Carolina Otero & The Someone Elses: “Lilith lo sabe”


Por: Kepa Arbizu. 

El territorio delineado por los mitos y leyendas es también, como cualquier otro, un campo propicio para ejercer la lucha ideológica. Más allá del poder simbólico desplegado por el relato hegemónico portado por sus fábulas, su carácter alegórico acaba permeando en el imaginario colectivo y por extensión floreciendo en el hábitat cotidiano, de ahí que disputar la supremacía a esos textos significa en paralelo alterar, y en última y más importante instancia revertir, su naturaleza impositiva. Una batalla nunca desoída por Carolina Otero, sea en su faceta literaria o musical, ambas sustentadas por un gran talento, pero que en su más reciente álbum adopta un idioma especialmente combativo, respetando eso sí una particular e ingeniosa lírica. En consonancia con esa actitud retadora y tajante, el título de su trabajo, “Lilith lo sabe”, alude directamente a un nombre femenino que desde las ruinas mesopotámicas, encarnado en demonio por su persecución de los instintos, hasta la cultura judía, fustigado con los versos bíblicos por ser la pareja no sumisa de Adán, ha servido para maldecir la condición autónoma y empoderada de la mujer. Un continuo histórico, estirado hasta nuestros días a través de metáforas vampíricas y maneras de femme fatale, en el que irrumpe la autora valenciana, haciéndole protagonista inspiracional de un cancionero dispuesto a envestir contra unos muros dispuestos para proteger ese paraíso terrenal construido por el poder masculino.

Dado que cualquier disciplina artística tiene la posibilidad de tender un vínculo que comunique de manera natural la forma y el fondo, el airado concepto de este álbum requiere la presencia de una sonoridad eléctrica y contundente, que si no es en absoluto ajena al ideario de la compositora, su inmediato antecesor, “Popalina”, aludía a una tradición más melódica y delicada. Un cambio de paradigma que sin embargo mantiene -y que además parece definir a la idiosincrasia del proyecto- lo que podríamos calificar como la utilización de un juego de equívocos o falsas apariencias. Porque si en aquel trabajo pretérito su condición en principio romántica cargaba con una mancha trágica, sus presentes temas rastrean y encuentran un idioma donde la ironía, o la cáustica comicidad, se siente copartícipe de un disco que, aunque fiero, sabe escabullirse por momentos tras una sonrisa que, eso sí, muestra unos afilados colmillos.

Una misión que no asume la valenciana en solitario, tanto en lo que concierne a su expresión artística, donde mantiene su “apellido” grupal, que señala a su banda Someone Elses, como a un concepto que actúa de correa de transmisión de toda una reclamación previa que a lo largo de las décadas ha ido acumulando su propio ejército de voces femeninas disidentes, un ejercicio en el que toma mayor sentido la versión interpretada de “Wuthering Heights”, logrando aunar las figuras de Kate Bush y Emily Brontë. Si Karl Marx alertaba sobre ese fantasma que recorría Europa, este trabajo perfectamente puede ser una postal escrita en el presente pero que recoge un movimiento que se ha desplazado a lo largo de los siglos enfundado en camisetas moradas. Un testigo de esa insubordinación que arrebata, que no solicita, el altavoz para su reclamación, siempre dispuesta a ser minusvalorada por quienes pretenden mantener a resguardo su posición privilegiada. De ahí que esa “Llorona de Europa” con lo que empieza el disco sea falsamente introducida por una voz dulce y virginal que, a modo de ensamblaje con su anterior disco del que se desprende, casi instantáneamente busca alojamiento en una maraña eléctrica pronto convertida en columna vertebral sonora del álbum. El rugir de guitarras, y de bajos borboteantes, que bandas como Breeders, Veruca Salt o Pavement convirtieron en acompañantes de pegadizas melodías, son también aquí el atril sobre el que se suspende un alegato que pretende romper un impuesto cordón umbilical que lejos de alimentar, exclusivamente sojuzga. 

Un sometimiento encarnado en múltiples tentáculos, casi todos conjugados desde la cotidianidad, y que por supuesto también penetran en los contextos artísticos, y dado que la autora del disco convive en el literario y musical, ambos tienen en este repertorio su espacio y los dos son el espejo de ese mansplaining destinado a convertir a la mujer en un verso falto de cualquier trascendencia, realidad que en la muy noventera “Cara flan” dibuja la mirada jerárquica de los “grandes” de las letras, y “Bla Bla Man”, que se revuelve entre un paisaje casi post punk, redunda en esa condescendencia, sinónimo de minimizar los logros del otro género, que deja a su paso ese “charco de hombre” que actúa como un pantano denso y viscoso decidido a intentar borrar e invisibilizar las huellas femeninas.

Instantáneas de un paisaje costumbrista, ubicado geográficamente de forma local en un mapa de carreteras que en “Jesús Pobre” se transforma en un vigoroso desierto propio del stoner rock, que amplía su radar hacia un contexto más amplio y expansivo, demostrando que lo “micro” existe como pequeños, que no menos graves, vástagos de unas estructuras globales. Un salto desde el zoom pormenorizado a una fotografía colectiva donde, por supuesto, el amor romántico, tomado como imposición histórica y no como decisión particular, se expresa en “Sierva de amor”, de manera muy sagaz, a través de un medio tiempo abrazado sin embargo por un aguijón eléctrico que ejerce de sentido arácnido decidido a escapar de esa ensoñación en blanco y negro. Una huida de esa cárcel opresiva y alienante, anhelada en una recitativa -al estilo Lula- “Lilith” que sirve como enumeración de pioneras que van desde Madonna a Simone de Beauvoir pasando por Anaïs Nin, y a la que dedicará una rabiosa despedida con vestimenta punk en “Adiós, hermanito”. Furia que se vuelve cólera a través de la potente, extremadamente explicita y noctámbula “Corredora de fondo”, sepultura para esos jueces que dictan sentencias reproduciendo roles de dominación, los mismos a los que Rosalía de Castro condenaba en unos versos, hermandados con los de la valenciana, tintados de desamparo al expresar que “de mí se burlaron, me vendió la justicia”. Un terror ancestral, donde el verdugo y los magistrados comparten universo tiránico, exorcizado en una canción y un disco que, más allá de su valor artístico, ostenta una llamada de urgencia en clave de rock. 

El resultado de “Lilith lo sabe” sería digno de elogio simplemente por la naturaleza subversiva que plantea, pero además de eso, hay en su interior unas composiciones que, valiéndose de esa atractiva mezcla entre melodía y crudeza, ostentan un calado musical sobresaliente. Un repertorio que funciona como cartografía del agravio patriarcal al que es sometida, desde múltiples esferas, la población femenina. Parafraseando el conocido poema de Alejandra Pizarnik, donde describe su condición como “Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea”, Carolina Otero Y Someone Elses han construido su particular refugio de sororidad, uno en el que ofrece cobijo y ternura para esa mitad del planeta maniatada por la dictadura masculina, pero que principalmente emite un sonoro rugido con el que incorporarse a ese coro de voces que persiguen alterar la historia, dejando atrás el silencio y poniendo rumbo hacia un destino que despierte de esa pesadilla de testosterona y privilegios otorgados por una arbitrariedad en forma de cromosomas.

U2: “Easter Lily”


Por: Javier Capapé.

Cuarenta días después de “Days of Ash”, toda una travesía por el desierto, llegó hasta nosotros otra sorpresa en forma de EP de la banda irlandesa U2. De nuevo sin esperarlo y en pleno Viernes Santo se hizo realidad uno de mis sueños. Volver a escuchar a U2 en plena forma, con total credibilidad. Si para su anterior EP, mucho más combativo, eligieron el inicio de la Cuaresma lanzando en Miércoles de ceniza aquel EP que cuestionaba las formas de un mundo que se desmorona, el pasado Viernes Santo nos entregaron seis nuevas canciones en un tono mucho más reflexivo y confesional. Un manual introspectivo que intenta plasmar nuestros sentimientos ante este devenir social, pero desde un prisma interior, mirándonos a nosotros mismos y sirviendo como un exhaustivo análisis personal. Utilizando de nuevo la profunda religiosidad que ha impregnado sus grandes obras, estos dos EP’s conectan con tiempos fuertes de la cristiandad, comenzando por la reflexión general a comienzo de la Cuaresma con “Days of Ash” y terminando con el cuestionamiento interior y el afán de renovación en la Pascua con “Easter Lily”.

Bono anunció nuevo disco para este año, pero si juntamos ambos EP’s tenemos doce nuevas canciones que formarían el mismo. No sé si guardan más en la recámara, pero en estos tiempos de lanzamientos más comprimidos bien podrían ser estos los apropiados para devolver a la palestra a los irlandeses como merecen, con dos obras solapadas que están entre lo más acertado de su obra más reciente. Como he señalado antes, unos U2 en plena forma y realmente certeros. Actualizados en parte, pero sabiendo caminar también sobre aquellos pasos que tantas alegrías les dieron en el pasado. Porque si “Days of Ash” sonaba más actualizado o contemporáneo (dentro, eso sí, de sus patrones clásicos), “Easter Lily” nos lleva a su mesianismo de manual, remitiéndonos a obras tan clásicas e imperecederas como “The Unforgettable Fire”.

