The Black Keys: "Peaches!"


Por: Àlex Guimerà.

A pesar de que el año pasado publicaron “No Rain, No Flowers”, no fue un buen año para los integrantes de The Black Keys. Primero porque el disco recibió malas críticas por falta de riesgo y autenticidad y por tener un sonido que no poseía la crudeza de sus mejores trabajos; pero también sufrieron la cancelación de los conciertos de su gira latinoamericana por la previa pobre venta de entradas. Por si fuera poco, la vida personal de Dan Auerbach se vio afectada por la enfermedad, el cuidado y el fallecimiento de su padre. Fue en este contexto turbulento que el propio músico decidió romper con todo y volver a las raíces de la música que él y su compañero de fatigas, Patrick Carney, llevan dentro: el Blues. 

Es precisamente por ello que los Black Keys son una banda a reivindicar, con un valor incalculable en el panorama actual del rock, al haber expandido el blues-rock en el nuevo milenio, y en especial por haberlo trasladado al -a menudo- cuadriculado mundo indie en paralelo a otra gran dupla como fueron los White Stripes. Con, hasta la fecha, 13 álbumes publicados, y algunas obras maestras (pienso sobre todo en "Brothers" de 2010 y en "El Camino" de 2011), sus canciones han tomado muchísimo de la tradición del blues regándolas de una sonoridad y una producción muy actual y atractiva .

Y aquí encaja perfectamente este "Peaches!", con portada a cargo de Michael, hermano de Patrick, para el que el dúo de Akron seleccionaron de su colección de vinilos hasta 10 clásicos del Blues que grabaron en directo junto a sus habituales colaboradores e invitados de peso como Jimbo Mathus o Kenny Brown, buscando revivir los conciertos de los clubs de Chicago de los años cincuenta y sesenta. 

La tormenta sónica arranca con "Where There's Smoke, There's Fire", de Willie Griffin -también versionada el año pasado por Paul Weller en "Find El Dorado"-, con esa cadencia rítmica incansable y esa sensación de descontrol de las guitarras. Los compases y las escalas se repiten en "Stop Arguing Over Me" en donde aparecen las primeras notas de órgano. Aunque destacaría más el Hammond de "Who's Been Foolin' You" a cargo de Jimbo, que resulta digno de los primeros Deep Purple. Y justo cuando echábamos de menos la harmónica aparece en la desgarradora "It' s A Dream". El riff de guitarra de "Tomorrow Night" nos retrotrae al Eric Clapton de los sesenta, mientras que "You Got To Loose" es puro Rythm'n'Blues salvaje. 

En los setenta los Dr. Feelgood renovaron los votos con el Blues gracias a piezas como "She Does It Right", que ahora el dueto ha querido recuperar y llevarla a su terreno. Especialmente cruda es "Fireman Ring The Bell" con esas guitarras sucias y esa voz que se lamenta con frases como "Don't you let nobody tear my playpen down". El cierre perfecto llega de noche, con mucho humo y whisky, en la triste "Nobody But You Baby", que se alarga hasta pasados los siete minutos y nos deja sometidos ante el poder de un género musical que sigue siendo el mejor refugio para quienes aún creen que una guitarra, una armónica y una voz rota bastan para detener el tiempo.

The Brass Buttons: “Last War Lullaby”’


Por: Txema Mañeru. 

La unión y admiración mutua entre los andaluces The Brass Buttons y Adam Levy (líder de los legendarios The Honeydogs) viene ya de años atrás. De hecho ya pasó por estas páginas de El Giradiscos hace 6 años el buen disco en directo “Live At The University Of Cádiz”, firmado de forma compartida. Ahora The Brass Buttons han querido hacer un homenaje ampliado a una magnífica suite de canciones de más de 8 minutos titulada “Last War Lullaby”. Obra que estuvo incluida en su aclamado álbum conceptual distópico "10.000 Years", de hace más de 20 años. Como ellos mismos dicen está hecho con admiración y gratitud para un Adam que cuenta con una carrera en solitario pero especialmente destacada con The Honeydogs e incluso al frente de The Professors. 

 Así han creado su propia suite de más de 30 minutos que amplía la historia del tema anterior y pone su punto de mira en el protagonista de la historia, Vadikyn. Se trata pues de una única pieza, aunque esté compuesta de diferentes y mutantes pasajes que requieren una atención esmerada y la audición del disco al completo para comprender mejor el trasfondo de la historia, así como su rica música. A los 5 músicos de la banda su suman 4 más como importantes colaboradores. La música y letra original de Adam ha contado con la suma de más letras y música a cargo de la banda para crear una obra de rock orquestal.

