Antonio Arias: “La música gnawa es la base del blues, por lo tanto, del rock and roll"


Por: Javier González. 

El viaje musical de Antonio Arias parece no tener fin. Es el granadino un tipo inquieto, valiente y dotado de un cierto afán aventurero, siempre dispuesto a afrontar la búsqueda de “otros” caminos sonoros, capaces de abrir nuevas puertas y derribar fronteras con arrojo, una constante que ha demostrado en su andadura con Lagartija Nick y también en su carrera solista, como acredita una vez más en “Mawlid-Mapa del Trance” (Montgri 2026). 

Un trabajo donde partiendo del estudio del guembri se ha dejado arrastrar por el sendero del conocimiento, llegando con su interés hasta la música gnawa, un estilo propio del África subsahariana tan cercano a nuestras fronteras como desconocido por parte del gran público, que encierra tras de sí un componente mántrico y experimental, cercano a la magia y en el que los distintos estados del trance cobran especial relevancia. Siendo reflejado aquí en nueve canciones que apuestan por el respeto a la tradición, pero que se presentan dotadas con una innegable querencia pop, haciendo de la experiencia de escucha algo altamente disfrutable. 

Con suma humildad, sabedores de que pisamos un terreno totalmente desconocido, nos ponemos en contacto con Antonio Arias, quien ejerciendo de maestro abre las puertas de nuestra percepción en un nuevo viaje de lo más apasionante.

La eterna búsqueda musical y vital que es tu carrera te ha traído hasta aquí con “Mawlid-Mapa del Trance”, un trabajo lleno de belleza de cuya génesis inicial me gustaría que me hablaras. ¿De qué forma y en qué momento surge el germen de este proyecto? 

Antonio: Todos nuestros proyectos se simultanean, superponen, compaginan y dan codazos entre ellos. Vengo desarrollando a través del estudio instrumento guembri un acercamiento a la música gnawa, la cual posee vínculos con los esclavos subsaharianos, la cultura marroquí y argelina, etc. Un día entré en contacto con dicha música a través de Hassan, director de cooperación de la fundación de estudios euro-árabe, quien dejó con toda la intención del mundo un guembri en casa. Paralelamente nosotros con el proyecto “Mawlid” andábamos ya en esa búsqueda desde un enfoque más andalusí, pero a través del guembri y su estudio, hemos llegado a una música africana como la gnawa que abre el camino a otras música de África en general. Además, el guembri es un antepasado del bajo, tiene tres cuerdas, hechas con tripas y piel de camello para el tambor, tiene una magia que te atrae como músico. Además, por sí mismo te lleva a un viaje a las puertas de la historia de la música, por lo que es un viaje que merece la pena. No seré quien descubra que la música gnawa es la base del blues, por lo tanto, del rock and roll. Es decir, de todo lo que nos gusta y que tan bien conocemos. Si la vida te ofrece un instrumento nuevo que te lleva al origen de tu propia música, crea atracción. Es como el que descubre un nuevo mundo, siempre cree haberlo visto primero. Es con esa voluntad con la que salgo, siempre acompañado por Moncho Rodríguez a la mandola y laud. El equipo “Mawlid” se ha ido metiendo en un sonido más simplificado, pero siempre de búsqueda. 

“Observamos ciertas referencias musicales con una mirada colonial y subida, buscando donde ni nos ven ni les interesamos, que sería en el mundo sajón y en los modelos de mercado actuales”

Este trabajo es una mirada totalmente novedosa en tu carrera, cruzas el Estrecho de Gibraltar y te enfocas en la música gnawa marroquí. 

Antonio: Es verdad que no siendo gnawa, ya conocía a Bachir Attar y The Master Musicians of Jajouka desde el año 1995, lo cual ya es un punto de conexión. También es importante resaltar que en mis diarios de “Omega” había dejado escrito mi voluntad de incluir esos sonidos en “Ciudad sin Sueño”. Había un run-run sin mucho sentido dentro de mí, buscando la conexión en la música marroquí. Sin embargo, no es lo mismo que la música andalusí, más conocida, ya que tiene herencia de poesía granadina y andaluza. Lo gnawa te lleva al hueso, muestra el camino más certero de la música, entras en un mundo que tiene una puesta en escena, magia negra y magia blanca. Siento que existía una deuda con la música marroquí de nuestros vecinos. De lo gnawa conocía cosas de ahora como Bab L´Bluz, que utilizan el guembri en busca de esa sonoridad. El empezar el camino hacia el origen, despojado de instrumentos, que coincidiera con el desarrollo de Lagartija, hizo que me volviera loco. En cuanto apareció el instrumento todo detonó, conectas con la base de la música y necesitas conocer, que te orienten en la búsqueda. Merece la pena, creo que es un paso que nos va a llevar al sonido del futuro. Como apuntas, una cosa va llevando a otra. De “Omega” nos metimos en el rollo flamenco a fondo; después con “Mawlid” a la música tradicional, más tarde a la música andalusí y ahora al gnawa, que será de las cosas más importantes que hagamos, porque te lleva a comprender la música africana, una asignatura pendiente para todos. Observamos estas referencias con una mirada colonial y subida, buscando donde ni nos ven ni les interesamos, que sería la música sajona y los modelos de mercado actuales. Aquí sí, sí nos ven y hay un trabajo importante por hacer, un camino por recorrer. 

Antes te has referido a ello de pasada, pero pensando en todas aquellas personas que no tengan conocimientos sobre la música gnawa. ¿A qué estilos ha influenciado? ¿Con cuáles se ha mezclado? 

Antonio: Brian Jones viajó en el año 1965 con The Rolling Stones a la zona, prestando atención a la sonoridad, aunque no fue hasta más tarde, en 1967, cuando vuelve y graba a Master Musicians of Jajouka. Su amigo, Mino Scala, representante y agente de artistas, tiene constancia de las grabaciones que había realizado Brian, volviendo en los años 70 con el percusionista de Traffic para regrabar a los músicos gnawi de Tánger. Todo el mundo conoce el interés por esta música por parte de William Burroughs, al igual que Paul Bowles, que por lo visto fue el que hospedó y dirigió a Brian Jones en las búsqueda de lo jajoukas. Brian Jones y el resto de Rolling Stones están tras la moda psicodélica, basada en Marruecos. La conexión intelectual de toda esta escena de los sesenta y setenta es muy potente. El hecho de haber podido trabajar con gnawis del norte y del sur te hace acercarte al carácter sagrado de la misma, sobre todo en lugares donde no hay médicos relacionados con problemas de la cabeza. Ellos están en la búsqueda del trance, buscando algo sagrado. No sé qué me atrae más de toda esta aventura, si la puesta en escena o el baile. Quizás el hecho de que es una música de gente pobre que están protegidos por maalen, maestros y curanderos. Me conecta con todo lo que me gusta de la música: psicodelia, blues y rock. Además, me abre un mundo que me conecta con todo lo que me falta. 

“Crear caminos nuevos a través de la música es una constante en mi carrera” 

El disco se mueve a mitad de camino entre la instrumentación más lo-fi y una rica cantidad de elementos tradicionales con los que jugáis. 

