Parquesvr: “Estamos ante nuestro mejor trabajo”


Por: Javier González. 

Pasan los años y Parquesvr no afloja en lo que a su capacidad para sorprender a propios y extraños se refiere. Los condimentos clásicos de la propuesta de los madrileños siguen inamovibles: letras certeras, sinceras y repletas de sorna, bien condimentadas por una actitud crítica sin miramientos, dispuesta a desenmascarar los males una sociedad podrida que en el caso del nuevo trabajo que presentaron semanas atrás, “Mitos y Leyendas”, va un paso más allá. 

Redoblan apuesta, afinan y cuidan más la pólvora con la que cargan su discurso, mimando las letras y la narrativa de la misma, igual que lo hacen en la búsqueda de un sonido más refinado que no hace perder ni un solo grado de efectividad a su explosivo cóctel, tal es el caso que podemos afirmar sin temor que estamos ante el que muy probablemente sea el mejor álbum de los capitalinos, cosa muy seria cuando hablamos de unos tipos que siempre han dejado el listón bastante alto al salir del estudio de grabación. 

Asaltamos fuera de hora al bueno de Javi Ferrara, letrista y vocalista de la banda, para que nos hable con su habitual locuacidad y brillantez de estética  “Mitos y Leyendas” recién salido del horno. 

Hace poco más de un año y medio que vio la luz “Si molesto, os vais” vuestro anterior trabajo que continuó con la senda ascendente que lleváis casi desde el comienzo de la andadura de la banda. ¿Qué valoración hacéis de todo lo que supuso dicho álbum? 

Javi: La valoración es muy positiva. Todo esto es realmente increíble. Recuerdo que hablamos para el anterior disco y comentábamos que ya estábamos en crecimiento. Fue una tendencia que se magnificó con “Si molesto, os vais”, donde canciones como “Juancarlista”, “Tu nombre es una puerta sin cerrar” o “Todos menos Tú”, nos han situado en una tesitura que jamás imaginamos estar. Ni en nuestros mejores sueños hubiéramos podido pensar que en la despedida del disco agotaríamos las entradas para “La Riviera” con varios meses de antelación.

“He revisado mucho las letras, las he intentado cuidar más, aquí hay más amargura y cinismo” 

Y ahora, sin casi solución de continuidad, tras andar girando y girando por un montón de sitios, os presentáis con “Mitos y Leyendas”, un trabajo donde no perdéis ni un ápice de vuestra capacidad crítica, pero que tiene un sonido más refinado y en el que la carga narrativa continúa su progresivo crecimiento. ¿De qué forman comienzan a surgir las canciones del álbum? ¿Tenéis la percepción de que musicalmente es el trabajo en el que hay un mayor cuidado por redondear las canciones? 

Javi: Las letras antes tardaba en hacerlas diez minutos, las canciones se tardan más en hacer. Mis compañeros me riñen cuando digo “tengo las canciones en diez minutos”, la realidad es que tengo las letras. Creo que estamos ante el mejor trabajo de Parquesvr, con una diferencia abismal sobre el resto. Las composiciones empiezan a surgir a lo largo de todo el 2025, ya que por circunstancias personales mi vida cambio, lo que hizo que las temáticas de las letras variaran. Siempre he escrito mucho, ya sabes que he defendido que las letras las hago en diez minutos, aunque aquí las he revisado mucho y las he intentado cuidar más. Estoy bastante contento con el resultado de las mismas, más que en otros trabajos, donde es cierto que hay temas que no se terminaron de redondear todo lo que se debería haber hecho. Cuidado, que luego no sé cómo se va a recibir. Quizás a la gente le parezcan una mierda, cosa que estarían en su legítimo derecho de decir, pero para mí es el mejor disco que hemos hecho con diferencia, tanto musicalmente como en cuanto a letras. 

Será que vamos cumpliendo años... 

Javi: Los años se notan, claro está. Se ve en la temática de las canciones donde hay amargura y cinismo, se nota que estamos cansados-desilusionados de muchas cosas alrededor de la vida. Aún así, habrá que seguir viviendo, pero cambiando los objetivos vitales. Ya no me chino por cosas que pasan en el mundo, intento estar con mi peña y mi gente, son los que me hacen feliz, me alegran la vida y a los que puedo alegrar la vida. 

Las grandes características de vuestra música siguen vigentes, pero hay una evolución que vosotros ya abordáis en tono desenfadado en el primer corte, “Intro”, donde arrancáis mirando a algunas de vuestras letras pasadas, pero aceptando y haciendo propias una serie de críticas. ¿Cómo surge esta canción? ¿Arrancar riéndose de uno mismo es una forma implícita de avisar al resto de lo que se les viene encima?

Javi: Sí, es un poco eso. No te rías de mí que ya lo hago yo. Cuando salió “Tonto”, nos llamó mucho la canción que solamente nos criticaba gente de derechas, cuando es un tema donde se le da hostias a todo el mundo. Hay varias frases, una de ellas es: “Hay tontos, tontas, tontes por doquier, lo más transversal es la estupidez, mi lista de tontos está casi hecha, hay tontos de izquierdas y de derechas”. Me llamó mogollón la atención aquella crítica. Es cierto que repartimos muchos tortazos y una forma muy buena de hacerlo es repartirnos a nosotros mismos. A lo largo de nuestra trayectoria siempre nos han intentado encasillar, “os parecéis a esto”, “os parecéis a aquello”. Ha sido una forma de decir somos rollo muchas cosas o ninguna. ¿No sé en qué se parecen Def Con Dos y León Benavente? Y nos dicen que nos parecemos a ambos. Es lo que tú dices, una forma de intentar reírnos de nosotros mismos. 

La intro es muy chula, por cierto, con ese sonido noctámbulo, a mitad del camino entre el jazz y el hip-hop.

Javi: Escuché una canción de Public Enemy, cuyo título no recuerdo, que empezaba así. Hablé con Hugo, Escandaloso Xpósito, se la pasé y le dije que me encantaría que un disco de Parquesvr empezara así, contando cosas que nos han ido llamando. Más que una intro, es una especie de resumen de canciones de la banda y de cosas que nos han llamado, todo desde un punto de vista jocoso. Se parece al capítulo anterior de una serie, va en esa línea retrospectiva. 

Me ha hecho mucha gracia la referencia esa de: “Me gustaban más cuando eran punkis”, “De centros comerciales son mejores los otros, los de rollito siniestro”, “Es un poco León Benavente”. 

Javi: Haciendo referencias a lo que han dicho estos años. Al final cogemos lo que vosotros nos decís y nos reímos de ello. Nosotros no os decimos mierdas así, ya lo sabes (risas). 

Por cierto, en el disco hay varias colaboraciones de PatataOnStereo, Escandaloso Xpósito y Teo Lucadamo. ¿De dónde surge esta nueva hermandad? 

Javi: Del cariño, admiración y cercanía. Son personas muy cercanas al ámbito del grupo. Trabajo con Teo. PatataOnStero y Escandaloso Xpósito están en nuestro sello, Raso. Tenemos bastante cercanía, ha sido muy fácil trabajar juntos. Nos tenemos mucho cariño los unos a los otros. Son familia los tres. 

Os habéis marcado algún que otro temazo mítico, me refiero a “Esto que vivimos”, donde hay un aire decadente, repleto de drogas y que habla de una historia de desamor que se clava bien dentro, algo que también ocurre con “Aftersun”. ¿Qué ha pasado, Javi?

Javi: “Esto que vivimos” no habla de mí. Es alguien cercano a mí, a la que quiero mucho. Tenía una relación tóxica con alguien, envuelta entre resacas, fiestas y afters. La idea era ilustrar algo que viví de cerca, quería hacerlo porque lo sufrí de cerca, ya que es alguien a quien quiero mucho. “Esto que Vivimos”, “Google Fotos”, “Aftersun” y “Ya no Volverán”, son canciones que al comenzar a escribir me llamaban la atención, sentía que hablaban de los estados que vives cuando tienes perdidas. “Esto que Vivimos”, es acabar con algo porque sientes que te va a matar, “Google Fotos”, trata sobre el dolor, “Aftersun”, es aceptar la pérdida, y “Ya no Volverán”, marca la nostalgia. Es un recorrido por cuatro estados distintos que creo todo el mundo hemos transitado. 

 “La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk” 

Vuelves a la andadas con un bombazo como “Mi peña”, reivindicando a tu gente y entorno, mientras el resto del mundo parece sumido en la mediocridad galopante. 

