Pat Escoin: “El paso del tiempo ha sido benévolo con Los Romeos”


Por: Javier González. 

Han vuelto Los Romeos, ya lo contábamos semanas atrás con motivo de su comienzo de gira en Madrid. Un concierto lleno de emoción donde repasaron un cancionero con más de treinta años de historia, dejando claro que su acertada mezcla de punk, rock y pop no ha perdido un ápice de vigencia pese al paso del tiempo, básicamente porque si algo tienen las grandes composiciones es que no presentan fecha de caducidad. 

Semanas atrás tuvimos la oportunidad de contactar con Pat Escoin, histórica vocalista de la formación, para mantener una charla donde pudimos conocer los motivos de esta vuelta a la actividad en la que también hubo ocasión de hacer una breve retrospectiva sobre la carrera de la formación castellonense y comentar detalles sobre el futuro más inmediato de esta señera formación. 

Pat, tan maja, cercana y simpática como siempre, se somete a nuestro tercer grado con la mejor de sus sonrisas. 

Después de tantos años, ¿qué os hizo decidir que era el momento de volver? ¿Cómo surgió la oportunidad de juntar de nuevo a Los Romeos? 

Pat: La verdad es que habíamos tenido alguna oportunidad anterior, pero nunca estábamos con ganas a la vez. Esta vez quedamos para comer con Julián, el batería de la banda, fue él quien dejó caer que nos juntáramos para unos conciertos de reunión. Personalmente, siempre había sido reacia a la vuelta, también es cierto que he tenido mucha faena con mis otros proyectos. Nunca me parecía que fuera el momento de dejar lo que estaba haciendo, tampoco soy de hacer varias cosas a la vez. La verdad es que en aquella comida hubo muy buen rollo, hacía muchos años que no nos juntábamos. Todo surgió de una forma totalmente natural. No hay un porqué, simplemente estábamos todos de acuerdo. 

“En 1992 todo se fue al garete, el mundo musical estaba realmente inflado” 

Es curioso porque en nuestra música hay muchas bandas que han tenido éxito, pero sus canciones míticas no son tan recurrentes como algunas de Los Romeos. ¿Sentiste que esas canciones de hace más de 30 años no se habían olvidado? 

Pat: Sí, tienes razón en lo que comentas. Nosotros siempre hemos notado que el paso del tiempo ha sido benévolo con Los Romeos. Hay canciones que han seguido sonando como “Mi vida en Rosa” y “Muérdeme”, también otras muchas se siguen compartiendo. Hemos seguido saliendo bastante en programas como “Cachitos” y sentimos que la gente nos recordaba con cariño. Además, se une otra cuestión, nosotros tenemos cierta edad, si no hacemos ahora la reunión, no creo que pudiéramos hacerlo más adelante. Esto requiere un esfuerzo físico que creo que no podremos hacer más adelante, sinceramente. Creemos que era el momento adecuado para que la gente nos recibiera con bastantes ganas. Nunca hemos vuelto y siempre hemos mantenido el misterio. Era el momento por muchos factores, pero el principal era que nos apetecía y que estamos cómodos juntos. 

 “Hay que disfrutar de tocar y de vivir” 

Pat, si te parece, podemos hablar brevemente de las sensaciones que tuvisteis con la edición de cada uno de vuestros tres discos, que en sí mismos representan momentos muy concretos de nuestra música, que de una u otra forma os afectaron en la trayectoria de la banda. 

“Los Romeos”-1990 

Pat: Aquello fue inesperado y gozoso. Llevábamos una maqueta y muy poco tiempo tocando. Grabamos el primer disco, salió con una multinacional y tuvimos bastante repercusión. Personalmente no era consciente de nada, era demasiado joven. Tenía muy poca experiencia. 

 “Sangre Caliente”- 1992 

Pat: Sacamos un segundo disco cuando empezó la recesión. Al cabo de un año la compañía empezó a echar grupos, entre ellos nosotros. Notamos y sufrimos el bajón económicos, ya lo creo. También el final de la época dorada de tocar en ayuntamientos, todo se fue al garete, ya que estaba realmente inflado. Fue una ruina. 

“Sin Conexión”- 1996 

Pat: Teníamos fuelle suficiente para tirar después del segundo disco. A Estábamos muy fuertes como grupo. Hicimos un tercer disco que nos curramos mucho, hubo cambios a nivel interno. Empecé a tocar la guitarra y componer, yendo de valiente. Tanto Julián como yo estábamos muy involucrados en la composición de letras y música, ya no recaía dicha labor en Pedro. Recuerdo que no hubo promoción y tocamos muy poco. Finalmente, Julián se marchó a tocar con Revólver y nos desfondamos. Pensamos que ya había sido suficiente, creamos otros proyectos y se terminaron Los Romeos. 

“La fama que adquirí con Los Romeos llegó a pesarme” 

Ya sabes que a lo largo de los años hemos seguido tus diferentes proyectos en la medida de nuestras humildes posibilidades. Sabemos que has dado mucho guerra, donde no sé hasta qué punto te sentías menos condicionada por el peso de ser mujer joven y cara visible en un proyecto como Los Romeos. 