Antonio: Hemos simplificado todo a través de la percusión, la mandola de Moncho y el guembri, los tres instrumentos bases sobre los que se basa la producción, aunque hay algún arreglo de laud. También se han añadido algunas castañuelas metálicas y tambores gnawa. La producción se basaba en quitar instrumentos, buscábamos que solo con tres y las voces todo fuera especial, resaltando la riqueza armónica y melódica. El lema del disco es que queríamos que lo que sonara fuera gnawa, ten en cuenta que desarrollamos más canciones que tocamos en una gira por Marruecos el año pasado. Hay una cosa que has comentado muy importante y es que en este estilo hay una búsqueda del trance, cada canción puede durar quince minutos hasta que logra su objetivo. El disco tiene un guiño pop, tratamos de guiar al oyente hacia esa experiencia en nueve canciones. Con tres instrumentos hemos abierto un mundo que dará más frutos en la experimentación con banda. Hemos ido a conocer la base para crear un camino nuevo en la música que en mi caso es una constante. 

“Este disco es una manera de traer música para las personas” 

El elenco de músicos que te acompaña es bastante interesante, ¿puedes hablarnos un poco más de cada uno de ellos? 

Antonio: El año pasado, en plena época de Ramadán, tuvimos la oportunidad de hacer una gira con el Instituto Cervantes por cinco ciudades de Marruecos. Pensamos que era la oportunidad de trabajar con diferentes maalen. En el norte hemos trabajado Arafa Chaara y su grupo, aunque la búsqueda continuará en el futuro con idea de trabajar con grandes nombres, ahora hemos buscado gente joven que entendiese las ganas de compartir esa música con el resto el mundo. En el sur hemos colaborado con Khalid Sansi y su banda, que te meten en el trance a hostias. Dentro del disco colaboran en “Manos que me Guían” y “Río de Luz”, son la experiencia punki Gnawa. También tenemos a Miguel Ríos echando una mano, la canción “Boabdil el Chico” quedaba muy bien, cuando empezaba a experimentar con el instrumento acudía a ella porque sonaba bonita. Hace catorce años ya la hicimos Miguel Ríos y Lagartija Nick un par de veces en Granada, se me quedó en el cabezón. Hablé con Miguel y le dije que había un tema que quedaba bien en gnawa, me dijo que le flipaba esa música. Era una manera de traerle, utilizar a nuestro particular chamán que desde Granada nos despedía antes del viaje iniciático. Tarwan N Tiniri, que está en “La Peregrina”, representa la parte más al sur de Marruecos. Ahora hay un movimiento internacional muy potente llamado “blues del desierto” con una afinación abierta donde buscan experimentar. Y luego poder cerrar con Bachir Attar fue un sueño, lo tenía puesto en los diarios del año 95 sobre “Omega”, donde ya había apuntes donde decía que quería que tocara. Ha sido un elenco fantástico. Se nos ha quedado por el camino colaborar con mujeres jóvenes muy importantes dentro del movimiento gnawa, pero entendíamos que para abrir el camino era más sencillo acudir a esta gente. Piensa que en “Mawlid” también colaborábamos con Carmen Linares. El elenco que se ha formado tiene una magia cercana a “Omega”. Nos hemos arrojado y en algún momento se acabará. El disco nos lo dirá o la gente nos lo dirá. Cuando me juntaba con los gnawi les decía que estaba aprendiendo, no quería faltarles, ni insultarles. Imagina que un japonés o un chino hubiera venido a enseñar a tocar a Paco de Lucía la guitarra flamenca. También llevé un bajo a Marruecos, por si no querían que tocara el guembri. Al revés, me decían: “ven, que te vamos a dar una paliza que te vas a enterar para el resto de tu vida”. Íbamos a la ciudad, nos presentábamos, rompíamos el ayuno, al instante todo era ensayar y tocar, sin conocernos de antes. Después de “Omega” estoy preparado para cualquier viaje intermusical. Se ha conformado un elenco que da mucho aliento a un disco en solitario, bastantes compartido, como los mejores discos en solitario, que son donde más gente participa. 

“La idea era que le dieran por culo a la estructura y a la afinación” 

Me ha gustado mucho la canción “Bermasouyé”, me parece un temazo con una letra que es pura finura. 

Antonio: Es una canción que tuve la suerte de conocer al empezar a tocar el instrumento con un maalen en Granada. A regañadientes me dio clase, piensa que para ellos es demasiado enseñar gnawa a un infiel. Me enseñó ciertas canciones antes de bajar a Marruecos, las que más me podían ayudar en la gira. Al sacar “Bermasouyé”, no podía aprender árabe tan rápido con idea de cantarla, por lo que para completarla y recordarla utilizamos una canción de Cobitos, un cantaor de Jérez que vivió gran parte de su vida en Granada. Enrique era fanático de Cobitos. Trabajó en las cuevas principalmente, los discos los sacó siendo mayor. Su letra es una llamada a la ancestralidad africana, “souyé” viene a significar “soy yo”. Tienen canciones con letras en español que me han ido enseñando. Es una llamada a los dioses, hay una búsqueda del trance, del ritmo que cura y una alabanza típica a Mahoma al final. Lo juntamos con “te quiero más que a mi madre”, algo que todavía me estremece cuando lo canto. Era una manera de traer un poco del flamenco. Si te das cuenta, también cambio al acento andaluz, cosa que pega muy bien, como lo hacen en “Manos que me Guían”. “Mapa del Trance”, por ejemplo, es una forma de contar la experiencia, pero no lo hago de una forma tan andaluza. Me he dejado llevar por cosas que no tienen realmente explicación, pero me surgía y salían sin más. 

“Hay tal procesamiento de la música actual que no me extrañaría que lo que oímos fuera cancerígeno” 

“Río de Luz”, “Oh Amazig” o “Matar al Jaguar” parecen canciones casi mántricas. ¿Cuánto hay de espiritualidad en un trabajo como éste? 

Antonio:
Muchas de esas canciones son puro soul. La idea era que le dieran por culo a la estructura y a la afinación, en general a todo lo que está dominando los mercados. El guembri es un palo, no hay trastes, para que te hagas una idea es como tocar un violín. No hay forma de dar el tono con precisión, te mueves en desafinaciones, pero, sin embargo, la voz se coloca en un sitio puro. Hay que quitarte la obsesión, los estándares de la música que suena en la radio. Hay una obsesión absurda por la afinación, ¿cómo no van a meter autotune hoy día? El modelo de mercado es absurdo, la manera de entender la música así no existe. No somos robots. Esta es una manera de traer música para las personas. Hay tal procesamiento de la música actual que no me extrañaría que lo que oímos fuera cancerígeno, no puede ser bueno para el organismo ni la salud. Es imposible. 

Al escuchar “Matar al Jaguar”, que acaba casi en un krautrock me ha dado por pensar que perfectamente podía ser un homenaje a tu hermano Jesús, en recuerdo de aquellos días escuchando discos extraños para ti por aquel entonces en la barbería de tu padre en el barrio de la Chana. 

Antonio: Todo son guiños a mi hermano. De hecho, tuvo hasta una novia en Tetuán. Fue gracias a él, que ya sabes que era periodista, que conocí a los Masters of Jajua, pudimos entrar a los camerinos del Womad. Mi hermano siempre está presente, muy mucho. Una de las composiciones que ha quedado fuera es “El Hermano Loco”, que colabora Javi de Lima Negra. Ya buscaremos la excusa para meterla. Mi hermano, al igual que Enrique, estaban más orientados a la música andalusí, con violines y armónica. Personalmente, tiro más por el desafine. No sé si lo que hago lo hago por mí o porque me ha llegado por él. Tengo en casa dos o tres Coranes suyos.

