Fontaines D.C. en el momento perfecto


Movistar Arena, Madrid. Jueves 22 de octubre de 2026. 

Texto y fotos: Javier González.

El pasado jueves Fontaines D.C. demostraron sobre las tablas del madrileño Movistar Arena que son la banda del momento en lo que al panorama rock internacional se refiere. Su concierto resultó absolutamente rotundo en lo tocante a las canciones, sin regalar apenas momentos de tregua a un respetable que desde primera hora dejó claro que los irlandeses gozan de un predicamento que solamente los más grandes son capaces de arrastrar tras de sí. 

Y es que el público que sigue a la banda de Dublín es totalmente transversal en edad, estética y gustos aparentes, siendo el único elemento vertebrador entre aquellas personas que sigue su música la comunión mesiánica que comparten hacia la banda capitaneada por Grian Chatten, quienes parecen haber encontrado el secreto de alquimia poniendo la banda sonora ideal a un mundo decadente al que cantan con una síntesis que reúne un enorme poder de evocación, análisis crítico y una visceralidad repleta de poesía que cala bien hondo. 

El concierto que presenciamos anoche no fue perfecto, ni mucho menos, radicando en dicho aspecto parte de su radical belleza. De hecho, podríamos criticar tanto la duración, apenas hora y media, como el sonido, manifiestamente mejorable en ciertas fases, algo que no restó un ápice de emoción a la enorme catarsis que vivimos en cada uno de los temas que se interpretaron. 

Otro detalle mejorable podría haber sido la elección de unos teloneros distintos. Realmente, Chalk, el voluntarioso dueto procedente de Belfast que tuvo la fortuna de abrir la velada no llegó a calentar al personal con su post-punk electrónico, a ratos bailable y por momentos distorsiono, ni tan siquiera con la calidad de canciones interesantes como “Pain”, “Static” y “Longer”, con la que dieron por concluido su corto set-list. 

La espera hasta que las luces se desvanecieron para dar paso al plato principal se hizo relativamente larga, pero mereció la pena, vaya si lo mereció, puesto que el público respondió en cuanto los Fontaines arrancaron con los primeros acordes de “Tongue”, atacando la superficialidad de la sociedad actual con su teclado juguetón, antes de que el abrasivo riff inicial de “Here´s the Thing” pusiera a arder casi literalmente el viejo palacio de los deportes capitalino, a la que siguió la crudeza de “Nabokov”, los teclados etéreos y el bajo retumbón de la genial “Marianne”, con su innegable parentesco con algunas de las mejores piezas del “Disintegration” de The Cure, y la muy celebrada “Boys in the better land”, alejada sonoramente de su actual propuesta con la que, sin embargo, comenzó un pogo colectivo que nos quitó unos pocos años de encima de un plumazo. 

Siguieron sacando lustre a su discografía con la interpretación de “Jackie Down the Line”, enorme trallazo que sigue funcionando como la primera vez que la escuchamos, la opresiva belleza poética que encierra “You Miss Me” y “Roman Holiday”, momento en que ya teníamos la certeza de que la banda había adquirido un nuevo estatus. 

Ahora al observarlos se ve una mayor seguridad, marcada por una actitud en escena que les sienta como anillo al dedo. Con un Conor Curley a la guitarra parapetado tras sus gafas con gesto serio, respetando los cánones de cualquier rock-star que se precie, Connor Deegan III, al bajo, poniendo la nota exótica con su estética, Tom Coll, llevando el peso de la maquinaria a la batería, ajustado y sin alardes innecesarios, siempre efectivo; y un Carlos O´Connell, para quien siempre es un placer tocar en la ciudad que le vio nacer y al que los hijos del foro miramos con especial cariño al reconocerle uno de los nuestros, todos ellos al servicio de Grian Chatten, quien, haciendo gala de un furibundo orgullo irlandés a través de símbolos patrios como el trebol y la bandera tricolor que portaba en su micro, sabe arengar a las masas con unos pocos pero efectivos trucos, pese a encontrarse todavía a muchos kilómetros de distancia de grandes mitos y prestidigitadores escénicos como el chamánico Nick Cave. Tiempo al tiempo. 

“In the Modern World” sonó rotunda y mayúscula, robándonos el aliento a miles de personas mientras hacíamos nuestros los delicados coros que con tanto mimo regalaron Connor y Carlos, las maneras góticas del desamor patente en “Happy for You” nos rompieron por dentro, cerrando tan bien escogido tridente con el fascinante epílogo representado por “Big Shot” dotada de un ritmo arrastrado magnético. 

Convirtieron el enorme recinto capitalino en una auténtica pista de baile con la novedosa “Mimesis”, donde miran directamente a los ojos a bandas a propuestas tan reivindicables como The Lords of New Church y su “Dance With Me”, y con “Bug”, otra de las tonadas que no necesitan presentación alguna y cuyos fenomenales coros supusieron un karaoke colectivo, a la que siguió “Favourite”, dejando como última canción antes del bis a “Where is Gone?”, la oscura balada en la que colabora nuestra Rosalía, retrotrayendo inequívocamente a clásicos como Nancy Sinatra y Lee Hazlewood, lástima que no pudiéramos disfrutar de la presencia de la catalana, pese a lo cual la composición consiguió relucir con abrumadora grandeza. 

Excesiva se hizo la espera para que regresaran al escenario, compensada de sobra con los ambientes crepusculares y melancólicos de “Japan”, un bello anticipo de la no menos genial “I Love You”, de entre las favoritas del público, y un cierre un tanto desigual donde interpretaron la bestial “Starbuster” y “Six Shot Morning”, que probablemente hubiera lucido más en otro pasaje de la noche, con la que ahora sí dieron por concluida la actuación ante el clamor del público capitalino.

