Por: Javier Capapé.
Un recomienzo. Una nueva oportunidad. Salvador Sobral ha regresado con un nuevo disco enteramente en portugués en el que dirige su mirada hacia Brasil. Un disco sin canciones propias, pero con toda la esencia de un país en el que se ve reflejado y que ha nutrido su aprendizaje musical desde niño. Ahora, asentado en Barcelona, vuelve su mirada hacia el gran país americano para conectar con su espíritu, que mezcla la alegría del carnaval y el ímpetu de la samba con la profundidad emotiva de sus piezas más introspectivas e igualmente definitorias de todo lo que nos llega desde la otra orilla del Atlántico. “A Flor do recomeço” es un disco grabado en su totalidad en São Paulo, con producción de Tó Brandileone y el empuje de su director artístico Marcus Preto, que fue quien animó a Salvador a lanzarse de lleno en este proyecto, que incluye canciones de Chico César, Arnaldo Antunes, Marcelo Camelo, Paulo César Pinheiro, Juliana Linhares o Tim Bernardes, entre otros, así como las colaboraciones de Dora Morelenbaum y Ney Matogrosso.
En la charla que mantuvimos con un Salvador de lo más cercano, pudimos profundizar en el proceso de grabación del disco así como en el camino que le llevó hasta él. También hubo tiempo para hablar de su inminente gira internacional, así como de su boicot a Spotify y de la preocupante deriva política actual hacia la ultraderecha. Todo desde su prisma abierto al mundo y de una abrumadora sinceridad que nos descubrió a un músico tan grande como humilde.
“A Flor do Recomenço” es un disco maravilloso, lleno de matices y recovecos que nos acercan a la enormidad cultural de Brasil y a su corazón, que late sin perder su verbo incisivo ni su ritmo bailable. Tras discos más personales y atrevidos como “bpm” o “Timbre”, Sobral se lanza a uno más purista en las formas, pero increíblemente bien interpretado, con toda la pasión y entrega que requería y el personalísimo toque del artista portugués más grande en activo. Un auténtico placer para los sentidos al que tratamos de acercarnos en profundidad en estas líneas.
Antes de entrar en materia con tu nuevo disco, quería preguntarte, lo primero de todo, por este tiempo que has tenido de desconexión, alejado de las plataformas, después del disco con Silvia Pérez Cruz. ¿Cómo te estás encontrando con la vuelta a todo este meollo?
Salvador Sobral: Me hablas de Spotify, ¿verdad? Bueno, yo me junté con un grupo de boicot a Spotify por todas las razones que ya conocerás: el financiamiento militar de guerra, la campaña del ICE, la música con inteligencia artificial y demás. Sentía que en Portugal tendría muchos colegas que se vendrían conmigo, que harían un boicot colectivo a esta plataforma tiránica, pero la verdad es que la gente la necesita, obviamente. Tuve un par de artistas que siguieron el boicot, pero unos meses después, como le pasó a Jonny Mitchell y a Taylor Swift, que también hicieron boicot, tuve que volver. A mí me sirvió para concienciar un poco a la gente, porque muchos no tenían ni idea de toda esta problemática. Y al final, con este boicot, mucho público y oyentes míos se sumaron con sus familias y eso es algo que me alegró, pero yo tenía que volver porque nadie estaba escuchando mi música. Y esto es porque la industria todavía sigue monopolizada por Spotify. Me pasó algo muy raro, porque el día que posteé el vídeo de regreso a Spotify gané dos mil seguidores en Instagram. Yo no soy conspiranoico, pero esto pasó como te digo. Parece que todo está interconectado y que tienes que jugar a este juego, pero bueno, yo espero un día poder hacer un boicot colectivo con más colegas y que podamos encontrar una plataforma más democrática.
Hemos empezado por este tema algo controvertido, pero lo que nos interesa es tu nuevo disco, “A Flor do recomeço”. Hemos podido disfrutar de las canciones previamente para preparar la entrevista y lo primero que nos viene a la cabeza es que siempre has hecho discos muy diversos en idiomas, pero en este te centras en el portugués como única lengua. ¿Es quizá por esto el disco más personal que has hecho?
