Eric Clapton en 10 discos


Por: Àlex Guimerà

Este inicio del mes de mayo tenemos visita a nuestras tierras de "Manolenta", en concreto el próximo día 7 actuará en el Movistar Arena de Madrid y el 10 en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Unas actuaciones que muy probablemente serán su despedida por los escenarios españoles, debido a su edad y a su estado físico. Lejos queda su primer concierto que tuvo lugar en la Plaza de Toros de Ibiza el 5 de agosto de 1977, pero también su última visita del 24 de marzo de 2004 en Barcelona. Hasta 13 conciertos ha dado por nuestras ciudades, en los que ha desplegado todo su arsenal bluesero y su inigualable carisma al mando de sus guitarras.

Por ello, y para abrir boca antes de gozar de su directo, queremos hacer un pequeño repaso a su larga y fructífera carrera a través de los que consideramos sus diez mejores discos. Grandes proyectos y enormes canciones para una carrera inigualable. 

1.THE YARDBIRDS: "FIVE LIVE YARDBIRDS" (1964)

El primer álbum de los Yardbirds contaba con un joven Clapton de apenas 19 años fanático del blues, quien ya se había hecho famoso entre el circuito de música en vivo londinense, apareciendo en un muro la célebre pintada que rezaba "Clapton Is God". Junto a sus amigos Keith Relf, Chris Dreja, Paul Sanmuel-Smith y Jim McCarthy grabaron este álbum con canciones de Chuck Berry, Bo Didley, Howlin Wolf y John Lee Hooker, dejando fuera hits como "You Can't Judge a Book by Looking at the Cover" o "Boom Boom". Un disco que mezclaba el rock con el blues y que catapultó a una banda que tras la marcha de Clapton tuvo a otros dos monstruos de la guitarra en sus filas como Jeff Beck y Jimmy Page


2."BLUESBRAKERS WITH ERIC CLAPTON" (1966) 

 El segundo álbum del bluesman John Mayall y primero de los Bluesbrakers contaba con un Eric Clapton que ya era famoso tras su paso en los Yardbirds a los que había abandonado por alejarse del Blues. Ahora los dedos de Clapton estaban al servicio de la banda de Mayall para crear una obra maestra del blues-rock en el que aparte de los temas propios se interpretaron grandes versiones de Ray Charles, Willie Dixon, Freddie King, y cómo no, del pionero Robert Johnson. Los Bluesbrakers que aparecen en la portada los completaban John McVie (futuro Fleetwood Mac) al bajo y Hughie Flint a la batería. 



3.CREAM: "DISRAELI GEARS" (1967) 

 El segundo trabajo de la superbanda que el guitarrista montó junto al batería Ginger Baker y al bajista Jack Bruce, es uno de los grandes hitos del rock de los sesenta y un precursor de la experimentación psicodélica. Si bien su debut, "Fresh Cream" (1966), mostró su virtuosismo y base blues, con "Disraeli Gears" (1967) el trío se consolidó con un sonido más elaborado y canciones emblemáticas como "Sunshine of Your Love", "Strange Brew" o " Tales Of Brave Ulises". La banda conectó con la juventud hippie y llevó el blues a nuevas audiencias en EE. UU., actuando en festivales clave como Monterrey y Fillmore. Sin embargo, las tensiones internas, el agotamiento de las giras y problemas de gestión llevaron a su disolución en 1968. 



4.BLIND FAITH: "BLIND FAITH" (1969)

Tras cerrar la etapa Cream, Eric y Ginger Baker formaron otra superbanda junto a Steve Winwood (ex Spencer Davis Group y Traffic) y Ric Grech (Family). El único y homónimo álbum de controvertida portada ofrece seis extensos temas - el que cierra el disco sobrepasa los 15 minutos - surgidos de unas fructíferas Jam Sessions y en donde los desarrollos instrumentales fueron el eje central. Como curiosidad, la banda únicamente ofreció su primer concierto y único en el Reino Unido que tuvo lugar el 7 de junio de 1969 en Hyde Park, un mes antes de que los Rolling Stones dieran su legendario concierto tras la muerte de Brian Jones



5.DEREK AND THE DOMINOS: "LAYLA  AND OTHER ASSORTED LOVE SONGS" (1970)

  Derek and the Dominos es el primer proyecto en que Clapton se erige como cantante principal. En los grupos en los que había estado antes era reconocido como guitarrista principal, cantando ocasionalmente. Para ello se juntó con Bobby Whitlock, Carl Radle y Jim Gordon, dando una única producción discográfica, este legendario "Layla and Other Assorted Love Songs" en la que destaca la emblemática canción "Layla", inspirada en el amor (por entonces) no correspondido del propio Clapton por Pattie Boyd, esposa de su íntimo amigo George Harrisson. El disco combinaba potentes guitarras, melodías emotivas y letras llenas de pasión. A pesar del talento y la conexión artística entre los músicos, la banda duró poco debido a las tensiones entre sus miembros y a las fatídicas adicciones. 



6.ERIC CLAPTON: "461 OCEAN BOULEVARD" (1974) 

Este disco marca el regreso de Clapton tras superar su adicción a la heroína, consolidándose como uno de sus discos más destacados de su discografía y siendo su primer número 1 en solitario. A diferencia de la intensidad de "Layla and Other Assorted Love Songs", este álbum refleja un Clapton más relajado y juguetón. Incluye temas propios junto a versiones memorables como "Willie and the Hand Jive" de Johnny Otis y "I Shot the Sheriff" de Bob Marley, esta última su único sencillo que alcanzó el número 1. El disco combina virtuosismo con un aire desenfadado, mostrando al de Surrey cómodo en su nuevo rumbo musical, en un sonido accesible y elegante que convirtió el disco en un clásico del rock de los setenta. 

 


7. ERIC CLAPTON: "SLOWHAND" (1977)

El quinto trabajo en solitario de Clapton lleva su sobrenombre de título y esconde grandes temas como la country "Lay Down Sally" y la bonita balada "Wonderful Tonight" que compuso inspirada por su ya esposa Pattie Boyd, mientras aquella se estaba arreglando para ir a una cena. Pero el disco es sobre todo recordado por la versión que hizo de "Cocaine" del gran JJ Cale, una canción que tuvo problemas con la censura. A pesar de todo, el disco tuvo un gran éxito entre público y crítica gracias a ese equilibrio entre virtuosismo guitarrístico y sensibilidad melódica que junto a la pulida producción erigieron a un maduro y versátil Clapton como músico de referencia. 



8. ERIC CLAPTON: "JOURNEYMAN" (1989)

Tras una década de los ochenta irregulares a nivel artístico y en los que tuvo que superar sus adicciones a la heroína y al alcohol, con éste álbum volvía un músico rehabilitado para recordarnos su maestría en el blues y rock contemporáneo. El disco combinaba canciones propias con versiones, destacando "Pretending", "Bad Love", "Anything for Your Love" y sobre todo esa final "Before You Acuse Me (Take A Look Yourself)" de Bo Diddley con el que demostraba sus dotes innatas para seguir con el legado del Blues. "Journeyman" es un disco de rehabilitación en el que aunaba virtuosismo técnico con melodías accesibles y letras reflexivas y emocionales, fusionando blues tradicional con elementos del rock moderno de la época. 



