Jardines del Botánico, Madrid. Jueves, 30 de junio de 2026
Texto y fotografías: Ricardo Virtanen.
El grandísimo Van Morrison (Belfast, 1945) visita de nuevo Madrid. Repite la fórmula del año pasado y ofrece dos conciertos en las veraniegas Noches del Botánico. Parece que al genio de Belfast no le seducen ya los macroconciertos del WizinkCenter (hoy Movistar Arena) de antaño (nos visitó en los años 2018 y 2022), y prefiere el recogimiento de un coqueto Jardín Botánico de Madrid, pese a que los emolumentos recibidos no se acerquen ni por asomo a los del Wizink. A sus ochenta años (a finales de agosto, 81), Sir George Van Morrison mantiene una vigorosa voz, aunque la edad le esté volviendo más delgado y enjuto. Viste como en sus últimas visitas a Madrid: impecable traje azul y sombrero blanco (a veces azul) y gafas de espejo. Interpreta saxo, guitarra y armónica. Esta vez el piano se quedó sin golpear, quizá por un cambio en setlist de última hora (se le vio molesto con algún músico en algún momento del concierto). Setlist que varió de un día a otro, pues el día 1 de julio sumó "Dweller On The Threshold", ausente el día 30, que ahora referimos.
Contra todo pronóstico, no tuvimos delante (esta vez, estaba yo bastante cercano al escenario) al músico arisco, gruñón y maleducado que todos recordamos de siempre. Esta vez, se mostró dicharachero (al recordar a su amigo Ray Charles o al dirigirse al público), dio las gracias en varias ocasiones (una vez en castellano), bromeó —y sonrió delicadamente— al hablar a una de sus coristas (la impecable y risueña Sumudu Jayatilaka), pero abroncó al batería en cierto momento, o no sabemos bien a quién, e hizo mutis por el foro a mitad de “Gloria” (como ha ocurrido en sus últimos conciertos). El concierto comenzó con la presentación de su reciente trabajo "Somebody Tried to Sell a Bridge", su 48 álbum de estudio, un homenaje explícito a los bluseros clásicos, con la inclusión de cuatro temas propios. Así encandenó dos temazos de blues, dos auténticos pepinazos que encendieron aún más el recinto, que a las 8:30 pm era un puro hervidero lleno de abanicos. Hablamos del clásico de John Lee Hooker “Deep Blue Sea” y de “Kidney Stew Blues”, un éxito de Eddie Vinson. La banda, en formación de cuarteto (guitarra, hammond, bajo y batería), más dos coristas (las mismas del año pasado): la excelente Sumudu Jayatilak y la jovencísima promesa de Belfast Jolene O’Hara, sonaba compacta. Morrison sopló con swing su armónica, si bien el baterista parecía acariciar su batería, volviéndose en ocasiones inaudible. Continuó el blues lento “Madame Butterfly Blues” (de Dave Lewis) (con solos de armónica y hammond) y la movida “Snatch it Back and Hold it” (de J. Wells y Buddy Guy). Aquí aparecieron los vientos, dos auténticos fenómenos que colaboran con Morrison desde los años noventa en discos y directos: Matt Holland (trompeta) y Richie Buckley (saxo). Para entonces, Davy Keary (guitarrista), John McCullough (teclista de Belfast) y la armónica de Van, más los vientos, habían encendido el recinto, arrastrando el concierto a una fiesta sin fin.
Tras el nuevo material, llegó la hora de introducir temas de su disco de 2025, la obra maestra "Remembering Now". Sonó el festivo “Down to Joy”, que abría el disco, menos intenso de ritmo con respecto al original. Después, “Back to Writing Love Songs”, donde Van ‘The Man’ agradeció al público su efusividad para con la banda, y la balada “The Only Love I Ever Need is Yours”, uno de mis temas favoritos del álbum, donde el genial Davy Keary (muy ovacionado por el público) nos brindó un espléndido solo de guitarra española. A estos temas se unió “Play the Honky Tonks” para cerrar las referencias al disco actual, un blues marcial de Marie Adams cuyo estribillo coreó el Botánico a pleno pulmón, con intensas improvisaciones de la banda. Para la sutil balada “When the Rains Came”, Morrison blandió su guitarra eléctrica, preludio del momento “Ray Charles’, amigo personal de Morrison. La banda interpretó entonces un cálido homenaje al autor de “Georgia in my Mind”, al tocar “If it Wasn’t for Ray”, muy coreado por el respetable, por su ritmo impecable, al que siguió otro éxito de Ray, el espléndido blues “I Believe to my Soul” (incluido en el mítico directo de Morrison "It’s To Late To Stop Now", 1974), que iniciaba con su saxo. El tema exigía un gran dominio vocal, que el de Belfast cumplió con nota, pese a sus ochenta años. Después se alternaron el saxo de Buckley y un imperial Holland. Si bien, fue McCullough quien con su hammond terminó de enfervorecer al público. Todo ello se complementó con el blues de Roosevelt Sykes “Night Time is the Right Time”, un éxito de Ray de 1958, con una frase en forma de letanía (tras cada verso): “Nigth and day”, coreada al unísono por vocalistas y público. En esta canción, la extraordinaria cantante S. Jayatilak ejerció quasi de solista, con talento y dominio vocal a raudales.
