Ryan Adams: Terapia en pareja


Barcelona, Sala Paral-lel 62. 28 de marzo del 2025 y Teatro Coliseum, Madrid. 31 de marzo del 2025. 

Por: Álex Fraile y Àlex Guimerà. 

A mediados de noviembre, Houston Party lanzaba la bomba. Sin preaviso. Sin apenas tiempo de reacción. “Ryan Adams y su Heartbreaker’ 25 World Tour, a finales de marzo en Barcelona, A Coruña y Madrid”. Por fin, un promotor con cabeza apostaba por traer de gira por España a uno de los genios de la "americana". No sería necesario hacer las maletas e ir al extranjero cono no tuvimos más remedio que hacer en octubre, en el marco de su gira Solo 2024. Bueno, lo de hacer las maletas estaría por ver. Quedaba lo más difícil. Conseguir una de las codiciadas entradas. Tirando de preventa, de ahorros y haciendo gala de una absoluta falta de sentido común compramos un par de billetes. Uno para Barcelona y otro para Madrid. ¿Vicio? ¿Nostalgia por viajar?

No parece demasiado sensato ver al mismo artista, en dos ciudades distintas, con apenas un par de días de diferencia. Cierto es que ningún concierto de Ryan Adams resulta igual, ni tan siquiera parecido. De poco importa – más con el formato de esta gira de aniversario – que se repitan algunas canciones. Ryan Adams lleva tiempo empeñado en convertirse en una suerte de Dylan. Encadenando giras, reconstruyendo y moldeando sus propias canciones. Siempre de forma honesta, sin renunciar a su excelsa y prolífica hoja de ruta. Bajo estas premisas ­no quedaba otra que encomendarse al enfant terrible del rock americano para – tal como rezaba el comunicado de la gira – pasar “una tarde con Ryan Adams celebrando el 25º aniversario de Heartbreaker”. 

De un tiempo a esta parte, acudir a un concierto de Ryan Adams resulta agotador y placentero por igual. Como si se tratase de una sesión de terapia, Ryan se acomoda en su particular diván para abrirse en canal y compartir sus filias y fobias con un público que no sabe si ejerce de terapeuta o de paciente. Por momentos, parece que él es el que necesita hablar sin corsé o cantar a corazón abierto. De repente, y de manera sutil, el espectador se convierte en paciente. Intentando encontrar sentido a un sinfín de sentimientos: alegría, tristeza, perplejidad, compasión, vergüenza, amor, miedo, tranquilidad… y ante todo empatía. Empatía ante un ser narcisista pero vulnerable como pocos. Un artista inescrutable que goza y sufre sin disimulos ante teatros repletos de fervientes devotos.

“Esta gira está acabando conmigo”. “Voy a morir solo”. “No creo en el amor”. “Tengo cincuenta años, todo me da igual”. “Echo muchísimo de menos a mi hermano”.” He probado todo tipo de drogas”. “De poco importa que sea yo él que esté encima del escenario, todos somos uno”. Estas y muchas otras frases salieron sin titubeo de la boca de Ryan. Un artista dispuesto a abrirse en canal cada noche sabedor que domina la escena como pocos. Tan pronto encuentra refugio abrazando sus distintas guitarras o junto al piano como de repente pasea despreocupado por el escenario o se sienta a pie del público simplemente para dejar pasar un minuto y disfrutar del momento e incluso contempla feliz una petición de mano. Todo ello sin dejar de ser él mismo. “Por favor, no hagáis fotos. Me molesta mucho el reflejo”. La paciencia de Ryan fluctúa de forma imprevisible y uno asiste a sus conciertos vigilante, envuelto en una calma tensa. Consciente de que todo puede explosionar en cualquier instante. Pocos espectáculos exigen tanto a ambas partes. A fin de cuentas, acudir a su encuentro representa un acto de fe. El espectador controla lo controlable, aunque tal como señaló en Madrid basta con seguir sus consejos: “Por favor confiad en mí, tengo preparado un espectáculo que os va encantar”. Mejor no tentar a la suerte y dejarse de llevar por la magia. Una magia que rebosa cada vez que deja de actuar – imposible distinguir la realidad de la ficción – y se limita a cantar. En ocasiones desespera, incluso desquicia, pero basta confiar en él y esperar que, con ese gesto suyo tan característico, atrape las musas con su mano para situarla en el corazón de todo aquel que se preste a escucharle. 

El efecto es lisérgico, irresistible, adictivo. Una pena que de tanto en tanto interrumpiese sus propios temas o no dejase correr la inspiración de seguido, dedicándose a interactuar con el público. Casi siempre con una sonrisa picarona o con buen humor. No es poca cosa. Si bien acaba de cumplir los cincuenta, aparece sobre las tablas ataviado como un escritor de corte clásico o quizás un psicólogo conductista a punto de jubilarse. Acompañado de un bastón, vestido con traje de tres piezas y portando una pajarita su presencia destaca bajo un decorado austero iluminado por unas tenues lámparas. La consulta del maestro Adams resulta acogedora. Unas cuantas guitarras, un piano de cola, y una batería jazzística dan sentido al espacio.

Tanto en Barcelona como en Madrid, la sesión siguió la estructura habitual durante esta gira europea. Ya lo dijo nada más empezar su concierto en la Ciudad Condal. “En esta primera parte, voy tocar todo el Heartbreaker”. Un disco grabado con apenas veinticinco años en Nashville – con la ayuda de la pareja de moda hoy en día de la americana: David Rawlings y Gillian Welch – y que se convirtió en su primera aventura en solitario tras Whiskeytown. Un álbum excelso, una oda a la tristeza y al desamor que supuso su salvavidas y el trampolín para su carrera. Un Adams que, cuarto de siglo después, sigue sorprendido al comprobar noche tras noche que ese trabajo guste tanto al público. ¿Ingenuidad? ¿Falsa modestia? Posiblemente, ni una cosa ni la otra. El disco destila honestidad e irradia belleza. Una belleza que desafía el paso del tiempo y que en vivo resulta cristalina. 

La primera parte de estos dos conciertos ­­consistió en una relectura deconstruida del álbum. Arrancó con "To Be Young (Is to Be Sad, Is to Be High)" que en directo se desprende de ese toque dylaniano para sonar más bluesy y cruda que nunca. Tras escuchar "My Winding Wheel" y "Amy" da la sensación de que todo va en orden, siguiendo las pautas del disco. Nada más lejos de la realidad. Adams no entiende de reglas y después de la vibrante "Shakedown on 9th Street" ya no caben dudas. Los temas cobran forman a su antojo destacando sus sentidas interpretaciones de "Oh My Sweet Carolina" – dedicada a su añorado hermano Chris – y la estremecedora "In My Time of Need" al piano acompañado de su técnico preferido a la batería. Se detiene el tiempo y nada más parece existir. En eso consiste la vida, en disfrutar el momento. A ciencia cierta que cuando canta Adams todo resulta posible.