“Tenía la sensación de que “Ciudad sin Sueño” quedó sin terminar” 

“Ciudad sin Sueño” vuelve a aparecer en este trabajo. ¿Por qué? 

Antonio: Sí, el hecho de que… por ejemplo al acabar la gira de Marruecos, estábamos tomando algo en Tánger. Nos encontramos con Bachir y en la conversación de reencuentro, le comentamos de hacer algo. Y dijimos “¿Qué hacemos?”. Hablamos de los Jajouka y las fotos que tenía con Jesús. También de los ya mencionados diarios de “Omega”, donde aparecía “Ciudad sin Sueño”, que vivió muchos sabotajes durante la grabación. Es una canción que creo que quedó sin terminar, supongo que no soy el único autor que piensa así de algunos de sus temas. Para mí tenía que acabarse con una percusión en la intro. Había tantas cosas que hacer, entre ellas bajar a Lorca a Marruecos. Quería escuchar su fuerza desde allí, esa fuerza que sigue impulsándome en la música. Tiene mucho significado. Incorporamos cosas de maneras intuitivas, como el canto lastimero antes de los versos de “Ciudad sin Sueño”. Para mí representa la búsqueda que nunca termina. Hay caminos que se abren y otros caminos que quedarán sin terminar. Representa eso. Hagas lo que hagas, nunca acabarás de encontrar el camino. Iba a ser una canción para vídeo, pero la hemos metido en el disco. Es tan simbólica. No queremos desprendernos de las motivaciones más grandes que nos tienen en activo.

¿De qué forma os vais a plantear la gira de presentación del álbum?

Antonio: El disco sale ahora, pero la gira se hace en septiembre. Queremos que la gente vea lo que vivimos en Marruecos. Llevamos meses negociando la venida y estancia de Arafa Chaara y su grupo, que ni te imaginas cómo los putean para llegar aquí. Vamos a tocar en Barcelona, Madrid, Granada y Valencia. Tocaremos las dos formaciones, algo que ya hicimos en Marruecos. Las veces que lo hemos hecho, pese a ser un repertorio nuevo para todos, intérpretes y público, la gente se volvía loca. El otro día estuvimos en Linares, Moncho, Suhaíl, un percusionista marroquí que vive en Granada y yo en una actuación que teníamos comprometida, pues bien, el público disfrutó un montón. Creo que hay una magia, una sonoridad propia del instrumento, algo que no controlamos, pero que empatiza. A la gente le va a cambiar la vida cuando vea el espectáculo. La lástima son las trabas burocráticas que les ponen a músicos profesionales, teniendo que dar garantías sobre todo lo que van a hacer y dónde, que no es otra cosa que trabajar. Este disco es una invitación a la comunicación de mundos y un canto contra la música sobreprogramada. La gente va a flipar cuando nos vea. 

“La gente cree que “Omega” fue un éxito desde que salió” 

Y en paralelo asoma de manera inminente la nueva gira de “Omega 30 aniversario”. ¿Qué os ha impulsado a lanzaros de nuevo a la aventura? 

Antonio: Esto sí que es un “Multiverso”. La gente no lo sabe, pero el año pasado, mientras estábamos con la gira de Lagartija Nick, anda subiendo y bajando a Marruecos. Todo se simultaneaba. Y ahora estamos con los ensayos de la gira “Omega 30 aniversario”. Desde hace tiempo me vienen ofreciendo cada año que hagamos algo relacionado con “Omega”. Este año ante una propuesta concreta pensamos: “¿qué hacemos?”, fue Kiki el que me dijo: “estamos vivos, vamos a celebrarlo”. Realmente fue la frase que me convenció. Es lo que estamos haciendo, dentro del acojone que da todo esto. Lo haremos desde una perspectiva de revisar el concierto desde el disco. En la época en que andábamos con Enrique se estableció empezar con la parte del flamenco para luego continuar con el desarrollo conjunto. Aquí vamos a sumergirnos en el disco de primeras, remover las cosas que hay, reinterpretar canciones y tocar otras como “Vals en las ramas”. El anhelo de involucrarnos en el álbum con otra visión, aportando lo que da Kiki con su juventud. Acojona, igual que anima y motiva. Ahora en un rato vendrán a ensayar Juan y el resto. Estamos repasando estructuras. Afrontamos el directo sabiendo que es importante, pero con la alegría de lo que vivimos con Enrique. A quién le cuentas que en su día fue ignorado por la prensa musical, absolutamente saboteado, no se lo cree. La gente no tiene ese concepto. Ahora lo ven distinto. Creen que fue un éxito desde que salió.

Ya sabes que en aquel momento “El Giradiscos” no existía. De lo contrario, nos hubieras tenido dando la tabarra como nos tienes en este nuevo proyecto y nos has tenido en “Multiverso”. 

Antonio: A mí me dolerá siempre que no solo no se criticara, sino que no diera ni para una entrevista. Es más, pienso que cuando se lo cuento a alguien le estoy aburriendo. Es como si ahora McCartney dijera que “Sgt. Pepper´s” le costó muchísimo. Fuera dramas. Vamos a disfrutar con la gente. Es un punto de riesgo, otra vez. Tengo voces en contra de la gira. Esto será lo menos nuevo, ya nos pasó hace tiempo a lo gordo. Vamos a salir a muerte. Creo que se puede hacer algo especial tras la experiencia de “Mawlid” en temas como “Ciudad sin Sueño”.

Qué te voy a decir, Antonio. Ya sabes que opino que eres un genio y que tu grado de compromiso y riesgo con la cultura y el arte no está a la altura de nadie en nuestro panorama rockero. Gracias por tanto riesgo y acierto, para nosotros estás dentro de la categoría de genio. Mil gracias por este rato tan bueno de charla. 

Antonio: Muchas gracias a vosotros y un beso muy grande.

George Best Rock Club: Diez años resistiendo, celebrando y haciendo comunidad alrededor del rock and roll


Por: J.J. Caballero. 

Mayo de 2026 no es un mes cualquiera para València. Hace exactamente diez años, más concretamente el 6 de mayo de 2016, abría sus puertas un pequeño bar que, con el paso del tiempo, acabaría convirtiéndose en uno de los grandes refugios del rock en la ciudad: el George Best Rock Club. O simplemente “el George”, para quienes lo sienten ya como su segunda casa.

Con los ecos todavía recientes de aquel concierto de Luis Brea, arrancaba la aventura de un local que nació con una idea muy clara: recuperar el espíritu de aquellos bares de los años 90 donde uno podía entrar solo y acabar la noche rodeado de gente. Un lugar donde la música era importante, sí, pero donde lo verdaderamente esencial era encontrarse. 

Diez años después, el George Best sigue siendo exactamente eso: un punto de encuentro entre generaciones distintas unidas por la misma necesidad de compartir canciones, conversaciones y noches memorables. Un espacio donde han convivido el punk y el power pop, el brit pop y el glam, el post punk, la electrónica o el indie rock; donde se han celebrado conciertos, fiestas, aniversarios, actividades culturales y algunas de las mejores post-parties que ha vivido la ciudad. 

