Steve McDonald (Redd Kross): "La esencia de la banda es compartir alegría"


Por: Àlex Guimerà.
Fotografía cabecera. Buzz Osborne
Fotografía interior: Gilber Trejo.

Uno de los grupos mas legendarios del rock de las últimas décadas son sin duda los angelinos Redd Kross. Inclasificables, únicos en su especie y banda de culto, esta formación liderada por los hermanos Jeff y Steve McDonald vuelven a nuestras salas este mayo después de haber podido gozar de su explosivo directo hace dos años coincidiendo con la presentación de su homónimo doble álbum. Entre medio han presentado un libro y un documental en los que repasan su ya larga trayectoria con ese sabor de haberlo tenido todo para abrazar un éxito masivo que les ha sido esquivo. Charlamos con el menor de los Mc Donald quien no borra su sonrisa ni un momento a la espera de volver a vernos en unos días. 

Fechas de la gira: 

Valencia (15 de mayo, Loco Club) 
Granada (16 de mayo, Degusta Fest) 
Palma de Mallorca (17 de mayo, The Most Beautiful Day) 
Barcelona (20 de mayo, Sala Upload) 
Zaragoza (21 de mayo, Rock & Blues) 
San Sebastián (22 de mayo, Dabadaba) 
Madrid (23 de mayo, Sala Copérnico) 

Este próximo mes de mayo regresáis a España para dar siete conciertos en diferentes ciudades. En vuestra última gira, del año 24, estuve en el concierto de Barcelona y fue un concierto increíble. En esa ocasión presentabais el doble álbum “REDD KROSS” e interpretasteis muchos temas de este disco. ¿Qué repertorio planeáis tocar para vuestra próxima visita? 

Steve McDonald.: No lo sé, aún no hemos escrito los setlist. Pero hemos estado ensayando unas dos horas de material, así que probablemente tocaremos canciones diferentes en cada concierto, y supongo que será un repertorio que abarcará toda nuestra carrera tanto canciones nuevas como clásicos, aunque todavía no sé en qué porcentajes. 

Redd Kross empezó cuando erais prácticamente unos adolescentes en Los Ángeles. Mirando hacia atrás, ¿qué recuerdas de esa primera escena punk de tu juventud? 

Steve McDonald: Bueno, era el ambiente perfecto para que aprendiéramos a tocar la guitarra y lo aprendiéramos todo sobre la marcha. Y, ya sabes, pudimos interactuar con todo tipo de bandas y personas increíbles. No sé si era algo exclusivo de los jóvenes de entonces respecto a los de hoy en día. Me refiero a si los chicos ahora hacen algo similar, pero la experiencia que tuvimos, todavía tiene un impacto duradero en nosotros. 

Esa escena de Los Ángeles en los 80 era muy diversa y contaba con muchas grandes bandas como Redd Kross. ¿Qué artistas o bandas de esa zona consideras que fueron especialmente importantes para vosotros? 

Steve McDonald: Bueno, Black Flag, obviamente. Fue la primera banda con la que tocamos. Nos guiaron durante el primer año. Y tocamos con ellos en todos nuestros primeros conciertos. Eran como nuestros mentores; tenían un gran local de ensayo y conciertos donde nos juntábamos, organizábamos fiestas y dábamos conciertos. Y luego dimos nuestros primeros conciertos en clubes nocturnos con ellos, al igual que ellos. Así que, sin duda, Black Flag. 

Y también muchas de las bandas de Los Ángeles que grabaron con ese sello punk de la época llamado Danger House Records. Esas bandas eran mis ídolos e inspiraciones, como X, The Weirdos, The Germs, The Avengers, que eran de San Francisco. Fueron las primeras bandas que realmente admiré de la escena local, de la escena underground. Antes de eso, solo era un fan del rock and roll, de los Beatles, los Stones y KISS, como cualquier otro chaval.

A lo largo de los años habéis tocado punk, garage, power pop, glam, incluso psicodelia. ¿Esta mezcla de estilos fue una decisión consciente o simplemente un reflejo natural de todo lo que habéis escuchado?

Steve McDonald:  Definitivamente es solo un reflejo de lo que escuchamos. Creo que Jeff y yo no somos lo suficientemente funcionales como equipo creativo para intentar calcularlo todo. Simplemente solo podemos ser nosotros mismos. E incluso ponernos de acuerdo en ese proceso de toma de decisiones puede ser complicado. Somos hermanos, como otros, como los Davies y los Gallagher. Y, ya sabes, pero creo que, no planificamos tocar todos esos géneros diferentes que describiste. Quiero decir, no es así como pensamos. Simplemente nos gusta lo que nos gusta y hacemos lo que queremos. Y no quiero decir que seamos unos héroes rebeldes ni nada por el estilo. Simplemente no somos lo suficientemente listos para calcularlo. 

Muchas de vuestras canciones tienen una fuerte melodía, incluso cuando la energía es muy punk. ¿Qué es más importante para vosotros al componer? ¿La melodía o la actitud? 

Steve McDonald: Oh, no sé. Hay espacio para ambas, ¿no? Creo que no hay una sola manera de hacerlo. A veces las canciones empiezan con la melodía y otras veces las canciones empiezan con un riff. Tal vez si empieza con un riff, entonces cuando vas a cantar, solo hay espacio para aportar energía. Bueno, no sé si hay una sola manera de hacerlo, pero creo que los Beatles, una vez más, son un gran ejemplo de cómo se pueden tener ambas cosas: momentos melódicos como los que lograba Paul McCartney, y luego, los momentos rockeros, el rock and roll de John Lennon. Nosotros lo hacemos lo mejor que podemos. 

Tú y tu hermano, Jeff, habéis mantenido viva la banda durante varias décadas. ¿Cómo ha evolucionado vuestra relación creativa con el tiempo? 

Steve McDonald: Pues todavía me resulta un poco misteriosa, es un enigma. Creo que es una de las cosas que mantiene la banda emocionante. No hay una forma específica en la que trabajemos juntos, de hecho cuando nos ponemos a componer nunca sé cómo lo haremos. A veces cada uno hace cosas por su cuenta. Otras nos necesitamos mutuamente para inspirarnos y nos juntamos. O simplemente no queremos inspirarnos el uno en el otro. Pero, también juega el hecho de que yo soy el hermano menor, así que tengo esa perspectiva. Y él es el mayor, y tiene la suya, y eso nunca parece desaparecer. Me refiero a esa especie de dinámica de alfa y beta entre hermanos, o lo que sea. De hecho él mismo se autodenominó el alfa en una entrevista reciente. Siempre pienso: “estoy deseando que cambie”, y él quiere que siga igual. Eso crea una fricción que creo que es, quizás, agotadora, pero también es importante. 

Vuestra música siempre ha estado llena de referencias a la cultura pop, cómics, series de televisión y películas. ¿Qué papel juega ese universo en su proceso creativo? 

Steve McDonald: Bueno,  creo que siempre hemos sido comentaristas del mundo exterior, ya sabes, observando el caldo de cultivo en el que existimos. Y la verdad es que realmente no te sabría decir qué papel juega todo eso, aparte de que sentimos que formamos parte de esta locura. Por ejemplo, recuerdo que hace como 15 años, mi hermano no paraba de hablar de grupos de K-pop. Y yo le dije: "¿De qué me estás hablando?". Y él me contestó: "Sí, me encanta este grupo, Twenty-One". Me los puso y yo le dije : "¿Me estás tomando el pelo?". Él me respondió: "No, no, me encanta". Pasó el tiempo y Jeff y yo fuimos a ver a Blackpink tocar ante 40.000 personas. Entonces pensé: "Él ya los escuchaba desde hace 10 o 15 años, ¿sabes?". Es que es un bicho raro en ese sentido. Siempre encuentra algo con lo que identificarse de una forma inesperada. Así que, aunque yo soy un poco más normal, a veces me beneficio de sus observaciones. Álbumes como "Third Eye" o, aunque me cuesta recordarlo, "Faceshifter", se han convertido en clásicos de culto con el paso de los años. 

¿Cómo viviste la recepción de estos dos discos en su momento? 

Steve McDonald: Bueno, de varias maneras. Había tantas cosas pasando a nuestro alrededor y, bueno, es como si tuviéramos ciertas expectativas en su momento que no se cumplieron del todo. Cuando en realidad otras sí que lo hicieron. Me refiero a que la acogida que han acabado teniendo, el hecho de que la gente siga interesada en esos discos aún hoy en día supera mis expectativas. Eso es fantástico. Y estoy agradecido por ello. 