No encuentro nada que objetar a estas canciones, salvo quizá su cierre demasiado celestial o etéreo. Esa pieza que han cocinado a cuatro manos entre Bono y Brian Eno cuyo título aboga por la convivencia interreligiosa, con ese “COEXIST” como título que formaba parte de los emblemas de su “Vertigo Tour” (en forma de venda que tapaba los ojos de un inspirado Bono). Es el tema más místico de la colección, en el que su particular neo gospel no desentona en absoluto con el tono religioso del resto del EP, aunque lo verdaderamente conmovedor e inspirado se encuentra en el resto de bombazos. Cinco canciones sublimes, que no bajan en ningún momento el listón y que entroncan con los U2 mesiánicos, esos que tocaron el cielo con “The Joshua Tree”, precedido por el ya mencionado “The Unforgettable Fire”. A mí particularmente, me lleva más a este álbum que supuso el punto de madurez que la banda necesitaba para alejarse de su punk primigenio y abrazar el pop de masas.

La apertura con “Song for Hal” contiene el sonido más clásico del cuarteto. Un medio tiempo épico con esa “guitarra infinita” desde el principio que nos transporta directamente a mitad de los ochenta. The Edge lleva los mandos con su voz suave, que ya de por sí la convierte en algo muy especial. Imita a Bono, pero con formas algo más serenas y con mayor profundidad. Prima la emoción por encima del desgarro en un tema dedicado a su amigo y productor Hal Willner. Sólo esta canción, que algunos verán como rareza por su interpretación vocal, pero se equivocarán si se quedan solo en su superficie, ya está por encima de todas las demás de su anterior EP. Nos introduce de lleno en esta particular atmósfera de pureza que atrapa como no nos había ocurrido en mucho tiempo con los irlandeses. Nos pone la piel de gallina y nos arrastra hasta el brillo de “In a Life”. Otro medio tiempo que muestra que les salen más fácilmente y convincentes este tipo de canciones que las más duras en estos momentos. Tal vez sea por la edad, que les pide poner freno, pero eso no quita para que esta canción cuente con un redondo y muy certero estribillo gracias a esas guitarras tan personales de The Edge y a una armonía muy cuidada que le va como un guante a esa letra que pone el foco en la necesidad de estrechar la mano a los demás para conseguir llegar a algo. La amistad como fortaleza y base de esta vida que se nos escapa entre los dedos y en la que más vale que sepamos reconocer a quienes tenemos cerca.

Con “Scars” siguen en la segunda mitad de los ochenta, pero con más pegada. Adam Clayton manda con su bajo hasta que las guitarras se imponen en el estribillo, aunque son los teclados los que aportan la atmósfera que impregna el tema y lo eleva. Una canción que nos motiva al cambio, que nos hace protagonistas y responsables de nuestra sanación, que mira hacia adelante sin ocultar nuestras cicatrices, esas a las que alude su título. Aquí es el toque de Daniel Lanois y Brian Eno el que evoca esa granada dupla de álbumes que encumbraron al grupo justo mientras tomaban la inspiración en los Estados Unidos y les hizo convertirse en los más grandes a la sombra del árbol de Joshué. En esa misma línea sigue “Resurrection song”, mantenida sobre colchones de sintes y, una vez más, sus incombustibles guitarras infinitas (los armónicos de esa intro descomunal nos hacen creer que estamos escuchando “Bad” en directo). La pegada de Larry Mullen destaca especialmente en ésta y va en crescendo hacia otro estribillo de estadio. Aquí nos plantean más preguntas, la eterna búsqueda del amor presente en todos nosotros, en todas nuestras rutas y kilómetros por recorrer. Su particular canción de carretera, que en el caso de un grupo tan marcado por sus creencias, podría ser también una de sus nuevas canciones de autodescubrimiento. En la reseña de “Days of Ash” hacíamos referencia puntualmente a “Vertigo”, entroncando directamente ese EP con algunos momentos de “How to Dismantle an Atomic Bomb”. Si quisiéramos seguir comparando ahora este nuevo EP con ese largo de los primeros años dos mil nos iríamos hasta “City of Blinding Lights”, la canción más épica y brillante de aquel disco y a la que más podrían transportarnos estas últimas canciones del cuarteto. Grandilocuentes y vibrantes. Llenas de color y perfectas para ser interpretadas en vivo junto a una multitud de enfervorecidos fans que les seguirán hasta donde Bono esté dispuesto a llevarles.

Antes de la mencionada “COEXIST” llega “Easter Parade”, algo más electrónica que el resto, con unos potentes sintes que lo llenan todo hasta que la voz de Bono nos conduce por parajes más limpios, como en la pureza de sus primeros años. De hecho, me atrevería a decir que aquí su estrofa nos lleva hasta “War” o al “Gloria” de “October”, pero esta vez recitando el “Kyrie Eleison”, en un nuevo amanecer o resurrección figurada, como ese renacimiento intrínseco al tiempo de Pascua que, en definitiva, es la base de este trabajo. Es la que más pesa por su largo desarrollo, pero no difiere en nada del espíritu reflexivo que emana del resto de canciones que conforman este singular “Lirio de Pascua”, tan místico como directo y lanzado al centro de la diana. Porque con él U2 han vuelto a reconocerse pecadores. Llenos de defectos y errantes en un mundo que, aún desmoronándose, da permiso a la esperanza e invita a hacer nuestra esa visión tan personal ligada a que el cambio empieza en uno mismo y la redención va unida a esa resurrección como individuos nuevos. En nuestros fallos y reveses está el primer paso a esa salvación de la Pascua.

Incidiendo en su mesianismo y en sus creencias, implícitas más que nunca en estas letras, nos queda ese “quédate con nosotros” que los discípulos de Emaús dijeron a ese compañero de camino que no alcanzaban a ver como Cristo resucitado, antes de caer en la cuenta de ello tras partir el pan poco después. Aún con todo este sentir religioso de base, ellos no llegan a definirse como acólitos en el más estricto de sus significados, pues nos plantean la pregunta de si la religión está destrozándonos o aún podemos encontrar respuestas en sus recovecos. Por lo tanto, tengamos o no esa fe de la que parecen aquí hacer gala, estas canciones son como ese aliento, ese “quédate con nosotros”, esa segunda oportunidad ante los sinsabores y las decepciones de nuestra vida. Son ese retorno seguro, la convicción de saber lo que merece de verdad la pena, con lo que te quedas después de todo, aunque no plantean nada de lo plasmado como dogma, más bien como preguntas a las que seguir intentando dar respuesta. Definitivamente son los U2 con los que nos quedamos al caer la tarde, con los que nos rendimos a ciegas ante su propuesta. “Easter Lily” no pretende ser un manual de referencia para estos tiempos, pero con él podemos aprender que hay que saber renunciar y decir que no para avanzar. Hay que saber dar la espalda a aquello que no nos deja ver más allá. Hay que creer para poder resucitar.

Enrique Bunbury: “Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar”


Por: Javier González. 
Inspiración: Javier Capapé y Jorge Bravo Crespo “El Gurú”. 
Fotografía portada: Jose Girl.

El viaje de Enrique Bunbury parece no tener fin. Siempre en la búsqueda de esa Ítaca infinita que es su trayectoria musical, donde la sensación de haber transitado mil vidas distintas es más que patente; tal y como demuestra un extenso y rico cancionero, donde nunca ha titubeado a la hora de abordar géneros que fueran más allá de cualquier convencionalismo comercial. 

Buena muestra de ello son sus dos últimos trabajos, “Cuentas Pendientes” y el recientemente estrenado, “De un siglo anterior”, donde el aragonés se ha lanzado de lleno a investigar las posibilidades sonoras de la música de raíz hispanoamericana, firmando discos hermanados por una misma pulsión creativa, a los que diferencia el enfoque instrumental, pero que parecen seguir una línea común, gracias a unos textos que se mueven entre lo poético y una expresión profundamente llana y sincera, de las que se mete por dentro y que sienta a las mil maravillas a unas canciones que miran al pasado y al presente, sin dejar de lado el futuro y mostrando una conciencia social que nos habla de un mundo en tránsito hacia otro nuevo estado, al menos según la percepción de su autor. 

Nos recibe en un céntrico hotel capitalino, perfectamente ataviado para la ocasión, guardando los viejos cánones estéticos del rock and roll, hoy cada vez más en desuso, dejando claro que cada parte de este antiguo ceremonial tiene una clara importancia. Su mirada transmite viveza y la inquietud de un tipo listo, sus formas son exquisitas, le sentimos relajado y a gusto, percepción que nos confirma en la entrevista, donde no faltarán las bromas y alguna que otra confesión que va más allá de lo estrictamente promocional. Es Enrique Bunbury, el mayor exponente de nuestro rock, ahí es nada. Casi no nos damos cuenta, pero ya está inmerso en una nueva etapa, acercándose a otro polo, en pleno desplazamiento, nos lo confirma poco después. La misma arrancará con “Nuevas Mutaciones Tour”, gira en la que volverá a dejar constancia de que sobre las tablas muy pocos le hacen sombra. Las tablas son su palacio, allí se siente el rey, asegurando grandes shows plenos de teatralidad. Permítanme un consejo, yo de ustedes no me lo perdería. 

Vienes de un disco como “Cuentas Pendientes”, un claro acercamiento a la raíz hispanoamericana. ¿Cuánto hay de continuismo con este “De un siglo anterior”? ¿Pueden ambos discos formar un tándem indisoluble en tu esfuerzo por acercarte a los ritmos latinos más puristas? 