Javi: Sí, vivimos en un momento muy extraño. La izquierda se ha vuelto moralista y la derecha punk. Creo que la gente está obsesionada por lo mediático. Estamos a punto de volver a repetir los mismos grandes errores que cometió la humanidad en el siglo XX sin que gran parte del mundo parezca darse cuenta. Como te decía antes, estoy en un punto en que soy incapaz de luchar contra todo eso, prefiero refugiarme en mi gente. Con ellos puedo estar más presente y tener calma, más allá de cosas que se me escapan. 

“No compro discursos ni eslóganes” 

Me ha gustado especialmente por sus guitarras limpias “Rizo de gitana”, donde hay una profundidad narrativa, muy potente, donde no hay rastro de sorna, rastreando la sombra de Depresión Sonora y The Smiths. 

Javi:
La canción vuelve a transitar de lo mundial a lo cercano. Éramos muy conscientes que esto sonaba a Depresión Sonora, de ahí la referencia a una canción, “Me han dicho que ya no hay verano”. Al empezar a ensayar las canciones para grabar el disco, Héctor y Marco se miraron y dijeron: “suena que te cagas”. En cuanto a la temática, es un tío de más de cuarenta años, escéptico ante el mundo y con una carga de nostalgia. No compro discursos ni eslóganes. Hay que ser buena gente con tu gente, creo más en eso que en pensar en el cambiar un mundo que no podré cambiar. 

“Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España” 

“Todos los madrileños” es un golpazo al capitalino que quiere huir, pero también al que estando se dedica a dar por saco a los paisanos rurales. 

Javi: Sí, hay una frase en el tema que dice “alejado de los guiris, del ruido y la multitud, no olvides por un segundo que aquí el guiri eres tú”. Los madrileños somos una plaga insufrible para el resto de España. Además, nos tienen por arrogantes, hablamos mal al camarero, creemos que todo es nuestro. Hay otra frase muy chula que dice “Petando chiringuitos donde solo había dunas, fuera de Madrid a ti te llama P.U.M.A”, una movida que escuché en Galicia y me hizo mucha gracia porque quiere decir “Puto Madrileño”, decidí meterlo en la canción. En Madrid hay una problemática heavy con la vivienda, siendo nosotros el problema para otra gente. 

¿Para cuándo está prevista la publicación en formato físico del vinilo? 

Javi: Las copias físicas estarán en breve, creo que cerca del 22 de mayo. Ahí podréis disfrutar del formato físico del maravilloso cuarto disco de Parquesvr, “Mitos y Leyendas”. Acude a comprarlo a tu tienda de confianza o a través de la página de Raso Estudio. (Risas) 

¿Es cierto que hay una foto interior donde aparece vestido Javi Ferrara que si mojas con saliva…? 

Javi: No sé si eso vendería. (Risas) 

¿Qué tenéis planeado para girar en estas primeras semanas? 

Javi: Tocamos en “El Sol” para allegados hace unas semanas. También hemos tocado ya en Valencia, para más de mil personas. El 14 de mayo tocamos en las fiestas de Rivas, el 16 tocaremos en Gijón y luego iremos a Cruilla y Low. A partir de septiembre y octubre tocaremos en salas. El 20 de noviembre lo haremos en “La Riviera”. 

Javi, soy consciente de que andas a mil frentes, por eso siempre te hago la misma pregunta. ¿Permite Parquesvr a día de hoy vivir a sus miembros exclusivamente de la banda? 

Javi: No, no vivimos de Parquesvr. Podríamos malvivir. Es una ayuda de la hostia, pero no podríamos vivir del grupo. Nos permite girar bien, tener tour mánager y técnico de sonido. Comer y dormir en la gira en sitios dignos. Vamos desahogados con los gastos de local y materiales. Estamos súper contentos y queremos que siga la dinámica de crecimiento. 

Lo digo porque tu figura, junto a la de Alan Queipo, está detrás de festivales como Mazo y Sound Isidro. 

Javi: Alan y yo tenemos una relación muy completa. Es mi empleado en Sound Isidro, somos socios en Mazo y es mi mánager en Parquesvr, además de ser mi sello en Raso. Ahora nos hemos comprado una oficina juntos. Y es mi amigo, sobre todo. Llevamos teniendo una relación ininterrumpida los últimos seis-siete años. Nos soportamos, aguantamos y queremos. Espero seguir con él toda mi vida laboral. Es una persona a la cual confiaría mi vida. Ahora hemos comprado una oficina donde vamos a trabajar, estábamos de alquiler en plaza de los Mostenses y decidimos meternos en algo. Ahora nos hemos comprado una en Urgel donde pagamos lo mismo que antes con idea de ser propietarios.

Mad Cool 2026, soplando las velas de un décimo aniversario a la altura de los grandes festivales europeos


Mad Cool celebrará su décimo aniversario del 8 al 11 de julio en Madrid con un cartel gigantesco que vuelve a colocar al festival entre las citas imprescindibles del verano europeo, cuatro jornadas repletas de buena música y espectáculo, donde la heterogeneidad volverá a ser la tónica dominante de una experiencia que poco a poco ha logrado colgarse el cartel de clásica. 

La jornada inaugural estará marcada por el regreso de Foo Fighters, acompañados por nombres tan potentes como Moby, The War On Drugs o Wolf Alice, mientras que el jueves cambiará completamente de registro con la aparición sobre las tablas del recinto capitalino de bandas tan potentes como Florence + The Machine, Lorde, Jennie y Teddy Swims liderando una de las noches más eclécticas y multitudinarias de esta edición. 

El viernes llegará uno de los días más equilibrados del cartel con Twenty One Pilots, Kings Of Leon, Pixies y Halsey compartiendo protagonismo en una jornada diseñada para amantes del rock alternativo y el pop de estadio. Teniendo su jornada de cierre el sábado, donde se apunta directamente a un momento histórico gracias a la presencia de mitos tan potentes como Nick Cave & The Bad Seeds, Pulp, David Byrne y Kasabian, poniendo el broche final a un aniversario que confirma a Mad Cool como uno de los festivales más ambiciosos y reconocibles del continente.

“Warren Zevon”, medio siglo de una bella coreografía del caos


Por: Kepa Arbizu. 

En un hogar situado en Chicago, en plena década de los 50, un inmigrante ucraniano, de nombre original William Zivotovsky, regala el día de Navidad a su hijo de nueve años, Warren Zevon, un piano que ha comprado gracias a la buena suerte cosechada en una de las múltiples timbas entre las que pernocta, solo uno de los muchos oscuros destinos que habitaba como consecuencia de su trabajo para la mafia local. El poco recomendable origen de tal obsequio enfada a su madre, una recriminación que le costaría el lanzamiento de un cuchillo de grandes dimensiones por parte de su todavía marido, separándole solo unos escasos centímetros de un desenlace letal. Una escena, seguida por la mirada de su pequeño vástago, que nada tenía de anecdótica y sí mucho de un trágico costumbrismo que derivaría en un divorcio cuando aquel púber espectador cumplía los 16 años, siendo escasas fechas después cuando abandonaría sus estudios para lanzarse a la carretera en busca de un desenfreno existencial salpicado con canciones folk. Sin embargo, ese joven cargaba, por suerte y por desgracia, con el imborrable recuerdo de aquel juvenil teclado y con todo un relato biográfico narrado con extrema violencia. 

No iban a ser aquellos recuerdos meros espejismos anclados en su cerebro, al contrario los iba a rememorar nombrándose a sí mismo protagonista activo de los mismos, ejercitando la funesta herencia legada por su progenitor y haciendo rimar sus actuaciones con aquellas a las que había asistido como espectador en su domicilio familiar. Inmerso en una vorágine de drogas, alcohol y comportamientos escasamente edificantes, su peregrinación entre hoteles y apartamentos californianos dejaba un rastro desalentador. Una insaciable voracidad por encontrar el camino más salvaje que artísticamente le había llevado a coquetear con el éxito gracias al tema "Follow Me", firmado como el dúo Lyme & Cybelle, pero que sobre todo le situaba como músico de sesión, compositor, responsable de algunas piezas interpretadas por The Turtles, o alojando uno de sus temas propios, "She Quit Me", en la banda sonora de la película “Cowboy de medianoche”, e instrumentista en las giras de unos ya crepusculares y decadentes Everly Brothers. La carrera de Warren Zevon era insolentemente bisoña todavía pero paradójicamente transmitía trazas de una roma y decrépita veteranía. 

