Movistar Arena, Madrid. Miércoles, 9 de septiembre del 2026.
Fotos y texto: Ricardo Virtanen.
El regreso a la capital de uno de sus hijos pródigos, con la presentación de cuatro conciertos en el Movistar Arena, solo puede calificarse de regreso triunfal. En efecto, José Miguel Conejo, Leiva (1980), ofreció la noche del miércoles 9 el primero de estos recitales, con cerca de 16.000 almas que abarrotaron el recinto, creando la sensación, muchas veces, de hallarnos en un gigantesco Karaoke temático, centrado en sus inmortales canciones. Porque en este final de gira, llamado “Gigante Tour”, el artista combina temas de su sexto y último trabajo, "Gigante", con éxitos de otros discos (menos del primero, "Diciembre", puesto que la canción “Vis a vis” quedó fuera hoy), más algunas sorpresas de diversa índole.
Lo evidente es que ha sabido aunar un perfecto “sentido y sensibilidad” (emoción, razón y nostalgia) en sus directos, auspiciados por la Leiband, unos músicos que lo acompañan desde sus inicios en solitario, y que consiguen transmitir a la perfección un característico “sonido Leiva”. Estos seis músicos son el teclista César Pop y Juanchito Conejo (ex guitarrista de Sidecars y hermano de Leiva), una potente sección rítmica: Manolo Mejías al bajo, y el Niño Bruno a la batería; una mini sección de vientos: Tuli (saxo) y Gato Charro (trompeta), más Mariana Mott: percusión y coros. Ellos conforman el sentido rítmico y armónico de sus canciones, a las cuales les otorgan alma y una ejecución soberbia. La sensibilidad, la melancolía, el buen gusto y el arte de la interpretación —sobre todo— la genera el cantante, quien sabe herir la fibra del más frío de sus fans. Son momentos en que el cantautor eléctrico se bate en solitario con su guitarra en mano (acústica o eléctrica), destripa hígados y enciende corazones. Esto ocurrió en varios momentos del recital: la rotura de sus cascos (“una estadística muy del atleti”, por la reiterada secuencia negativa en otros conciertos), la alusión a un vecino suyo que había perdido un ojo, lo que le hizo solidarizarse con él (al decir que “tener dos ojos es demasiada información”), la presentación de un tema nuevo del próximo disco, grabando tomas del público cantando en estos cuatro conciertos o la interpretación de dos canciones de Robe, la primera, “El hombre pájaro”, emocionado y solo ante el peligro.
El concierto se inició con un primer tramo de seis canciones, sucediéndose sin interrupción alguna. Abrió “Bajo presión”, uno de los temas mejores de "Gigante", del que se interpretaron seis temas, todos en la primera mitad. Sucedieron otros éxitos como “La lluvia en los zapatos”, la homónima “Gigante”, la cañera “Lobos”, “Terriblemente cruel” y “Superpoderes”. Para entonces el público, enfervorizado, ya cantaba a dúo con el madrileño, puesto en pie aunque hubiera asientos. En el turno de presentar “Sincericidio”, Leiva tomó por primera vez la palabra y dio un discurso sobre la importancia del artista a la hora de afrontar un directo de esta magnitud, ya que la mucha experiencia que uno pueda adquirir con los años puede quedar diluida en la nada (refiere, por ejemplo, son más de 20 conciertos en este mismo escenario, pero no se siente nada seguro). A esta siguió otra canción del álbum "Monstruos", “Breaking Bad”, la cual fluyó en el recinto del Movistar de manera delicada y emocionante. Llegó turno de presentar "Gigante" de una manera genérica (salvo la interpretación de “Flecha”, único tema de "Cuando te muerdes el labio", muy cambiado con respecto a la grabación original). Sonó una de mis canciones favoritas del disco: la introspectiva “Ángulo muerto”, donde Leiva, acústica en mano, muestra una clara disección de sí mismo, en una canción que nos recuerda a alguna de sus colaboraciones con su mentor Joaquín Sabina. En ella hallamos versos como perlas del tipo: “la agonía tiene forma de león”, “todo el mundo sabe ya que soy tuerto” o “que desnudo parezco un insecto, y vestido un señor”. Mientras, “Shock y Adrenalina” fue presentada como una clara influencia de Lou Reed. Y sin duda que lo es, pues el riff es un plagio amable de “Sweet Jane”. Lo cierto es que el tema le dio al concierto un aire glam / power pop evidente.