Bunbury: En esa pregunta veo dos respuestas. Una que estaría concentrándonos en que este disco efectivamente es pariente cercano del anterior por su cercanía en el tiempo, el hecho de estar enfocados claramente hacia el folclor y la música de raíz hispana y latinoamericana; y además el haber contado con los mismos músicos grabados en el mismo estudio… también hemos tenido las mismas cocineras haciéndonos la comida (risas). De alguna forma, pertenecen a un ciclo común que con “De un siglo Anterior” se cierra. El motivo de haberme quedado un rato más en esta etapa es precisamente por el gusto y la emoción que supuso para mí encontrar un equipo con estos músicos de distintos lugares y la premura que tenía por no irme a otro lugar. Me apetecía quedarme un rato más en este territorio antes de mi siguiente paso que evidentemente va en una dirección completamente distinta. Giraré 180 grados. Sabía que eso iba a ocurrir, pero pensaba que era un poco injusto abandonar este territorio tan rápidamente. Y creo que sí, estos dos discos forman un equipo. A lo largo de mi carrera ha habido momentos en los que ha habido un periodo en el que hay trabajos que están de alguna manera emparentados. Podría citar a los discos del Huracán Ambulante, “Pequeño” y “Flamingos”, “Hellville Deluxe” y “Las Consecuencias”, que también tienen un parentesco, como ocurre con “Posible” y “Curso de Levitación Intensivo”, y estos dos. Hay momentos en los que se puede decir, aquí hay un periodo en el que han pasado cosas que tienen que ver con el álbum anterior. 

“Lo más inmediato no va a ser estrictamente latino, va a tener un carácter más amplio” 

El disco se grabó en un breve lapso de tiempo con respecto a “Cuentas Pendientes”, según tenemos entendido. ¿Qué diferencias encuentras en el método entre ambos? ¿Quizá las diferencias las encontremos más en la forma de encarar las guitarras, que son aquí más fronterizas y donde las eléctricas se dejan notar más? 

Bunbury: Bueno, ha ocurrido y yo lo he abrazado de alguna manera. Las canciones pedían este sabor más fronterizo, este extra de guitarra eléctrica e incluso la aparición de sintetizadores, que no hay en el disco anterior, y de alguna manera apuntan a que lo que viene ahora: la gira. Lo más inmediato no va a ser estrictamente latino, va a tener un carácter más amplio, mucho más amplio que lo que habita en este álbum. 

“Con el título me apetecía hacer referencia a este tiempo bisagra que estamos viviendo” 

De lo que no queda duda es que ya desde su propio título el álbum resuena evocador y poético y sobre todo más si cogemos ese título y lo comparamos con estos vientos confusos que andamos viviendo. Me apetecía preguntarte, uno, ¿si ese título es una pequeña referencia a buscar en el pasado la pureza ya no sólo de estos estilos, sino quizá de un mundo que estamos viendo desvanecerse? Y también, en cierta manera, ¿si es una pequeña reivindicación de toda esa trayectoria y esos pasos que has ido recorriendo ya desde hace tiempo? 

Bunbury: Bueno, me gusta toda esa reflexión que has hecho. En realidad, para mí era un juego en el que me parecía evocador hacer referencia a este tiempo bisagra que estamos viviendo, en el que todavía recordamos cosas del siglo anterior que se están llevando definitivamente y que a lo mejor generaciones inmediatas no vivirán nunca más. Hablo de distintas formas de entender la vida y hasta qué punto los cambios tecnológicos pueden trastornar nuestra forma de asomarnos a la misma. Entonces, me parecía que musicalmente también hay una cantidad de géneros y de músicas que me han apasionado, que todas provienen del siglo anterior, y que pueden ser las bases de lo que viene ahora, pero también se pueden desvanecer y evolucionar hacia lugares que ya ni reconozcamos. 

“El motivo de haberme quedado un rato más en esta etapa es por el gusto y la emoción que supuso para mí encontrar un gran equipo de trabajo” 

A nivel de letras, vuelves a entroncar a esa etapa que comenzó con “Pequeño”, donde los mensajes son claros y concisos, circunstancia que aprovechas para dar tu mirada sobre la vida, hablar de experiencias y vivencias, sin dejar de lado la reivindicación y la crítica social, muy visible en “Peor que como Estamos”, una línea que musicalmente arranca en “Avalancha”, por cierto, todo desde un enfoque poético y bastante llano, que suena de lo más sincero. 

Bunbury: Bueno, te agradezco mucho tus palabras, la verdad. La verdad es que viviéndolo desde dentro tengo una forma de encarar los textos distinta en diferentes momentos de mi carrera, igual que ha ocurrido en “Pequeño”, “Flamingos” y “El viaje a ninguna parte”. En esos discos hubo una mirada hacia las canciones que no había aparecido nunca en Héroes del Silencio y luego en otros trabajos he tenido una mirada más social como en “Palosanto”. Has nombrado “Avalancha”, pero también creo que hay álbumes como “Levitación”, o incluso en “Expectativas”, donde aparecen esas canciones sociales. Creo que es una mirada que no he abandonado del todo, que sí aparece de vez en cuando, si sale una de esas canciones, no las cierro la puerta. No diría que este disco tenga un concepto, como puede haber en otras ocasiones en alguno de mis álbumes, pero sí creo que he sido muy libre a la hora de escribir y he dejado que hubiera canciones que hablaban de mí en el presente, pasado y el futuro; también de otras personas que no soy yo y de una mirada al exterior del mundo que nos ha tocado vivir. En ese aspecto estamos ante un trabajo muy abierto que tiene muchas temáticas, pero que no tienen por qué estar entroncadas entre sí. Has citado “Peor que como Estamos”, una canción que obviamente no tiene nada que ver con “La Voz”, por ejemplo, o con “Un par de acordes, una mentira y la redención”, pienso que son composiciones que tienen otros intereses, cada una totalmente distinta. En cuanto a mi forma de escribir, creo que tuve una etapa más de línea clara, que podría ser la de “Pequeño”, y desde “Hellville Deluxe” he ido más o menos alternando y utilizando una línea en la que hay un lenguaje poético y un lenguaje que entremezcla lo llano con lo literario. 

“En este disco hemos establecido una relación vital muy importante con los músicos” 

El primer lanzamiento de esta colección fue “La Voz”, una canción que ponía de frente el color vocal como motor de tu obra. ¿Tienes la misma sensación que nosotros al escucharla? ¿Cómo has llevado a cabo esta prioridad de estilo a la hora de afrontar la producción junto a Ramón Gacías?

Bunbury: No, la verdad es que no tengo la misma percepción (risas). Para mí “La Voz” es una canción muy importante, por eso la pusimos ahí en frente,  la lanzamos a los leones injustamente, despistando un poco al personal, en un momento en el que quizás otra canción podría haber abierto mejor el disco. Es un corte con el que tengo una vinculación personal especial, pero eso tiene que ver más con una cosa emocional que con lo que tú hablas, que está relacionado con la producción y con el enfoque de los arreglos. En este disco, junto con el anterior, e incluso con “Greta Garbo”, lo que he buscado en todo momento ha sido establecer una relación vital muy importante con los músicos, el que las cosas estuvieran ocurriendo de forma conjunta. De hecho, he evitado precisamente que la voz fuera una cosa independiente del contexto musical cuando estábamos grabando, al hacerlo estaba cantando en el mismo lugar que el guitarrista, el contrabajista y el pianista, todos haciendo un círculo, mirándonos y siguiendo la canción. Estamos ante unas composiciones en las que precisamente lo que hemos buscado es la conjunción musical y el estar tocando todos a la vez y siguiendo la dinámica. Es cierto que ellos me siguen a mí en la dinámica, sobre todo cuando levanto la canción y ellos tienen que venir conmigo, pero no me gustaría verlo como una canción en la que la voz está separada de la banda. 

“En el arcén” hay tango, donde no sé si me recuerdas a los clásicos argentinos del género e inclusive a nuestros enormes Malevaje, donde impartía magisterio Antonio Bartrina, te acercas a la chacarera en “La Cima”, al corrido en “Peor que como estamos”, e incluso a la zamba en “Zamba para olvidar”. Sabemos que el continente americano es muy rico musicalmente hablando, pero ¿qué crees que te queda por explorar de allí? ¿Qué otros estilos dentro de ese espectro te motivan para seguir explorando? 

Bunbury:
Para mí Bartrina y Malevaje han sido muy importantes. Primero porque creo que Antonio Bartrina es un gran cantor, para empezar, y segundo porque uno de los primeros tangos que canté, digamos públicamente, fue “Confesión”, que lo escuché por primera vez en mi vida en la versión de Malevaje. 

“Reconozco la impronta de Malevaje y Antonio Bartrina” 

Un grupazo en toda regla que reunía a gente de Los Coyotes, además de contar con un mito como Edi Clavo, buen amigo nuestro. 

Bunbury: Exacto, con Edi Clavo. Reconozco la impronta de Malevaje y de Antonio. Él abrió para mí la puerta del tango. He tenido la fortuna de encontrarme y cruzarme con él en alguna ocasión y cantar a altas horas de la madrugada juntos.

“Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar” 

Me he desviado un poco de la pregunta, pero todo sea por recordar a grupazos como Malevaje. Donde íbamos, ¿qué parte del cancionero latinoamericano te queda por explorar? ¿Qué espinita clavada tienes? 

Bunbury: Digamos que ya me voy de aquí, creo que he cumplido con mis cuentas pendientes. Me toca aventurarme a otros nuevos territorios por explorar y, ¿volveré a hacer un disco latino? Es probable que no, es probable que no. 

“Se podría hacer un recopilatorio con las canciones finales de los discos de Bunbury” 

Cierras el disco con “Un par de acordes, una mentira y la redención”, una canción epistolar, casi una constante para terminar tus álbumes, en un movimiento que bien podría decirse que arrancaste con “Y al Final” en “Flamingos”, pareciendo encerrar un significado a modo de firma final para tus álbumes. ¿Qué importancia le das a estas canciones de cierre como una forma de recapitular las intenciones de tus discos? 

