto se inclinó por temas en los que las guitarras gozaban de más protagonismo. En el amplio espectro que abarca este grupo, éste se decidió por el lado del rock. La interpretación temprana, muy aguerrida, de “Not” ofreció la pauta seguida a lo largo de todo el concierto. “Mr. Man”, la siguiente canción, lo corroboró por si acaso quedaban dudas.
A propósito de esto último, es necesario señalar lo bien que se complementan las formas divergentes de entender este instrumento de Beek y Adrianne Lenker. El primero es más discreto, aunque los sonidos que obtiene de la guitarra son muy poco convencionales, mientras que Lenke opta por otra clase de punteo y distorsiona la guitarra con mucha frecuencia. El miércoles quedó patente que es una guitarrista sobresaliente.
La personalidad de la vocalista es uno de tantos alicientes de esta banda; su voz engañosamente frágil es irresistible. Sirva como ejemplo la interpretación de “Forgive The Dream”. Su propia carrera en solitario es una muestra de ello. Es sorprendente y esclarecedor sobre las relaciones interpersonales dentro de la banda que la primera canción que interpretaron, “Bloom”, forme parte del repertorio en solitario de la cantante. Defendieron un repertorio muy ecléctico, prestando atención a todos sus discos, sin excepción. Del más reciente “Double Infinity” interpretaron solamente “Incomprehensible”, en el ecuador del concierto. Qué descomunal versión en vivo. Este disco en concreto se grabó con 11 músicos tocando a la vez en el estudio. En directo son solamente 4, como hemos mencionado, y no se resienten las canciones, que incluso adquieren más vigor como ocurrió precisamente con “Incomprehensible”.
Otro aspecto digno de ser destacado de Big Thief es el modo en que introducen las canciones. Las afinaciones de la guitarra, ciertas notas dubitativas, algunos gestos de reconocimiento entre los miembros de la banda confluyen al inicio y se arremolinan hasta que la canción toma cuerpo y se levanta con una solidez que hace unos segundos parecía realmente impensable. Lo hacen con una naturalidad desconcertante. Es un pequeño milagro, al igual que esos acontecimientos imperceptibles para la mayoría a los que aluden las letras, pero que no pasan desapercibidos para Big Thief, cuyas letras habrían despertado la admiración de los filósofos trascendentalistas norteamericanos del siglo XIX. Estas introducciones falsamente imperfectas estuvieron presentes en “Space and Time” y “Shoulders”. Dicho esto, tampoco conviene perderse por nada del mundo las largas extensiones en las que el grupo se deleita. El epílogo de “Christmas Day” nos dejó sin palabras, así como el solo de guitarra de Adrianne en la increíble “Simulation Swarm”.
Para los bises recuperaron una versión más acelerada de “Change” y la vibrante y rara elegía amorosa de “Masterpiece”, con un Meek más extrovertido al micrófono. No hay mejor resumen para describir un concierto de “obras maestras” a cargo de un puñado de genios precoces.
Alcultura Boxes, un espacio cultural multidisciplinario ubicado en el puerto de Algeciras consistente en varias unidades de contenedores marítimos adaptados para obtener
fantásticos espacios, será el lugar donde se celebre la XVII edición del Rust Fest, festival itinerante que llega a
Algeciras por primera vez. Se trata de un festival gratuito, sin ánimo de lucro y dedicado al cien por cien a homenajear a
Neil Young, quien en el último 2025 cumplió 80 años.
Programa viernes 3 de Julio.
El concierto lo abrirá la campo gibraltareña Carmen Vicario acompañada de su banda
entre los que destacan: Jesus Ferreira al bajo que ha participado en un sinfín de proyectos
como Carne Conbi, The Rusted Ones y Humanimals ya presentes en anteriores Rust
Fests. También cuenta con Api Vargas en la batería que comparte cargo con la banda jerezana los
Delincuentes. Carmen Vicario tiene un Ep recientemente publicado en todas las plataformas, llamado
"Al Sur", que compartirán junto a versiones de rock americano incluyendo las de nuestro Neil.
A continuación Izzy Rusted and the Even More Rusted, formados por la Algecireña Izzy
Nü voz y piano, que actualmente reside en Bruselas con una carrera profesional, e
importantes proyectos en marcha con dos Eps, y que cerrará el círculo que inició a solas
con su piano como Izzy Rusted hace 10 años en el RF de Bolonia.