Pat:
Sí, siempre me habéis hecho caso. Os lo agradezco muchísimo. Ser vocalista te hace estar más en el punto de mira, quizás al colgarte una guitarra no tanto, pero realmente he tenido más peso en Lula, Amantes y EX Fan. Lo que me pesaba en aquel momento era la fama que tuve entonces, algo que me molestaba mucho. No soy una persona a la que le guste la fama fuera del escenario. Es lo peor. Ir a cualquier sitio y que te conozcan. Ahora no me molesta, básicamente porque no soy nada famosa. Que vengan a felicitarme después de un concierto en este momento me encanta. 

Vuestra música siempre tuvo un aire fresco y descarado. ¿Cómo de vigente veis espíritu hoy? 

Pat: No lo sé. No somos nosotros quién tiene que decir a que otras bandas hemos influenciado. Sí que es cierto que me he encontrado a gente que toca en otros proyectos actuales a las que les sigue encantando nuestras canciones, tanto en letras como en sonido, que consideran vigente, frescas y actuales. Algo que hay que agradecer al buen trabajo y genialidad de Paco Trinidad y Pedro, que siempre hacía canciones atemporales, dispuestas a que duraran. Por aquel entonces él era mi pareja, estábamos juntos cuando componía. Sé lo que cuesta hacer una canción así, hay que tener mucho tiempo y dedicación. Soy creadora de canciones, pero no tengo el don que tenía Pedro. 

Escuchándoos hoy, es fácil pensar en ecos de Blondie, The Ramones o el pop más eléctrico británico. ¿Qué influencias internacionales reconocéis sin complejos y cuáles diríais que la gente os ha atribuido sin dar en el clavo? 

Pat: Siempre decían que éramos como Transmision Vamp, una banda que nos gustaba, pero a nosotros nos parecía que teníamos más que ver con Primitives, en cuanto a música de Gran Bretaña. Supongo que como eran tan famosos nos comparaban, pero creo que no teníamos nada que ver. Primitives es una banda que nos influenció, se puede ver fácilmente. 

“Sentimos que hemos influenciado a bandas que han venido después” 

Hoy hay una escena que sigue viva con bandas posteriores a vosotros como Airbag, Capsula o Los Punsetes, ¿os reconocéis en ese árbol genealógico o sentís que vuestra historia quedó como un capítulo sin descendencia directa? 

Pat: No, que va, desde luego que no. Sentimos que hemos influenciado en algunas cosas que han venido después. Del mismo modo que a nosotros nos han influenciado otras anteriores. 

En los 90 conectabais de forma bastante directa con el gran público; hoy, curiosamente, el pop guitarrero es más de nicho. ¿Cómo vivís volver tocar en un contexto tan diferente? 

Pat: No nos lo planteamos, la verdad. Hemos tocado en Madrid con un público que conocía las canciones. Había gente de nuestra generación y alguno de la anterior. Estamos en sintonía con el público que ha venido a vernos. No hemos tocado mucho más para hacer la comprobación. 

Sí, estuvimos allí. De hecho, cubrimos el concierto. Nuestro redactor quedó muy contento con vosotros, no así con la sonoridad de la sala.

Pat: Volvemos al Teatro Eslava en noviembre. No sé si es una sala que os gusta más. Hace mucho que estamos fuera del circuito salas, con mis otros proyectos estoy en un circuito más pequeño, no puedo permitir ir a salas así. Nos dejamos guiar por el sello e iremos donde nos lleven. Esperamos que seáis buenos y entendáis que tras tanto tiempo es complicado sonar bien a la primera como teníamos acostumbrado. Fue un concierto más emotivo que otra cosa. Si me pillan cada nota, seguro que no di en el clavo, pero no he venido a ser perfecta sino a disfrutar. 

“Estoy muy agradecida a la que gente que ha venido a verme a lo largo de mi trayectoria” 

¿Qué se siente al reencontraros, no solo entre vosotros como banda, sino también con ese público que ha seguido ahí todos estos años? 

Pat: Es algo muy grande y para recordar siempre. Fue muy bonito. Personalmente sigo tocando, pero no viene tanta gente a verme. Nunca me ha gustado vivir de rentas, me gustar tirar adelante. Es bonito tocar estas canciones, pero nunca he querido tener la sensación de solo haber esto en mi vida. Ahora es bonito, porque tengo un bagaje detrás y moralmente puedo permitirme volver con Los Romeos. Estoy muy agradecida a la gente que ha venido a verme y también a los que en menor medida y cantidad lo han hecho con otros grupos, que han venido porque eran fans de Los Romeos. Muchos me han seguido en mi carrera profesional durante años gracias a eso. 

¿Tenéis material nuevo en mente o este regreso es más bien una celebración de lo que ya hicisteis? 

Pat: No sabemos. Es difícil. De momento, no ha dado para hacer temas. Ha sido un trabajo duro. Somos gente mayor con muchas responsabilidades y trabajos. Hemos sacado tiempo de debajo de las piedras. Hay que ensayar mucho para sonar bien. No nos ha dado tiempo a terminar temas nuevos. Tampoco hemos sentido necesidad de componer. Ni te puedo decir que no vayan a salir. Es algo que suele pasar cuando se junta gente para tocar. 

¿Por qué os decidisteis a fichar por Subterfuge? 