Ryan Adams alterna las guitarras acústicas, buscando el acorde preciso e incluso en "Bartering Lines" se electrifica invitando a parte de su equipo al escenario para que le acompañe a la batería y al bajo e improvisar al más puro estilo Neil Young. Aunque en ocasiones divague más de la cuenta, domina los tempos a la perfección. En Madrid incluso ejerció de casamentero e invitó al escenario a una pareja mientras les regalaba una versión de "To Be the One" que difícilmente olvidarán. La primera parte del show finalizó en Barcelona con una emotiva "Why Do They Leave?" mientras que en Madrid reinó la improvisación transformando un piropo en una canción sobre la marcha. Una vez más Ryan demostró que se rige por sus propias reglas. 

A diferencia de la anterior gira en solitario, en esta ocasión se toma un respiro para descansar y de paso para que el público – cada cual a su manera – asimile lo vivido. Se encienden las luces de la sala y por arte de magia suena la voz descarnada de Jimmy Reed. ¿Casualidad o querencia por el blues? 

A tenor por el inicio de la segunda parte de su concierto madrileño, Adams no entiende de suertes. Al regresar a las tablas regaló una de las gemas de la noche, el "Shame, Shame, Shame" del mismísimo Reed. En este bloque la única regla “escrita” es que finalizaría por el principio, rescatando esa oda atemporal que ya es"‘Come Pick Me Up". Algunos – sobre todo en Barcelona – pecaron de ingenuos porque a pesar de las promesas casi siempre hace lo correcto. Lo que le da la realísima gana. La democracia está sobrevalorada. Sentarse frente a Adams debería ser un ejercicio de fe. Lo sensato sería liberarse de deseos personales y esperar que atrape la musa. A fin de cuentas, como dicen los puristas: “Lo que tendrá que ser, será”.

Las segundas partes estos conciertos permitieron comprobar las muchas caras de un artista sin límites. Tan pronto resulta capaz de rescatar perlas como "Gimme Something Good" o de echar mano de "Gold", otro de sus discos referenciales. Especial mención a dos joyas como "Nobody’s Girl" y "New York, New York" que tocó en Barcelona y Madrid respectivamente. Otra de las obsesiones de Adams es la de versionar a sus artistas preferidos. Sus gustos resultan inabarcables, aunque en esta ocasión se decantó por interpretar clásicos de The Miracles, del mencionado Reed, de la Velvet o de Dylan. Sin duda uno de los momentos de su concierto en el teatro Coliseum de Madrid fue esa escalofriante versión al piano del "Not Dark Yet" de su idolatrado Bob. 

Así entre peticiones – admitidas y desestimadas – transcurrieron dos noches conceptualmente iguales pero distintas. ¿Acaso existen noches similares? ¿Puede cantar una mariposa? Pues eso, existen preguntas que no merecen respuesta. De nada sirve buscar sentido a su obra. A la postre, como dijo la revista Pitchfork a propósito del Heartbreaker: “No es música para descifrar. Es música para sentir”. Sintiendo y escuchando ‘Come Pick Me Up’ finalizaron estas dos sesiones introspectivas que no dejaron indiferentes a nadie.

Cada cual tendrá su propia vara de medir, pero no todos los días se puede convivir sin máscaras con un artista excesivo y único como Adams. Para lo bueno y para lo malo.

Estrenamos en exclusiva "Por qué te vas", versión del clásico de Jeanette por parte de Carlos Vudú y El Clan Jukebox


Seguro que te ha pasado alguna vez: suena “Por qué te vas” y, sin querer, te pilla cantándola. Todos la llevamos metida en algún rincón de la memoria. Lo que quizá no esperas es escucharla revisitada desde el rock, con nuevas texturas, más guitarras… y esa mezcla de melancolía y fuerza que solo una buena versión puede lograr.

Eso es justo lo que ha hecho Carlos Vudú y El Clan Jukebox, que publican el 4 de abril una reinterpretación del tema inmortalizado por Jeanette (y compuesto por el gran José Luis Perales) como primer adelanto de su nuevo disco. Un homenaje con personalidad, con músculo, y con la elegancia que ha marcado siempre el sonido del grupo.

“Al principio era solo un juego en el local de ensayo… pero cuanto más la tocábamos, más claro veíamos que este clásico podía vivir en nuestro universo, sonar actual y con garra, sin perder su esencia.” Carlos Vudú.

 Sobre el videoclip: Realizado por Willy Palazón (Radical Libre Films), el videoclip fue ideado para crear grandes contrastes, con luces cenitales y traseras que aportan dramatismo, en una paleta de tonos monocromática y con un montaje que añade contundencia a la música al ir de la mano de las notas del potente riff de la canción.

Este lanzamiento es el primer paso hacia “III”, el nuevo disco de la banda, producido por Raúl de Lara (Arde Bogotá, Viva Suecia, Second), con un sonido renovado, más crudo, más eléctrico y con influencias de Arctic Monkeys, Queens of the Stone Age o Kings of Leon.

Talleres Molina: “Hemos apostado por la inmediatez y el instinto”


Por: Javier González. 

Con apenas una breve escucha de sus canciones te das cuenta que estos tíos tienen algo especial. Puede que sea su particular visión de lo que es la música, puesto que en las composiciones que incluyen en su debut, “Allegro, Ma non Troppo”, funden con gracejo y peculiar estilo géneros variados que partiendo de la amplia etiqueta conocida como pop-rock arrastran sus melodías a terrenos sinuosos y alejados como los de la electrónica y el krautrock, matices que son capaces de abrirse paso entre acordes con evidentes reminiscencias a power-pop. 

Elementos que apuntalan con el poder de unas letras en las que no se andan por las ramas. Mensajes directos donde tiran a dar, en los que hay sarcasmo, mucha ironía y un fino humor, credenciales que nos tememos serán bandera, santo y seña, de la propuesta de unos currelas de la música que responden al castizo y certero nombre de Talleres Molina

Como anticipo al concierto que darán en la sala Siroco este próximo fin de semana, nos hemos puesto en contacto con Julio Molina, voz y guitarra del trio, para que nos aproxime un poquito a todo el imaginario colectivo de esta maravillosa locura. 