Habéis vivido la música a través de distintas etapas de la industria discográfica: Vinilo, CD, descarga digital y ahora el streaming. ¿Cómo ha cambiado vuestra relación con el público en cada etapa? 

Steve McDonald: Bueno, realmente no creo que el vinilo, los CD y las descargas hayan cambiado mi relación con el público, pero si sé que las redes sociales han cambiado mucho las cosas. Ahora soy mucho más accesible para la gente si quiere contactarme, a menudo puedo ver lo que tienen que decir. Y es mucho más rápido que cuando alguien mandaba una carta sin saber a dónde enviarla y sin saber si podría responderla alguna vez. Ahora es mucho mejor. Me refiero a que como tengo muy mala ortografía nunca contesté una carta hasta que tuve correo electrónico. Me daba mucha vergüenza lo mal que escribía, por lo que es más probable que ahora te responda, gracias al corrector ortográfico. Ha sido un avance interesante.

Aunque si me preguntas cómo conectar con nuestro público, sigo pensando que la principal forma sigue siendo a través de los conciertos en directo, con esa comunicación presencial. Y, ya sabes, es curioso que ahora se haya dado la vuelta completa y el formato principal haya vuelto a ser el vinilo. Así que no sé, seguimos haciendo, seguimos intentando hacer canciones y dar el mejor concierto posible. Y esa es la forma más efectiva que conozco de comunicarme con los demás. 

Vuestra música siempre ha tenido un aire muy colorido, vibrante y optimista. ¿Crees que el rock actual necesita recuperar esa energía y vitalidad?

Steve McDonald: Bueno, es curioso. Cuando salgo de gira con los Melvins, mi otra banda, todo se siente distinto. Incluso cuando hemos girado con ambas bandas a la vez, la experiencia cambia mucho. Estar en cada proyecto despierta emociones diferentes en mí. Con Melvins hay más rabia, una actitud más áspera sobre el escenario. Y eso también es auténtico: al final soy humano, me frustro como cualquiera, incluso en cosas cotidianas. Pero, al mismo tiempo, también soy muy consciente de que la vida es complicada para todo el mundo. Y pienso: ¿no sería genial que, cuando nos reunimos, pudiéramos simplemente sonreír un poco y olvidarnos de las preocupaciones? Ahí es donde entra Redd Kross. Su esencia parece ir más por ese lado: el de compartir alegría. A veces, incluso si estoy agotado antes de salir al escenario, ocurre algo casi automático: miro alrededor y pienso “¡es increíble que todos estemos aquí!”. Y eso siempre logra sacarme una sonrisa. No sé si es exactamente lo que el mundo necesita, no tengo ni idea. Pero sí es algo muy natural para nosotros. Nuestra reacción instintiva es sentir que estamos juntos en ese momento. Olvidarnos de todo lo demás durante un rato, porque seguirá ahí cuando termine la noche. Y quizá ese rato nos dé la energía positiva necesaria para afrontar el día siguiente. Y eso no tiene nada de malo. 

Redd Kross sois una banda muy explosiva en directo. ¿Qué es lo que más disfrutáis de estar en un escenario después de tantos años? 

Steve McDonald: Bueno, antes preguntabas sobre la conexión con los fans. Y precisamente lo que mas nos gusta es esa conversación entre lo que intentamos evocar con nuestras manos y nuestros cuerpos con lo que recibimos. Lo digo sin ponerme demasiado pretencioso: enviar esa energía en una dirección y luego sentir que regresa hacia nosotros de la gente. Es difícil de explicar con palabras, pero es algo real. Y no siempre uno conecta con el público como uno quiere, pero cuando lo hacemos es muy poderoso. 

Habéis influido en muchas bandas de rock alternativo y power pop. ¿Hay algún grupo actual que os resulte particularmente interesante? 

Steve McDonald: ¡Ay, Dios! ¡Qué dilema! Siempre me quedo en blanco con este tipo de preguntas. ¿Quién me ha resultado interesante? Bueno, ahora todo el mundo adora a los Lemon Twigs cuando se habla de power pop. Y fui a verlos hace poco y esos chicos me parecieron increíbles. Que además son dos hermanos. Me fascina cómo interactúan con la gente y cómo consiguen hacer las cosas. 

Después de una carrera tan larga, ¿qué os motiva a seguir grabando e ir de gira con Redd Kross?

Steve McDonald: Supongo que intento ver qué sigue siendo posible. Siempre me siento motivado, buscando soluciones y tratando de demostrarme algo a mí mismo. Nunca es fácil. Es un reto constante, por un lado, puede parecer frustrante, como si pensara: "Aún no lo he conseguido". Pero, por otro lado, me mantiene con ganas de seguir mejorando. 

Si alguien descubriera hoy a la banda por primera vez, ¿qué álbum le recomendarías escuchar para comprender realmente de qué se trata Redd Kross? 

Steve McDonald: Bueno, creo que un buen punto de partida es nuestro último disco, el que lleva nuestro nombre. Es el disco que siento que es más maduro en el sentido de que somos mayores y podemos mirar hacia atrás con cierta perspectiva y objetividad. Pero también es un álbum doble, así que tiene suficiente espacio para que nos expandamos y hagamos un poco de todo lo que somos capaces de hacer. Así que parece un buen punto de partida para la gente, y luego a partir de ahí pueden tirar para atrás e investigar. 

¿Cuáles son vuestros planes después de la gira? ¿habrá nuevo disco? He visto que habéis publicado un EP compartido con Hard-Ons. 

Steve McDonald: Si, acabamos de sacar un disco en colaboración con los Hard-On con motivo de que salimos de gira con ellos en Australia. Pero esas no eran canciones nuevas, eran versiones acústicas que habíamos grabado. Así que tenemos tres canciones en ese disco. Dos canciones de nuestro último álbum en acústico, y luego un clásico antiguo, “Lady and the Lady in the Front Row”. 

Pero, ¿qué haremos después en cuanto a grabaciones? Pues tengo la esperanza de que, ahora que hicimos nuestra gran declaración en 2024, con nuestro libro, nuestro documental y nuestro álbum doble homónimo, digamos: "Bien, aquí está la siguiente fase". A ver qué pasa. Vamos a intentar escribir nuevos capítulos. Y, bueno, no puedo prometer nada, pero espero que tengamos otro disco mucho antes de lo habitual. 

Muchas gracias Steve. Nos vemos en el concierto del 20 de Mayo en Barcelona, mi ciudad. Es una sala pequeña (Sala Upload), pero creo que es perfecta para vosotros. Estoy seguro que será un concierto fantástico. 

Steve McDonald: Suena perfecto, estaremos encantados de tocar allí. Gracias a vosotros.

El Último de la Fila: los primeros, por siempre


Estadio Olímpico Lluís Companys, Barcelona. Domingo, 3 de mayo de 2026.

Texto y fotografías: Javier Capapé. 

A ritmo de mariachis fuimos entrando en calor en la tarde gris del pasado domingo. Una tarde-noche inolvidable, marcada por la nostalgia, evidentemente, pero llena de vitalidad. El Estadio Olímpico de Barcelona acogía el primero de los conciertos que sus paisanos El Último de la Fila iban a ofrecer treinta años después de bajarse de los escenarios y poner fin a su última gira. Sobra decir que esta era una ocasión más que especial para las más de cincuenta mil almas que nos reunimos en torno a las canciones de los dos músicos más grandes y a la vez más humildes que ha dado esta tierra. Manolo García y Quimi Portet estaban de vuelta y en su casa, celebrando simplemente su pasión por la música, disfrutando de sus canciones una vez más, esas que se han hecho eternas e insustituibles durante todo este tiempo. El Último de la Fila sabían que les queríamos de vuelta, aunque solo fuese para verles una última vez en su hogar, que es el escenario. Mano a mano compartiendo retazos de vida hechos canción e impulsados por un aire retro llevado con gran tino incluso a un escenario de estas dimensiones, en el que primaron más las imágenes surrealistas y los mensajes estrambóticos lanzados desde las pantallas (“Vendo Opel Corsa” o “Compro Oro”) en lugar del exceso de pirotecnia o confeti. Había móviles, sí, pero predominaba el aroma a los años ochenta y noventa donde ellos brillaron y en los que importaba solo la música, así como afrontarla con arrojo y algo de humor, ese que ellos mismos dicen que fue la argamasa con la que se sostuvo siempre este dúo. El mismo que desprendió Manolo García desde que las primeras gotas de lluvia llegaron con los acordes de “Huesos” y que él mismo quiso acogerlas con buenas dosis de ironía, soltando un: “¡me voy a meter una hostia de puta madre!”. Lo cotidiano por delante, siempre por encima de lo impostado o totalmente calculado para la ocasión.