Pat: Hemos vuelto con Subterfuge que va a reeditar el tercer disco y haremos un grandes éxitos. Nuestra vuelta está basada en ese compromiso. También hemos reeditado “Muérdeme” y “Mi vida en Rosa”, esta última con La La Love You. 

¿Esta reunión es con vocación de continuidad? 

Pat: No lo sabemos. Es verdad que es como si le preguntas a un grupo formado hace un año si va a durar mucho. Esto es así. Nosotros hemos vuelto para la reunión. En 2026 la contratación estará abierta e iremos donde nos llamen y apetezca. En 2027 supongo que seguiremos tocando. Un año, año y pico, tocando no nos lo quita nadie. 

Imagina un viaje en el tiempo donde la Pat actual viaja a 1990 para mantener una conversación con Los Romeos. ¿Qué consejos les darías?

Pat: Qué buena pregunta. No sé qué les diría. Les podría decir cosas que pienso que fueron un error, pero no tuvimos muchos. Fuimos consecuentes con nuestras cosas. Les diría que no se tomaran tan en serio y que no sufrieran por nada. Cuando eres joven y las cosas van mal se sufre mucho. No merece la pena realmente. Hay que disfrutar de tocar y vivir. 

“Esta vuelta es una forma de resaltar la genialidad de Pedro como compositor” 

¿Qué crees que puede pensar Pedro allá donde esté al ver esta emocionante reunión? 

Pat: No lo sé. Espero que sepa que siempre pensamos en él. En parte, hemos tardado tanto porque él no está. Y en parte hemos vuelto para poner a Pedro en su sitio. Queríamos resaltar la genialidad que tuvo para hacer estas canciones, que no han pasado en el tiempo y suenan en la cabeza de mucha gente hoy día. 

¿Qué va a pasar durante este tiempo con tus otros proyectos? 

Pat: Pensaba seguir con EXFAN, pero es tan intenso que hemos parado. Estamos ensayando y haciendo canciones para un disco, pero he parado. No me apetecía parar, pero hemos parado. No pasa nada. Ahora estoy con esto y quiero estar fija con ello. No sé si es por mi edad, pero no puedo con tanto proyecto. Espero tener tiempo para seguir con todo. 

Mil gracias, Pat. Ya sabes que para nosotros siempre es un placer hablar contigo sobre tu carrera. 

Pat: Muchas gracias por estar ahí. Siempre he tenido vuestro apoyo y soporte. Os estoy muy agradecida. Por favor, vente a vernos en directo la próxima vez que toquemos en Madrid. Un abrazo.

Julio de la Rosa: "Las malas hierbas"


Por: J.J. Caballero. 

Encontrarse con un nuevo disco de Julio de la Rosa es enfrentarse a unos cuantos fantasmas, pasados y presentes, e incluso vaticinar un futuro incierto en el que las canciones volverán a poner las cosas en su sitio. Sus temáticas nunca están exentas de verdad, pese a moverse en el plano subjetivo de las emociones y las relaciones interpersonales. En “Las malas hierbas” vuelve por donde solía, si es que alguna vez nos ha abandonado, y nos sitúa en un marco temporal indefinido en el que casi todo es posible y nada sucede al azar. No necesita afiliarse a ningún género en concreto, ni afinar guitarras o basarse en melodías más o menos reconocibles. Lo suyo es otra cosa, un carácter diferente y consciente de la búsqueda eterna a la que somete sus y nuestros propios miedos y caprichos. Un recorrido cognitivo necesario para entender la dureza del devenir humano y la crueldad de algunas decepciones. 

Si en “El apego”, su disco de 2021, dedicaba el mapa conceptual al nacimiento de su hija, elaborado en un único tema de nada menos que cincuenta minutos de duración, y sin pedir disculpas por el atrevimiento, ahora nos regala un fresco de contrastes agudos y colores pastel, una mezcla de tonos inteligente en plena coherencia con el contenido. Nos obliga a afilar los dientes mientras escuchamos la conjugación plena de cuerda y teclado en “Mala hierba”, a afinar el oído y conectarlo con la razón al adivinar el clarinete incisivo de “El no por delante”, con su vientre oscuro y decadente, o a cimbrear el corazón con la melodía deconstruida de “Felonía”. 

Un carrusel de estados de ánimo que confluyen en uno solo, el de un creador que apela a su eterna libertad para desarmar pensamientos fijos y prejuicios inútiles, cantándole a su propio fracaso en “La silla de las fieras” o argumentando diatribas anti capitalistas en “Perorata”, con el descreimiento de la spoken word sin ánimo de arengar. Tampoco hay que buscar referencias faunísticas como tal en “Margaritas a los cerdos” o “Tiempo de perdices”, sino ambigüedad pura y teclados para soñar. Ni siquiera la grandilocuencia inherente a esquemas arquetípicos en su sonido, presentes en “La lata” representa obstáculo alguno para hacer lo que le sale del hígado en otro episodio memorable como “Teruel”, donde se aproxima a la seda turbulenta de Portishead secundado por los coros de su pareja Helena Goch, o hacernos casi bailar en “Pamema” sin percatarnos de que en realidad nos está contando un descalabro sentimental –¿ficción o inspiración?- convertido en mala costumbre. Algunos artistas son así, y no hay ningún problema en ello. 