Al fin llegó la hora del primer gran éxito del norirlandés en la noche: “Real, Real Gone”. Para entonces, el público ya sabía que nos encaminábamos hacia el final del concierto (cinco largos minutos en que Morrison presentó a su banda). Tema mucho menos efusivo que otras pasadas interpretaciones, con un toque soul, y un Bob Rugiiero, excelente baterista, que continuaba acariciando su caja, sin perder de vista nunca al León de Belfast, que le custodiaba de reojo. Las pulsaciones del evento no se rebajaron tras los primeros acordes de “Ain’t Gonna Moan No More”, un clásico de sus conciertos desde que se publicara en su álbum reciente "The Prophet Speaks" (2018). Se trata de una canción dinámica, en la que se sucedieron sin descanso los inspirados solos de saxo, trompeta y hammond, sumando al propio Morrison al saxo. La deliciosa “Enlightenment” aconteció como un paréntesis, rebajando las pulsaciones del público. La canción homónima del disco "Enlightenment" (1990) adquirió tintes de folk con Morrison a la armónica, destacando un gran solo del bajista, David Hayes, que se mantenía sentado, con gorra blanca, sin mucha visibilidad desde nuestra posición entre público. Pero la tregua duró poco. Van ‘the Man’ se encaminaba hacia el final de su actuación con otros dos trallazos. El blues “Goin’ Down Geneva” abría su obra maestra "Back on Top" (1999). Compuesta por Morrison, siguió la estela blusera del repertorio, con el norirlandés a la armónica y McCullough esta vez al piano, siempre inconmensurable, más la participación, siempre lustrosa, de ambos vientos. Mientras “Early in the Mornin” reconvertía a su manera un blues clásico, grabado por Sonny Boy en 1937. Fue incluido en su álbum en directo grabado en el Ronnie Scott’s Club de Londres, junto a George Fame, en 1995 ("How Long Has This Been Going On"). Todos recordamos su participación con este tema en el disco BB King and Friends: 80 (2005). Sobresalió la guitarra eléctrica de Davy Keary y la voz modulante de Morrison, cuyo estribillo "And I ain't got nothing but the blues" fue coreado por un público muy participativo, con múltiples variantes vocales del cantante.
Para el fin de fiesta del Botánico de este año, Morrison eligió su éxito “Moondance” (que llevaba tiempo sin interpretarla en Madrid). Versión, cómo no, swingueada, con participación estelar de las vocalistas, Samada y Jolene, y solos del bajista David Hayes, un inspiradísimo Matt Holland y un magistral Richie Buckley al saxo, todos en clave de jazz. Sin corte alguno, y sin tiempo a reaccionar, el León de Belfast que había abandonado súbitamente el escenario, apareció entre bambalinas para entonar el inicio de “Gloria”, el antiguo tema de los Them de 1964, hoy todo un himno. Van Morrison sabe que es un ciclón para cerrar los eventos. Tras un breve desarrollo, y el intercambio con la cantante Samada, siempre inspiradísima, se fomenta el colaboracionismo vocal entre Morrison y público. Tras esto, Morrison desaparece, y la canción se estira ad infinitum. Van Morrison se encontraba a gusto. Eso era toda una evidencia en esta calurosa tarde/noche de junio. Como ha ocurrido en sus últimas actuaciones, se genera una improvisación detallada de todos los instrumentistas. A la guitarra de Keary y el moog de McCullough, se le sumaban el saxo de Buckley y el solo de fliscorno de Holland (en ambos casos con palmas acompasadas del público). Para finalizar el evento, el baterista Bob Ruggiero, quien se había mostrado en un discreto segundo plano en todo momento, desató el fervor del público con un solo espectacular.
En la tarde/noche del 30 de junio de 2026, Van ‘the Man’ ofreció, a sus ochenta años, todo un cursillo de interpretación de blues. Su pequeña orquesta Caledonia (seis músicos y dos coristas) funciona como un reloj suizo. Desde su poltrona central, George Ivan Morrison dirige el cotarro de manera impecable: apunta los solos de los músicos, alterna instrumentos (guitarra, armónica, saxo), sugiere finales y subraya matices musicales. A diferencia de otros clásicos del rock llegados a una edad, que te colocan un setlist de éxitos, el norirlandés va a la suya. Durante hora y media, tira hacia el swing, el blues, el soul o el rhythm & blues, y toca lo que le apetece, con apenas referencias a sus clásicos (hoy, exactamente tres). El año que viene, lo esperamos con ansia. Para su fiel público, haga lo que haga siempre estará bien hecho, y seguirá poniendo el vello de punta. Y no importará mucho, la verdad, si es el de hoy o el de siempre.

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