El trabajo consta de 3 capítulos y el primero lleva el título de “El Colapso”. Comienzan angelicales y muy Costa Oeste de los años sesenta en la psicodélica y preciosa "The Barrios Of El Dorado", en la que parecen una combinación entre Judy Collins y los America de "Con Tu Pelo Tan Dorado". ¡Será por el título! "Killjoy Was Here" suena muy Beatles, pero con ese órgano delicioso y unas guitarras que crujen, por momentos. La tierna melodía vocal es una gozada y culmina con un soleado estribillo repitiendo el título. Más trepidante y, casi con aromas Nueva Ola, suenan en "Calling Mayday", casi con aromas a Blondie en los momentos más eléctricos.

El Capítulo II se titula “El Peregrinaje”. Comienzan más ácidos en guitarras y órgano en el arranque de "They Poisoned All The Water" que luego torna en acelerado ritmo country-rock que más que envenenarte, te regenera por dentro. Buenos coros a dos voces sobre guitarras poderosas y un órgano abrasivo. La psicodélica y casi parte hard-rock final a lo Vanilla Fudge es una gozada. "Road To Karakum" comienza como balada con piano y voz, pero luego se desvía por otros territorios más experimentales. Los coros femeninos a portan unos momentos realmente emocionantes y casi aires progresivos en las posteriores variaciones de sonido que hacen ver más de dos temas en uno. "Typhoid Mary" es una sorpresa absoluta fusionando flamenco puro en castellano con piano y percusiones, con otros momentos progresivos, aunque melódicos. Parece un sentido homenaje a los Triana, aunque gustará también a los seguidores de los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba. Este tema es el que se lleva la palma con las colaboraciones, pues tenemos en la voz principal a Celia López, Antonio Macías en la guitarra flamenca y José Carlos Losada en las ricas percusiones. En este y otros temas ayudan el piano y teclados varios de Alberto Barea. 

El Capítulo III se titula “El Eterno Retorno” y comienza con "White Hooded Hydra", otra maravilla densa con esas crudas guitarras, sobre un piano melódico y, nuevamente, destellos psych-prog. ¡Qué sabrosa locura! Emocionante final con la estupenda melodía vocal de "Dead Stars (Reprise)", con sus aires entre Beatles y The Doors. A esto último ayuda la presencia de ese órgano abrasador que se alza por encima de la afilada guitarra y la potente sección de ritmo. Aunque al final tenemos también un poderoso solo de guitarra por encima del apoteósico y casi épico final. ¡Gran colofón para un gran y muy evolucionado trabajo!

Paul McCartney: “The Boys of Dungeon Lane”


Por: Javier Capapé. 

Juzgar un libro por su portada vendría a ser lo mismo que un disco por la firma de su autor. Tener ante nosotros el nombre de Paul McCartney, a sus 84 años recién cumplidos, impone respeto y puede hacernos caer en el error de valorar su más reciente disco por el peso de su magnánima obra. Pero Macca nunca ha dejado de lanzar discos notables, quizá no todos gocen de gran cohesión, pero estamos hablando de un músico al que no podemos cuestionar ni un ápice de su valía. Y no por ser el más disciplinado de los Beatles, pues en su larguísima carrera en solitario (desisto en intentar hacer la cuenta de nuevo) ha despachado discos de los que merecen un monumento. Sin ir más lejos, su último lanzamiento con canciones nuevas, “McCartney III”, gestado en los meses de pandemia, dejó bien claro que la edad no era impedimento para volver a dar en el clavo. Aunque su carrera está llena de momentos envidiables. Del pop colorista de “Flowers in the Dirt” a la introspección de “Flaming Pie”. De la magia costumbrista de “Chaos and Creation in the Backyard” al preciosismo de “Tug of War” (sin olvidarnos de la revolución lisérgica de los Wings del “Band on the Run”). De todas formas, es inevitable que nos planteemos la necesidad de este disco en el 2026, pero “The Boys of Dungeon Lane” no responde a ninguna estrategia, es simplemente la respuesta a la urgencia vital de su autor, que nunca se ha conformado ni ha vivido de rentas. 