Situado en los años setenta en la costa catalana, concretamente en Sitges, a modo de refugio y de nuevo horizonte en el que dotar de una más saludable rutina a sus días, tras un mal recibido debut en solitario, “Wanted Dead or Alive”, la llamada de su amigo Jackson Browne, instándole a grabar un disco bajo su amparo, significó al mismo tiempo volver a asomarse al abismo emocional pero también incrustar, un 18 de mayo de 1976, su ácida y doliente rúbrica en la historia del rock. Porque pese a su todavía escaso currículum propio, la cohorte de admiradores que acumulaba entre sus colegas quedó reflejada en los rutilantes créditos impresos en dicho homónimo trabajo, un álbum que desempolvaba esas composiciones que nunca había dejado de escribir y que ahora, bajo el auspicio del potente sello Asylum Records. iban a tomar forma a través de una silueta que hacía de su vitriólica sonrisa una careta con vistas al precipicio. 

Si el almanaque de colaboradores que tomaron parte en la grabación de dichas canciones era una cartografía del soft-rock más canónico, abasteciéndose de formaciones como Fleetwood Mac, los Eagles o Bonnie Raitt, el estilo adoptado por el todavía veinteañero era todo lo contrario a un acomodaticio responso en dicha escena. Sus composiciones partían del acervo tradicional pero se desplegaban sabedoras de que el rock podía ser un paisaje con las suficientes ramificaciones como para no apostarse en una esquina fija, una flexibilidad sonora que además era la natural demanda requerida por unos sublimes textos que adoptaban la forma de pequeñas perlas narrativas donde convivían el costumbrismo, la sátira de escozor sentimental y por supuesto una túnica existencialista. Al igual que todo un continuo de escritores como Tennessee Williams, F. Scott Fitzgerald, Sam Shepard o Raymond Carver, Warren Zevon recogía esa herencia consistente en participar activamente de ese tumultuoso circo social y en paralelo oficiar de taquígrafo ágilmente inmisericorde.

Como cualquier gran autor que se precie, la mente creativa de Zevon era un domicilio capaz de albergar estancias para episodios autobiográficos, ejercicios de observación y radiografías trascendentes, ingredientes que lejos de distribuirse de manera independiente a lo largo del repertorio se funden con esbelta naturalidad para procrear su propio e identificativo espacio artístico. Una convergencia perfectamente enhebrada en temas como "Frank and Jesse James", donde la nada ilustre trayectoria final de los Everly Brothers se encarna a través de un espacio mítico como el del country western, otorgándoles una vida metafórica en el cuerpo de dos de sus más icónicos cuatreros que cabalgan con ese particular, e inimitable desde entonces, cruce de caminos entre los Eagles, Kris Kristofferson o Randy Newman. Personajes en conflicto con su entorno que será uno de los pilares conceptuales que acompañe a todo el repertorio, papel por supuesto también asignado a sí mismo en la ingeniosa "Desperados Under the Eaves", donde la anécdota respecto a una verídica estancia en el Hollywood Hawaiian Hotel que no siempre significaba el abono de sus facturas, se traduce en una épica epopeya entorno al fracaso, una reflexión sostenida por imágenes tan elocuentes y estremecedores como la agazapada tras la incógnita “¿No parecen los árboles ladrones crucificados?”. Tampoco se verá exenta de habitar sus temas la madre de uno de sus hijos, camuflada en la identidad de una mujer que en "The French Inhaler", escoltada por un tono más solemne, el que caracteriza por ejemplo a alguien como Harry Nilsson, encuentra en el sexo esporádico el único medio de aceptación. Escenas de planes nunca consumados con éxito que se acomodan en dos preciosas y especialmente logradas baladas, porque si "Hasten Down the Wind", versionada más adelante por Linda Ronstadt, resulta una instantánea en ruinas, uno de sus estandartes compositivos, "Carmelita", significa una historia de amor escrita con una aguja inyectada de heroína. Erráticas andanzas que mientras en "Mohammed's Radio" hacen de la música, aquí entonada tierna y profunda a la manera Gram Parsons o Townes Van Zandt, única vía de escape para la precariedad laboral, "Backs Turned Looking Down the Path" es una luz de fuga mucho más consistente, el íntimo deseo de habitar otra realidad no subyugada ante el idioma del caos.

Si ya en los tiempos rítmicos más relejados es perceptible esa inercia por no sucumbir musicalmente a la decadente sustancia anímica, vistiéndoles de una casi amabilidad sonora, ese aspecto se materializa con mayor expresividad, resaltando todavía más esa dicotomía aparentemente opuesta, cuando es el acento rock quien asume la tutela de las canciones. Las elegantes trazas de "Mama Couldn't Be Persuaded", asignadas por ejemplo a la escenificación de Elton John, delinean el dramático pasado familiar propio, mientras que el desenfreno en forma de rock and roll clásico de "Poor Poor Pitiful Me" esconde entre sus pasos de baile el llamado trágico del suicidio. Un escenario, absorbiendo primero las raíces del blues bullicioso en "I'll Sleep When I'm Dead" y recogiendo el contorsionismo del funk para configurar "Join Me in L.A.", presentado en su carcasa como una celebración ininterrumpida pero que sin embargo late al son marcado por una peregrinación de cadáveres y fantasmas. 

Warren Zevon no solo aceptó la ruta que el oscuro destino había trazado para él, sino que convirtió ese itinerario asignado en una desaforada carrera para atravesarlo a la mayor velocidad posible. Alcohol, drogas, armas de fuego y violencia no fueron un ajuar exhibido como parte del espectáculo, era la más cruel realidad de su paso por el mundo, finiquitado un 7 de septiembre del 2003. Como en una suerte de resignación divina, asumió dicha naturaleza e hizo de ella un incendio en combustión continua, sabedor de que esa calcinada existencia era el mejor sustento para su inspiración artística. Decidió de esta manera dar sepultura a la persona para alentar un imaginario creativo que concibió un tesoro de particular naturaleza, magistral en su materialización bajo un gesto irónico por el que asomaba el desgarro más absoluto. Las canciones de este disco son un extraordinario reflejo de esa condición, pero igualmente representan el grito de auxilio de quien maldecía una condena a la que solo pudo enfrentarse, paradójicamente, alimentando ese carácter autodestructivo hasta extraer de él un bello fruto. El único camino en busca de la salvación consistía en inmolar su presente para conquistar la inmortalidad como músico.

Xoel López: “Oniria popular”


Por: Javier Capapé. 

¿Estamos en continua lucha? ¿Nuestra vida es una batalla inconclusa? ¿Necesitamos el enfrentamiento para encontrar la paz? Alrededor de estos términos se mueve el nuevo disco del inclasificable Xoel López. El coruñés presenta su sexto trabajo bajo su propio nombre y apellido con el sugerente título de “Oniria Popular” y, pese a que lo onírico está muy presente en todas sus composiciones, es quizá “la batalla” lo que más sale a relucir en estas sugerentes canciones pop. Un disco en el que se respira tensión entremezclada con esos matices tan brillantes en lo instrumental. Vuelve a expresarse desde lo profundo pero sin perder sus característicos tonos luminosos. Estas once canciones consiguen que volvamos a reconocer en Xoel al artista incansable que nos reta a cada paso, que pone las cosas más difíciles de lo que pueda parecer en un primer momento a sus oyentes, pero que a la vez consigue que todo eso fluya y penetre en nosotros de una manera ligera. Su música está cada vez más cerca de lo popular y universal, pero no por eso es menos exigente. Porque en lo aparentemente sencillo hay mucho más trabajo que en lo que pueda parecer más experimental. Conseguir que su música entre con facilidad en nuestras vidas no es una tarea nada sencilla. Es más bien una labor de orfebre que conoce muy bien a su público y que no se conforma con dar únicamente lo que se espera de él, aunque, ¿qué esperamos en realidad de Xoel López? Porque no hay un disco suyo que no plantee nuevos retos, que no arriesgue y construya un maravilloso universo en expansión del que siempre nos queda algo por explorar. Nos lleva por todo tipo de recovecos y, aunque nos resistamos, nos seduce y atrapa. No es que domine los trucos de magia, es que su música ha adquirido el calificativo de mágica por sí misma.

