Por: Guillermo García Domingo.
Las profundidades abisales del agua permanecen como el único lugar inexplorado del planeta. Solamente la poderosa imaginación de Jules Verne se ha atrevido a aventurarse en ellas. Aunque después de escuchar el último disco de Sick Buzos uno llega a dudarlo.
No hay nada, por extravagante o inusitado que sea, que no haya sucedido en Sevilla. Esta ciudad andaluza es el mundo entero en miniatura. Hace casi treinta años, cuatro buzos salieron de las profundidades (¿del Guadalquivir?) con un disco que depositaron en tierra firme. Muchos se acercaron a escuchar esa rareza salida de las aguas que además no se entendía del todo bien, y no solo porque los temas estuvieran en otro idioma, la extrañeza de “Introducción en blanco y negro” no dejó indiferente. Sin embargo, los buzos volvieron a ocultarse, al menos, como banda, ya que todos ellos por separado han seguido estimulando el underground sevillano, en la música y en otras disciplinas, porque debajo de la escafandra se encuentran las personalidades de nada menos que Javier Neria y Chencho Fernández. Ante este último, con permiso de Neria, instrumentista extraordinario, y de la Macarena, esta revista acostumbra a prosternarse. Los “chenchistas” salimos en procesión cada vez que Chencho se manifiesta. No somos de hostias, ni de darlas, ni de recibirlas, pero sus canciones son sacramentos para nosotros; cada uno de los tres discos son el antiguo, el medio y el nuevo testamento respectivamente. Dicho esto, Sick Buzos, como este disco pone de manifiesto, tiene entidad propia y ha firmado uno de los mejores discos del año, que casi nos perdemos por culpa del inoportuno verano infernal y la discreción del grupo. En esto también demuestran que pertenecen a otro mundo, alejados de la parafernalia grandilocuente que se gastan otros que después no tienen nada que ofrecer.
A lo largo de los años estos buzos se han dejado ver de vez en cuando y siempre sin avisar. Ahora, en cambio, han emergido en serio, de cuerpo entero con las aletas incluidas, aunque sin la presencia de la bajista y fotógrafa Concha Laverán que no forma parte del grupo desde finales de 2024, y protagonizan “un nuevo debut”, tal y como sostiene con razón la primera canción de este genial disco publicado en mayo. Han reunido material grabado de los noventa y temas compuestos para esta feliz ocasión; la mayoría están escritas y cantadas en el español de Chencho, ya que su “fraseo” habría que catalogarlo como una lengua aparte. También hay tres canciones en inglés.
El disco no podía empezar de otra manera: las notas inquietantes de “Un nuevo debut” ensombrecen el aire de la canción. Las señales de colapso que el mundo envía nos obligan a pensar que no está lejos la hora de comenzar de nuevo; la voz de Chencho viene de muy lejos para comunicarnos la aciaga noticia y explica a su manera, además, por qué los buzos han decidido regresar del mundo acuático al que pertenecen. Y de paso advertimos que no son los de antaño, han adquirido saberes arcanos sobre el oficio musical allí donde los rayos de la luz no alcanzan.
Si el glam rock pudiera reencarnarse en algún sitio, elegiría Sevilla y se encapricharía singularmente de los Sick Buzos. Aunque los protagonistas de los temas y sus movidas son autóctonos, no acontecen en las callejones de Nueva York o en los rincones más sórdidos del CBGB, ni falta que hace. “Antoñito” vive (y muere) en una barriada sevillana, y “Fani”, por mucho que viaje de aquí y para allá solamente puede pertenecer a esas calles, las de la Alameda sin ir más lejos.