Pasará el tiempo y muy probablemente todas las personas que estuvimos presentes en el concierto del pasado jueves recordaremos haber visto a Fontaines D.C. justo en el momento perfecto que representaba dicha noche, cuando eran una máquina de facturar himnos que ponía banda sonora a nuestros días más inciertos. Aunque pensándolo bien, cabe la posibilidad de que la próxima vez toquen dos horas y cuarto, como se exige a la grupos de su categoría, incluyendo en el set-list otra buena tanda de hits que anoche se quedaron fuera del listado final. Sea así o no, muy probablemente la mayoría repitamos experiencia en su próxima visita, pero mucho nos tememos que serán en un recinto con aforo mayor, porque de lo que no cabe la menor duda es que Fontaines D.C. continuarán con su ascenso durante un tiempo más.

Una oda sentimental a The Strokes


Palau Sant Jordi, Barcelona. Martes, 20 de octubre del 2026. 

Texto: Elisenda Hernández Janés. 

Fotografía: Christian Bernard.

Mientras nos preparábamos para el concierto de The Strokes en el Palau Sant Jordi, mi pareja me confesó que le daba cierta pereza. No pude evitar picarme. Si no le hacía ilusión, podría haberse quedado en casa y nos habríamos ahorrado el canguro, dije, y ya en ese momento intuí que mi tono destemplado escondía algo más a lo que no supe poner nombre. Lo dejé correr: Yo misma había descuidado a los Strokes durante estos últimos años y si bien tenía muchas ganas de verlos, mi ilusión no era la misma de antes. Yo tampoco lo era: ya cumplidos los cuarenta, con la cabeza llena de preocupaciones domésticas, suponía menor el espacio mental disponible para el fervor de otros tiempos. ¡Me equivocaba! 

Llegó la hora y los de Nueva York tomaron posiciones en un escenario que se mantendría en brumosa penumbra durante toda la actuación, una decisión deliberada a la vista de la indefinición de las imágenes que proyectaban las pantallas. Sorprende el aspecto de Julian Casablancas: gabardina negra, gafas y guantes oscuros, la estrella del rock del crepúsculo, el rugido implacable al caer el sol. Una figura enigmática entre sus compañeros de atuendo más mundano: Fabrizio Moretti a la batería, Albert Hammond Jr tras su guitarra, también Steve Schiltz, en sustitución de Nick Valensi, que ha dejado el grupo por un tiempo. El toque de color lo daba el chubasquero fluorescente del que, paradójicamente, siempre ha sido el más discreto del grupo: el bajista Nikolai Fraiture.

Desde el arranque con "Tyrants of the Mellow Moon" ("Reality Awaits", 2026) se intuye, por la contundencia y precisión de la interpretación, que se avecina un conciertazo. Pero al margen de los méritos de ese último disco 一que los tiene y se multiplican a cada escucha一 son los temas antiguos los que palpitan más fuerte por dentro. Bailoteos, estribillos a voz en grito y, en mi caso, combustible que pone a funcionar a todo trapo la maquinaria de los recuerdos. Me dispongo a darle cancha, mis disculpas de antemano por ello. 

Las guitarras dialogantes de "Reptilia" me envían de cabeza a las sesiones de dj Amable en el Razzmatazz: algarabía, chaquetas de galones, Converse que se resisten a despegarse del suelo pringoso. "Automatic Stop" me devuelve una imagen muy concreta: la de mi hermana y yo con la mirada enterrada en el librito del CD de "Room on fire" (2003) aprendiéndonos de memoria la letra de esa canción como quien estudia para un examen. Corrían los tiempos de la guerra de Irak, los móviles sin internet; en mi caso, los primeros pasos por las aulas universitarias y los amplificadores en el comedor de casa tocando 12:51 (Yo la guitarra de Albert Hammond Jr, Ana la de Nick Valensi). Nos preparábamos para el concierto en la Vall d’Hebron en el que los veríamos poco después, con los teloneros de lujo British Sea Power, ante un público sorprendentemente apático entre el que nos esforzamos por mostrar nuestro alborozo. Queríamos que Julian nos viera y mi hermana asegura que así lo hizo, ¡bendita estupidez de juventud! 

Un año atrás, recién detonada la explosión del "Is this it" (2001), había intentado ir a verlos en su paso por Barcelona. No pudo ser: la amiga que se encargaba de comprar las entradas volvió de El Corte Inglés con el rabo entre las piernas. La cola era la misma que la de la gira de OT y daba la vuelta a la manzana. ¿Que por qué no las compramos en alguna tienda de la calle Tallers, en las que no habríamos tenido ese problema? Porque éramos unas pardillas de diecisiete años, imagino. De nada sirve lamentarse a estas alturas: los hits atemporales de su debut salieron al encuentro, tanto tiempo después. "Last nite", convertida en indiscutible himno generacional. "Take it or leave it 一And girls act too much, and boys act too tough, enough is enough!" 一 "New York City Cups", "Someday", con su bullicio de barra de bar y cigarrillos entre risas, como los del videoclip que siempre pasaban por la MTV2 y que yo veía al caer la noche en casa de mis padres. En una de esas veladas los descubrí: interpretaban en directo "Hard to explain", la primera canción que conocí de ellos y, tal vez por eso, mi favorita. Recuerdo el desconcierto ante ese bramido, el contraste entre los trajes chaqueta y la voz asalvajada. Poco después, mi amiga Karina me la grabaría en un recopilatorio 一¡qué buena, me encanta esta canción! 一 La cantaríamos con la letra equivocada 一"Listen Caroliiiiiiiiiiiina" 一porque eso era lo que creíamos que decían por entonces. 