El trabajo de “Oniria Popular” vuelve a dejarnos boquiabiertos. Puede que nos despiste en un primer momento (sus singles de adelanto quizá hayan barajado en exceso la mano que nos quería presentar), pero una vez entramos todo empieza a cobrar sentido. Puede que sea su disco más cohesionado, al menos en lo que a temática se refiere, pero de lo que no hay duda es que vuelve a incidir en la experimentación instrumental como el ingrediente principal de su nuevo “caldo”, sin separarse de su acertada mano con el pop al que ya hemos hecho referencia, ese que ha gestado entre los sueños que le sugieren y le susurran al oído el germen de sus canciones. Y en esa temática que lo une todo está esa lucha que planteábamos al principio. El ser humano en constante estado de alerta, librando sus múltiples batallas.

Esta colección de canciones abre y cierra en bucle, con esos “Campos de Castilla para siempre”, en la que mezcla de “Camino Soria” a “Strawberry Fields” con ese brillo que aportan sus guitarras cristalinas y las cuerdas como argamasa de base. Un tema cargado de referencias literarias en el que “el amor valiente” del propio coruñés se entrelaza con los versos machadianos de “Cantares”. Desde Castilla “se hace camino al andar” con la coletilla de ese “para siempre” que nos indica a dónde regresar, en qué lugar encontrar el sentido a nuestros sueños. Por eso mismo, la canción funciona como alfa y omega, y precisamente con este subtítulo, “Omega”, se apaga el disco en un perfil más pastoral. Del brillo pop del principio a la esencia acústica del final, pero ambas canciones unidas por esa tradición de lo popular como derecho inapelable del ser humano en búsqueda.

Las relaciones humanas copan parte del grueso lírico de las nuevas composiciones del gallego, así “Cupido (muerte al amor romántico)” no se hace esperar. Xoel dobla su voz en esta canción durante todo su desarrollo consiguiendo un efecto vocal más que interesante. Parece que estemos ante un coro nutrido de voces, cuando en realidad es Xoel en bucle. Los aires a los ochenta conducen el tema entre la percusión electrónica y la orquesta de fondo, mostrando una forma directa y a la vez respetuosa de decir adiós. ¿Existe ese amor romántico que nos sugiere su título? A decir verdad, y una vez escuchada su letra, parece más bien que es una quimera, llegando así al concepto del conflicto sobre el que gira el álbum, a esa batalla que se hace presente en el tema que la lleva por título. En “La Batalla” mandan las teclas, ya sean sintes, órganos o pianos. Crean una atmósfera asfixiante con esos patrones rítmicos sincopados que parecen trastocar cada verso, manteniéndonos en alerta. Una producción que adelanta la percusión y la voz por encima de la orquesta y que en algunos fragmentos recuerda a Aute por cómo entona y da énfasis a ese enfrentamiento omnipresente. La belleza de Aute se transforma aquí en la batalla, pero el efecto que nos deja es similar. Valiente y convincente.

No nos olvidamos de que el universo del gallego se escribe con las cuerdas de una guitarra y cierto es que entre estas canciones tampoco faltan. “Mundo flotante” es la primera apuesta fuerte por las guitarras acústicas (y también españolas) que además se adorna con un toque de melódica muy interesante, otro de los instrumentos que destaca en varios temas del conjunto. Este “Mundo flotante” nos lleva hasta el ya mítico “Atlántico” por sus formas más limpias, derrochando espontaneidad y ligereza. Sin embargo, su letra no es precisamente amable y nos recuerda que este mundo en el que vivimos no es exactamente “el mundo que te abraza”, aunque en contraposición a esta crudeza está el abrazo que sentimos con “Sombras Chinas”. El que fuera primer adelanto del disco es un híbrido entre el pop limpio y la música coral gracias a la aportación del magnífico coro de Las Veredas que marca toda la canción. Compuesta junto a uno de sus habituales, David Quinzán, cuenta con referencias a clásicos como Janis Joplin, David Bowie, Bob Dylan, Violeta Parra o Joan Manuel Serrat. Una paleta cromática de lo más ecléctica que define a nuestro protagonista perfectamente. Sin importar estereotipos ni modas, solo la música como vehículo en un atrevido experimento sonoro tan sólo al alcance de unos pocos por esa forma tan desprejuiciada al asumir riesgos.

La segunda parte del disco comienza con “Tronco y raíz”. La guitarra sostiene la canción más cercana a la música de autor del lote, aunque en su desarrollo va cargándose con más fuerza, pero sin perder esa cierta ingenuidad que la recorre. En esa línea continúa “Enséñame”, de apariencia sencilla pero con muchos matices y de nuevo con la orquesta de base, una seña de identidad de este conjunto, que además presume de dirigirla el propio Xoel, junto con su mano derecha Adrián Seijas, con el que se reparte todo el resto de la instrumentación. Los dos encaran con gran solvencia guitarras, bajos, pianos, sintes y todo tipo de percusiones como si del disco de un dúo se tratase, pero en realidad escuchamos a toda una banda. Un trabajo fantástico rematado por la excelente mezcla de David Greenbaum.

“Crujidos y fantasmas” vuelve a contar con más melódica (¡hay que ver lo que se puede hacer con este instrumento de tan sencilla apariencia!). Una canción con mucha potencia pero a la vez con una instrumentación accesible y una guitarra española que le da ese carácter cercano. Aunque, a decir verdad, a mí me recuerda sin poder evitarlo, a algunos pasajes de aquel “Both Sides” de Phil Collins con el que el británico se enfrentó a la crisis de los cuarenta. El coruñés está en la de los cincuenta más bien, pero esa sensación de desasosiego e incluso miedo al enfrentamiento (aunque también liberación a la par) se respira tanto en este disco como en aquel de las “dos caras”, salvando las distancias. Esta comparación me lleva, casi sin querer, a relacionarlo con “Caldo Espírito”, donde las comparaciones nos llevaban hasta Peter Gabriel (especialmente en temas como “Glaciar”), curiosamente compañero de Collins en Genesis y con el que compartió tanto. Es solo una conexión curiosa, pero me encantaría pensar que no son simples coincidencias.

El “Monstruo final” que nos está llevando a los últimos compases del álbum es brillante, con una guitarra rítmica emparentada con los mejores Talking Heads, volviéndose adictiva gracias a su pulso y fuerza expansiva. Xoel se desgañita en el fantástico estribillo, sin duda de lo mejor y más contundente del disco, donde vuelve a aflorar ese choque frontal tan presente, esa “única y gran batalla que perdemos para poder ganar”, ecos que vienen desde el que fuera el certero adelanto de todo este universo, “Sombras Chinas”, y que aquí vuelven a hacerse muy presentes. Todo para llevarnos a nuestros sueños más profundos (y también más oscuros). “Oniria” tiene toda la ensoñación que sugiere su título y son los pianos los que la sostienen y le dan ese toque más solemne u oscuro, diferenciada de todas las demás, en las que son las seis cuerdas las que nos permiten elevar el vuelo. Quizá con la que más tiene que ver es con “La Batalla” (¿he dicho ya que engancha hasta convertirse en una obsesión?), también dominada por los sintes, pero es que en realidad todo el disco puede entenderse y seguirse gracias a sus conexiones, tanto estilísticas como líricas. Un cierre intenso y espectral que deja las miguitas de pan en el camino para despertar con esa reinterpretación de la canción que abría el lote, como ya hemos señalado. Un disco bucle, conectado desde todas sus aristas. Es a la vez un juego de emociones y autoafirmación. Unas canciones que pueden convertirse en tótem para nuestros momentos de duda e incertidumbre, esos en los que pedimos no huir y dejar de escapar, a pesar de enfrentarnos a nuestras múltiples batallas, entendidas más como superación que como lucha. En definitiva, once canciones para acompañarnos en nuestros numerosos conflictos, esos que, aunque no queramos, nos definen y están presentes en cada rincón de nuestro inabarcable lienzo vital.

Gussy: "Somos más felices de lo que nos pensamos”


Por: Txema Mañeru. 

Séptimo disco de estudio del navarro Gussy, que nos trae un estupendo, y muy bien traído, título, como es "Somos más felices de lo que nos pensamos” (El Gringo Autoediciones). Actitud positiva y optimista ante los avatares personales de la vida y la situación de absoluto caos político y social a nivel mundial. De nuevo bajo su propia producción y en su estudio de Iruña, se trata de once canciones que forman un equipo para hablarnos del amor y de la guerra, de la muerte y de la amistad, pero siempre con un mensaje de optimismo bien plasmado en el título del mismo.