9. ERIC CLAPTON: "UNPLUGGED" (1992)

Grabado en Windsor (Inglaterra) el 16 de enero de 1992 y publicado escasos meses después, el Unplugged de Eric Clapton es uno de sus discos que primero nos vienen a la cabeza con el momento lacrimoso de "Tears In Heaven", single recién estrenado y que dedicaba a su hijo Conor fallecido tras caer de un rascacielos un año antes. La belleza de la composición junto con el sentimiento de la interpretación de "Mano Lenta" es uno de los hitos musicales jamás habidos en directo y que aparece muy bien rodeado con sensacionales blues clásicos como "Before You Accuse Me" de Bo Didley o "Walkin' Blues" de Robert Johnson, a los que se suma una formidable "Leyla" perfectamente alejada de los cables y efectos. No cabe decir que el álbum batió récords de venta y propulsó al estrellato por enésima vez a este genio de la guitarra. 



10. ERIC CLAPTON: "CLAPTON" (2010) 

Para elegir un disco reciente, ponemos este Clapton de 2010, aunque habríamos podido incluir "Me And Mr. Johnson" (2004) dedicado a Robert Johnson o sus notables colaboraciones con el gran maestro del Blues, BB King, ("Riding With The King" de 2000) o JJ Cale ("The Road To Escondido" de 2006). Sin embargo este disco de 2010 resulta mas personal aunque en él aparezcan composiciones originales en unas versiones mayoritariamente blues pero también Jazz y Folk. Un disco de madurez muy interesante.

Tracey Thorn: "My Rock And Roll Friend"


Por: Juanjo Frontera. 

Viniendo de la mano de un hombre, esto va a parecer frívolo, oportunista, hasta pueril. Pero la verdad es que ya era hora de que un libro así fuera escrito. El anterior traducido al castellano de su autora, Tracey Thorn (Everything But The Girl), titulado "Otro Planeta" y editado aquí por Alpha Decay, ya fue todo un alegato sobre lo que representaba para una mujer abrirse paso en el mundo de la música en un tiempo, los años ochenta del siglo pasado, en que nada sobre la faz de la tierra ponía fácil ese objetivo. 

Pero este que ahora publica la siempre recomendable editorial Liburuak, y que relata la relación de su autora con otra de las mujeres que en el sobrepoblado Londres pop de los ochentas intentó ser tomada como música seria y no como “la chica en la banda”, es aún más necesario. Su protagonista es Lindy Morrison, batería de una banda liderada por dos hombres de carácter fuerte que no dejaban espacio para nadie más.

The Go Betweens fueron una maravilla, nadie lo duda. Un secreto a voces que con los años se ha hecho hueco en el corazón de muchos fans de la música, tanto los de entonces, como los de ahora. Pero ella tuvo que conformarse con ser el secreto más anodino dentro de ese secreto. Y esta es su historia. O mejor, la historia de la preciosa relación de amistad entre ella y Tracey. 

Evitaré aquí usar las palabras “sororidad”, “empoderamiento” o “resiliencia”, que empiezan a parecerme algo redundantes cuando se tratan estos temas, y hasta un poco insultantes para la inteligencia, si me apuran. Pero no dejaré de usar “feminismo”, palabra y concepto que muchos querrían tirado a la basura y que libros como éste, tanto situados en contexto como aplicados a los tiempos que corren -no tan diferentes de aquellos, por desgracia- ponen de manifiesto que de eso nada, que ahora hay que ser más feminista que nunca y que en este mundo de hombres descerebrados, de autoritarismo, de guerras gratuitas y de vuelta al medievo, o tenemos claros los conceptos o estamos más perdidos que Travolta en uno de sus memes.

Ya les anticipo que para un fan de The Go-Betweens al uso, o más bien uno que haya comprado el concepto de la banda como “una alianza entre dos amigos”, este no va a ser el libro más confortable para leer. Los de Brisbane han sido una de las bandas más mitificadas, con los años, que han existido jamás en eso que un día se dio a conocer como indie rock. Y su historia, su leyenda, ha sido construida a partir de sus dos compositores principales y cantantes, Grant McLennan y Robert Forster, pero olvidando, o relegando a un segundo (o tercer) plano, a la mujer que con su empuje y ritmo les ayudó a funcionar como banda, Lindy Morrison

Tal como la describe Tracey aquí, Lindy siempre fue un carácter fuerte, seguro de sí mismo, hasta excesivo. Y eso, tratándose de una mujer, nunca fue cómodo. Incluso para dos chicos pálidos, románticos y sensibles como Grant y Robert, que para distanciarse de otras bandas querían a toda costa una mujer en la suya, pero que en cuanto esa mujer quiso ser tomada como algo más que un objeto decorativo, empezaron a verla como un estorbo. Y sí, eso vale incluso para Robert, que fue su pareja durante varios años. Por tanto, el concepto de la banda tal como lo conocemos habitualmente, no sale muy bien parado, tenganlo en cuenta. 

Tracey y Lindy se conocieron en 1983: “Cuando la vi por primera vez encima de mi hombro en el espejo del camerino vi un contorno, dibujado a grandes rasgos. Sin detalles, sin contradicciones. A esta guerrera, que parecía abalanzarse para salvarme, yo iba a utilizarla como armadura. Me lanzaría a la batalla llevándola ante mí como un escudo de oro”. 

Cómo cambia la perspectiva cuando es la de una mujer. Por eso este relato, realizado por una música sobre otra música, por una mujer sobre otra mujer y por una amiga sobre otra amiga, es tan importante, porque desvela muchas cosas sobre cómo nosotros, los hombres, hemos sometido su identidad durante años a ser las musas, las amantes, las madres o las meras ejecutantes de nuestras ideas. Y ni en este caso, ni en otros muchos, esto es así. En absoluto: todas tienen una historia que contar tan sólida como la de cualquier persona del sexo opuesto. Y eso es lo que demuestra este libro, que no lo había dicho todavía pero tiene un título chulísimo, que parafrasea una canción de The Go-Betweens: "My Rock’n’Roll Friend". Canción compuesta por Robert, por cierto.

Thorn se centra sobre todo en la historia de The Go-Betweens, sobre cómo intentaron buscar, sin éxito, un reconocimiento en vida que vieron concederse a muchos compañeros de generación sin tantos méritos. Su supervivencia precaria en el Londres de los primeros ochenta, con Lindy limpiando casas para pagar un alquiler al que sus dos compañeros de piso y banda raramente contribuyen. O todas las tensiones que hubo que afrontar al final de su andadura cuando Lindy dejó a Robert y también Grant se emparejó con Amanda Brown, otra de las miembros del grupo, hasta que todo saltó por los aires y ellos dos empezaron a contar la historia por su cuenta. 

Pero también nos habla de la infancia de Lindy, de su adolescencia, de su madurez y de la profunda amistad que, con distancias y distanciamientos por medio, las ha unido a Tracey y a ella hasta el día de hoy. Habla de detalles íntimos, de muchos hechos que hasta ahora se desconocían de ella y que construyen a la perfección la visión de su persona como alguien tremendamente fuerte y con una indudable capacidad de superación y liderazgo. Un ejemplo, en definitiva, en el que muchas pueden verse reflejadas. Una historia que cuenta la de muchas mujeres en el mundo del rock. 

Está escrito, además, con la habitual pericia de esta excelente cantante y compositora metida también a periodista y escritora desde hace años. Y puede considerarse un buen complemento a los también excelentes y autobiográficos "Bedsit Disco Queen" (2013) o "Another Planet" (2016), en los que también reivindica la figura de la mujer en la música desde su experiencia. Al fin y al cabo, ella es también, en parte, la protagonista de este necesario y más que recomendable libro. 