Bunbury: Me gusta mucho buscar la narrativa interna del álbum. Hay veces que compongo una canción y veo claramente que tiene que abrir o cerrar un trabajo. En este caso, “Un par de acordes, una mentira y la redención”, sabía que era la que iba a cerrar. Tiene esta característica de cómo decirlo, es capaz de acabar a modo de resumen, o como moraleja o epílogo. Llevas razón en que lo he utilizado en varias ocasiones y te diría que incluso hay una serie de… bueno, pienso que se podría hacer un recopilatorio con las canciones finales de los discos de Bunbury. Creo que tendrían su propio carácter y que se podría hacer un recopilatorio en el que todas esas composiciones podrían ir juntas. Tendría un sentido no conceptual. 

“Nuevas Mutaciones Tour, no es el tour de este álbum, es otra cosa” 

Te estamos dando ideas (risas). Fíjate, yendo más allá, esta canción no sé si admite más lecturas. Tiene unos aires circenses capaz de conectar con el Huracán Ambulante, no sé si es un guiño, una casualidad o una manera inclusive de llevarnos directamente al sonido que a lo mejor va a impregnar este “Nuevas Mutaciones Tour”, que tienes por delante. 

Bunbury: No necesariamente porque el “Nuevas Mutaciones Tour”, cosa en la que estoy insistiendo, no es el tour del álbum. Es un tour que viene después de este trabajo, pero es otra cosa. Va a haber canciones de este trabajo, sí, pero también va a haber temas de “Expectativas” y de otros discos. Digamos que mi visión cara a este tour tiene más que ver con la banda que hemos creado y las posibilidades de esa banda, a partir de ahí, miramos a todo este repertorio, y creo que lo interesante es que vamos a rescatar temas que no hemos tocado nunca en directo. Canciones que hace muchos años que no tocamos y muchas de los últimos diez años, porque he sacado muchos discos últimamente. En definitiva, el sonido del tour no va a ser eso. La banda será una mezcla del Huracán Ambulante junto a parte de Los Santos Inocentes. 

Además, fichas a una nueva pieza, Josemi Sagaste, aragonés como tú, que ha sido habitual del equipo de trabajo de Joaquín Sabina. Entonces, como también en el equipo tenemos a Javier Capapé, que otro paisano tuyo, me decía, “hazle una pregunta con un toque nacionalista aragonés”. ¿Por qué entra en el equipo? ¿Qué aporta Josemi? 

Bunbury: Bueno, te podría decir que a Josemi le busco porque necesitaba un saxofonista. No sabía que era de Ejea de los Caballeros. Me comentan que podría cuadrar muy bien para la banda, que hablará con él, y cuando le llamo, claro, él está todavía con el tour de Sabina y me da un poco de cosa decir: “oye, supongo que esto te pilla fatal, ¿no?”. Finalmente, le llamé, no sé dónde estaba, creo que andaba en Latinoamérica y claro, luego cuando nos conocemos es cuando empiezo a descubrir que primero, es de Ejea, segundo, que la gira de Sabina termina en noviembre, y que él, después de 20 años, se queda sin banda… además de que le viene perfecto decir: “bueno, termino con Sabina, entro en Bunbury”. Luego me comenzó a comentar: “que yo estuve en Ixo Rai!”, y digo: “joder, Ixo Rai!”. Hay muchas conexiones, cercanía y bueno, él es un multiinstrumentista. Quiero decir, no entra solo como saxofonista, toca acordeón, clarinete, flauta, etc. 

Hay una cosa que, nosotros que somos de otra, generación hemos vivido. Hablo de aquel período en que la crítica negaba tu talento y decía, eso sí, que eras muy trabajador. Afortunadamente hace ya tiempo que lo del talento también lo tienen claro, ya que a todo el mundo le quitarse el sombrero y reconocerlo hasta a los que no eran partidarios de tu música… 

Bunbury: ¿Ahora qué hacen? ¿Me niegan lo de trabajador? (Muchas risas). 

Al revés, porque tu ritmo de trabajo sigue sin decaer. Inclusive cuando tuviste los problemas de salud con el directo, seguiste ampliando tu legado por otros senderos y menos ahora que los conciertos vuelven, con giras un poquito más controladas, con menos fechas, pero con más intensidad si cabe. Pero bueno, a lo que iba. Estás anunciando que tienes otro proyecto en la cabeza, del que entiendo que todavía no habrá ni maquetas ni nada al respecto. Así que vamos a hacer una cosa que a lo mejor no se debía hacer. ¿Qué pinta tienen las nuevas canciones? 

Bunbury: Buena pinta. (Más risas)

“Lo que tengo delante es la gira y un próximo disco” 

¿Tienes pensado publicar algún otro libro de poemas, con el que ampliar tus referencias bibliográficas? ¿O te has planteando si ha llegado el momento de que en vez de que los demás se dediquen a contar la vida, obra y milagros de Enrique Bunbury seas tú quien tome la palabra? Se me viene a la cabeza Javier Corcobado con su “La música Prohibida” que está brutal. 

Bunbury: El de Corcobado me lo regalaron. Me gustaría seguir publicando, pero para eso debería de escribir. Veremos si me sale algo. Por ahora el tema que tengo delante es la gira y un próximo disco que ya veremos para cuándo entro a grabarlo. 

“Ya tocará pensar en el trabajo de despedida, pero no ahora” 

Aquí tocaremos madera porque no es cuestión de incitar a la parca, pero la realidad es que todos vamos cumpliendo. Sabiendo que nos adentramos en el último acto, viendo como Neil Young, Van Morrison o Dylan, siguen firmando grandes obras, pero a la vez todos tenemos el corazón encogido por las pérdidas de Robe y sobre todo del grandioso Jorge Martínez. No sé si tienes la sensación de que los discos que hay que ir entregando no permiten pasos en falso.

Bunbury: No estoy pensando en esos términos. Lo que sí que estoy pensando es que te puedes permitir hacer un disco que sea considerado por otros como un traspiés, o que no sea un trabajo tan interesante. Hago los discos por intereses míos particulares, entonces lo que sí que pienso es que precisamente porque muy probablemente me quedan menos álbumes por delante que por detrás, necesito que los discos que haga nazcan de una pasión y un interés verdadero, y que el contexto exterior de lo que esté ocurriendo musicalmente en el mundo me la traiga el pairo. Sigo mi camino, estos son mis intereses, ojalá coincidan con alguien más y haya alguien ahí detrás que coincida conmigo y que comparta estas pasiones. Ahora mismo estoy con esta visión de discos que musicalmente habiten un territorio concreto, ya hice discos mucho más heterodoxos como “Flamingos”, en los que cabía un poco de todo musicalmente. Cabía el rock and roll, el vals, música árabe, electrónica y muchas más cosas. Ahora intento que un disco tenga una coherencia interna y eso es en lo que estoy, pero ya me tocará el trabajo de resumen y de despedida, pero no es ahora. 

“Me gustan Alcalá Norte y Depresión Sonora. El disco de Løse, el grupo de Diego Vasallo, es brutal” 

Vamos a echar mucho de menos a Robe y Jorge, pero tú que eres un ávido oyente, todo un apasionado. ¿Qué grupos actuales te están llamando la atención y cuáles crees que pueden ser los que cojan el testigo de todo lo que habéis hecho, los grandes de nuestra música? 

Bunbury: Bueno, es que depende de cómo lo veas. Quiero decir, puedo disfrutar mucho de un artista, pero que ese artista luego no tenga una carrera importante. Una cosa es que a mí me transmita algo y otra cosa es que luego tenga una exposición y una amplificación. A mí me gusta Alcalá Norte, por ejemplo, o Depresión Sonora, y no sé si van a ser luego tan importantes como Extremoduro, o se van a quedar en grupos underground. Eso, ni lo sé, ni es mi interés cuando escucho la música. El último del grupo de Diego Vasallo, Løse, me encanta. Es brutal, me encanta ese disco.

The Delines: "The Set Up"


Por: Juanjo Frontera. 

Sin duda, el término “prolífico” se inventó para gente como Willy Vlautin. Tras su imponente trayectoria como líder de los añorados Richmond Fontaine se convirtió en un importante novelista (algunas de sus obras, como "The Motel Life" o "The Night Always Comes" han sido incluso llevadas al cine), pero a pesar de ello decidió no dar carpetazo a su faceta musical y dar forma a un proyecto centrado en la extraordinaria voz de Amy Boone, vocalista a la cual conoció cuando giraba como voz de apoyo durante la gira de presentación del álbum "Post To Wire". 

Desde entonces, The Delines ha sido un vehículo más para que Vlautin escriba su particular retrato de la clase trabajadora americana. Al igual que en sus novelas, su “post-western” o “realismo sucio” es descarnado pero, en el caso de su faceta musical, además juega con las texturas que logra con su súper banda (a Boone y él se suma gente tan prominente como Cory Gray, Freddy Trujillo o Sean Oldham) para favorecer su narrativa. De esta forma sus discos se convierten en películas para tus orejas. Y casi todas, dignas de Oscar. 

Su anterior trabajo, el celebrado "Mr. Luck & Ms. Doom", aparecía justo un año antes del que nos ocupa y nació de un ruego que Amy le hizo a Willy, respecto a si podría escribir una canción de amor en la que no muriera nadie al final y la pareja pudiera seguir viviendo su amor en paz al final del tema. Por eso les salió un disco en el que, aunque los personajes vuelven a ser perdedores, gente prácticamente desahuciada, encuentran a través del amor y la compañía un halo de esperanza que nunca habían tenido en anteriores álbumes del grupo.

En ese sentido, The Set Up funciona como una especie de “reverso tenebroso” del anterior. Para empezar, su sonido no es tan amable. El country soul canónico deja paso a un lado más experimental, centrado en unas trompetas ocasionales que proporcionan un halo de jazz que lo cubre todo de bruma. Boone, además, recita pasajes en clave spoken word con esa voz que es igual de profunda cuando habla que cuando canta. Todo está dirigido a producir esa sensación de nocturnidad, de inquietante vigilia, que uno tiene en cuanto suena la primera parte de la canción titular, que abre el álbum. 