Hace apenas unas semanas que vio la luz vuestro primer trabajo, “Allegro, Ma non Troppo”. Con lo costoso y el trabajo que hay detrás de la edición de un álbum. ¿Cuáles son las sensaciones que os invaden después de dar a luz a la criatura? 

JM: Estamos muy contentos con la acogida que está teniendo, al fin y al cabo, no deja de ser un primer disco y uno nunca sabe lo que va a pasar. Es un disco en el que nos hemos dejado la piel sin querer dejárnosla, me explico, lo que más importante para nosotros era que el proceso no fuese forzado ni demasiado pensado, hemos apostado por la inmediatez y por resolver las canciones de la forma más instintiva, creemos que ha funcionado. 

Atendiendo a lo puramente formal, os ha quedado un disco musicalmente muy heterogéneo, donde hay muchas guitarras y unas llamativas ambientaciones que por momentos suenan de lo más marcianas; partís de un rock de herencia clásica, traído al siglo XXI, pero sin renunciar a otras sonoridades como el power-pop que parece estar muy presente detrás de cada corte. ¿Cómo de amplia es la paleta sonora de Talleres Molina?

JM: Venimos, como bien dices, del power-pop de guitarras, pero también estamos interesados a nivel sonoro en otras cosas con las que hemos intentado “vestir” las canciones. Estamos muy interesados en los sintetizadores analógicos de los 80´, en las cajas de ritmos de 8 bits, en la new wave, el krautrock y muchas otras cosas. 

“Creemos que la ironía, el sarcasmo y el sentido del humor se ha perdido un poco”

Y en lo que a las letras se refiere hay mucho vacile y sorna, pero sin renunciar a regalar una serie de mensajitos que muestran muy a las claras una crítica a la sociedad actual y en ocasiones una reivindicación muy personal escrita en primerísima persona. ¿Había ganas de atizar duro y a la vez reivindicar el valor de la personalidad sin excesos y de forma directa? 

JM: Si, creemos que la ironía, el sarcasmo y el sentido del humor se ha perdido un poco, y los discursos de muchas de las bandas actuales son como muy sesudos, reflexivos e intelectualizados o espirituales a lo Paulo Coelho, nosotros en ese sentido hemos venido a aportar un punto de vista diferente y de paso a poner un poco de orden. 

También nos ha gustado mucho que en la hoja de promo digáis que “venís a luchar contra el pop épico que tanto daño ha hecho en nuestra escena”. ¿Ha llegado ya alguna carta amenazante o hasta ellos mismo saben que son unos pesados y hacen autocrítica? 

JM: De momento no nos ha llegado ninguna carta ni de Vetusta Morla, ni de Arde Bogotá ni de Love of Lesbian, pero estaríamos encantados de debatir ese asunto con ellos, sería bueno para todos. “Ser músico es como ser electricista o fontanero” 

Otra cosa que también va contra esa línea es tanto el nombre de vuestra banda como la iconografía que quizás busque mostraros como unos currelas de la música. ¿Es esa un poco la idea que pretendéis transmitir? 

JM: Efectivamente, así es como nos sentimos y así es como son la mayoría de músicos en este país. Para nosotros en ese sentido no hay diferencia entre el músico de hotel, de verbena o de banda de rock, es un oficio respetable y no tiene nada que ver en ser una estrella. Sería bueno que la gente en este país empezase a entender que es como ser electricista o fontanero, como pasa en EE.UU. por ejemplo, y de paso que algunos artistas también se diesen cuenta y bajasen del altar no estaría mal. 

Vamos a hablar un poquito de canciones si os parece. En “Nadie se muere de Amor” os ha quedado como un auténtico trallazo, repleta de músculo y escupiendo frases de lo más potente. ¿Cómo y con qué objetivo surgió esta canción? 

JM: Pensábamos que ya había demasiadas canciones hablando de los tormentos del amor, el pop se ha nutrido de ese argumento durante años, aunque en realidad lo heredó del bolero, pero pensábamos que también se podría tratar ese tema desde la ironía y quitándole hierro al asunto, que también puede ser muy sano y reparador, eso en el Tango por ejemplo se hace mucho y muy bien, nosotros no hemos inventado nada. 

Una de las canciones que incluís, “Cristo Personal”, es una revisión del “Persona Jesus” de los míticos Depeche Mode, cuya sombra sonora se deja ver claramente a lo largo del minutaje en cortes como “El Astronauta”. ¿Qué significa para vosotros la banda británica? 

JM: Es una banda enorme, a pesar de no ser un grupo de “guitarras”, tiene uno de los riffs más poderosos de la historia, y una letra fantástica que bien valía la pena adaptar. Hemos intentado en todo momento llevarla a nuestro terreno y poner en ella algo nuestro, era importante que tuviese su propia identidad, solo así tiene sentido hacer una versión, sino es un tributo. 

Cortes como “No voy a Cambiar” y “Sueños Locos” me ha hecho pensar en los mejores Niños Mutantes posibles, con esa capacidad para facturar un pop-rock potente y elegante. ¿Son una de vuestras bandas de referencia a nivel nacional? 

JM: Es una banda a la que respetamos muchísimo, al igual que a Los Planetas o La Habitación Roja, pero también nos gusta reverenciar a grupos anteriores, las pioneras del indie patrio, bandas como El Niño Gusano, Surfin´ Bichos y Sr. Chinarro…bandas de las que los que hoy hablan del “indie” jamás han oído hablar y para nosotros son los absolutos referentes a reivindicar. 

Otra versión de lo más potente que incluís es “Yo Quiero ser Tú”, el “Why Can´t I be You” de The Cure. ¿Por qué precisamente esta canción de los chicos imaginarios de Robert Smith? 

JM:
Está canción surgió a raíz del disco homenaje de grupos mallorquines a The Cure que organizó el sello Espora Records. Había varias canciones disponibles, ésta era una de las que más nos apetecía grabar y probar de adaptar. Quedamos muy contentos con el resultado y la llevamos en directo porque funciona muy bien. 

“Parálisis Permanente es una banda “tótem” para nosotros” 

“Corazón Contento” es un bombazo donde os lanzáis sobre una estructura krautrock con ramalazos de pshycobilly, me ha recordado a la versión que hizo Gabinete Caligari sobre “Un día en Texas” de Parálisis Permanente. ¿De qué manera se os ocurrió este temazo? 

JM: Pues un poco juntando todos esos elementos que mencionas, por supuesto los primeros Gabinete Caligari o Parálisis Permanente, una banda “tótem” para nosotros, pero también El Columpio Asesino o Triangulo de Amor Bizarro, bandas que nos flipan. 