Sonó "Juicebox" y recordé cuando estrenaron el videoclip en la televisión inglesa el año en que me fui de Erasmus. Lo anunciaron a bombo y platillo: ¡Esta noche emitimos lo último de The Strokes! Mi amiga María y yo lo contemplamos en silencio, con la atención devota de un feligrés en su iglesia. Nos sorprendieron todos esos cambios melódicos y la sordidez del videoclip, con gente medio follando. Comentamos la jugada, ¿Qué te ha parecido? Coincidimos en que era raro y nos fuimos a dormir, ya era tarde. Comprendo nuestra reacción: aquello era diferente a lo que habían hecho hasta ahora. Más crudo, menos accesible. Sonaba como una apisonadora y así lo hizo de nuevo la otra noche en el Palau, con la alfombra del bajo y la batería abriendo paso en una espera casi angustiosa, el alambre de la guitarras y el puente in crescendo tras el que Casablancas se despeña sin mirar atrás. Sonaron varias de ese otro gran disco que es "First impressions of earth" (2006) 一"Heart of cage" , "You only live once"一 lo pedí para reyes aquel año y me lo llevé de vuelta a Nottingham, paseaba por las calles lluviosas con el discman en el bolsillo del abrigo al ritmo de "If I can see the sunshine… I’ll be waiting for you baby".

Pasaron de largo por el disco "Angles" (2011), que la crítica dejó por los suelos pero que a mí siempre me gustó. En especial, por ese bombazo llamado "Taken for a fool", que no sonó en el Sant Jordi pero sí en el Primavera Sound del 2015, en el que Julian salió con pelos de macarra extraño y la camiseta de la segunda alineación del Barça. ¡Sigamos! Suena "One Way Trigger" ("Comedown machine", 2013) y sus agudos imposibles, que disfruté de lo lindo a pesar de no haberlo hecho cuando salió. ¿Pero qué es esto?, recuerdo comentar por entonces. ¡Es una mezcla de A-ha y "El muelle de San Blas"! "The adults are talking" me traslada a los tiempos de la pandemia en el que sacaron su estupendo "The New Abnormal" (2020). No hacía mucho que me había convertido en madre, pero me las arreglé para poder ir a verles al Primavera Sound del 2022, una edición especial que se dividió en dos fines de semana consecutivos. Su cancelación por un brote de covid fue un golpe doloroso, más aún que a los que teníamos abono de tres días no se nos permitiera asistir al concierto de la segunda ronda, que sí acogió a los que tenían abono de un día. Tremenda injusticia, pero no nos hagamos mala sangre. 

Las canciones siguen una tras otra, eternas y efímeras como todas las cosas buenas de la vida y me reencuentro con los Strokes y con la exaltada melomanía: conmigo misma, en definitiva. Entiendo ahora que mi malestar de hacía unas horas no tenía nada que ver con esa canguro que podíamos habernos ahorrado sino con el sentir menospreciado algo íntimo y valioso. Me giro con intención de decírselo a Joan, pero la expresión de satisfacción de su rostro, completamente entregado al abrazo de los de Nueva York, hace absurda cualquier aclaración. El concierto llega a su fin, ¡no, por favor! El primer bis es "Ode to the Mets": el domador de fieras contiene su propio rugido, que suena ahora a súplica y a partida. "Listen one time, it’s not the truth, It’s just a story I tell to you". Tampoco esta es la verdad de lo que sucedió la otra noche, tan solo la historia que yo viví y llevaré conmigo. A veces uno deja de reconocerse en las cosas que un día le hicieron feliz. Otras, basta con el empujón del reencuentro. Me remito de nuevo a Julian y a su lamento de despedida : "I needed you there, I needed you there, but I didn’t know, I didn’t know".

Las diez mejores canciones de Patti Smith


Por: El Giradiscos.

Hoy, viernes 23 de octubre de 2026, la artista Patti Smith, nacida el penúltimo día de 1946, va a recibir en Oviedo el Premio Princesa de Asturias de las Artes. Ya lo recibieron antes que ella otros cantautores como Joan Manuel Serrat y su amigo Bob Dylan. Tiene mucho sentido que ahora lo reciba ella no solamente por su contribución a la música, sino por otras facetas artísticas en las que ha destacado. Sus dos libros memorialistas son extraordinarios, el más reciente “Pan de ángeles” (2025) ha logrado recibir tantos elogios como en su día lo hizo el inolvidable “Just Kids” (“Éramos unos críos”); sus relatos, sus letras, sus poemas en prosa, sus cuadros y fotografías dan fe del increíble mundo interior de esta artista inagotable. Este premio no solamente se lo dan a ella sino a todos los que se rebelaron contra lo establecido y erigieron la contracultura norteamericana, por ello junto a ella subirán a recoger el premio su adorado amigo Robert Mapplethorpe, su marido Fred “Sonic” Smith, fundador de MC5, el dramaturgo Sam Shepard, y hasta Joey Ramone con sus andares desgarbados. Para celebrar el acierto de este premio y sumarnos a este merecido homenaje queremos ofreceros las que son, a nuestro juicio, las 10 canciones más representativas de la Patti. Las hemos ordenado por orden cronológico. 

“Gloria: In Excelsis Deo”

La conocida canción de Patti Smith fue incluida en su primer álbum Horses (1975). Más que un incondicional amor por el éxito de los Them de 1964, y que cierra los conciertos actuales de Van Morrison, lo que Patti buscaba en este tema de tres acordes (E/D/A) era el ancho marco donde expresar su poema “Oath” (1968). La canción posee un mensaje claro de su rebeldía y posición en el arte: “Jesus died for somebody’s sins, but not mine”. Un contraste entre lo religioso y lo pagano que culmina con el estribillo: “Gloria”, como culmen del desafío e inconformismo de la cantante frente a un mundo hostil. Todo muy punk lírico.