Concluye el disco con “Monigotes”, contando alguna que otra realidad incómoda, y confirma que su aproximación a la música está muy lejos de la de la mayoría de coetáneos y allegados. Julio de la Rosa sigue siendo ese familiar lejano al que le tienes especial cariño por no querer sentarse junto a otros con los que tú tampoco compartirías mesa y mantel salvo si las circunstancias obligan. Algunos lo llamamos personalidad, y eso jamás será moneda de cambio.

Stephen Sanchez: “LOVE, LOVE, LOVE”


Por: Nuria Pastor Navarro. 

Hace ya muchos siglos que Psique y Eros protagonizaron una de las historias de amor más célebres de todos los tiempos. Jóvenes, enamorados en secreto, levantando la envidia e ira de los dioses. Una mortal y un dios, y la promesa (rota) de jamás ver el rostro de su enamorado. Pero como todos los mitos, a este le ha tocado el turno de reinventarse… Y es que el amor tiene un nuevo rostro, y no es otro que el de Stephen Sanchez.

Son muchas las cosas que separan al joven cantante de los antiguos griegos, pero una la que los une sin ninguna duda: el amor. Desde que comenzó su carrera musical en 2020, Sanchez se ha decantado siempre por canciones de amor. Fue precisamente un cover de “Cigarette Daydream”, tema de Cage The Elephant, el que empezó a atraer oídos y miradas en redes sociales. De forma bastante discreta, el californiano se hizo un hueco en la escena, lanzando su primer álbum en 2022. “Easy On My Eyes” habría pasado desapercibido de no ser por la última de sus pistas: “Until I Found You”.

Esta no era, efectivamente, una canción cualquiera. Con ella te transportabas a los años 50, oías casi a Elvis y volvías a sentir un amor que quizá queda lejano en nuestros tiempos. No tardó el reventar las redes sociales, y, de pronto, Stephen Sanchez sonaba allá donde fueras.

Tras consolidar su estilo retro y su gran capacidad autoral con su segundo álbum “Angel Face” (2023) —disco conceptual que cuenta otra historia de pasión y venganza muy potente—, Sanchez regresa abogando una vez más por el amor con “LOVE, LOVE, LOVE”. El título ya lo deja adivinar: este es un trabajo sin rodeos, que va como una flecha al centro del asunto, que no es otro que el amor. “IT MIGHT BE LOVE” es la encargada de abrirnos el oído. Con su inconfundible estilo vintage y su voz tan versátil, Sanchez nos anima a querer con esos pequeños gestos románticos. Los acompañamientos a casa, las flores o las llamadas inesperadas son las armas que nos recomienda al son de sus pegadizas melodías.

“SWEET LOVE”, primer single en su momento, sigue una línea quizá algo más personal. En ella, al ritmo de la pandereta, el cantautor reconoce que solía esconderse tras su guitarra, rompiendo corazones y sintiéndose muy asustado… Hasta que la conoció a ella. Un toque personal y, a la vez, tan universal. El viaje continúa con “HOME TO MOTHER”, la única colaboración presente en el disco. Junto a Stephen Day, Sanchez consigue pintar una especie de fantasía tecnicolor más cercana al pop esta vez, y justo después regresa a su clásico gusto por lo vintage con “CHUCK THE MONEY”. Esta es sin duda una de las joyas del álbum: una trama a lo Bonnie y Clyde, un estribillo pegadizo y hasta vídeo musical incluido. Un perfecto ecuador en esta ensoñación sobre el amor.

“ALREADY GOT ME”, “OOO BABY (I LOVE YOU)” y “DANCE AWAY THE MUSIC” siguen los pasos de sus predecesoras, con versos de enamorado que suenan a una llamativa mezcla entre The Beach Boys y Elvis. Y sin salirse de este particular camino, el disco cierra con la balada “YOU ARE SO BEAUTIFUL”, que pone una tirita de parte del artista a todos los corazones heridos.

Como la historia de Eros y Psique, este álbum tiene sus luces y sus sombras. Musicalmente es muy disfrutable, breve, conciso y sin alejarse del estilo que tan bien le queda a Sanchez, si bien esta vez se acerca algo más al pop. Sin embargo, temáticamente reluce menos que su anterior trabajo. “Angel Face” nos regaló un concepto y argumento muy sólidos e interesantes, y es difícil evitar la comparación al escuchar “LOVE, LOVE, LOVE”, que gira alrededor única y exclusivamente del amor y queda algo más justo.

Es cierto que una temática directa y centrada no es algo negativo, pero en este caso puede hacerse algo monótono pista tras pista, acercándose más a una especie de recopilatorio que podría titularse “Stephen Sanchez: all the love songs!”. A pesar de esta repetición temática, y como ya declaraba antes, el álbum se disfruta sin ningún impedimento al oído, y mucho más si estás enamorado. Porque, al fin y al cabo —y aquí al joven Stephen Sanchez no el falta razón— en este mundo en el que vivimos nunca es mal momento para abogar por el amor.

Joan Miquel Oliver: “Roïssos”


Por: Txema Mañeru. 