¿Con qué grupos del panorama actual creéis que tienes más similitudes vuestra propuesta? 

JM: No sabríamos decir a que nos parecemos, pero si podemos decir algunas nuevas que nos han llamado mucho la atención últimamente. Nos gustan mucho Camellos, shego, Biznaga, Melenas o Venturi, hay cosas muy interesantes por ahí y nos gusta fijarnos en propuestas nuevas. 

“Tenemos el máximo respeto por el público que acude a las salas de conciertos, son la resistencia” 

El próximo día 4 de abril estaréis en Madrid, concretamente en Siroco, para arrancar una gira de conciertos que os llevará a Bilbao y Torrelavega. ¿Qué verán todas aquellas personas que se animen a acercarse a vuestras presentaciones? ¿Hay más fechas cerradas que se puedan anunciar? 

JM: Estamos cerrando fechas poco a poco, residimos en Mallorca y a pesar de ser un trio, a veces nos complica un poco la vida el tema de la insularidad, pero tenemos muchas ganas de presentarnos en directo. Creemos que nuestro sitio natural son especialmente las salas, ahí es donde creemos que tienen más sentido nuestra propuesta, en las distancias cortas, sin trampa ni cartón, y con el público cerca. Intentamos que nuestros conciertos sean directos y enérgicos, que sean una experiencia en sí mismos. Tenemos el máximo respeto por el público que acude a las salas de conciertos de las ciudades, son algo muy importante, son la resistencia. 

Juguemos a mirar nuestra bola de cristal, dentro de unos meses. ¿Dónde os gustaría haber llegado con este más que llamativo debut? 

JM: Nos gustaría haber podido tocar en las máximas ciudades posibles y acceder a público nuevo, creemos que hemos hecho un buen trabajo y ahora solo queremos defenderlo delante de la gente, desde la humildad y la honradez…como obreros que somos.

Ilustres Principiantes: El Mismo



El Mismo es un dúo de pop-rock alternativo (aunque en directo son cinco músicos) que nace en Barcelona, tras varios proyectos musicales previos de sus dos componentes: Jose Masegosa “Mase”, (Voz y Guitarra) y Óscar García-Bragado (Guitarra). Su principal secreto es un directo arrollador en el que espectador se convierte en parte activa y elemento indispensable del show. Unas letras sugerentes que evocan un sinfín de potentes imágenes, unido a la falta de complejos a la hora de experimentar con diferentes estilos, hacen que la banda conecte brutalmente con el público, como demuestran en cada uno de sus conciertos. De ahí que la publicación de su álbum debut, titulado “La Memoria del Corazón” (Florynata Records), suponga una esperada noticia.

"La Memoria del Corazón" es un disco hecho a fuego lento. Trabajo de orfebrería sonora y todo un lujo que se nos presenta en formato digital y vinilo para poder recrearnos con él en estos tiempos de inmediatez absoluta. Los vinilos estarán en las tiendas de Fnac donde realizarán una gira de presentación. Con este álbum El Mismo da un golpe de timón a nivel musical de lo que venían haciendo con otras formaciones. El LP está compuesto en un momento vital convulso. Un momento de cambios de ciclo y toma de decisiones importantes. 

El álbum posee una cuidadísima y ambiciosa producción con numerosos paisajes sonoros, generando una ambientación muy cinemática en el desarrollo de las canciones, sin perder nunca la relevancia del mensaje de sus textos, consiguiendo así una mezcla entre un sonido muy actual y lo vintage. Un viaje musical que transita por estilos como el indie rock o el synth pop, con potentes riffs de guitarra en canciones como "Evolución", "2000 Vidas", "Nunca Olvides" o "Mundo Delirante", mezclándose con la delicadeza y lo sutil de canciones como "Causalidad", "Brilla", "La Señorita" o "El Solilla" (canción que cuenta con arreglos de la Orquesta de la BBC). Todas ellas tienen un denominador común: Canciones de Alma y Vida. 

"La Memoria del Corazón" ha sido producido por Jason Boshoff que ha trabajado con artistas como Rufus Wainwright, Pet Shop Boys o Elbow (premio Mercury Music Prize Album of the Year al mejor álbum alternativo. 

En Marzo han iniciado la gira de presentación del álbum, que les llevará por las principales ciudades del país, así como varios festivales. El Mismo cruzó el charco con su primera gira por tierras argentinas en Diciembre de 2023, y visitó diferentes ciudades del país: Buenos Aires, Santa Fe, San Justo y Esperanza. Durante la mencionada gira grabaron un documental titulado “Lo que nos Une”, el cual se reflejan las vivencias de la banda en esos días espídicos de conciertos, entrevistas y grabaciones por Argentina, así como uno de los momentos más increíbles jamás vividos, con el debut de la banda en el mítico Luna Park Stadium como artistas invitados de La Mississippi, junto (al no menos mítico) Billy Gibbons (ZZ Top).

Quentin Gas y Los Zíngaros: “Me apetece generar ganas de investigar”


Por: Javier González. 
Fotografía: Angel Bernabeu.

Desde hace tiempo teníamos en nuestro radar el proyecto tras el que se esconde el bueno de Quintín Vargas, Quentin Gas y Los Zíngaros. Bajo dicho nombre había grabado ya dos trabajos interesantes de más que merecida escucha, “Caravana” (2017) y “Sinfonía Universal Cap.2” (2018), sin embargo, ha sido con su tercera referencia, “El Mundo se Quema”, donde sentimos que ha dado un golpe definitivo en la mesa al cerrar una obra mayúscula en la que fusiona el flamenco con multitud de géneros, dando como resultado un trabajo capaz de emocionar de principio a fin. 

Días atrás descolgamos el teléfono para hablar por primera vez con Quintín, fue en el marco de aquella larga y distendida charla cuando pudimos comprobar en primera persona la grandeza que atesora este músico. En su discurso muestra el compromiso que tiene con la labor creativa, dejando claro que esta propuesta busca legar para la posteridad discos capaces de dejar huella en un mundo donde lo efímero y banal tiende a imponerse. Por suerte, nosotros estamos cerca del talento descomunal de un artista que se ha dejado la piel para regalarnos un puñado de canciones “corrompidas por derecho” capaces de hacernos arder por dentro. 

No podemos empezar la entrevista sin hacerlo de la forma más directa posible. ¿Cómo se queda el cuerpo tras publicar un disco tan rotundo y poliédrico al estilo de este “El Mundo se Quema”? ¿Qué sensaciones te invaden tras haberte vaciado de una forma tan potente? 