Puede que en sus conciertos sí que abuse del rédito de sus éxitos con los Fab Four, pero sus discos han seguido siendo una constante que obedece únicamente a la defensa del arte y la creación por encima de todo. Así debemos recibir esta obra, como la necesidad de su autor de reconectar con su pasado creando, que es lo que siempre ha sabido hacer mejor. La nostalgia se convierte por tanto en protagonista, pero una nostalgia bien entendida y enérgica, nada autocompasiva. De esa manera, las intensas vivencias con John Lennon, la infancia compartida junto a George Harrison, la camaradería con Ringo Starr o la relación con sus progenitores son el hilo conductor de estas canciones, tal y como se muestra desde su título, referido al nombre de la calle que le vio crecer.

Paul McCartney se ha juntado en esta ocasión con Andrew Wyatt, un productor en boga que recientemente ayudó a firmar el mejor disco de los Rolling Stones en mucho tiempo. No es que con McCartney haya repetido la fórmula (sería muy atrevido hacer la misma afirmación en este caso), pero ha conseguido entregar otro disco de los que perduran, uno en el que vale la pena detenerse. Ha sabido aunar la tradición y la mirada de Paul hacia los mejores momentos de su carrera con un pie puesto en la actualidad al mismo tiempo. Suena contemporáneo, pero sin perder su aroma clásico. Esos aires cargados de actualidad se pueden encontrar desde los primeros compases de “As you Lie There”, que no tiene pudor en acercarse a la nueva hornada de músicos de rock cuando se pone más agresivo en el estribillo. Lo que también se aprecia desde este primer corte es que Macca no está tan fuerte vocalmente. Cierta aspereza se apodera de sus cuerdas vocales, pero provoca más empatía que rechazo, pues el músico no quiere ocultar el momento que vive, no quiere parecer más joven de lo que es, no esconde sus arrugas ni desgaste, y eso mismo lo hace más grande. No ha pretendido que la producción de Watt le aleje de su esencia o momento vital, que encubra sus asperezas, lo que no hace más que sumar puntos a la generosa colección, que se extiende hasta los catorce cortes. Algunos más acertados que otros, es evidente, pues si el clásico pop rock de “Lost Horizon” no aporta demasiado a pesar de su buena factura, “Life can be Hard” nos lleva a reconocer en McCartney a un músico siempre un punto más allá de la media gracias a su compleja estructura rítmica y sus apropiados arreglos de cuerda.

Hay casi de todo en estas canciones, pero no, no es el “Álbum Blanco”. Sostenido en su base de pop rock que podría llevarnos a la época del “Off the Ground”, McCartney se marca una lección de buen gusto cuando apuesta por temas más clásicos de aromas folk sustentados con lo mínimo, como fue su carta de presentación, la magnífica y nostálgica balada “Days We Left Behind”, o “Down South”, que sin mostrarnos nada diferente, nos engancha entre paisajes de sobra conocidos. Acierta con la desprejuiciada “Ripples in a Pond” e incluso se marca un revival tipo Wings en “Mountain Top”, que no desentona nada con ese espíritu ya comentado que impregna la mayoría del metraje. El uso del reverse, explotado en los sesenta por los Beatles desde ”Ticket to Ride”, se convierte en un curioso recurso en temas como la pasajera “We Two” o “Never Know”. Esta última no consigue enganchar lo suficiente a pesar de su estribillo cercano y popular, pero lo mejor está en sus arreglos y detalles. Del mentado “reverse beatle” a la flauta, que nos lleva a sus cotas más altas. También con vientos se mueve “Salesman Saint”, aunque esta vez guiados por la trompeta, una tonada que se asienta en un recitado que evoca al cabaret de los años treinta y en la que el Liverpool de posguerra convierte a sus padres en protagonistas. Casi tanta evocación y alegre añoranza como la que contiene el dúo junto a Ringo Starr “Home to Us”, que cuenta con un estribillo glorioso y unas estrofas llenas de vitalidad.

El propio Paul se ha encargado de casi la totalidad de los instrumentos del disco. Es de sobras conocida su versatilidad instrumental, pues domina guitarras, bajo, pianos e incluso batería, como bien se muestra en estas canciones, que por encima de todo brillan cuando asoma el rock directo, ese que se muestra a las claras en “Come Inside”. Una canción fresca y guitarrera que no parece que haya hecho un señor octogenario, y que nos demuestra por enésima vez su energía y credibilidad. Algo que también ocurre al moverse con soltura en “First Star of the Night”, que nos presenta una de las líneas de bajo más logradas del conjunto para que no olvidemos de dónde viene nuestro sempiterno bajista encarado a un precioso Höfner.