“The set up” se divide en tres partes distribuidas a lo largo del disco y es, por tanto, el hilo que enlaza la trama. Un argumento que está centrado en el abrumador uso de opiáceos por la clase trabajadora americana. Se administran para tratar cualquier dolencia y son un síntoma de anestesia social que Vlautin entiende promovida por las autoridades para mantener a la gente atada y adormecida. Aquí retrata como siempre vidas vacías que se ven metidas debajo de la alfombra para que no molesten al retrato de una América ideal que -está demostradísimo- ni existió ni existirá jamás. 

Además de la canción titular, la que dio el pistoletazo de salida al proyecto fue la desoladora “Walking with his sleeves down”, una canción que Vlautin presentó a la banda mientras grababan su anterior disco y que quedó fuera, pese a la genial interpretación que de ella hizo Amy al piano y voz, por no responder al concepto que regía en "Mr. Luck & Ms. Doom". Eso hizo que la idea de un nuevo proyecto casi coetáneo germinara y que un año después tengamos este nuevo trabajo que, por supuesto, ha mantenido en esa mencionada canción la estremecedora interpretación de la vocalista.

Pero no todo es desolador en un disco cinemático que juega con diferentes texturas para contar su relato: por ejemplo, “The meter keeps ticking” resulta hasta alegre, pese a la oscuridad de esa letra sobre la angustia económica; como también resulta relajada y pastoral, en su onda gospel, “Dilaudid Diane”, un efecto similar al que el deep soul de “The reckless life” produce. Todas ellas pugnan con piezas más arriesgadas e instrumentales, como “Jumping on Madras”, “Getting out of the ward” o la final “The last time I saw her”, que son las que dan a este trabajo esa bruma jazz y cinematográfica tan adecuada para ilustrar las historias noir que en él se cuentan. 

Un disco, nadie lo niega, más complejo de escuchar que el anterior u otros de la banda como "The Imperial" o "The Sea Drift", pero profundamente interesante y representativo del enorme talento de una banda que empieza a ser uno de los secretos mejor guardados del panorama internacional. Si nunca los han escuchado o visto en directo (toda una experiencia), quizá ésta no sea la puerta más accesible a su universo, pero eso no quita para que estemos ante uno de esos discos que cualquier persona con “sentido y sensibilidad” -que diría Austen- no debería dejar pasar este año. Absolutamente magistrales, como siempre.

Edwyn Collins: "Crear un estribillo me resulta mucho más sencillo que escribir una estrofa"


Por: Àlex Guimerà.
Fotografías: Andi Sapey.

No se puede calificar de otro modo a Edwyn Collins que como a una auténtica leyenda del pop británico. A principios de los ochenta desplegó su inigualable imaginario sonoro al timón de los reivindicables Orange Juice. Tras ellos, su carrera en solitario despegó coincidiendo con el movimiento Britpop, llegando a dejar un formidable legado discográfico que ha resistido a los cambios del tiempo y de las modas, y sobre todo a un ictus que condicionó su forma de vivir y afrontar la música. Afortunadamente tuvo el sustento de su familia, especialmente de su esposa y representante Grace Maxwell. Junto a ella ha seguido publicando discos y saliendo de gira, lo que nos ha permitido seguir disfrutando del talento de este músico, como con su último trabajo, el imprescindible “Nation Shall Speak Unto Nation” del año pasado. Un disco que presentará a partir de este final de mes a lo largo de nuestro país en una gira titulada “The Testimonial Tour. A Last Lap Around Spain”. Sobre el disco, la gira y su pasado hemos querido charlar con un Edwyn que se conectó desde su casa junto a Grace para facilitar la entrevista debido a sus problemas con el habla. Con todo, la entrevista se convierte en una entrañable charla con el sexagenario matrimonio, lleno de simpatía, humildad y naturalidad. Como si no se tratara de uno de los mayores cracks del pop británico surgido de la década de los ochenta.

PD: Encima, el bueno de Edwyn se lanzó a cantar una estrofa “Knowledge" para un servidor, lo que me pareció un privilegio de esos que sólo El Giradiscos es capaz de darte. 

Las fechas de la gira son: Bilbao (29 de abril, Kafe Antzokia), San Sebastián (1 de mayo, Dabadaba), Zaragoza (2 de mayo, Sala López), València (3 de mayo, 16 Toneladas), Barcelona (5 de mayo, La Nau), Madrid (6 de mayo, But), Sevilla (7 de mayo, Malandar Music Club), Cádiz (8 de mayo, Edificio Constitución 1812), Santiago de Compostela (10 de mayo, Sala Capitol) y Ourense (11 de mayo, Café & Pop Torgal). 

Gracias por su tiempo Edwyn. Es un honor para nosotros hablar con una leyenda de la música como tu. 

Edwyn Collins: ¡Ah, leyenda! ¿Tu crees? No lo soy ni en mi casa (risas). 

Grace Maxwell: Para mí si lo es, de verdad, creo que es una leyenda de la música pop. Aunque él no lo crea así. No recibe el trato de leyenda en su país. 

Y felicidades por tu último disco. Es muy bueno, nos ha encantado. 

Edwyn Collins: Muchas gracias. Pues no le ha ido bien en Gran Bretaña. Mojo, por ejemplo, no lo valora bien. En la revista Cut, ha tenido mejor acogida. 

Una curiosidad, ¿el chico de la foto de la contraportada del álbum es tu hijo, verdad? 

Edwyn Collins: Sí, sí. Es él, William. Está muy involucrado con mi música, hace muchas cosas. Sobre todo toca en el disco, las guitarras, el bajo, algunas percusiones, teclados, pone voces... 

Grace Maxwell: También nos ayuda con Instagram porque, para ser sincera, no nos entusiasman mucho las redes sociales. No tenemos mucha presencia en ellas. Así que siempre nos está diciendo: "Vamos, tenemos que arreglar esto"."Vamos, tienes que hacerlo". Y yo le digo: "Vale, hazlo tú". 

Edwyn Collins: ¿Conoces la canción “The Bridge Hotel”? 

Si, claro. 

Edwyn Collins: William tiene una Southern Jumbo con una guitarra, una Gibson. Está tocando la guitarra. Tiene el bajo. Aparece bastante en el álbum. 

Grace Maxwell: William es músico y productor, y ahora está muy presente en nuestras vidas. 

Edwyn Collins: Sí, sí, actualmente trabaja mucho con nosotros. 

Grace Maxwell: De hecho, él y Ed han estado trabajando juntos en algunas canciones nuevas la semana pasada. 

La primera vez que te vi en directo fue en el festival “Summercase” en Barcelona en el año 2008. Recuerdo que habías tenido recientemente el derrame cerebral (FUE EN 2005), pero aún así fue un gran concierto, muy emotivo. 

Edwyn Collins: Gracias. Lo recuerdo, fueron los primeros conciertos después de que volviera a tocar en vivo. 

Has anunciado para este final de abril y principios de mayo hasta 9 conciertos en ciudades españolas. El título de la gira - The Testimonial Tour. A Last Lap Around Spain- indica que será tu última gira. ¿Qué tipo de repertorio estás preparando para esta gira? ¿Habrá más peso del nuevo disco o un recorrido por toda tu carrera y a tus grandes éxitos? 

Edwyn Collins: ¿Grandes éxitos? Si te refieres a los días de Orange Juice y a mi trabajo en solitario, si. Aunque la mayoría no fueron éxitos, pero da igual. 

Grace Maxwell: Es un viaje por todos los favoritos de los fans. En realidad Edwyn va a tocar sus éxitos. Lo hicimos en el Reino Unido durante la gira del año pasado y salió muy bien. El repertorio es un poco más largo del habitual. Dura aproximadamente una hora y 40 o 45 minutos. Y realmente incluye todos los temas favoritos del público. Sabemos cuáles son. Sabemos lo que les gusta a los fans. Edwyn ha elegido las canciones más bonitas, y eso funciona muy bien en los conciertos. 

Has tocado mucho en nuestro país: el festival Summercase que comentábamos, tus giras de 2010 y 2013, o más recientemente, hace 10 años, en el festival Bime, Bilbao. ¿Qué recuerdos tienes de esos conciertos en España? 

Edwyn Collins: Oh, lo primero que hace un calor insoportable (risas). 

Grace Maxwell: Eso fue en Madrid. Era como estar en el desierto, Fue una locura. Desde que Edwyn se recuperó de su enfermedad y dio conciertos en España, siempre fueron en acústico. Hicimos un gira hace mas de 10 años en la que Edwyn tocaba con dos de sus músicos. Marwin y James. Hizo, ¿cuántos?, ¿unos siete u ocho conciertos? (Ndr: Se refiere a su gira española de marzo del 2013 que en realidad fue de cinco conciertos

Edwyn Collins: Más o menos eso. Así que éramos un grupo pequeño, de solo tres músicos y fue maravilloso. Viajar por España, por sus ciudades, además teníamos a una sensacional mánager de gira llamada "Libby". ¡Un saludo a "Libby"! Creo que es de Zaragoza. Era increíble, paramos en el camino y la comida allí es deliciosa. 

Grace Maxwell: Hicimos paradas estupendas en restaurantes gourmet donde comimos de maravilla con "Libby". Ella conocía todos los buenos sitios a los que llevarnos. Tenemos recuerdos preciosos de esos días. Fue una gira íntima. Y Marwin y James (Ndr, los músicos de apoyo en esa gira) son gente maravillosa. 

Edwyn Collins: Si, y son grandes músicos. Tenemos muchos recuerdos bonitos de esa gira. No recuerdo cuándo fue, pero seguimos yendo a España para eventos puntuales, como el concierto de Bilbao que has dicho. 