Quintín: Buena pregunta, la verdad. Estoy contento con el resultado, creo que es lo principal. Al preparar una obra, lo haces con perspectiva y al rematarla tienes que estar orgulloso y contento. Con esta quería dejar un legado, puesto que una vez que no esté en este mundo me gustaría que algún chaval lo descubra, como hago yo ahora con discos más antiguos. Me apetecer generar lo que me generan ciertos discos que son ganas de investigar. Para mí este trabajo era muy importante, ya que era un legado que quería dejar. No creo que vaya a volver a hacer un álbum así, es muy complejo de hacer. Hay muchos productores, totalmente ecléctico y loco. También es difícil de escuchar y pinchar, no voy a negarlo. Creo que se disfruta en casa, prestando atención a los matices. Tenía claro lo que iba a conllevar este disco en cuanto a la forma de escucharlo. Lo he dado todo. Las críticas luego dependen de cada uno, pero no voy mirando eso, busco que me guste a mí. 

“No creo que vuelva a hacer un disco como éste” 

Un álbum que llega tras dos discos como “Caravana” (2017) y “Sinfonía Universal Cap.2” (2018), las cuales vieron la luz de una forma bastante seguida, algo que sorprende viendo el tiempo en que has tardado en entregar esta nueva obra. ¿Qué valoración haces de aquellos dos trabajos y la repercusión que tuvieron? ¿A qué se ha debido la demora en entregar este nuevo capítulo en tu carrera? 

Quintín: Han sido muchas circunstancias, no puedo decirte solo una. Te mentiría. Quería hacer algo diferente a lo que estaba haciendo. Soy un músico al que no le gusta encasillarse en ningún estilo ni tipo de música. Hace tiempo decidí ser quien soy. No me verás hacer un disco igual. Respeto a los artistas que tienen un estilo y lo desarrollan. No es una crítica, mi más profunda admiración. Soy diferente. Empecé a interesarme por la electrónica y otros sonidos. Sentí que tenía que parar el proyecto de Quentin Gas y Los Zíngaros. También otros miembros de la banda empezaron a hacer otras cosas por lo que la banda quedó más paradilla, tuve problemas con el sello y vino la pandemia. Paré el proyecto y seguí haciendo música por mi cuenta. Dije “paro el proyecto”. Al final, Quentin Gas y Los Zíngaros es un nombre mío donde abarco todo lo que toco en mi trayectoria. Son circunstancias de la vida. Hace un par de años empecé a componer canciones y vi que iba más en la línea del proyecto, así nació “El Mundo se Quema”. 

En nuestra reseña de este “El Mundo se Quema” aludíamos al “Manifiesto de lo Borde”, firmado por los seminales Smash, donde se hacía referencia al hecho de “corromperse por derecho”, algo que llevas al extremo en un álbum donde la variedad de estilos es la guía, -una cosa de la que, por otra parte, siempre has hecho gala en tu carrera-, sin por ello renunciar ni a la tradición ni a la búsqueda de la emoción, ni mucho menos a un catálogo donde caben flamenco, rock, psicodelia, hip hop y kraut. ¿Cómo se encuentra el equilibrio musical entre géneros tan distintos, diversos y delicados? 

Quintín: Supongo que es encontrando un hilo conductor que a veces es más implícito y otras más explícito, pero claro, hay que encontrarlo. En este caso es la visión que tengo de la fusión del flamenco con otros estilos. Hay que tener cuidado con no incluir cualquier cosa, al menos en este disco. Te pongo el ejemplo de “Calvario”, la canción que canto con Noni. Es un tema que tenía de hace tiempo y era más pop, sigue siendo la más pop del disco todavía. La tenía ahí, era una letra que quería sacar y expresar. Se me ocurrió meterla en el disco porque era una oportunidad incluir una composición con Noni de Lori Meyers de los que soy fan de siempre. De pronto pensé “no la puedo meter”, no veía el hilo conductor aflamencado. Me inventé la intro que no estaba, la hice de nuevo. Es una intro con los mismos acordes y melodías, dándole un toque más andaluz y aflamencado. La incluimos y nos gustó. No es necesaria una fusión durante todo el tema, puede ser en un pasaje como ocurre en esa canción. Igual que el tema que canto con Anni, “El Volcán”, tiene una letra muy andaluza, pero con una melodía entre el pop y el aflamencado. Es una cuestión de descubrir formas que tengan un hilo conductor. No todo tiene que ser como “El Penal” que es una seguiriya u otros temas más concretos y explícitos. 

“No hago música para la gente ni para los críticos” 

¿Hasta qué punto es difícil no censurarse en algún punto del proceso de creación por temor a las críticas? 

Quintin: Por eso me encuentro donde me encuentro con todas las consecuencias. Ya te he dicho que escogí este camino. No hago música para la gente ni para los críticos. La hago para mí. Cuando toco en directo, lo hago para mí. Tiene gracia, toco para divertirme. Si luego si se divierte la gente, estupendo. A mí tocar en directo es lo que más me gusta de este mundo. Al hacerlo con energía el público conecta y se lo pasa bien. Cuando hablo con artistas que están empezando mi consejo es que no canten para los demás, esperando algo, que lo hagan para sí. Luego, cuanta más gente conecte contigo, genial, porque vivimos en un mundo de números y te va mejor económicamente, pero es algo circunstancial. 

Abres con “El Sermón de la montaña”, una canción que contiene sentencias del calado de “No juzguéis para no ser juzgados”, tiene un poco de aviso a navegantes sobre lo que pueda ocurrir al escuchar el disco. ¿Estamos en lo cierto? 

Quintín: Eso es. Efectivamente. Es un aviso a navegantes. 

“En las letras hay mucha religión, relaciones tóxicas, culpa y crítica” 

La temática de las canciones aborda cuestiones como la religiosidad, el amor y un mundo en conflicto. ¿Cuál es bajo tu punto de vista el eje vertebrador de estas letras? 

Quintín: Me preocupo en hacer trabajos con una temática y que hablen de algo en su totalidad. No creo que se pueda hablar de un disco conceptual ni de una ópera rock, ya que no está tan hilado como dicho tipo de discos. Por ejemplo, “Sinfonía Universal” sí era una ópera rock, ya que cada tema tenía una temática. Este es más libre, pero me gusta que tengan una relación. Aquí hay mucha religión, culpa y crítica. Decir a la gente en qué punto del mundo estamos con tanto paripé, criticar a gitanos y payos por igual, las relaciones tóxicas… toco un montón de temas, repitiendo lo dicho antes, quería dejar un legado. Espero que en un futuro alguien lo descubra para que vean en qué momento estábamos. En “Calvario” hablo de “stories”, cuando dentro de treinta años no existirá Instagram, quiero que lo investiguen. Me gusta el rollo. 

