Sala Mon, Madrid. Sábado, 6 de junio del 2026.
Texto: Begoña Serralvo.
Fotografías: BlockParty.
La edición 2026 del Blockparty se recordará, siguiendo términos casi bíblicos, por ser un auténtico camino de espinas, en cuestiones que van más allá de la calidad del mismo, y que superó con creces cualquier obstáculo. Tras el traslado forzoso a la sala Mon y la cancelación de última hora de Die Spitz, principal reclamo de cartel, se alteraron las expectativas de una cita que prometía ser de las más estimulantes de la temporada, gracias a su principal atractivo, el formato al aire libre. Sin embargo, lejos de venirse abajo, el festival encontró argumentos suficientes para sobreponerse al desencanto inicial y reivindicar una propuesta que conservó su esencia en todo momento.
Case Oats se encargó de abrir la tarde con una propuesta de delicada melancolía y refinamiento melódico. No fue fácil, pero los estadounidenses desplegaron las canciones de "Last Missouri Exit" con una serenidad casi hipnótica, apoyados en la voz sedosa y envolvente de Casey Gomez. Temas como “Nora” y “Bitter Root Lake” flotaron por la sala con una belleza discreta y una sensibilidad que remitía por momentos al mejor cancionero norteamericano contemporáneo. Fue un inicio contenido, sin estridencias, pensado más para seducir que para conquistar de inmediato.
La tormenta ya llegaría después con Sandré. El cuarteto catalán irrumpió con una descarga de electricidad, nervio y urgencia que transformó la placidez inicial en agitación colectiva. “Perro”, “Presión” y “Bullying” desataron los primeros pogos de la jornada, mientras Rosa Pagès se movía por el escenario como una fuerza imposible de contener. En uno de los momentos más encendidos del concierto terminó desplomándose sobre las tablas, entregada a una interpretación feroz y catártica que resumió el espíritu de una actuación tan física como emocional. Frente a esa vertiente más abrasiva, canciones como “El Pou” y “Pijama de Fusta” revelaron una faceta más ambiciosa y aventurera, confirmando que el grupo atraviesa uno de los momentos más fértiles de su evolución artística.
La gran revelación de la noche fue sin duda Fast Kids. Si en disco sus canciones ya apuntan maneras, fue sobre el escenario donde terminaron de desplegar todo su potencial. “My Advice” y “Walk Out The Door” funcionaron como perfectos artefactos de power pop: inmediatos, vibrantes y dotados de una contagiosa sensación de euforia. La banda sonó compacta y precisa, con la naturalidad de quien lleva mucho más tiempo compartiendo carretera del que su todavía breve trayectoria permite suponer. Buena parte de la culpa la tuvo Mike Brandon, dueño de una presencia escénica tan magnética como despreocupada, moviéndose entre el descaro y el encanto de los viejos frontmen del rock de guitarras. La recuperación de “Too Many Girls”, procedente de su otra aventura musical, terminó de redondear una actuación que pocos esperaban tan convincente y que acabó convirtiéndose en una de las imágenes más luminosas de la jornada.
Uni Boys compareció después con una propuesta tan luminosa como perjudicada por un sonido irregular. Una mezcla excesivamente cargada en las frecuencias graves restó claridad a unas canciones que, sobre el papel, contienen suficientes virtudes para brillar por sí mismas. Aun así, “Maybe I’m Wrong”, “Look On The Brightside” y “Victim Of Myself” consiguieron abrirse paso entre las dificultades técnicas gracias a su innegable instinto melódico y a ese aroma sesentero que atraviesa toda su propuesta. No fue el concierto que probablemente podían ofrecer, pero sí dejó destellos suficientes para comprender el atractivo de la formación californiana.
El cierre quedó en manos de Mujeres, convertidos por las circunstancias en protagonistas absolutos de la jornada. Y lo asumieron con la naturalidad de quien lleva años construyendo una de las trayectorias más sólidas y fiables del rock estatal. “Caen Imperios” y “Besos” sirvieron para abrir un concierto que fue creciendo sin necesidad de golpes de efecto, sostenido por la fortaleza de un repertorio que parece haber encontrado un equilibrio ideal entre inmediatez melódica, sensibilidad pop y espíritu guitarrero.
Con una sección rítmica impecable y una compenetración que sólo concede el tiempo, la banda fue encadenando canciones con una fluidez admirable. “Un Sentimiento Importante”, “Un Gesto Brillante”, “Tú y Yo” o “Cae La Noche” fueron recibidas como pequeños himnos generacionales por un público que, a esas alturas, ya había olvidado buena parte de los sobresaltos previos. Entre las composiciones más recientes, “Cristales” confirmó que el nuevo material posee la misma capacidad para permanecer en la memoria que algunas de las piezas más celebradas de su catálogo.
Así concluyó un Blockparty que parecía destinado al naufragio y que, sin embargo, terminó encontrando puerto. Entre contratiempos, cambios de planes y ausencias difíciles de suplir, la música volvió a demostrar su capacidad para imponerse a las circunstancias. Lo que comenzó marcado por la incertidumbre acabó transformándose en una celebración modesta pero genuina, una de esas jornadas que recuerdan que, más allá de los grandes nombres y de los carteles perfectos, los festivales siguen dependiendo de algo mucho más sencillo: buenas canciones, intérpretes inspirados y un público dispuesto a dejarse sorprender. Y así fue.





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