Pero llegar hasta aquí no ha sido sencillo. Estos diez años también han sido años de resistencia. El George ha sobrevivido a una de las épocas más duras que ha atravesado el sector de la hostelería y la música en directo: la pandemia del Covid. Cuando muchos locales históricos bajaron la persiana, el George resistió gracias a una comunidad fiel que entendió siempre que este bar era mucho más que un sitio donde tomar algo. Era —y sigue siendo— un refugio para quienes todavía creen en la cultura de bar, en la conversación cara a cara y en la música sonando fuerte hasta altas horas de la noche. 

Por ahora llevan casi 1.700 noches con las puertas abiertas y el rock and roll como bandera. 1.700 oportunidades para descubrir grupos, reencontrarse con amigos o conocer a alguien nuevo en la barra. Porque si algo define al George Best es precisamente eso: la sensación de pertenecer a un lugar que siempre te recibe como si ya formaras parte de él. 

Y si hay una imagen que resume perfectamente el espíritu del George Best, es la de su cierre cada madrugada. Desde hace años, el bar despide a su clientela disparando burbujas mientras suena la última canción de la noche. Un pequeño ritual convertido ya en seña de identidad y en uno de esos momentos mágicos que solo ocurren cuando un local tiene alma propia. Una despedida poética, festiva y emocionante que resume muy bien la manera de entender las noches en el George: celebrar hasta el último minuto. 

Y un aniversario así merecía celebrarse a lo grande

Durante todo el mes de mayo, el George Best Rock Club ha estado organizando distintas post-parties y eventos especiales vinculados a conciertos de artistas como Victorias, Shego o Viva Belgrado, además de las actuaciones de Luis Brea, Gilbertástico plays Franco Battiato y Whitestone Connection, además del plato fuerte con Fernando Alfaro, que será la culminación de los fastos de aniversario el próximo 29 de mayo. No podemos olvidarnos de todos los amigos y colaboradores que han hecho del local el emblema del ambiente alternativo en pleno centro de Valencia. 

La gran fiesta de aniversario, celebrada hace unas semanas, tuvo continuidad en la sala 16 Toneladas, desde las 03:00 hasta las 06:30 de la mañana. Por una noche, la Nave Roja aterrizó en el escenario del 16 Toneladas para emprender un viaje hacia el fin de la noche. Un trayecto colectivo hacia esos mundos paralelos que el George Best lleva diez años construyendo madrugada tras madrugada; un lugar donde todavía existe el planeta Resistencia, donde la música suena más fuerte que el ruido de fuera y donde el amor por las canciones, la amistad y la noche sigue siendo la verdadera bandera. 

Hoy, cada noche, siguen sonando los himnos que han acompañado durante una década las madrugadas del George: Canciones de esas que unen generaciones, que se bailan abrazados y que convierten cualquier pista en una celebración compartida. Y al mando de la expedición estuvieron muchos de los DJs de la casa –incluidos los amigos y casi hermanos del Tridente Sonoro, la conexión cordobesa de la que hablaremos más abajo-, auténticos pilotos habituales de la Nave Roja y responsables de poner banda sonora a tantas noches inolvidables. Fueron los encargados de hacer bailar hasta el amanecer en una fiesta que reunió a habituales, amigos procedentes de casi todos los puntos geográficos nacionales, y supervivientes de la noche para celebrar que el George Best sigue más vivo que nunca. Y gran culpa de ello la tiene Alfonso Cantador, el hombre al frente de la nave, el piloto que mueve los hilos para que cada semana, entre el jueves y el sábado, en su nave roja, que es la nuestra y la de todos, se viva un ambiente de pura hermandad mientras se escuchan las canciones que una vez nos hicieron soñar, inmersos en una burbuja espacio-temporal de la que, cuando flotan en el aire las esperadas burbujas, se hace difícil escapar. No en vano el currículo del jefazo se fraguó en las noches eternas de la movida cordobesa de los noventa, entre las paredes de algunos templos de recuerdo inmarchitable como La Comuna (aún en activo, aunque ya lejos del esplendor de aquella época) o el mítico Surfer Rosa. Alguien que no olvida sus raíces, con las que mantiene una continua comunicación familiar y a las que no renuncia volver. 

Diez años después, el George Best Rock Club continúa encendiendo sus luces rojas cada noche. Y eso, en los tiempos que corren, ya es algo digno de celebrar.

Redd Kross´+ Gemeniss: La diversión como única ley


Sala Upload, Barcelona. Miércoles, 20 de Mayo de 2026. 

Texto y fotografías: Àlex Guimerà. 

Poco tiempo había pasado desde su última visita a la Sala Apolo (6 de noviembre de 2024), y, a pesar de que en la gira no presentaban disco ni promocionaban nada, no había motivo para perdernos a los Redd Kross. Máxime en una sala tan pequeña como acogedora para el rock’ n roll como es la Sala Upload, situada en el corazón del Poble Español. Pero antes, con la sala repleta, había que ver qué nos ofrecía esa banda nacional llamada Geminiss, que es la banda personal de Olaia Bloom tras su paso por otros proyectos como Las Culebras o Los Ácidos. Y como ella nos dijo, está formada por tres chicas de Pamplona, Donosti y Bilbao. Con una estética glam y su buena puesta en escena, nos llevó a encontrar ciertos paralelismos con Suzie Quatro y a celebrar ver chicas dando caña encima del escenario en un mundo tan masculinizado como el del rock. El repertorio, muy bien acogido por el público, ofreció sus potentes piezas punk-rock, que rubricaron con una versión en castellano de los Dictators, que realmente bordaron.

Así de calentitos llegamos al concierto de los hermanos McDonald, que arrancó con esa energía abrasadora que parece ser que no tienen intención de perder a pesar de los años que llevan encima del escenario. Hablamos de tipos que están tocando desde los ochenta y aún así continúan dándolo todo en sus bolos, divirtiendo al espectador y contagiando su efervescencia. Con ese estilo complicado de catalogar y que bebe de fuentes tan diferentes como las de sus adorados Beatles o de sus primeros mentores Black Flag, es lógico que se hayan convertido en una banda de culto capaz de enamorar a gente tan dispar como los amantes del grunge, los seguidores del power pop noventero, los viejos rockeros, o los seguidores del indie o del hard-rock mas atemporal. 

Muy pronto nos hicieron vibrar con gemas como “Stay Away From Your Downtown” de su disco de regreso (“Resarching The Blues” de 2012), del que también tocaron “Uglier”, o esa “Stunt Queen” de su última y homónima entrega. Piezas electrizantes que abordaron con un sonido de los amplis de la sala a todo trapo y en las que los guitarrazos, los martillazos a la batería del también miembro de los Melvins Dale Crover, y los aspavientos de Steve y Jeff encendieron al público. Y siempre nos queda la sensación que el cuarteto haya salido de un hospital psiquiátrico, ya desde la vestimenta blanca manchada de colores (que es su uniforme en los directos), a las caras de enajenados que ponen cuando interpretan las canciones hasta esa sensación del descontrol constante. Los Redd Kross nacieron para divertirnos, encendernos y para entretenernos, y no parece que dejen de hacerlo viendo sus últimos y sensacionales conciertos, en los que el sentido del humor y la fuerza escénica se unen con una musicalidad esplendorosa. Una musicalidad construida a base de melodías y armonías vocales que aúnan con el rock mas duro e inmediato posible.