En “Amén” te marcas una saeta con regusto a siglo XXI, al ser mi favorita de todo el álbum me apetece preguntarte algo muy concreto. ¿Cómo surgió este tema? 

Quintín: Estaba con Enzo Leep que es el productor de casi todo el álbum y con el que comencé a hacer las demos, aunque luego hay temas rematados con otros productores. Realmente el disco no hubiera sido posible sin Enzo Leep, la verdad. Íbamos en su coche con la radio puesta y sonó una marcha de Semana Santa, que no fue esta. Pensé que hay marchas de Semana Santa que son canciones que podrían samplear Kanye West. Fue una semilla que se me plantó en la cabeza. Días después comencé a buscar trozos de marchas para hacer un tema que no tuviera que recordar a Semana Santa, un riff de trompetas que pudiera haberme inventado para un tema. Tenía la curiosidad de tomar una marcha, escogí “A Esta es” del Cristo de las Tres Caídas de Triana, sobre eso comencé a mezclar. Al principio quería meter la batería extraída del “We Will Rock You” de Queen, pero Enzo Leep no me dejó, quería juntarla con la letra y melodía de Parrita de “Una Gitana del Rastro de Madrid”, cosa que sí se dejó. También quería incluir guitarras con fuzz y el coro góspel que aparece. Me gusta que esta sea tu canción favorita. Es la que resume el alma del disco, quería que fuera una muestra de trocitos de estilos mezclados. Una cosa casi imposible. 

“La Trenza de tu Pelo Negro” tiene hechuras cercanas al sentimiento coplero que tan bien desarrollaban los maestros León, Quintero y Quiroga, mezcladas con aromas a Camarón, un corte donde colaboran Cristian de Moret y Playback Maracas. ¿Crees que es el corte más arriesgado y marciano de toda la colección? 

Quintín: Sí, otra mezcla imposible que hicimos posible. El disco está lleno de cosas así como “Paripé”.

“Con este disco me he divertido mucho, también he tenido días de angustia y ataques de ansiedad” 

Antes citabas “El Calvario”, que me parece una de las mejores del disco, con ese cierre cercano al “Born Slippy” de Underworld. ¿Qué puedes contarnos de dicho tema? 

Quintín: Sí, exacto. Eso nos lo inventamos al final. Queríamos un final más apoteósico. Enzo busco el sampler, haciendo yo el patrón a través de un teclado Midi. En este disco me he divertido mucho, también he tenido días de angustia y ataques de ansiedad. Han sido meses y años de producción, Barcelona, Jerez, Cádiz y Sevilla. Lo he pasado mal y bien. He aprendido mucho con este disco en el aprendizaje de la producción. 

“Empecé escuchando música de Rolling Stones y Jimmy Hendrix” 

En “Sentencia” donde te acompaña tu hermano, Curro Vargas, os marcáis un temazo donde parece que llevaras a Prince a cantar a una peña flamenca. ¿De qué forma trabajasteis este temazo? 

Quintín: Mi hermano toca la guitarra. La verdad es que volvemos a lo mismo. ¿Cómo rizar el rizo de la locura de la fusión? Vengo del mundo gitano por parte de familia y también del no gitano, porque me he juntado más con gente no gitana. Tengo la perspectiva de los dos mundos. Mis primos se han criado con el mundo gitano, yo no, ya que me juntaba con los dos. “Sentencia” es el claro ejemplo de lo que soy. Empecé de pequeño a escuchar música en inglés: Rolling Stones y Jimmy Hendrix, además del resto de clásicos. Por eso canto en inglés en una bulería, la podría hacer cualquier cantaor puro de flamenco. Al no saber lo que soy, meto una melodía anglosajona. Tengo que decirte una cosa, para la versión del vinilo no se va a incluir esa versión. En la digital, sí. En la versión de vinilo voy a meter una en la que ha intervenido Iñigo de Los Estanques. Vas a flipar. Ha llevado el tema a un rollo más rock andaluz que me apetecía mucho. Quizás pierde un poco el toque Prince porque lo lleva a Camarón, a “La Leyenda del Tiempo”. Me apetecía que esta canción tuviera esa versión. Quien quiera la otra versión tendrá que oírla a través de plataformas. 

Por cierto, en el vídeo de esta última sale tu madre, Concha Vargas, un mito del baile de nuestro país. ¿Qué te ha comentado al escuchar esta colección de canciones tan sentida y potente? 

Quintín: Mi madre es fan mío, la verdad. De todo lo que hago. Me admira como artista y habla de mí a todo el mundo. Partiendo de ahí, nunca me criticará lo que haga, aunque ella es una bailaora gitana de jondo. En mi casa no se ha oído música que no sea flamenco jondo. Mi madre nunca ha oído ni a Los Chichos ni a Camarón. Mi madre es de Antonio Mairena y Manuel Agujetas, de cosas muy jondas. Ella entiende todo, es abierta de mente. De joven, cuando tenía 20 años, hizo una obra llamada “Camelamos Naquerar” de Mario Maya. El año que viene habrá un documental sobre dicha obra, por cierto. Ha participado en obras de Andrés Marín, un bailaor conceptual flamenco, rollo Israel Galván. Es curioso porque su expresión es el flamenco más jondo, de las personas mayores es de las que más jondo baila. Mi madre resiste con el baile de toda la vida. Aún así ella tiene la capacidad de convertirse en actriz, si le dices “haz esto”, lo hace. Siempre que puedo le digo que hagamos cosas juntas. Si ella fuera purista de los que no se les puede decir nada, jamás le hubiese dicho nada. Es purista y abierta a la vez, como yo, aunque yo no sea purista (Risas). 

Las críticas positivas y el recibimiento de la prensa a “El Mundo se Quema” está siendo unánime. ¿Esperabas tal cantidad de parabienes y halagos? ¿Qué tal estás siendo la respuesta del público? 

Quintín: Lo noto, la verdad. ¿Qué te puedo decir? Al ser un disco tan difícil de escuchar para la masa, quizás no lo sea tanto para los melómanos, porque tiene matices y detalles interesantes, algo que se agradece entre el mainstream predominante. No me esperaba gustar tanto. He ido a medios de comunicación con los que nunca había estado con otros discos. En directo está gustando, llevo una banda en directo muy potente. Son todos unos cracks. Llevo a Ismael Prieto a la batería, Pablo Donoso, como guitarra solista, Peco Salazar, guitarra y coros, Mario Mugre, bajo, y Julia Dueñas a los teclados. Son la banda que me faltaba, mira que la otra era buena, pero esta es un nivel más. La gente ve que me he rodeado de una gran banda, tanto estas canciones como las de “Caravana” están a otro nivel. 