Grace Maxwell: Edwyn, ¿te acuerdas de cuando fuimos a Gijón? Fue fantástico, ¿verdad? (Ndr, se refiere al concierto de agosto del 20217 durante la Semana Grande Gijón). Recuerdo que el gerente del hotel en que íbamos a alojarnos, después de que hiciéramos la reserva, me escribió diciéndome lo mucho que le gustaba la música de Edwyn. La verdad es que en Gijón nos dieron una bienvenida increíble, y eso que era un festival al aire libre en verano, como una especie de fiesta popular con muchísima gente. Además Asturias es precioso, no sabía que es como un país verde. 

Edwyn Collins: Sí. Parecido a Escocia.¡ y qué bienvenida nos dieron! Tenemos tantos recuerdos buenos de España. Como cuando fuimos al Primavera Club a Madrid y Barcelona. Sean y Calvin estaban con nosotros. 

Grace Maxwell: Sí, toda la banda. Eso fue en un antiguo teatro de Barcelona que era precioso. Y luego fuimos a Madrid. Y el público fue fantástico, recuerdo que en España hay gente que le gustabas mucho. Tenemos muy buenos recuerdos, la verdad. 

Veo que tenéis grandes historias en nuestro país. Tu último disco, “Nation Shall Speak Unto Nation”, me parece un disco buenísimo que ningún fan del mejor pop-rock británico se debería perder. Además tienen unas letras muy reflexivas y personales ¿Qué ideas o sentimientos querías transmitir con él? 

Edwyn Collins: Por ejemplo, "Knowledge". La estrofa y el estribillo dice: "En mi vida he conocido a tanta gente. Algunos son buenos y otros malos. Cuanto más sé de este viejo mundo. No me siento a salvo. Y no tengo fe". (Edwyn canta parte de la canción). Esa letra fue importante para mí. A veces las letras lo son y otras veces no. 

Grace Maxwell: Trabajaste mucho en las letras del disco. 

Edwyn Collins: Sí, he practicado para perfeccionar la sintaxis. Para captar los movimientos. 

Grace Maxwell: Por eso fue muy cruel que Edwin perdiera el lenguaje a causa de su enfermedad. Le arrebataron el lenguaje. Fue bastante cruel. Y todo el camino de recuperación. Todavía hoy intentas mejorar cada vez más tus letras. Trabajaste muy duro para intentar mejorar sus letras. 

Edwyn Collins: Estoy orgulloso de ello. Desde mi derrame cerebral pierdo el sueño. Pero sé dirigir mis letras. Soy más directo ahora, aunque "Knowledge" no lo es tanto. 

Grace Maxwell: Estoy orgulloso de sus letras. De las ideas que estás presentando, los temas y tal. Él trabaja en ello aquí en esta casa. 

Edwyn Collins: Estoy escribiendo las canciones primero, aquí en casa. A veces digo: "Un momento, un detalle, Grace dijo eso" y me viene una idea. Luego pienso que no es suficiente y que tengo que esforzarme más. "Vuelve y hazlo de nuevo". 

Grace Maxwell: Edwin puso el listón muy alto. Así que trabaja duro, ¿verdad Edwyn? 

Edwyn Collins: Sí, lo hago. 

Al margen de las maravillosas letras, este álbum tiene una producción muy elaborada. Con una instrumentación excelente. Con coros y voces de acompañamiento. ¿Cómo fue el proceso creativo y de grabación? ¿Fue muy difícil o fácil? 

Edwyn Collins: No, la música es fácil para mí. Crear un estribillo me resulta mucho más sencillo que escribir una estrofa. Pensar en la música, no es problema. La música me llega sola. 

Grace Maxwell: Pero también el proceso de estudio te encanta, ¿verdad? 

Edwyn Collins: No es difícil. Simplemente funciona con la gente. 

Grace Maxwell: Yo los veo a veces y parece que se lean las mentes, que tengan telepatía. Se conocen tan bien. Es una alegría pura, 

Edwyn Collins: Por ejemplo, con "Paper Plane Flu" yo toqué el theremin. Es muy, muy fácil para todos. El proceso de estudio es justo lo que necesita. Los que vienen practican todos los días y graban el álbum. Sé lo que quiero. Lo tengo claro, es mi visión. 

Han pasado muchos años desde tu debut con Orange Juice. Una de las mejores bandas británicas de todos los tiempos. Parte del éxito de "Read It Up" se debe a que fue el disco que descubrió tu música. Aunque la banda no sea del todo popular y los discos de Orange Juice sean discos de culto. ¿Crees que la banda ha sido suficientemente apreciada por la crítica y los fans? 

Edwyn Collins: ¿Infravalorada? No, no lo creo. Pero quizás sí que es una banda nostálgica. 

Grace Maxwell: Orange Juice en aquel entonces quizás si estuviera infravalorada. Pero estoy mirando a tu nuevo disco y pienso que no vives con arrepentimientos ni reflexiones así. 

Edwyn Collins: "Deberíamos haber sido más grandes", no hay que plantearlo así. Siempre hay que pensar que las cosas fueron como fueron. 

Grace Maxwell: Una revista musical británica le preguntó: "¿Sientes resentimiento por algo de Orange Juice?" Y dijiste: "He tenido una gran vida. He tenido una vida maravillosa. Ha sido increíble". 

Edwyn Collins: Es como valorar a The Velvet Underground y a Lou Reed por sus éxitos. ¿Qué logró "Walk On The Wild Side"? No se evalúa así. Uno hace lo que hace y depende de la gente. Por cierto, descubrí a The Velvet Underground cuando tenía 17 años. Primero estaba obsesionado con David Bowie, cuando era adolescente, pero luego escuché "Transformer" de Lou Reed y de ahí acabé con The Velvet Underground. 

Orange Juice se separaron en 1985 ¿Te imaginabas que seguirías publicando música y actuando durante otros 40 años en ese momento? 

Edwyn Collins: Orange Juice tenía varios miembros enfrentados y muchos desacuerdos. Stephen, James y David, ya no éramos tan buenos amigos. 

Grace Maxwell: Luego fuiste más feliz en solitario. 

Edwyn Collins: Sí, lo era. 

Grace Maxwell: ¿Pero te imaginabas que seguirías grabando discos dentro de 40 años? 

Edwyn Collins: No. No, me lo imaginaba. 

Grace Maxwell: Empecé a trabajar para Edwin en 1984. No mirábamos más allá de los próximos 6 meses. Éramos muy malos en hacer predicciones futuras. No pensábamos en que íbamos a envejecer. Y por ello realmente no podíamos imaginar nada. No nos planeábamos nada y definitivamente pensábamos que la gente de 60 años debería jubilarse. Por esa regla, debería haberse jubilado hace mucho tiempo, gracias a Dios que no lo hizo. 

Empezaste una carrera en solitario y al principio de la era Britpop en 1994 lanzaste el álbum "Georgeous George" y con la canción "A Girl Like You" una de las canciones más exitosas de tu carrera y que conectó mucho con los seguidores del Britpop ¿Cuál fue tu experiencia en ese período? 

Grace Maxwell: Por ejemplo ¿Te acuerdas de la revista Mojo Britpop decía de ti? 

Edwyn Collins: Si, claro. 

Grace Maxwell: No le llamaban, le consideraban un viejo, aunque Edwyn en 1995 tenía 34 años. Era su séptimo álbum y no era una persona nueva, le veían como de la generación anterior a su rollo. Luego algunos críticos de Mojo y Q comenzaron a decir que sí que era parte de la movida Britpop. Yo le dije que lo olvidara. 

Edwyn Collins: No, no lo hice. Ese movimiento fue una cosa prefabricada. Conozco la mierda de Mojo y Q . 

¿Qué artistas o álbumes te han inspirado más a lo largo de tu carrera? 

Edwyn Collins: David Bowie y Lou Reed como he dicho, y otros músicos que me gustaban en aquel entonces como Talking Heads, también me gustaba mucho la música Soul y la música Disco como Chic. Menuda sección de bajo de Bernard Edwards. "¿Qué es eso?", me dije cuando lo escuché. Y Neil Rodgers. 

¿Tienes algún músico o banda actual que puedas recomendar? 

Edwyn Collins: Soy demasiado viejo para eso. Tenemos dos bandas compartiendo gira y haciéndonos de teloneros. Son la misma banda, pero van a tomar 20 minutos cada una Son los mismos chicos Tocan unos 20 minutos cada uno Se llaman Glass Cheques y Bayview. También Grabamos bandas nuevas The Hanging Stars que también estuvieron en la gira. 

Grace Maxwell: Realmente no estás al tanto. 

Edwyn Collins: No, sería fingir. Soy demasiado viejo para música nueva. 

Grace Maxwell: Te gusta escuchar música del pasado. Estás demasiado ocupado escuchando discos antiguos. 

Edwyn Collins: Es la mejor música. 

Además de componer, cantar y tocar, también has sido productor y tienes un sello discográfico. ¿Qué parte del proceso musical te ha dado más alegría?

Edwyn Collins: Trabajando en el estudio de vuelta de Londres en las tierras altas El estudio está en la colina detrás de nuestra casa. Tengo una consola de grabación Rupert Neve antigua del año 1969 y es maravillosa. 

Grace Maxwell: Te encanta el estudio, Edwyn. Realmente él quería venir aquí a las tierras altas de forma permanente desde Londres pero antes de que pudiéramos hacerlo tuvimos que construir un estudio. Necesitábamos un estudio lo que supuso mucho trabajo de construcción, con estructuras de madera t tal. Ahora podemos estar aquí y la gente viene aquí a grabar con Edwyn. Lo disfruta mucho. Yo diría que es más feliz en el estudio Quizás no lo piensas pero así es. 