Canciones y emociones. Rock de base marcada y precisión milimétrica (gran labor de Antonio Fidel y Ángel Celada), sin perder por ello sus aires psicodélicos, rumberos y morunos por momentos. Correcto en las formas (quizá esperábamos algo más de Quimi Portet) y profundo en ambiciones. El grupo que acompañó la mayor parte de su historia a Manolo y Quimi se dieron cita aquí también junto a Irene Miller y Eva Reina en los coros, que apoyaron con elegancia los fraseos del carismático frontman, al que vimos tanto enfundado en un albornoz a modo de capa, como peleándose con un sillón por medio del escenario o azotando una vara para incitar al entregado público. Como el “guapo del Poble Nou” lo presentó Portet, aunque podría ser más acertado referirse a García como la cara incombustible del dúo, porque la huella de sus setenta primaveras apenas le ha pasado factura y su voz siguió reforzando con firmeza cada verso de la noche.

Los himnos se sucedieron sin remisión. No hubo que esperar nada a que sonase “Querida Milagros” ni “Mi patria en mis zapatos”, en la que Portet agradeció que nos hubiéramos multiplicado tanto para llenar este estadio, haciendo referencia al grito que su compañero de fatigas realizaba en los viejos tiempos, esos en los que tocaban para pequeños aforos. Entonces Manolo García se despedía de sus conciertos con un “¡salid y multiplicaos!”, algo que estaba claro que había sucedido. Portet presentó esta gira de doce conciertos que acaba de arrancar como un “lugar para poder huir de las férreas estructuras familiares”, aunque también aclaró que suponía el placer de “volver a tocar con la banda después de tantos años”. Pero, por encima de todo, sentimos que estaban ahí por nosotros, su público, los que hemos dado sentido a estos treinta años en los que en lugar de olvidarles hemos hecho crecer su estela.

Cuando se impuso la noche descubrimos que, en realidad, se había teñido el “día color de melocotón” y, definitivamente, ya “nadie fue más que nadie”. Todos unidos por esa rítmica que tan bien supo sostener Quimi, sin florituras pero encendida de pasión, y por esa entrega desmedida de Manolo, que nos llevó a todos en volandas, da igual si afrontaba la más introspectiva “No me acostumbro” o la ecologista “Dios de la Lluvia”, que tras implorarle concedió un merecido respiro a la fina lluvia hasta el final del concierto. Músicos y público fuimos realmente una masa unida, por muy grande que fuera el recinto. Creo que todos sentimos que compartíamos un trocito de la historia de nuestra música reciente, que formábamos parte de algo único, de eso que tanto tiempo habíamos estado esperando, pero que tampoco habíamos pedido. Ellos nos lo concedieron porque sintieron que era el momento, y porque, si un día quisieron echar el freno al entender que no tenían nada más que aportar, de la misma manera ahora quisieron darse el lujo de subirse de nuevo al escenario para disfrutar del gran baño de masas que tanto han merecido siempre. Sin grandes pretensiones. Sólo por puro placer.

Con “Soy un Accidente” se acordaron de todos los músicos catalanes que les marcaron el camino en los setenta, de Pau Riba a Sisa o Lluís Llach, y reivindicaron la cultura catalana recibiendo una enorme ovación. “La Piedra Redonda” resonó por todos los rincones del Estadio con su coraza eléctrica, aire con el que también vistieron a “Mar Antiguo”, que se salió un poco de su estructura original por su mayor contundencia en directo. Eso no significó que no encendiera la llama en forma de linternas de móviles, que inundaron las gradas ante una de las baladas más emblemáticas de su discografía. Aunque para emblemáticas bastaba con mirar atrás y ver que, casi sin darnos cuenta, ya se habían sucedido, en esta sucesión de éxitos incontestables que fueron los ciento treinta minutos de actuación, “Sin Llaves”, “Aviones Plateados” o “El Loco de la calle”, con un Pedro Javier González aportando maestría a la guitarra española. No pararon de sonar himnos, y a cada cual con mejor recibimiento, porque los allí congregados sabíamos que cada vez que escuchábamos una de estas canciones probablemente fuera la última vez que íbamos a hacerlo en directo.

Desde el cancionero de los Burros rescataron también “Disneylandia” (y una oportuna “Conflicto Armado” en los primeros compases de la noche), que sirvió para bajar el pulso antes de afrontar las más enérgicas “Cuando el mar te tenga” (con ésta ninguno de los que permanecían sentados en las gradas pudieron seguir haciéndolo), “El que canta su mal espanta” o “Canta por mí”, con un intro de guitarra española que nos puso los pelos de punta. Con “Llanto de Pasión” Manolo se fundió en un abrazo con las primeras filas, sin olvidar las dificultades que supuso bajar de ese pequeño avance al frente del escenario, cuyo suelo proyectaba coloridas imágenes y que le hizo sufrir para no patinar en más de una ocasión por el fino barniz húmedo que lo cubrió. Dedicaron esta recta final que ya se vislumbraba para el colectivo de agricultores y ganaderos a los que siempre tuvieron estima, así como a los sufridores autónomos. De nuevo otra calurosa ovación y el éxtasis con “Lápiz y Tinta”. Me atrevería a afirmar que ésta siempre fue una de sus mejores composiciones y así fue recibida, luciéndose además con un discreto pero oportuno solo del bueno de Quimi.

Si alguien esperaba sorpresas, las iba a tener, pero no en forma de oportunas colaboraciones encima del escenario. No fue exactamente eso. Sin tener que decirlo directamente, desde que sonó la enigmática “Sara”, y hasta el final del concierto, la hija de García se hizo con un sitio destacado al frente del escenario (y una buena cuota de pantalla). Tocó la eléctrica con tanto desgarro como finura. Se hizo cargo de la mayoría de los solos que quedaban por afrontar (espacio que le cedió el hasta entonces encargado de ello Josep Lluís Pérez) y le sentimos como una pieza clave de este engranaje. No fue algo forzado, fue necesario y revelador. Imprimió carácter a la garra de “Lejos de las Leyes de los Hombres” (donde los característicos toques de teclado de Juan Carlos García destacaron por encima del resto) y se lució con el potente solo de “Dulces Sueños”, donde también hubo espacio para Quimi Portet y Josep Lluís Pérez, poniendo el broche al grueso del set.

Nos pidieron seis minutos para cambiarse de muda y nos dejaron con una colección de vídeos de sus primeros años que sirvieron de interludio antes de la traca final (sí, hubo algo de confeti y fuego en el escenario, que para eso estábamos en un concierto de gran tamaño). Con las maracas en mano y una española con alma, “Ya no danzo al son de los tambores” nos hizo “confiar” a pesar de “confundirnos”, como reza su letra, porque con las canciones de El Último de la Fila hemos confiado siempre aunque nuestra “barca zozobre”. Ese es su gran misterio, el que ha mantenido sus grandes canciones a flote después de tantos años. Como si su fórmula hubiese quedado intacta. “Los Ángeles no tienen hélices” confirmaron que aquel “Enemigos de lo Ajeno” era el que acaparó más protagonismo durante la velada. Para algo cumple también en este año cuarenta desde su lanzamiento y, como siempre ellos han admitido, es al que más cariño le tienen por todo lo que supuso de afirmación en su carrera, a pesar de las dificultades iniciales vividas. Para el que esto escribe todavía habría adquirido un punto mayor de perfección la noche con un poco más de peso para su último disco “La Rebelión de los Hombres Rana”, pero hablamos de himnos incontestables y quizá en ese disco se quedaron algo cortos en este sentido. Aún así, sentí que no había nada que reprochar a un repertorio de este calibre, donde ni por un momento se bajó la guardia (brilló el citado “Enemigos de lo Ajeno” pero también el fantástico “Como la cabeza al sombrero”), llegando para la recta final “Como un burro amarrado a la puerta del baile” y el mayor himno popular de nuestra historia: una “Insurrección” que nunca nos cansaremos de cantar. Nunca.