 

“Free Money” 

Otra de las canciones que han erigido a "Horses" (1975) como a una obra maestra es esta maravilla titulada "Free Money" coescrita junto al guitarrista de su banda de entonces, Lenny Kaye. Con un arranque al piano a modo de balada, el tema se transforma hacia un huracán proto-punk desatado. Su letra narra la ansiedad de sus días sobreviviendo en la dura New York de los setenta antes de dar el salto a la fama, con esos anhelos de obtener el dinero que le daría la libertad y le alejaría del sufrimiento. Una canción titánica desde las guitarras abrasivas, a los redobles de batería y a los cantos de desesperación de esta artista con letras mayúsculas.

 

“Birdland” 

“No, papá, no me dejes aquí solo” (“No, daddy, don't leave me here alone”), canta Patti Smith en “Birland” de su primer álbum Horses. No es la más fácil de escuchar. Son nueve minutos, que para hoy parecen una barbaridad. No es la canción más popular, pero según lo veo, es el tema más definitorio y el mejor ejemplo del estilo de música y por tanto de la idea de concierto en directo que ella describe cuando habla de aquellos años. Empieza con unas notas de piano, dulces, y su voz dulce arranca recitando, “Su padre murió”. Patti, palabras, acordes,… Como los rapsodas, como los juglares, los recitadores del Corán o los versolaris, va avanzando en el texto, se eleva, va tomando forma de lamento, se quiebra, suplica: “Oh, subamos, arriba, llévame, subiré, estoy subiendo” (“Oh, let's go up, up, take me up, I'll go up, I´m going up”). Un tema igual de catártico dio título a su segundo LP: “Radio Ethiopia”.


“Kimberly” 

Tal vez para descubrir el secreto de la trayectoria de una artista tan longeva, por fortuna, como Patti Smith haya que regresar a su infancia. La artista creció en un único hogar, aunque pasara por muchas viviendas, lleno de privaciones, salvo una, siempre fue amada por sus padres, y sus hermanos y hermanas. Este hecho resultó decisivo: las carencias materiales sublimadas por el amor y la imaginación literaria. Una infancia y adolescencia que, salvando las distancias, ella encontró reflejadas en “Mujercitas” de Louisa May Alcott. Ella, por su parte, se convertiría en Jo March. Esta bellísima canción está dedicada a su hermana pequeña y sus “ojos sembrados de estrellas”, tan alegre como ella y de salud tan frágil como la suya, a la que tantas veces cuidó durante sus graves ataques de asma. Lo que obligó a que sus padres tuvieran que ofrecer su perro y su gata a otras familias. Lo que pasó con el perro Bambi, compañero de vida de Patti Smith, puede encontrarse en su último libro de memoria y también en el capítulo titulado “Mil novecientos cincuenta y siete” de “Tejiendo sueños”.

 

“Pissing In A River” 

El segundo trabajo de la poeta y cantante "Radio Ethiopía" (1976) fue un disco crudo y visceral, grabado como Patti Smith Group. En él encontramos esta escatológica canción en la que orinar en un río es una metáfora de desprenderse de algo muy personal e íntimo y dejarlo llevar por la corriente. En esa época Patti aún estaba con el fotógrafo Robert Mapplethorpe, con quién tenía una relación artística y amorosa complicada - descrita en su libro "Éramos unos niños"(2010) - , que quiso reflejar en esta letra en la cual quiso expresar la vulnerabilidad del amor y de la entrega. De nuevo Patti nos canta desde sus entrañas.

 

“Because The Night" 

Incluido en su tercer disco Easter (1978), es, sin duda, el mayor éxito en la carrera de Patti, versionado decenas de veces por grupos como 10.000 Maniacs, Sonic Youth o Garbage. La canción conforma un himno amoroso a la noche y a la pasión, pues la artista esperaba una llamada de su novio Fred “Sonny” Smith, de MC5. La génesis es una composición de Springsteen para Darkness on the Edge of Town (1977), que fue desechada. El productor, Jimmy Lovine, producía en esos momentos “Easter”. Bruce se la cedió a Patti, quien adaptó la letra según sus sentimientos. Más tarde Bruce la incluyó en su disco recopilatorio “The Promise” (2010). 

 

“Dancing Barefoot” 

"Wave" (1979) es el cuarto disco de Patti, y el que cierra su época clásica antes de su retirada para criar a sus hijos. Un álbum que incluye una de sus mejores canciones de su carrera "Dancing Barefoot", una pieza hipnótica influenciada por el legado poético y musical de Jim Morrison que habla (como indica su título) de bailar descalzo, expresando libertad pero también la vulnerabilidad humana y la conexión con la tierra, pero que algunos han interpretado en la conexión ser humano y divinidad. La frase "makes me come on like some heroine" no gustó nada a la discográfica que quiso que su autora la cambiara por la confusión de heroína, mujer excepcional, con la droga dura.

 

“Frederick” 

El primer single de "Wave" fue esta canción dedicada a Fred "Sonic" Smith, guitarrista de los legendarios MC5, y quien se convertiría en su marido y padre de sus hijos. Una oda al amor de quien consideró "su alma gemela" tal y como es retratada en sus obras autobiográficas, especialmente en "Mr. train" (2015) y en "Pan de ángeles" (2025), ésta última centrada en el momento en el que la pareja (Patti y Fred) se fueron a Michigan a formar un hogar y una familia. Esto sucedió justo después de publicarse esta canción y álbum. Años después, en 1994, Fred murió de un fulminante ataque al corazón, dejando a Patti con su gran amor. 

 

“People Have The Power” 

Este himno popular de Patti Smith, compuesto para que sirviera de punto de lanza de “Dream of Life” (1988) recuerda a los himnos políticos que la década anterior grabó John Lennon, otro gran neoyorquino adoptivo al igual que Patti. Pese a la exaltación que produce es una canción creada en unas circunstancias muy difíciles para Patti, la más preocupante de todas era la de la enfermedad de su adorado amigo Robert Mapplethorpe. Aunque resulte difícil de creer no tuvo el éxito esperado en su momento. Era cuestión de tiempo que la gente la escuchara de verdad y la adoptara. Desde la época de Reagan en adelante la canción ha acompañado a todos los movimientos de protesta dentro de EE.UU. y fuera de sus fronteras.