“Estoy agradecido por las críticas y porque la gente pueda verme como un referente del sonido underground” 

Eres consciente de que desde “El Giradiscos” creemos que con este disco has dado un paso de gigante para empezar a considerar a Quintín Vargas un auténtico mito de nuestra música. ¿Sientes responsabilidad al respecto o prefieres ir tomando las cosas con calma y paso a paso? 

Quintín: Lo vuelvo a repetir. Jamás voy a hacer música ni nada para la gente, como ya he dicho. Si en algún momento la gente siente que tengo una responsabilidad hacia ellos se darán cuenta que están equivocados. Nunca me voy a vender, ni hacer nada para la gente, sabiendo que ellos te suben y bajan, por lo que le debes un respeto. Mi respeto no es vender mi coherencia. No puedo ser de una forma que no soy. Ya estoy con el próximo disco que va a ser otra cosa. “El Mundo se Quema” es el día, pero el próximo será la noche. Seguirá habiendo sonido Zíngaro y flamenco, pero nada que ver. Ocho o nueve temas más cortos con otra nueva forma de fusión. Si la gente espera otro “El Mundo se Quema” se van a decepcionar. Estoy agradecido por las críticas y porque la gente pueda verme como un referente del sonido underground, pero tengo que seguir mi camino y seguir haciendo las cosas que vea oportunas para mí.

The Reytons: “Escribimos canciones que ofrecen a las personas una escapatoria del día a día”


Por: Antonio Gomariz.
Fotografía: Dominic Walsh.

Podrás sacar a The Reytons del barrio, pero nunca podrás sacar el barrio de The Reytons. Podría ser una buena forma de sintetizar la trayectoria de una de las últimas grandes sensaciones del indie rock británico. El cuarteto de Rotherham, compuesto por el cantante Jonny Yerrell, el guitarrista Joe O'Brien, Lee Holland al bajo y Jamie Todd como baterista, debutó en 2021 con Kids Off The Estate, toda una muestra de su modo de entender la música y la vida.

Así, si uno de sus primeros hits rezaba aquello de “Clifton Park era Disneyland”, The Reytons alcanzaron todo un hito personal dando su mayor concierto hasta la fecha ante 20.000 fans y vecinos en el citado parque. El mayor evento musical albergado por su ciudad natal, Rotherham, desde el concierto de T-Rex en el mismo lugar en 1971. Héroes locales, números uno de las listas británicas y con un firme e innegociable compromiso con su condición de independientes, The Reytons arrancan su primera gira de salas por España y nos atienden antes de su paso por Barcelona, Madrid, Málaga y Valencia del 28 al 30 de marzo. 

¿Qué supone para vosotros la independencia que os da autoeditar vuestros propios discos? 

The Reytons: Para nosotros, ser independientes significa tener el cien por cien  del control sobre cada aspecto de nuestra banda. Muchos artistas dicen ser independientes, pero al mismo tiempo están firmando con una discográfica, tienen respaldo financiero para grabar y promocionar sus álbumes, a menudo sin escatimar gastos… Además de lo problemático que es el enorme porcentaje que se llevan las discográficas, algo de lo que nunca se habla lo suficiente. Nosotros hacemos todo por nuestra cuenta. Desde escribir una maqueta hasta grabar y lanzar el álbum, dirigir los videoclips, diseñar la portada del disco y el merchandising: todo lo hacemos nosotros. No hay proceso de aprobación más allá de lo que decidimos nosotros y, en última instancia, lo que quieren nuestros fans. 

¿Cómo lo organizáis desde el punto de vista logístico y operativo? Para una banda que ha crecido tanto como vosotros en los últimos años, imagino que, además de vosotros cuatro, será importante contar con personas de confianza en el entorno sobre las que poder delegar. 

The Reytons: Nuestro equipo está construido sobre confianza y pasión, no sobre las normas que impone la industria. Por ejemplo, conocimos a nuestro mánager Rich cuando solo organizaba pequeños conciertos. Nunca había gestionado una banda antes, pero terminó siendo el encargado de la producción de nuestro show en Clifton Park para 20.000 personas. Nuestro ingeniero de sonido no trabajaba en arenas antes de unirse a nosotros. Nuestro equipo de iluminación y producción nunca había hecho giras, y aun así logró sacar adelante la locura que fue nuestro tour por Reino Unido el mes pasado. Nuestro jefe de equipo estaba arreglando lavadoras hace no mucho tiempo… Te puedes hacer una idea de que cada persona en nuestro grupo entiende nuestra visión y por eso siguen con nosotros pese a lo que hemos crecido. 

¿Y qué impacto tiene esa independencia en vuestra música y en vuestras letras? ¿Es una cuestión innegociable en el seno de la banda? 

The Reytons: La independencia es una parte enorme de nuestra identidad, pero más que nada, queremos representar a la gente normal, de clase trabajadora, como nosotros. Escribimos canciones que ofrecen a las personas una escapatoria del día a día, algo en lo que puedan sumergirse durante un par de horas. Nuestra autonomía es innegociable. Reytons siempre será Reytons. 

Pese a todo, nada os impidió llegar al número uno con What’s Rock And Roll (2023) y casi repetirlo con Ballad Of A Bystander (2024) (hay cierta controversia respecto a ese #2). ¿Os lo esperabais? ¿Qué supuso para una banda como vosotros? 

The Reytons: Conseguir el número uno fue algo surrealista. Definitivamente sentimos un poco de síndrome del impostor cuando íbamos por el edificio de la BBC Radio 1 con un álbum en la cima de las listas después de años intentando abrirnos paso. En cuanto al número dos, es lo que es. Sabíamos que después del primer número uno, no estaban muy interesados en dejarnos repetirlo y menos de la manera en que lo hicimos… Pero fue buenísimo ver a todos aquellos tipos trajeados sudando en su sala de juntas. Algunos tuits eliminados demostraron que incomodamos a las personas correctas esa semana… En cualquier caso, más que la posición en las listas, lo que importó fue cómo llegamos allí. Pasamos toda una semana, todos los días, atendiendo nuestra propia tienda en el centro de nuestra ciudad natal, viendo pasar a miles de fans. Eso significó más que cualquier trofeo, ya sea de oro o plata. 