Salvador Sobral: Es verdad que es mi primer disco enteramente en portugués. Yo no diría que es el más personal porque no tiene ninguna canción mía y cuando los discos son autorales, pues siempre hay temas más íntimos. En el disco anterior, “Timbre”, hablaba más de cuestiones de mi vida, pero para mí no hay demasiada diferencia. A mí me encanta cantar canciones de otros, pero no sé si es mi disco más personal.
“Con este disco gané un poco de motivación e ilusión otra vez por este oficio”
¿Y cómo surge la idea de hacer un disco nuevo, centrado en autores brasileños, pero sin ir a revisitar clásicos de la música popular brasileña?
Salvador Sobral: Pues mira, yo llevaba un tiempo así medio desinspirado después de la gira con Silvia Pérez Cruz. Estaba muy cansado. Fue una gira muy exigente. Y también por la situación del mundo, de la sociedad, de todo lo que nos rodea. Desde la fascización de todo el mundo hasta el genocidio en Gaza. En fin, yo sentía que crear era superfluo, ¿sabes? Estaba en una crisis de inspiración y de creatividad. Así que me pasé un año con la familia. Solo dedicándome a mi hija y a jugar al fútbol, básicamente. Pero claro, llegó el final del año y no había hecho ni un euro y yo, como todos, tengo que hacer dinero para alimentar a la familia. Y lo único que sé hacer en mi vida es cantar. Entonces, curiosamente, fue mi compañera la que me recordó a un brasilero que había conocido en São Paulo, en un concierto mío, que me había propuesto hacer un disco con canciones inéditas, hechas solo para mí. Que no fuera un disco de versiones, pero que fuera un disco único, porque él sentía que mi voz casaba muy bien con esas melodías y esas letras. Él era Marcus Preto, un director artístico muy conocido. Fue el director artístico de Gal Costa, por ejemplo. Entonces le llamé, le pregunté si todavía estaba en pie esa invitación y me dijo que sí. Así que, por fin, gané un poco de motivación e ilusión otra vez por este oficio.
¿Les pediste algo a los autores con los que has trabajado o les diste libertad total a la hora de escoger canciones?
Salvador Sobral: Bueno, son gente bastante potente y a la que admiro mucho, así que me daba vergüenza pedirles algo. Les dije en todo momento que tuvieran libertad total, y siento que ellos me entendieron bien a mí y a mi forma de interpretar, porque todas las canciones la verdad es que me sientan bien. Tú sabes que en Brasil “ustedean” y en Portugal no, y no hay muchas canciones con usted. Es algo con lo que tuvieron cuidado, y creo que ellos, por sí mismos, compusieron canciones que van bien con mi voz y mi interpretación.
Venías de la pureza más ligada a lo melódico con Silvia Pérez Cruz y aquí te vas un poco hacia ritmos más festivos, propios también del propio Brasil. ¿Necesitabas ese contraste?
Salvador Sobral: No sé, necesitaba tal vez un poco de algo más salvaje. Buscar algo más salvaje en mi interpretación también, que pudiese gritar un poco. Es verdad que la gira con Silvia era más melódica, como dices tú, más tranquila, y yo quería también poder bailar y gritar. Hacer una cosa un poco más desde las entrañas. Y también por cómo está la sociedad hoy en día, tenía ganas de gritar y de reivindicar.
“Quería hacer este disco lo más colectivo y humano posible”
Sin embargo también veo que hay cierto contraste con tu experimentación de algunos de tus discos. Por ejemplo, en “Timbre” estaba esa experimentación y aquí te vas hacia un traje más cercano a la música popular brasileña, sin perder esa inspiración novedosa, pero yéndote a lo más purista. ¿Puede ser?
Salvador Sobral: Sí, es un disco bastante analógico y humano porque hicimos los arreglos todos juntos entre los músicos. Pensamos la música y creamos los arreglos juntos. Grabamos todos en la misma sala a la vez. Fue una cosa muy humana, colectiva. También fue como una especie de movimiento de resistencia en relación a la música que se hace hoy en día. La mayoría de la música que se hace hoy es mucho pop desde las habitaciones y mucha música con la computadora. No hay mucha conexión. Y para mí la música es lo que hicimos en el disco, un diálogo, una cosa compartida. Por eso también quería hacer este disco lo más colectivo y humano posible.
Te iba a preguntar precisamente por la grabación en São Paulo. Son todos músicos brasileños y también lo es el productor del álbum. ¿Qué es lo que aporta este productor a estas canciones para conseguir algo que se sale un poco de tu zona de confort y se va directamente a ese gran país que es Brasil?