 

“A Hard Rain's Gonna Fall”

Todo el mundo sabe que esta canción no es de Patti Smith sino de Bob Dylan. Es una de sus mejores canciones en su etapa inicial folk y contestataria. Pero se ha merecido un puesto en esta lista porque su interpretación en vivo en una ocasión especial puso de manifiesto la personalidad de la cantante de Chicago. Fue interpretada en la ceremonia del Premio Nobel de Literatura concedido a Bob Dylan en Estocolmo en 2016. En lugar del músico acudió su amiga, lo que además supuso toda una declaración de intenciones. Durante la interpretación de la extensísima canción del bardo, Patti, en un momento dado, olvidó la letra de esta maravillosa letanía, pero su reacción fue tan extraordinaria que el público no pudo menos que reconocer la maestría de la compositora y su espíritu tan modesto como invencible.


Sarria: “Mi Plan”


Por: Javier González. 

Recuerdo con absoluta nitidez la primera vez que me encontré en persona con Nacho Sarria. Fue en la sala “El Sol” la noche que en que Álvaro Suite presentaba su primer trabajo en solitario, “La Xana”. Me sorprendió lo imponente de su planta y la estética de rockero que gastaba. La realidad es que no sabía quién era, pero tuve claro que aquel chaval tenía que ser alguien del mundillo musical con solamente reparar en su atuendo. 

Más tarde reconocí su fotografía en redes y me fui enterando de la peculiar historia que tenía detrás. De cómo siendo prácticamente un adolescente se convirtió en el guitarrista titular de Los Labios, banda que capitaneaba Sammy Taylor, el hijo de Silvio Fernández Melgarejo, el mítico rockero sevillano, sustituyendo al ya citado Suite al frente de las seis cuerda, llegando a embarcarse con ellos en una gira que los llevaría a suelo norteamericano recorriendo parte de la histórica costa Oeste, persiguiendo con determinación desde tierna edad el sueño de convertirse en músico en la tierra que tanta literatura había legado a la historia del rock. 

Posteriormente, por azares del destino, supe que en poco tiempo saldría al mercado el que sería su  disco de debut, “Sarria”, donde presentaba una buena colección de medios tiempos en los que plasmaba su amor por la psicodelia, que tuvo más que digna continuación en “El Mundo es Cruel (pero creo en él)”, trabajo en que ampliaba los matices de la paleta sonora mostrada, acercándose decididamente a raíces más negras, una evolución que ratifica en la nueva colección que hoy nos ocupa. 

La misma lleva por título “Mi Plan”, una tercera toma de contacto donde abraza con fuerzas renovadas la herencia del soul más clásico enlazando con las veleidades blancas de nombres como David Bowie (principalmente en discos como “Young Americans” y “Station to Station”, sin perder de vista matices más amplios que se muestran en álbumes del londinense como “Low” o “Let´s Dance”) y moderneces varias como las de Temples, explorando la fusión más elegante que surge del cruce de caminos entre funk y música disco, sin dejar de lado el rock psicodélico sintetizado, todo ello contado desde una perspectiva soleada, optimista y sincera con la que escribe un nuevo capítulo dentro de un círculo vital que le mantiene, peldaño a peldaño, en la pelea por hacerse con un hueco dentro del panorama musical, un anhelo que sigue persiguiendo con el mismo empeño, bondad y sinceridad que un día vimos reflejarse en la ilusión que desprendían sus oscuros y grandes ojos marrones, los cuales no escondían lo que realmente siempre nos ha parecido Nacho, que no es otra cosa que un buen chico malagueño. 

Once canciones que entablan una conversación con las composiciones incluidas en sus anteriores trabajos pero que lo hacen de una manera “guadianesca”, puesto que por momentos el hilo conductor parece perderse para volver a aflorar a continuación; en las mismas Sarria sigue escribiendo desde lo más profundo del corazón sus inquietudes y recelos, pero siempre con la firmeza y la serenidad de quien ve una luz al final del túnel, asumiendo los golpes y peajes de la vida, pero incitándonos a seguirle, algo a lo que nos invita en la inicial “Mi Plan”, arropado por una trepidante base rítmica y unos teclados muy presentes, que en ocasiones son complementados por una guitarras más furiosas de lo que pueda parecer en primeras escuchas, y en “Cambiando mi forma de Ser”, con la que los seguidores del artista andaluz tomarán conciencia de uno de los primeros grandes cambios que ha llevado a cabo, puesto que aquí se ha dejado atrás la habitual preeminencia de los medios tiempos en su discografía para acabar por dar forma a un trabajo que no da apenas tregua. 

Los primeros ramalazos funk asoman en “Artificial”, donde aboga por recuperar la piel y el pulso vital que hemos dejado atrás por la imposiciones de este maldito siglo XXI, en el marco de un tema que apuesto hará subir mucho el ambiente y la temperatura de sus directos, mezclados con los aromas casi disco de la genial “Agua Salada”, en la que es complicado no imaginarnos a Nacho disfrutando de las playas malagueñas, mientras toma distancia del estrés y lo agitado del ruido de un mundo vacío y loco, cerrando la canción como si Carlos Alomar no solamente produjera como ya hiciera a Soda Stereo, sino que también grabara las guitarras del mismo, aunque pensándolo bien, para eso ya estaba el bueno de Gustavo Cerati, perfectamente enlazada con los aromas distendidos de “Todo está Saliendo Bien”, donde sobresale una base plagada de groove que deja en el paladar un dulce regusto a soul de alta gama. 