La verdad es que somos bastantes los que no nos acabamos de olvidar de los siempre reivindicables Antònia Font. Especialmente adecuados para conocerlos pueden ser trabajos como el doble en directo “Coser I Cantar” o las 40 canciones de un panorámico “Vostè És Aquí”. Pop mediterráneo, pero con referencias internacionales tan destacadas y variadas como Sufjan Stevens, The Residents, Robert Wyatt, Paolo Conte, Arcade Fire, Radiohead, The National, Pascal Comelade, They Might Be Giants, The Delgados y hasta Modern Talking o los Bee Gees. Pero es que Joan Miquel Oliver lleva ya también 20 años sacando muchos, buenos, variados e interesantes discos, aunque en los comienzos compatibilizó ambas trayectorias. 

Debutó con el estupendo “Surfistes En Càmera Lenta” y ha sacado más de media docena desde entonces hasta llegar a este minimalista, crudo y potente “Roïssos” (Satélite K). Un gran y sencillo trabajo del que parece sentirse muy orgulloso dado que en su concierto de presentación en Barcelona, tocó hasta 12 de sus 14 temas. En este disco ha ido al grano de las canciones y no se ha perdido en demasiados arreglos ya que domina el sonido de guitarras, bajo y batería, aunque tenemos algunas aportaciones con la flauta, el acordeón y algunas voces de Lauriani Orsini.

 Tras la preciosidad acústica con gran voz en "Ja T’Adorms" tenemos el estupendo single "Dins Aquests Dies", con bonito videoclip y la buena colaboración vocal de Miquel Serra. En este tema brilla ya la citada flauta de Orsiani, instrumento que también tiene sus momentos destacados en "A Casa El Meu Avi" o en una "Carrer Morey" con ricos coros de Lauriane y Serra. La melodía vuelve a ser una e esas marca de la casa. La nostalgia y el recuerdo de Antònia Font llegan con los bonitos arreglos y la melodía de "Travessat De Soledat". Tenemos más magia con su cálida voz llena de sentimiento y otra entrañable melodía para corear en "Oxitocina". Suena más experimental y con algunos arreglos más elaborados en la también pegadiza "Pluja Brutal D’Estiu". Las palmas sorprenden en "D’Una Duna Grossa" mientras que algo de locura anárquica con algún toque jazz mediterráneo lo hace en "Avui T’Enyor". 

Otra melodía genial y bucólica toma su espacio en "Tu No Hi Ets", siendo la batería de Xarli Oliver una presencia suprema en "A Casa El Meu Avi". "Gent Que Mola Un Munt" es alegre desde su título y es un tema muy rítmico y pegadizo en el que brilla su guitarra eléctrica y una melodía vocal que como en la ya citada "Carrer Morey" puede recordarnos a las mejores Vainica Doble. En "The Tuning Song" nos canta que la canción le va a salir sola y lo logra con otra Buena melodía a base de guitarra, bajo y bacteria. El disco está trufado, como siempre, de buenas historias como la de "Puzle No Resolt", con una acústica preciosa y esos coros de Lauriane Orsini. El precioso final es "Faig Snórquel", con la colaboración vocal en forma de narración poética a cargo de Xantal Rodríguez y las guitarras de Joan Miquel acariciando y ululando. 14 temas concisos en poco más de 36 minutos que nos dejan con esa sensación tan agradable de querer volver a pinchar el disco. Con gran presentación y completo libreto con las interesantes letras como suele ser habitual en K Industria. Sigue siendo un grande que no deja de poner a Mallorca en el mejor panorama musical.

Dios aprieta pero no ahoga: el festival Blockparty cambia de emplazamiento pero se mantiene en pie


Fotografía: Sergio Albert.

Blockparty 2026 cambia de ubicación, pero no baja los brazos. El festival se celebrará finalmente el próximo sábado 6 de junio en Sala Mon, en Chamberí, después de que el Ayuntamiento de Madrid haya revocado la autorización para su celebración en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Río. Las bandas serán las mismas, los horarios se mantienen y las ganas de petarlo siguen exactamente donde estaban.

La organización ha recibido la notificación oficial de la resolución municipal por la que se decide “DENEGAR su solicitud para la celebración del evento BLOCK PARTY 2026 el día 6 de junio de 2026 en la Explanada de Usos Múltiples del Parque Madrid Río”. El motivo, según recoge el documento, es el informe desfavorable emitido por la Coordinación General de Vicealcaldía, Seguridad y Emergencias, que alude a “la coincidencia temporal con el Viaje Apostólico de su Santidad el Papa León XIV a Madrid, previsto entre los días 6 y 9 de junio de 2026”.

La propia resolución señala que, ante el dispositivo previsto para esa visita, “se considera NO VIABLE la prestación de apoyos para la realización del evento por parte de esta Policía Municipal” y añade que “los múltiples desplazamientos asociados a la citada visita de Su Santidad podrían afectar al normal desarrollo de los actos en vía pública”. Es decir, Blockparty no cambia de recinto por decisión propia ni por una cuestión de producción, sino por una denegación administrativa comunicada apenas una semana antes de su celebración que deja sin margen de maniobra y produce unos daños y perjuicios evidentes ante los cuales pondremos en manos de nuestros servicios legales para su estudio y posterior reclamación correspondiente.