Tras “Cortar por la línea de puntos”, ocurría el mencionado problema con sus cascos, lo que supuso un parón de al menos siete minutos. Todo ello molestó infinito al cantante, quien cabreado e indignado bramó en arameo (como si la situación fuera un problema recurrente en sus conciertos). Tras subsanarse el problema, Leiva introdujo un set delicado de dos canciones. La primera, habíamos dicho arriba, es una balada cuya letra del estribillo había difundido en las redes. Pidió expresamente que no se grabara, ya que pretendía que “el afuera” no se enterara. Una orden, una quimera que, sin embargo, fue bastante aceptada por el respetable. El tema fue interpretado por César Pop, él mismo y dirigido por el saxofonista, que marcaba el compás a la multitud que entonaba el estribillo bastante aprendido. Después le llegó el turno a “El hombre pájaro” (hallada en el último disco de Robe), otra interpretación sublime, portando una de las guitarras acústicas creadas por Francisco Bros, con el nombre de su amigo fallecido. Aquí también soltó otra de las frases de la noche, al hablar de las canciones del cantante de Extremoduro: “Es la diferencia entre los que hacemos música y los genios”. El resultado fue excepcional, delicado, íntimo, parecido a como lo había ya interpretado el pasado verano en el Sonorama.
Sin duda, uno de los momentos cumbres de concierto fue cuando empezaron a encadenarse canciones de su antigua banda Pereza (1999-2011), de la cual, es evidente, no renuncia en absoluto. Algo positivo, porque otorga al repertorio un punto melancólico en muchos de sus seguidores, al tiempo que se recuerdan canciones top instaladas en el imaginario musical del público. De aquella formación se entresacaron cinco éxitos. “Pienso en aquella tarde más lenta” (con magnífico solo de saxo), “Como lo tienes tú” (con una evidente alusión a The Beatles) y “Estrella Polar” fueron las primeras en sonar, alternadas con “No te preocupes por mí”, otro gran tema de "Nuclear". Cada vez se acentuaba más el efecto karaoke en el recinto. La muchedumbre entonaba cada una de estas canciones de Pereza como si no hubiera un mañana, mientras Leiva dejaba partes de las canciones al público en solitario. No obstante, el punto álgido fue, como no podía ser de otra forma, la inmortal “Lady Madrid”, que con un punto acústico en su inicio avanzó con contundencia en su segunda parte. A su final, el cantante se quedó solo con su guitarra, jugó a preguntas y respuestas con el público, finalizando con la Leiband a todo trapo. “Lady Madrid”, el gran éxito de Pereza, cerraba el concierto, y significaba la locura entre los asistentes al Movistar Arena. La canción se partió en dos partes, una segunda preambulada por el propio cantante y su guitarra, creando preguntas / respuestas melódicas, con la colaboración de las 16000 personas presentes, volviendo de nuevo al estribillo para finiquitar de una vez este éxito de antaño.
La Leiband se había retirado, pero no tardó en salir al estrado para tocar los bises que ya conocíamos de otros conciertos. Entró Leiva solo con su acústica para interpretar “Caída Libre”, el single que Leiva grabó junto a Robe y lanzaba en febrero del año pasado (Robe moriría el 10/12/25), y que se incluiría en el álbum de esta gira. Nos hallamos sin duda ante una obra maestra, cocida a fuego lento por Leiva y el propio Robe. En estas baladas, el bardo de Alameda de Osuna se mueve como nadie, ejerciendo de cantautor, papel que conoce de maravilla. Voz y guitarra dominan un espacio escénico conmovido por el arte, la voz rota (parece haberse recuperado, en parte, de aquella afonía que le alejó de los escenarios un tiempo). Sin duda, fue emocionante ese estribillo mágico y delirante: “Todo tiene luz de probador, / ya no me reconozco / y me importa bien poco. / En cuanto me dé un poco el sol, / me iré a hacer una foto, / a un fotomatón”, que entonaron los miles de asistentes sin la participación del cantante. Para terminar, Leiva encadenaba otros dos pelotazos, con un uso de la iluminación frenética y una banda ofreciendo una rotundidad ejemplar. Primero, “Como si fueras a Morir Mañana”, el gran éxito de su cuarto álbum, Nuclear (2019). Y como último plato exquisito, “Princesas”, otro de los inmortales éxitos de Pereza, que Leiva ha acogido en su seno. Canciones para finiquitar una gira larga (30 conciertos), que exponen lo más granado de este artista. Si bien, hay que poner alguna pega, sin duda esta sería que no hubiera habido algún invitado top (como sí ha ocurrido en otras ciudades, con la participación de Iván Ferreiro, entre otros). Pienso en Dani Martín, Amaral, Fito, Rubén Pozo o Tarque. Quizá sea haya reservado esta baza al cierre del “Tour Gigante” el próximo 30 de septiembre. O sea, pese al disfrute, me quedé con la miel en los labios, aunque al público —seguro— le importó un bledo.

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