Sin lugar a dudas, El Último de la Fila había hecho explotar el Estadi Olímpic (y seguro que repite la jugada el próximo jueves), había recogido toda su cosecha en casa. Despertaron del letargo para regalarnos una de las mejores noches que podremos recordar sus incondicionales. Un evento histórico, que puso el broche con la mítica versión de “El Rey”, de José Alfredo Jiménez, y con todo el mundo dejando atrás males y disputas. “No es que el tiempo lo cure todo”, ni tampoco que la reunión de estos dos titanes sane todo mal, pero sin duda “puede ayudar”. ¡Y vaya si lo hizo! Los raros de la clase, los incomprendidos, los extravagantes e insólitos, los últimos de la fila fueron por una vez, y para siempre desde el pasado domingo, los primeros.

Courtney Barnett: "Creature of Habit"


Por: J.J. Caballero. 

 Ser joven, lista y talentosa no es algo tan positivo en la práctica. La teoría parece asegurarte, o al menos vaticinar, un éxito de efecto incierto, pero los avatares y tumultos personales suelen jugar un papel clave en la evolución y el devenir de una artista de esas características aparentemente tan favorables. El caso de la australiana Courtney Barnett es uno de esos en los que el peso de su propia historia intenta equilibrarse con el de una obra artística normalmente condicionada por las circunstancias. 

En “Creature of habit”, el cuarto trabajo discográfico de una carrera hasta ahora algo irregular, hace balance de daños recapitulando causas y efectos y sin necesidad de mostrarse innecesariamente explícita. Sí deja sin embargo claves de por dónde han ido los tiros en sus vaivenes emocionales en los cinco años transcurridos desde su anterior entrega, un disco indefinido y agotador en el que su carrera parecía derivar por sendas indefinidas. Ya en el magnífico documental “Anonymus club” se desvelan tormentas y nubarrones varios, marcados entre otros hechos por su mudanza a Los Ángeles y la ruptura con pareja y sello, precisamente el que fundó junto a ella. Si todo, o al menos una buena parte, parecía perdido, lo mejor que podía hacer –y lo hizo- era ponerse a escribir canciones y grabarlas en cuanto todo encajara de nuevo.

Tener grandes amistades y tirar de ellas cuando la ocasión lo requiere sí es algo realmente apreciable. La buena de Courtney recurre en este disco a vínculos artísticos tan propicios como los de Stella Mozgawa (batería de Warpaint), músicos de Floating Points o la mismísima Waxahatchee, otra outsider dispuesta a echarle un cable en la resultona “Site unseen”. Pero lo que pocos esperábamos era la colaboración del reciclado Flea en una pieza más electrificada que la media titulada “One thing at a time”, a la que aporta bajo y presencia.

El recorrido sonoro se detiene en rotondas de tránsito tranquilo como “Wonder”, casi la nueva marca de fábrica de un sonido a veces destartalado, a veces potente en melodías como sucede en la casi perfecta “Sugar plum” o la modélica “Mantis”. Los graves atemperados de “Stay in your lane” o el atractivo pop de “Great advice” hacen la ruta aún más placentera, sin grandes sobresaltos y con paradas en paisajes raquíticos como el de “Mostly patient”. Cuando en “Same” decide dejarse arrastrar por la modernidad de los sintes y bases electrónicas, algo que no parecía encajar con sus principios, resulta ciertamente encantadora, lo mismo que si añade un gorjeo de aves y cielos cristalinos a la estampa final de “Another beautiful day”. Son distintas formas de adorar lo que hace y lo que escribe.

Dudas disipadas, no tanto a nivel personal, donde su tradicional fragilidad sigue exhibiéndose a sus anchas, como en el ámbito artístico, para el que a partir de ahora debemos tenerle reservado el lugar de privilegio que mereció casi desde el principio. En el lado más alternativo de nuestra discoteca siempre habrá un hueco para que el despiece emocional que nos plantea Courtney Barnett nos haga plantearnos eternas preguntas que sólo ella sabe responder. O no, que en verdad es lo de menos.

Niña Polaca: “Ya no tenemos que convencer a nadie, nos hemos permitido el lujo de hacer pensar un poco más al público a la hora de escuchar las nuevas canciones”


Por: Javier González. 

Vuelven Niña Polaca, una de esas bandas que ya nadie duda a la hora de ubicar entre las más punteras de nuestro panorama. Han logrado tocar el cielo con mucha humildad, haciendo camino al andar, aprendiendo en el recorrido, mientras unían al talento una innegable capacidad de trabajo cercana al estajanovismo. Ahora, tras innumerables días picando piedra y dejándose la piel sobre el escenario, otean en el horizonte recintos míticos como el Movistar Arena, fecha que ya anunciaron en redes semanas atrás. 

Llegarán al mismo con un nuevo disco bajo el brazo, “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, un álbum que es fruto de la experiencia y madurez que ha ido acumulando la banda a lo largo de todo el proceso, donde observamos a unos Niña Polaca más reflexivos y conscientes de la realidad de su entorno, que, sin perder la capacidad evocativa y la genialidad para condensar los sentimientos en frases cargadas de efectividad y gracejo que describen las vivencias cotidianas, se nos van haciendo mayores mientras su vigencia permanece intacta. 

Descolgamos el teléfono para hablar con Álvaro Surma, principal compositor, guitarrista y vocalista de la banda, quien nos atiende tan majo y cercano como siempre, demostrando que aunque las circunstancias cambien, para bien en lo respectivo a Niña Polaca, todavía quedan héroes románticos con los pies bien anclados al suelo. 

Han pasado camino de tres años desde la edición de “Que adoren tus huesos”, un trabajo que, si bien continuó la senda de crecimiento que tenía Niña Polaca desde sus comienzos, supuso un crecimiento a nivel de fechas en directo y también en repercusión, algo que supuso otro aldabonazo a la carrera de la banda. ¿Qué sentisteis tras la edición del disco y durante estos dos años de larga y exitosa gira? 

Surma: Fue un cambio drástico. La base de nuestro público ha crecido y la propia repercusión del álbum también fue muy amplia. “Que adores tus huesos” ha sido el disco que nos ha permitido profesionalizar todo el proyecto. Además, ocurre en un momento particular de la banda donde habíamos cambiado de componentes y más tarde supuso la adaptación a una nueva realidad que nos ha encantado. Recibir tanto cariño de tanta gente, de forma tan continua, durante tanto tiempo, ha sido una maravilla, todo un sueño. Hemos podido colaborar con artistas que han sido referentes para nosotros como Amaral, Carlangas o Travis Birds, gente que nos ha gustado siempre y decidieron participar en las versiones que hicimos del disco. Para nosotros fue una alegría, una maravilla y un honor. Hemos tenido un crecimiento personal muy amplio, tanto en nuestro conocimiento de la industria musical como del directo, de todo en general, e inclusive de nosotros mismos como personas. 

En nuestra última charla que versaba sobre el álbum ya comentado me decías que era el primer trabajo en el que buscabais una intención artística. Pensando en este “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, ¿cuál consideráis que es la nueva vuelta de tuerca? 

Surma: Si con “Que Adoren tus Huesos” ya teníamos una intención, ahora en “¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, hemos tenido tiempo e intención. Hemos podido componer un disco durante dos largos años, buscando un discurso que se entiende bien y goza de una estructura concreta. Le hemos dado un discurso, acompañado de una estética que nos ha llevado tiempo plantear. Creo que hemos perfeccionado un poco lo que hicimos con el anterior. 

Personalmente, tras la primera escucha, lo primero que sentí fue que este es un disco hecho con más calma, algo paradigmático viendo la auténtica montaña rusa que habéis vivido, pero. en todo caso, percibo cambios, no sé si como reflejo de una mayor madurez, donde las composiciones no buscan la inmediatez y que incitan a que el oyente ponga un poco más de su parte para que los detalles afloren en sucesivas escuchas, puesto que creo que la producción de este trabajo también es más cuidada. ¿Lo veis desde una perspectiva similar? 