Es curioso que este mismo problema al que aluden (la falta de efectivos de la Policía Municipal) no se tenga en cuenta para otros eventos coincidentes con la visita del Papa. También llama la atención que nuestro evento nunca ha necesitado de la participación de dicho cuerpo de Policía para la realización, puesto que es un aforo limitado a 1.000 personas y sin incidencias de ningún tipo en ninguna de sus ediciones anteriores. La tramitación del permiso se solicitó oficialmente el 13 de diciembre de 2025, mucho antes de que se anunciase la famosa visita del Pontífice y desde ese día se han formalizado todos los trámites solicitados por la Junta Municipal De Arganzuela, sin ninguna incidencia y tal como se ha realizado en ediciones anteriores. 

Llegados a este punto, la organización tenía dos opciones: suspender la edición de 2026 o buscar una salida que permitiera mantener en pie el festival. Blockparty ha elegido la segunda. Gracias a la colaboración de los artistas implicados y sus agencias, además de la ayuda inestimable de Magnetic Producciones (Sala Mon) y Wurlitzer Ballroom, el festival seguirá adelante el 6 de junio, aunque con los cambios lógicos derivados del traslado a sala. Ya no será en Madrid Río ni al aire libre, no habrá mercadillo y tampoco se podrá mantener una de las señas más queridas del festival, la posibilidad de entrar con tu bocata. La jornada, sin embargo, conserva lo fundamental: cinco bandas, una sola fecha y el mismo espíritu con el que Blockparty lleva años resistiendo a pandemias, tormentas, burocracias y demás pruebas de fe.

El cartel mantiene intactos todos sus nombres. Die Spitz, una de las bandas más potentes surgidas de Austin en los últimos años, actuarán en Madrid con la intensidad de su punk afilado y su directo imprevisible. Junto a ellas estarán Mujeres, en un momento especialmente dulce de su trayectoria; los californianos Uni Boys, con su mezcla de energía punk y melodía pop; Fast Kids, el proyecto de Mike Brandon, de The Mystery Lights, junto a Noah Kohll, de Color Green; y Sandré, una de las bandas más directas y contundentes de la escena estatal. El cartel ya había sido anunciado con estos cinco nombres como eje de una edición centrada en el punk, el rock y el garage.

Las sesiones de DJ se trasladan al afterparty en Wurlitzer Ballroom, con Head & Banger y Blanca db, que tomarán el relevo después de los conciertos para estirar la noche como merece. Además, y pese al cambio de ubicación, se permitirá entrar y salir de Sala Mon con pulsera, para que el público pueda moverse por la zona durante la jornada. Y todas las entradas adquiridas hasta ahora siguen siendo válidas para la nueva ubicación.

Blockparty 2026 no será exactamente como estaba previsto. Será en Sala Mon, será bajo techo y llegará después de una de esas vueltas de guion que ningún festival pequeño necesita a estas alturas. Pero seguirá siendo Blockparty: mismas bandas, mismos horarios y las mismas ganas de petarlo.

Bon Iver: "Selections from Music Concerts 2019-2023 (6 Piece Band)"


Por: Javier Capapé. 

Una gira emocionante. Diez tremendas canciones seleccionadas. Seis músicos en escena. Este primer volumen en directo de Bon Iver es una experiencia tan energizante y motivadora como lo fue la gira que trata de resumir para aquellos que pudieron ser afortunados testigos de la misma y, por supuesto, para los que no pudimos estar ahí. Nos deja la puerta entreabierta para, de alguna manera, sentirnos como si también hubiéramos sido parte de ella. Una gira a lo largo del globo que fue truncada por ese aciago 2020 y que por eso mismo se alargó esos cuatro años que refleja el propio título de la colección. Justin Vernon selecciona diez canciones de diferentes escenarios y momentos de la gira con su banda. Algunos en los orígenes de la misma (de este periodo son los conciertos de Los Ángeles o Toronto) y otros con todo el engranaje bien rodado casi en sus postrimerías (como los de Adelaide y Chicago).

Lo primero que hay que decir es que el disco se queda corto. Sabe a poco. Cierto es que es un primer volumen y que en este momento donde se imponen los discos concisos entra mejor, pero nos deja cortada la experiencia en vivo de un concierto del de Wisconsin. Como se trata de una selección fabulosa, el disco se sostiene y logra su fin, que está más cerca de buscar la emoción que desprende la interpretación en directo de estas canciones que su perfecta ejecución (aunque esto también destaque).

Los seis músicos que se reunieron en ese espectral escenario dividido en cubículos luminosos de los que ninguno de ellos salía, se entregan cada uno en su justa medida, pero aportando lo que exactamente se espera de ellos mismos. Sin sobresalir demasiado ninguno (salvo el propio Vernon y su particular voz, que es la que lo lleva todo) y remando en una misma dirección, esa que pone siempre por encima a la canción.