Y eso que han pasado menos de dos años, aún, desde su anterior trabajo. Un “Inercia” (El Gringo Autoediciones) a nombre de Gussy & Los Tripulantes con momentos tan destacados como esos guapos aires country folk con piano y acústicas en "Netflix". También destacó en dicho trabajo el dueto con Kutxi en la chula y cruda historia de "Mala vida buena Gente’. Buenas eléctricas de Carlos Lorente encontrábamos en la destacada "El cantante" y también brillaba la voz de María Mateo en "Infinito" y la presencia de Raúl Elizalde en el destacado tema country, "El movimiento". Canciones que sigue tocando en sus buenos y cálidos directos.

Pero regresando al nuevo disco, decir que comienza con el segundo single del disco, "Desencanto", y su clásico rock americano de raíces y ecos en guitarras eléctricas y armónicas, bien arropadas por el excelente órgano, a Neil Young, Quique González, Mikel Rentería & The WOP Band o el mismísimo Bob Dylan. Todo entorno a un estribillo trufado de buenos y sentidos punteos. Cuenta con un vistoso vídeo, por cierto. Sigue el primer single "¿Qué hacemos aquí?’ con destacados coros y guitarras y pausas al estilo del mejor J.J. Cale, pero también con aires más cercanos en el tiempo al mejor indie rock. Continúa "Kiev", en la que nos habla, sí, sobre la guerra y acaba atacando, lógicamente, a los políticos que nos meten en estas historias. En este caso aupada por acústicas en una buena balada con aromas a Joaquín Sabina.

Los aires country-folk, habituales en todos sus discos, toman presencia en una estupenda "No nos enteramos’ que finaliza con la frase que titula el disco y que gustará a fans de Los Secretos en su onda campestre o a The Wild Horses. Gussy canta, produce, compone y toca un montón de instrumentos. Entre los acompañantes vuelve a destacar el gran trabajo en los teclados de Carlos Colina que toca también junto a su destacado paisano, Edu Errea, pero también con su propio y recomendable proyecto como Carlos Colina Y Los Otros, además de Ciento Volando. Y sí, es sobrino del gran contrabajista de flamenco y jazz, Javier Colina. Siguen los aires a Dylan y la buena armónica y el Hammond en la lenta y melódica "No sé cuánto te quiero’. Aires pop-rock y otro buen estribillo en una "Sigue soñando" de igual título e historia a la de un tema de Mikel Rentería & The WOP Band. "Canción de despedida" es una bonita y pausada canción de amor, aunque sea de amor ya roto. Más cálidos efluvios country-folk viajan en "Los aviones". La amistad es bien tratada en una"Cada vez menos" con guitarras más agresivas. Tras asirse a la realidad cotidiana en "Cerca del suelo’, no podía acabar este nuevo disco más que de la manera más desnuda con la acústica "Pasan los días", tan sólo con su guitarra, al armónica y su, siempre, cálida voz. Tiene una parte narrada realmente emocionante.

Estupenda presentación en triple y cuidado digipack con un amplio libreto a todo color, con las siempre interesantes (en esta ocasión casi más que nunca) letras. Puedes conseguir sus discos y saber más de él en la web gussycanciones.bandcamp.com o escribiendo a gussy@elgringo.es. ¡A ver si alguien se anima a traerle por aquí a oír estas buenas historias en forma de pegadizas canciones!

Quico Rivas: “Lo que dura una canción”


Por: Javier González. 

Escrita allá por 1980, pero publicada recientemente, “Lo que dura una Canción” es la novela iniciática de Quico Rivas, crítico de arte, comisario de exposiciones y escritor, entre otras mil pieles más. Algo que muestra bien a las claras su archivo personal, custodiado con celo entre la Biblioteca del Museo Nacional y el Centro de Arte Reina Sofía, a la espera de la visita indiscreta de investigadores y fisgones que busquen información y detalles acerca de versos sueltos de nuestra cultura más desconocida, aquella que no goza de eco mediático, ni con el favoritismo partidista, ni tan con luces de neón costeadas con dinero público. 

Aunque referirse a “Lo que dura una Canción” como un libro es jugar al reduccionismo más hiriente. En su favor podríamos hablar de esta narración como una suerte de espejismo, e inclusive del eco de una voz lejana que rumorea sobre la existencia de un oasis situado en mitad del páramo tardofranquista, donde una serie de circunstancias político-sociales hicieron germinar un sueño imposible cuyo epicentro tuvo lugar en Sevilla, ciudad que tras los Pactos de Madrid, firmados en 1953 entre las autoridades de nuestro país y Estados Unidos, se aprovechó de su cercanía respecto a las bases americanas, disfrutando de un intercambio cultural que removería los cimientos de la capital andaluza, dando paso a un terremoto underground cuyas consecuencias todavía podemos sentir en la música que actualmente se factura en la ciudad del Guadalquivir

Una sacudida ibérica, exótica, utópica y de corta vida que apareció en un lugar insospechado como reverberación del año 68, al más puro estilo de una supernova fugaz, cuya realidad resulta dudosa, pero que sin embargo existió, siendo tan certeras las pruebas del suceso como lo son las páginas de esta novela tan altamente disfrutable que pasea por los recuerdos,  divagaciones, vivencias y emociones del propio Quico Rivas, pero en la que también cobran especial protagonismo las andanzas de su amigo del alma, el viajero Fali, y la presencia ficcionada de su frontman favorito, Carlos Pinball, vocalista y líder de Los Flippers, principal trasunto de tandas y tantas bandas que llegaron a rozar el éxito con la yema de los dedos, para a renglón pasar a engrosar el más glorioso de los olvidos en la memoria de nadie. 

Sobre esta potente e interesante base, que el bueno de Quico cose con total acierto, se cimenta la obra, pues aquí hay un relato que se desarrolla entre lo cierto y la ficción, las situaciones y ubicaciones presentadas se muestran reales, aunque ciertos nombres jueguen al despiste, tomando retazos de historias que entremezclan a distintos personajes, bandas y vivencias, cuyas andanzas tendrán reposo por el barrio de Triana y Santa Cruz, la discoteca Dom Gonzalo, los jardines de Murillo y el Parque de María Luisa, inmortalizado por Smash, presentes en el relato, en su gloriosa “Glorieta de los Lotos”, escenarios donde la juventud, melenuda, hippie y grifota, sueña, ama y hace el amor libremente, bebiéndose el espejismo de acracia en largos y lisérgicos tragos mientras dura una fiesta, que como se muestra hacia el final de “Lo que dura una Canción”, no tuvo continuidad real en el tiempo, desvaneciéndose como el alba de la mañana, pero perviviendo en el espíritu y en el alma interna de una ciudad que hoy en lo musical sigue teniendo ecos de dicha pulsión creativa psicodélica.

Como apunte curioso debemos comentar que “Lo que dura una Canción”, tiene parada y fonda en otro de los grandes mitos que comienza a asomar su patita en este período sesentero; evidentemente nos referimos a la presencia de Silvio Fernández Melgarejo, el que fuera integrante de Gong y Smash como batería, antes de comenzar su particular y peculiar singladura bajo su propio nombre. Algunas de sus historias aparecen, noveladas o no, a lo largo de estas páginas, complementadas en una preciosa y precisa introducción por la firma de Fran G. Matute, conocedor de las andanzas de esta etapa y de la vida y obra de Quico Rivas, quien ya estampara su sapiencia en el fenomenal “Esta vez Venimos a Golpear”, que gira también sobre este período, al que se sigue dotando con brillantez de una literatura que bien merece un momento único de nuestro rock más libertino y que ahora ve engrosar sus filas con una novela escrita en primera persona, valiente y vital, que nos recuerda que los sueños de juventud merecen ser vividos con entusiasmo y sin medida, porque aunque la terca realidad acabe por imponerse, no hay nada más bello que dejar por escrito que lo que una vez ocurrió fue real y caló profundamente, legando para siempre una huella eterna de la que nuestra escena actual sigue bebiendo con ansia.

Diego Arroyo (Veintiuno): “Lo que quiero es tirar adelante y exponerme a lo que pueda pasar”


Por: Javier Capapé. 

Vienen una y otra vez a mi cabeza estas siglas: EUBDDYE. Reconectan mi cerebro con Delirio y Equilibrio, los personajes protagonistas del último disco de Veintiuno, publicado hace poco más de un año. Por eso mismo me vuelvo a encontrar con Diego Arroyo, principal compositor y alma de la banda toledana, que en los últimos meses ha publicado varios singles en la misma línea del ideario que se respiraba en su particular “Balada” y que han concluido con la publicación de “Troya” y su presentación el pasado 22 de abril en el Planetario de Madrid. “El Último Baile de Delirio y Equilibrio”, eso podrían sugerirme esas siglas, a la par que los singles que nos han desgranado esa continuación de su obra más lograda hasta la fecha.