Y tras todo este derroche de actitud, solo nos queda arroparnos por el drama de “Momma Gets By”, que cierra el LP retratando la crudeza de las familias inglesas en los arduos años cuarenta, con un toque clásico que conmueve gracias a las cuerdas y a un estribillo cargado de magia, al más puro estilo de las baladas de mediados del siglo pasado. Además, se adorna con una guitarra española doliente y unos vientos suaves que encajan a la perfección con las cuerdas, buena muestra de la talla de este creador eterno, que cierra uno de sus álbumes más personales y emotivos con una partitura de inmensa elegancia. Así es Paul McCartney, un verdadero genio que todavía no se plantea el retiro, que disfruta entregándose y teniendo aún algo que decir cuando todo lo ha dicho ya.

Hace no demasiado tiempo, nuestro querido Enrique Bunbury dejaba una pregunta en el aire sobre qué artistas trascenderían realmente para la historia de la humanidad de todo el siglo XX, quién sería realmente recordado dentro de doscientos años. Esta obra desde luego que no es eterna, ni lo pretende, pero McCartney, sin duda, ya lo es. Ha trascendido. Es la música del siglo XX, y “The Boys of Dungeon Lane”, un disco que por todas sus costuras encajaría más fácilmente en ese siglo, es un digno testigo de ello.

Ilustres Principiantes: Los Galgos



Los Galgos debutan con un primer y homónimo LP enérgico y atrevido. La banda madrileña sorprende con un álbum que refleja una sociedad esperpéntica tintada de humor. Grabado con Iñigo Bregel de Los Estanques, el largo fue terminado en tan solo 5 días de duro trabajo. “Está lleno de primeras tomas, no hay golpes movidos ni edición”, una propuesta cruda y honesta. El track “Consumir o Consumar” es una única toma en directo de bajo y batería: “Notamos una conexión increíble en esta primera toma, los bombos y el bajo casaban mágicamente a pesar de los desplazamientos”. En el último track del disco, “Chico Florero”, se puede escuchar a Samuel Terroso hablar antes de hacer la primera y única toma a guitarra y voz.

Y es que sus componentes no son sino todo lo contrario a novatos en la escena. Samuel Terroso (batería en estudio, guitarra y voz), Carlos Alfaya (guitarra) y Víctor Torrecilla (bajo) componen una superbanda tras años de gira como músicos de otros artistas coomo Miguel Ríos, Carlangas, Nat Simons, Gara Durán, Hey Kid, Barry B, Hipergéminis, Pol314, Grex, Alejo Stivel, Juan Azul, Maximiliano Calvo, Naked Family, Lucas Curotto, Fontán, Drugos, Lucas Colman… y un largo etcétera.. A este hermanado trío se añade Carlos Calatayud como gran descubrimiento baterístico en la escena madrileña.

Se trata de una propuesta rompedora de letras ingeniosas y melodías pegadizas arropadas por una instrumentalidad y directo arrolladores. Un álbum bebe de bandas como Nirvana, Pixies, QOTSA, Viejas Locas, Hendrix, Santana… y acerca estas influencias de forma inteligente y cuidada al castellano. Algo que demuestra ya “Pelis de Amor, Pelis de Hostias”, la canción que da inicio al primer LP de Los Galgos. Una canción que te adentra en el álbum jugando con diferentes atmósferas, desde lo íntimo a lo épico, desvelando cuidadosamente el sonido de este largo. Curiosamente, este track inicial resulta ser, paradójicamente, la última composición de la banda contenida en el mismo. Por ello podemos apreciar en él una mayor riqueza y madurez tanto instrumental como emocional. Una canción que habla de amor, pero no desde la habitual idea de que todo es perfecto, ya que nada lo es en la vida real.

Un inicio íntimo al que poco a poco se van sumando y presentando de manera cuidadosa los diferentes instrumentos, superponiendo melodías y alcanzando un clímax final. Una forma de crear una expectativa continua que en tan solo unos minutos te sumerge de lleno en un álbum ameno y sustancial.

Manolo Tarancón: “The Dark Side Of The Moon. La Revolución Sónica de Pink Floyd”


Por: Txema Mañeru. 