Maravillosamente sonaron “Lady In Front Row” o “Mess Around” que escuchamos con esos acordes tan beatleianos o la grunge “Candy Colored Catastrophe”, también la irresistible “Neurotica”, rescatadas de sus discos de los noventa. Entremedio los saltos de Steve y sus acercamientos a las primeras filas del público, los solos de Jason Shapiro que en lugar de empuñar una guitarra parece que empuñe una sierra eléctrica en plan psicópata. Y Jeff que con toda su teatralidad se escondió tras un colorido pañuelo para cantar la mítica “Annie’s Gone”. Y para los amantes de las versiones -seguro que tienen muy en cuenta el disco "Teen Babes from Monsanto" de 1984 y reeditado recientemente- tocaron una versión punk de “It Want Belong” de los Beatles, y para los bises una “Crazy Horses” de The Osmonds de la que Jeff dijo que había aprendido a tocar con 12 años, y una “Deuce” de los Kiss que puso el cierre.

Estos tíos parece que se resisten al paso del tiempo, como si las leyes de la ciencia no vayan con ellos, pues siguen siendo capaces de ofrecer auténticos desmadres rockanrolleros como si fueran adolescentes, lo que hacen con un carisma esplendoroso y un catálogo de canciones envidiables, que cuesta de aceptar que no hayan alcanzado mayores cotas de éxito. Mejor, así nos los quedaremos para nosotros.

Tori Amos: "In Times of Dragons"


Por: Begoña Serralvo Titos. 

Hay discos que parecen escritos contra el ruido del mundo y otros que directamente lo absorben, lo metabolizan y lo devuelven convertido en una tormenta emocional. "In Times of Dragons", el nuevo trabajo de Tori Amos, pertenece inequívocamente a la segunda categoría: un álbum excesivo, barroco y atravesado por la sensación de vivir una época moralmente exhausta.

No es casual que Amos recurra a la figura del dragón como eje simbólico. El monstruo aquí no remite tanto a la fantasía medieval como a una forma contemporánea del poder: voraz, narcisista y destructiva. La compositora estadounidense lleva décadas escribiendo canciones como quien abre grietas en el discurso dominante, pero pocas veces había sonado tan frontalmente desencantada. Incluso cuando el piano acaricia melodías luminosas, siempre aparece una sombra al fondo de la habitación.

Musicalmente, el disco dialoga con varias etapas de su trayectoria. Hay ecos de la intensidad confesional de "Little Earthquakes", de la teatralidad casi litúrgica de "Boys for Pele" y del impulso narrativo de "Scarlet’s Walk". Pero lo interesante es que Amos no parece interesada en la nostalgia. Más bien utiliza esos códigos para hablar desde otro lugar: el de quien contempla el derrumbe sin renunciar del todo a la belleza.

Las canciones se despliegan como pequeños relatos de resistencia íntima. “Shush” emerge con una tensión soterrada que recuerda a sus composiciones más inquietantes, mientras “Provincetown” introduce una melancolía crepuscular que termina convirtiéndose en una de las piezas más logradas del conjunto. Amos canta desde registros más graves, menos cristalinos que en los noventa, pero quizá por eso mismo más humanos. Ya no busca la perfección expresiva; busca la verdad emocional.

El principal problema del álbum es, paradójicamente, el mismo que lo hace fascinante: su ambición desmedida. Con una duración generosa y una densidad conceptual constante, In Times of Dragons puede resultar agotador. Algunas letras subrayan, con acierto pero intensamente, sus intenciones políticas y el simbolismo termina rozando lo enfático. Pero incluso en esos momentos hay algo admirable en la negativa de Amos a simplificarse, a reducir su discurso a consignas fácilmente consumibles. En tiempos donde gran parte del pop parece diseñado para desaparecer a la velocidad del algoritmo, Tori Amos insiste en construir obras incómodas, llenas de pliegues, contradicciones y zonas oscuras. Y quizá esa sea hoy una forma de radicalidad y belleza.



Ilustres Principiantes: Claudia Zuazo (Niña Polaca)


Tras cuatro adelantos, Claudia Zuazo se desmarca de sus proyectos grupales y profundiza en un sonido más melódico y reposado con “De Mí”, su primer LP. Con delicadeza e inspirada por el muro de sonido, la alicantina se nutre de una década pasada en la que Carole King, James Taylor y otros de su generación formaban escena, sin caer en la nostalgia o el tributo.

Claudia lleva 5 años trabajándolo lentamente en paralelo a Niña Polaca, Vez Era y Muro María y es ahora cuando, tras haberla podido madurar lo suficiente, presenta esta historia de amor y desamor narrada en 7 canciones e inspirada, además, por Neil Young, Mac Demarco y con guiños a Christina Rosenvinge.

“De Mí” es la forma más pura de la expresión musical de Claudia, con una fuerte carga instrumental sobre la que abundan cambios armónicos y donde la voz es el elemento vertebral. En ella busca hacer música lo más atemporal posible, con ese espíritu emocional de las canciones estadounidenses de los sesenta y setenta, pero con carácter actual.

Rescata el sonido de banda con tintes pop y folk con garra; primando las canciones con un desarrollo más largo y un ritmo más pausado frente a la inmediatez. Claudia lleva años trabajándolo lentamente en paralelo y es ahora cuando, tras haberla podido madurar lo suficiente, se embarca en su carrera en solitario.

“De Mí” es álbum autoproducido, grabado entre Madrid (Invernaderos con RUVENRUVEN) y Valencia (Millenia Estudios con Erick Marin del grupo Defensa Eslava) y mezclado y masterizado enteramente en los estudios de Álamo Shock (Guiem Rigo y Guillermo Mostaza). Un trabajo centrado en el relato cotidiano de las emociones de la artista en el contexto de una relación sentimental.

Inspirada en un ritmo pausado y detalles que podrían recordar a Mac Demarco, "Casiopea" es la canción que abre el LP y fue la última en componerse dentro del conjunto. Abre paso al resto a modo de portal, introduciendo un concepto presente en el resto del LP: “podré mover toda la oscuridad y hacerle un hueco a lo bueno que viene detrás”.

Le sigue “De Mí” junto a Anouck The Band, que parte de esa autoterapia post ruptura y diálogo interno que recoge el resto del trabajo y refleja contradicciones que se plantea Claudia durante el proceso. “La Línea” es el tercer corte, y fue el primer adelanto del disco. Cuenta la historia en primera persona de un desamor y la frustración ante sentimientos encontrados hacia esa persona que ya no está. Tras ella, “Mejor” continúa la narrativa, siendo la canción con más cambios o más “compleja” de las que forman “De Mí” y abanderando el claro hilo conductor de todo el disco: el duelo y la aceptación.

Con tono optimista, pero manteniendo las dudas con las que comenzó el viaje, “Christina” presenta la segunda mitad del álbum. Una canción que parte de un punto diferente en la relación de los protagonistas pues se compuso un momento dulce y siempre sorprendente de la relación que conecta el LP. En su letra hace referencia a los cinco años de relación que se han recorrido con la persona a la que Claudia le canta durante todo el álbum y representa muy bien el proceso mental que le representa a la alicantina: la duda, el querer respuestas pero no estar segura, a su vez, de quererlas… El lanzarse a la piscina una vez más, no queriendo ponerle nombre o etiqueta a esa relación por la que estoy siempre dispuesta a luchar. Musicalmente, bebe directamente del disco “La Joven Dolores” de Christina Rosenvinge, gran inspiración para Claudia, y del universo sonoro de bandas como Big Thief.