Sean Carey, encargado de batería y teclados, Andrew Fitzpatrick, de las guitarras principales y numerosos samplers, Michael Lewis, de los bajos y muy especialmente en momentos puntuales del saxo tenor, Matthew McCaughan, de la electrónica y más baterías, y Jenn Wasner, de más teclados y guitarras. Todos ellos arropan además a Justin Vernon con sus coros creando una sensación de conjunto plenamente integrado, donde todos aportan y destacan por y para la canción. Sólo hay una excepción dentro de este aparato instrumental, esa emotiva versión de "A satisfied mind" que Justin Vernon afronta en solitario. De hecho, la canción no formaba parte de la gira que reúne al resto de los temas. Es de una gira previa en la que Vernon se presentaba en solitario, concretamente en 2017, por lo que no sabemos muy bien por qué la ha encajado en esta colección. Aún así no desentona en absoluto con las versiones en vivo de los temas de "i,i", disco que estaba presentando y del que mayor número de canciones reúne entre estas diez. Algunas en versiones sensiblemente diferentes a las originales, como ocurre con "We", que gracias a la colaboración de Bizhiki se transforma en un cántico semi tribal con aromas de rock crudo y compacto, muy de los setenta. Otras como "Jelmore" se renuevan entre su ruidismo original y sus derivaciones hacia el jazz con toda la banda en su tramo final y "Sh'DIAH" explota esas mismas trazas con su maravilloso, a la par que doliente, arreglo de saxo. "Hey, Ma", sin embargo, no difiere tanto de su versión de estudio, pero igualmente nos conmueve, porque escuchar a Bon Iver interpretando en directo ya es de por sí estar un paso más cerca del éxtasis. 

También hay espacio para aquel experimental "22, A Million" con "666" (una de las más melódicas de aquel álbum) y "33 God", ambas saliéndose mínimamente de sus formas al buscar un camino más orgánico para el directo. Y bien es cierto que dan resultado, destacando los momentos en los que Vernon deja el falsete y se entrega desde la hondura de su grave, y a la vez quebradiza, voz. "P.D.L.I.F", que viene a significar "Please don't live in fear", de sus singles pandémicos, también aparece como susurrante en medio del metraje, justo después de la arrolladora "Heavenly Father", semi oculta en el cancionero del de Wisconsin, pero que podemos encontrar en la banda sonora de "Wish I was Here" de 2014. Una canción tan conmovedora como intrigante. Bajo su pulso sintético se esconde una interpretación desgarrada e incisiva. Aunque si con esta interpretación en la que toda la banda termina elevándola con gran acierto no tienen suficiente, pueden buscar en la versión a capella que se encuentra en el espectáculo "Cercle" del Sidney Opera House, que todavía les dejará más exhaustos. Una canción simplemente magnífica que supieron elegir con gran tino como adelanto de este disco en directo porque condensa parte de esa atmósfera tan especial que parecieron encontrar todos sus espectadores. Una atmósfera en la que cabe desde el miedo al valor pasando por la amarga decepción y la esperanzadora pasión. Sentimientos sin barreras que trascienden las canciones y nos aprietan entre el pecho y la garganta, principalmente por el efecto que la interpretación de Vernon y compañía provoca en cada una de ellas. Es hipnótica e insustituible. Un torrente de emoción desbordada que capta como pocos la angustia y el coraje en cada una de sus obras.

Tal y como nos sugieren, habrá una segunda parte. Ojalá haya espacio entonces para alguna canción de sus dos primeros discos, que se echan en falta. Por otra parte, esperemos que el versátil formato de seis miembros para su banda sea el elegido nuevamente, aunque si esto se convirtiera en una serie de lanzamientos de diferentes giras a lo largo de su carrera, estamos abiertos a otros formatos, ¿por qué no? Porque el mundo de Bon Iver es infinito, porque nos regala momentos inolvidables cada vez que presenta una nueva criatura, y porque desde su particular atalaya nos confirma una vez más, con esta increíble selección de joyas en directo, que es el músico más transgresor, único e imprescindible de este siglo XXI.

The Lemon Twigs: “Look for Your Mind!”


Por: Kepa Arbizu. 

La naturaleza del ser humano se sostiene sobre un territorio enunciado por relatos distantes, lo que lejos de resultar un desequilibrio insalvable revela una condición escrita más allá de la dictadura de la línea recta, un paisaje de huellas que extiende las lindes del camino principal. Las formas de acercarse al ámbito musical funcionan de una manera prácticamente análoga, conteniendo espacios absolutamente recurrentes por su función acogedora, pero igualmente alentando el llamado para sucumbir al riesgo de orientar nuestra brújula hacia terrenos ignotos, incógnitas que solo tras su conquista se dictaminará el futuro que les espera. The Lemon Twigs, pese a la juventud ostentada por los hermanos Brian y Michael D'Addario, encargados del sustento de este proyecto, encarna ese lugar sonoro que ha declinado ser tutelado por su origen cronológico, instalándose entre unos ritmos melódicos y de belleza armónica que durante aquellas décadas ilustres conjugaron con maestría el lenguaje pop.

Desoyendo el constante y reiterado murmullo que les conmina a ser más osados para evitar caer maniatados por su propia e identificativa personalidad, la formación opta en su nuevo trabajo por dar continuidad a un imaginario heredado también de la figura de un progenitor, Ronnie D'Addario, que pese a su falta de respaldo popular firmó una carrera más que destacable. Un ejercicio de reafirmación que además aspira a aglutinar en su expresión todos los vértices de su sonido, recalando en estas composiciones su aspecto ornamental, el orgánico y un vigor que cuando asaltan los escenarios se transforma en vertiginosa intensidad. Aunque es cierto que esa línea imaginaria que distingue a la poca estimulante descolorida imitación del pastiche construido sobre el talento, el grupo estadounidense ha logrado con sus dos álbumes predecesores, "Everything Harmony" (2023) y "A Dream Is All We Know" (2024), ahuyentar cualquier atisbo de transformase en unos púberes carpetovetónicos consumidos por la nostalgia para enarbolar una admirable síntesis y dicción clásica.