Con varios proyectos musicales con su nombre y también como Bella Who, Izzy hace una
pausa para re-interpretar a Neil Young con una banda Algecireño-Madrileña, compuesta
de nuevo por Jesús Ferreira al bajo, Antonio Luque a la guitarra (Jardín del Pulpo, 12 Pasos,
Radio Petrarca) y Rafa de Juan, desde Madrid (actual batería del grupo Crudezas).
Para cerrar el viernes contamos con el proyecto andaluz Big Time, con algunos de sus
músicos que también han participado en otros Rust Fests, y que se compone de Poti
guitarras (Viaje a 800, Atavismo, Medicina) Matt bajos (Atavismo, Rolf, Hibrido, Buena
Muerte Trio) el granadino Antonio Pelomono batería (Elemento Deserto, Pelo Mono) Raul
Bourbon (Bourbon) desde Sanlúcar de Barrameda a los que se añade alguna
colaboración en voces.
Programa sábado 4 de Julio.
Alejandro Arraez & Co, mitad gallego mitad del Valle del Guadiaro, se acompaña de una
sección rítmica procedente de Ferrol y Cedeira en A Coruña.
Ya nos deleitó con sus versiones de Neil en acústico y algunas en castellano en el RFXIV
en Marbella.
Desde el Puerto de Santa María y con 4 discos en su haber publicados por Rock Indiana,
los Brass Buttons en lo que es su cuarto Rust Fest nos presentarán su nuevo proyecto discográfico, "The Last War Lullaby", basado en canciones de Adam Levy de los Honey Dogs que
alternarán con versiones de nuestro Neil.
Para cerrar los levantinos Winnie Peg & the Tractors que también colaboran en un sinfín
de proyectos en su zona incluyendo su alter ego The Tractores (pronunciado Detractores)
para un fin de fiesta. Con un montón de Rust Fests en su haber nos sorprenderán una vez
mas con este fin de fiesta por Neil que tanto nos hace gozar.
El programa se completará con sesiones de DJ, visita guiada a la ciudad, comidas de
fraternidad rustie y la presentación en Algeciras del libro "Esperanza", de Angeles Gutiérrez.
La novela “Punta de araña” de la escritora y periodista Nerea Pallares está protagonizada por un grupo de mujeres tejedoras que convocan a tres antiguas meigas para que siembren el caos en la Costa da Morte ante las consecuencias insoportables de la estupidez masculina. Son también tres poderosas “meigas” las que componen Triángulo de Amor Bizarro: Rodrigo Caamaño, Isa Cea y Rafa Mallo, que han creado a lo largo de su trayectoria insobornable un particular culto musical lejos de cualquier tendencia conocida.
Tanto es así que un medio religioso ultracatólico sintió la usurpación de su imperio de control mental, y denunció recientemente que, en una iglesia, la de la Encarnación de Bilbao, se escuchó “Heavy metal y gritos de «guillotina, puto Vox» a los pies del altar de una iglesia en Bilbao”. Se refieren a la canción “Robo tu tiempo” que interpretaron en el concierto promovido por KEXP en la citada iglesia. El ritual de TAB asustó a los “ladrones de mentes” “por amplificar consignas violentas y de estética satánica”. La banda respondió con un comunicado que deberías leer si no lo has hecho ya. Los celosos fanáticos se habrían rasgado las vestiduras si hubieran sabido que además de la canción incluida en “Victoria mística” (2013), también tocaron “Mi catedral”, tema del nuevo disco y que le da nombre, publicado hace unas semanas por Sonido Muchacho.
Que esta absurda polémica no nos distraiga de nuestro objetivo. Hemos venido a postrarnos ante un disco que hay que poner en el altar de la música reciente. TAB lleva la contraria al propósito del dios bíblico que puso orden en las aguas caóticas primordiales. Ellos quieren deshacer el orden tejido por los “reyes” de este mundo, al igual que las arañas y las mujeres hastiadas de Nerea Pallares y sembrar el caos. Este triángulo, satánico o no, dispone del poder para separar las aguas, y levantar mareas sónicas a base de guitarras ensimismadas, “mirándose a los zapatos”, y una batería fuera de sí. Es el ambiente apocalíptico idóneo para sostener sus alegorías sombrías. El sólido crecimiento musical que TAB ha experimentado no les ha llevado a hacer ni una sola concesión. No han renunciado a sus sueños violentos, ni a su irreductible rebeldía todavía más acuciante ahora que hace 20 años cuando el grupo dio sus primeros pasos en 2004.