Nos quedan Paco Ibáñez y la palabra


A Carmen de la Ossa 

Teatro Real, Madrid. Lunes, 27 de abril del 2026. 

Texto y fotografías: Guillermo García Domingo. 

El pasado lunes 27 de abril actuó en el Teatro Real el cantautor Paco Ibáñez. En este escenario operístico el músico valenciano y su guitarra se desenvolvieron con la familiaridad con la que uno habita su propia casa. El cuadrilátero rojo sobre el que actuó parecía la alfombra de su domicilio. Es la consecuencia de la actitud desenfadada y modesta del veteranísimo Ibáñez (1934) y la acogida fervorosa que el público le brindó, que le conoce y le espera como si se tratara de alguien muy querido de la familia que regresa al hogar después de mucho tiempo. Y es que él es mucho más que el más provecto de los trovadores de nuestro país, se trata de una personalidad social y política que ha acompañado a los “españolitos” en los momentos más cruciales de nuestra historia reciente. Pocos españoles “han hablado de su tierra”, como lo ha hecho Paco Ibáñez, y volvió a hacerlo con algo menos de aliento, pero con la misma fe laica que profesa por ella, entonando el poema de Cernuda. Ibáñez no ha abandonado su coraje político ni ha dejado de luchar contra “los (nuevos) caínes sempiternos” que acaudillan el odio de siempre. En nuestras sociedades ha llegado el momento de rescatar el orgullo revolucionario del Che, por este motivo interpretó “Soldado boliviano”, ahora que el siniestro señor “zanahorio”, como proclamaron desde el escenario pretende conquistar el mundo. El respetable, al término de esta canción, aclamó al pueblo palestino, que resiste contra todos, y ante la indiferencia de la mayoría. 

La naturalidad con que asume sus inevitables achaques, sus encantadores distracciones y olvidos, no hacen sino humanizar más si cabe a un ser humano, que, ya de por sí, atesora un legado existencial y musical realmente extraordinario, del que en la velada del lunes solamente ofreció una parte muy pequeña, y sin embargo, suficiente para emocionarnos, renovar nuestra pasión política y el amor por nuestro trágico país. Antes de dar comienzo el concierto, en la pantalla al fondo del escenario, pudimos ver un mosaico con los retratos de los mejores poetas de la literatura española (que no sólo escribían en castellano, por supuesto) y en el centro se podían leer las palabras eternas de Blas de Otero: “Nos queda la palabra”. Era algo muy revelador, teniendo en cuenta que la completa trayectoria de Ibáñez ha consistido en el propósito prometeico de musicalizar las palabras más bellas compuestas en los idiomas de nuestro territorio simbólico.

Cuando este redactor no había nacido todavía (lo hice en 1975), Paco Ibañez ya gozaba de un éxito considerable, llenaba el Olympia de París. Nunca se le ha subido el éxito a la cabeza, mi acompañante y amigo José Manuel me comentó que había presenciado un recital suyo ante una multitud en el Pozo del Tío Raimundo, en Madrid. Paco Ibáñez es y será cantor del pueblo, al igual que Miguel Hernández, de quien interpretó “Andaluces de Jaén”, en uno de los momentos más importantes del concierto. O debería decir interpretamos, porque el público sostuvo, y aupó, al bueno de Ibáñez, queriendo ignorar que él permanecía sentado por obligación, al contrario de lo que siempre ha hecho. En el escenario contó en todo momento con el imprescindible apoyo del gran Mario Mas, quien puso sus brazos, sus manos y su memoria musical al servicio del valenciano. No fue un detalle menor del concierto el amor y el respeto que el guitarrista demostró por su maestro. No fue el único que arropó a Paco Ibáñez, también lo hizo Joxan Goikoetxea y su acordeón, así lo requirieron los dos temas en euskara, uno de ellos fue “Txoria Txori”, hermosísima elegía a un pájaro y sus alas irrenunciables, e incluso vimos pasar a la vaca del caserío vasco en el que vivió Ibáñez con su familia materna. Antes que él, subió al escenario Soleá Morente que adoptó con su excelsa voz: “Nana de la mora” y “Quisiera esta tarde divina” (de otra mujer Alfonsina Storni); ambas nos sobrecogieron. Pep Pascual arregló con sus modestos instrumentos, “Yo vuelvo por mis alas” de Lorca, y de veras que escuchamos el agua bajar por los arroyuelos de Granada. Hizo lo propio con la canción de cuna dedicada a Julia de José Agustín Goytisolo. Los etéreos sonidos concitados por Pascual nos hicieron “soñar”. En el repaso deliberado por todas las lenguas que se hablan en nuestro país, quedaba por escuchar la galega “Que ocorre na terra?” de Antonio García Teijeiro.

Antes de que empezara el concierto un grupo de asistentes entonó “A galopar”, y el concierto concluyó de la misma manera, fundiéndose el público, Rafael Alberti y Paco Ibáñez en una sola voz. La compuso el poeta de El Puerto de Santa María en 1938 durante la guerra civil, que ganaron los que se sublevaron. Su líder, Franco, durante el concierto Ibáñez se refirió a él como “la bestia”, solía asomarse a la Plaza de Oriente donde se encuentra el Teatro Real a arengar a sus partidarios. Pero el lunes, en el mismo lugar, fue el poeta el que acalló a “la bestia” con sus canciones. Ya los “enterramos en el mar”, gracias al sacrificio de tantísimos luchadores por la libertad, y lo volveremos a hacer si ellos se empeñan en regresar al pasado.

Hace unos años, otro inolvidable cantautor, Luis Pastor, se preguntaba retóricamente, y con mucha sorna, “¿Qué fue de los cantautores? Preguntan con aire extraño cada cuatro o cinco años despistados periodistas/ Que nos perdieron la pista y enterraron nuestra voz ”, Pues aquí están los cantautores, con Paco Ibañez a la cabeza, digno y libre, pese a la edad que ostenta. “¿Qué fue de los cantautores? ¿De los muchos que empezamos? ¿de los pocos que quedamos?/¿De los que aún resistimos? ¿de los que no claudicamos?/ Aquí seguimos, cada uno en su trinchera/ Haciendo de la poesía nuestro pan de cada día…

Deniz Tek: "The Beat"


Por: Txema Mañeru. 

No cabe ya ninguna duda de que el australiano Deniz Tek es el buque insignia internacional del estupendo sello italiano Wild Honey Records. No he sacado cuentas exactas, pero los italianos The Peawees, muy queridos aquí, también tienen un buen puñado de vinilos recomendables en el sello. Pero creo que el ex guitarrista de los legendarios Radio Birdman tiene todos sus últimos y recomendables LPs bajo esta marca y a eso hay que añadir una colección de recuperación de archivos cuya última y recomendable recuperación es el doble LP “Collection Vol. 3: Outside”, que incluye temazos como el acelerado, urgente y guitarrero arranque con "Blood Form A Stone", la estupenda toma acústica de "Searching", "Day To Ride" o la impactante "Condition Black". Otra gozada es la versión instrumental de "Rough Slide Drag" con sus espectaculares punteos, pero también con un órgano ácido que es una jodida maravilla. Este y otros discos de Deniz y de Wild Honey Records, los puedes conseguir también en www.folcrecords.es que son sello amigo y más que recomendable.0 Dentro de su incesante trayectoria de los últimos años, su último disco “oficial” fue el más que destacado “Long Before Day” (Wild Honey Records). Un disco más que disfrutable con ecos a sus Radio Birdman, pero también a los Rolling Stones más blues, The Stooges, Velvet Underground o el blues de Howlin’ Wolf o Son House. Lo presentaron en la Kutxa Beltza del Kafe Antzokia y fue una velada espectacular que ojalá repitan pronto con las canciones de su nuevo disco y con algunos clásicos de sus Radio Birdman. También pueden repetir su fantástica recreación del "Oh, Well", de los Fleetwood Mac de Peter Green, que por cierto viene en los bonus tracks de la edición digital de este “The Beat”.