Surma: Sí, estoy completamente de acuerdo. En los discos anteriores llegábamos al estudio mucho menos trabajados de lo que hemos llegado ahora. Hemos tenido dos años para trabajar, alquilar un chalet, hacer un retiro y preparar los arreglos de la música una y mil veces. Ha habido jornadas maratonianas de composición entre nosotros, pensando en qué queríamos decir y cómo decirlo. Hemos huido del hit y de una forma de hacer canciones que entren rápida. Pensando en esta nueva colección, creo que tiene que haber intencionalidad por parte del oyente para sentarse y escuchar este disco. Ya no tenemos que convencer a nadie y nos hemos permitido el lujo de hacerles pensar un poco más a la hora de escuchar. 

No sé si voy en la dirección correcta, pero son canciones concebidas para contar una historia, la de Wiwa, que desembocan en una tormenta emocional donde el amor y el desamor se funden en un escenario que es nuestro mundo ruinas, el lugar donde transitan todas las composiciones de este disco. ¿Cuándo surge la idea de hacer un álbum conceptual que cuente una aventura casi épica? 

Surma: Es al revés. La historia vino después de tener las canciones, la hizo Rubén una vez terminado el disco, servía de introducción a la persona que lo vaya a escuchar. Pasas de una Niña Polaca anterior, donde vienes de un mundo adolescente en el que te preocupas un poco menos por el entorno, algo que se muestra en la cara “A”, donde se habla de amor/desamor y el propio desarrollo sentimental, a la cara “B”, que ya muestra otras preocupaciones más relacionadas con el contexto del mundo actual. Dos caras diferencias. La cara “B” se introduce en la última frase de “Suena Abba” que es donde se empieza a hablar un poco de las sociedad y el mundo de hoy. 

El disco es en sí mismo una atracción donde hay subidas y bajadas emocionales, ¿han ayudado las temáticas de las canciones a la hora jugar con las intensidades de las distintas canciones? 

Surma: Realmente enfocamos el disco de otra forma, más como una línea temporal. “El Bosque” y “Olvidarme de ti” son composiciones que estás más cercanas a “Que Adoren tus Huesos”, básicamente porque se escribieron después de editar el disco y quedaron en barbecho hasta ahora que las hemos decidido rescatar. El resto van de forma bastante cronológica con respecto a cómo ha avanzado nuestra vida. Hemos querido dar un tono más rápido y lento en función de que acompañara a la letra. 

¿Podemos decir que es el disco menos cañero de la banda hasta ahora y quizás el más profundo? 

Surma: Tiene canciones bastante cañeras como “William Wallace” y “Policía-Hachís”, igual que te diría que en el resto de discos hay canciones más lentas también. Quizás sí es menos “hitero”, tiene letras más desarrolladas. Personalmente, “Que Adoren tus Huesos” tampoco creo que sea un disco cañero. Aquí hay temas más madurados, no había necesidad de hacer un hit de guitarras. Hemos jugado con los teclados, dando espacio a las cosas, buscando no saturar la composición. El hecho de que Claudia haya entrado de lleno en la composición desde el principio hace que se tenga muy en cuenta a los teclados, cosa que en otros trabajos ha entrado a traspiés. Aquí hay solos de pianos, algo que consigue que todo se “desenguarre” un poco. 

“William Wallace en Lancaster” habla de esa sensación de flotar y sentirnos invencibles cuando tenemos un nuevo amor. 

Surma: La considero prima hermana de “Mucho tiempo contigo”. Tienes un amor tan fuerte que no quieres nada más en la vida. Hay una plenitud en el amor que busca reivindicar las cosas pequeñas y los sentimientos. Quieres tu espacio para vivir y llegar a viejo con nietos. Es una canción de anhelo y esperanza. 

“Siempre pongo las venas en la composición de los discos” 

“Bosque” ya cambia el tercio hablando de ese momento en que se echa de menos la relación rota… 

Surma: Como te decía antes, todo tiene una cierta cronología (Risas). “William” es el punto álgido y “Bosque” es el bajón, diciendo “te he querido todo”. Se muestra el vaivén emocional de la propia relación. Es un poco dame veneno que quiero tres tazas. Siempre pongo las venas en el disco. En mi caso personal, la cosa se torció en cierto momento y luego volvió a su sitio. Actualmente estamos en el momento “ABBA”. (Muchas risas) 

En “Sería Perfecto”, toma la voz cantante tu compañera Claudia Zuazo. 

Surma: Sí, se ha hecho con naturalidad. Al empezar a componer ponemos siempre en común las canciones que tenemos. En este caso, vine con más composiciones e ideas claras. Clau vio que era una tema que podía entrar en ese momento del disco. A todos nos pareció increíble, ya que podíamos sacar mucha chicha de la canción, por eso la incluimos. Es un honor porque Claudia es de las cabezas compositivas más increíbles que conozco. Me ha hecho mucha ilusión su inclusión. Es reflejo de que se siente parte de esto. Es un verdadero honor. 

“Claudia tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición” 

Por cierto, Claudia que también acaba de editar su primer trabajo en solitario. ¿Qué opinión tenéis a nivel de banda del mismo? ¿Le habéis dado mucho la tabarra durante el proceso de composición y grabación para que os dejara escuchar cosas? 

Surma:
Rubén y yo somos sus managers. A Claudia la quise meter desde el principio en Niña Polaca. Me parece que tiene una cabeza muy completa, imaginativa, loca y con mucho gusto para la composición. Es de las personas más talentosas que me he encontrado nunca. Tenía canciones guardadas desde hace muchos años, se ha producido todo ella y ha decidido lanzarse a la piscina. Estamos apoyándole, trabajando juntos y dándole al mundo algo que no hay mucha gente que esté haciendo tal y como lo hace ella. 

En “La Platería” se recupera el amor y a continuación “Suena Abba cuando enciendes el motor”, que es donde asoma la patita ese temor al futuro de este mundo en llamas, que a todos no atenaza. 

Surma: Justo. La última parte tiene un toque coral, representa el enamoramiento de “La Platería”, donde encuentras a alguien que te hace ser persona, cuando sientes que estás casado y piensas que eres algo más gracias a esa persona. “ABBA” es la continuación de vivir eso, mientras lo haces en una estructura que está a punto de caerse como es el mundo. 

“Me niego a asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar” 

“CSI Alicante” me encanta, tiene un toque en la apertura a The Who, donde hacéis mención a ese futuro denegado de nuestra generación, expresando una serie de deseos entre otras que dimitiera el canalla de Mazón, como finalmente ha hecho. 

Surma: Por eso se llama “CSI Alicante”. Es lo que dices, es la muestra de un futuro robado. Echar de menos la vida que conocí de pequeño. Es una arenga de pelear por ello y de no asumir que esta mierda que nos están dejando es lo máximo a que podemos aspirar. Vivimos en un sistema que se está autofagocitando a sí mismo y me niego a pensar que soy una mera víctima del mismo sin intentar al menos hacer algo. 

“El pasado”, es un tema muy crudo que refleja el temor a la partida de un ser querido. 

Surma: Básicamente… no lo he llegado a pasar, gracias a Dios. No llegó a fallecer, pero la hice cuando pensé que fallecía. Ya he hablado de la muerte en algunas letras anteriores, es algo que me da pánico. Por suerte no he tenido que enfrentarme aún a la pérdida de una persona cercana. Esta fue la primera vez que lo sentí. Es algo que no sé cómo colocar en mi cabeza y cómo me va a afectar cuando pase, que pasará y habrá que asumir como parte de la vida. Es algo que me da mucho miedo e intranquilidad. 

“La Codicia y capital de las fuerzas extranjeras”, tiene un poso vitalista y optimista, pese a lo rotundo del título. 

Surma: Es una canción que habla del turismo a grandes rasgos. A raíz de tener la banda y de estar girando durante cuatro años casi sin parar. Creo que hemos estado en casi toda la geografía de España, no queda provincia por tocar. Me parece que tenemos un país tan increíble, con tanta historia y cultura, tiene algo tan particular e irrepetible. No recuerdo un país tan rico en casi todo como España en lenguas y tradiciones. El hecho de tener cinco lenguas que me parece algo tan positivo, no veo nada bien que se intente defenestrar y politizar. Me parece que somos un país mágico. A lo largo de los años he odiado mucho Alicante, básicamente porque haciendo cosas culturales te ataba mucho las alas, pero según hemos salido nos hemos hecho de nuestra patria chica. Ahora vemos cómo nos han ido echando de la ciudades, convirtiéndolas en un espacio poco habitable, en un meadero para ingleses, me duele. Nos hemos vendido a un dinero tan barato, tan mal pagado, que creo que es indigno. Ver la costa de Alicante está convertida en un bosque de cemento feo, siendo un paraje increíble del Mediterráneo, que nosotros hemos convertido en un inodoro para ingleses que pagan cinco euros, vienen, mean y se van, me parece feo. Me da mucha pena haber quedado como pueblo para eso. Esta canción busca poner en valor lo que tenemos y hacerlo respetar. Al final hacemos una mirada a cambiarlo. 