La estupenda “Colección Elepé” de la editorial Efe Eme sigue sumando títulos de discos emblemáticos de bandas y solistas realmente históricos. ¡Y es que acaban de llegar el número 20! Si te pasas por www.editorial.efeeme.com, comprobarás que la colección comenzó con artistas y discos españoles, pero es que en la última decena y, sobre todo, en los últimos títulos, tenemos a clásicos absolutos como Bruce Springsteen, The Clash, Elvis Presley, The Who, Bob Dylan o Fleetwood Mac. La mayoría con discos clave tales como “London Calling”, “From Elvis To Memphis”, “Quadrophenia” o “Rumours”. Pero Bruce y Dylan con sorpresas en forma de títulos como “Darkness of the Edge Of Town” o “Slow Train Coming”.

Ahora vuelven a coincidir ambos hechos. Grupo histórico y su disco más representativo, aunque yo sea de los que prefiere el “Wish You Were Here” a “The Dark Side Of The Moon”. Pero este disco emblemático y su icónica portada bien merecían entrar en este selecto club. Además, con la firma del escritor y músico Manolo Tarancón. Yo le conocí antes como músico con discos tan importantes y recomendables como “Imperfectos” o “Historias Mínimas”. Ha sido también programador de conciertos y ha ideado interesantes ciclos musicales. Actualmente escribe regularmente en los siempre recomendables “Cuadernos Efe Eme”, además de en la página web de la editorial. También tiene un libro en la editorial como es “Conversaciones con Xoel López” de dicha colección en forma de entrevistas.

Lo curioso de este caso es que Pink Floyd no parecían, a priori, uno de los artistas clave para haber formado su background musical, que está más cercano, por ejemplo, a nombres como Bob Dylan, Neil Young, Tom Waits, Nacho Vegas o Quique González. Pero cuando leas estas 200 páginas, sobre todo si eres fan de los Floyd, comprobarás que controla perfectamente y ama la música de la banda. Su “Breve Introducción” no lo es tanto y ya marca las claves de lo que es la banda, el disco y su historia y trascendencia hasta la actualidad. El ve la génesis de este disco en el disco anterior, “Meddle” y en su legendario extenso tema, "Echoes".

En otros capítulos deja constancia de la importancia del estudio a la hora de grabar el disco y de su ingeniero de sonido, Alan Parsons. En otro destaca la creatividad de sus letras, extendiéndose con la temática de las mismas. Temática en la que entraba el tiempo, el dinero, la política, la muerte o la locura, hablándonos, incluso, de esa mítica visita por el estudio de Syd Barrett. Buena interpretación personal del disco y también valiente al analizar las referencias que tuvieron para crear el disco, entre ellas Bob Dylan y, sobre todo, The Beatles. Por supuesto que se analiza también la importancia visual del disco, así como la experiencia lumínica de sus conciertos. Por cierto, que en esta ocasión tenemos, incluso, mayor número de fotografías a lo largo de las páginas del libro. Manolo analiza también los “números” del disco y hasta se atreve a hablar del legendario concierto de Pompeya. Entra en las valoraciones de la prensa y repasa las más interesantes y completas reediciones ampliadas de la obra, además del disco original. No falta un repaso a lo que vendría después hablando del ya citado y loado “Wish You Were Here” o del también histórico y doble “The Wall”. 

Definitivamente estamos ante una inmersión completa en esta obra capital que marcó un antes y un después, no solo en su propia trayectoria, sino en la de la música rock en general. 45 millones de discos vendidos no son tampoco un dato sin importancia. La cantidad de bandas tributo sobre la banda es gigantesca y la mayoría tocan o han tocado este disco al completo. ¡Bienvenidos a la cara oculta de la luna y a sus particulares vistas!

Antoine Fuqua: "Michael"


Por: Javier Capapé. 

Llevo días dando vueltas a las sensaciones que me provocó el biopic de Michael Jackson. Impactante en lo visual, pero vacío en lo argumental. No nos descubre nada que no supiéramos ni se enreda en elucubraciones que destapen los capítulos más controvertidos de su vida. Es una película correcta, de factura nada reprochable (aunque pierde el espíritu que su director impuso en obras más directas como “Training Day”), pero la sensación final es que nos falta algo. Cierto es que una película de duración convencional que condense la vida del Rey del Pop es casi imposible de imaginar, pero esperaba algo más de “Michael”.