“Pide un deseo por mí” llegó el pasado septiembre, para después llevarnos hasta la nueva versión de “Puñalada” y, ya en este 2026, el díptico de “Vidas Pasadas” y “Troya”. Cuatro canciones que conformarían la versión completa de la “Balada de Delirio y Equilibrio” y que nos sirvieron como excusa para esta charla que nos llevó también a ahondar en el imaginario del universo en el que se mueve la banda, así como en los estímulos que conducen el trabajo de su creador o la gira que todavía les mantiene ocupados.

La letra de este último single de los toledanos, que cierra un ciclo y nos concede un último baile, dice: “Tal vez hacer todo al revés al final sale bien”. Una invitación a atreverse a decir que sí, afirmando que merece la pena seguir e intentarlo. Diego Arroyo y su banda son un ejemplo precisamente de esto. De un grupo que no se rinde y que apuesta hasta el final por su obra, esa que cada vez está más cerca de coronarles y hacerles tocar el cielo con sus propias manos.

Encantado de hablar otra vez contigo, Diego. Hace un año estuvimos charlando sobre “Balada de Delirio y Equilibrio”, por eso, antes de empezar a hablar de “Troya” quería preguntarte cómo habéis llevado este tiempo, este año tan intenso con el disco. ¿Con qué sensaciones nos lo podrías resumir? 

Diego Arroyo: Hay una muy gratificante, que además está vehiculando un poco algunas de las entrevistas que nos están haciendo, porque algunas de vuestras preguntas nos hacen pensar sobre ello, y es que en la propuesta del último disco había una cosa que hemos empezado a hacer, que era trabajar a fondo un imaginario propio y esperar, desear y ambicionar que la gente conectase con ese imaginario. Y ha pasado. Nuestra comunidad, la gente que nos sigue, de pronto ha conectado con ello. Entran a los juegos, a las cosas con las que hemos construido ese imaginario y nos devuelven muchísimo. O sea, que ha sido un flipe. 

De hecho, ya que hablas de este imaginario, es algo que se ve en lo que habéis hecho con estos lanzamientos. Así que vamos a hablar directamente de la sorpresa del otro día, el pasado miércoles 22 de abril. Ese día presentasteis “Troya”, un lanzamiento rodeado de seguidores que habían estado muy atentos a vuestras redes, a las señales que habíais ido dando. ¿Cómo fue la experiencia del Planetario? 

Diego: Pues muy guay, porque no habíamos indicado el sitio en el que sería. Solo estábamos jugando con decir un día y una hora y luego teníamos que esperar a quien estuviese atento, sobre todo a las píldoras que habíamos dejado de la canción, que ya hacían referencia al Planetario, pero de manera elíptica, claro. Ahora es muy evidente porque hemos estado allí, pero podía haber sido cualquier sitio. También podía haber sido una figura abstracta o cualquiera de las estrofas. Pero al final fue genial porque de pronto se plantaron como quinientas personas allí. Vamos, ¡una locura! Ha sido muy bonito, la verdad. 

¿Y por qué presentar esta especie de capítulo final o de cierre en el contexto del Planetario? ¿Es por la letra de la canción o había algo más de juego? 

Diego: Es por la letra de la canción, sí. Cien por cien. Porque pocas veces tienes la excusa metanarrativa de poder presentar una canción en el sitio en el que la has escrito. Es la segunda vez que lo hacemos, porque “Pide un deseo por mí” es una canción que hace referencia a un lugar que fue muy importante para su escritura, que es la Playa de Aguilar, en Muros. Y ahora dijimos, pues ya que tenemos esta referencia al Planetario en “Troya”, ¿por qué no hacemos algo en Madrid? Y así ha sido. 

A pesar de que me comentas que estuvieron como 500 personas viendoos, ¿también hubo algún sustillo con la policía por ahí cerca? 

Diego: Ahí estuvieron, sí (risas). Era presumible que hubiera policía porque hay un cuartel en frente del Planetario, pero fueron muy educados. Pararon un poco el coche, miraron lo que había y les debimos parecer inofensivos. Desconozco qué pensaron, pero el caso es que no nos multaron. 

 “Hemos empezado a trabajar a fondo un imaginario propio y esperar, desear y ambicionar que la gente conectase con él” 

Dices que Troya nace del impulso de “comenzar a decir que sí”. Y nos recuerda que merece la pena seguir e intentarlo. ¿Por qué es ahora momento de decir que sí? 

Diego: En nuestro caso porque este ha sido un año magnífico, pero también complicado, y “Troya” se escribe en un momento, que además puedo datar exactamente en mayo del año pasado, en el que nos enfrentábamos a afrontar una serie de conciertos con una deuda por parte del impago de una ticketera que nos dejó un agujero muy grande, además de otros problemas personales que tampoco voy a citar. Fue un momento en el que notas que todo el mundo te está diciendo que pares, que no te metas en líos, que no te compliques, que aguantes… y sin embargo pensar: “es que a lo mejor no quiero hacer esto, a lo mejor lo que quiero es tirar adelante y exponerme a lo que pueda pasar”. 

Por eso la letra dice “tal vez hacer todo al revés al final sale bien”. 

Diego: Efectivamente, exactamente por eso lo dice. 

Es darle la vuelta, de alguna manera, a los reveses que nos pueden pasar. 

Diego: Sí, un poco. Desde luego nace de ahí. 

No sé si me equivoco al plantear “Troya” como el capítulo final de la etapa de “Balada de Delirio y Equilibrio”. ¿Es cierto esto? 

Diego: En lo narrativo yo creo que es cierto, sí. 

¿Y a nivel de sensaciones o de pensar y sentir que vosotros cerráis una etapa o capítulo y empezáis algo nuevo? 

Diego: No sé si empezarlo, porque aún estamos inmersos en esto, pero sí que queríamos que incluso visualmente, el díptico que forman “Vidas Pasadas” y “Troya”, fuese, no diría tanto un cierre, como un broche. Queríamos darnos ciertos placeres que nos hemos dado. Como enseñar el final visual de una historia y establecerlo de una forma onírica y algo poética. Y también poder hacerlo, por ejemplo, en Toledo, que es algo que nos ha encantado, porque hacía mucho tiempo que queríamos rodar algo en casa. Teníamos la oportunidad de acceder a ciertos espacios muy peculiares, y hacer de eso parte de nuestro imaginario nos apetecía muchísimo. 

Desde el pasado septiembre lanzáis tres singles y con “Troya” ya serían cuatro, que no estaban dentro del disco, salvo la versión de “Puñalada”, que siguen esa línea, ese toque confesional. A mí lo que me ha llamado la atención, me imagino que muchos también os lo estarán preguntando, es el subtítulo que aparece en las portadas de estos singles. Esas siglas EUBDDYE que tienen relación con “Balada de Delirio y Equilibrio” y que yo no sé si interpretar correctamente como “El último Baile de Delirio y Equilibrio. ¿Es algo así? ¿De dónde vienen esas siglas? 

Diego: Desde luego encaja. Lo que acabas de decir coincide con las siglas correctas y tiene mucho sentido desde mi punto de vista, pero no sabría decírtelo con certeza. Tendremos que esperar un poco. 

“Con la “Balada” nos hemos encontrado con un traje que nos gusta y nos hace sentir cómodos y en el que creíamos que podíamos explorar más todavía” 

Así que estáis como dando ese último baile, pero todavía esperando ver qué es lo que os puede dar. 

 Diego: Efectivamente. Al menos estamos desgranándolo y enseñando cosas, sí. Hemos estado todo este año trabajando. De ahí sale “Pide un deseo por mí”, “Vidas pasadas”, “Troya”, esa versión distinta de “Puñalada”, y salen otras cosas también. A veces hemos sentido en el pasado que nos hemos apresurado mucho en correr y cerrar una etapa en algún momento bueno de la banda. Cerrarla y pasar a la siguiente. Y digamos que con la “Balada” nos hemos encontrado con un traje que nos gusta y nos hace sentir cómodos y en el que creíamos que podíamos explorar más todavía. Nos hemos dedicado todo este año a explorarlo. Hay cosas que se han visto, como lo de “Puñalada”, que además es muy bonito porque poder involucrar a otros artistas creo que trae nuevas dimensiones a las canciones, que es lo que nosotros queríamos, sacarlas de donde estaban y llegar a lugares nuevos, además de tener también canciones inéditas. Así que estamos haciendo un ejercicio muy estimulante que para nosotros es nuevo. 