Las luces de la pista de baile vuelven a relucir con los primeros acordes de “Quiero vivir más Lento” y “Sé que no sé lo que Hago”, invitando al ritmo y a menear el pie mientras acompañamos la escucha, sobre todo en la segunda de las citadas con ese wah-wah juguetón que taladra el cerebro colocando entre ellas la psicodélica “Sin Ti”, encerrando parte de los pasajes más oscuros y obsesivos del disco, antes de que los aromas Motown de la amorosa “Acostumbrado a Ti” rebaje la pulsión y nos regale un clásico instantáneo con hechuras de himno idóneo para noches de pasión desmedidas, atención a la categoría de los coros y a lo bien engarzados que aparecen cada uno de los elementos del tema, perfecta de principio a fin. 

Encaminamos el final del álbum con la sorprendente “Luces Blancas”, donde Nacho logra sacar de su cueva a Ángel Stanich, nuestro ermitaño favorito, marcándose un híbrido imposible entre el “My Girl” de The Temptations y el “Heroes” de David Bowie, regalando otro pedazo de tema, previo al subidón que supone “Perder el Control”, abrazados a un falsete envolvente que se sustenta en otra lección mayúscula de buen tino repleta de un groove majestuoso, cerrando el disco por todo lo alto y dejando al oyente con la sensación de necesitar más pedacitos del pastel.  Y es es inevitable necesidad de “más pedacitos del pastel” el síntoma inequívoco de que estamos ante uno un trabajo redondo, adictivo y liberador. 

Con “Mi Plan”, Sarria rompe el corsé de los medios tiempos y se corona como un maestro del groove en castellano, firmando una colección de canciones que están llamadas a incendiar las salas de conciertos en una próxima gira que será la más movida de cuantas ha realizado. El malagueño asume los peajes de la vida, sí, pero los ha transformado en baile, optimismo y elegancia pura. El viaje desde la psicodelia hasta este oasis luminoso ha valido la pena. Quédense con su nombre y busquen el roce de su piel en el directo; el plan ya está trazado y les aseguro que no querrán quedarse fuera de sus ritmos envolventes.

“Residencia” de Chencho Fernández en el Rincón del Arte Nuevo (Cap I): “Canciones emblemáticas”


Rincón del Arte Nuevo, Madrid. Domingo, 18 de octubre del 2026. 

Por: Guillermo García Domingo 
Fotos: Marián Bujanda Bravo. 

Antes de empezar el concierto Chencho escribió sin pretenderlo la crónica del mismo. Al llegar los primeros asistentes al lugar en el que estábamos citados nos recibió mientras comentaba que el Rincón del Arte Nuevo, en una de las calles más antiguas de Madrid, donde iba a tener lugar su concierto, se parecía a uno de tantos garitos del Greenwich Village de Nueva York. Lo que sucedió poco después en esta encantadora gruta con aspecto de conciliábulo para melómanos desesperados no hizo sino confirmar lo que nos había dicho en la antesala: un concierto medio desenchufado que recordó a esos conciertos, a menudo espontáneos y secretos, que en los años sesenta cambiaron el rumbo de la música popular. 

No sin cierta sorna Chencho ha bautizado esta pequeña gira madrileña de tres conciertos como “residencia”, emulando a otras “residencias” que todos conocemos a la fuerza pues atraen la atención de los grandes medios. El primer capítulo tuvo lugar la tarde del domingo, por fin de otoño, y estuvo dedicado a las “canciones emblemáticas”, y así fue puesto que escuchamos “Una buena noche”, “Y entonces lloré” y “Noche americana”, genuinos y deslumbrantes astros del universo chenchista. Pertenecientes a sus tres discos publicados hasta el momento, que estuvieron debidamente representados además de las mencionadas arriba por “Un hit” (la primera canción que degustamos), “Una muchacha rural” o “Radio Fun Club”, por decir algunas.

Como el último disco “Be my baby” ya se vislumbra y el pasado viernes, de hecho, fue difundido el adelanto de este nuevo trabajo, “Amor”, este tema fue interpretado por Chencho sin el concurso de su inseparable colega Israel Diezma. Esta balada extraordinaria, cantada a una marcha más lenta que en el estudio y sin el groove que con tanto acierto subraya su letra excelsa, como es costumbre ya en el músico sevillano, no desentonó sino todo lo contrario con el repertorio de la noche, así que habrá que considerarla a partir de ahora como una canción emblemática más.

A diferencia de otras “residencias” a Chencho le sobran los vatios que otros malgastan. Como él mismo se encargó de decir en varias ocasiones, doce cuerdas, la suma de las cuerdas de su acústica y las de la guitarra eléctrica prodigiosa de Israel Diezma, su propia voz y un foco bien orientado, son suficientes para convencer a los que nos presentamos a la llamada a las 18 horas debajo del viaducto de la calle Bailén. Las canciones, a causa de su valor intrínseco y la autenticidad de los que las defendían, se hicieron sitio con naturalidad en el interior de los que tuvimos la suerte de asistir a la convocatoria del maestro. En nuestros “adentros” se quedaron a vivir por tiempo indefinido. Antes de interpretar “El mar y la nada”, esa que empieza diciendo “los niños a lo lejos hacen castillos de arena”, Chencho se refirió a ella como una suerte de estampa de Sorolla. Uno de esos cuadros al natural que pintaba el artista valenciano, afincado en Madrid, en la playa de la Malvarrosa. El disco “Meridiano de Greenwich” (2024) huele a salitre del mar Cantábrico. Más adelante llegó el turno de “Una playa cantábrica” y “Sal de tu piel”, dos “marinas” pintadas por Chencho en directo. Sin embargo, nosotros nos encontrábamos a cientos de kilómetros de cualquier mar. Esto denota la capacidad evocativa de las composiciones de Chencho. 