Ya en la recta final, “Ahora que estás” da un giro de 180 grados, la perspectiva cambia y es su pareja quien le dedica la canción y le hace mirar hacia el futuro tras haber superado los obstáculos conocidos en las canciones previas. Por primera vez, el autor de la letra es Carlos M. Negrete, guitarra solista de su banda en directo y pareja de Claudia, que recita sus palabras. La canción rompe con el folk pop conocido desde sus sintetizadores del minuto uno y apuesta por una estética algo más futurista y misteriosa. Y cierra el álbum “Yo solo miento”, la menos vestida del conjunto. Una canción que toma inspiración del “Harvest Moon”, de Neil Young. Sigue la narrativa de todo el disco, esta vez desde la derrota y la incapacidad de no saber qué hacer. También es algo sarcástica y paradójicamente fue la primera compuesta, allá por 2021, más de un año antes que las demás.

Minibús Intergalàctic: "Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no"


Por: Àlex Guimerà.

Fotografías: Antoni Jover.

Una de las joyas musicales escondidas de Cataluña viene de la ciudad de Girona. Aunque después de que el presidente Pedro Sánchez los haya recomendado en un reciente video, quizás lo dejen de estar. La banda en cuestión se trata de un joven y talentoso quinteto capaces de afrontar texturas psicodélicas de los sesenta pero también de atacar el sonido Madchester. Una delicia de formación de la que ya hablamos en nuestro apartado de Ilustres Principiantes, y que acaban de estrenar su segundo larga duración “Moviment Oscil·lant Polinòmic y=1/x". Hablamos con Ivette Roig (bajo) y Edu Lazo (batería) sobre su historia, su música y su visión del panorama musical. 

La primera pregunta es para los lectores que no os conozcan. ¿Podéis presentaros y decir quiénes sois Minibús Intergalàctic? ¿Contestas tú, Edu? Si quieres, adelante. 

Edu: A ver, Minibús Intergalàctic es un grupo que nace a finales de 2020, principios de 2021, que es cuando empezamos a ensayar. Nuestro primer disco fue de rock psicodélico, sesentero y así. Y bueno, hemos ido dando varios conciertos, hemos ido cogiendo rodaje. Y ahora, en este segundo disco, hay como un giro hacia algo más rockero, más "ochentero", del que ya hablaremos. Y bueno, no sé muy bien qué más decir sobre Minibús. Somos un grupo de amigos, al final.

Una cosa bastante particular es que todos, excepto Ica (porque la pandilla se estropeó después), éramos compañeros de facultad, todos de Historia. Y nada, eso; empezamos, creo que quedamos alguna vez justo antes de la pandemia, luego lo retomamos después de la parte más dura y empezamos a tocar en directo en 2021. Pero es eso, un grupo de amigos que se juntaba muchas veces en mi piso con una batería eléctrica que tenía yo.

Y entre cuatro historias empezamos a tocar hasta que luego empezamos a ir a la Marfà, y entre la Marfà, Ona (nuestra mánager) y demás, tuvimos el impulso para llegar hasta donde hemos llegado ahora. 

A mí me sorprende que aparezcáis dentro del panorama de la música actual catalana, donde dominan sobre todo las sonoridades más urbanas y lo que yo llamo "pachanga": toda esa fusión de mestizaje, rumba, etcétera. A mí personalmente, porque me gusta mucho vuestro estilo, me parecéis un verdadero milagro y, sobre todo, demostráis mucha valentía. ¿Consideráis vuestra propuesta musical como algo arriesgado dentro de este panorama? 

Edu: Claro, a ver... ¡Ay, perdón! Ivet, ¿quieres contestar tú? 

Ivet: No, di tú. O sea... ¡Ay! Don't lie (no mientas), que es complicado. Di, di. 

Edu: No, pues que... a ver... Hombre, yo consideraría que fuese arriesgada si estuviéramos pretendiendo vender algo, por decirlo de alguna manera. Desde que empezamos teníamos muy claro que lo que queríamos era juntarnos, pasárnoslo bien y hacer la música que nos gusta. Al final nos hemos dedicado a hacer la música que nos gusta y a copiar a gente que para nosotros son auténticos ídolos y que han hecho cosas espectaculares. Así que arriesgarnos no, porque estábamos haciendo lo que nos gustaba.

Obviamente puede ser una rara avis, pero nunca hemos sentido que nos arriesgáramos, porque hemos ido tirando y todo ha salido de manera muy orgánica y fluida, sin tener que buscar nada o pensar qué es arriesgado o qué no. 

Ivet: Claro, o sea, también cuando hablamos de si es arriesgado o no, hay que ver qué queremos y qué no. Es decir, si nos quisiéramos dedicar a ello profesionalmente, como decía Edu, entonces sí sería arriesgado, pero no es el objetivo.

Por ejemplo, el otro día dimos ese concierto en el Upload, donde tocábamos con Enyor, con Reïna, con el POPPCC, con Garrafa Nadal también... con varios grupos. Yo estaba allí y pensaba: "es que yo tengo un grupo para hacer esto". Ese era el objetivo exactamente. Hemos conseguido el motivo por el cual creamos la banda. No pretendíamos ni ganar dinero ni ir más allá de eso, precisamente. 

Para tocar vuestras canciones —y lo digo sin ser músico, aunque escucho mucha música clásica y contemporánea, sobre todo rock— se requieren grandes conocimientos instrumentales, musicales, dotes vocales y mucho trabajo. ¿Qué formación musical tenéis para llegar al punto de asumir este tipo de canciones? 

Ivet: Formación, ninguno de nosotros tiene, en realidad. Es decir, más allá de las clases que algunos dieron de pequeños o adolescentes, pero formación musical propiamente dicha, no. Como decíamos, somos cuatro historiadores y un psiquiatra, no nos dedicamos a esto profesionalmente. Todo lo que sabemos es por lo que hemos ido aprendiendo.

Yo llevo yendo a clases de bajo desde hace un par de años, más o menos. Y a nivel vocal, Ica y Santi sí que habían dado algunas clases también, pero al final es práctica. 

Edu: Sí, en general todos en un momento u otro habían dado clases. Yo, por ejemplo, di clases de los 16 a los 20 años, y luego me tiré como 10 años prácticamente sin tocar ni ir a clase. No tocaba hasta que empezamos en Minibús y fue un tema de dedicación.

De hecho, hay una anécdota de la grabación de este disco con uno de los tres productores, Youth (Martin Glover). Fuimos a grabar a Granada con él y es un tipo que... bueno, mil historias que ya contaremos luego, pero básicamente nos resumió en una frase: "They don't play well, but they try a lot and they are a gang" (No tocan bien, pero se esfuerzan mucho y son una banda/pandilla). En plan: lo hacíamos muy mal, nos pedía cosas y obviamente no salían, pero nos esforzábamos para dar la talla. 

Hay ganas, sí. Y sobre todo... bueno, no os he visto nunca en directo, pero me pregunto cómo lográis trasladar esa compleja producción y el trabajo de estudio —que creo que son canciones muy difíciles de configurar— a los directos. 

Ivet: Sí, efectivamente. Cuando grabamos, pusimos mil guitarras, mil capas de todo tipo de instrumentos, de los más extraños que te puedas imaginar. Y sí, se ha tenido que... no sé si decir simplificar, porque evidentemente somos cinco tocando y son cinco instrumentos (o siete u ocho si contamos los aparatos que usa Ica). Hemos tenido que recortar, reducir, ir probando cómo suena e intentar adaptarlo como podemos. 