En lo estrictamente musical se convierte en una precisa recreación de algunos de sus hitos más celebrados: la presentación en televisión de “Billie Jean” y el estreno de su eterno "Moonwalk", la grabación junto a John Landis de su videoclip más famoso, el cierre de su última gira con los Jacksons 5 o su triunfal primer tour en solitario con “Bad”, concretamente en sus celebrados conciertos en el estadio de Wembley en Londres. Pero a pesar de que la recreación de estos momentos sea fantástica, es mucho más recomendable verlos en sus versiones originales, que para eso contamos con registros de todos ellos que ya de por sí son sublimes, con su verdadero protagonista y sin necesidad de contar con planos más estudiados o la presencia de un actor de gran credibilidad para llamar nuestra atención. A pesar de esto, no hay nada que reprochar a Jaafar Jackson, que está tremendo en cada plano (también habría que destacar a Juliano Krue Valdi dando vida al pequeño Jackson y representando de una forma muy creíble el miedo y dolor que le provocaba la presión de su padre). La forma de adoptar la entrega de su tío y hacerla suya es tan creíble que, por momentos, parece que estemos viendo al mismísimo Michael, como si estuviéramos más bien delante de un videoclip que de una película. Imita cada gesto y reproduce cada uno de sus tics a la perfección. Sin embargo, en la parte más dramática, “Michael” chirría. Todos sabemos que la tremenda exigencia y control de su padre Joseph (un abrumador Colman Domingo) le condujeron a esa personalidad atormentada que le hizo buscar la infancia fuera de su momento, en una especie de identificación paralela entre su figura y la de Peter Pan, muy bien plasmada en momentos clave de la cinta. También somos conscientes de todo lo que el patriarca de los Jacksons contribuyó para que Michael no se sintiera realmente libre para llevar las riendas de su carrera (es paradójico que al lanzar el disco más importante de la historia como fue “Thriller” no pudiera hacer una gira solista para presentarlo). Pero aquí no nos destapa nada nuevo, nos sentimos casi como si presenciáramos un documental edulcorado de su pasado, pero sin llegar a mojarse más allá de algún plano de gran tensión contenida.

En cuanto a las secuencias donde se tratan sus labores de composición o trabajo en estudio, sobre todo desde la llegada de ese hito que fue “Don't stop ‘til you get enough”, son más interesantes los documentales que en su día firmase Spike Lee, principalmente aquel que se detiene en el viaje del joven Michael desde sus años en la Motown hasta la grabación de “Off the Wall”. Pero claro, no podemos pretender que la película tenga un carácter documental, porque esto es un biopic (o la primera parte del mismo) y por eso utiliza todos los trucos propios de este tipo de films: saltos temporales, forzados videoclips, negociaciones en los despachos de las discográficas (a destacar su lucha por copar la MTV)... pero por encima de todo, uno de los momentos que más se eleva por encima del resto es cuando Michael se encierra en su estudio para dar vida, con poco más que su voz y sus notas colgadas por todo el estudio, a las canciones que formarían su obra maestra, ese “Thriller” que le hizo ocupar el trono del Pop para siempre. Esas escenas son mágicas, lo mejor de la película. Vemos como tararea futuras melodías, busca arreglos rítmicos e incluso lucha por ordenar esas canciones o darles sus definitivos títulos. Junto a esto, las escenas con Berry Gordy en los estudios de la Motown o con Quincy Jones definiendo su personal estilo también se quedan grabadas en nuestra mente (así como su apoyo íntimo en su asistente personal o en su mánager John Branca), más incluso que los apoteósicos números en directo que deslumbrarán al iniciado, pero no le dejarán boquiabierto si han podido ver alguna de las presentaciones en vivo que se conservan del astro pop, o si, como el que esto firma, tuvieron la suerte de verle en directo en alguna de sus irrepetibles giras. En este sentido la película reproduce el éxito que cosechó “Bohemian Rhapsody” al recrear el concierto de Queen en el Live Aid en su metraje. Plano a plano, como también se replica aquí la interpretación de “Bad” en Wembley durante el verano de 1988, punto que además sirve de colofón de la cinta, como queriendo dejar claro que con ella lo que desean mostrar sus productores (y por ende la propia familia del artista) no es otra cosa que el ascenso de este ídolo de masas, pero para nada su caída. Cabría preguntarnos ahora si para eso se reservan la anunciada segunda parte.

