Poble Espanyol de Barcelona, Festival Barts. Viernes, 17 de julio del 2026.
Texto y fotografías: Àlex Guimerà.
Cuando uno bordea esa peligrosa franja de los cincuenta se da cuenta de que algunos de los discos o bandas que descubrió nada más alcanzar la mayoría de edad cumplen ya treinta años. Es el caso de Belle and Sebastian y de su segundo álbum, “If You're Feeling Sinister” (1996), al que están rindiendo homenaje en su actual gira interpretándolo íntegramente. Afortunadamente los hemos tenido por aquí: hace unos días en el BBK Live de Bilbao, el jueves pasado en Las Noches del Botánico de Madrid y, un día después, en el Festival Barts, celebrado en el emblemático recinto del Poble Espanyol de Barcelona. Y eso no es todo, ya que, tras la Ciudad Condal, su paso por Murcia y Valencia ha confirmado la predilección de la banda por nuestras ciudades.
Con la interpretación íntegra del álbum era imposible no transportarse a la adolescencia o a la primera juventud, a aquel momento en el que descubrimos a esta peculiar banda escocesa con nombre de cuento infantil que ofrecía un pop pseudointelectual, delicado y diferente, alejado de las estridencias de muchas bandas de la época para centrarse en lo personal y lo sentimental, donde los arreglos instrumentales y la melancolía dibujaban unas melodías irresistibles. La formación ha sobrevivido a la marcha de algunos de sus miembros fundamentales, como Isobel Campbell o Stuart David, al paso del tiempo y a los cambios en la industria discográfica. Han seguido publicando grandes discos, reinventándose musicalmente y regalándonos unos conciertos a los que no hemos dejado de acudir, sabiendo que terminaríamos con una sonrisa de oreja a oreja.
Lejos de caer en un mero ejercicio de nostalgia, Stuart Murdoch y los suyos demostraron en la cálida noche del pasado viernes 17 de julio que las diez canciones homenajeadas conservan intacta su capacidad para emocionar. Eso fue lo que pudimos sentir desde los primeros compases de "The Stars of Track and Field" o cuando asomó el piano de "Seeing Other People", aunque, a decir verdad, no fue hasta la pegadiza "Me and the Major" cuando el público comenzó a bailar con ganas.
Sobre el escenario, un Stuart ataviado con su característico sombrero, parlanchín y bromista, se atrevió incluso con algunos parlamentos en catalán (se nota que es escocés y tiene esa sensibilidad); un divertido y encorbatado Stevie Jackson demostró que es perfectamente compatible ser un freak y una rock star; mientras que la violinista y multiinstrumentista Sarah Martin desplegó su enorme talento con absoluta discreción. Junto a ellos, hasta seis músicos más abordaron todo tipo de instrumentos: trompeta, batería, teclados, bajo, guitarras, percusiones, flautas, armónicas, melódica...
Con "The Fox in the Snow" llegaron las pantallas las imágenes en las pantallas de un zorro bajo la nieve y un silencio reverencial por parte del público, ante el que Stuart mostró su lado más sensible. Aunque todos esperábamos con ganas la maravillosa "Get Me Away From Here, I'm Dying", una de las grandes canciones de la banda, que fue recibida con enorme entusiasmo, tampoco se quedó atrás "Judy and the Dream of Horses", la pieza que cierra el disco: una oda adolescente con ese impulso y ese sonido de trompeta tan épico que culminó con Stuart enfundándose una máscara de caballo para poner el toque más desenfadado al espectáculo.
Tras ese primer bloque llegó una segunda parte del concierto en la que la banda ofreció una selección de canciones de distintas etapas de su carrera, especialmente centradas en sus primeros años y en la época de comienzos de milenio. Entre tema y tema, Stuart bromeó con las camisetas de algunos asistentes, como una de su ídolo y compatriota Edwyn Collins —del que interpretó un breve fragmento—, una de The Stone Roses o una de Stereolab, que según él, aparece siempre en el mismo lugar en todos sus conciertos. Murdoch ejercía de perfecto maestro de ceremonias con esa habitual mezcla de timidez, humor británico y cercanía que genera una sensación de intimidad que muy pocas bandas consiguen transmitir desde un escenario.
Una vez más, la banda dejó patente su formidable nivel instrumental. Cada músico encuentra su espacio de forma completamente natural, mientras pudimos escuchar a Sarah o a Stevie cantando o aportando armonías vocales. Pero, por encima de todo, siguen maravillando esos sutiles arreglos musicales que ya pueden apreciarse en los discos y que consiguen trasladar al directo con una naturalidad que parece imposible.
Ya en esta segunda parte sonó una de sus mejores canciones de siempre: "Another Sunny Day", con esa melodía pop absolutamente perfecta. Le siguió "Chickfactor", que Stevie cantó y dedicó a su esposa (dedicatoria que Stuart hizo extensiva, poco después, a todas las esposas, incluida la suya), demostrando además sus habilidades con la armónica. Durante "Piazza, New York Catcher", Stuart se sentó en el borde del escenario para, acto seguido, bajar a cantar entre el público. Otra que sonó formidable fue la enérgica "Sukie in the Graveyard".
Y para el desenlace llegó la esperada "The Boy with the Arab Strap", acompañada de la ya tradicional invasión del escenario por parte del público, que bailó entre los músicos mientras Stuart marcaba el ritmo desde los teclados. Eso sí que es una "Casita", y no la de ciertos reguetoneros: aquí no hace falta ser famoso ni guapo; todos tienen cabida, altos y bajos, gordos y delgados, rubios y morenos... Ese es el espíritu de Belle and Sebastian, algo que también se reflejaba en las pantallas, donde iban apareciendo fotografías de sus seguidores al ritmo de la música.
Sin expulsar a los aficionados del escenario, "I Want the World to Stop" puso el punto final al repertorio principal. Como bis llegó la maravillosa "Sleep the Clock Around", dejando, eso sí, muchas otras bellas canciones para una próxima ocasión. Esperemos poder volver a estar allí para tener la oportunidad de escucharlas.





.jpg)







.jpeg)