Edu: Sí, es un tema de priorizar. Decidir qué tiene que estar "sí o sí" y qué no es tan necesario. Como decía Ivet, hay mil líneas de guitarra, pero Santi solo podrá hacer una y Aram otra. Primero hay que asumir que lo que hay en el disco no se podrá trasladar tal cual al directo. Y no solo eso, sino que lo que pretendes transmitir en un disco a nivel de energía no acaba siendo lo mismo que en directo. Una canción, por muy intensa que sea en el disco, te dará una sensación diferente en vivo por la propia energía, más allá de los arreglos. Incluso la emoción que transmites puede evocar una cosa u otra según el contexto. 

Vuestro sonido, al menos del primer EP y el primer disco, bebe mucho de la psicodelia de los 60, pero también de bandas británicas de los 90. ¿Cuáles son vuestros referentes siendo tan jóvenes? ¿Cómo habéis llegado a ellos? 

Edu: Es difícil de decir, porque venimos de trasfondos diferentes. Es verdad que el primer disco era más de referencias, de coger ese rock y psicodelia de los 60 e intentar trasladarlo a un sonido más actual. Ahora, en este disco, aunque también sea referencial, lo hemos abordado desde un punto de vista más personal.

Pero resumirlo en una lista es complicado. Podríamos hablar de los Beatles, los primeros Rolling (que inspiraron los inicios), The Verve, folk-psicodelia... y pasar a Jesus and Mary Chain, Slowdive, obviamente Primal Scream y toda esa serie de grupos más oscuros de los 80-90 y de la neopsicodelia (como Brian Jonestown Massacre). Pero a la vez, muchos tenemos un trasfondo punk: a Ivet le gusta mucho el punk, a Aram el hardcore, a mí la música progresiva... hay un mezcla ahí. Al final es más la idea de qué queremos que sea lo que estamos preparando. 

Muy interesante, eso os da muchas posibilidades para evolucionar. Además, vuestras canciones tienen letras muy trabajadas, ingeniosas y con un toque de humor muy fino. ¿Tenéis influencias literarias o cómo surgen estas letras? 

Ivet: Los que escriben las letras son Santi e Ica, que son los dos cantantes. Creo que hay de las dos cosas: influencias literarias e influencias de la música que escuchan. 

Edu: Referentes literarios quizá no tanto, pero sí es verdad que el carácter de Santi define mucho su forma de escribir. Al escribir es muy "preciosista", piensa mucho y da muchas vueltas a las letras, las hace realmente cohesionadas. Ica, por otro lado, también las hace muy buenas pero son más descarnadas. En este disco se verá más, porque hablamos de temas grandes a partir de cosas particulares. Al ser más personal, se nota más el estilo de cada uno. 

¿Y cuando componéis qué sale primero, la letra o la música? 

Ivet: Hay de todo un poco. A veces uno de ellos (Ica, Santi o Aram) trae un riff o una idea general. A veces tienen la letra y se pone sobre lo que el otro ha compuesto. A partir de ahí, en el local de ensayo acabamos de crear el tema entre todos. 

Edu: Sí, a veces tienen letras acumuladas y surge una idea musical donde encajan. Pero generalmente nace de un núcleo musical o de una grabación "cutre" hecha en casa. 

Acabáis de publicar vuestro segundo LP, Moviment oscil·lant polinòmic i igual a 1/X, una fórmula matemática. Ya conocíamos el single, L’agrador sallissó de la vall del Mas d’Haurat. ¿Qué podéis contarnos del disco? Ya nos avanzasteis que tiene una sonoridad más ochentera. 

Edu: Sí, es lo que comentábamos. Mientras que en el primero tiramos por algo más referencial, en este hemos intentado que el disco hablara más de nosotros. Las letras son más crudas; nos ha quedado un disco un poco más triste, aunque tiene sus partes alegres.

Vimos que el hilo conductor era esa dualidad: los dos puntos de equilibrio en los que se balancea la vida. La vida es muy bonita pero muy complicada, o tiene momentos muy tristes. Para conceptualizarlo llegamos a esa fórmula y a toda la abstracción gráfica del disco. Es como intentar imaginar cómo un robot o un extraterrestre intentaría captar y calcular la experiencia humana. 

Ivet: La fórmula (y = 1/x) representa lo inversamente proporcional: cuando x va hacia el infinito, y tiende a cero, y viceversa. Pero también muestra los grises: cuando x es 1, y también es 1, por lo tanto se encuentran. Son polos opuestos que conviven. Es la idea de que la vida es bonita pero triste a la vez. 

El single de adelanto me recuerda a Primal Scream e incluso a The Charlatans. ¿Estáis de acuerdo con ese estilo? 

Ivet: Sí, Primal Scream es uno de los referentes. Forman parte de ese gran abanico de grupos que nos molan. Con el single pasó algo curioso: iba a ser una canción folky. Ica la trajo como una idea de folk, pero no funcionaba de ninguna manera. De repente, Ica hizo ese riff con el órgano, yo empecé con un ritmo muy roto de breaks y de pronto parecía un tema de soul que estaba quedando genial. Al final decidimos ir hacia algo más bailable y en Granada le pusimos la guinda. 

En 2024 publicasteis Meditacions dels Miratges Mercúrics, en el 25 el EP Música Humana Thalassa y ahora en el 26 un nuevo disco. Un disco por año. ¿Tenéis urgencia por demostrar quiénes sois? 

Ivet: No es una cuestión de prisa. Lo del EP fue porque ganamos una beca y nos salía gratis, así que aprovechamos. De hecho, reformulamos temas que ya teníamos. 

Edu: Sí, no es por prisa, sino por ganas. El otro día hablábamos de que mientras los discos son producciones con inversión de tiempo y productores externos, la serie de Música Humana (que queremos seguir haciendo) es algo más autoproducido, por puro gusto, para jugar en casa y ser más libres. No tenemos presión discográfica, aunque nos autoimponemos cierta presión porque si no, seguramente no haríamos nada. 

Tenéis anunciados cuatro conciertos esta primavera en Girona, Lleida, Tarragona y Reus. ¿Pensáis tocar fuera de Cataluña? Vuestro estilo podría interesar mucho en Europa. 

Ivet: Se está trabajando en ello. Ahora mismo no hay fechas cerradas, pero van saliendo cosas. Tendremos varios conciertos durante el verano y la intención es salir fuera. 

¿Creéis que cantar en catalán puede limitar vuestra carrera fuera o, por el contrario, es un elemento distintivo? Por ejemplo, la banda Manel tiene su público en Madrid. 

Edu: Cantamos en catalán porque es nuestro idioma, nuestra lengua materna y como nos expresamos en el día a día. No lo vemos ni como algo bueno ni como algo malo para la carrera, es simplemente una característica más de la banda. 

¿Cómo veis el panorama musical actual? ¿Os lo ponen fácil? 

Ivet: Si nos dedicáramos a esto profesionalmente, sería una faena. Vivir de esto es imposible. Pero como no es así, lo hemos tenido bastante fácil en el sentido de que hemos ido ganando becas y ayudas institucionales que nos han permitido crecer, grabar en Granada y costear cosas que no habríamos podido pagar nosotros. 