Chencho tiene callos en los dedos de componer y tocar, pudimos verlos, y también se oía el chirriar de las cuerdas cuando los dedos se deslizaban, y el sonido de los pedales apretados por el guitarrista Israel Diezma, quien, como un guardagujas, cambiaba las vías e iba apostillando el paso del tren de “medio tiempo” que conduce el artista andaluz. El concierto no fue, en absoluto, de menos a más, la inspiración se coló entre los dos músicos desde el inicio, pese a que apenas había sitio, y allí permaneció ante el silencio reverencial de unos parroquianos, que ya eran chenchistas antes de entrar, y los que no lo eran, a buen seguro que salieron de la cueva encalada del Rincón siéndolo.

Chencho Fernández vive en las antípodas de las modas. Mientras que algunos necesitan amplificar la mentira y artificiosidad de sus propuestas musicales, Chencho se sirve de la desnuda verdad de sus canciones para conquistar terreno poco a poco, velada a velada. La siguiente cita será el 15 de noviembre, en el mismo lugar y a la misma hora con el propósito de “profundizar en el repertorio”, y después de lo visto, ya no hay excusa para faltar.

Hostia Pedagógica: “Homo Lamentábilis”


Por: Txema Mañeru. 

Conocí al trío de post-punk garagero de Barcelona el año pasado a raíz de la publicación de su primer single con doble cara Supuso toda una hostia en toda la puta cara. Ya entonces me llamó poderosamente también la atención su estupendo nombre. De hecho también se habían dado a conocer el pasado año con la presentación de su “Hostia Pedagógica EP”, con 4 atractivas canciones de presentación. Ya se vio que sus canciones sacudían de lo lindo con mucha sátira y retranca, cargadas de un humor realmente inteligente.

Ya entonces se anunciaba que iban a grabar su primer LP con la producción del prestigioso Paco Loco. Dicho disco ya está aquí y llama la atención desde la atractiva portada con la chula pintura de John Hoppner. La presentación sigue estando a la altura de lo habitual en su excelente sello, Limbo Starr. Por cierto, si te pasas por www.limbostarr.com comprobarás que van a reeditar, en una nueva y edición especial en doble vinilo de color blanco, el legendario “Actos Inexplicables” del primer gran nombre de la casa que fue Nacho Vegas en una especial edición 25 Aniversario. En el caso de los Hostia el vinilo es en elegante color marfil – naranja/amarillo y también trae una funda interior con todas esas destacadas letras impresas.

Otro aspecto muy destacable de este disco de 12 buenas canciones es la masterización de la prestigiosa Sarah Register. Una Sarah que ha trabajado con Depeche Mode, Big Thief, Garbage, Shame, Black Midi o The Shins y que toca en la banda de Kim Gordon, (ex Sonic Youth). ¡Y la verdad, el disco y la banda suenan como una santa hostia en todas las orejas! 12 canciones entre las que se recuperan las dos del nuevo single, convenientemente regrabadas y han recompuesto el mejor tema de su EP de presentación, "La Noria", que suena perfectamente empastada con el sonido de las nuevas canciones y del LP, en general.

El disco comienza con mucha fuerza, y criticando ácidamente los cada vez más abundantes discursos xenófobos en "Nativo de Turno". La situación laboral es un tema siempre candente, sobre todo entre la juventud. Por eso era normal recuperar el single "Abajo Con El Trabajo" con cachondeo asegurado ya hasta en su título y con ese slogan brutal que dice: “El trabajo dignifica… la piscina de tu jefe…”. Sigue sonando urgente, agresiva y con las guitarras de Xavier Javaloyas arañando en primer plano. La repetición del título es ideal para corear y jalear y en sus directos es una locura la euforia de sus seguidores. Ya entonces les comparábamos con bandas tan vigentes como Parquesvr, Mujeres, Idles, Biznaga, Fontaines DC, Amyl And The Sniffers, los más agresivos León Benavente o sus compañeros de escudería, Camellos. El narcisismo de la sociedad actual, con tanto selfish en los sitios más especiales, se refleja muy bien en "Caballo". "Miénteme Más" es el más reciente single y tiene un estribillo punk que es una gozada y lo convierte, sí, en un hit cargado de ironía y energía. Las guitarras arañan y se te van clavando muy adentro. Te entran ganas de chillar y retratan a la perfección la necesidad de exagerar las emociones en la era actual. Indie-punk con riffs contagiosos y otro tema que será momento destacado en sus rotundos conciertos. Un título tan rotundo y definitorio como "Si No Hubiera Mañana" habla por sí solo y sólo tienes que perderte en su historia antes de cerrar la cara A escondido en tu caparazón con "Ameba".

La cara B comienza con otro de los nuevos singles de adelanto. "Estás Roto" salió por mayo y tiene un guapo videoclip. Te rompe por dentro su ácida historia siempre con ese humor tan particular. Locura punk alucinada pensando en cuando tengan 56 o 46 años y superando los 4 minutos sin dejar de mantener la tensión y la energía en ningún momento. "Vendo Manual" fue el otro tema del single doble junto al citado "Abajo En El Trabajo". De nuevo guitarras saturadas y un ritmo brutal marcado por el bajo de Jordi sonando muy post-punk a lo Joy Division (o los primeros New Order) realmente espectacular. La genial letra se pierde hasta por pedaleos con la bicicleta. Mola, una vez más, el contagioso y guitarrero estribillo. Ya hemos hablado de otra buena recuperación como "La Noria", una “Tierna” historia familiar de lo difícil que es ser hijo, pero más aún padre o madre. Inquietante. Tonos más oscuros y post-punk con unos redobles de batería, por parte de Brian, realmente potentes y hasta con algunos punteos lacerantes con la guitarra. Siguen demostrando sus "Altas Capacidades" con rabia antes de lanzarse a su particular "Baile", justo antes de acabar demostrando su hastío punk con la rabia y la rebeldía de "Me Aburro". Muy cierto eso de que hacen post-punk para oficinistas pirómanos. ¡Yo añadiría que para pirómanos pirados en general!