Un disco que supone un sentido homenaje a su batería de muchos años, Ric Parnell (Atomic Rooster, Wayne Kramer, The Deviants, Spinal Tap), que, desgraciadamente, ya no está entre nosotros. Eso sí, junto a Deniz continúa su bajista de siempre, Bob Brown , y le sigue acompañando en las guitarras su compañera, Anne Tek. Se conocieron en 2010 por mediación de su productor entonces, Ron Sanchez, que fue quién los presentó. Desde entonces se convirtieron en inseparables y grabaron recomendables discos como “Detroit”, “Mean Old Twister” y “Lost For Words”. Murió en 2022, pero Deniz ha considerado que le debía un disco como este “The Beat” (Wild Honey Records).

Ric no era mucho de ensayar y cuando Deniz le mostraba alguna canción, enseguida cogía el punto y la llevaba a su terreno para sorpresa del propio Deniz. El caso es que durante la grabación del “Mean Old Twister” en 2015, ambos se marcaron algunas jams que grabaron y Ron Sanchez se las envió a Deniz. No las había escuchado en una década y fueron una absoluta y agradable sorpresa para él. Entonces decidió meter esos temas en un nuevo disco (este “The Beat”), manteniendo sus guitarras y las baterías de Ric y, al mismo tiempo, escribiendo y arreglando algunas nuevas canciones para las baterías guardadas de Ric. Algo completamente nuevo para él y su manera de componer. Ha mantenido guitarras rítmicas, pero la mayor parte de las guitarras y sus partes vocales son nuevas. Por supuesto, Bob Brown y Anne se sumaron al invento y crearon este buen disco al revés de cómo siempre los había hecho Deniz. Como es habitual en el sello el vinilo viene con una cuidada y gorda funda interior con guapas fotografías y con los textos y la especial dedicatoria para Ric, de un emocionado Deniz que está seguro de que le habría excitado y hecho realmente feliz.

El trabajo comienza de manera formidable con una emotiva "Going Home" y la gran guitarra de Deniz sobre ese ritmo creado por Ric y Bob que es puro Radio Birdman, en sus buenos tiempos. Tenemos aquí también los primeros y destacados punteos de Denik. Continúan con una agresiva "War Is Over" con destacados riffs, más destacados punteos y una buena melodía vocal. La melódica y reposada "Shot Of Truth" es una gozada que nos recuerda a unos Radio Birdman a cámara lenta. Cierra la cara A una excitante "Kua Bay" con aires surf en las guitarras y hasta con toques hawaianos a lo Elvis Presley. Genial instrumental en el que Deniz demuestra su finura y versatilidad con las 6 cuerdas.

La cara B arranca también de manera brillante y potente con "Here And Gone" y una abrasadora armónica y buenos destellos con la slide. Tiene hasta algún aire al "Peter Gunn" de Henry Mancini, pero vía Emerson, Lake & Palmer. "Girl On Ice" es una sorpresa más que caliente con esa voz suya casi narrando al estilo del mejor Lou Reed, combinada con momentos de improvisación entre su guitarra y esa muy presente sección de ritmo, sobre todo con la batería de Ric. "Forgiveness" vuelve a arañar con unas guitarras muy destacadas y variadas a lo largo del tema. Magia pura encontramos en la breve "Magic", con acústicas, armónica y aires entre country y folk justo antes de acabar, ¡cómo no!, con otra breve, pero estupenda "The Beat". Puro ritmo en la batería y potentes guitarras en un espectacular lento de nuevo con aromas Lou Reed. Si tiene más jams guardadas de ambos con este nivel no dudaría que volviera a entregarnos algún otro disco hecho “al revés”. ¡Ojalá que venga a presentárnoslo aquí y que repita en la batería el gran Keith Streng (The Fleshtones, The Split Squad), ahora que Ric ya no le podrá acompañar nunca más!

Kokoshca: “Hemos buscado el tesoro escondido en alguna de nuestras canciones”


Por: Javier González. 

Kokoshca son un “Divino Tesoro” dentro de nuestro panorama musical. A estas alturas de la película ha quedado claro, llevan casi veinte años a su bola, moviéndose sin ataduras entre la amplias etiquetas que van del rock más cavernario al pop de guitarras limpias, haciendo paradas en estilos como el krautrock y el lo-fi, siempre sonando efectivos y autosuficientes, jugando a contracorriente como vuelven a demostrar en su última referencia, donde lejos de caer en tópicos manidos como elaborar un “grandes éxitos” o un disco de “colaboraciones”, toman distancia y se lanzan a la aventura de regrabar algunas de las mejores canciones que contienen sus primeras referencias, aquellas que grabaron con menos medios técnicos, dotándolas de nuevas sonoridades, estructuras y letras para que vuelvan a disfrutar de una segunda vida. 

Lo presentan otra vez bajo el paraguas de su disquera, Sonido Muchacho, en una cuidada y elegante edición en vinilo doble capaz de poner los dientes largos a cualquier buen aficionado que se precie. Sorprendidos por la valentía con que llevan a cabo este nuevo salto al vacío, nos ponemos en contacto con la banda, personificados en Amaia Tirapu, guitarra y vocalista del combo pamplonés, quien nos sorprende por su cercanía, franqueza y un humor de lo más contagioso, capaz de brindarnos un entrevistón en toda regla con el que no nos queda más remedio que decirte a ti, amigo desconocido, que te vengas con nosotros, sé uno más. “Únete a Kokoshca porque brilla más que el oro este Divino Tesoro”. 

Han tenido que pasar casi veinte años desde vuestras primeras grabaciones para que podamos tener entre nuestras manos este “Divino Tesoro”, un trabajo donde recopiláis algunas de vuestras canciones con motivo del Record Store Day. ¿En qué momento surge la posibilidad de dar vida a un trabajo de esta índole? 

Amaia: Desde hace tiempo pensábamos que había canciones del principio que sonaban muy mal, ya que estaban grabadas en casa con pocos medios y siempre existían conversaciones en torno a ellas. Al acabar la gira de “La Juventud” hablamos con Sonido Muchacho, quienes nos comentaron que quizás era pronto para ponernos a componer un disco nuevo y grabarlo. Plantearon que quizás sería bueno darnos un poco de reposo para pensar en un trabajo con material fresco. Nos comentaron la posibilidad de sacar un “greatest hits”, pero no lo veíamos. Entre Sonido Muchacho y nosotros pensamos en regrabar esas canciones que sonaban mal, algo así como buscar el tesoro escondido de las canciones de Kokoshca en una edición bonita piensa. Al final es un trabajo que ha salido con una edición Deluxe donde todo ha quedado muy chulo. Era un momento ideal para sacar este recopilatorio. 

“Queríamos mejorar el sonido, estructuras y letras de algunas canciones” 

Es palpable que se ha procedido a llevar a cabo una regrabación de muchas canciones, que en su momento, en algunos casos, tenían un encanto cierto encanto underground y naif. ¿Había una espina clavada en la banda al escucharlas en su antiguo estado? 