Edwyn Collins: Tal vez sí. A lo largo de los años, y sobre todo de vuelta en las giras, estoy agotado. El trabajo en solitario cansa mucho, aunque es parte de mi vida. 

Grace Maxwell: En cambio, no te cansas en el estudio, yo te veo que eres feliz con la paz. 

Mirando atrás, desde los tiempos de Orange Juice y Nu-Sonics en Glasgow hasta ahora, ¿qué crees que ha cambiado más en la industria musical? 

Edwyn Collins: No lo sé exactamente… Los métodos para recibir música han cambiado mucho. El vinilo está volviendo, aunque no de forma masiva; en España, por ejemplo, hay un público concreto para el vinilo, pero es limitado, una cantidad fija. En realidad, lo que ha cambiado es la manera en que la gente accede a la música. Si Postcard Records hubiera existido en la era de internet, habría funcionado muy bien. Lo que intentaban hacer era distribuir su música en un sistema que, en aquel entonces, no lo facilitaba. Tenías que vender discos en tiendas, conseguir que sonaran en la radio, lograr el apoyo de revistas y periódicos musicales… Todos ellos eran “guardianes”, y era muy difícil atravesar esas puertas si no estabas dentro del sistema. Hoy en día, en cambio, si tienes imaginación, talento y trabajas duro, puedes hacerlo tú mismo. Y eso me parece maravilloso. 

Grace Maxwell: Recuerdo cuando estábamos de gira con Aztec Camera, la primera vez que fuimos a Estados Unidos. En una entrevista Edwyn mencionó música de los 70, Stax Records, Jean Knight… y el periodista entendió “stocks” o algo así. Tuve que aclarar: “No, Stax Records”. Ni siquiera sabían de qué estábamos hablando. Quizá tú sí lo sabrías, pero ese tipo de barreras siempre existieron, especialmente en EE. UU. 

Edwyn Collins: Por eso pienso que, conociendo a la gente de Postcard Records y cómo eran entonces, si hubieran tenido internet, habrían arrasado. Últimamente escucho a muchos músicos quejarse, y sinceramente, quejarse no sirve de nada. Es absurdo. Hoy tienes todas las herramientas a tu alcance: hazlo tú mismo, muévete, espabila, sal a tocar en directo. Esa es la clave.

Bunbury: "De un siglo anterior"


Por: Javier Capapé. 

Enrique Bunbury continúa en búsqueda. Es incansable y su obra se está convirtiendo en el perfecto manual del renovado artista del renacimiento en pleno siglo XXI. No hace falta esperar al futuro para saber que con sus discos podremos hacer un estudio de la evolución de la música popular desde el rock fronterizo a la raíz latina pasando por el puntual enfoque electrónico, el rock contemporáneo y la redefinición del cabaret. En la paleta cromática del aragonés errante cabe esto y mucho más. Y precisamente ahora se encuentra sumido en la actualización de la música popular del continente americano bajo la influencia hispana. Con su anterior LP "Cuentas Pendientes" inició esta labor de exploración rodeándose de curtidos músicos latinoamericanos, y tan solo doce meses después vuelve a dejarnos un cancionero en una línea continuista, aunque con ciertos matices distintivos. De hecho, estas diez canciones se grabaron en el mismo estudio del Desierto de los Leones poco antes del lanzamiento de "Cuentas Pendientes" y es algo que se nota, porque comparten ese mismo aura.

La intención en este "De un siglo anterior" es continuar con la exploración de la latinidad con otros géneros, para lo que ha contado con el mismo equipo que en su anterior disco, con el que podemos afirmar que forma un tandem inseparable desde su concepción. Vuelve a tener a su derecha a Ramón Gacías, con el que comparte producción, además de Jorge Rebenaque, Luri Molina, Sebastián Aracena y Johnny Molina. Los mismos músicos que le condujeron por los mejores rincones de folclore hispanoamericano. Quizá la principal diferencia que tiene con respecto al tantas veces mentado hermano mayor sea que en este último trata de acercar más la esencia del folclore a la música más fronteriza, optando por una mayor presencia de guitarras eléctricas bien empastadas con las españolas, la percusión latina y el contrabajo, creando así un híbrido de tintes rock pero sin perder su conexión con la raíz. Esto es algo que se ejemplifica a la perfección en la canción que abre el lote. "Creer que se puede creer" nos lleva, como tantas otras veces en su carrera, a México, a la frontera. Las guitarras eléctricas funden el espíritu del disco anterior con sus clásicos del rock y pone de manifiesto a las claras las intenciones de esta nueva colección.

"Un brindis al sol" porta algo de psicodelia con la presencia de los sintes y el slide. Pone un pie más en el blues o el rock de base, pero con cierta contención. La que fuera el primer adelanto, "La Voz", se apoya en poco más que el timbre vocal de nuestro protagonista junto con un contrabajo que le confiere serenidad y consigue emparentarla con obras tan trascendentes como aquel "Lágrimas Negras" de Bebo Valdés y el Cigala. Bunbury nos adelantaba en la nota de prensa de este lanzamiento que quería crear algo conducido por la vulnerabilidad de la voz y lo cierto es que el single comentado es la mejor muestra de ello.

Los adelantos de este "siglo anterior" terminan con la más ligera "La próxima vez no habrá próxima vez", una especie de baile de fin de curso añejo que mezcla México y Cuba con un gran resultado. Tras ésta nos queda más espacio para sorprendernos entre coordenadas muy similares, pero que consiguen que apenas perdamos el interés. Así, la canción titular es puro son cubano y "En el arcén" escuchamos también aires de tango, contando además con un solo de guitarra castizo. "La Cima" es una chacarera en la que destaca su fantástico estribillo de armonías elegantes. Estos terrenos, junto con "Zamba para olvidar", que también nos sumerge en los aires del Cono Sur con el uso del bombo legüero, ya han sido explorados anteriormente por este artista, pero no por ello dejan de interesar a los seguidores que buscan en Bunbury a ese atrevido explorador de los ritmos más populares. 

"Peor que como estamos, es difícil ya que estemos" es otro corrido marca de la casa, muy western, que nos retrotrae hasta la segunda parte de "Flamingos", donde Bunbury ya coqueteaba con esta música de frontera, valiente y criolla. De todo el disco quizá sea el momento en el que más suelto o cómodo vemos al zaragozano, destilando una interpretación con músculo muy convincente.

En "Un par de acordes, una mentira y la redención" predomina esa levedad cercana al jazz que le confiere también el estupendo contrabajo de Luri Molina. Es una de esas canciones que tan bien se le dan para cerrar sus discos. En este caso una tonada circense que nos lleva hasta los aires del Huracán Ambulante, pero donde la guitarra clásica del maestro Aracena y el acordeón del “reverendo” Rebenaque son los que la aderezan con gran gusto. En una canción como ésta encontramos la justificación que le lleva a volver a reunir a varios de los músicos del Huracán Ambulante, como ya hiciera en su última gira, con los Santos Inocentes, en lo que se ha convertido en una especie de banda-puente que une los dos mundos de Bunbury en ese "Nuevas Mutaciones Tour". Un título sugerente para una gira en la que se esperan nuevos trajes para sus clásicos así como grandes momentos conducidos por esa manera tan genuina que tiene para actualizar los ritmos clásicos latinoamericanos. Con ella volverá a recorrer el continente americano además de cerrar con tres fechas en España y confirmaremos el estado de gracia en el que vive el músico. En plena forma a pesar de encontrar cierta calma en sus nuevas composiciones. La calma que aporta la experiencia, pero que para nada le sume en un letargo acomodaticio. Todo lo contrario. Es más bien la constatación de encontrarnos ante un artista en plena libertad creativa. Entregado únicamente a sus impulsos y necesidades.

Podrá haber estado algo menos fino con este largo, o quizá haya exprimido en exceso la fórmula que le funcionó para el anterior (es cierto que no consigue captar tanto nuestra atención por repetir algunos modos), pero no podemos negar que de talento va sobrado, así como de inquietud. Cierto es que con "De un siglo anterior" ha conseguido retroceder a la sonoridad de aquel siglo, al sabor añejo que alumbraba la fusión entre la canción popular y el rock, pero a la vez posee esa fuerza propia de este siglo XXI en el que bien se asienta. Con paso firme, decidido y, como siempre, seguro de sí mismo y dispuesto a subir otro peldaño de esa empinada escalera que conduce a la gloria para ese elenco de artistas imprescindibles y eternos de los que hace tiempo forma parte por méritos propios.

Tesouro: "Creo que uno no hace la música que quiere, sino la que puede"


Por: Kepa Arbizu.

Fotografías: Aitor Uve.

Dando continuidad a una estirpe que tiene como episodios previos a Burgas Beat o La Cosecha Roja, el también crítico musical Carlos Rego hace de su actual proyecto, Tesouro, otro vehículo que entiende a la perfección que la melodía pop se puede rastrear en diversos ámbitos, sea la new wave, el rock americano o el Paisley Underground, enclaves que visitan las canciones de un nuevo trabajo, "No centro do mundo", que se perfila bajo un resultado sobresaliente. Una colección de composiciones que, alrededor de un concepto vitalista y reflexivo, presentan a la banda en un momento de forma tocado por una especial sinergia entre sus miembros, otorgando al álbum una comunión entre guitarras y armonías con destino a recorrer las diversas aristas que identifican y definen a este "tesoro" al que no no nos resistimos a interrogar sobre sus misterios. 

“No centro do mundo” es el segundo disco largo de vuestra trayectoria, en la que también se incluyen varios EPs, ¿qué tiene que suceder para decantaros por publicar un álbum u otro formato, es una cuestión solo del número de canciones o debe de haber un concepto global detrás? 