Edu: Hemos tenido muy claro dónde queríamos estar y dónde no. En los sitios donde queríamos estar siempre nos han acogido con los brazos abiertos: desde el Ateneo hasta fiestas mayores populares. Además, formamos parte de una escena que está creciendo con grupos como Enyor, Joia, Reina, Remei de Ca la Fresca... Para mí el objetivo no es ganar dinero, es compartir espacio con toda esta gente. 

Hace un par de semanas hubo el PsychFest en Barcelona. Vuestra propuesta encajaría perfectamente allí. 

Edu: ¡Tocamos en el PsychFest hace un par de años! 

¡Ah! No lo sabía. Pues entonces deberíais repetir. Muchísimas gracias por vuestro tiempo y felicidades por el disco. Nos ha encantado conoceros y poder charlar un poco. Yo le digo a mis amigos que escuchen vuestra música porque van a alucinar, que es lo que me pasó a mí al descubriros. 

Ivet y Edu: ¡Muchísimas gracias! Perfecto, gracias a vosotros y mucha suerte.

Fabián D. Cuesta: "Estar fuera"


Por: Javier Capapé. 

Oímos cantar a los pájaros y sabemos que vuelve a flotar en el aire la música del leonés. Fabián D. Cuesta ha estado mucho tiempo fuera, quizá por eso el título de su reciente colección de canciones sea “Estar fuera”. Dar valor a la retirada antes de la quema. Pero siete años han sido demasiados para los que amamos su música y su cálida voz. Hubo un amago de disco con colaboraciones que finalmente no se materializó más allá de los sucesivos singles que presentó junto a Iván Ferreiro, Andrés Suárez o Marwán. Ese “#explicarlospájaros” se quedó en eso, en un hashtag que nos hubiera encantado que llegase a materializarse en forma de disco físico (algo tal vez demasiado vintage para los nuevos hábitos de consumo) y a llevar a Fabián a otras cotas. Pero no fue así. En lugar de eso hubo tiempo para buscar su espacio y renacer, pero sin olvidarse de esos pájaros que han revoloteado siempre por su mente, que han dado sentido a sus canciones y emociones. De ahí quizá que la canción que abre este lote lleve por título “¿Por qué tantos pájaros, Fabián?”, planteando desde el primer momento un cara a cara con su público, una conversación cercana materializada en forma de canciones. Precisamente esta primera es perfecta como apertura porque condensa el espíritu lírico que suponemos ha acompañado a Fabián durante este tiempo. Un tema que entra lentamente. Suave, pero a la vez etéreo, y finalmente casi épico. Los teclados de fondo lo sostienen hasta que en el estribillo entra la batería, brillan las guitarras y crece el pop, aunque lo verdaderamente valiente reside en las confesiones de su letra. ¿Es esto lo que vive el propio músico leonés? ¿“Un sueño dentro de un sueño”? Más que un sueño parece ese “hilo invisible del arte” que tanto exige, pero muchas veces poco ofrece. Aunque la confesión va más allá, cuando hace referencia a esa posición desde la que lo contempla su autor: “Todo lo he visto con los ojos de un pájaro errante”. Fabián hace una enumeración de todo lo vivido, quizá desde lejos o como espectador, pero estando presente, como ese ave imbatible que tan bien le define.

El resto del disco se mueve más cómodamente entre las coordenadas que habitualmente le definen. Brillos pop con guitarras cristalinas, arreglos sutiles de eléctrica y pianos delicados, todo bajo su sedosa voz, que, definitivamente, es su instrumento más poderoso, el que habita sus canciones y las convierte en algo único. Los que conocemos a Fabián sabemos que ese es su gran valor, aunque lamentablemente sea desconocido por muchos. Eso es lo que sobrevuela también en muchas de estas canciones, el hastío de haber sido nombrado promesa en tantas ocasiones y no verlo cumplido, aunque eso no ha impedido que la música del leonés conserve su honestidad y buen hacer, porque otra cosa no, pero en esto hay pocos músicos en esta tierra que le superen.

Juan Marigorta vuelve a acercarse a Fabián para hacerse cargo conjuntamente de la producción en los Estudios Tripolares y la Viejita (además de encargarse de muchas guitarras y teclados), todo dentro del considerado hogar de este músico independiente. Junto a ellos, Pepe López en las baterías y percusiones y David Nieto al bajo. Un equipo sólido y compacto que crea un disco verdaderamente cohesionado y rico en matices donde predomina el pop desde el prisma del cantautor (menos americano esta vez). Hay canciones como “Tienes que bailar” o “Tarde de Junio” que no necesitan más que una acústica y un piano para alzar el vuelo y conmovernos. En otras, sin embargo, las guitarras eléctricas rugen con algo más de fuerza, como en “La noche es nuestra”, que cuenta con un estribillo de lo más pegadizo, o “El rayo que atraviesa la tarde” en la que la eléctrica camina desde el puente con mucha mayor presencia y hay incluso espacio para un breve solo. Pero donde más llama la atención el toque eléctrico es en “Desde las entrañas”, que empieza muy suave pero estalla al final entre distorsiones y ruidos, en lo que podría ser el mejor ejemplo de la transformación que no deja de mover a este músico. Por muy inmovilista que pueda parecerle a algunos, Fabián se nutre de miles de referencias que se vislumbran en su cancionero. De Tom Petty a Bruce Springsteen, de Quique González a Xoel López, con unas pinceladas de Ismael Serrano y hasta de Iván Ferreiro. Hay una línea que les une, pero multitud de variaciones que dan color a sus canciones.

Entre estas nuevas diez viñetas (o retales de su vida) que ha decidido lanzar únicamente a través de descarga digital y vinilo (a las plataformas de streaming irán llegando más lentamente) volveremos a emocionarnos con las armonías preciosistas de “El rayo que atraviesa la tarde”, en la que caeremos rendidos inevitablemente con versos como “Ojalá pudieras verlo igual que cuando estabas enfermo de amor (...) y presumías de cada espina” o “Todo lo que debo decir es todo lo que acabo guardándome”. Magia en lo cotidiano, el principal valor que enaltece sus composiciones. También conectaremos con las inquietudes de una generación a la deriva con “Estibadores en Baltimore”, que desde su luminosidad descarga infinitos dardos de realidad (“Trabajo de estibador para pagar el alquiler”) y poesía brutalista (“Sueño con tu boca desde el interior de una botella de plástico”). Encontraremos alguna aproximación al cancionero brasileño en “Lo mismo que yo” y volveremos a buscar el recogimiento más confesional en “Ser cualquier otra cosa”, con la que cierra, como casi siempre en sus discos, con la desnudez de la voz y la guitarra afirmando que “a mí me hubiera gustado ser cualquier otra cosa”. Quizá estar más dentro que fuera, como sugiere su canción titular, en la que desde su delicadeza lanza esa pregunta retórica que lo resume todo: “¿Crees que me gusta estar fuera?” Pues a decir verdad, aún sintiéndose fuera, al margen, Fabián, “ese chico tan alto para su edad, que cazaba libélulas, aunque fuera en los libros”, nos ha vuelto a regalar esa conexión única cargada de verdad que encontramos en su música, que a veces duele por ser tan directa y no teñirse con dulzuras. Sus versos arañan desde su intrínseca suavidad, pero nos hacen pisar tierra mojada y sentir que desde la integridad siempre se gana. Podemos estar fuera, pero nunca solos si contamos con la compañía de sus versos. ¡No vuelvas a tardar tanto, Fabián! Necesitamos el vuelo de tus pájaros y su preclara visión desde lo alto.