Hay momentos que rozan lo esperpéntico (tal y como era el propio Michael), como cuando comienza a llenar su mansión de animales exóticos o su habitación de cientos de peluches. También aparecen sus compras compulsivas de juguetes, aunque tratadas con cierta distancia e imprimiéndoles un tono suavizado que resalta únicamente lo mejor de ellas, como el momento en el que en lugar de esconderse en una de sus jugueterías habituales comienza a firmar autógrafos a los niños. Se tratan de refilón sus problemas de vitíligo o sus primeros retoques en el quirófano, pero por encima de estos temas más controvertidos destaca ese momento por todos conocido tratado con gran virtud. Ese accidente rodando el anuncio de Pepsi que le llevó a tener fuertes quemaduras en su cabeza que pudieron ser el punto de partida a su adicción a los calmantes (de hecho se nombra el demerol y a todos nos viene a la cabeza el día de su fallecimiento). Pero lo que más debería importarnos no son estos detalles, sino la música que revolucionó el Pop y que llegó a todos los rincones del planeta. Michael Jackson no sólo como icono sino como un talentoso músico e intérprete sin parangón. Un animal de escenario que, como muestra la película, sólo fue realmente feliz encima de las tablas (y quizá también compartiendo películas de Charles Chaplin junto a su madre), donde era simplemente un músico inigualable y pasional enamorado de su trabajo.

Asistimos a un periodo de biopics musicales en alza. En los últimos años hemos podido sumergirnos en parte de las historias de Freddie Mercury, Elton John, Elvis Presley, Bob Dylan o Bruce Springsteen a través de películas que muestran el interés por este género. La familia Jackson ha querido aprovecharlo y limpiar así parte de esa imagen con más sombras que luces del mito de Indiana, pero a pesar de mostrar momentos brillantes, la película de Fuqua no llega a convertirse en icónica. Disfrutaremos de su apuesta escénica y sonora (e incluso bailaremos hasta en la sala de cine si nos lo permiten), pero nos dejará un regusto agridulce como de obra incompleta que merece algo más. Puede que en su continuación encontremos las respuestas, pero mientras tanto suban el volumen de su equipo de música y háganse el favor de darle al play al mítico concierto en Wembley que ya hemos comentado o, si lo prefieren, al grabado en Bucarest durante su “Dangerous Tour”. También pueden elegir cualquiera de sus famosos videoclips (ni que decir tiene que muchos de ellos son auténticas obras de arte). Estoy seguro que de eso no se arrepentirán nunca.

Santi Campos: "Yo voy a ser nómada toda la vida"


Texto y fotografía: Jorge Bravo Crespo "El Gurú".

Santi Campos lleva más de 30 años fabricando canciones desde los primeros años noventa. Siempre ha tenido pulso para hacer buenos temas, de esos que tocan la fibra. Tras la estupenda recopilación que nos llego hace poco, ahora lo hace “Áprie”, su emocionante homenaje a su padre y a sus recuerdos de infancia, un trabajo que nos sumerge en un mar de sensaciones emocionantes.

Ya se puede escuchar en Bandcamp pero el disco saldrá en físico de forma inminente. Teniendo su presentación oficial este miércoles, en el Picnic, un local madrileño situado en la calle de las Minas 1, nos reunimos con el autor para que nos habe de este último trabajo y su larga carrera. Se le ve alegre y confiado por el trabajo bien hecho. 

Santi, lo primero muchas gracias por tu tiempo, y la primera pregunta que te quería hacer es que, si después de 30 años en la música, en algún momento te planteaste vivir exclusivamente de ello.

Santi Campos: Cuando vine a Madrid en 2001, y después en el 2010, justo tras la crisis del 2008, me di cuenta de que era imposible ese objetivo. Pero yo vine a priori con la idea de intentar vivir de la música, y todos los trabajos que cogía tenían que ver con ello, road manager, etc. Mi pretensión era esa, pero en en realidad estaba mal enfocada, por supuesto, sobre todo porque la música que yo hacia y la que hago no es excesivamente comercial. Pero yo eso no lo veía, entonces creía que cualquier cosa, si era buena, podría funcionar, que era solo una cuestión de tocar los botones adecuados. Luego ves las cosas como son, y también por supuesto hay una dosis de suerte, porque hay gente que no hace música excesivamente comercial y les funciona. Pero bueno, ese sueño sí lo he tenido, y es frustrante, claro. 

Si es que me parece increíble, con la música que haces tú, con la calidad de tus textos, los buenos discos que has sacado, que no hayas tenido más repercusión, pero bueno, considero que pese a ello has calado en el oyente... 