Convertido su pequeño estudio de grabación ubicado en Brooklyn en santuario propio donde conjurar -a través de sortilegios siempre vinculados a una maquinaria analógica- su alquimia sonora, en este ocasión ese pequeño pero mágico cubículo ha sido el hacinado hogar para una más amplia lista de integrantes. Porque a la entente familiar, encargada como siempre de las labore de producción, esta vez se han incorporado sus músicos de acompañamiento en directo, ocupando la batería y el bajo Reza Matin y Danny Ayala, respectivamente. Un concepto de banda más sustancial y que, más allá de la significación colectiva y emocional que pueda alcanzar, revierte sobre todo en el resultado creativo de un cancionero especialmente ágil y diverso, una colorista mirada a ese particular microuniverso hecho de acordes luminosos y emotivas melodías propiedad en perpetuidad de los hermanos D'Addario.

La historia nos ha enseñado, y demostrado, que este tipo de sonoridades riman especialmente bien con baladas sentimentales, porque nada mejor para homenajear ese día de sol, o revolcarse en la desdicha lluviosa, generado por nuestra otra parte sentimental, que ser bautizada por un excelso dibujo armónico. Y si bien este disco mantiene esa ligazón, tomando destino estas canciones a lo más profundo del corazón, también hacen una escala muy importante, no en vano solo hay que ver el título del álbum, en la propia conciencia, siendo este emplazamiento un complemento para desvelar y traducir aquello que palpita en nuestro interior. Estamos pues no solo ante una enumeración de postales pintadas en rosa, sino en un ejercicio de (auto)evaluación sobre la manera en que se pretenden vivir y sentir. Si el inicio del álbum con el tema homónimo, excelente confluencia entre Beatles, Byrds o The Zombies, lo que denota también su leve espolvoreado psicodélico, despeja el paisaje de cualquier atrezo insustancial para encontrarnos con nosotros mismos y ser consecuentes examinadores, el tema final, "Your True Enemy", aupado por ese muro de carga que significan los Beach Boys para este proyecto, nos alerta de que, al margen de lo impredecible que reside en la naturaleza romántica, en última instancia somos nosotros mismos los únicos responsables de que ese corazón pintado en una pared cada vez se distinga con menos nitidez.

Alrededor de esos dos puntos cardinales, que anuncia principio y fin del repertorio respectivamente, de raíz trascendente se despliegan, ahora sí, escenas de amoríos a los que acompaña su propia banda sonora. Un relato musical en el que por supuesto mucho tiene ver en su dictado la influencia de los “playeros” hermanos Wilson, que se manifiestan con absoluta claridad, tanto en sus juegos vocales como en su ornamentación instrumental, en "Mean to Me" o en la melancólica épica que ilustra una instantánea, "2 or 3", donde la diferencia cultural se presenta como escollo a la hora de unir suspiros comunes. Pero ni el diccionario de pasiones ni su traslación al pentagrama se exhibe de manera monocorde, ya que las punzantes guitarras eléctricas prestadas por The Searchers, o cualquier destacado miembro de la escena Merseybeat, en "I Just Can't Get Over Losing You" hacen de su rotundidad una herramienta para la flagelación del error propio, y el tono de sedoso vodevil de los Kinks en "Gather Round" sirve como armazón frente a las adversidades. Como si de dos caras antagónicas se tratase, aunque en realidad supuran el mismo traspiés existencial, el repunte más rockandrollero de "Bring You Down", inspirado por ejemplo en Badfinger, expresado bajo el rudo lenguaje propio blues a la hora de reflejar el rastro que deja la dura jornada laboral en el hecho romántico, representa la antítesis de la sublimación del pop más azucarado, como si unos Herman’s Hermits hubieran nacido en pleno siglo XXI, que ilustra en "I Hurt You" cómo el paso del tiempo, o las incapacidades para afrentarlo, puede llegar a deteriorar lo que en algún momento fue un idilio sin mácula. 

“Look for Your Mind!” vuelve a ser otro excelente ejercicio de conversión del pop, y sus derivaciones, en un suspiro de belleza, lo que traducido a la trayectoria de sus autores representa la entronización, si es que no lo estuviera ya, de su firma. Tan ajenos a modas como a intentar contradecir a ese eco que en cada nuevo capítulo les sentencia como espíritus miméticos de aquella época dorada compositiva, la talentosa hermandad solo necesita recurrir a un argumento que, sin embargo, resulta demoledor en su delicadeza: las canciones. Son ellas las que hacen de únicas portavoces válidas, y no tienen reparo en declarar que, efectivamente, no hay signo en ellas de innovación sustancial alguna, renunciando a cualquier oposición a ser guiadas por un rumbo ya plenamente (re)conocido. Es verdad que estas nuevas composiciones pueden sonar repetitivas, pero casi tanto como ese mismo abrazo al que constantemente recurrimos y al que estaríamos encadenados toda la vida.