Salvador Sobral: Pues eso mismo que decía. En la primera reunión que tuvimos los tres, con el productor Tó Brandileone y el director artístico Marcus Preto, ellos querían conservar esa cosa mía de la espontaneidad, del directo, del repentismo y la improvisación. Ellos dijeron que había que hacer el disco todos a la vez dentro del estudio, como si fuera un concierto. Creo que esa idea la aportaron ellos también, la de conservar la energía de la inspiración del momento. Siento que eso está bastante presente en el disco.
Sin embargo, a pesar de que es un disco muy brasileño, podrían verse, o al menos así lo percibo, como dos tipos de canciones. Algunas más populares, más brasileras, donde brillan ritmos de carnaval, como la que abre el disco “Homem Louco”, y otras más pop, como la canción titular, “A Flor do Recomenço”. ¿Hay una intencionalidad de salir de lo más convencional brasileño, con temas de este corte pop?
Salvador Sobral: Sí. Nosotros no queríamos hacer una caricatura de la música brasilera. Queríamos encontrar, más bien, nuestra propia identidad como banda y yo como cantante, dentro de esas canciones tan brasileras, con esas letras tan brasileras, y esa banda tan brasilera. Quería encontrarme a mí y a mi portugalidad ahí dentro también. Entonces, curiosamente, buscando y explorando todos juntos, llegamos a una sonoridad que es más bien jazzística, porque yo estudié jazz, y ellos, obviamente, siendo músicos de música brasilera, también están muy vinculados al jazz. Así que creo que nos encontramos ahí, en un terreno más jazzista. Pero es curioso lo que dices de la canción escrita por Chico César, porque es jazz, sí, pero esa canción que da nombre al disco es muy Beatleiana. Los Beatles también fueron un terreno común que encontramos, porque los Beatles, la mejor banda de siempre, a los músicos también les gustaban, por lo que fuimos buscando un proceso de desbrasilificación de la música, intentando encontrar una nueva sonoridad que no fuera tan caricaturesca brasilera.
“Para mí la música nació en Brasil”
Aún así, a pesar de que no me parece caricaturesca, ni mucho menos, aparte de la relación con Marcus Preto que comentas, evidentemente, hay algo mucho más fuerte que te une a Brasil, que te lleva a hacer este disco. ¿Qué es eso que te une?
Salvador Sobral: Creo que es la memoria musical que tengo de mi infancia, de cuando empecé a escuchar música. Fue la primera música que escuché en los coches de mi madre y de mi padre, yendo hacia el Algarve, cuando todavía eran cinco horas de carretera. Mi madre escuchaba a María Bethania en el coche, y mi padre escuchaba a Chico César, precisamente. Entonces, creo que también es un regreso a esos orígenes musicales, no solo míos, de mi infancia, sino creo que también del mundo, porque para mí la música nació ahí mismo, en Brasil.
Vamos a hablar también de las colaboraciones que hay en el disco. Dora Morelenbaum canta en la más pausada “Estrela Cadente”, y Ney Matogrosso en la muy enérgica “Bam Bam”. ¿Dónde surge la idea de colaborar con estos dos artistas en concreto?
Salvador Sobral: Yo quería tener dos generaciones muy distintas de cantantes, como tengo de compositores. En este disco tengo a la escena joven, vibrante, nueva brasilera, como es el caso de Tim Bernardes o de Juliana Linhares, pero también tengo antiguos compositores como Joyce Moreno y Paulo César Pinheiro, de la época dorada de la música brasilera. Y quería tener eso también en los duetos, alguien de la nueva generación y otra persona de la música más antigua. Por eso está Ney, que es un señor de ochenta y cinco años, pero con la energía increíble de un joven de treinta. Me gusta él, no solo su voz, que sigue intacta, como si estuviese cantando en los años ochenta, sino también su extravagancia y la importancia que tuvo, no solo en la música brasilera, sino también en la escena social y política. Fue un personaje muy importante y sigue siéndolo. Y Dora Morelenbaum, para mí, sigue el legado de Gal Costa. Es la voz más celestial de Brasil en esta música contemporánea. Es una voz que me lleva al cielo. Por eso elegí estas dos voces.