Santi Campos: La gente a la que le gusta lo que hago, le gusta mucho. Pero nunca se sabe qué hay que hacer en realidad. Es que todo es producto del azar, porque de repente sale alguien buenísimo, que lo peta, y es normal que eso pase; pero del mismo modo sale alguien que desde tu punto de vista no es tan bueno y triunfa igual, y oyes a la gente hablar de ellos como si fueran dioses y no sé, es muy raro. De todas formas el objetivo de hacer música, en mi caso, siempre ha sido que a mí me gustara mucho lo que yo hago. Entonces, si éste es tu principal objetivo, no te puedes quejar si no le gusta a los demás. Personalmente, ahora creo que estoy en uno de mis mejores momentos. 

Por eso yo creo que has logrado tu mejor disco, o uno de los mejores, por profundidad, por sentimiento... 

Santi Campos: Todavía no tengo la perspectiva necesaria del tiempo, pero creo que sí. Supongo que también es producto de ser más adulto y de los temas que te preocupan, te das cuenta de que te has tirado 30 años hablando de rupturas amorosas, de cosas así, y bueno, era lo que tocaba, pero ahora no tiene sentido hablar de eso. 

Mi música siempre ha sido muy autobiográfica, al igual que la de todo el mundo, creo, a menos que tengas un imaginario espectacular o seas Bowie. 

En este disco te has desnudado completamente... 

Santi Campos: Ha salido este disco como producto de una etapa. Ha coincidido la pandemia, cuestiones personales, la enfermedad de mi padre, su muerte. Y no era tanto de lo que me apetecía hablar, sino lo que me salía. 

Claro, por eso te ha salido un disco tan sincero, me ha llamado la atención el tema "Andar descalzo”, en el que hablas de una liberación para ti. ¿Es así como te sientes ahora? 

Santi Campos: Sí, en realidad sí, es como que he soltado lastre. En verdad esa canción habla de que te pasas mucho tiempo sufriendo, hasta que ocurre algo de verdad que te hace sufrir, que en este caso puede ser no solo lo de mi padre, sino lo que nos ha hecho sufrir a todos, todas estas cosas que están pasando últimamente en el mundo, te hacen ver la vida de una manera distinta. Y entonces haces que aligeres peso y de repente te liberas y vuelas. 

Ahora lo que quiero es tocar en directo y seguir haciendo canciones. De hecho, hay como 4 o 5 que no han entrado en este disco. Porque a mi me gustan los discos de 9 o 10 canciones, igual lo que hago es completar esas y hacer otro disco. Estoy cómodo grabando así en la intimidad de mi casa y con menos presión, lo mismo dentro de un año estoy en otra movida, pero voy a seguir un tiempo así. 

¿Es el disco que más te ha costado hacer? 

Santi Campos:  Al contrario, me ha salido súper fácil. Es el que menos me ha costado en todos los sentidos, hasta en el económico. De hecho, cuando estaba grabando el disco no era consciente de que lo estaba haciendo. 

¿Hay un sentimiento de culpa en algunos temas o me lo parece a mi? 

Santi Campos: De culpa no, todo lo contrario. Es un descripción de cuando eres chaval, que le haces la vida complicada a tus padres. Pero no es un sentimiento de culpa, simplemente estás describiendo a un adolescente un poco salvaje. 

Otra cosa que te quería preguntar es por ese nomadismo que te ha acompañado a lo largo de tu vida. 

Santi Campos:  Yo voy a ser nómada todo la vida. Si algún día me surge la posibilidad de irme a otro lado, me iré, porque no tengo raíces. Yo soy de Segovia, mi madre vive en Alicante, yo vivo en Castellón, mi hermano vive en Vitoria. No tengo ningún arraigo, no creo en el arraigo. 

¿En cual de las ciudades donde has vivido te has sentido mas cómodo? 

Santi Campos:  En todas, y todas me he han dejado de gustar. En Madrid los primeros años fueron increíbles y los últimos 2 o 3 fueron terribles. Barcelona, los primeros muy buenos y el último, igual, no me gustó nada. En Castellón siempre han sido buenos, ahora estoy bien, tiene mucha naturaleza, está la playa. Para mis necesidades actuales es perfecta. 

Muchas gracias Santi y enhorabuena por el pedazo de disco que has sacado. 

Santi Campos:  Gracias a vosotros.