“Se nos ha negado desarrollarnos como personas” 

“¿Dónde está la ONU cuando más la necesitas?”, cosa que nos preguntamos muchos a menudo tiene frase acerca de las vidas que eran mentiras estudiadas en el cole, algo que me ha hecho pensar en los estereotipos que nos han vendido sobre ciertos personajes que tienen más aristas de las que nos han vendido. 

Surma: Realmente, aunque entiendo la interpretación, el sentido era otro. La frase concretamente va contra todas las cosas que nos decían sobre estudiar y llegar lejos, viendo cómo hay mucha gente que lo ha hecho bien, pero el sistema les ha dejado por el camino. Se nos ha negado desarrollarnos como personas, la frase va por ahí. 

“Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo” 

No sé si es el cancionero con menos localizaciones concretas de Niña Polaca, algo que siempre ha sido santo y seña de la banda. 

Surma: Realmente creo que no, lo que ocurre es que son lugares que están fuera de Madrid, por eso quizás sean menos conocidos. Hay muchas referencias. Las letras son mi diario, un retrato de lo que voy viviendo, nunca hay una intención de poner un sitio en una letra, pero todos tenemos nuestro propio decorado y nuestra arquitectura emocional. Siempre me he permitido incluirlos en mis letras y la gente las hace suyas, sacándolas de contexto. Esos sitios son parte de las cosas que vivo y los lugares donde las vivo. Ahora paso menos tiempo en Madrid que antes. Ahora hay más de volver al mar y a la tierra en que nací. 

Surma, ¿sigues siendo un currante 24 horas? ¿O ya has abandonado el curro de oficina que compaginabas con la banda? 

Surma: Rubén y yo hemos montado una agencia de management y booking. Dejé hace tres semanas el trabajo de oficina, aunque se puede decir que tengo oficina todavía, pero todo relacionado con la música. Somos muy inquietos. Se llama Pontiac, llevamos a Luis Brea, Nadie Patín, McEnroe, La Milagrosa, Claudia Zuazo, además de a ciertos grupos de Subterfuge que nos ha cedido el booking. Son quince bandas, por lo que no me aburro. 

¿Cómo se presenta el verano de conciertos?

Surma: Estará calentito. Empezamos en Alicante la semana que viene, en casa. Creo que luego hay pocos días libres en verano. Anunciaremos en breve la gira de salas que nos vas a permitir volver a lugares más pequeños que nos apetece a todos. Queremos tener a la gente cerquita. Las salas se echan mucho de menos. Hay que darle, darle y darle, para tocar un montón, que es lo que nos encanta. 

“Ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme como el Movistar Arena” 

¿Qué tal va la venta de entradas para vuestro concierto del Movistar Arena”? ¿Qué sensaciones os embriagan ahora mismo? 

Surma: Llevamos un mes de venta y va súper bien. Estamos contentos y emocionados. Es un sueño para nosotros. Tú nos conoces, ha sido un camino largo, tocando en pueblos y haciéndolo en salas pequeñas solo por gusto, imagina tocar en un sitio tan mítico y tan enorme. 

Por mi parte es todo, Surma. Mil gracias. Ya sabes lo que siempre digo, espero no haberte preguntado las mismas preguntas que todo el mundo. 

Surma: Siempre me haces entrevistas muy buenas, tenía ganas de charlar contigo. Es un placer que me hayas llamado. Muchas gracias. Un abrazo grande.

Eric Clapton en 10 discos


Por: Àlex Guimerà

Este inicio del mes de mayo tenemos visita a nuestras tierras de "Manolenta", en concreto el próximo día 7 actuará en el Movistar Arena de Madrid y el 10 en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Unas actuaciones que muy probablemente serán su despedida por los escenarios españoles, debido a su edad y a su estado físico. Lejos queda su primer concierto que tuvo lugar en la Plaza de Toros de Ibiza el 5 de agosto de 1977, pero también su última visita del 24 de marzo de 2004 en Barcelona. Hasta 13 conciertos ha dado por nuestras ciudades, en los que ha desplegado todo su arsenal bluesero y su inigualable carisma al mando de sus guitarras.

Por ello, y para abrir boca antes de gozar de su directo, queremos hacer un pequeño repaso a su larga y fructífera carrera a través de los que consideramos sus diez mejores discos. Grandes proyectos y enormes canciones para una carrera inigualable. 

1.THE YARDBIRDS: "FIVE LIVE YARDBIRDS" (1964)

El primer álbum de los Yardbirds contaba con un joven Clapton de apenas 19 años fanático del blues, quien ya se había hecho famoso entre el circuito de música en vivo londinense, apareciendo en un muro la célebre pintada que rezaba "Clapton Is God". Junto a sus amigos Keith Relf, Chris Dreja, Paul Sanmuel-Smith y Jim McCarthy grabaron este álbum con canciones de Chuck Berry, Bo Didley, Howlin Wolf y John Lee Hooker, dejando fuera hits como "You Can't Judge a Book by Looking at the Cover" o "Boom Boom". Un disco que mezclaba el rock con el blues y que catapultó a una banda que tras la marcha de Clapton tuvo a otros dos monstruos de la guitarra en sus filas como Jeff Beck y Jimmy Page


2."BLUESBRAKERS WITH ERIC CLAPTON" (1966) 

 El segundo álbum del bluesman John Mayall y primero de los Bluesbrakers contaba con un Eric Clapton que ya era famoso tras su paso en los Yardbirds a los que había abandonado por alejarse del Blues. Ahora los dedos de Clapton estaban al servicio de la banda de Mayall para crear una obra maestra del blues-rock en el que aparte de los temas propios se interpretaron grandes versiones de Ray Charles, Willie Dixon, Freddie King, y cómo no, del pionero Robert Johnson. Los Bluesbrakers que aparecen en la portada los completaban John McVie (futuro Fleetwood Mac) al bajo y Hughie Flint a la batería. 



3.CREAM: "DISRAELI GEARS" (1967) 

 El segundo trabajo de la superbanda que el guitarrista montó junto al batería Ginger Baker y al bajista Jack Bruce, es uno de los grandes hitos del rock de los sesenta y un precursor de la experimentación psicodélica. Si bien su debut, "Fresh Cream" (1966), mostró su virtuosismo y base blues, con "Disraeli Gears" (1967) el trío se consolidó con un sonido más elaborado y canciones emblemáticas como "Sunshine of Your Love", "Strange Brew" o " Tales Of Brave Ulises". La banda conectó con la juventud hippie y llevó el blues a nuevas audiencias en EE. UU., actuando en festivales clave como Monterrey y Fillmore. Sin embargo, las tensiones internas, el agotamiento de las giras y problemas de gestión llevaron a su disolución en 1968. 



4.BLIND FAITH: "BLIND FAITH" (1969)

Tras cerrar la etapa Cream, Eric y Ginger Baker formaron otra superbanda junto a Steve Winwood (ex Spencer Davis Group y Traffic) y Ric Grech (Family). El único y homónimo álbum de controvertida portada ofrece seis extensos temas - el que cierra el disco sobrepasa los 15 minutos - surgidos de unas fructíferas Jam Sessions y en donde los desarrollos instrumentales fueron el eje central. Como curiosidad, la banda únicamente ofreció su primer concierto y único en el Reino Unido que tuvo lugar el 7 de junio de 1969 en Hyde Park, un mes antes de que los Rolling Stones dieran su legendario concierto tras la muerte de Brian Jones



5.DEREK AND THE DOMINOS: "LAYLA  AND OTHER ASSORTED LOVE SONGS" (1970)

  Derek and the Dominos es el primer proyecto en que Clapton se erige como cantante principal. En los grupos en los que había estado antes era reconocido como guitarrista principal, cantando ocasionalmente. Para ello se juntó con Bobby Whitlock, Carl Radle y Jim Gordon, dando una única producción discográfica, este legendario "Layla and Other Assorted Love Songs" en la que destaca la emblemática canción "Layla", inspirada en el amor (por entonces) no correspondido del propio Clapton por Pattie Boyd, esposa de su íntimo amigo George Harrisson. El disco combinaba potentes guitarras, melodías emotivas y letras llenas de pasión. A pesar del talento y la conexión artística entre los músicos, la banda duró poco debido a las tensiones entre sus miembros y a las fatídicas adicciones. 