Carlos Rego: Algunos de los singles que hemos publicado son simplemente adelantos de un LP; otras veces alguna canción que pensamos debíamos grabar antes de meternos con un disco entero; otro EP fue por ejemplo una recopilación de encargos que nos han hecho para participar en recopilatorios… Yo sigo pensando que el LP es la mejor forma de presentar una colección de canciones, de hecho, sigue siendo la manera de juzgar la obra de los grupos, haya un concepto o no detrás. A los singles se les hace menos caso. Al menos, en ese mundo antiguo en el que nos movemos nosotros. 

Este es un disco que me transmite una amable melancolía, y lo hace desde diversos ángulos, da la sensación de que a través de estas canciones habéis buscado abarcar todo vuestro clima sonoro, desde el más intimista y evocador hasta el más impetuoso, no sé si era una cuestión predeterminada… 

Carlos Rego:  Continuando con lo que comentaba anteriormente, el concepto como tal no existe en este disco, al menos conscientemente, pero sí la intención de presentar todas nuestras caras. Somos un grupo tradicional, pero eso no quiere decir que no nos gusten muchas músicas diferentes. Nos gusta que las canciones suenen diferentes entre sí, que haya variación de sonidos y estados de ánimo. 

En esa disputa entre etiquetas globales, muchas veces el uso de la electricidad parece el detonante para diferenciar entre pop y rock, en vuestro caso siempre, ya sea con más fuerza o intimismo, parece que vuestra meta es priorizar y encontrar la gran melodía. 

Carlos Rego: Dar con una melodía clara, reconocible y, a poder ser, emocionante, es clave, pero a veces hay que saber apartarse y optar por reducir la riqueza melódica y apostar por una cierta inmediatez, menos rica y más intensa. Eso sí, solo una buena melodía no hace buena una canción, la letra y el envoltorio musical importan casi tanto. 

Quizás ese sea el contexto de, por ejemplo, la “costelliana” “Revisando os danos” o el crepitar de las guitarras a modo de Crazy Horse en “Tus llamadas”. 

Carlos Rego:  Precisamente de eso te hablaba... “Revisando os danos” no es muy brillante melódicamente, pero esa letra no lo necesita y tiene otras cosas, fuerza, electricidad, que encajan mejor. “Tus llamadas” tiene las dos cosas, creo. Las guitarras sí están muy inspiradas en Crazy Horse, pero es que la melodía parecía pedirlo a gritos. 

Me llama la atención que son, salvo alguna concreta excepción, las canciones cantadas en galego de este disco las que exhiben su carácter más bucólico y onírico, ¿hay una parte inevitablemente más paisajística cuando aflora la lengua gallega? 

Carlos Rego: Podría ser, pero tampoco es algo premeditado. Es cierto que es un idioma muy ligado a lo rural, pero ya hace años que eso está cambiando. Aunque lo hablo y escribo habitualmente, siempre me costó componer canciones en gallego. Hice algún intento en Cosecha Roja y nunca quedé contento, y hasta Tesouro no encontré la manera. De todas formas es algo muy instintivo, depende de cómo surja la primera línea de la letra. En este disco hay más canciones en gallego, en el siguiente podrían ser todavía más, pero también menos, no hay planes preconcebidos. 

Y hablando de “periferias”, hoy en día, en esta llamada aldea global donde se acortan los intermediarios, ¿sentís que estar en Galicia, fuera de la órbita de los (epi)centros desde los que se maneja la situación, llámese Barcelona o Madrid, sigue significando para el ámbito musical residir en la periferia y quedar relegado? 

Carlos Rego:  No tengo ni idea. Ya te digo que incluso aquí en Galicia, estamos en la periferia, pero a estas alturas es algo que ya no nos preocupa. Seguimos nuestro modesto camino y procuramos caminarlo de la mejor manera posible. 

¿Dirías que, aunque está clara vuestra filiación con los sonidos anglosajones, ser de Galicia, en vuestro caso, ha supuesto teñir esos sonidos de una marca identificativa? 

Carlos Rego: No lo sé. Aunque, sin ser expertos, nos gusta el folk y la música tradicional y algunas sonoridades se puedan colar, nuestra formación musical es indudablemente anglosajona. Lo que quizá sí nos marca, si no a nivel musical sí en cuanto al espíritu del grupo, es ser de Ourense, una ciudad muy particular que siempre ha estado al margen de la centralidad musical gallega, siempre más centrada en Vigo, A Coruña o Santiago, una periferia dentro de la periferia a la que no se hace demasiado caso. En los últimos años, también es una ciudad decadente en lo cultural, aunque con propuestas puntuales que tratan de mantener un latido subterráneo y testarudo, y lo consiguen sin tratar demasiado a los poderes públicos. 

Además del tono musical, la mayoría de las canciones giran en torno a la reflexión sobre la búsqueda de lo esencial, de sentir que uno ha encontrado el camino que debe recorrer, en este caso ajeno a la inmediatez y el trasiego al que invita la vida en la actualidad. 

Carlos Rego:  Has dado en el clavo. Ese es uno de los temas del disco, visto a posteriori. Supongo que la búsqueda de tu sitio en el mundo, más allá de carreras musicales, o literarias u otras chorradas poco importantes, un sitio físico y mental en el que estar a gusto, es una de las cosas más importantes en la vida de una persona. En eso estamos y sobre eso cantamos, cierto. 

Ese tránsito hasta alcanzar esa actitud de reposo reflexivo, tal y como se deriva de “La sombra de lo que fuimos”, no parece que haya sido un camino exento de muchos baches y golpes, ¿cuesta media vida casi comprender el camino que uno anda buscando? 

Carlos Rego: Los baches y los golpes son comunes a todos. Yo soy un tipo bastante afortunado, pero eso no quita para que haya perdido a personas muy cercanas desde bastante joven, por ejemplo y sin abundar mucho en el asunto, y eso tiene un gran reflejo en las canciones. De cómo aceptes los baches y los golpes depende tu bienestar mental, y si tienes suerte y sigues cumpliendo años, puedes y deber ir aprendiendo a afrontarlos. 

De hecho percibo, quizás erróneamente, que estamos ante un disco que a su manera me resulta muy terruño, ¿ese sentimiento de apego a Galicia es también parte de ese proceso de “centrarse en el mundo”? 

Carlos Rego: Más que a Galicia o incluso a Ourense, ese centro del mundo se refiere al lugar que ocupas en él. Se puede vivir apartado y al mismo tiempo sentir que ese lugar es para ti el centro del mundo, porque es el lugar en el que desarrollas tu actividad vital, que tu vida puede ser completa y satisfactoria sin necesidad de estar donde se supone que pasan las cosas. 

Hoy en día se habla mucho de salir de la zona de confort, vuestra música, y la actitud que desprende por ejemplo la letra de “Aprendiendo el oficio”, donde habláis de “adaptar la rutina a mi ritmo vital”, parece ir en dirección contraria... 

Carlos Rego: Absolutamente, eso de salir de tu zona de confort siempre me suena a cháchara de charlatanes, de gente que quiere venderte otra vida, o que quiere echarte la culpa de tus problemas. Lo mismo que lo de las “experiencias” que te venden los restaurantes chic, las agencias de viajes, el enoturismo, la inmersión en el rural… Una manera más de quitarte la pasta a cambio de humo. No es cuestión de vivir como una ostra, claro, pero yo necesito rutina, una rutina que me guste, por supuesto. Si no hay rutina no puedes romperla, que también está muy bien. 

Hay varias adaptaciones de poemas en el disco, ¿eran textos que os gustaban pero que sobre todo encajaban perfectamente en el sentido global del disco o incluso fueron ellos los que instigaron la idea central del álbum? 

Carlos Rego: En realidad, busco inspiración en donde puedo. No soy muy prolífico escribiendo letras y si puedo aprovechar algo que leo o escucho y me gusta, lo aprovecho. A veces es una línea que da pie a una letra, en esta ocasión fueron un poema de Karmelo Iribarren que adapté y amplié con su beneplácito, porque podría haberlo firmado yo sin problema, y otro de Lois Pereiro que llevaba muchos años intentando musicar y al fin di con la forma. Pero claro que encajan con algunos de los temas de mis canciones, como encaja perfectamente el poema al que puso música Dani, “Silencio de Ourense”, que encontró en el catálogo de un festival de poesía y del que no hemos podido averiguar el autor. 

También te dedicas a la crítica y literatura musical, ¿sientes que cuando estás sumergido escribiendo un libro ese contenido se traslada, incluso involuntariamente, a la hora de componer, o son dos ejercicios totalmente independientes? 

Carlos Rego: Pienso que no. Me gusta mucha música diferente a la que hago, y suelo escribir sobre cosas que no tienen nada que ver con Tesouro. Creo que uno no hace la música que quiere, sino la que puede, y que las limitaciones tienen casi tanta importancia como las capacidades. 

Supongo que ese pausado y reflexivo caminar sobre el que reflexiona el disco también influye en las expectativas musicales, ¿cuáles son las aspiraciones que bajo esa mirada habéis depositado u os gustaría alcanzar con este trabajo? 

Carlos Rego:  La primera y más importante, quedar satisfechos con el resultado, hacer justicia a las posibilidades que veíamos en las canciones, y eso creo que lo hemos conseguido. Con gran ayuda de Manu Sanz, por cierto. Después, gustar a los que lleguen a oírlo, que se hable bien del disco y defenderlo bien en directo. No es fácil que alcancemos un público masivo, pero significa mucho que los que nos escuchen disfruten del resultado. Por lo demás, de "Aquí conmigo" ya no nos quedan copias, así que aspiramos a despachar la (modesta) tirada de "No centro do mundo".