Amaia: Es inevitable que al gustarte una canción y escucharla de una determinada manera la relacionas con momentos vividos y experiencias. Siempre estará la duda sobre la nueva versión, que nunca te parecerá la otra, pero en nuestro caso las vemos mejor. Quizás tenemos una visión del asunto menos de oyente y más cercana a la figura del creador. Estaba claro que había que mejorar el sonido, estructuras y letras, que es lo que hemos hecho. Quizás se pierde la inocencia del principio, pero piensa que tampoco somos los mismos que las grabamos. Ojalá desde el minuto uno hubiéramos podido tener acceso a un estudio para que todas las canciones sonasen bien y poder ser escogidas para una película. Hicimos lo que pudimos con lo que teníamos a mano, pero sentíamos que se podían mejorar. Ahora las hemos podido sacar guay. 

¿Cuál ha sido el proceso de selección de las canciones que habéis incluido finalmente? 

Amaia: Lo que más costó fue elegir. Contando canciones tenemos casi 130. Hicimos reuniones con Sonido Muchacho y nos aconsejaron sobre cómo desarrollar el proceso. Hicimos listas con las elegidas para ver cuáles se repetían. Teníamos algunas claras: “La Fuerza”, “No Volveré” y “Mi Chica”, básicamente, varias de las que más se repetían. Una vez que estaban decididas, había que pensar qué se hacía en cada canción. Unas tenían bien la estructura, pero otras no. Otras pedían ampliar letras, como en el caso de “Los Domingos”, donde hemos metido mi parte. Algunas pedían arreglos nuevos. Composiciones como “Nena” necesitaban una vuelta entera. Hubo muchas reuniones, conversaciones, listas y ensayos para poder llegar al estudio con todo pensado. Ha sido un trabajo totalmente diferente, muy interesante. Creo que el proceso ha estado muy bien. 

Sí, porque al final habéis hecho algo que era común en bandas como Kraftwerk, a quienes no les temblaba el pulso a la hora de llevar a cabo nuevas versiones de sus grandes temas, algo poco común en nuestro país, donde el formato suele ser más conservador con grandes éxitos al uso. 

Amaia: Sí, llevas razón. Quizás en España es algo que no se estila. Ahora mismo está de moda que otros grupos versionen tus canciones, hacer un recopilatorio tocando los temas de otra banda, pero no queríamos hacer algo así. 

Hay canciones de “Únete a Kokoshca”, “Hay una luz” y de “Gernika”, y también de Ep´s como “La Fuerza”, no así de vuestros últimos discos, la respuesta parece clara, pero formularé la pregunta. ¿Por qué precisamente de esos cuatro trabajos y no de los últimos? 

Amaia: Básicamente a que los últimos discos están grabados bien. Están grabados en estudio y nos encantan. No tenía mucho sentido. Hemos contado con Raúl Pérez y Kaki Arkarazo como productores. De ahí surge la decisión. 

También me ha llamado la atención la inclusión y revisión de uno de vuestros himnos, una de las canciones más celebradas por el público en los conciertos y, por qué no decirlo, uno de esos temas que no solo conoce vuestro público como es “No Volveré”. ¿A qué se ha debido? 

Amaia: Nos pasaba que después de tocarla tantas veces en directo y tan rápido, al oírla en el disco parecía que era muy lenta en la versión original de “Hay una Luz”. Creíamos que había que acercarla a la forma en que las tocamos en nuestros conciertos. No la hemos variado mucho realmente. Y luego hay otra cuestión, el vinilo de “Hay una Luz” está agotadísimo, por lo que hay mucha gente que no la podía tener en formato físico. Nos parecía que era una buena forma de que el público pueda tenerla. 

Vamos a hacer la pregunta incómoda. ¿Cuál sería tu top tres de temas favoritos de “Divino Tesoro”? 

Amaia: Me encanta cómo ha quedado “Los Domingos”, una canción que siempre me ha gustado mucho, por otra parte. Ahora al añadir una parte se completa más y adquiere un toque misterioso. Además, nos encanta lo de hacer chico/chica para que las historias parezcan una telenovela. También me gusta “El Bosque”, tiene ese lado oscuro de Kokoshca, añadiendo un arreglo de batería plagiado de Can que me fascina. Y la tercera… no sé… “Prefiero Golpes”, ha quedado muy cruda, macarrilla. Es difícil. En tres meses te diría otra composiciones totalmente distintas. 

“La Fuerza” os ha quedado muy Franco Battiato. 

Amaia: ¿Sabes qué pasa? Igual esto no se puede decir, pero la tenemos un poco de manía. La hemos tocado todo tanto. Es una canción a la que realmente tenemos mucho cariño. Además, la ha vuelto a cantar Javi, batería original de Kokoshca, que luego lo dejó y era su cantante original. Ya me cansa esa canción. (Risas) 

Antes hablabas de pasada de la cuidada edición que os habéis marcado de este “Divino Tesoro” junto a Sonido Muchacho. 

Amaia: Al tomar la decisión fue de forma conjunta, había que hacer una edición chula, ya que los anteriores vinilos eran una edición normal. Aquí hemos apostado por una edición doble con carpeta dura y plateada por fuera. El diseño es cosa de Lucas Malcorra. Por dentro está muy chulo, tiene mil detalles, hay diamantes, todo pensando para que el comprador piense que tanto el disco como nosotros somos un tesoro. (Risas)

La banda ha tenido varias formaciones, salidas y entradas, hasta dar con la actual, la más histórica, donde estáis Iñaki, Álex, Iñigo y tú. Se qué es complicado, pero ahora que te tengo delante. ¿Cuáles serían las distintas etapas que habéis pasado a tu juicio? ¿Qué las definiría? 

Amaia: Diría que el inicio lo representamos Iñaki y yo. Empezamos a ensayar, nos intercambiamos instrumentos, todo muy precario y comienzan a salir conciertos, uno de ellos en Madrid, por lo que necesitamos un batería. Se une Javi, nos convertimos en trio, todo sigue siendo muy precario, pero conseguimos seguir adelante durante cuatro años, con mucha ilusión, viajando a veces en autobús, siendo unos críos que no teníamos ni idea de nada, pero nos divertíamos. 

Perfecto, vamos con la siguiente etapa. 

Amaia: La segunda etapa empieza cuando Javi deja la banda para irse a trabajar a Londres. ¿Qué hacemos? Buscamos otro batería y aparece Álex. Empezamos a pensar que hace falta darle más contundencia al sonido y buscamos un bajista, Íñigo, al que conocíamos de otros grupos de Pamplona. Nos dice que sí. Nos entendemos muy bien musicalmente. Es una etapa de transición, donde nos vamos conociendo que a mí se me hizo complicada, necesitaba coger confianza para los ensayos y componer. Me costaba soltarme e improvisar. Con Javi e Iñaki me soltaba, pero con ellos no. No sé cuánto dura esta etapa, tres o cuatro años, ya que Álex no sabía si se iba a quedar. Su entrada coincide con nuestro fichaje por parte de Sonido Muchacho. 

Sospecho que viene la última. 

Amaia: A partir de ahí empezaría la última etapa, sí. Nos profesionalizamos, notamos una subida paulatina en cuanto repercusión, vamos teniendo mejores condiciones y tocando mejor. Hubo un salto con el disco “Kokoshca”, grabado en La Mina, donde conectamos personalmente y musicalmente con el productor. Un disco que fue un salto, nos encantó, creemos que es un trabajo mejor. Esta sería la última etapa hasta ahora. Ese sería mi resumen. 