6.ERIC CLAPTON: "461 OCEAN BOULEVARD" (1974) 

Este disco marca el regreso de Clapton tras superar su adicción a la heroína, consolidándose como uno de sus discos más destacados de su discografía y siendo su primer número 1 en solitario. A diferencia de la intensidad de "Layla and Other Assorted Love Songs", este álbum refleja un Clapton más relajado y juguetón. Incluye temas propios junto a versiones memorables como "Willie and the Hand Jive" de Johnny Otis y "I Shot the Sheriff" de Bob Marley, esta última su único sencillo que alcanzó el número 1. El disco combina virtuosismo con un aire desenfadado, mostrando al de Surrey cómodo en su nuevo rumbo musical, en un sonido accesible y elegante que convirtió el disco en un clásico del rock de los setenta. 

 


7. ERIC CLAPTON: "SLOWHAND" (1977)

El quinto trabajo en solitario de Clapton lleva su sobrenombre de título y esconde grandes temas como la country "Lay Down Sally" y la bonita balada "Wonderful Tonight" que compuso inspirada por su ya esposa Pattie Boyd, mientras aquella se estaba arreglando para ir a una cena. Pero el disco es sobre todo recordado por la versión que hizo de "Cocaine" del gran JJ Cale, una canción que tuvo problemas con la censura. A pesar de todo, el disco tuvo un gran éxito entre público y crítica gracias a ese equilibrio entre virtuosismo guitarrístico y sensibilidad melódica que junto a la pulida producción erigieron a un maduro y versátil Clapton como músico de referencia. 



8. ERIC CLAPTON: "JOURNEYMAN" (1989)

Tras una década de los ochenta irregulares a nivel artístico y en los que tuvo que superar sus adicciones a la heroína y al alcohol, con éste álbum volvía un músico rehabilitado para recordarnos su maestría en el blues y rock contemporáneo. El disco combinaba canciones propias con versiones, destacando "Pretending", "Bad Love", "Anything for Your Love" y sobre todo esa final "Before You Acuse Me (Take A Look Yourself)" de Bo Diddley con el que demostraba sus dotes innatas para seguir con el legado del Blues. "Journeyman" es un disco de rehabilitación en el que aunaba virtuosismo técnico con melodías accesibles y letras reflexivas y emocionales, fusionando blues tradicional con elementos del rock moderno de la época. 



9. ERIC CLAPTON: "UNPLUGGED" (1992)

Grabado en Windsor (Inglaterra) el 16 de enero de 1992 y publicado escasos meses después, el Unplugged de Eric Clapton es uno de sus discos que primero nos vienen a la cabeza con el momento lacrimoso de "Tears In Heaven", single recién estrenado y que dedicaba a su hijo Conor fallecido tras caer de un rascacielos un año antes. La belleza de la composición junto con el sentimiento de la interpretación de "Mano Lenta" es uno de los hitos musicales jamás habidos en directo y que aparece muy bien rodeado con sensacionales blues clásicos como "Before You Accuse Me" de Bo Didley o "Walkin' Blues" de Robert Johnson, a los que se suma una formidable "Leyla" perfectamente alejada de los cables y efectos. No cabe decir que el álbum batió récords de venta y propulsó al estrellato por enésima vez a este genio de la guitarra. 



10. ERIC CLAPTON: "CLAPTON" (2010) 

Para elegir un disco reciente, ponemos este Clapton de 2010, aunque habríamos podido incluir "Me And Mr. Johnson" (2004) dedicado a Robert Johnson o sus notables colaboraciones con el gran maestro del Blues, BB King, ("Riding With The King" de 2000) o JJ Cale ("The Road To Escondido" de 2006). Sin embargo este disco de 2010 resulta mas personal aunque en él aparezcan composiciones originales en unas versiones mayoritariamente blues pero también Jazz y Folk. Un disco de madurez muy interesante.

Tracey Thorn: "My Rock And Roll Friend"


Por: Juanjo Frontera. 

Viniendo de la mano de un hombre, esto va a parecer frívolo, oportunista, hasta pueril. Pero la verdad es que ya era hora de que un libro así fuera escrito. El anterior traducido al castellano de su autora, Tracey Thorn (Everything But The Girl), titulado "Otro Planeta" y editado aquí por Alpha Decay, ya fue todo un alegato sobre lo que representaba para una mujer abrirse paso en el mundo de la música en un tiempo, los años ochenta del siglo pasado, en que nada sobre la faz de la tierra ponía fácil ese objetivo. 

Pero este que ahora publica la siempre recomendable editorial Liburuak, y que relata la relación de su autora con otra de las mujeres que en el sobrepoblado Londres pop de los ochentas intentó ser tomada como música seria y no como “la chica en la banda”, es aún más necesario. Su protagonista es Lindy Morrison, batería de una banda liderada por dos hombres de carácter fuerte que no dejaban espacio para nadie más.

The Go Betweens fueron una maravilla, nadie lo duda. Un secreto a voces que con los años se ha hecho hueco en el corazón de muchos fans de la música, tanto los de entonces, como los de ahora. Pero ella tuvo que conformarse con ser el secreto más anodino dentro de ese secreto. Y esta es su historia. O mejor, la historia de la preciosa relación de amistad entre ella y Tracey. 

Evitaré aquí usar las palabras “sororidad”, “empoderamiento” o “resiliencia”, que empiezan a parecerme algo redundantes cuando se tratan estos temas, y hasta un poco insultantes para la inteligencia, si me apuran. Pero no dejaré de usar “feminismo”, palabra y concepto que muchos querrían tirado a la basura y que libros como éste, tanto situados en contexto como aplicados a los tiempos que corren -no tan diferentes de aquellos, por desgracia- ponen de manifiesto que de eso nada, que ahora hay que ser más feminista que nunca y que en este mundo de hombres descerebrados, de autoritarismo, de guerras gratuitas y de vuelta al medievo, o tenemos claros los conceptos o estamos más perdidos que Travolta en uno de sus memes.

Ya les anticipo que para un fan de The Go-Betweens al uso, o más bien uno que haya comprado el concepto de la banda como “una alianza entre dos amigos”, este no va a ser el libro más confortable para leer. Los de Brisbane han sido una de las bandas más mitificadas, con los años, que han existido jamás en eso que un día se dio a conocer como indie rock. Y su historia, su leyenda, ha sido construida a partir de sus dos compositores principales y cantantes, Grant McLennan y Robert Forster, pero olvidando, o relegando a un segundo (o tercer) plano, a la mujer que con su empuje y ritmo les ayudó a funcionar como banda, Lindy Morrison

Tal como la describe Tracey aquí, Lindy siempre fue un carácter fuerte, seguro de sí mismo, hasta excesivo. Y eso, tratándose de una mujer, nunca fue cómodo. Incluso para dos chicos pálidos, románticos y sensibles como Grant y Robert, que para distanciarse de otras bandas querían a toda costa una mujer en la suya, pero que en cuanto esa mujer quiso ser tomada como algo más que un objeto decorativo, empezaron a verla como un estorbo. Y sí, eso vale incluso para Robert, que fue su pareja durante varios años. Por tanto, el concepto de la banda tal como lo conocemos habitualmente, no sale muy bien parado, tenganlo en cuenta. 

Tracey y Lindy se conocieron en 1983: “Cuando la vi por primera vez encima de mi hombro en el espejo del camerino vi un contorno, dibujado a grandes rasgos. Sin detalles, sin contradicciones. A esta guerrera, que parecía abalanzarse para salvarme, yo iba a utilizarla como armadura. Me lanzaría a la batalla llevándola ante mí como un escudo de oro”. 