“Cuando canto baladas siempre voy más directo al alma de la gente”
Con Dora nos pones los pelos de punta, pero también Ney nos sorprende por lo potente que llega a sonar con esa edad. ¿En qué faceta te sientes más cómodo? ¿En esa explosión de energía o en la emotividad?
Salvador Sobral: Creo que cuando canto baladas siempre voy más directo al alma de la gente. Desde Eurovisión creo que tengo ese gancho de las baladas. Es innegable. Aunque me divierto muchísimo cantando cosas más bailongas y me encanta, creo que a la gente le hablan más directamente las baladas.
Precisamente te iba a preguntar por ese juego. En la canción con la que cierras, “Oração do ateu”, juegas también con cierta dualidad religiosa y te vas a ese tono más sereno para cerrar el disco. Quería saber si era más fácil para ti buscar lo emocional con esas tonadas más serenas o si el ritmo te permite también emocionarte y emocionar.
Salvador Sobral: Como te digo, creo que para la gente son más directas las baladas, pero a mí me gusta explorar todo el espectro de emociones dentro de la música y todo el espectro rítmico. Desde las cosas más rápidas, tropicales y bailongas, hasta la balada más visceral. Creo que todo es necesario.
Hay otra canción que me llama la atención que es “É de se estimar”. Me ha recordado mucho a tu disco “Alma Nuestra”, que estaba dedicado a Cuba. Sin embargo, noto una cercanía también con este nuevo trabajo. Son dos estilos diferentes, por un lado Cuba, por otro Brasil, pero me llevan a ese explorador que siempre has sido de músicas del mundo. ¿Cuánto hay de nexo musical en este gran continente latinoamericano entre lo que pueda ser Cuba y todo lo que nos aporta Brasil?
Salvador Sobral: Creo que la música brasilera, la música cubana y el jazz comparten mucho. A mí me gusta mucho más la música latinoamericana por la riqueza de las letras, que el jazz no tiene absolutamente. Tanto los boleros como la música brasilera tienen mucha más riqueza poética que la música jazz, pero las armonías son ricas y las melodías también. Hay mucha complejidad, y a la vez en Brasil esa complejidad suena simple. Y en Cuba también. Creo que “É de se estimar” te hace pensar en ese disco de “Alma Nuestra” por la formación jazz que hay y las melodías de Latinoamérica y su música folclórica, que al final se parecen un poco.
De hecho, he escuchado decir eso, que la música latinoamericana viene toda o nace toda en Brasil. Y este collage sonoro que hay en el disco podría llevarnos a refrendar esa afirmación.
Salvador Sobral: Sí, bueno, todo nace en África. Pasa lo mismo con la música de Estados Unidos. La música la llevaron los africanos a Estados Unidos y a Latinoamérica, y ahí es donde empezaron a surgir los cambios, pero al final todo es africano.
Bueno, de África podría saltar a Brasil y de Brasil al resto de América.
Salvador Sobral: Eso es, puede ser. ¡Quién sabe!
“Yo no soy tan romántico como para pensar que la música puede ser un antídoto de algo”
Has hablado, un poco de soslayo, de la deriva política. Precisamente cuando escuchaba este disco me acordaba un poco de la deriva hacia la ultraderecha que se está viviendo en Brasil. Sin embargo, tu disco respira alegría, respira todo ese color que brota en sus calles. Brasil es tierra de armonía, tierra de vida, de carnaval. ¿Puede ser esta música, siempre asociada a lo festivo, un antídoto contra esta deriva política desconcertante de la ultraderecha?
Salvador Sobral: Yo no soy tan romántico como para pensar que la música puede ser un antídoto de algo. Creo que es algo que tenemos que vivir ahora, esta ultraderechización de la sociedad. Creo que los conciertos que hacemos sí pueden servir como un microcosmos durante una hora y media de felicidad, de democracia y de libertad. Por lo menos durante los conciertos, pero, infelizmente, lo que veo yo en Brasil, bueno más bien en toda Latinoamérica, es que se está Trumpificando. Y también está pasando aquí, en Alemania o en Francia. Es algo que me preocupa bastante. La música es lo que te digo, puede dar un alivio de una hora y media, pero los problemas seguirán ahí. La música no puede tener un impacto concreto en el problema que vivimos con la vivienda o la salud, algo que ocurre tanto en Portugal como en España. Pero eso sí, una hora y media de alivio, sí. Pueden contar con mis conciertos para eso.