“Nuestro estilo es no tener estilo” 

Cuando uno monta una banda tan heterodoxa y alejada de cualquier pretensión comercial como la vuestra, ¿se llega a pensar en que veinte años después puede seguir existiendo gozando de la salud que goza el proyecto? 

Amaia: La verdad es que no. Si ahora a aquellos chavales de veinte años que empezaban a tocar nos dijeran que estaríamos aquí, hubiéramos dicho que no. Nos hubiera encantado, pero vivíamos los momentos exprimiéndolos. A nivel personal, tener un grupo es guay, pero es cansado. Es una familia a la que a veces quieres matar. Hay momentos en que el grupo pesa. Nunca ha habido una conversación para hablar de acabar, pero sí momentos en que he notado que estábamos cansados. Nos hemos mantenido haciendo lo que decías: música de estilos variados sin pretensión comercial. Es lo que nos sale. Nuestro estilo es no tener estilo. 

“España es un país donde quien persiste tiene premio” 

La vuestra es una historia de empeño, furgoneta, picar piedra y buscar vuestro propio público. 

Amaia: Sí, además España es un país donde quien persiste tiene premio. Es duro. Nosotros ahora notamos que el trabajo ha dado sus frutos. Vamos a sitios donde crees que nadie te conoce y hay gente que canta tus canciones. 

En 2027 Kokoshca llevará veinte años en activo. ¿Habéis preparado algún tipo de gira especial para conmemorar la efeméride, por ejemplo, en Pamplona?

Amaia: No lo hemos pensado, la verdad. En Pamplona no sé si lo haríamos. Tenemos muchos amigos, pero no es un lugar que nos acoja tan fuerte como otras ciudades. Nadie es profeta en su tierra. Si hiciéramos eso, lo haríamos en Madrid o Donosti, que nos han acogido muy bien siempre. Algo habría que hacer. Veinte años, da miedo y todo. ¡Qué viejos! 

Un trabajo de esta índole tiene de forma evidente una mirada atrás que se proyecta hacia el futuro. ¿Cuál es el siguiente paso de Kokoshca? 

Amaia: Vamos a intentar vivir muchas cosas para que nos salgan buenas canciones. Haremos unos conciertos presentando “Divino Tesoro”, además de otras composiciones más antiguas que también rescataremos. Tenemos ya confirmada una actuación en Donosti, concretamente en “Jazzaldia”, donde tocaremos la playa. Es algo que nos hace mucha ilusión porque es un festival al que llevamos yendo desde que éramos críos. Tocaremos en Madrid el 11 de junio en el marco de “Sound Isidro”, organizado por Alan Queipo y Javi Ferrara. Ya hay ideas de canciones nuevas saliendo, así que estamos en esa onda. Cuando grabas un disco tienes que llenarte de ideas para hacer otro. 

¿Qué dicen el aita y la ama de que su hija lleve casi veinte años como vocalista y guitarrista de una banda de música? 

Amaia: A mis padres les mando el disco, pero no tienen tocadiscos, así que nunca sé si lo escuchan entero (risas). Les hace mucha ilusión cuando me ven en el periódico, en el “Diario de Navarra”. O cuando se encuentran con un amigo y les cuenta que su hijo es fan, ahí dicen: “fíjate”. Siempre te ven como el titiritero. En las comidas familiares te ves esquivando la pregunta de los tíos: “¿Qué haces ahora?” (Risas). Realmente siempre me han apoyado, no puedo decir otra cosa, aunque supongo que no es lo que más les gusta, les gustaría más que fuese abogada. 

“Del underground también se sobrevive” 

¿A día de hoy Kokoshca os permite vivir exclusivamente de la música? 

Amaia: Iñaki y yo durante mucho tiempo, sí vivimos de la banda. Ahora lo compaginamos con otras labores musicales porque tenemos otras responsabilidades familiares que generan más gastos. Si eres una persona austera, se puede vivir de la música. Del underground también se sobrevive. (Muchas risas) 

Por mi parte es todo, Amaia. Espero no haberte hecho preguntas comunes y tópicas, soy consciente de que las semanas de promo son pesadas. Me ha encantado la entrevista. Eres muy divertida. 

Amaia: Ha estado guay. Estás un día entero haciendo lo mismo, así que cambiar nunca viene mal.

Callum Beattie: "La vida es complicada y la música ayuda a transitarla"


Por: Javier Capapé y Àlex Guimerà.

Admitimos que no estábamos familiarizados con el trabajo de Callum Beattie hasta escuchar su recién estrenado y tercer trabajo "INDI". Un disco que seguro que muchos de nuestros lectores desconocerán pero que os pedimos que no os lo perdáis. Se trata de un gran hallazgo, como sus dos trabajos anteriores, ya que el escocés tiene pinta que va a subir muchos enteros en el futuro. Lo tiene todo: juventud, presencia, vozarrón, carisma y sobre todo grandes canciones que nunca ha dejado de componer. Así que, haceros un favor y poneros su música porqué os va a entusiasmar. Además lo tenemos por nuestras salas este próximo mes de mayo, pero incluso antes le podremos ver desde la cercanía en un paso anticipado por diversas tiendas de discos (27 de abril en Barcelona en Ultra Local Records, el 28 en Madrid en Escridiscos, el 30 en Valencia en Olides y el 2 de mayo en Granada en Bora Bora).

Fechas de la gira: 

2 Mayo - Granada (Lemon Rock) 

3 Mayo - Benidorm (Dominic’ s Bar) 

5 Mayo - Valencia (Loco Club) 

6 Mayo - Madrid (Sala El Sol) 

7 Mayo - Zaragoza (Rock & Blues Café) 

8 Mayo - Barcelona (El Molino) 

Para empezar, ¿qué puedes contarnos sobre tu nuevo álbum, "INDI"? 

Callum Beattie: Bueno, es el primer álbum que grabo de forma independiente. Soy el dueño del disco, lo cual era muy importante, porque antes había hecho muchos discos con Universal Records, que son gigantes. Pero ellos elegían demasiado qué canciones tocar y cómo debía sonar todo. Básicamente, yo era el creador, pero tenía todos estos obstáculos en el camino. Así que esta vez tuve plena libertad creativa, lo cual fue brillante. En cuanto a las letras, fui un poco más ambicioso y bastante directo (incluso algo rudo) con algunas frases. Pero sí, básicamente fue un álbum muy honesto y uno que disfruté mucho haciendo. 

Escuchando Indie en términos musicales, podemos oír ecos de artistas como Bruce Springsteen o U2, incluso de The National en la batería. ¿Son influencias reales en este disco? 

Callum Beattie: Sí, yo diría que sí. Siempre me han gustado bandas como U2, Springsteen, incluso cosas más suaves como Elton John. Simplemente buenas canciones, pero que se sientan épicas, como himnos (anthemic). Cuando escribo canciones y empiezo a grabarlas, siempre me imagino tocándolas en un pabellón o en un estadio. Si puedo imaginarlo en mi cabeza, normalmente pienso que es una buena canción. 

Exactamente. Justo esa era la siguiente pregunta. Notamos que el álbum tiene un sonido muy "caro" y nos suena como si estuviera hecho para estadios. ¿Fue tu intención inicial o una simple coincidencia? 

Callum Beattie: Absolutamente, esa era mi intención. Me encanta la música que me hace moverme y que tiene mucha energía. Eso es muy importante y por eso utilizo principalmente instrumentos reales. Todas las baterías del disco son reales, grabadas con una banda en una sala, y eso realmente ayuda a aportar energía al disco.