No sé si se puede decir, pero ¿habrá alguna otra canción inédita todavía en la recámara pensada para este baile o no? 

Diego: Te puedo decir que no se puede decir (risas). 

Bueno, entonces seguiremos a la espera. Seguiremos ahí como los fans en las redes mirando a ver por dónde salís y nos avisáis. 

Diego: Claro, así es. 

¿Qué conexión concreta tendrían estas canciones con el disco que lanzasteis? Porque también variáis un poco la tonalidad. Pasabais de ese rojo y negro que teníamos en “Balada” a este azul que, de alguna manera, puede representar esa interiorización o reflexión. ¿Cómo encajáis todo esto? 

Diego: Bueno, de hecho eso incluso está intencionado en el díptico de “Vidas Pasadas” y “Troya” porque la tonalidad de la que venimos, los rojos y negros, están en el vídeo de “Vidas Pasadas” y dan paso a los azules, que es donde está “Troya”. Digamos que estamos jugando con ese lenguaje. Al final, el imaginario artístico, narrativo y plástico se construye de una forma que para mí no es lineal y son una serie de fuentes alimentándose unas a otras. Igual que, por ejemplo, ya en la portada de la “Balada” había referencias a “Vidas Pasadas”, como una de las muchas que tenía el álbum, ahora vamos recogiendo parte de esa siembra que habíamos dejado en el disco, reordenándolo y reconstruyéndolo hacia el último baile, que es lo que tú has dicho. 

“Sentíamos que había otras vías a explorar y otros caminos que podíamos coger más adelante”

Por lo tanto, si esas referencias ya estaban incluso en la portada, en realidad, estas canciones vais presentándolas ahora, pero estaban ahí detrás, desde el principio, como quien dice. 

Diego: Sí, aunque todo no. Hay como una ambición de “master mind” de querer decir que todo estaba cerrado, pero no es todo así. Había muchas cosas cerradas, cosas que llevábamos trabajando dos años. Algunas más o menos atadas y otras que te vas encontrando por el camino y se van puliendo y cerrando hasta acabar convirtiéndose en lo que son. Cuando salió la “Balada” hubo cosas que nos gustaban mucho y pensábamos: “¿esto lo sacamos ya o esperamos un poco?”. Vamos a esperar un poco porque tenemos tiempo, tenemos una gira que probablemente va a durar dos años o más. Podemos explorar esto con calma. Vamos a darle a cada cosa el peso ponderado y el espacio que merece. Y estamos trabajando en esa dirección. Sí que intentamos que el disco tuviese una entidad propia, completa y cerrada, o sea, no dejarlo cojo, pero sí sentíamos que había otras vías a explorar y otros caminos que podíamos coger más adelante. 

“Balada de Delirio y Equilibrio” tenía en sí una línea argumental todo el disco, que se podía leer incluso en pequeños capítulos, y claro, ahora, al introducir estas canciones, ¿habría un nuevo orden para el disco? ¿Quizá ese nuevo orden nos pueda llevar a una nueva edición completa de la “Balada” metiendo estas canciones?

Diego: Yo creo que eso sería increíble, la verdad. 

Claro, porque la cuestión no es dejarlas para el final como quien hace una edición con bonus tracks, sino introducirlas en el contexto, que es lo bonito. 

Diego: Eso es, ya que lo abres, vamos a ver cómo puede hacerse. “Vidas Pasadas” nace de la idea de explorar todos los caminos posibles. Por ese motivo casi que existe la canción y desde esa premisa hemos trabajado, por ejemplo, como con lo que hicimos con Yarea. Hicimos “Puñalada”, pero es “Puñalada” reimaginada en su producción, en su enfoque y también en su letra. Cuando entró Yarea, ella conocía el disco, había manifestado públicamente el cariño que le tenía al álbum. Y por eso mismo pensamos “¡vamos a jugar!”. Y si entras, entra con lo tuyo, cuéntanos cómo lo ves y cuéntanos cómo choca e interseca esto en nuestro lenguaje con el tuyo para ver hasta dónde podemos llevarlo. 

Estás hablando mucho de “Vidas Pasadas”, más que de “Troya” incluso, pero yo quería preguntarte, porque cuando lo vi me llamó mucho la atención, de dónde venía ese juego de antifaces y máscaras que trabajasteis en “Vidas Pasadas” y de dónde viene ahora la corona de cartón que repartís entre los asistentes y que forma parte de la imagen de este último single. 

Diego: Las máscaras eran una metáfora visual muy sencilla y muy bonita de todos los que podríamos ser que no somos. De esa idea de que quienes somos podría cambiar a lo largo del tiempo. Y la corona es una referencia muy directa, muy gráfica y muy bonita de Basquiat. Si me preguntas de dónde viene su inspiración inicial es algo muy claro. Yo saco la corona del dibujo un poco abocetado y caótico que tiene la “Balada”. Lo dibujé mucho pensando en Basquiat. O sea, no tiene nada que ver mi dibujo con el de Basquiat, pero sí que hay algunos de los imagogramas que utilizaba Basquiat, como por ejemplo la corona, que a mí me gustan muchísimo, y de ahí empecé a jugar con la corona llevándome a sitios. Al final, cuando planteamos la imagen de “Troya”, de su vídeo y del díptico que conforma con el vídeo de “Vidas Pasadas”, ocurre el hecho de que cuando vienen a buscarme lo que me traen es una corona, un elemento muy poderoso y que gráficamente es muy descriptivo. Da como un foco, un vector de protagonismo que me encantaba como quedaba. De ahí viene trabajar con la corona. 

“Este álbum nos ha dado una coartada para poder jugar visualmente y hacer una puesta en escena muy especial” 

Hemos hablado de poner fin a esta etapa, pero es verdad que tenéis una larga gira todavía. Seguís con festivales todo el verano. ¿Qué tenéis preparado para dar importancia a estas nuevas canciones, que creo que se están convirtiendo, por la acogida, en nuevos clásicos del repertorio? 

Diego: Es verdad que proporcionalmente al tiempo que llevan esas canciones publicadas, probablemente éste sea el disco que más éxito en volumen de canciones en el repertorio ha tenido en lo que llevamos de banda. Quizá junto con “El Arte de Perder”, que tiene como dos o tres canciones que son absolutamente fijas en el repertorio. Este álbum nos ha dado una coartada para poder jugar visualmente y hacer una puesta en escena muy especial, tanto el año pasado como llevarla un paso más adelante este año, que es bastante más guay lo que llevamos. 

Estos días atrás rescaté un poco la “Balada” cuando sabía que iba a hablar contigo de nuevo, y veía que había muchas canciones que eran como si ya fueran clásicos. Un disco que solo tiene un año y que sin embargo ya está tan presente entre vuestros seguidores y entre la imagen popular de Veintiuno. 

Diego: Sí, efectivamente eso ha pasado. 

¿Hay planteados más conciertos o una gira más larga cuando acaben los festivales de verano? 

Diego: Probablemente hagamos más, pero reconozco que el deadline lo tenemos planteado en noviembre de este año. 

Por lo tanto, ahora sí que la historia de esta “Balada” terminaría cuando llegue el otoño. 

Diego: Eso es. 

Y si esta etapa se acaba, tú que eres una persona tan inquieta, ¿cómo rellenas el vacío que os deja tras tantos meses con un ritmo tan intenso? ¿Cómo volvéis a retomar el vuelo? 

Diego: Con muchas ganas, la verdad. Lo peor es parar. Para nosotros lo más difícil es cuando la gira para y todo lo que te llenaba las horas de pronto es un vacío. Intentamos que dure poco, aún sabiendo que hay que dejar reposar las cosas, y que necesitamos tiempo para poder articularnos, poder trabajar y poder desarrollar nuevas ideas. 

Es verdad entonces que ese tiempo de espera, que para nosotros puede ser un año o más, para vosotros es prácticamente nada. Un respiro y a seguir trabajando. 

Diego: No hemos tenido más de un mes libre en el último año. Mejor dicho, quince días. 

“Intento seguir una rutina de trabajo diaria y pasar toda la frustración que necesito hasta llegar a la obra” 

En la anterior entrevista me contabas que se necesita el aburrimiento para crear. Se necesita parar y empezar de cero. Sin embargo, ahora parece que me estés diciendo más bien que no, pero te quería preguntar si no te asusta que ese parar o intentar buscar las ideas desde cero te pueda dejar atascado, y si sigues algún método de trabajo organizado para que no te arrastre esa pereza. 