¿Sentís presión por facturar hits que os permitan repetir o manteneros cerca de esa cima? 

The Reytons: Siempre hay presión, pero en este momento no se trata tanto de intentar hacer canciones que puedan sonar en la radio, sino de hacer lo correcto para nuestros fans y para nuestros conciertos. En la radio pondrán lo que quieran o, mejor dicho, lo que las discográficas les paguen por poner. Así es como funciona. Nosotros sentimos que la mayor presión es el tiempo: escribimos, mezclamos y masterizamos Ballad Of A Bystander en cinco semanas. What’s Rock And Roll se hizo en cuatro. No analizamos demasiado ni dejamos reposar las cosas durante seis meses. Confiamos en nuestro instinto y esa honestidad en todo el proceso, en nuestra opinión, hace que la música sea mejor. 

En España solemos decir que “nadie es profeta en su tierra”. Sin embargo, parece que todo el mundo adora a The Reytons en Rotherham. ¿Realmente os sentís así de queridos en vuestra casa? 

The Reytons: El amor que recibimos de Rotherham es increíble. Tocar en Clifton Park y escuchar a 20.000 personas cantando “Clifton Park was Disneyland” fue como estar en un sueño. Había familias allí, con niños que tal vez nunca tengan la oportunidad de ir a Disneyland, y nosotros pudimos traer nuestra propia versión a casa. Es el punto culminante de nuestra carrera. Rotherham ha tenido su buena dosis de mala prensa, pero es una buena ciudad con buena gente. No importa cuánto crezca esta banda, siempre tendremos un lugar en casa. 

Vuestras, además, letras tienen un fuerte componente social y de historias cotidianas del barrio y de vuestra ciudad. 

The Reytons: Absolutamente. Nuestra primera canción, Slice Of Lime, trataba sobre la cultura de los pubs. Kids Off The Estate capturó nuestra infancia. En nuestro último álbum, Ballad Of A Bystander, hemos seguido escribiendo sobre Meadowhall, Greasbrough y el autobús de la ruta 116 en Market Street. Está bien intentar escribir un álbum conceptual sobre un submarino amarillo, pero la realidad es que nada nos inspira más que lo que está justo delante de nosotros, frente a nuestras ventanas. 

¿Os sirve, de alguna manera, como recordatorio para tener siempre presente el lugar de dónde venís por muchos viajes y baños de masas que os deis aquí y allá? 

The Reytons: Todavía nos encontrarás en un pub local o en una fiesta en South Yorkshire, no te preocupes por eso. 

¿Y a la hora de intentar conseguir un sonido propio y distintivo? ¿Tenéis en mente el intentar diferenciaros y que no se os encasille a la estela de los grandes referentes del indie rock británico que os han precedido? 

The Reytons: Siempre habrá comparaciones, hagas lo que hagas. Escribimos On The Back Burner deliberadamente para que sonara como aquello con lo que nos comparaban, solo para reírnos. Pero sinceramente, escribimos lo que queremos escribir. Cada tema está en el álbum por una razón. Queremos generar conversaciones y hacer que la gente se mueva en los conciertos. Eso es todo. 

¿Cómo enfocáis vuestra gira de salas por España? Tuve la suerte de veros en vuestro paso por el FIB, pero en un festival con una parte del cartel tan enfocada al público british, aquello debió sentirse como estar jugando de local. 

The Reytons: El FIB fue una locura, uno de los conciertos más calurosos que hemos tocado, aún más porque accidentalmente llegamos un día antes (no preguntes). Pero nos encantó el ambiente, y llevaremos esa misma energía a las fechas de la gira, si no más loca. Además, la experiencia en sala poco tiene que ver con el gran festival de verano… 

¿Dónde os sentís más cómodos? 

The Reytons: En cualquier lugar donde haya gente que ame la música y entienda de dónde venimos. Podrían ser los 20.000 en Rotherham o 200 en Tombuctú. Si estamos en un escenario con guitarras en nuestras manos y un público listo para darlo todo… ¡Qué se preparen para sudar! 

Por si todavía queda alguien dudando sobre si ir a veros en concierto. ¿Qué hace de un concierto de The Reytons una experiencia que nadie debería perderse? 

The Reytons: Mucha energía. Pasión. Guitarras ruidosas. El mejor espectáculo de luces que podemos llevar más allá de nuestra isla. No pasa nada si este no es tu rolo... Pero no dudes en venir si quieres echarte unas risas.

Luis Brea, un artista a tener en cuenta


Sala Copérnico, Madrid. Sábado, 29 de marzo del 2025. 

Por: Jorge Bravo “El Gurú”.

Lo de Luis Brea es algo a tener muy en cuenta, llenar la sala Copérnico hasta la bandera como él lo hizo, sin apenas promoción, está al alcance de muy pocos y menos todavía en estos tiempos donde la oferta de conciertos está tan saturada. 

Abrieron la noche Eva y Adán, nuevo proyecto de Víctor Sánchez, guitarrista de Lapido y 091, y Eva Cervilla, quienes con su folk-rock de calidad acariciaron nuestros oídos más que dulcemente. Antes de terminar su actuación contaron con la presencia sobre las tablas de Luis, que salió para colaborar en “Habitación 508”. 

El plato fuerte de la velada empezó solo en el escenario con “After crisálida”, un precioso vals con el que nos daba la bienvenida. Poco a poco se fueron sumando miembros de su banda, el primero en hacerlo fue el batería, Gonzalo Maestre, con el que atacó el nuevo y enérgico “Remedios”; añadiéndose más tarde al bajo Manel Bagues en “Como una ola”, completando la banda con los sensacionales Guillem Rigo, guitarra, y el Iván Mella, ex-Izal, a los teclados en “Nueva Generación”. 

Puede que su disco “Corazón azul” pasara en su momento demasiado desapercibido, pero no cabe duda que contiene canciones inmensas con “La caída de Van Helsing” o “El apagón”, ambas forman ya parte de los momentos álgidos de su repertorio. 

La parte final del bolo se la dedicó a su primera etapa con una emocionante “Mil razones” y su habitual comunión con el público en “Automáticamente”, rematando por todo lo alto con “Supermariachi” y una celebrada “Baso” es con “V” enlazada como no podía ser de otra manera con “Segundo Premio” de Los Planetas, acompañado por Eva y Adán. Enmarcando de esta forma un rotundo final que dejó un inmejorable recuerdo a todos los presentes, sabedores que en nuestras quinielas siempre se debe apostar al uno fijo si el que juega en casa es Luis Brea.