Quizá de ahí venga el nombre de “A Flor do Recomenço”. Una manera de volver a empezar o de intentar comenzar con otra visión o, por lo menos, con otro ánimo.
Salvador Sobral: Eso es, supongo. Por lo menos en los conciertos, porque lo último que nos queda como músicos, a lo que todavía no ha llegado la inteligencia artificial, son los conciertos. Así que será un recomienzo en forma de gira y el recomienzo de alguna democracia, por lo menos en el escenario.
¿Cómo van a ser las presentaciones del disco? ¿Tienes preparada una gira internacional? ¿Con qué músicos vas a contar?
Salvador Sobral: Pues mira, tengo una gira internacional bastante buena, la verdad. Estoy muy agradecido, pero claro, los músicos que grabaron el disco están en Brasil y sería muy difícil traerlos tantos meses a Europa. Así que monté una banda, más o menos la que tenía del disco anterior, de “Timbre”, pero con algunos cambios. Es una banda de europeos: La pianista es bielorrusa, el guitarrista de Mallorca, la saxofonista catalana, y el batería y el contrabajista son portugueses. Esta banda es mucho más multicultural y vamos a explorar la memoria sonora que cada uno tiene, que es muy distinta. Esa es una cosa buena de mi banda, esa multiculturalidad y la manera que tienen ellos de encontrarse en esta música brasilera. Cada uno tiene una lectura distinta de la música brasilera. Creo que eso va a ser muy divertido de explorar y de buscar caminos.
“La cultura es lo primero que cae cuando hay gobiernos autócratas”
Imagino que también habrá más espacio para presentar el disco en Brasil esta vez, con más fechas.
Salvador Sobral: Sí, siempre vamos, pero yo no estoy muy optimista en relación al futuro de Brasil. Ahora ni siquiera consigo visualizar una gira como las que he hecho antes allí si no se vive en democracia, porque la cultura es lo primero que cae cuando hay gobiernos autócratas. No sé cómo lo podremos plantear, pero supuestamente en abril vamos a tocar a Brasil. A ver qué pasa.
En España también se te estima mucho. Eres quizá el músico más reconocido de Portugal aquí. ¿Sigues tan unido a España como lo estabas al principio de tu carrera o te sientes más un hombre no ligado a ninguna parte?
Salvador Sobral: Bueno, yo vivo en Barcelona desde hace tres años, así que me siento muy conectado con Cataluña y con España siempre. Tú sabes que llevo años tocando aquí y que la gente me “encariña” mucho, pero es que además tengo una hija que habla catalán y es española, entonces ya estoy para siempre ligado a la península.
Antes de despedirme, porque sé que vas a tope estos días con la promo, quisiera comentarte que ya hace mucho tiempo pude disfrutar de verte en festivales de jazz como los de Peñíscola o Zaragoza. Hablo de hace bastantes años. Pero esa fuerza que desprendías entonces me cautivó y me lleva a preguntarte si sigue siendo el jazz, que también ha salido a colación en la entrevista antes, el género que mejor te define después de todos estos años.
Salvador Sobral: Esta es la pregunta del millón de dólares. Yo creo que el jazz, más como filosofía que como género musical, me representa. La filosofía del jazz de la comunicación entre los músicos, ese diálogo que hay, aquello de la pregunta-respuesta entre instrumentos, la improvisación, la libertad… eso sí me representa. En cuanto al género musical, no te puedo decir que lo escuche mucho. No me acuerdo de la última vez que escuché un disco de jazz, porque me gusta todo, me gusta toda la música del mundo, y el jazz, últimamente, no es que lo escuche mucho. Pero el jazz como filosofía sí que lo abrazo y en todos los conciertos vas a ver eso: improvisación, comunicación… La gente cuando me ve creo que sale con la sensación de que ha ido a un concierto de jazz, pero nunca escucho jazz en mi casa. Es curioso.
Ojalá podamos verte en esta gira. Te deseo lo mejor con el disco. La verdad es que nos ha gustado mucho al equipo del Giradiscos. Ha sido un placer hablar contigo y sentirte cerca.
Salvador Sobral: Muchas gracias a vosotros. Gracias por haber escuchado el disco.




.jpeg)

.jpeg)





.jpeg)