Diego: Sigo pensando que hace falta parar y aburrirse. En eso estoy completamente de acuerdo con mi yo del pasado. Las semanas tienen muchos días y creo que hay tiempo para aburrirse y divagar. Y sí, en respuesta a tu pregunta, intento seguir una rutina de trabajo diaria y pasar toda la frustración que necesito hasta llegar a la obra. 

Es decir, tiempo quieto poco, más bien buscando. 

Diego: Probando, equivocándome… todo el rato. 

No sé si hay alguna idea ahora que esto va concluyendo de por dónde os gustaría tirar o qué es lo que tenéis entre manos. Me imagino que habrá incluso alguna composición por ahí preparada. 

Diego: Sí, eso siempre está pasando, pero ahora mismo, si te soy sincero, en lo que estamos no solo es esta etapa de la banda, sino que además lo que hay por delante son exploraciones de caminos que pueden no ser. Una cosa que yo necesito y que estoy explorando es qué cosas podría llegar a ser la banda en el futuro, sin la prisa y la inmediatez de que tengan que serlo. Entonces, hay muchas cosas que estoy probando que probablemente no se hagan realidad casi ninguna de ellas, y sin embargo, una de ellas, en algún momento, acabará siendo la siguiente. 

Vuestro eclecticismo es un hecho. Es verdad que en vuestro aire se impone el pop, pero hay rock, hay funk, hay experimentación, que en este último disco había mucha. Además, tenéis cada vez unas armonías vocales más trabajadas. ¿Qué es lo que más te llama la atención de lo que estás escuchando, de lo que hay alrededor tuyo, para sumergirte en ello? No digo que tenga que materializarse eso en Veintiuno, pero ¿qué es lo que te gusta o te atrapa últimamente de lo que escuchas? 

Diego: Mi trabajo más grande, mi descubrimiento, mi inquietud satisfecha de los últimos dos años, mi exploración, tiene que ver mucho con el jazz. Nunca pensé que iba a abrir ese camino y esa vía, pero estoy disfrutando muchísimo de estudiar, de aprender y de escuchar muchísimo jazz. De coger el real book y entender las diferentes etapas que ha tenido y sus tendencias. Además, como tengo en la banda a un profe muy bueno, que es Xas, nuestro saxo y teclista, siempre tengo a quien recurrir cuando me pierdo, cuando no sé cómo tirar o cuando no entiendo algo. No sé ni si yo tengo el conocimiento ni si eso llegará a ocupar un espacio en Veintiuno, pero reconozco que he descubierto cosas que me están alucinando y que me está encantando escuchar y tocar. 

De hecho el saxo cobra cada vez más importancia dentro de la banda. 

Diego: Sí, y tanto. Sobre todo Xas, como persona y como músico, cobra mucha importancia porque nos nutre de muchísimas ideas y porque es una persona increíble, la verdad. Ojalá le conocieras. 

Con toda la gente que tenéis alrededor vuestro, con todas las colaboraciones de las que os rodeáis y con todo lo que parece que os empapáis de alrededor, ¿hay alguna novedad que os haya sorprendido últimamente que os haga pensar que es eso lo que os llama de verdad en este momento? 

Diego: Hay muchas, pero una de las últimas obsesiones de la banda que nos ha gustado mucho es Mk.gee. Es un artista que nos ha atravesado a todos y que algunas de sus cosas las hemos incorporado a la paleta de la banda. Diría que el último artista que más nos ha impactado ha sido él. 

Yendo a la esencia de cómo compones y trabajas, ¿en qué momento sientes que tu idea, tan hilada como vemos a nivel artístico, a nivel compositivo, a nivel imagen o concepto… en qué momento esa idea se convierte en canciones o incluso en una manera de plantear el concepto de un futuro álbum? ¿Cuándo ves esa luz? 

Diego: Cuando va tomando peso en mi cabeza y en mi ideario no consigo deshacerme de ello y al final siento que está suficientemente robusto y armado como para enseñárselo a los chicos. Es ahí. 

Me imagino que cuando estás inmerso en una cosa como una gira, con todo alrededor, es difícil salir para buscar ese nuevo concepto. 

Diego: No te creas, porque en la gira hay muchos tiempos muertos. La gira, siendo algo vertiginoso en su rutina, a veces tiene muchos espacios en blanco, más que en ningún otro momento, porque estás a menudo en una furgoneta y en un hotel en el que hay pocas cosas más que hacer que estar en lo que estás. 

“Una obra terminada significa que tú ya has dado ese capítulo por cerrado y que estás con la cabeza, inevitablemente, en lo siguiente” 

Hace poco, hablando con Bunbury, nos decía precisamente eso, que cuando él presenta un disco ya está totalmente en otra historia. Entonces no sé si te pasará exactamente a ti eso, pero es algo que me llama la atención, porque presentáis una cosa al mundo, pero vuestra cabeza ya está como en otro lado. 

Diego: Sí, claro, porque tú presentas una obra terminada. ¡Y más si lo dice Bunbury! (risas). Una obra terminada significa que tú ya has dado ese capítulo por cerrado y que estás con la cabeza, inevitablemente, en lo siguiente. Lo mejor que te puede pasar es que tengas otro siguiente. 

La verdad es que, de alguna manera, aunque me plantees que la historia se termina, es muy agradable ver que sigue habiendo capítulos en forma de canciones, en forma de singles. 

Diego: Sí, de momento los hay. 

Después de todos los artistas que están apareciendo como colaboradores en vuestras canciones, algunos que, como Yarea, le dan la vuelta a los temas, y otros que nos descubrís, porque yo he conocido a algunos artistas por colaborar con vosotros… 

Diego: ¡Ay, qué guay! 

Sí, bueno, mismamente a Yarea. Pero no solo atendiendo a los más punteros como Love of Lesbian o Iván Ferreiro, que han colaborado con vosotros, sino con estos otros que también sorprenden, ¿con qué otros artistas de la escena os gustaría compartir vuestras canciones? 

Diego: Hay artistas con los que tenemos una deuda de hace mucho tiempo porque nos identificamos mucho con ellos, como Rufus T. Firefly, o artistas de nuevo cuño que nos gustan muchísimo como Puño Dragón, o colegas o amigas con las que sobrevuela una relación, pero no todavía algo creativo, con los que yo quiero que acabe pasando algo y creo que acabará pasando. 

Ojalá, porque es verdad que sentimos que con vuestras canciones, más que una colaboración, es algo compartido, de alguna manera. Diego: Gracias. Antes de terminar, ya que esta entrevista tiene el origen en “Troya”, me gustaría filosofar un poco y preguntarte cuál podría ser vuestro “caballo de Troya”. ¿Cómo queréis seguir entrando en el universo de vuestra gente o de todos aquellos que aún no se hayan acercado a vuestra propuesta? 

Diego: Bueno, justo con eso. Construyendo un imaginario que, no por complejo, pero sí por rico, tenga algo que ofrecer a la gente que sigue a la banda y a la gente que quiere sumarse y tener la oportunidad de enseñarlo y que conecte. Esa es la debilidad que yo tengo. No tanto enseñar más, como ahondar en lo que ya tenemos. Buscar esa profundidad. 

uizá ahora, en el verano, que llega la época de festivales, eso es un poco más complicado, pero también hablamos en su día de que eso abre un poco la puerta a otros muchos que se puedan acercar a vosotros. 

Diego: Claro, pero por eso mismo empezamos a construirlo en otoño, desde que sacamos “Pide un deseo por mí”. Desde entonces estamos haciendo ese viaje para tener tiempo de hacerlo bien y llegar a todos. 

Ojalá sea un verano para vestir de largo estas canciones que de verdad entroncan perfectamente con la “Balada”. Canciones que sugieren mucho y en las que también me encanta su cambio de tonalidad al azul. Y ojalá poder ver y que se haga realidad esa edición con estas canciones formando parte de la “Balada” de forma completa. 

Diego: Muchísimas gracias, Javier. 

Que siga rodando la cosa y continuéis tan bien. Ya sabes que aquí en el Giradiscos os tenemos mucho aprecio. 

Diego: Lo sé, muchísimas gracias. Es recíproco. 

¡Nos vemos en los conciertos! 

Diego: Te mando un abrazo y espero que volvamos a hablar pronto.