Anni B. Sweet: “Alegría”


Por: Javier Capapé. 

Resulta complicado escuchar a Anni B. Sweet sin volver la mirada hacia los años sesenta. Lo suyo es moverse entre las coordenadas de la psicodelia y la canción melódica española. Un híbrido muy particular y genuino. Difícil de imitar. Precisamente en esta senda, sin apenas salirse de estas líneas, se encuentra su último álbum “Alegría”. Su segundo disco totalmente en castellano (tercero si contamos su colaboración en forma de largo con Los Estanques) se nos presenta como un conjunto de canciones vitales y cargadas de energía positiva, aunque con la fragilidad que caracteriza a su voz, que nos ofrece esa cara que podría mostrar el lado más vulnerable que todos arrastramos, aunque en este caso, Anni sería el antídoto o la faz amable con la que volver a levantar el vuelo. El título ya lo dice todo: “Alegría”. Con la que afrontar la vida y los reveses, con la que levantarse a pesar de los golpes. El disco puede presentarnos una lírica rugosa o cruda, pero la melodía siempre busca la luz. Prima la vitalidad sobre la dureza, la luz sobre la oscuridad. Porque ante todo, Anni intenta encontrar y hacernos partícipes de ese estado emocional ya desde el tema inicial, ese “Adiós con alegría” que nos lleva a esa fiesta de los setenta (¿sería más correcto llamarla “guateque”?) con su voz angelical y una sonoridad que ya no dejará en todo el metraje. Desde el mellotron que la inicia a las distorsiones o los bajos con cuerpo que la adornan, pero por encima de todo con esas líneas melódicas vocales estratosféricas. Te enamore o no, hay que admitir que sus cualidades son de órdago.

En esa línea psicodélica iniciada se mantiene “Nada grave”. Bajos poderosos, teclados que se contonean y un groove que engancha particularmente en ese contundente y directo estribillo. James Bagshaw, de Temples, produce junto a la propia Anni este disco influenciado por el universo surrealista de André Bretón, como la propia artista ha admitido, donde busca especialmente un equilibrio entre la delicadeza melódica y la exploración textural. A pesar de lo que pueda parecer en un primer momento, “Alegría” nace después de que la malagueña atravesara una profunda crisis personal. Ella expone abiertamente que se escapó a Aranjuez para lidiar con sus demonios y buscar la luz, pero el disco “viene de un lugar muy sombrío”. Lo curioso es que para salir de las sombras haya recurrido a sonidos tan vitales y coloridos como estos. Así, se mezclan los tintes cubanos y brasileños con el pop español de los sesenta, ese que deslumbra con su vitalidad y barroquismo. 

La portada refleja la dualidad entre la luz y la alegría que desprenden sus párpados arcoiris junto al dolor que recogen, a la par, las lágrimas en esos mismos ojos. Esa es la manera con la que el diseño de Mario Feal intenta transmitir las emociones que se mezclan en “Alegría”, que va unida irremediablemente a la tristeza, porque desde el dolor también se crece y el espíritu se transforma. La dualidad comentada se encuentra perfectamente expresada en “No le encuentro la gracia”, una canción de lírica directa, pero sin perder ese toque surrealista, acentuado también por la psicodelia sonora y el brillo melódico que no pierde su estribillo. La clase de Santiago Auserón adorna “Todo está bien”, otra canción de corte clásico que recoge la tradición del guateque y lo actualiza, como si estuviéramos ante un filtro castizo 2.0. No es el único invitado de este disco pues “En mi olvido” cuenta con Miren Iza. Un magnífico dúo que se alarga disfrutando entre teclas y armonías. Las guitarras recuerdan al leitmotiv de “Twin Peaks” para darle ese toque enigmático al más puro estilo David Lynch. 

Ana Fabiola López, el nombre real detrás del que se esconde la “dulce” Anni, intenta aportar profundidad a unas canciones cargadas de ligereza sonora, afirmando que “despedirse no implica necesariamente una derrota”. Siempre puede encontrarse un destello, algo que sugieren abiertamente otras canciones, como la más distorsionada “Amor” o la abrasiva “Llévame al Sur”. En la espacial “Un lugar para estar” también podemos encontrar fácilmente cobijo, al igual que en la más juguetona “Un buen trato”, donde nos queda la sensación de que todo puede caber en este disco si priman los toques coloristas y ácidos. Una de las canciones más interesantes que encontraremos, por ese bajo tan cercano al mismísimo McCartney, es la muy Beatle “Ni aquí ni allí”, como si nuestra protagonista se hubiese colado en el collage de la portada de “Sgt. Peppers”, y con un pie en los setenta por el trance que transmite su solo de guitarra tenemos “Después de brillar”, además de jugar con gran maestría de nuevo con las armonías vocales.

El disco termina con el pop conciso de “Bailando espero”. Una canción que conecta más con lo patrio que con la inspiración británica que encontraba Anni en otros trabajos. Aquí se dan cita de Miguel Ríos a Lole y Manuel, dejando claro lo que le da sentido a este álbum, que pretende ser una celebración, un grito de alegría, que se sobrepone al dolor. Un lugar intenso y florido desde el que crear y caminar a pesar de los momentos oscuros. Anni B. Sweet ha elegido ese camino tan valiente como dulce, porque ante el sufrimiento lo lógico podría haber sido un disco más crudo, pero ella nos da un motivo por el que levantar la mirada y bailar sin corsés. Un disco vital en el que encontrarnos y dar sentido a cada sorpresa que podamos encontrar por el camino, siempre y cuando sepamos afrontarlas con ritmo y una pizca de ironía.