Cómo cambia la perspectiva cuando es la de una mujer. Por eso este relato, realizado por una música sobre otra música, por una mujer sobre otra mujer y por una amiga sobre otra amiga, es tan importante, porque desvela muchas cosas sobre cómo nosotros, los hombres, hemos sometido su identidad durante años a ser las musas, las amantes, las madres o las meras ejecutantes de nuestras ideas. Y ni en este caso, ni en otros muchos, esto es así. En absoluto: todas tienen una historia que contar tan sólida como la de cualquier persona del sexo opuesto. Y eso es lo que demuestra este libro, que no lo había dicho todavía pero tiene un título chulísimo, que parafrasea una canción de The Go-Betweens: "My Rock’n’Roll Friend". Canción compuesta por Robert, por cierto.

Thorn se centra sobre todo en la historia de The Go-Betweens, sobre cómo intentaron buscar, sin éxito, un reconocimiento en vida que vieron concederse a muchos compañeros de generación sin tantos méritos. Su supervivencia precaria en el Londres de los primeros ochenta, con Lindy limpiando casas para pagar un alquiler al que sus dos compañeros de piso y banda raramente contribuyen. O todas las tensiones que hubo que afrontar al final de su andadura cuando Lindy dejó a Robert y también Grant se emparejó con Amanda Brown, otra de las miembros del grupo, hasta que todo saltó por los aires y ellos dos empezaron a contar la historia por su cuenta. 

Pero también nos habla de la infancia de Lindy, de su adolescencia, de su madurez y de la profunda amistad que, con distancias y distanciamientos por medio, las ha unido a Tracey y a ella hasta el día de hoy. Habla de detalles íntimos, de muchos hechos que hasta ahora se desconocían de ella y que construyen a la perfección la visión de su persona como alguien tremendamente fuerte y con una indudable capacidad de superación y liderazgo. Un ejemplo, en definitiva, en el que muchas pueden verse reflejadas. Una historia que cuenta la de muchas mujeres en el mundo del rock. 

Está escrito, además, con la habitual pericia de esta excelente cantante y compositora metida también a periodista y escritora desde hace años. Y puede considerarse un buen complemento a los también excelentes y autobiográficos "Bedsit Disco Queen" (2013) o "Another Planet" (2016), en los que también reivindica la figura de la mujer en la música desde su experiencia. Al fin y al cabo, ella es también, en parte, la protagonista de este necesario y más que recomendable libro. 

Nos quedan Paco Ibáñez y la palabra


A Carmen de la Ossa 

Teatro Real, Madrid. Lunes, 27 de abril del 2026. 

Texto y fotografías: Guillermo García Domingo. 

El pasado lunes 27 de abril actuó en el Teatro Real el cantautor Paco Ibáñez. En este escenario operístico el músico valenciano y su guitarra se desenvolvieron con la familiaridad con la que uno habita su propia casa. El cuadrilátero rojo sobre el que actuó parecía la alfombra de su domicilio. Es la consecuencia de la actitud desenfadada y modesta del veteranísimo Ibáñez (1934) y la acogida fervorosa que el público le brindó, que le conoce y le espera como si se tratara de alguien muy querido de la familia que regresa al hogar después de mucho tiempo. Y es que él es mucho más que el más provecto de los trovadores de nuestro país, se trata de una personalidad social y política que ha acompañado a los “españolitos” en los momentos más cruciales de nuestra historia reciente. Pocos españoles “han hablado de su tierra”, como lo ha hecho Paco Ibáñez, y volvió a hacerlo con algo menos de aliento, pero con la misma fe laica que profesa por ella, entonando el poema de Cernuda. Ibáñez no ha abandonado su coraje político ni ha dejado de luchar contra “los (nuevos) caínes sempiternos” que acaudillan el odio de siempre. En nuestras sociedades ha llegado el momento de rescatar el orgullo revolucionario del Che, por este motivo interpretó “Soldado boliviano”, ahora que el siniestro señor “zanahorio”, como proclamaron desde el escenario pretende conquistar el mundo. El respetable, al término de esta canción, aclamó al pueblo palestino, que resiste contra todos, y ante la indiferencia de la mayoría. 

La naturalidad con que asume sus inevitables achaques, sus encantadores distracciones y olvidos, no hacen sino humanizar más si cabe a un ser humano, que, ya de por sí, atesora un legado existencial y musical realmente extraordinario, del que en la velada del lunes solamente ofreció una parte muy pequeña, y sin embargo, suficiente para emocionarnos, renovar nuestra pasión política y el amor por nuestro trágico país. Antes de dar comienzo el concierto, en la pantalla al fondo del escenario, pudimos ver un mosaico con los retratos de los mejores poetas de la literatura española (que no sólo escribían en castellano, por supuesto) y en el centro se podían leer las palabras eternas de Blas de Otero: “Nos queda la palabra”. Era algo muy revelador, teniendo en cuenta que la completa trayectoria de Ibáñez ha consistido en el propósito prometeico de musicalizar las palabras más bellas compuestas en los idiomas de nuestro territorio simbólico.

Cuando este redactor no había nacido todavía (lo hice en 1975), Paco Ibañez ya gozaba de un éxito considerable, llenaba el Olympia de París. Nunca se le ha subido el éxito a la cabeza, mi acompañante y amigo José Manuel me comentó que había presenciado un recital suyo ante una multitud en el Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Paco Ibáñez es y será cantor del pueblo, al igual que Miguel Hernández, de quien interpretó “Andaluces de Jaén”, en uno de los momentos más importantes del concierto. O debería decir interpretamos, porque el público sostuvo, y aupó, al bueno de Ibáñez, queriendo ignorar que él permanecía sentado por obligación, al contrario de lo que siempre ha hecho. En el escenario contó en todo momento con el imprescindible apoyo del gran Mario Mas, quien puso sus brazos, sus manos y su memoria musical al servicio del valenciano. No fue un detalle menor del concierto el amor y el respeto que el guitarrista demostró por su maestro. No fue el único que arropó a Paco Ibáñez, también lo hizo Joxan Goikoetxea y su acordeón, así lo requirieron los dos temas en euskara, uno de ellos fue “Txoria Txori”, hermosísima elegía a un pájaro y sus alas irrenunciables, e incluso vimos pasar a la vaca del caserío vasco en el que vivió Ibáñez con su familia materna. Antes que él, subió al escenario Soleá Morente que adoptó con su excelsa voz: “Nana de la mora” y “Quisiera esta tarde divina” (de otra mujer Alfonsina Storni); ambas nos sobrecogieron. Pep Pascual arregló con sus modestos instrumentos, “Yo vuelvo por mis alas” de Lorca, y de veras que escuchamos el agua bajar por los arroyuelos de Granada. Hizo lo propio con la canción de cuna dedicada a Julia de José Agustín Goytisolo. Los etéreos sonidos concitados por Pascual nos hicieron “soñar”. En el repaso deliberado por todas las lenguas que se hablan en nuestro país, quedaba por escuchar la galega “Que ocorre na terra?” de Antonio García Teijeiro.

Antes de que empezara el concierto un grupo de asistentes entonó “A galopar”, y el concierto concluyó de la misma manera, fundiéndose el público, Rafael Alberti y Paco Ibáñez en una sola voz. La compuso el poeta de El Puerto de Santa María en 1938 durante la guerra civil, que ganaron los que se sublevaron. Su líder, Franco, durante el concierto Ibáñez se refirió a él como “la bestia”, solía asomarse a la Plaza de Oriente donde se encuentra el Teatro Real a arengar a sus partidarios. Pero el lunes, en el mismo lugar, fue el poeta el que acalló a “la bestia” con sus canciones. Ya los “enterramos en el mar”, gracias al sacrificio de tantísimos luchadores por la libertad, y lo volveremos a hacer si ellos se empeñan en regresar al pasado.

Hace unos años, otro inolvidable cantautor, Luis Pastor, se preguntaba retóricamente, y con mucha sorna, “¿Qué fue de los cantautores? Preguntan con aire extraño cada cuatro o cinco años despistados periodistas/ Que nos perdieron la pista y enterraron nuestra voz ”, Pues aquí están los cantautores, con Paco Ibañez a la cabeza, digno y libre, pese a la edad que ostenta. “¿Qué fue de los cantautores? ¿De los muchos que empezamos? ¿de los pocos que quedamos?/¿De los que aún resistimos? ¿de los que no claudicamos?/ Aquí seguimos, cada uno en su trinchera/ Haciendo de la poesía nuestro pan de cada día…