Creo que es algo que hoy en día hace mucha falta. Dependemos tanto de la tecnología que a veces el espíritu de un disco se pierde un poco. A veces, cuando escuchas la radio, todas las producciones suenan igual, y creo que es porque están muy computarizadas. Quizás soy un anticuado, pero quería usar guitarras, bajo y batería de verdad; creo que eso es lo que le da ese sonido de himno. 

El álbum tiene canciones increíbles como "Pins and Needles", "Two Pretenders" y la última, "Always Raining in Glasgow". ¿Cuál es tu canción más especial del álbum? 

Callum Beattie: Bueno, "It Always Rains in Glasgow" es muy especial para mí. Por eso la puse al final del disco. Yo soy originario de Edimburgo, en Escocia. Pero a lo largo de mi carrera, durante unos 12 años, viví en España, Londres, Budapest... en cualquier lugar donde pudiera intentar que mi carrera despegara. Cuando volví a Glasgow, aunque mi carrera empezó a ir bien, no conocía a nadie. Fue una época de mucha soledad.

La razón por la que también amo esa canción es porque la escribí muy rápido. Estaba lavando los platos, empecé a cantar el estribillo, fui al piano y en 20 minutos estaba lista. La última canción del álbum es, de hecho, una grabación en vivo. Mi amigo tocó el piano en la misma sala que yo. Teníamos un par de micrófonos en el piano, la cantamos tres veces y elegimos la mejor toma. Podría haber sido una canción tipo Adele, donde afinas todas las voces y haces que suene muy nítido y producido, pero creo que suena más auténtico, más Springsteen, más Jeff Buckley con esa grabación en directo. Y es más valiente también. 

Pues te quedó fantástico. Si volvemos a tu álbum debut, "People Like Us", era un disco con una identidad de clase trabajadora muy fuerte. ¿Cómo desarrollaste esa conciencia social? 

Callum Beattie: Oh, esa es una pregunta muy bonita. Normalmente los periodistas en Escocia van directos al grano sobre mi crianza. Mi padre me crió solo y lo hizo lo mejor que pudo; fueron tiempos felices y maravillosos, pero también hubo muchas dificultades. Creo que eso me preparó bien como compositor. Tenía una historia que contar desde muy joven; empecé a escribir a los 13 o 14 años. Básicamente, después de la escuela, yo hacía la cena, mi padre llegaba de trabajar bastante tarde y nos sentábamos a escuchar discos increíbles de artistas de todo el mundo. Me obsesioné con la música. Era nuestra vía de escape. Supongo que si no hubiera tenido esa crianza, tal vez no sería escritor. ¿Quién sabe?

Has sido crítico con figuras como Boris Johnson. ¿Crees que los artistas tienen una responsabilidad política? 

Callum Beattie: Sí, lo creo. Lo de Boris Johnson es curioso porque yo no tenía muchos problemas con la política cuando escribí aquello; era muy joven, tenía unos 21 años, y era solo una canción de broma. Estaba sentado en un jardín de verano y pensé en inventar esa canción porque era algo muy identificable en ese momento. Se volvió viral. Millones de personas la vieron y, de repente, todo el mundo pensó que yo tenía una motivación política.

Me invitaron a manifestaciones pro-Europa y muchas otras cosas. Fui porque necesitaba una base de fans, pero la verdad es que no sabía nada del tema. Ahora que soy mayor, veo las noticias y es difícil no tener una opinión, pero es importante tener responsabilidad. El mundo puede cambiar muy rápido. Hay un activismo real en Europa ahora mismo y es bastante peligroso, especialmente en el Reino Unido. Como no conocemos todos los hechos, hay que tener cuidado. No me gustan las bandas que se abanderan con la política cuando no están bien informadas, como hice yo antes. Eso podría hacerme parecer un hipócrita, pero como joven, creo que fue un error. 

¿Y crees que la música puede ser una herramienta real para el cambio? 

Callum Beattie: Puede serlo si eres John Lennon y escribes canciones como "Imagine". Para mí, la música es más un elemento sanador. Es para que la gente supere la vida sin preocuparse por cosas como la política; más bien por su propia salud mental, cómo cuidarse y sanar de traumas y de la vida en general. La vida es complicada y la música ayuda a transitarla.

Recibí un correo hace unas semanas sobre una canción que escribí para la salud mental llamada "Something in My Eye". Un señor escribió a la radio y ellos me lo enviaron; decía que había planeado quitarse la vida. Tenía hijos, esposa... y la canción sonó en el coche. Dijo que le conmovió tanto que detuvo el coche, se sentó a replanteárselo todo y le dio fuerzas para seguir y buscar ayuda. Me pareció muy poderoso, porque cuando escribes, aunque tengas esas cosas en mente, tu enfoque principal es escribir para ti mismo. Tener ese efecto en los demás es muy potente. 

¿Estas letras que exploran emociones personales vienen de tus propias experiencias? 

Callum Beattie: Sí, definitivamente. He tenido muchos traumas en la vida, como mucha gente, y la música es mi forma de hacerlo más fácil. Es casi como si pudieras contarle a la gente todas tus preocupaciones, miedos y ansiedades, pero sin tener que sentarte frente a ellos y decírselo a la cara. Simplemente lo pones en una canción y dejas que flote en el universo. Es el tipo de terapia perfecta, la verdad. 


En el año 2023 lanzaste tu segundo álbum, "Vandals", que llegó al número uno en Escocia. ¿Cómo fue tu experiencia con ese éxito? 

Callum Beattie: Fue fantástico porque fue contra todo pronóstico. Estaba con Universal Records en ese momento y ellos me daban un guion de cómo debía sonar el álbum y elegían las canciones. Yo había escrito muchas canciones para otros artistas y las que me quedaba para mí no les gustaban. Básicamente, hicimos algo que probablemente iba contra las reglas. Mi mánager me preguntó: "¿Qué álbum te gustaría hacer?". Y yo dije: "Uno de indie, guitarras, estilo Springsteen, algo punk". Él dijo: "Vale, eso es lo que vamos a hacer. Vamos a convertir estas canciones en canciones indie". Me advirtió que el sello nos odiaría, pero lo hicimos. El sello pagó el álbum pensando que recibirían un disco pop, con baterías programadas y todo eso. Cuando se lo entregamos, estaban furiosos. Pero fue un paso más para ser mi propio artista y recuperar mi poder. Por eso en la portada del álbum sale un niño haciendo un gesto de rebeldía. Había una razón detrás que nadie sabía. 

Empezaste tocando en locales pequeños en Escocia. ¿Qué lecciones aprendiste de esa época? 

Callum Beattie: Fue una gran educación. Toqué en bares durante unos 10 años, desde que era adolescente. Es como un aprendizaje de oficio. Aprendes a manejar al público, a hablarles... y eso cambió mi voz. Mi voz es muy diferente ahora; sobre todo porque ahora se me permite cantar como siempre he querido. Te da esa fuerza y te enseña a no entrar en pánico en el escenario. A veces tocas ante miles de personas y no siempre sabes qué sienten, especialmente si no conocen tu música, así que tienes que aprender a mantener la calma y seguir adelante. 

¿Los músicos con los que trabajas en el estudio son los mismos que veremos en tu gira europea y española? 

Callum Beattie: Los mismos músicos, exactamente. En Escocia tocamos ante miles de personas y estoy muy agradecido por ello, pero estamos intentando hacer lo mismo en otros países. España es uno de mis favoritos de Europa. ¿Por qué no querrías hacer una gira por España? Es perfecto. Queremos construir una base de fans allí, aunque los locales serán muy pequeños en esta etapa. Llevaremos a la banda, pero será algo más reducido. Normalmente llevamos coristas y un trompetista para los conciertos en estadios o en el Castillo de Edimburgo, pero esta vez será solo la banda básica. 