Dioses, reyes y siervos entran y salen de sus canciones; son personajes congruentes con el tecnofeudalismo pujante. Estamos de nuevo en una época milenarista, en la que la mayoría de nosotros compartimos la inquietante certeza de que hemos perdido el control de nuestras vidas. Las instituciones políticas “de paja” ya no nos amparan. Nos hemos convertido en los nuevos vasallos de los “señores” del silicio y de los datos, tan arbitrarios y crueles como los del Medievo. Que han establecido el dominio sobre nuestros cuerpos cansados y nuestras mentes colonizadas. Esta nueva servidumbre (voluntaria) es la retórica oscura que sustenta este disco, y está omnipresente en cada uno de sus episodios, solamente desafiada por algunas grietas que abren individuos lúcidos, que, ocultos en las sombra, se conjuran para levantarse violentamente contra este sistema ubicuo, manteniendo una actitud ciberpunk. Estos sujetos imposibles de subyugar protagonizan la vengativa “Matar a un rey”, la supersónica “BBBMV a.r.m.a.s”, o “Media vida” en la cola, el gris ciudadano, conformista y obediente, empieza a impacientarse con la secreta esperanza de que “ocurra algo, que pase algo que no pueda controlar”. Todas las canciones están asociadas a sendos videoclips que han sabido captar la idiosincrasia de cada tema. Este aspecto audiovisual siempre ha sido tenido en alta consideración por la banda en cada uno de sus proyectos.
“Mi catedral” es una composición grandiosa como uno de estos templos de piedra, dedicada, sin embargo, a ese reducto interior, modesto en apariencia, poco más que “una vasija de barro”, que no puede ser mancillado por ningún poder de este mundo. Es el corazón palpitante de la resistencia y bombea su vitalidad y su sangre a las canciones restantes. Las letras crípticas de los temas también se compadecen perfectamente con el clima político de control obsesivo y monitorización total dentro del cual vivimos. Demasiados músicos han pagado un precio muy alto por ignorar los peligros de la censura y la represión.
El más narrativo de todos los temas es “Pat a trenca”, arrobado en un tono musical inquietante, como el que saben imprimirle los irlandeses Fontaines D.C. a sus canciones. Los pupitres de nuestras aulas tienen muchas “patas rotas”. El abuso de poder, el autoritarismo en las aulas, con el fin de reproducir y aquilatar el “statu quo” con nuevos ladrillos de repuesto, ya fue abordado por Pink Floyd en “Another Brick in The Wall” con el apoyo inestimable del vídeo de Alan Parker que culmina con una catarsis destructiva y vengativa de los estudiantes, que se reproduce también en el vídeo dirigido por Neelam Khan Vela para el grupo gallego, que ha revisado y evocado experiencias escolares traumáticas sufridas mucho después de que la escuelas del nacionalcatolicismo cerraran sus puertas. El adoctrinamiento religioso tuvo un papel nefasto en estas experiencias como la tuvo en “Días de escuela” de Asfalto, otra canción que viene a la mente a propósito de “Pat a trenca”.
En una analogía algo macabra, TAB parecen aquietarse engañosamente, cuando en realidad están afilando las guitarras, es eso lo que ocurre en el falso inicio de “SMT en el Palacio Real”. “Diosas adolescentes” es un arrebato sin preámbulos, un torbellino de guitarras, el que patentó Sonic Youth. “Odio a mi generación” y “Media vida” reinciden en las letanías melódicas y siniestras que ya han probado con resultados formidables en otros discos. “Matar al rey” es su máxima expresión, alguien tenía que nombrar el tabú del regicidio entre tanta temática regia, aunque los reyes vigentes no llevan corona ni portan cetro, ahora visten americanas informales y zapatillas deportivas. “En la corte del E.”, “Este contra Oeste”, “La Era Chapada en Oro”, son tres deflagraciones de guitarras, gaitas electrónicas, baterías y esquirlas de metralla, cargadas de tensión, sostenidas sobre la dialéctica entre el oro y el plomo de una civilización (¿la nuestra?) que se está internando en las sombras, entre las cuales TAB sabe orientarse como nadie.
El disco se cierra con “Sacrificio”, menos opresiva formalmente, tan majestuosa como “Mi catedral”, si bien la letra es perturbadora, para no desmerecer la liturgia que TAB ha desarrollado a lo largo de este LP. Después de este disco ciberpunk, terrible y sublime a un tiempo, no quedaran incrédulos que no profesen la fe en estos tres dioses oscuros y bizarros.