“Un miércoles absurdo” es, indudablemente, de la escuela de Chencho. Demuestra que en la mesa de una tasca sevillana un tipo puede albergar pensamientos existencialistas como lo haría un filósofo sentado en Deux Magots de París. “Eh, tú” y “Fani” son la artillería pesada para convencer a los indecisos. Chencho ha nacido para componer e interpretar estas canciones, como ha demostrado con creces en su trayectoria en solitario. “Eh, tú” lleva dentro la herencia de “Una buena noche”, con esto está dicho todo. Ambas son mellizas, no llegan a ser gemelas. En la primera, la guitarra de Neira siempre va a la zaga de Chencho, haciendo un pespunte impecable. “Fani” y su contemporánea odisea habrían sido muy bien recibidas en el repertorio eterno de Burning. Es deliciosamente extensa, porque ya deseaba Cavafis que el viaje fuera largo.
“Criatura” es hermosa hasta rabiar y está dedicada a un pequeño ser humano que empieza su camino, aunque todavía de la mano de sus progenitores, a quien le tocará crear algo nuevo, sus propias criaturas, ese es nuestro destino. Lou Reed no parece muy predispuesto a este tipo de concesiones. Bob Dylan, tan hosco, tampoco lo parece y compuso “Forever Young”, sea como sea, apuesto a que el príncipe oscuro de New York (y a continuación cada uno de los miembros de la Velvet) les darían un beso en la frente a los creadores de esta composición tan afín a ellos.
Entre las primeras canciones y las últimas hay un parteaguas instrumental que deja sin aliento. “No sé” es un corte propio de la década de los noventa, los años que vieron nacer el primer trabajo de Sick Buzos. La banda empuja y levanta una ola de sonido infranqueable, las guitarras y los demás instrumentos regurgitan el sonido de mil gaitas que se han tragado previamente. La elegante “Lamborghini girl” tampoco resultará extraña para aquellos que alucinaron con “Introducción en blanco y negro” (1997).
Las últimas canciones en inglés son las que de forma congruente adoptan un tono más psicodélico, y en el que comparecen sonidos sesenteros reconocibles, asumidos con una naturalidad asombrosa. En la larguísima, o corta, según se mire, si tenemos en cuenta lo formidable que es, “Icy, I love you”, Chencho, cual chamán, nos guía hasta el desierto para que seamos testigos de la ceremonia iniciática de Javier Neira y su guitarra. Un desierto que podría ser el que recorrió Jonathan Wilson en su ópera prima, “Gentle Spirit” (2011). Salvo excepciones este es el modus operandi del disco. La voz de Chencho, que cuando la canción lo requiere llega a musitar o murmurar, siguiendo el ejemplo de los trovadores franceses a los que el cantante sevillano admira devotamente, con ese estilo hacia adentro que patentaron Pepe Risi o Urquijo, hace que te concentres totalmente en ella y en la historia que te cuenta, mientras las guitarras de Neira mueven el péndulo de un lado a otro, siempre con idéntica cadencia, hasta que estás a su merced y ya no eres dueño de tu voluntad, dejándote llevar. En resumidas cuentas, son sesiones de hipnosis, no hay, en absoluto, giros efectistas, ni impostados solos de instrumentos.
Al parecer, las ondas de presión, que, en definitiva, hacen posible que oigamos el sonido, se transmiten mejor y a mayor velocidad debajo del agua. De veras que este disco contiene, a tenor de lo bien que suena, música grabada en esas condiciones submarinas, aunque todos sepamos que la grabación se hizo en Dos Hermanas y los culpables son los dos productores y músicos originales de la banda, y el técnico o mago, Fernando Zambruno, sin olvidar a los demás “buzos” imprescindibles, Jaime Neria (batería), Álvaro Joya (bajo), Pedro Domínguez (órganos y piano), Alberot Pielfort (viola). El resto corrió a cargo de Happy Place Records.
Los Sick Buzos, en contra de lo que dice su nombre, están en un estado de salud musical inmejorable. Nos hacemos cargo de que viven entre dos mundos de modo que seguramente volverán a sumergirse. Lo que importa es que regresen acompañados de una colección de canciones como ésta que hemos reseñado.


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