¿Cómo logras trasladar la riqueza de tu primer álbum, que tenía arreglos orquestales, al directo?

Callum Beattie: Bueno, para empezar, grabar una orquesta cuesta mucho dinero. Tengo un amigo en Nashville cuyo padre grabó a los artistas más grandes del mundo. El dinero no es algo que necesite, y resulta que soy su amigo. Así que cada vez que hay una sesión para, por ejemplo, Taylor Swift, él les pide que se queden un rato más y, por un par de cientos de libras extra, graban una de mis canciones. Soy muy afortunado. Sin embargo, en directo tenemos que usar pistas grabadas. Tenemos una violinista en la banda que tiene un pedal con el que hace que parezca que hay más gente tocando. Es la única forma; si no, tendría que llevarme una orquesta de gira y no es viable. 

Ahora estás llevando tu música a nuevos países. ¿Cómo cambia la experiencia cuando tocas para un público que te descubre por primera vez, como en España?

Callum Beattie: ¿Cómo cambia mi enfoque, quieres decir? En nada, en realidad. Tendré que hablar más despacio en el escenario y con claridad por si mi acento escocés es difícil de entender, pero nada cambia. Es el mismo espectáculo, solo que en otro país. He aprendido algunas palabras en español, así que traduciré algunas canciones y ya veré qué tal suenan. Ustedes decidirán. 

Creemos que tu música puede tener un gran éxito en el futuro y que tocarás en grandes pabellones y estadios. ¿Estás preparado para ese gran éxito? 

Callum Beattie: Bueno, me he estado preparando toda la vida para ello. Ya ha pasado en Escocia, lo cual es maravilloso. Pero hay que ver qué tiene Dios planeado para mí. Tengo mis ambiciones y creo que sucederán cuando tengan que suceder. Cuando miro atrás, las cosas que me decepcionaron en su momento resultaron ser algo bueno; doy gracias de que no pasaran porque, de haber sido así, no habrían surgido otras oportunidades. Creo que hay un plan espiritual superior. Hay un dicho escocés: "Lo que es para ti, no te pasará de largo". Si es para mí, perfecto. Y si no, habrá una buena razón. 

Y una última pregunta: ¿qué te gustaría que sintiera la gente al escuchar tu música, ya sea en disco o en directo? 

Callum Beattie: Me gustaría que sintieran que han llegado a conocerme como persona, porque yo escribí todas mis letras y son reales; tratan sobre mi vida. Si las escuchas, sabrás muchísimo sobre mí. Gracias por tu tiempo y por tus respuestas. Nos vemos en tus conciertos en España y gracias por tu música. Mi novia es venezolana, así que sé un poco de español, pero me daba demasiado miedo intentar hablarlo con vosotros hoy. Pero en España lo intentaré. ¡Gracias!

50 años del debut de los Ramones


Por: Guillermo García Domingo. 

Hace un par de meses nuestra revista entrevistó a Chencho Fernández, el magistral músico sevillano, quien, no sin cierto enojo, defendió que el punk no nació en la Inglaterra del descontento, sino en Nueva York (que como todo el mundo sabe no está en EE.UU.) Incluso se podría concretar aún más, y situar el epicentro del terremoto punk en el barrio de Queens, de donde eran este grupo de chavales inadaptados que se hicieron llamar los Ramones, haciendo un guiño más o menos manifiesto a los Beatles. No obstante, habría que evitar subestimar el papel que desempeñaron otros grupos norteamericanos a la hora de generar la situación propicia para la aparición disruptiva del punk, en su doble expresión, como actitud existencial y como movimiento musical.

Para aquilatar su firme punto de vista, Chencho recurrió, naturalmente, al mejor oráculo (blasfemo) que existe, la biblia de “Por favor, mátame”, la historia oral del punk reunida por McNeil & McCain. Además de este libro, he consultado el cómic francés “One Two Three Four Ramones” de Cadène/Bétancourt y Cartier (dibujante). 

La decepción social de los jóvenes con la generación de la posguerra que les precedió, y sus valores cada vez más mercantilistas y conservadores, no era un fenómeno exclusivamente británico o europeo, en Norteamérica también existía, y fue uno de los elementos desencadenantes de la contracultura. De la que los Ramones fueron una expresión salvaje y directa. Un “ataque relámpago” como el de la sempiterna canción inicial del álbum (“Blitzkrieg Bop”). Dee Dee, Joey, Tommy y Johnny, especialmente el primero y el último, provenían de la marginalidad. Cada uno de ellos gozaba de una personalidad carismática, muy diferente a la de los restantes miembros, lo que conduce a pensar que fue algo milagroso el hecho de que convergieran con el fin de realizar este disco y que siguieran tocando más adelante, pese a las disensiones que siempre caracterizaron la convivencia dentro de la banda. Su álbum de debut contiene temas dedicados al malvivir de yonquis, así como alusiones a la prostitución masculina y a la violencia callejera. Debido a esta “honestidad brutal”, los Ramones representan, sin duda alguna, la iconoclastia juvenil más descarnada y auténtica. Resulta tan desconcertante como hermoso que esta panda de jóvenes inadaptados disfrutara de tanto éxito.

Y para conseguirlo les bastó media hora. El resultado de apenas dos días de grabación. Ninguno de los catorce temas se extendía más de dos minutos y medio. Se trataba de “salir y tocar”, según Danny Fields. Ese fue el consejo que les ofrecieron a los miembros de The Clash, antes de que los británicos se constituyeran como banda, durante su gira británica, unos meses después de la publicación en abril de este disco homónimo. Aunque la música de los Ramones ha nacido para ser interpretada y experimentada en vivo, esta grabación es intachable, y transmite esa naturalidad y esa ausencia de sofisticación impostada que los Ramones hicieron suyas.

Perdura demasiado la engañosa impresión de que los Ramones eran unos músicos aficionados, pero, con el paso de los años resulta incuestionable que tomaron decisiones acertadísimas: que Tommy se pusiera a la batería, aunque después fue el primer Ramone en largarse, el logotipo inolvidable que diseñó Arturo Vega, un tipo fascinante, sin el cual no se puede entender a los Ramones, su vestimenta que quedó para siempre retratada en la fotografía de la portada, realizada para la revista Punk por Roberta Bayley, y por encima de todo ese rasgueo continuo, a una velocidad vertiginosa, de las cuerdas de la guitarra, como si la mano fuera la dinamo que sostenía el funcionamiento de aquella, y no la electricidad a la estaban enchufados los instrumentos. También es verdad que cuesta creer que, en esa “cueva infame”, alguien describió así este local del Bowery, pagaran religiosamente la factura de la luz. Ellos patentaron para siempre esta forma de tocar. Conviene decir que los Ramones renovaron el legado de los Beatles, de los Eagles y sus armonías vocales, ¡y la pasión por el surf!, y también está en deuda con otros grupos y artistas precursores del rock de principios de los sesenta. Sabían lo que hacían más de lo que piensan algunos resabiados.

Hay que agradecerles a Los Ramones que no se lo pensaran dos veces, que salieran y tocaran. Desde el momento en que lo hicieron se quedaron en nuestras vidas. Han transcurrido 50 años, y todavía siguen ahí, sobre el escenario, eternamente jóvenes, dispuestos a no hacer caso a nadie.